Bueeenaaaas!
He tardado, ehh? Lo bueno se hace esperar, supngo, aunque este capítulo no es gran cosa, ni por la extensión.
Aviso ahora del siguiente capítulo: en el siguiente, veremos esa parte de Garfio que... sólo digo que lo odiaréis. Veremos además muchas otras cosas del pasado, que quizás os aclaren otras cosas; y también habrá un salto importante de tiempo.
Deciros que quizás cosas os resulten confusas, así que cuando terminéis de leer, cualquier cosa, ya sabéis que pm o reviews.
Besos a todos!
P.D: Voy a comenzar una historia Snowing AU en la que Blanca va a ser muuuuy diferente a lo que todos pensáis xD
Entró a su primer día en el coro. Estaba nervioso, ¿Dónde se había metido? Estaba muy nervioso. Estaba realmente nervioso.
- Hey, tú eres Henry, ¿no? Yo soy Trina – dijo una chica bajita, de piel un poco oscura y cabello azul oscuro, vestida de manera Punk-Gótica. Parecía simpática.
-Sí, soy yo – dijo desconfiado.
- ¡El nuevo! – gritó un chico de su estatura más o menos, castaño, con los ojos azules, muy delgado – soy Rick, encantado – dijo tendiéndole la mano.
Todos se fueron presentando poco a poco, y Henry se sorprendió al ver a Lyli en la parte de atrás del coro.
- ¿Lyli? – cuestionó por la sorpresa esperando que no fuera ella. Animadora y corista... no sabía si confiar en alguien que estaba entre dos bandos enemigos.
- Sí, soy yo – dijo tímidamente, con una mueca de disgusto. Lyli era buena en leer a las personas, y tenía más que claro que Henry iba a interrogarla.
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- Anda, mira, una zorra y un dragón, bonita combinación – dijo con una retorcida sonrisa.
Desde que había salido de paseo con él, había soportado los comentarios y las miradas, pero soportar a Victoria fuera del trabajo no. Se negaba. Pero tampoco iba a caer en su juego. Alzo la mirada, y habló:
- ¿Zorra? ¿Y el espejo? Yo no veo tu reflejo – preguntó, con una simpática sonrisa y un tono de voz calmado. La Perversa Bruja del Oeste había vuelto.
- Mira, bonita, paso de ti. No mereces la pena. Jack, vámonos – sentenció molesta Victoria.
- Pero vamos a ver, ¿tú quién te crees para darle órdenes a mi hombre? – añadió Zelena, con la mirada cargada de odio.
Mientras tanto, Chris, alias Jack, veía el duelo sentadito en el césped del lago, al cual habían ido Zelena y él.
- Jack, o te levantas o...
- Chris, como se te ocurra levantarte te castro con un cortaúñas – interrumpió la pelirroja, con una mirada fulminante.
Tragó saliva duramente, preparado para lo peor: una pelea entre dos mujeres. Dos mujeres que se odiaban, poderosas... y enamoradas.
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- Tengo que ir a trabajar... – dijo en susurros, intentando salir de la cocina.
- Pues dile a Emma que vaya, al fin y al cabo, ella también es la sheriff. Veeeeeenga, que Neal no está ahora – dijo la princesa con una sonrisa pícara.
- De acuerdo – concordó el rubio, quitándose la camiseta, sentando a su mujer en el poyo de la cocina.
Se besaban lánguidamente, y con manos y gemidos de por medio, cuando la puerta se abrió, pero ellos, tan ensimismados estaban, que no lo vieron venir, o mejor dicho, oyeron abrir.
- Uy, yo mejor me voy – dijo Emma dejando las bolsas en el suelo y girándose, sin dar tiempo a replicar.
- Espera – dijo su padre, dándose la vuelta, agarrándola por la muñeca, haciendo que se volviera. - ¿Cómo llevas lo de la magi...
- La cremallera – interrumpió Emma. No estaba dispuesta a habla con su padre así.
- ¿Qué? – preguntó confuso
- Que te has empalmado – dijo la rubia, intentando mantener la risa, pero no podía. "Parece que mamá no mintió con lo del tamaño..." pensó la rubia, pero al segundo se arrepintió. Había recordado la escena de la cama, y no era... bueno, no era un agradable recuerdo familiar.
