Después de un año de ausencia al fin está listo... u.u lo sé no tiene gracia. Cuando terminé este fic comencé el servicio social y perdí mi vida durante seis meses, luego terminé la carrera y traté de trabajar pero sin mucho éxito porque no me daba tiempo de dedicarme a la tesis. Y ahora soy una mantenida de mis padres que se quedó sin computadora como por 4 meses. Pero como mi cumpleaños se aproxima, me adelantaron mi regalo y al fin pude volver a fanfiction.
En un principio no sabía que poner de epílogo, y menos la parte lemon XD Pero cuando me puse en ello las cosas salieron solas, y me gustó bastante cómo quedó XD pero bueno, uno siempre ama lo que escribe, son como nuestros hijos. En fin, gracias por todo, y que lo disfruten.
*Personajes propiedad de Miho Obana. "Cuanto extrañaba decír eso".
Sana llevaba toda la tarde corriendo por su habitación envuelta por una toalla. Si bien la vanidad como tal nunca había sido su mayor característica esa noche debía verse más que hermosa. ¿La razón? Se toparía nuevamente con las ex de su novio Hayama.
-¡No, no, no!- gritó como poseída mientras sus perros le ladraban a la histérica castaña que lanzaba por quinta vez el mismo vestido color zanahoria que ni siquiera recordaba haber comprado- ¡No importa cuánto papel me meta en este intento de corsé! ¡Sigo igual de plana!- terminó lanzándose a la cama en actitud teatral.
-¿Aun no te vistes?- su madre había aparecido en la habitación entrando por una cuerda que se había colado por la ventana, lucía un extravagante kimono color salmón con hilos dorados, en su cabeza Maro- chan usaba un vestido semejante al blanco de Marilyn Monroe y un pequeño ventilador recreaba la escena donde el vestido se le levantaba.
-No sé que ponerme, no tengo nada para estas ocasiones. Debería darte vergüenza no ir de compras con tu hija.
-Yo tengo mi propio diseñador, es muy aburrido eso de ir a las tiendas, prefiero enloquecerlo con mis diseños. ¿Por qué no usas algo negro? Ese color va con todo.- le dijo la mujer mientas veía a los perros escarbar entre los montones de ropa esparcida por el suelo.
-No puedo usar simple negro, es que es muy… muy negro. La gran Sana Kurata, la estrella de la película no puede presentarse vistiendo sólo negro ¿por qué ni tu ni Rei pueden entenderlo?- dijo poniendo los ojos en blanco.
-Rei irá de negro…
-Él sólo tiene el armario lleno de trajes negros, la novedad sería verlo en azul marino.- la castaña revolvía con ansias la ropa en el suelo en busca de algo que no hubiera visto.
-¿Y qué tal el vestido rojo que te regalo tu abuela para navidad?
-Ese vestido es como para matar a alguien por una hemorragia nasal ¿por qué mi abuela no puede tejerme suéteres o hacerme galletas? Incluso agradecería unos calcetines de lana, pero en vez de eso va y me regala un pedazo de tela imitación latex que… un momento… eso es tan Azuka… ¡Eres un genio!- dijo besándola y corriendo de nuevo a su armario en búsqueda de la caja del susodicho regalo.
-Lo sé, mis libros no se venden sólo por mi humilde personalidad.
30 minutos después Sana aún se veía indecisa si usar o no el vestido. Si era sincera le parecía muy lindo, era color carmín con un corsé rojo de seda en la parte de arriba, caía, por encima de la rodilla, suelto en la falda con algo de vuelo y con tablas intercalando rojo y negro en encaje con algunos rosas que parecían subir a lo largo por una hilera de espinas. Cuando se lo probó notó como se le amoldaba a la perfección, su falta de pecho –chiste gastado de Hayama− se disimulaba, su cintura se acentuaba y sus piernas se veían aún más largas y estilizadas. Se puso un listón en el cabello, un poco de rubor y mientras se agachaba para buscar unos zapatos a juego, escuchó el ruido de la puerta de su habitación.
-Tu madre dice que aún no estás lista. Se adelantó con mi padre y "la escandalosa" en el auto de "gafas" tu y yo…- el castaño se quedó petrificado al verla levantarse. Siempre había sabido que su novia era hermosa, no por nada era actriz y modelo; incluso su falta de pecho –contrario a lo que parecía− no le molestaba en absoluto, le gustaba tal y cómo era. Pero nada lo habría preparado para lo que tenía delante, siempre le había gustado el color rojo, más en el cuerpo de la castaña, y no es que no la hubiera visto nunca arreglada para algún evento importante, pero justo allí, en ese momento no pudo cerrar la boca mientras la recorría sin reparo de arriba- abajo haciendo énfasis en algunas partes de su anatomía.
-Ya estoy casi lista ¿te gusta?- le preguntó con inocencia mientras se sentaba en la cama para poder ponerse los tacones rojo terciopelado que en alguna ocasión le había tocado modelar para una marca. Si bien odiaba los tacones y el dolor en sus pies le recordaba que la belleza cuesta, debía admitir que cuando salía con Hayama no le quedaba más remedio que usarlos, puesto que el joven seguía creciendo y ya le sacaba casi dos cabezas; no era nada lindo que sólo su frente apareciera en las fotos que los medios tomaban a su novio.
-Nada mal para una rara como tu.- dijo tomando control de su cuerpo pero sin poder quitarle los ojos de encima.
-Por lo menos te hice cambiar el adjetivo ¿no harás ningún comentario sobre mi pecho?- le dijo triunfal levantándose para buscar un brazalete, collar y aretes a juego.
-Mis comentarios no harán que crezca ¿o si? -Le dijo interceptándola y acorralándola contra la pared- Además con ese vestido hasta ese detalle sale sobrando.- la comenzó a besar con ansias mientras Sana se dejaba hacer pese al rubor en sus mejillas.
Llevaban casi un año como una pareja oficial, si bien las cosas habían cambiado un poco a la primera vez que anduvieran –ya no eran unos niños− otras seguían casi igual. En público no eran una pareja que derrochara amor, por el contrario, siempre se estaban molestando frente y fuera de las cámaras. Pero cuando estaban solos, a pesar de que el martillo rojo de Sana hacía su aparición con frecuencia y Akito volvía a tener por costumbre volverse chita; existían ocasiones en que ambos se dejaban llevar por las hormonas, la pasión, el amor o como quisieran llamarle.
