WHOA, HE SUPERADO LAS MIL VISITAS SEÑORES!

Bueno bueno bueno, este capítulo va a ser suavecito, peeeero...

Decir a Raquel Emanuele que sé que adoras a Garfio, y que me vas a odiar en este capítulo, pero que ya verás como en unos pocos a quien odias es a él xD

Decirle a Shanna Mills que gracias por los P.M y los reviews, que me encnatas sus historias.

A Love girl que me encanta que comente, como Ticoy.

Al resto, que igualemente, muchas gracias.

Decir además que... AMEMOS TODOS A LANA! vale, que sabe cantar! Sí señores, y además, menea el culo cuando le dan un premio. De hecho, creo que esta mujer está un poquito obsesionada con su culo, aunque lo entiendo, yo si tuviera su físico también lo estaría (grr)


Se metió a la cama pensando en aquel agitado día. Pensaba en que era adorable el cómo Neal se parecía en la manera de actuar a Regina, su pequeña, esa que no supo disfrutar y destruyó por completo. Si en aquel momento no hubiera sido tan insanamente avariciosa y ambiciosa... Pero esto era el presente, no el pasado.

El teléfono sonó, y la mujer se levantó con pesadumbre, por tener que alejarse de la castaña.

-¿Regina?... sí, vamos... ¿¡Q-qué Emma ha hecho qué!?... de acuerdo, allí nos vemos.

Colgó, y se giró.

- Emergencia, ¿verdad? – dijo Eva, más como una afirmación que como una pregunta. Cora dio un suspiro, y ambas, cogiendo sus abrigos, se encaminaron al ascensor.

- Según Regina, Emma le ha reventado a Killian. Ese piratucho... está en el hospital, y estaba un poco alterada. Creo que no es sólo por eso.

- ¿Y entonces por qué más sería? – cuestionó.

- Lo sabremos dentro de nada – respondió. La bruja no estaba nada tranquila. Sabía que la situación de Regina y su padre biológico era una bomba a punto de estallar. Y finalmente, había estallado, lo sabía. Lo presentía. Sabía que su hija la recriminaría por haberla mentido, por haber ocultado la verdad, por haberse tenido que enterar de aquello gracias a otros. Pero finalmente lo sabía. Ahora había que responder muchas preguntas, no sólo ante su hija menos, sino también ante el resto de la familia. Pero no podía estar más feliz. Ahora tenía una familia que la quería, y se preocupaba por ella. Tenía a sus hijas, dos mujeres admirables de las cuales no podía estar más orgullosa, una nuera que, a pesar de su infantilidad, hacía sonreír genuinamente a su niña... ni que hablar de Rumple y Bella, o David y Blanca... Eran una familia. Sí, muy complicada, pero una familia maravillosa. Luego estaba Eva. ¿Tantos años enamorada de ella? Sí, definitivamente, la había enamorado. Era la mujer más maravillosa del mundo, y despertarse todos los días a su lado era el mejor regalo, algo de lo que no se veía merecedora, pero aceptaba gustosa.

Se montaron en el coche de la reina – porque a ella le daba miedo y no sabía conducir – y partieron hacia el hospital. Una vez allí, toda la familia se encontraba agrupada, esperándolas.

- Por fin llegáis... – dijo David entre apenado por el estado de su hija y angustiado por... ¿por qué?

- Sí, bueno, ¿qué ha pasado? – preguntó la ojiverde.

- Cuando llegué esta mañana a la comisaría, Emma había arrancado la puerta de una celda y había noqueado a Garfio. Y... pues no se despierta. – dijo apurado, rascándose la nuca.

- Magia... – murmuró quedamente Cora.

- ¿Qué? – preguntó Eva, sin haber entendido del todo aquella apenas audible palabra.