- ¡Oh, mierda! – exclamó en voz baja, dándose la vuelta.
- Bueno Emma, te tendrás que ir, supongo, la vida de Garfio corre peligro – declaró la pelinegra, acercándose a abrir la puerta, casi echando a la Sheriff.
- Para que luego diga que es una mojigata... – murmuró sonriente la Salvadora, pensando en la cara de su novia si hubiera visto aquello.
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- Bueeeeno, ya estamos en el recreo... ¿qué haces en el coro? Eres animadora – dijo acusatoriamente.
- Yo... sí, es... – Lyli no sabía que decir. Sus ojos miel lo miraron todo, menos al chico, y su cabello pelirrojo no paraba de transformarse en diferentes formas, que si moño choni, que si coleta despeinada...
- ¿Qué? – dijo impaciente
- Pues... que a mí me gusta bailar y mis padres me obligan a estar en las animadoras, pero claro, el coro es como mi familia... no puedo dejar ninguno de los dos. Sé que aquí las animadoras tenemos mala fama, pero no todas somos crueles. Sólo las más adultas. – dijo avergonzada.
- Eh, tranquila, yo sé cómo eres – dijo con una tierna sonrisa el chico. Conocía a Lyli. Compartían la mayoría de las clases, y confiaba en ella. Pero por otra parte, no confiaba. Era una extraña mezcla.
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- ¡Ven aquí, pequeñajo! ¡Ay, pero que guapo es este niño! ¡Qué te como! - dijo con una sonrisa, sosteniendo al niño en el aire, subiéndolo y bajándolo mientras el crío sonreía ante tanta atención.
- ¿Me tengo que poner celosa? - Preguntó, apoyada en la puerta del frigorífico, alegre al saber que eso para Cora era como volver a ser madre.
- No es el mismo amor – replicó de manera pícara, guiñándole un ojo.
"Maldita sea, me va a volver loca esta mujer" pensó, mirándola de arriba abajo.
Amaba todo lo que hacía. Amaba su sonrisa, y su manera de dormir. Amaba sus deliciosas comidas, y no sólo las que incluían alimentos...
Amaba sus abrazos, sus caricias, como se acurrucaba junto a ella en busca de calor, su manera de ser, todo.
La amaba. Los celos la invadían cuando la oía decir que Henry era un buen hombre, o cuando recordaba que Leopold y ella casi tienen algo. Se ponía igual de celosa que cuando supo que fue a ver a Rumplestinskin.
Porque los otros dos ya estaban fuera de combate, pero Rumple era de su quinta, al menos en esta tierra, y fue su maestro, el padre de su hija...
Odiaba saber que ese hombre la tuvo mucho antes que ella. Se sentía muy insegura, tenía miedo. El pasado entre ambas no se podía olvidar.
¿Y si un día se despertaba y ya no estaba? ¿Y si todo había sido mentira? ¿Y si no volvía a saber de ella? ¿Y si todo era un sueño?
Miedo y más miedo, y en entremedias ellas.
Eva quería gritarle al mundo que la amaba, que la había amado desde que la hizo caer al suelo sólo para reírse de ella, que era ahora su todo, que sería capaz de cualquier cosa con tal de tenerla a su lado. Pero se conformaba con decírselo al oído todas las mañanas mientras desayunaban.
Ver a la castaña con un bebé en las manos era la cosa más bonita del universo. Si hubiera tenido corazón...
Todos seguían pensando de la misma manera, pero ninguno sabía. Se sentía terriblemente culpable, y más de una noche la había pillado llorando por todos sus actos pasados, y lo entendía en parte.
- Déjame el niño a mí un rato, que es mi nieto y apenas lo he tenido en brazos – se quejó cómicamente la más alta.
- Evita, cariño, la última vez que cogiste al niño, casi acabamos en urgencias – repuso la bruja.
Se acercó a su novia y se lo dio con cuidado, temerosa.
Al cogerlo, Eva sonrió, pero Neal comenzó a llorar.
- Al parecer, sólo las Mills le gustan – comentó con fastidio, pasándose una mano por el pelo, exasperada.
- Venga, anda, si sólo tiene hambre – dijo la mujer.
