Se encontraba intranquila, no podía dejar de pensar si su hermano estaba bien. (¿Qué tal si estaba solo? ¿Ya tendrá alguna amistad? ¡¿Y qué tal si se perdió?!)

Todas esas preguntas rondaban en la cabeza de la azabeche. Le preocupaba más la última.

No es la primera vez que un alumno nuevo se pierde en esa escuela, o si, se acuerda muy bien, ella jamás se llego a perder, pero digamos que algunos alumnos ahora traen consigo mapas, o croquis y es que esta escuela es la más grande de Trost, contando que su hermano está bien wey… (¡Carajo, debí darle un mapa!) - pensó.

Estaba tan metida en sus pensamientos, hasta que un choque la hizo volver a la realidad, el impacto fue de tal fuerza que le hizo soltar los libros que traía consigo.

̶ Auch, auch.

̶ Agg, ¡Fíjate por dónde vas! – dijo la asiática sobándose la cabeza.

̶ ¡Perdón! Es que no te vi.

Levanto su cabeza para ver de quien se trataba. Era una chica castaña de ojos color miel, piel algo morena y tenia recogido su cabello con una cola de caballo.

̶ Pff – empieza a recoger sus libros.

̶ ¡Oh! Déjame ayudarte. – dijo la castaña ayudando a la azabeche.

̶ … Gracias.

̶ ¡Denada! Me llamo Sasha Braus y soy nueva en esta institución ¡Mucho gusto! – extiende su mano - ¿Y tú?

̶ … Mikasa.

̶ ¿Tu casa? Bueno… ¿Qué hay con ella?

̶ ¿Huh?

̶ Es que mencionaste tu casa… ¿Aunque sabes? Por lo general primero se tiene que ser amigos para poder invitarse a sus casas… - hace una pausa - ¡Pero iré con gusto! – exclamo emocionada.

̶ ¿Pero de qué demonios hablas? – pregunto confundida, pero se acordó que todos los imbéciles confunden su nombre. – Me llamo Mikasa, ese es MI nombre.

̶ … Oh, ya veo… Que curioso nombre. – dijo asombrada - ¿Pero aun así, puedo ir a tu casa?

̶ (¿Qué clase de retrasada mental es esta tipa?) – pensó Mikasa – No… ni siquiera te conozco. Ahora si me disculpas me tengo que ir.

Y así dejo a la retrasada esa, o eso creía, se dio cuenta que Sasha iba tras ella.

Al principio no le dio importancia, creyó que a lo mejor iba a un destino cercano al suyo, pero no, esa loca venia pisándole los malditos talones, apuro su paso para intentar perderla entre los pasillos, pero esta aun la seguía de cerca, muy cerca.

̶ ¿Me estas siguiendo? – preguntó molesta girando la cabeza para verla desde el rabillo del ojo.

̶ Sip – dijo con una sonrisa.

Mikasa se detuvo y volteo ver a la castaña.

̶ ¿Y se puede saber por qué me sigues? – responde molesta.

̶ Solo quería saber a qué hora voy a tu casa.

̶ ¿Qué? ¡Pero ni siquiera te invite!

̶ ¿Tienes comida en tu casa verdad? Porque sabes, me encanta la comida, es mi adoración – dijo la castaña con los ojos hechos corazones.

̶ ¡Wow! Amiga, ¿Me estas escuchando?... ¡Ya te dije que no te voy a invitar! – dijo la asiática empezando hartarse.

̶ Oww ¿Pero por qué? – dijo triste.

̶ ¡Porque no te conozco!

̶ Mentirosaaa, si nos conocimos hace unos minutos. – dijo viéndola feo.

̶ … Estas loca – se volteo dispuesta a retomar su camino, pero no pudo dar ni un paso ya que siente que la jalan de su bufanda.

̶ ¡Agh! ¡Ough! – se ahoga.

̶ ¡Ándaleeeeeee! – empezó a chillar la ojimiel.

Mikasa ya estaba echando humos, se dio media vuelta y de un manotazo hizo que la castaña soltara su bufanda.

̶ ¡Que no te digo! ¡¿Ahora, porque no me dejas en paz y te largas por dónde has venido?! – pregunto furiosa.