-Ha-hayama llegaremos tarde.- dijo la chica tratando de empujarlo sin muchas ganas mientras el metía la nariz en su cuello.
-Da igual, es una tonta alfombra roja después de todo.
-Es tu primera película. Además echaran de menos a dos de los protagonistas.
El castaño suspiró resignado mientras la iba soltando. No podía negar que era un evento importante, por lo menos para Sana.
Los fans llevaban meses esperando el estreno de la película. Ellos habían hecho promoción un par de veces en los últimos meses, pero el elenco completo no se reunía desde aquél peligroso rescate en el techo en llamas de la última escena. Y precisamente ese día, todos volverían a desfilar sobre la alfombra roja durante la premiere.
-De acuerdo, apresúrate, te esperaré abajo. Por cierto…- el chico miró al suelo buscando la manera de decirlo mientras la castaña lo miraba esperando que terminara la frase- Te ves muy bien.- dijo dando vuelta y saliendo al pasillo donde comenzó a golpear la pared. Por nada del mundo dejaría que Naozumi fuera el primero en decírselo.
Sana se sonrojó y sonrió para sí mientras intentaba que su corazón se tranquilizara, cómo amaba a ese baka.
Los fans llevaban horas esperando, habían acampado afuera del cine principal de Tokio y habían visto poco a poco cómo el staff colocaba la alfombra roja y los medios se posicionaban para la llegada del elenco.
Algunos habían comenzado ya a transmitir, en menos de media hora debían comenzar a llegar los protagonistas.
Algunas calles más lejos, dos castaños bajaban corriendo del metro mientras algunas personas tomaban foto con su celular.
-¿Por qué no me dijiste que no tenías forma de venir?- dijo Sana brincando sobre un automóvil que casi la atropellaba.
-Creí que cuando dije "todos se fueron en el auto de Rei" habías entendido que nosotros debíamos tomar un taxi o algo para llegar.
-Un mal día para que ninguno de los dos tuviera dinero ¿no crees?- se paró en seco para quitarse los tacones y luego seguir corriendo- estamos dando un gran espectáculo, eso sí.
-Cállate y corre.
Mientras tanto el director había llegado a la alfombra y era asediado por los fans que gritaban su nombre y los reporteros que gritaban preguntas de todos lados.
Después llegó Asako del brazo de Rei, que miraba preocupado el reloj de su muñeca ¿dónde se había metido esa niña? Detrás de ellos pasaron el padre de Azuka y los papeles secundarios, que no por eso levantaron menos suspiros.
Los minutos pasaron y Zulema apareció por la alfombra con un corto vestido blanco y un peinado alto, lucía orgullosa de los gritos que despertaba en el público. Casi llegaba al final del recorrido cuando por ella apareció Naozumi con un pantalón azul marino, camisa violeta sin corbata y una gemela de cada brazo.
Las chicas iban con el cabello suelto, así que nadie sabía quién era quién, llevaban un vestido estilo kimono ajustado en la cintura pero flojo en el pecho mostrando sus piernas calzadas por sandalias, los vestidos eran color azul marino y dorado, y negro con verde. En cuanto pisaron la alfombra los gritos de los fans se volvieron ensordecedores y los reflectores se volcaron en ellos, una mujer alta se acercó mientras le hacía señas a Zulema para que volviera; la americana no se lo pensó dos veces.
-¿Se esperaban este recibimiento?- pregunto a los cuatro chicos.
-No, esto es… indescriptible.- dijo Zulema mandando besos a las personas de la primera fila.
-He asistido a varias alfombras rojas, y cada una es especial. Esta tiene el plus de que vuelvo a encontrarme con viejos conocidos- Naozumi le dio un efusivo abrazo a Zulema mientras las gemelas rodaban los ojos.
-Y ustedes chicas ¿Cómo se sienten y, quién es quién? Creo que todos nos lo preguntamos.
-Yo soy Georgea.- dijo la del vestido azul- y obviamente ella es Freda. Esta es la primera vez que estamos en algo así y aunque hemos visto algunas por televisión estar aquí recibiendo esos gritos es… no sé… mi corazón se acelera sólo de ver que esas personas aprecian nuestro… no sé si llamarlo trabajo porque en realidad…
-En realidad fue un juego- intervino su hermana- nos divertimos muchísimo grabando con Sana y Akito. Conocimos a Naozumi y todos nos trataban muy bien porque nosotras no sabíamos lo que hacíamos. Muchas veces estropeábamos las tomas, pero creo que aprendemos rápido, además estamos agradecidas de que el director nos haya confiado la responsabilidad y, que Sana y Naozumi nos hayan tenido tanta paciencia, además de que aprendimos mucho de ellos.
-A propósito de Sana y Akito Hayama- interrumpió la mujer- ¿dónde están? Creímos que llegarían todos juntos.
-Las gemelas y yo llegamos en el mismo vuelo hoy por la mañana- el peliazul sonreía en agradecimiento a los "piropos" lanzados por el público- No he hablado con ellos, no sé las señoritas.
-Mi vuelo llegó anoche, pero es bastante sabido que ni Sana ni yo nos llevamos muy bien.- Zulema hizo un puchero mientras las gemelas negaban con la cabeza.
Un ruido los hizo girarse hacia los fans, quienes les daban la espalda y empezaban a pararse de puntillas, no tardaron mucho en ver a Sana abriéndose paso a codazos y Hayama corriendo tras ella. Al final saltaron la valla de seguridad aterrizando limpiamente a un costado de la alfombra.
-Te dije que íbamos por la entrada equivocada.- dijo el chico entre jadeos y firmando una fotografía que le pasaba una niña, casi sin pensar.
-Pero así es mejor… Hola chicos.- dijo emocionada al ver a las gemelas, Nao y la americana mirándolos con asombro. Se puso de nuevo los tacones y se acercó a ellos como si fuera lo más normal del mundo y, en medio de la conmoción abrazo a las gemelas una con cada brazo y comenzó a posar para el flash que les llegaban de todos los ángulos.
-Hayama.- comenzó el peli azul.
