- Vaya, vaya, vaya… ¿qué ven mis ojos? – Dijo canturreando – oh, claro, la reina y la molinera. ¿Desde cuándo esta amistad? – preguntó con esa sonrisita que hacía que te acojonaras o quisieras partirle la cara.
- Responde a esto: ¿cómo se ha podido quedar mi hija embarazada de Emma? – preguntó de manera directa Cora. Odiaba a Rumplestinskin. Lo odiaba con todo su ser. Pero necesitaba su ayuda.
- Tu hija es más poderosa de lo que todos creemos, y bueno, Emma es Emma. Dos seres poderosos que se aman, y consuman su amor. Ahí tienes la respuesta, mi querida Cora.
La mujer apretó los puños, y no fue hasta que no notó la mano de su acompañante sobre la suya, que no se relajó.
- No caigas en su juego. No le des esa satisfacción – le susurró Eva, quien había estado allí todo el tiempo.
Se destensó ante las palabras de su amiga. No podía perder el control. No, no podía.
- Me refería, a que, como tú ya sabes, el padre de tu hija es muy poderoso – dijo, con doble sentido.
- ¿Qué significa eso? – preguntó Eva, mirando interrogativamente al Ser Oscuro.
- ¿O es que no sabes quién es el padre? – preguntó con esa sonrisa cínica, sin despegar los ojos de la bruja.
El silencio se hizo en la sala.
- Lo importante ahora es saber cuáles van a ser las repercusiones en mi hija – dijo con molestia.
- Las únicas repercusiones dependen de esas niñas, las cuales pueden ser el bien… o el mal. Y claro, al ser tan poderosas… - dijo con su eterna sonrisa burlona.
- ¿Niñas? – preguntó Eva, mirando al hombre.
- Oh, sí, serán dos niñas. Dos preciosas niñas. Cada una a su manera. Pero lo importante ahora no es eso. El futuro de esas niñas depende de la mentira que esconde la nieve – concluyó, pasando a la trastienda, dejando a ambas mujeres solas. La castaña más bajita golpeó la mesa. Cora estaba más que furiosa. Estaba horriblemente furiosa. No quería más acertijos, ni más dolor para su hija. Quería que este tema se solucionara de una vez por todas.
- ¿A qué se refería con lo del padre=? – preguntó la más alta, mirando a la bruja.
- Cuando nos tomemos algo te lo cuento – dijo, saliendo a paso rápido del local.
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- ¡Mentira! ¡Emison será endgame! – dijo la pelirroja enfadada.
- Pues no, Paily se casarán, tendrán mini Emilys y minis Paiges y mucho sexo salvaje, y Alison se quedará para vestir santos – contestó burlonamente `Regina.
- ¿Qué ocurre aquí? – dijo Cora, cuchillo jamonero en mano, apareciendo por el salón.
- ¡Que la pervertida esta no quiere admitir que Paige es una zorra mala! ¡Pero si intentó ahogar a mi Emily en la piscina!
- Bueno, tu hermana también intento envenenar a Emma, y mira… - replicó la mujer. Y al momento, el llanto inundó la estancia. A partir de ahora, Emma sería Innombrable Swan.
- Joder, Cora, tienes la sensibilidad en donde yo te diga – dijo fastidiada Zelena, mirando a su hermana, la cual se había dejado caer en el sofá del salón, llorando a moco tendido.
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Un llanto se oía por toda la casa. Bajó a ver quién era el emisor de tal ruido, cuando se encontró a su padre, en calzoncillos y camiseta llena de manchas de vete tú a saber qué, frente al televisor, llorando si tenía que llorar, cantando
- OOOOH, WHY YOU LOOK SOOO SAAAAD, TEEEEARS ARE IN YOOOUR EYEEES…
- ¡QUÉ TE CALLE, HOSTIA YA! – replicó la rubia con los puños apretados.
- Ay mi Cory… - gritó David mirando la pantalla.