… Me caes bien – dijo con una sonrisa.

̶ ¿Si? Pues tu a mí no. ¡Ahora largo!

̶ Oye, ¿Puedo ir contigo? – dijo con ojitos suplicantes.

̶ Amm, déjame pensarlo… ¡No! – grito.

̶ O-Oww, está bien, p-perdón por molestarte. – dijo cabizbaja.

La ojimiel ya se estaba marchando, se le veía muy triste. Mikasa sintió algo de culpa, ser nuevo nunca es fácil, y más cuando tratas de hacer amistades con otras personas.

̶ (Agg, ya debo estar mal de la cabeza) – soltó un gran suspiro - ¡Oye!

La mencionada volteo aun con esa cara de perro castigado.

̶ Pff, puedes venir conmigo solo si prometes no estar echando lata y hablar lo menos posible. – dijo desviando la mirada.

̶ ¡Yay! Si, está bien, te lo prometo. – dijo la castaña dando saltitos.

Mikasa suelta otro suspiro. – Bien, vamos pues. – Comienza andar, pero se voltea hacia la ojimiel rápidamente.

̶ ¡Ah! Y por cierto, no vuelvas alar de mi bufanda de nuevo… ¿Entendido? – dijo mostrando su dedo índice enfrente de la castaña.

̶ ¡OK!... A-MI-GA – dijo recalcando la última palabra para después soltar una risilla.

̶ Aggg… - dijo rodando los ojos.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

̶ ¿Estás seguro que sabes hacia dónde vamos? – dijo desorientado.

̶ ¡Oh que si hombre! Es más, estoy seguro de que ya casi llegamos.

̶ Me bienes diciendo lo mismo desde hace media hora… ¿Por qué no aceptas que ya nos perdimos Connie? – dijo frustrado.

El mencionado se volteo hacia su amigo, ofendido.

̶ ¿Disculpa?... ¿Acaso dudas de mi "gran" sentido de la orientación?

El otro no sabía si responder o no. - ¿Enserio quieres que te lo diga? – respondió juntando ambos dedos índices.

̶ ¡Eres muy malo Marco! ¿Es que acaso no confías en mí? – dijo Connie.

̶ N-No es que no confié… Es solo…

̶ Me lastimas Marco, ¡¿Cómo es que no confías en tu amigo y en su gran sentido de la orientación?! – dijo Connie fingiendo dolor – Me duele, ¡Me duele Marco! ¡Justo en el kokoro!

Marco solo rodo los ojos.

Habían estado toda la mañana dando vueltas, ellos también eran de nuevo ingreso y no tenían idea de cómo llegar a su facultad, estaban cansados y frustrados, más Marco ya que le había dicho a Connie cientos de veces que preguntaran a alguien pero este se rehusó ya que según el tenia un perfecto sentido de la orientación y conocía el lugar como a la palma de su mano.

̶ Oye, tomemos un break, estoy cansado. – dijo Connie.

̶ Siii, tengo mucha sed. – se quejo Marco - ¿Habrá una cafetería por aquí cerca?

̶ Pues eso espero porque no quiero tener que caminar más de la cuenta. – bufo.

̶ Pero yo te dije que le preguntáramos a alguien, pero nunca me haces caso. – se quejo el pecoso haciendo puchero.

̶ ¡Hay bueno! Pues perdón, no creí que este lugar fuera TAN grande.

̶ Connie… Esta escuela es la MÁS grande y prestigiosa de todo Trost. ¿Qué esperabas? ¿Un jardín de niños? – dijo sarcástico.

̶ … Tal vez. – dijo desviando la mirada.

̶ … Mira mejor regresemos, y ahora si le vamos a preguntar a alguien.

̶ Ya, ya… Vale – respondió molesto el más bajo.

Y así, los adolescentes se disponían a regresar, solo que no contaban con una cosa…

̶ Ammm… ¿Por dónde habíamos venido? – dijo Connie rascándose la cabeza.

̶ ¡¿No te acuerdas?! – exclamo Marco.