-Kamura…
-Hola Akito, yo estoy bien, ya sabes.- empezó la casi rubia mientras lo miraba a los ojos.
-Bien por ti.- y sin más se acercó a unas enloquecidas chicas que trataban de obtener un autógrafo del chico.
-Chicos, chicos- levantó la voz la reportera- ¿Qué les dicen a sus fans? ¿Por qué no deben perderse "Amor en guerra"?
Freda y Georgea se acercaron con pasos de pollito y mirada traviesa al micrófono
-No pueden perderse esta película, porque no sólo verán sangre, artes marciales y esas cosas, sino que salen chicas sexys, además… ¡Es nuestra primera película porno con Naozumi!- gritaron mientras el silencio se hacía presente de pronto.
Zulema dejó de posar para los paparazis, Hayama soltó el plumón con el que plasmaba su firma en un cartel más grande que él, Sana abría la mandíbula y dejaba al otro reportero hablando solo; y Naozumi… él pasaba por todas las tonalidades del rojo mientras buscaba un argumento que le salvara del bochornoso comentario, sin éxito.
-Vaya, interesantes declaraciones de estas chicas. Justo se había especulado sobre la clasificación de la película y se creía que era por la violencia…pero ya veo que no sólo se dedicaban a lanzar kunais por todos lados.
-¡No lo hagas que suene peor!- gritó el peli azul sofocado- Eso no… ellas no… ¡Sólo no hagan caso!-gritó abochornado hacia la reportera.
-Naozumi es un chico tímido para estas cosas- Sana aparecía seria a su lado mientras Hayama con los brazos cruzados asentía- aunque llegó sintiendo que sabía más de la vida que cualquiera de nosotros, pronto conoció al pecado por partida doble. Obviamente no pude enseñarle el baile del pollito personalmente pero…
-¡Nada de lo que dices tiene lógica!- gritó exasperado- y tu deja de aparentar que tienes mucha experiencia Hayama.
-Yo les enseñé todo lo que saben.- sonrió con superioridad, algo que Sana llamaba la mueca del rey simio.
-¡No te creas la gran cosa pedazo de…!- Zulema fue interrumpida por la reportera que veía el rating subir a pasos agigantados.
-Es cierto, los escándalos no dejaron de sonar alrededor de ustedes porque todos anduvieron con todos ¿no es cierto? Es decir…
-No, no, no- dijo Freda levantando la voz- a mi no me metas en este chisme. Yo soy forever alone…bueno- miró de reojo a Naozumi que aun estaba rojo y un carmín adornó sus mejillas- es decir, en aquel entonces… yo no me vi envuelta en ese pentágono amoroso.
-Primero, el joven Hayama fue novio de Sana ¿no es así? En la secundaria- comenzó la mujer.
-Era algo confuso.- aseveró Sana- pero sí, algo así.
- Luego en Estados Unidos estuvo con una de ustedes- señaló a las gemelas- y luego con Zulema ¿no es así?
-No quiero hablar de esto, es una tontería recordar el pasado, y si no les molesta debo ir al baño. Los veo adentro.- dijo la rubia actriz antes de emprender la retirada.
-Es un tema delicado- dijo Georgea viendo hacia la lejanía- Pero las cosas ya están arregladas, y seguimos siendo amigos. Todos cometemos errores, y creo que sólo nosotros sabemos lo que en verdad ocurrió. Ahora Sana y Akito están juntos, creo que Zulema ha empezado a aparecer en videos musicales, mi hermana y yo hacemos algunos cameos en shows y bueno Nao es muy famoso por él mismo.- sonrió de forma sincera dejando sin palabras a la mujer.
Después de unas cuantas fotografías más se les invito a pasar, pues la película estaba por empezar, sonrientes, huraños y sonrojados los chicos mandaron sus últimos besos a los fans y se encaminaron al interior del cine.
Casi tres horas después el cine quedó despejado y las estrellas viajaban es espectaculares limusinas con dirección a la fiesta. Una vez allí Sana bajó de la suya aun sonriendo por las bromas que las gemelas habían hecho en el interior, abochornando al pobre de Naozumi, que había encontrado que el mejor camino para no salir más perjudicado, era precisamente guardar silencio.
-No es mi culpa que sus fans estén celosas- había seguido diciendo Freda- si quieren hacer porno con Naozumi que hagan una audición para la segunda parte.
-¡No es porno!- gritó el peli azul dándole el brazo caballerosamente- y no puede haber segunda parte… todos estamos muertos.
-Podría ser en el inframundo- intervino George que caminaba del otro lado del mestizo- seguro que el odio atravesó planos terrenales.
-Oye Kamura- dijo Hayama de pronto y tomando "sin querer" la mano de Sana en el camino- ¿Por qué sólo le das el brazo a una de ellas?- dijo más suspicaz que de costumbre.
Los tres se pararon en seco, Freda y Naozumi despegaron los labios sin poder articular palabra, soltándose como si quemaran, mientras tanto, Georgea parecía preocupada, y había estirado el brazo como si fuera a agarrarse de su amigo, pero en el último momento lo dejó quieto en el aire.
-A mí me gusta caminar sola.- dijo Georgea mirando con inocencia al castaño.
-¿Y por qué tu hermana se ha quedado sin palabras? Por lo general habla más de la cuenta en estas circunstancias.
-No hay una razón en especial- tanteo Freda bajando la mirada- no es como si hubiéramos matado a nadie…¿ o si?
-No he dicho nada contra ti, sólo me dio curiosidad.
Sana miraba a los tres como si uniera cables sueltos en su cabeza, pero por una u otra razón no lograba terminar de juntarlos, como si fuera demasiado tonta la respuesta hasta para pensar en ella seriamente.
-Creo que está bien que lo sepan- Naozumi se frotó el cabello con delicadeza- después de todo son nuestros amigos.
-Pero… tu no querías…
-Está bien Freda, estamos en mi país y…
-Ay por favor.- Georgea se dio un golpe en la frente desesperada- sus conversaciones me vuelven completamente loca, estos dos-señalo a su hermana y al mestizo- son novios desde hace unas semanas y no quieren que nadie se entere para que no se metan en su relación y esas cosas de famosos. Ya necesito gente normal con quien hablar, es tan estresante sus cursilerías.
-¡Georgea!- dijo Freda sonrojada.
