Los personajes no son míos. Son de la autoría de Stephanie Meyer. La historia es completamente mía.
Capítulo beteado por Nohemi Cullen, Betas FFAD.
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Capítulo I: INFIDELIDAD Y VIOLENCIA
10 de Abril de 2011
Me encontraba en casa, esperando a que Jacob volviera, ya que se encontraba con sus amigos tomando después de trabajar. Jacob había ido a la universidad y estudió administración de empresas, ya que sus padres decidieron seguir pagando sus estudios. En cambio yo no me había quedado atrás, nosotros vivíamos cómodamente en una casa situada en Nueva York, la cual se encontraba en un barrio muy tranquilo. Jacob y yo vestíamos muy bien y estábamos en buenas condiciones, por lo que poseíamos un computador con internet así que pude terminar mi educación por este medio, estudiando así mi carrera que era letras y filosofía.
De mis padres yo no sabía nada, lo único que sabía era que ellos seguían viviendo en Forks, y de mi hermano y amigos MUCHO menos sabía.
Desde hace un tiempo Jacob había empezado a llegar muy tarde a casa, normalmente bebido, y siempre al día siguiente encontraba marcas de labial en sus camisas. Yo podía amarlo, pero no era tonta.
Ya ni siquiera me tocaba, no era el mismo chico dulce y tierno del que me había enamorado, pero guardaba las esperanzas de que él cambiara.
Así pasó un mes, hasta que no aguanté más, así que lo seguí. Había entrado a un bar, con unos amigos, así que también decidí entrar; él se encontraba sentado con sus amigos en unas bancas, muertos de la risa, decidí acercarme un poco más. Lo escuché hablando orgullosamente.
—Y ¿pueden creer que es tan tonta e ingenua que yo salgo con otras, y todavía no lo nota? —él me engañaba, y no con una sino con varias, me sentía como una estúpida, no era una buena esposa para él, y por eso estaba con otras, pero aun así me dolió, así que salí corriendo, tomé un taxi y me fui a casa, pero no podía seguir así, tenía que ser fuerte.
Cuando Jacob llegó yo estaba sentada llorando en el sillón y con una maleta al lado, él se acercó a mí y me miró con ternura, una que no había logrado ver en los tres años que llevábamos de casados.
— ¿Qué sucede, Bells? —preguntó Jacob mirando la maleta y luego mirándome a mí, era la primera vez que llegaba no tan ebrio de la calle.
—Me voy —dije y después seguí—: Ya no sé cuánto tiempo más podré aguantar, ya no me quedan lágrimas, el peso de estos años me dobla la edad
— ¿Por qué? —dijo muy angustiado
—Me has estado engañando, Jacob—dije mientras las lágrimas volvían a salir
— ¿Quién te lo ha dicho?—susurró, pero no lo negó.
—Te escuché decírselo a tus amigos—le dije acusatoriamente, pero aun así no lo podía creer, así que volví a llorar—. Dime que esto no ha pasado, dime que lo imaginé, dime que todo esto no ha pasado o que solo será un horrible recuerdo
—Yo te quiero a mi lado, Bella—dijo arrodillándose.
—Jake, sé que me quieres, prométeme que no habrá más heridas, que mañana será un buen día y que seremos felices de nuevo.
—Te lo prometo. Bella, perdóname, no lo voy a volver a hacer—dijo, mientras ponía su cabeza en mis piernas, él lloraba y yo también lo hacía, debía irme porque mi mente me lo imponía, pero mi corazón me imploraba que le diera otra oportunidad, así que decidí hacerlo, decidí quedarme.
Cuando se lo dije él me miró con una sonrisa y empezó a besarme, sentir sus labios presionado los míos con dulzura y suavidad, instantáneamente mis ojos se cerraron, nos separamos un instante y nos volvimos a besar, el beso se volvió más apasionado, y sentía cómo sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo, y como las mías hacían lo mismo, entonces me cargó y me llevó hasta nuestra habitación sin separarnos, cuando entramos en ella me recostó dulcemente en la cama, y siguió besando mi cuello hasta subir a mi lóbulo derecho, hasta ese momento no me había dado cuenta de mis gemidos y los de él mientras acariciaba su cuerpo.