̶ Pues no…

̶ Pe-Pero ¡Tú dijiste que conocías este lugar como a la palma de tu mano! – dijo moviendo sus brazos de arriba abajo.

̶ Bueno… No conozco tal cual…

̶ ¡Nos hemos perdido! – grito el pecoso caminando en círculos y jalándose el cabello - ¡Y todo es por tu culpa! – dijo señalando a Connie.

̶ ¡¿Miii culpa?! ¡Oye! Pudiste haber preguntado. – dijo cruzándose de brazos.

̶ ¡¿Quééééé?! ¡Pero si tú fuiste el que me dijo que "confiara" en tu sentido de la orientación! ¡Qué confiara en ti!

̶ ¡Bueno, no siempre tienes que confiar! ¡A veces debes seguir a tu instinto! Ya sabes… ¡Instinto de supervivencia!

Se quedaron viendo por un largo rato, no sabían qué hacer, prácticamente no se había ningún alumno ni maestro a la vista.

Al final fue Marco quien hablo.

̶ Connie, no sé cómo le vamos hacer, pero tenemos que encontrar la forma de regresar.

̶ Estoy de acuerdo, pero… ¿Cómo? – dijo poniendo su mano en la barbilla.

̶ ¡Pues no lo sé! ¡Tú dime genio!

̶ ¡No empieces! Ya nos estábamos calmando – hizo una pausa – Solo hay una cosa que se puede hacer en un momento así. – dijo parado cual soldado y mostrando su dedo índice.

̶ …?

̶ ¡Dios, si existes, haz que ocurra un milagro! – fingió rezar Connie.

̶ … ¡¿Estas bromeando!? No hay forma de que…

̶ ¿Disculpen?

Ambos voltearon. Lo que vieron los dejo atónitos. Era una persona, ¡una persona! Era un muchachito algo bajo, ojiazul, de tez blanca y cabello rubio. Estaban boquiabiertos, no lo podían creer.

̶ ¡Dios existe! – Exclamo Connie.

̶ ¡Gracias Dios! – Exclamo Marco alzando ambos brazos hacia el cielo.

El pobre rubio solo se quedo en su sitio, todo sacado de onda.

̶ Ehh, disculpen, ¿Saben cómo…? – siente que es abrazado - ¡Waaa! O-Oye, m-me estas asfixiando – decía el ojiazul tratando de zafarse y, ya morado por la falta de oxígeno en sus pulmones.

̶ ¡Oh! Lo siento – dijo Marco soltando al rubio.

̶ Cof… Cof… Agh, gracias… Eh, oye ¿Podrías decirle a tu amigo que me suelte? ¿Por favor?

̶ ¿Eh? – se fijo que Connie estaba aferrado a la pierna del otro y besaba sus pies - ¡Connie! ¡Perate wey! Que lo estas asustando. – dijo jalándolo de su playera.

̶ Hehe, perdón.

̶ He, descuida… ¿Oigan, por qué están aquí? – pregunto el rubio.

̶ Díselo Connie. – dijo el moreno mirándolo con una mirada acusadora.

̶ … Siii, es una historia graciosa… - dijo riendo nervioso.

̶ ¿Te doy un consejo? Nunca dejes que Connie sea el guía en algún lugar que no conoces si no quieres terminar en medio de la nada. – le susurro al rubio.

̶ ¡Te escuche! – dijo señalándolo – Pues no toda la culpa es mía, si escucharas más seguido a tu instinto no nos hubiéramos perdido. – dijo cruzándose de brazos.

̶ ¡Oh ya vas a empezar con eso! Tú me dijiste que confiara en ti, que eso es lo que hacen los amigos y los amigos que no confían entre ellos no son amigos.

̶ ¿Así? Pues… L-Los amigos también se aconsejan para tomar decisiones más sabias. – contrarresto Connie - ¡Ha! ¡Tómala!

̶ A-Amm ¿Chicos? – dijo el rubio súper confundido tratando de hacerse notar.

̶ ¡Hey! ¡Yo te dije que preguntáramos!

̶ ¡Pues no te escuche!

̶ ¡Chicos! – grito el rubio - ¿Puedo saber que está pasando aquí? Estoy confundido.