Sana sacó de debajo de su falda el gran mazo rojo que llevaba para emergencias y le propinó un buen golpe a Naozumi hasta dejarlo en el piso.
-Sana-chan… que fue…
-¡No has aprendido nada! Es mejor que dejes las cosas claras con todos, aunque trates de esconderlo los medios se enteraran, que no te importe lo que piensen tus fans, si te quieren lo aceptaran. Si no le das su lugar desde el principio las cosas no saldrán bien.- dijo furiosa.
-Pero… sabes que mis fans son…
-Preocúpate más por lo que ella les pueda hacer. Ahora tómala de la mano y hazla feliz o te arrancaré la piel.
-S-si.- dijo el peliazul con cara de terror, mientras la inglesa agradecía en voz baja y seguía caminando mientras se dejaba jalar por su novio.
-A veces los hombres necesitan una mano que los dirija- le dijo Sana a Georgea que caminaba a su lado con una sonrisa de satisfacción- debes encargarte de hacerlo a tiempo.- dijo entregándole su mazo, que había pasado de generación en generación en su familia como instrumento de "enseñanza".
-Tengo tantas cosas que aprender de ti Sana- senpai.- dijo la pelinegra riendo, después de un momento Hayama se les unió.
"Debo admitir que la fiesta fue un éxito. Sé bien que mientras escribo esto mis amados amigos están haciendo sus maletas dispuesto a volver a sus respectivas vidas, pero sé que lo que vivimos nos marcó a todos, incluso a Zulema aunque no lo admita. Fue una gran sorpresa darse cuenta de los sentimientos entre Naozumi y Freda, y me alegro por ambos, pues los quiero mucho. Le pregunte a Georgea sobre su historial de romances y aunque bromeamos un poco sé que se incomodó, al final me dijo que aunque le gustaría tener a alguien siente que aún no es el momento de volver a querer a alguien, su corazón aún no ha sanado. Yo me sentí culpable, pero ella me consoló diciendo que no está enojada conmigo o con Hayama, ni siquiera triste, en realidad su enojo es consigo misma pues ella fue quien decidió hacerse valer tan poco como para compartir a un chico que no la quería.
La entiendo un poco, y a veces me siento así. Sé que todo mundo sabe lo que me hizo Hayama, y seguramente esperaban que nuestros caminos se separaran, incluso una parte de mi aún me reprocha eso, pero simplemente deje de preguntarme sobre lo que era correcto para el mundo en sociedad donde vivimos, ese mundo para el que solo soy una cara bonita y exitosa, esos que en realidad no me conocen y mucho menos, saben lo que siento. Esos que no vieron a Hayama vencer su máximo miedo por ir a rescatarme, ni tampoco saben que atropelló a un reportero para sacarme de casa cuando mamá publicó su libro "Mi hija y yo", y tampoco saben que detrás de nuestras apariencias existen dos niños tan solos y heridos que sólo son capaces de ser ellos mismos cuando interactúan el uno con el otro, aunque siempre terminan haciendo tonterías. Cuando dejé de pensar en que se esperaba que hiciera, me pregunte que sería lo mejor para mí, y al hacerlo fui tan egoísta que también decidí por él.
Al principio fue difícil, aun había dudas y miraba con desconfianza sus acciones, pero luego me di cuenta que yo también tuve mucha culpa en que nuestra relación −cuando éramos niños− no prosperara, me negué a aceptar que lo amaba, a dejarme sentir. Ambos nos fallamos, hemos sufrido y creo que ahora, los dos estamos tratando de ser felices, con miles de heridas en el corazón y malos momentos que seguramente no olvidaremos, pero si al final puedo decir que son más los buenos, y que no importaron porque nos hicieron lo que somos, creo que las cosas estarán bien.
En la fiesta Rei nos dio la noticia de que será padre… teniendo en cuenta que casi nunca pasa la noche en casa creo que ya se había tardado, honestamente ¬¬. Georgea nos mostró una foto de sus primos, que no pudieron asistir porque les dio varicela, ambos son gemelos, como ellas. También nos mostró a los hermanos adoptivos de los mismos, su familia no fue a la alfombra roja, pero las llamaron para felicitarlas. También pudimos conocer a dos de sus primos más queridos, no recuerdo bien toda la historia, pero en su familia todos son adoptados, los únicos con lazos sanguíneos son ellas y los gemelos. Ah pero como te iba diciendo nos mostró a otros dos de sus primos, una chica pelirroja y un chico de cabello negro que parece estar de mal humor siempre, me dijo que son igual de tarados y necios que Hayama y yo, y que espera que esa historia de incesto se apresure a llegar a un clímax o deberá valerse de sus mañas, le dije que contara conmigo.
En fin, ya sé que había dicho que no te escribiría más, pero me acostumbre a contarte las cosas importantes de mi vida, como si tu tambien tuvieras vida en tu interior, es raro, lo sé. No prometo escribirte diariamente, pues nunca he podido, pero si algo improtante llega a pasar en mi vida creeme que serás el primero en saberlo."
Sana se apresuró a guardar sus cosas en la mochila en cuanto escuchó la campana sonar, Hayama estaba había hecho lo mismo y en cuanto pusieron un pie fuera de la escuela –después de algunos autógrafos, fotos, y críticas sobre la película− se apresuraron hacia el centro de la ciudad. Las gemelas y Naozumi ya los estaban esperando en el restaurante; esa tarde volverían a Inglaterra y querían pasar un rato divertido, todos juntos como en los buenos tiempos.
-Creí que me saldrían raíces- dijo Georgea rodando los ojos en cuanto los castaños tomaron asiento- ¿saben lo melosos que pueden estar las nuevas parejitas?
-Te toca pagar lo que yo sufrí contigo.- dijo Freda tomando un poco de malteada.
-Nao ¿ya no volverás a Japón?- dijo la castaña preocupada.
-Estoy grabando otra película, es un musical. Cuando la termine pienso darme unas vacaciones, probablemente volveré aquí, es mi país después de todo.
-¿Y qué harás tú?- le preguntó el jefe simio a la novia de Kamura mientras le quitaba papas a la hamburguesa que alguien había pedido para él.
-No tengo problemas con venir a estudiar a este país, lo he hecho antes después de todo. Será divertido ver viejos amigos ¿no crees Georgea?