- Recuerdo un episodio. Ataqué a mi hija con magia, y ella, que era pequeña, me preguntó que porqué utilizaba la magia. Y yo le respondí que era porque tenía que sacarla, que acumular algo así dentro de mí era malo. Creo que algo así le ha pasado a Emma. No ha sabido cómo controlarse y sus emociones la han dominado. Por eso lo de la puerta, y que ese tío no se despierte. Ha sido una especie de... descarga masiva de magia. Algo que necesitaba sacar. ¿Se sentía cansada? – preguntó al padre de la joven, tras explicar la situación con arrepentimiento y vergüenza por sus actos pasados contra su hija.

- Sí, bueno, llamé horas después para saber cómo estaba y Regina me dijo que en cuanto llegó a su casa, se echó a dormir, y hasta hace una media hora no se despertó. Fue corriendo a ver a Killian nada más despertarse, se asustó... y ya todos nos movilizamos.

Miró el reloj. 21:07 p.m. Hora de cenar. Y mientras Regina consolaba a Emma que quería llorar por lo surrealista de la situación, Zelena le decía a Blanca Nieves que rezara todo lo que quisiera, que nada iba a solucionarse. Chris la regañaba por chinchar a la joven morena, y Rumple festejaba interiormente, mientras que Bella leía tranquilamente un libro por vigesimonovena vez y Henry se descargaba la discografía completa de Bullet For My Valentine.

Cada uno en su mundo, hasta que Whale llegó:

- En cristiano, por favor – se adelantó Emma, con los ojos rojos.

- Bueno... está en... una especie de coma. Sólo la persona que ha hecho esto puede revertirlo. Hasta entonces, parece estar en una especie de maldición del sueño – dijo mirando a Regina.

- ¿Por qué me miráis todos a mí? – preguntó molesta.

- Porque eres tú la aficionada a las maldiciones – dijo Bella desinteresadamente.

- Bueno, también veo válido el manicomio, que a algunos y a algunas, falta les hace – dijo con una pequeña sonrisa.

- Como a ti, por ejemplo – añadió en el mismo tono la ojiazul, apuntándose un tanto mental.

- ¿Quién ha hecho esto? – preguntó Whale, cortando el duelo de miradas entre la reina y la bibliotecaria.

- Emma, la cual no controla sus poderes, y lo que significa, que ya nos podemos ir despidiendo del manco – dijo Rumple, sin poder ocultar su alegría.

- ¡Hey, lo voy a salvar, no por nada soy la Salvadora! – dijo enfadada e indignada la rubia.

Todos se fueron a casa.

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Nada más llegar, se encerró en el estudio a pensar. Poco importaba el estar hambrienta, o que su novia estuviera preocupada.

Y tanto se centró en escribir en un papel las opciones que tenía, que no se dio cuenta de su presencia hasta que notó unas manos, ahora calentitas, en sus hombros llenos de invisibles cargas. Ese era su lugar en la vida. Junto a su hijo, su futuro hijo, sus padre y amigas, su novia... su familia. Esa que tanto quería. Al final, la niña huérfana, que tan sola estuvo siempre, había encontrado su hogar.

- Mmm... Sigue... – ronroneó al sentir la pequeña presión de los dedos de la mujer sobre sus omóplatos.

- ¿Te gusta? – preguntó sensualmente, sabiendo de antemano la respuesta.

- ¿Es cosa mía o el embarazo ha aumentado tu apetito sexual? – respondió, haciéndola reír. – Que no pasa nada, eh, que si quieres yo te dejo embarazada hasta que los mellizos nos salgan impares – añadió.

- Se me quedaría un cuerpo horrible – replicó, con angustias al ponerse en lo peor, y pensar que si no seguía gustándole, Emma la dejaría.

- Mentira, eres hermosa. Tarde o temprano todo se cae, así que... para mí siempre vas a ser la mujer más caliente del universo – declaró, acariciando las manos de la morena.

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- Terminemos con esto rápido, por favor – dijo con urgencia.

- Querida, te recuerdo que has sido tú quien me ha citado – contestó con tono tranquilo el Ser Oscuro.

- Mira Rumple, nos conocemos. ¿Qué le has contado a mi hija? – preguntó impaciente Cora, con una mirada cargada de odio.