̶ Nada, ¡Solo que Connie nos perdió en medio de toda la escuela!

̶ ¡Ya deja de decir que fue mi culpa!

̶ ¡Oigan! – grito el rubio - ¡Ya dejen de pelear! ¿No se supone que son amigos? Pues los "amigos" buscarían la forma de salir de aquí y no se estarían mentando la madre. Ahora quiero que se den la mano y se disculpen. – dijo el rubio regañándolos - ¡Órenle!

Ambos se quedaron viendo por un momento, tal vez el otro tenía razón, en lugar de estar peleando por puras mamadas, deberían buscar la forma de regresar.

̶ ¿Y bien? Estoy esperando. – dijo como si se tratara de una madre regañando a sus hijitos.

Ambos soltaron un suspiro.

̶ Marco… - empezó Connie – Perdón… Debí hacerte caso, debimos haber preguntado… Yo y mi estúpido sentido de la orientación. – dijo dándose un zape.

̶ Yo también lo siento, hice todo un drama, además en parte también es mi culpa, debí haber preguntado cuando vi que ya casi no había gente alrededor. – dijo bajando la cabeza y con un pequeño rubor debido a la vergüenza.

Ya después de haberse disculpado, se dieron las manos y hasta se abrazaron.

̶ ¡Muy bien! Así está mucho mejor ¡Tengan una paleta! – dijo el rubio mostrando dos paletas.

A los otros les brillaron los ojos, como cuando le das un juguete a un niño chiquito.

̶ ¡Yay! – dijeron al unisonó.

̶ ¡Oh! Por cierto, soy Armin Arlert.

̶ ¡Mucho gusto! Yo soy Marco Bodt. – dijo con una sonrisa.

̶ Y yo soy Connie Springer y nos dirigíamos a la facultad de cinematografía pero como te habrás dado cuenta… Nos terminamos perdiendo.

̶ Sii, es que somos nuevos… ¿tú sabes dónde está?

̶ Eh, en realidad no, yo también soy nuevo así que tampoco se. – dijo el ojiazul avergonzado.

̶ ¡Diablos! ¿Y entonces ahora que vamos hacer? – dijo Connie molesto.

̶ Oye pero hay algo que no entiendo… - dijo el pecoso.

̶ ¿Qué sucede? – pregunto Armin.

̶ ¿Cómo es que diste con este lugar… Digo, parece desierto. – dijo confundido.

̶ Oh, eso… B-Bueno, es u-una historia un tanto graciosa. – dijo rascándose una mejilla.

̶ ¿Qué fue lo que paso? – dijo Connie.

̶ B-Bueno, después de que acabaran mis primeras clases, escuche que esta escuela tenia una de las bibliotecas más grandes de todo Trost y bueno, con lo que me encanta leer, pues me llamo mucho la atención.

̶ Ajá, prosigue.

̶ B-Bueno el caso es que decidí ir a buscarla por mí mismo y p-pues… Me perdí – admitió con mucha vergüenza.

Ambos chicos estaban procesando la información dada, si ellos tampoco se hubiesen perdido estarían burlándose del rubio ahora mismo, o bueno al menos Connie si haría eso. ¿Acaso alguien sabia hacer genjutsus (1) o que pedo?

̶ Oh ya… Que cosas ¿no? – dijo Connie.

̶ ¡Y-Yo no pensé que esta escuela fuera tan grande! – se quejo el rubio muerto de la vergüenza.

̶ ¿Verdad que si? ¡Eso mismo pensé yo! – dijo Connie.

̶ Pues tenemos que buscar la forma de regresar, tanto silencio me está empezando a asustar… ¡Hey, eso rima! – exclamo Marco con una sonrisa.

̶ ¿Y qué hacemos? – pregunto el ojiazul.

̶ ¡Ya sé! – exclamo Connie chasqueando los dedos. – Llamemos a la policía.

̶ … ¿Qué?

̶ Connie es una pésima idea. – respondió Armin cayéndole una gota estilo anime.

̶ ¿Por qué?

̶ Pues, primero porque nadie aquí se sabe el número y segundo ¿Cómo se supone que nos encuentren si ni siquiera nosotros sabemos en donde estamos?