-Sí, bastante.- dijo en un suspiro- como si no supieras que toda la familia vendrá con nosotros.
-Freda yo no… digo no es que no aprecie tu gesto, pero no quiero obligarte a estar lejos de tu familia por mí, yo…
-¿No la escuchaste? – Señaló a su hermana- Ella me seguirá a donde yo vaya, además, yo no soy tan positiva e inocente como Sana; por lo tanto no creo en las relaciones a distancia, y no confío ni en ti ni en todo tu sequito de admiradoras.- le dijo con un gesto que dejaba ver un poco el fuego de los celos que habitaban en su interior.
Naozumi sólo asintió sin saber que más decir.
-Deberías alegrarte Kamura, tu mujer sabe lo que te gusta.- soltó el chico sabiendo con anticipación que su interlocutor comprendería a que se refería y cambiaría de tonalidades antes de poder defenderse. Pero no ocurrió lo que se esperaba.
-¿Ese comentario te hace sentir bien Akito?- la chica levantó una ceja con incredulidad- mi novio es un caballero por lo tanto no soy su mujer ¿de acuerdo? Sé que estas obsesionado con el sexo y aunque él –señaló a un boquiabierto Naozumi− ya ha hecho obras de teatro sobre eso, y hemos estado de esa manera en pantalla no se lanza sobre mí a la primera oportunidad, ni hace bromas sobre mi pecho. Además tú tampoco sabes de lo que hablas, eres tan virgen como Georgea.
-¡Oye! A mí no me metas en esto.- dijo su hermana escupiendo la malteada.
-Eso a ti no te importa.- le dijo el castaño con la mirada más gélida que fue capaz de usar mientras Naozumi y Sana veían la riña de forma intermitente.
-Pues a ti tampoco, sabes que Nao es un chico dulce y tierno que se sonroja a la menor provocación, y estoy de acuerdo contigo en que es altamente gracioso provocarlo, pero desde ahora sólo yo, y tal vez mi hermana, podemos hacerlo.- le dijo retándolo con la mirada.
-¿Quién te crees para decirme que hacer?- dijo el japonés ya sin ocultar su molestia.
-No lo hago, te digo lo que no debes hacer.
-Oigan chicos, estamos un poco irritados.- comenzó el mestizo.
-Te estoy defendiendo Nao, no arruines las cosas.- le dijo la inglesa.
-¡Sana-chan haz algo!
-Pero esto es interesante.- se excusó la actriz que veía emocionada como ponían en su lugar a su novio.
-¡Georgea haz algo!- dijo exasperado al ver como su novia y Hayama se habían puesto de pue y se miraban dispuestos a usar los puños.
-No, yo duermo con ella. No pienso enojarla.
-Hayama ya basta.- dijo Sana por fin- ella tiene razón.
-Se está creyendo la gran cosa porque sale con Kamura, apuesto a que ni siquiera se han besado aún.
-¿Eso crees? Es un caballero, pero no le tomo casi cinco años el pedirme que saliéramos y poner las cosas en claro.
-Te estas metiendo en algo que no te importa.
-¿Y tú no?- le dijo la morena ya harta de la pelea.
-Hayama ríndete.- dijo Sana incomoda- no te metas en su vida personal y listo, Freda tiene razón.- lo tomó de la mano y lo atrajo de nuevo al asiento, el chico resoplo enojado pero no volvió a hacer ningún comentario al respecto.
La comida se volvió tranquila después de unos minutos que parecieron eternos. Cuando el reloj marcó las cinco de la tarde las chicas se pusieron de pie mientras Naozumi llamaba a su chofer que pasaría a recogerlos, ya con el equipaje listo.
-¿En serio deben irse tan pronto?- pregunto Sana.
-Bueno… tenemos escuela.- dijo Georgea, y aunque créeme que nada me gustaría más que quedarme y ayudarte a poner en vergüenza a Akito… debemos volver, pero vendremos a visitarlos, o ustedes pueden ir, cuando gusten.- dijo sonriendo.
-Seguiremos en contacto, lo prometo.- Freda se unió al abrazo que habían empezado su hermana y la castaña.
Media hora después Sana y Hayama caminaban de vuelta a casa, los chicos habían subido al carro y se habían marchado.
- Las extraño.- dijo ella sin ningún motivo en particular.
-Freda es una molestia.- dijo él.
-Pero tiene razón Hayama, a menos que no me hayas dicho "algo" tú tampoco sabes de esas cosas.- dijo la castaña mirándola de forma acusadora.
-¿Tú también te pondrás en mi contra?- le dijo mirándola de reojo.
- No, solo digo lo que pienso.- le dijo tomándolo de la mano en un gesto cariñoso que a veces se permitían, él la apretó y guardó silencio un rato, hasta que las gotas de lluvia se hicieron presentes.
-No llegaremos a tu casa a tiempo ¿traes paraguas?- dijo el castaño jalándola para que se apresurara a ponerse en cubierto.
-No. Pero tu casa está más cerca, si uso los pasos de mi academia de baile… y tu corres como un cavernícola, seguramente llegaremos.- dijo la chica en medio de una sonrisa, amaba poner a prueba su condición física.
-Si eso quieres.- le dijo Akito echando a correr tras ella, que ya había empezado a girar como posesa huyendo de las gotas de lluvia.
Unos minutos después ambos entraban despavoridos y empapados a la casa del castaño.
-¡Voy a pasar!- dijo la castaña quitándose los zapatos y dejando su mochila en el recibidor.
-No hay nadie- la llamó su novio desde adentro- papá tuvo que ir a Osaka a una conferencia, y la "escandalosa" se quedó en casa de una amiga a estudiar.- dijo enseñándole la hoja que yacía pegada en la pared avisando de su paradero y de que había ramen y filete de pescado en el refrigerador.
-En casa tampoco.- le dijo mientras lo seguía quitándose el abrigo de la escuela- mamá huyo anoche a las Islas canarias para esconderse de su editor, y Rei fue a las montañas con Asako, está de vacaciones. Ya sabes, todos querían estar en "la premier" pero luego se largan dejándome sola.
-¿Quieres cambiarte de ropa?- le dijo el castaño al notar que su novia tiritaba.