- Nuestra hija, querida Cora - remarcó. - Yo sólo le he dicho la verdad. Mi verdad. Lo que yo sé, lo que viví, etcétera. Si te pregunta algo, no es mi culpa. Eres tú quien mintió.

- Primero, - dijo levantándose bruscamente – sí es tu culpa por sacar cosas del pasado a relucir. Segundo, mentí por su propio bie...

- ¿Por su propio bien? ¿De verdad crees que mentirle acerca de sus orígenes es bueno? – cuestionó sarcásticamente.

- ¿Y tú que sabrás lo que le convenía? Tú no sabes nada Rumplestinskin, nada. – declaró con voz firme y fría, saliendo de casa del hombre.

Nada más salir, y a paso firme y ligero, Cora se dirigió a casa. Y una vez entró, la guerra se desató.

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- O sea... ¿ahora que soy?

- Un corista – dijo la joven, sonriente.

- Ah, bueno, me quedo más tranquilo – dijo con una sonrisa, mirándola fijamente a los ojos, sin poder dejar de pensar en que, para ser una animadora, era buena persona.

- Pero no solo un corista, sino el corista. El líder. Eres el capitán del coro, y ahora es tu deber protegerlos y guiarlos. Tienes madera de líder, sabrás hacerlo – completó Lyli alejándose al oír la campana sonar, cosa que indicaba la reanudación de las clases.

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- ¡No sé cómo he podido confiar en ti! - exclamó, estallando en lágrimas.

- Tranquilízate, tengo una buena explicación – dijo, sentándose en el suelo, acariciando su espalda.

- Eso esperó – contestó Eva, secándose las lágrimas. Vale, quizás se había ahogado en un vaso de agua, pero era desconfiada, y tenía miedo de que todo su progreso con Cora se desvaneciera en segundos.

- He ido a verlo porque, estaba molesta por... haberle dicho a Regina la verdad. Estaba realmente molesta. Es un tema complicado, y ahora que parece que ya no me odia... sólo quiero ser una buena madre para ella. Sé que en el pasado la torturé, tanto física como mentalmente, y eso no puedo borrarlo, y es por eso que quiero ser una buena persona ahora. Estoy cambiando, y a veces cuesta, pero sé que no estoy sola. Es sólo que, ahora, tener que hacer frente a decirle la verdad... el pasado no me trae buenos recuerdos.

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Bien, las clases de magia ya eran un hecho. Y Emma era exasperante.

- Yo me rindo, no sirvo para esto – sentenció la rubia, levantándose del suelo, metiéndose al interior de la casa, hasta que una mano atrapó suavemente su muñeca.

- Emma, vamos a hacerlo de manera diferente, ¿sí? Verás, vamos a hacerlo con las emociones. Vamos a dejar de lado la teoría, y vas a aprender a sincronizar tu magia y tus emociones, y aprenderás como controlarlos – dijo suavemente Regina, mirándola a los ojos.

- De... acuerdo – respondió no muy confiada, sentándose de nuevo en el césped.

- Lo primero – dijo, poniéndose a gatas, avanzando lentamente hacia ella – es que te relajes. Déjate llevar. Yo haré un par de cosas, y tú dirás en voz alta cuando quieres que sea más o menos. Pero nunca pararé. Serás tú quien controle la intensidad y todas esas cosas, ¿vale?

Tragó saliva duramente, y vió como se posicionaba sobre ella. Cuerpo con cuerpo, sus labios se rozaron, mas no se llegaron a tocar. La morena los bajó hasta su cuello, comenzando a trabajar en él. La rubia echó el cuerpo para atrás, intentando no dejarse llevar por nada, cuando sintió que su mano...

- ¡DESPIERTA! – gritó a través del megáfono, haciendo que se sobresaltara, y cayera estrepitosamente de la cama.

- Me cago en... ¿¡Se puede saber qué haces!? – gritó la rubia en respuesta, la cual se encontraba en el suelo envuelta en una manta.

- Es la loca del megáfono – dijo Henry apoyado en el marco de la esquina, con una sonrisa burlona en el rostro.

- Te recuerdo que los disc...