- Papá, o te callas, o…
- ¡COOOORYYYY!
- Joder, yo quería un padre, no un fanboy – murmuró, subiendo las escaleras
Sí, tenía que encontrar piso pero ya. No podía seguir así, necesitaba un hogar. Cada vez que Henry se quedaba a dormir, su padre tenía que dormir en el sofá, así que… tenía que encontrar casa.
Se fue a la ducha, intentando aclarar sus pensamientos. ¿Cómo pudo destrozar una relación tan maravillosa coma la que tenía con Regina? Era estúpida. Sí, era eso.
- ¡EMMA! – gritó su madre. La rubia salió de la ducha toda apresurada. Llevaba una hora allí metida, llorando, pensando. Salió de golpe, y se encontró al bajar con su… lo que fuera ahora Regina, frente a ella.
Paró en seco, y envuelta en la toalla, allí se quedó. Triste al ver que la morena no estaba en su mejor momento, se sentó en un sillón, frente a la mujer a la que amaba, y con su madre de por medio.
- Os debo una explicación. Hablé ayer con Garfio. Emma, me dijo la verdad, y la verdad es que no se acostó contigo. Te desnudo porque te quedaste dormida. Pensó que si él se desnudaba también y se metía en la cama contigo, habría alguna posibilidad de que volvierais. Pero me dijo que tú sólo llorabas porque pensabas que Regina te dejaría, como han hecho siempre, en cuanto viera que había problemas. Pero no pasó nada. Esa es otra. Regina, sé qué en el pasado tuvimos muchos problemas, pero jamás perdí la esperanza de que volvieras a ser la muchacha que me crió y a la que admiraba. Emma estaba feliz, y tú también. Ahora lo relaciono todo, y sé que es algo difícil de asimilar, pero os veo felices juntas, y eso es lo importante. Sí queréis pasar el resto de vuestras vidas juntas, yo no seré un impedimento. Además, Regina, sé que el bebé que esperas, es de mi hija. Y quiero formar parte de la vida de ese bebé. Quiero que seamos de una vez por todas, una familia. – concluyó Blanca Nieves, suspirando.
- Yo… ¿estás embarazada? – preguntó Emma con un brillo de esperanza en los ojos.
- Sí, eso fue lo que vine a decirte cuando tu madre me lo contó todo. Que estaba embarazada, y el niño era tuyo. Es algo muy complicado de hacer, pero me has dejado embarazada. – respondió con una sonrisa y el mismo brillo esperanzador en la mirada.
- Vamos a tener una familia… - susurró la rubia, acercándose a Regina.
Y delante de su madre, la besó apasionadamente.
Subió las escaleras rápidamente, sujetándose la toalla, pensando en cómo todo estaba cambiando.
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- Verás… yo… tuve algo con Rumlestinskin, y después, me casé con mi marido. Siempre le hice creer que Regina era su hija, pero no, no lo era. Es un secreto que mantuve durante muchos años. Es algo que no me gustaría que nadie supiera. Sí que es cierto que mi hija es más poderosa de lo que todos hemos visto, pero eso…
- ¿Eso…?
- Se infravalora. Siempre lo ha hecho. Siempre me he descargado con ella. La hice creer que no servía para nada, que no valía nada. Simplemente, la acomplejé. – dijo apenada. – Pero es muy poderosa. No sólo por sus genes, sino por sí misma. Siempre fue, de todas maneras, más poderosa cuando hacía el bien. – completó.
- Vaya… ¿cómo vas llevando tú todo esto? Quiero decir, el vivir con tus hijas, el tener nieto…
- Bien, la verdad es que bien. Ya no hay hostilidad entre Zelena y yo, y Henry es un chico estupendo. Mi hija hizo un buen trabajo, y tu nieta lo remató.
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- Zelena, tenemos jefa nueva – dijo Louise haciendo un mohín.
- ¿Y eso?
- Han prejubilado a Lance y han puesto a una nueva. Victoria, creo que se llama.