-Sí, ¿puedo tomar ropa de la hermana Hayama?- dijo caminando hacia las escaleras dispuesta a usarla con o sin permiso.
-Aja, yo también me cambiaré.
Ambos se dirigieron a una habitación diferente para poder secarse mientras la tormenta se intensificaba.
Sana se había puesto un short de mezclilla y una blusa negra que si bien le quedaban un poco grandes, por lo menos se mantenían en su sitio. Se alegraba de que su cuerpo hubiera crecido lo bastante como para usar la ropa de la hermana Hayama, recordaba que la última vez que se había quedado, el camisón que le había prestado le rosaba los tobillos, esta vez ya sólo el short le quedaba flojo.
Cuando bajó vio a Hayama sentado en el sillón con unos pantalones deportivos negro y una camiseta, secándose el cabello con una toalla y con dos refrescos en la mesa de centro.
Sin pensarlo dos veces brincó hacia él tirándolo con el impacto envuelta en carcajadas.
-¡¿Qué te sucede?!- dijo con fingida molestia poniéndose de pie y ayudándola a incorporarse.
-Nada, sólo me dieron ganas de hacerlo.- le dijo dedicándole una sonrisa ganándose un suspiro.
-Ven aquí.- le dijo el muchacho mientras la atraía hacia él besándola, primero lento y luego más profundo. Sana se dejó hacer sin oponer resistencia, si bien en público no eran muy cariñosos, eran esos momentos cuando estaban solos lo que más les gustaba, pues no debían fingir, actuar, sólo se dejaban sentir.
Mientras Hayama profundizaba el beso, Sana sintió como tocaba con su espalda la superficie del sillón y el peso de Hayama le oprimía el estómago. Si bien no era la primera vez que eso pasaba –y seguía sintiéndose igual de apenada− el pensar que estaban solos la ponía un poquito nerviosa.
Por su parte el castaño comenzaba a sentir esas cosquillas en las palmas de las manos que últimamente se hacían presentes con más frecuencias cuando comenzaban a besarse, y sabía la razón. Cuando eran niños él se conformaba con rozar sus labios, presionarlos con los suyos; pero ahora esos castos besos ya eran historia, cuando se besaban enserio no se separaban hasta que la falta de oxígeno los obligaba, además de que el cuello se había vuelto parte del ritual y por lo general alguno terminaba con marcas que después debían ocultar de los medios… y de sus padres.
También estaba ese deseo que él sabía que no podría contener por más tiempo, el cuerpo de su novia lo enloquecía, dijera lo que dijera al respecto, era una forma más de ocultar lo que en verdad pensaba. En su niñez se había conformado con poner su mano sobre el pecho de ella, y ni siquiera había tenido que estrujarlo para comenzar a tener lo que los chicos de esa edad llamaban "sueños humedos", y si bien no lo había hecho en un buen tiempo –hablando de tocar su pecho− estaba seguro que si sus manos se posaban en esas dos bolitas que parecían querer provocarlo, no se conformarían con sólo sentirlas.
Sana se había puesto nerviosa al caer en cuenta que estaban solos en la casa, dejándose llevar por sus hormonas, y si bien no pensaba quedarse virgen hasta el matrimonio, el tema aún la asustaba, sobre todo porque sentía ese calor creciente en su vientre que sólo la cercanía de Akito Hayama le provocaba.
Su terror llegó a su clímax cuando sintió algo abultado presionar cerca de su ombligo, con la fuerza de una mano y la suavidad de una pelotilla de goma. Y contra todo pronóstico, Hayama la soltó inmediatamente y le dio la espalda, quedando en un silencio rotundo por algunos segundos.
-H-hayama.- dijo ella en una voz ronca que no le pareció conocida- ¿sucede algo?- dijo por decir, porque sabía que era una pregunta tonta, él nunca la dejaba hasta que ambos tuvieran los labios hinchados.
-Nada mensa, sólo se me dio la gana…- comenzó, pero luego se aclaró la garganta y sin mirarla soltó- lo lamento, no es algo que pueda controlar.
-¿El qué? ¿Tienes que ir al baño? Si es así no hay problema.
-¡Tonta!- dijo de mal humor- no hablo de eso.
-¿Entonces?- preguntó confusa.
-¡Esto!- se giró exasperado aprisionándola de nuevo en el sillón y haciéndola sentir la fuerza de su erección en el vientre. Cuando el calor adornó las mejillas níveas de la chica, y el asombro y la vergüenza cruzaron sus ojos, él se quitó de encima.
-Ah ya… yo… yo…
-Lo siento.- dijo molesto y apenado.
-¿Yo provoqué eso?- dijo desviando la mirada sintiendo como su cara ardía- Es decir, una chica plana como yo…
-Yo puedo decirte eso, pero tu no.- dijo aun dándole la espalda.- Si yo lo digo está bien, pero en ti misma no.
-No puedo entenderlo.- le dijo mirando su espalda, no conocía esa parte de su novio.
-Porque si tonta, cuando yo te digo así es para molestarte, cuando lo haces tú es como si te menospreciaras, y ni a ti misma te permito hacer eso.
-Entonces, ¿no crees que este plana? Porque me lo has dicho desde que tengo 12 años.
-Lo estás, pero no es como que me importe, en ti está bien.
-Sigo sin entender Hayama, en serio no entiendo que…
-Si no me encantaras tal como eres no me pondrías así ¿¡De acuerdo!?- le dijo exasperado señalando su aún notoria erección.
Sana se quedó sin palabras por primera vez en su vida, sin ganas de pelear, de gritar, de reír. Sólo miraba alternamente a los ojos de su novio y al bulto que si bien iba bajando, se notaba entre su pantalón.
-Di algo ¡maldición! Eres una pervertida…- se había comenzado a levantar cuando la joven actriz lo tomo de la camisa y lo volvió a sentar, besándolo de forma brusca.
Poco a poco volvieron a hallarse en la misma atmosfera de antes, él con las palmas cosquilleándole y ella con un calor que cada vez subía más y lanzaba espasmos que hacían que su cadera se comenzara a mover.
-Paremos.- Hayama volvió a cortar el beso para disgusto de la castaña- Si seguimos no podré parar.
-¿A qué te refieres?- le dijo aún con la voz ronca y una mirada hipnotizada.