̶ Fuck, tienes razón. – dijo Connie con un mano en la barbilla.

̶ Oh, pero claro que la tengo.

̶ Bien, bien y entonces ¿Qué hacemos? – pregunto Connie.

Solo se escuchaban algunas aves en el fondo, en lo que a los genios se les ocurrían posibles ideas de cómo regresar a la civilización.

̶ ¡Oh! ¡Oh! Ahora si se me ocurrió una buena idea. – exclamo una vez más Connie.

̶ ¡¿Cuál?! – dijeron los otros dos al unísono.

̶ ¡Hagamos una fogata con las hojas de nuestros cuadernos, eso provocara humo y así todos lo verán y vendrán a nuestro rescate!

Marco solo tenía una cara de "WTF" mientras Armin se llevó una mano a la cara.

̶ Connie… - empezó a decir Marco.

̶ Oh, no me lo tienes que agradecer Marco, solo lo hice por el bien común… ¡Wuau! Soy tan inteligente que a veces me doy miedo.

̶ … Nunca vamos a regresar ¿Cierto? – pregunto el ojiazul cabizbajo.

̶ Mmm, no creo. – respondió Marco.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Se encontraba solo, sumergido en sus pensamientos, ya habían acabado sus primeras clases, no había hecho ninguna amistad por el momento y no fue porque no quisiera, pero los recuerdos de la mañana no le dejaban tranquilo. Y más cierto hombre pitufo, de gélida mirada, piel blanca casi tan blanca como la nieve y cabello negro tan oscuro como la noche.

No se lo podía sacar de la cabeza, su cuerpo, su porte tan elegante y a la vez intimidante, ese rostro tan varonil, ese hombre tan atractivo… tan SEXY… o al menos eso pensaba Eren.

̶ (¡¿Pero en que estoy pensando?!) – se regaño mentalmente – (Quiero decir, no estoy pensando que sea atractivo porque me atraiga… Es apuesto, eso sin dudarlo… ¡Pero eso no significa que me guste! Solo admito que se ve bien… e-es… cool… eso)

̶ S-Si, solo es eso, a-además es muy grosero… ¡Y violento! – empezó hablar solo en voz alta – Solo me siento… inferior, solo es… admiración… ¡Sí! Solo es eso… ¡¿Verdad?! – exclamo volteando hacia un intendente que pasaba por ahí, el cual al ver la actitud lunática del ojiverde solo apuro el paso.

̶ ¡Baa! ¡Al cabo que ni quería su opinión! – le grito al intendente.

̶ Yo haría lo mismo si encontrara a alguien hablando solo como loco en medio de toda la escuela. – dijo con tuno burlón.

Eren solo rodo los ojos, conocía esa voz.

̶ ¿Qué haces aquí Jean? – pregunto molesto.

El otro solo soltó una pequeña carcajada. – Pues nada, solo paseando, acabo de salir de mi clase así que decidí ir a explorar por ahí. Pobre sujeto, creo que lo traumaste. – empieza a carcajear.

̶ ¡Cállate! No es mi culpa ¿Para qué anda escuchando conversaciones ajenas? – dijo cruzándose de brazos.

̶ Mmm, no lo sé, tal vez porque lo estuviste gritando.

̶ ¡Hay! ¡Tú siempre llevándome la contraria! Pues no me importa si lo traume o no, para eso existen los psicólogos.

̶ Dudo que con la ayuda de un psicólogo pueda superar semejante trauma… Digo, yo no podría. – empezó a carcajearse de nuevo. Lo cual hizo molestar al ojiverde.

̶ ¡Ya deja de burlarte! – se lanzo sobre el ojimiel, o bueno eso trato, ya que Jean tenía su mano sobre la frente del castaño impidiendo que se le acercara.

̶ Je, ¿Ya no eres tan duro, verdad? – se burlo el ojimiel.

̶ ¡Ahh! ¡Suéltame!... ¡¿Desde cuándo eres tan alto?! – se quejo el castaño.

̶ Pues te sorprenderías lo mucho que crecí estos tres años, y por lo que veo tu no creciste ni un centímetro. – volvió a burlarse el ojimeil.