Zelena maldijo su suerte. Porque seguro que era la tal Victoria, la exnovia de Chris. Era mucha casualidad que la tía esa llegara ahora y justo ahora tuviera jefa nueva.
Y como no, acertó. Ante ella se encontraba esa tipa, con esa sonrisa arrogante y esa pose de diva, que obviamente, no era.
Iba a morir.
O a matarla.
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- Deberías hablar con ella. Deberías… no pierdes nada. Ahora tienes una segunda oportunidad, y lo sabes.
- Me arriesgo mucho, Bella. Si todo sale mal me arriesgo a perder a Henry, mi único contacto con Neal. Además, ¿qué voy a hacer, presentarme en su casa y decir: "Regina, soy tu padre. Sé que te arruiné la vida, pero eh, vamos a querernos mucho"?
El sarcasmo era latente en su voz.
Sí, quería contacto con su hija, pero su hija era la dulce e inocente muchacha que se convirtió en un ser macabro y retorcido por culpa de sus juegos y sus manipulaciones.
Pero lo necesitaba. De verdad que lo necesitaba.
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- Necesito encontrar casa ya… y es por eso que, bueno, he pensado en que compartamos piso.
Las palabras de la ojiverde cayeron cual jarra de agua fría sobre ella. ¿Compartir piso? No sabía. No sabía, desconfiaba de ella. Y por otra parte, dejar a su hija sola…
- De acuerdo – aceptó Cora, sin poder frenar sus palabras, que salieron por sí solas. ¿Por qué hacía todo lo que esa mujer proponía sin pensarlo dos veces? ¿Qué le pasaba con Eva?
Se preguntaba constantemente como había cambiado todo tanto. Para ella, aún era ayer cuando renunció a su hija por su culpa. Y ahora, la veía todas las mañanas. La veía todo el tiempo que podía. Le confiaba secretos que nadie sabía. Y… ¿y a qué venía de repente esa manera de actuar con ella? ¡Por Dios y por la virgen, que tenía cincuenta y tres años! Ya no era una adolescente, pero no podía evitar sentirse así junto a ella
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Elsa, Anna, Campanilla, Kathryn, Marian y ella habían salid de fiesta. Y gritando si tenían que gritar, al ritmo de Fancy, en el descapotable vintage de la más joven del grupo, las chicas se divertían.
Regina olvidó por completo sus problemas. Se centró en aquella noche, en aquella fiesta. En como aquel día se iba a olvidar de sus problemas.
Sentada en el asiento del copiloto, iba animando el cotarro ella solita, tan feliz. A cada tontería que hacía, el resto le seguían el juego, y así todo el rato.
Era bonito tener amigas. Ella jamás había tenido amigas, siempre había estado sola. Cuando parecía que iba a tener una amiga, su madre lo arruinaba todo. Nunca nadie quiso estar con ella por la reputación de Cora. Y luego, cuando al fin se libró de su progenitora, ella solita se encerró en una burbuja de cristal en la que nadie podía entrar. La gente, al final, se cansaba de intentar algo con ella, y ya no se molestaban tan siquiera en probar. No fue hasta que comenzó su amistad con Kat, su mejor amiga, que finalmente se sintió libre. Ahora tenía alguien con quien contar. Pudo tener algo con Campanilla, algo que finalmente retomó. La joven comprendió al fin que para Regina jamás fue fácil mantener una amistad. Luego llegaron las hermanas de Arandelle, y finalmente Marian. Su pequeño grupo de amigas, en el que ahora se había incluido a Zelena, era un grupo fuerte. Todas tenían su manera de ser, pero todas se respetaban, se ayudaban, se querían...
Todas tenían finalmente alguien en quien confiar. Todas tenían finalmente alguien con quien pasarlo bien. Finalmente, todas habían encontrado su sitio en el mundo. Y su familia elegida, esa que ella habían escogido, esa tan importante.