-Hablo de… de eso, ya sabes.- bajó la vista al pensar que para Freda había sido muy fácil decirlo en un restaurante lleno de gente y él, ni siquiera podía idear una broma para ilustrarlo.
-¿Hablas de "volvernos adultos"?- dijo la chica tomando su mano y obligándolo a mirarla- ¿Es eso?
-Si Sana, al parecer soy incapaz…
-En ese entonces sólo teníamos 12 años, tu accidente estaba reciente, mis cosquillas nos traicionaron y… si te soy franca, aunque hubiera sido algo lindo no era el momento.
-¿Y ahora cuál es la excusa?- la miró enojado- no puedo, cualquier otro ya te tendría en mi habitación y yo…
-Tú no eres "cualquier otro" eres Akito- él la miró sorprendido de escucharla pronunciar su nombre- y si quieres saberlo yo también tengo miedo de lo que siente mi cuerpo, en ti es más notorio, pero a mí tampoco me obedece cuando estamos así.
-No voy a obligarte a nada.
-Akito Hayama, te amo y lo sabes. Hace mucho que elegí volverme adulta contigo, y mi decisión no ha cambiado. No te voy a negar que tengo miedo, no de ti.- se apresuró a agregar al verlo cerrar los puños- sino de lo que mi cuerpo pueda llegar a hacer o sentir; pero si es contigo está bien. A tu lado las cosas que me dan miedo se vuelven menos imponentes.
Hayama la miraba absorto, y cuando finalizó comenzó a reír quedamente hasta poderle dedicar esa sonrisa que ella amaba, que sólo era suya.
-¿Crees que es momento de volvernos adultos?
-No sé si lo es, pero no creo que a mi cuerpo le importe eso.- dijo sintiendo un poco de frío al ver la mirada tan penetrante que le dedicaba su novio.
-Te amo Sana Kurata, logras enloquecerme como nadie.- le dijo antes de volver a besarla mientras la envolvía con sus brazos y la cargaba.
-¿Qué haces?
-Ir a mi cuarto, no va a ocurrir en el sillón.- le dijo con la voz temblorosa.
Una vez arriba, la depositó en la cama mientras encendía la lámpara de a lado y cerraba con llave, por si a su hermana se le ocurría volver. Al menos así les daría tiempo de pensar en alguna excusa.
El joven karateca puso sus manos a ambos lados de su novia, que lo miraba con un extraño brillo en sus ojos y un lindo carmín en sus mejillas, confiaba en él, le daba permiso, le transmitía su amor. Sin pensarlo más reanudó el beso que había interrumpido.
Aun con miedo a una patada de la castaña se atrevió a bajar una mano y arrastrarla hasta su pecho izquierdo, donde la mantuvo quieta, sintiendo la adrenalina del momento, cuando estuvo seguro de que su vida no corría peligro se atrevió a apretarla, obteniendo un suspiro de la castaña como recompensa. Los labios de él bajaron por su cuello hasta posarse en su garganta, donde comenzó a besar y lamer, sintiendo que el cuerpo de ella se tensaba bajo él. Y aunque de pronto sentía que la razón se iba de su cuerpo, se había jurado hacer ese momento inolvidable para ella.
Poco a poco las manos de ella se deslizaron por la ancha espalda que tanto amaba de su novio, recordaba claramente el momento en que la había visto más grande, más ancha, más varonil; fue cuando supo que ya no eran unos niños, y que por más que trataran no podrían volver a serlo a menos que estuvieran juntos y solos, unos "niños traviesos", pensó para sus adentros.
Sin poder evitarlo, la castaña introdujo sus manos bajo la playera del chico, sus manos estaban frías y la piel de él ardiendo. El choque de temperaturas fue brutal para ambos, ella ahogó un grito, mientras él lanzaba algo así como un gruñido.
Ni siquiera tuvo que pensarlo, las manos del chico empezaron a recorrer su torso por debajo de la blusa que llevaba la actriz, cuando una risita lo hizo perder un poco el hilo de su cometido, pues ella se movía sin poder evitarlo.
-¡Tengo cosquillas!- le dijo ella muerta de la risa- Lo siento, soy mus cosquilluda.
-Igual que la última vez.- dijo con resignación liberándola de su peso.
-Trataré de controlarlo.- le dijo ella aun sonriendo, y ante el asombro del chico se quitó la blusa quedando en un lindo sostén color violeta- pero no me veas así que me haces sentir rara.- dijo ella recostándose de nuevo.
-Eres hermosa- dijo perdido en el canal que se marcaba entre ambos senos. Y sin pedir permiso comenzó a recorrerlo con la palma de la mano.
-No por nada soy Sana Kurata.- dijo divertida mientras deshacía el broche del sostén dejándolo caer entre las manos del chico, que no podía estar más anonadado.
Sana tenía miedo, y estaba muy nerviosa, pero una voz en su cabeza la tranquilizó diciendo ¿qué haría Azuka? Y entonces las cosas fueron un poco más fáciles, si bien ella no era la heredera de un imperio, debía admitir que ese personaje le había salido tan bien, porque secretamente ella era un poco así. Azuka era una chica coqueta, y Sana lo era en algunos momentos privados, como aquel, sólo debía dejar atrás sus temores.
Los labios de Hayama no tardaron en recorrer los pechos de la castaña causándole suspiros, la sentía moverse bajo él, y se intensificaba cuando mordía sus pezones, poco a poco estaba aprendiendo del cuerpo de su novia, por lo menos ya sabía cómo hacerla suspirar en vez de reír.
Los ojos de ella estaban cargados de deseo, lo que en algún momento fueron suspiros se habían convertido en gemidos que no podía controlar. Haciendo uso de toda la fuerza que le quedaba logró girarse sobre el castaño y levantarle la playera para acariciar su fuerte abdomen, mientras él la miraba sorprendido.
-Ayúdame a qu-quitar-rla.- dijo la actriz con mucho trabajo y voz ronca, el auto control y la razón hace mucho que la habían abandonado.
Él se incorporó para obedecer la orden, mientras ella lo miraba. No es que nunca lo hubiera visto sin playera, pero nunca lo había sentido tan íntimo. Tomándola por sorpresa la volvió a posar bajo él, si bien estaba sorprendido por la acción de su novia, él quería ser el que tenía el control de la situación.