- Vaaaaale, ya me vooooy – dijo, alzando los brazos en señal de rendición, alejándose.

- Pobre chaval, no lo chantajees – dijo la rubia, apiadándose de su hijo.

- Venga, ponte en funcionamiento.

- Regina, que son las ocho de un sábado – replicó con voz infantil.

- Ya, y tú tienes que aprender magia – contestó.

"La de mis sueños era mucho mejor" pensó Emma, mirándola sacar algo de los cajones más bajos de la cómoda. Tenía una perfecta visión de su...

- Carió, deja de mirarme el culo, anda. Si te portas bien, tendrás recompensa – la consoló.

- ¿Que soy, un perro? – dijo fingiendo molestia, aunque sabía la recompensa que sería, y le encantaba.

- SO GIVE ME ALL YOUR POISON, AND GIVE ME ALL YOUR PILLS, AND GIVE ME ALL YOUR HOPELESS HEARTS AND MAKE ME ILL…

- HENRY JOHN SWAN MILLS, QUE TE CALLES O TE JURO QUE LOS DISCOS DE MCR NO SERÁN LO ÚNICO QUE SE ROMPERÁ – chilló la rubia, cansada de que su hijo cantara. Pero si cantaba bien, ¿porque ahora graznaba?

La pareja bajó a desayunar, y su hijo se fue a su cuarto a hacer algo que, no les interesaba y no querían saber por nada del mundo.

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Llamó a su puerta, y medio arrastrándose, Zelena abrió la puerta. Estaba muuuuuuuuy cansada. Pero mucho mucho. Y al verlo se murió de vergüenza.

Iba con un pijama de ositos amorosos y piruletas, y unas pantuflas de gatito, el pelo todo enredado, revuelto. Iba con una cara de sueño que no podía con ella, y aun así, a Chris le parecía la mujer más hermosa del mundo.

Estaba avergonzada de que la viera así, pero ya no había marcha atrás.

- ¿Un café? – ofreció la pelirroja.

- Claro, lo necesito – dijo con sonrisa Colgate. – Zelena, necesito que hablemos de lo que pasó el otro día, de ese beso.

Todo su cuerpo se tensó hasta límites insospechados. No estaba en absoluto preparada para esa conversación.

- Verás... – dijo vacilante el rubio cunado Zelena se sentó – yo... quiero de verdad una relación contigo. Y estoy dispuesto, más que dispuesto, a esperar. Pero claro... para esperar... necesito saber si merece la pena la espera. Necesito saber si quieres que seamos algo más. No quiero presionarte ni nada de eso, pero... me gustaría saber si al final estarías conmigo o no. – finalizó, nervioso.

- Chris, – dijo tomándole las manos – tengo miedo. Toda mi vida, cuando parecía que finalmente iba a tener mi final feliz, todo desaparecía. Todos huían. Pero tú te has quedado. Has sabido ver más allá de mi reputación, y eso de verdad que me ha enamorado. Estoy preparada para tener una relación pública contigo, puedo luchar contra eso. Pero no estoy preparada para algo más. No puedo pasar de los besos o los abrazos, ¿comprendes?

- Esperaré, esperaré toda una vida si hace falta. No es sexo lo que quiero. O sea... sí, pero que no hay prisa, vamos. Que a mí lo que me importa es el interior, por muy típico que sea – agregó con una sonrisa.


Y ahora, a parte de pediros reviews y todo ese rollazo... ¿Qué queréis ver más en ele siguiente capítulo? Porque hay muchas cosas para ver. Intentaré ponerlas todas, peeeeero no sé yo, todas no tendrán el mismo espacio porque el sopor os torrturaría.

Deciros que, a partir de hoy comienzo 3 tercero de ESO, así que no sé cuando serán las actualizaciones. Intentaré po todos los medios ser rápida y escribir bien, pero el tiempo...

Y decir que, mi TW es shh_bby por si alguien queire seguirme, y que tengo otro recien hecho que es shawteregal (ya os podéis imaginar de que va xD)

Besos muy grandees!