̶ ¡VOY A MATARTE!

̶ Hahaha, ya ya, perdón, mira vayamos comer, tanto bullearte me abrió me abrió el apetito, yo invito. – dijo el más alto con una sonrisa.

El ojiverde dejo de pelear, y la cara de asesino se transformó en una gran sonrisa. Si, Jean podía ser tan hijo de puta a veces y más con Eren, pero era muy amable con todos sus amigos, claro… A su manera.

̶ ¡Hay sí! ¡Tengo mucha hambre! – dijo alegre en lo que jalaba a su amigo hacia la cafetería.

̶ ¡Hey! ¡Más despacio! ¡Me vas a dejar sin zapatos! –se quejo Jean, ya que Eren prácticamente lo arrastraba por el pasillo. ¡Dios, si hasta salía humo de las suelas!

Ya en la cafetería…

̶ No jodas Jeager, parece como si hubiese derrapado un coche. – dijo Jean viendo el caminito que dejaron sus suelas por todo el pasillo.

̶ Hehe, perdón, es que tengo hambre. – dijo avergonzado.

Ya habían escogido la mesa, y ya habían comprado sus alimentos. Claro que se tardaron porque Eren no sabía si escoger las emperador (2) de nuez o las de chocolate, al final termino escogiendo ambas, lo cual Jean se molesto, pero Eren le recordó que el invitaba, así que el ojimiel no tuvo más remedio que comprarle sus galletas

Estaban sentados en el pasillo que daba con la entrada, se podía ver en todo su esplendor el derrape de los zapatos de Jean. Cada quien se encontraba comiendo sus alimentos.

Jean tenía una Coca-Cola, y una torta de milanesa. Y Eren tenía una rebanada de pie de limón, sus galletas y un café con leche.

̶ Dios, si que sigues siendo fan de las cosas dulces, veo que no has cambiado nada. – soltó el ojimiel con una risilla.

̶ Pues tu tampoco has cambiado, sigues siendo el mismo maldito cara de caballo que conocí. – dijo con burla – Pero, si eres más alto de lo que recordaba… ¿Cuánto mides?

̶ Je, pues mira, no me gusta presumir, pero crecí siete centímetro. Ahora mido 1.82.

Eren se atraganto con su comida. Posó ambas manos en la mesa y miro a su amigo con asombro.

̶ ¡¿Estás hablando enserio?! ¡¿Cómo diablos creciste tanto?! – dijo sorprendido y algo molesto, genial, otra razón para que su amigo le bulleara. No es que se quejara de su estatura, 1.70 estaba bien, pero no le hubiese molestado crecer otro poquito.

̶ Ha, pues ni yo sé, supongo que fueron las hormonas. – soltó una risilla – Pero mejor no hablemos de esas pendejadas, mejor cuéntame que has hecho estos tres años. – el chico no contesto - ¿Eren, me estás oyendo? – pero el ojiverde no respondía - ¡Oye wey! ¡Te estoy hablando! – lo tomó de los hombros y lo comenzó a sacudir de manera violenta.

Pero no importaba cuánto tratara de llamar la atención del castaño, esta se encontraba fijada justo en la entrada de la cafetería. Jean giro su vista hacia allá para ver que carajos estaba distrayendo al ojiverde.

No era nada más ni menos que Levi.

Continuara…

Hola! Otra vez yo, perdón si me tarde en actualizar, pero estuve algo ocupada con la escuela, pero bueno. Aquí está el tercer cap, y me divertí mucho en escribirlo, mi historia no tiene mucho sentido XDD

En fin, una vez más gracias a las personitas que me mandan sus reviews, me hacen feliz! 3

- Genjutsu, son técnicas ilusorias, cuyo objetivo es confundir la mente del enemigo mediante la manipulación de chakra, son técnicas con las que el usuario crea ilusiones. (Por lo mismo, te puedes terminar perdiendo en algún lugar, si caes en un genjutsu) Y no, no veo mucho Naruto. XDD

- Galletas emperador, no sé si en otros lados las vendan, pero son de origen mexicano.

Bueno, sin más que decir, espero les haya gustado, y nos vemos en el próximo cap! :D