Dieron de comer al niño en completo silencio. Cora estaba concentrada en darle de comer y Eva en comérsela a ella. Dejaron al pequeño en la cuna, y ambas fueron a la ducha.
- Pasa tú – indicó la reina con la mano.
- ¿Y por qué no bañarnos juntas? – cuestionó la bruja, mirándola intensamente a los ojos
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- Pues un poco hija de puta sí que va a ser, sí...
Ese día, Zelena no trabajaba, por lo que había ido a ver a su amiga Bella a la biblioteca. No estaba muy llena, exceptuando a un par de estudiantes. La había puesto al tanto de todo, y era cierto que Bella y Louise tenían la misma manera de ver a la jefa de Zelena.
- Es que no lo entiendo, de verdad. Con la de hombres que hay en este mundo y va y se pone a acosar a su Exnovio. Digo yo que "ex" quiere decir algo, ¿no?
Ambas mujeres estallaron en risas hasta que la puerta se abrió, para mostrar a... ¡El Ser Oscuro!
Un sepulcral silencio invadió el lugar, y la cólera se apoderó del hombre.
Por su parte, la pelirroja se puso recta.
- ¿¡Qué hace ella aquí?! – gruño alterado
- Rumple, verás... – dijo la joven castaña, intentando explicarle que ahora eran amigas.
- No... Déjalo – dijo fingiendo estar afectado, saliendo de la estancia, con Bella pisándole los talones.
Ambos salieron, y al estar fuera, el brujo habló con Bella de su relación con Zelena.
Mientras tanto, la enfermera esperaba pacientemente dentro, asustada. No quería perder a Bella, era una gran amiga, y la quería mucho. No, definitivamente, no quería perderla. Pero sabía que si Rumple le contaba lo que ocurrió entre ambos, Bella se iba a alejar de ella.
"Como siempre" pensó triste. Las pocas veces que la elegían, siempre la dejaban. Siempre, y sabía que Bella no sería la excepción.
Vio minutos después entrar a la embarazada, y antes de que siquiera pudiera decir algo, Zelena se fue, dejándola plantada en la puerta.
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Era una buena estudiante, lo sabía. Era buena con la magia, lo sabía. Entonces, ¿¡POR QUÉ COÑO LO HACÍA TAN MAL?!
Regina simplemente no lo comprendía, ¿este era su castigo? ¿No era excesivo? No tenía problema alguno con que Garfio se quedara durmiendo un tiempecito, pero Emma estaba empeñada en salvarlo cuanto antes. Estaba a punto de echarse a llorar por la inutilidad de la rubia, cuando vio algo... fuego.
Había un trozo de leña encendiéndose. Emma estaba encendiendo el fuego.
- ¡Vamos, sigue, tú puedes! – animó eufórica la morena.
- Me estoy cansando mucho – dijo Emma. Llevaba todo el día intentando hacer magia, y ahora que lo conseguía, estaba agotada.
- No puedes ni imaginarte lo que me pone esto. Magia, espada, arco, cuerpo a cuerpo... eres mi caballero de brillante armadura. Y yo para mantener contenta a una persona así, soy capaz de cualquier cosa – dijo bajito en su oído, con la voz ronca, de manera sensual. Y el fuego prendió de manera espectacular.
Emma estaba cansada, pero orgullosa de su progreso. Miró orgullosa a su novia, la cual la besó apasionadamente, para luego pronunciar las palabras favoritas de Emma.
- Mira, está dando pataditas – dijo, con lágrimas en los ojos, acercando su mano a su vientre.
La pareja no pudo contener las lágrimas, y se besaron. Ese beso supo a lágrimas, segundas oportunidades, y felicidad.
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Discutían. Gritaban, gritaban como nunca, y se insultaban. Se odiaban.
Entró y los miró pelear, y por más que suplicaba no paraban. Se sentía de nuevo una niña pequeña, encerrada en su armario, esperando que la tormenta pasara. Y con lágrimas en los ojos, gritó:
-¡DETENEOS!
La tienda tembló, los cristales reventaron y la puerta salió volando. Toda la tienda quedó destrozada tras sus chillidos. Apretaba los puños hasta sangrar, y lloraba, con dolor en la mirada. Se giraron para ver quién había hecho aquello, y...