Ambos recorrían sus torsos ya sin delicadeza, inmersos cada uno en las sensaciones de su cuerpo. La mano de Hayama aferró el botón del short y lo desabrochó, extendiendo su caricia hasta el comienzo de la pelvis.
-Ha-hayama.- gimió ella sintiendo choques eléctricos recorrer su cuerpo, mientras sus uñas se clavaban en el la espalda de su novio.
El chico le sonrió envuelto en éxtasis, amaba escucharla decir su "nombre", bajo esas circunstancias se sentía poderoso.
-Ese no es mi nombre Sana.- dijo con voz ronca mientras metía la mano y la frotaba contra la ropa interior de la castaña que pegó un grito y se sacudió bajo él.- me gustaría que comenzaras a llamarme por él.
-¿Y qué obtengo si lo hago?- le dijo de manera juguetona aferrando las cobijas bajo ella en búsqueda de un poco de autocontrol.
El chico movió a un lado la ropa interior de su novia y rosó la superficie, provocándole un espasmo que derivó en un toque involuntario de la rodilla de ella en la erección de él, haciéndolo gruñir, se estaba volviendo muy dolorosa.
-Akito, te amo.- le dijo la chica entre gemidos involuntarios- pero por favor…
Sin esperar otra señal el karateca introdujo un dedo que sintió de inmediato la humedad y el calor, mientras ella se sacudía.
-Estas…
-Hazlo, ya, en serio no puedo más.- pidió ella sin comprender del todo sus palabras, esperando que él entendiera.
El chico se apresuró a quitarle el short junto con la ropa interior, mientras él hacía lo mismo con su ropa en un movimiento rápido. Ella lo miraba sorprendida y sonrojada ¿eso debía entrar en ella? Pensó con miedo e incertidumbre.
-¿Te gusta?- le dijo él a modo de broma al verla con la mirada perdida en su anatomía.
-Yo…yo…Hay…Akito, soy virgen.- dijo con timidez a pesar de que sentía como su cuerpo quemaba.
-Lo sé. Yo también.- dijo el acercándose a ella con la mirada oscurecida por el deseo- ¿Cuál es el problema?
-Eso… dolerá.- dijo tímida al verlo acercarse.
-Supongo que sí, si quieres podemos parar.- dijo inseguro, aunque estuviera envuelto en deseo no haría nada contra la voluntad de la mujer que amaba.
-N-no. Sólo… ten cuidado.-Sana volvió a recostarse mientras el chico se posicionaba entre sus piernas, nervioso.
-No tengo condones, veré si…
-Está bien.- dijo ella, tengo problemas con mis periodos y me están medicando con anticonceptivos- y dado que es nuestra primera vez… bueno…
-De acuerdo.- dijo sonriendo mientras posicionaba su miembro en la entrada de Sana- Allá vamos.
Mientras entraba sintió un poco de resistencia mientras el ceño de ella se fruncía y sus ojos se llenaban de lágrimas, cuando la pelvis de su novia se relajó, el empezó a embestirla.
Las uñas de "Azuka" se clavaron en la espalda de "Karasuma" mientras sus cuerpos se fusionaban. Él no paraba de susurrarle que la amaba.
Llegaron juntos al clímax, y aun entre jadeos, él se hizo a un lado mientras ella se acurrucaba en su pecho.
-Le debo ropa a tu hermana.- dijo cuándo el aire volvió a sus pulmones- y… y…- aún le costaba seguir la secuencia de sus ideas.
-Cállate un rato.- le dijo divertido- Creo que ya podemos grabar la versión porno entre Karasuma y Azuka ¿no crees? Ya no sólo Kamura y las gemelas pueden vivir de eso.- recibió un golpecito juguetón por parte de la castaña que comenzaba a quedarse dormida.
Era de madrugada cuando el hambre hizo que la parejita se dignara a levantarse. Ella se limitó a ponerse la playera que él se había quitado, mientras el buscaba los pans que habían volado.
-¿Me veo linda?
-Nada mal para una plana.- dijo el chico recibiendo una patada como respuesta.
-Eres un idiota.- dijo ella caminando tras él por el pasillo que llevaba a las escaleras- oye tu espalda… está…
-No importa- en realidad no quería ni imaginarse que tan mal se vería- son mis cicatrices de guerra.
No fue hasta que llegaron a la sala que se dieron cuenta que algo estaba mal, la televisión no tenía por qué estar prendida, y esas risas.
-Miren, Sana y Hayama si estaban en cas...- la voz inconfundible de Georgea los hizo petrificarse, en el sillón yacían las gemelas y Naozumi, que al ver a Sana despeinada, con los labios hinchados y usando la playera de Hayama, se giró sonrojado.
-Pero sí que te tomaste personal lo que dije ¿no?- agregó Freda mirándolos con burla, él con la mandíbula hasta el suelo y a ella escondiéndose tras él muerta de vergüenza.
-¿¡Qué hacen aquí!?- gritó el castaño a punto de tener un paro cardiaco.
-Nuestro vuelo se canceló por la tormenta- explicó Georgea apenada ante la situación- como no queríamos gastar en hotel fuimos a casa de Sana, pero estaba vacía, así que venimos aquí.
-¿Cuánto tiempo llevan aquí?- preguntó la castaña recordando sus para nada discretos gritos.
-Gracias a los Dioses no lo suficiente- dijo Freda envuelta en carcajadas- habría necesitado psicólogo si hubiera sido el caso- perdimos un buen rato en el aeropuerto, y otro tanto en nuestro intento de derribar la puerta de la casa Kurata. Antes de venir aquí pasamos a cenar, cuando entramos todo estaba en silencio, pero era mejor que morir de hipotermia.
-¿Cómo entraron?- preguntó él.
-Nunca te devolví la llave.- dijo Georgea sonriendo con inocencia, mostrando un pequeño llavero en forma de onigiri.
-Podrían… usar algo de ropa.- dijo Naozumi sonrojado, recordándoles a los castaños su desnudez.
Ambos se miraros y asintieron, caminando de regreso al piso de arriba, en definitiva sería una madrugada eterna que los haría ver su suerte, casi preferían que hubieran sido sus padres los que descubrieran la aventura de sus hijos, y no precisamente las gemelas, ellas eran el mal encarnado.