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Las lágrimas corrían libres por su rostro. ¿Cómo sentirse? No `podía dejar de pensar en aquello. Ella ya sabía de antemano que no iba a ser taaaaan fácil. Y allí estaba. Victoria la tenía cogida con ella. La odiaba, y ella no sabía qué hacer. Ella era buena en su trabajo, pero al mínimo error, sería despedida. Chris la quería, eso no lo dudaba, pero ella aún no había tenido ningún tipo de relación con ningún hombre, y Victoria era su exnovia. Tenía tanto miedo de no dar la talla...
Se sentía abrumada. Se ponía en lo peor.
La llamó. Fue su primera amiga y lo seguía siendo. La llamó porque en ese momento, necesitaba a Bella.
- ¿Sí? – preguntó la castaña al otro lado. Al ver que no obtenía respuesta, Bella se inquietó. Era Zelena la emisora de tal llamada, pero sólo un pequeño y apagado llanto se oía. – Voy a tu casa – dijo colgando, saliendo de la cama.
- ¿A dónde vas, querida? – cuestionó su marido, mirándola vestirse.
- Emergencia amistosa – replicó la muchacha.
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Le dolía la cabeza horrores, y que su hijo estuviera intentado hacer guturales en vez de tomarse los ***** cereales era algo bastante molesto.
- Niño, que desayunes – dijo cansada, dándole una colleja.
- ¡Hey, que yo no soy como abuelo!
- No, eres peor – replicó. – "¿Dónde estarán las jodidas pastillas?" pensó. El alcohol la noche anterior y las náuseas del embarazo se le estaban juntando. Y no, obviamente, no estaba de humor como para soportar al puñetero niño que se creía Marilyn Manson. Y ni siquiera.
- Buenos días – dijo sonriente mientras bajaba las escaleras.
- Tu puta madre – dijo con los ojos entrecerrados, intentando mitigar el dolor de cabeza.
- ¡Mamá! - dijo el castaño, regañándola.
- Dejadme, que me duele todo.
- Da igual – dijo Zelena, restándole importancia con la mano.
- ¿Y madre?
- Pues ni idea, creo que con Eva, desayunando.
- La abuela quería buscar piso, a lo mejor se van a vivir juntas – opinó el niño.
- Sí, claro, y hacen fiestas de pijamas también, ¿no? No digas tonterías, Henry, y tómate de una vez los puñeteros cereales. – replicó molesta y sarcástica la morena.
- Eh, deja a mi sobri y vete a trabajar, que al bicho este ya lo llevo yo a clase – dijo la pelirroja saliendo en defensa de su sobrino.
Zelena ya se sentía mejor. La charla con su amiga había ido bastante bien, y ahora tenía algo muy claro. Iba a luchar por Chris, y su puesto como Enfermera, y su vida.
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Ya en el coche, el chico comenzó con el plan.
- Escucha, no sé tú, pero yo me doy cuenta de las cosas entre la abuela y la bisa. Eva y Cora son de momento amigas, o eso quieren. Pero pueden ser más. Tita, tenemos que demostrarles que se quieren como novias. Así que he pensado en iniciar el plan Lechuga. Ambas necesitas piso, ¿no? Pues podemos arreglar las cosas para que se vayan a vivir juntas. Además, si organizamos los horarios, se verán obligadas a pasar tiempo juntas cada vez que quieran estar conmigo, y...
- Espera, espera, espera. Una dudita, ¿Por qué llamarlo el plan Lechuga? – dijo sonriente, dándole a entender que iba a ayudarlo.
Bueno, sólo decir qu elamento de todo corazón el no haber podido actualizar antes. Este cap puede parecer de relleno, pero es una introducción a cosas futuras, que entenderéis luego.
Dejadme reviews y tal, queridos, y bueno, espero que os esté gustando la historia. Esto es un poco de paz en medi ode esta liosa familia, pero aún hay mucho que leer.
Besooooos