—Lo siento. —Fue lo único que escuché antes de fundirnos el uno con el otro…
9 de Mayo de 2011
Después de lo ocurrido en ese tiempo, Jacob y yo mejoramos nuestra relación, pero eso solo fue por un mes, luego empezaron las discusiones.
— ¿A quién se le ocurre dejar la puerta de la casa sin llave?—me gritó cuando llegaba a casa, con las compras. Yo lo miré asustada, ya que tenía una botella en la mano, estaba ebrio.
—Fue un error, no me di cuenta—dije tratando de disculparme.
—Eres una estúpida, sabes que podían haber robado—dijo dejándome atónita, me enojé mucho.
—No tienes por qué gritarme, no soy ni tu hija ni de tu propiedad, ¡NO SOY UNA NIÑA PARA QUE ME GRITES! —le grité muy enojada. De la rabia, las lágrimas empezaron a caer—. No pasó nada y eso es lo único que importa—le dije en un tono más bajo, ya que parece que la discusión no le había gustado, ya que había tirado la botella al piso y se había roto en mil pedazos, y entonces ahí me asuste.
—Deja de llorar, eres una zorra, disfrazas tu infidelidad con compras —me dijo muy enojado, empujándome, yo temblaba de miedo pero aun así no me callé. Grave error.
—Aquí el único infiel que conozco eres tú, maldito bastardo, a mí no me tocas —le dije empujándolo a él también, sus ojos mostraron su ira, me tomó fuertemente del brazo, estaba muerta de miedo.
—Dices que no eres una niña, pero lo pareces, y ¿sabes cómo se castigan las niñas? —Y entonces ahí fue cuando sentí cómo encestaba su puño en mi mejilla, sentí mucho dolor, y no solo por el golpe, sino porque había sido capaz de alzarme la mano, caí al piso y me quedé mirándolo atónita, él me miró sorprendido y cayó al piso de rodillas
—Lo siento —dijo tomándome las manos y besándome la mejilla que, por lo que suponía por mi color de piel, ya estaba empezando a formarse un moretón—. Perdóname. — Pero aun así decidí no darle importancia, pues aun así yo lo seguía queriendo, pero aun así sentí la impotencia, además del pánico y miedo, pero aun así lo perdoné y recogí los pedazos de botella y los tiré a la basura. Al día siguiente, mientras yo cocinaba, él apareció en la cocina con cara de arrepentimiento.
—Oye, sé que no me lo merezco pero —dijo un poco incomodo—, pero hoy hay un asado de mi empresa y pues tienes que ir tú, es que mi jefe quiere conocer a mi esposa.
—Bien, pero ¿y el golpe?—pregunté un poco cautelosa, mientras seguía lavando los platos
—Si te preguntan, di que te has caído en el baño —dijo de forma indiferente, y entonces me volteé y lo quedé mirando sorprendida, después de tantos años y todavía no podía creer lo listo que él podía ser, pero aun así acepté, porque aún tenía miedo de que me pegara, ya que sabía que esa fue la primera, pero tampoco sería la última vez.
Había decidido cortarme el cabello, que lo tenía hasta la cintura, hasta por encima de los hombros con un flequillo, un corte bonito e inocente, como era de esperarse la gente me preguntó por el moretón y yo, como buena esposa, mentí. Cuando llegué a casa y decidí prepararme para esa noche, me eché la suficiente base para que el golpe no se viera tan serio como en realidad lo era, y también para tapar las marcas en mi brazo, que no eran tan marcadas, por lo que se escondían bien si no se miraba fijamente. Me puse un vestido blanco con puntos azules, este se sostenía en el cuerpo con dos tiras gruesas en los hombros, tenía un fajón azul el cual acentuaba mi cintura, iba por encima de las rodillas, y usaba unos zapatos blanco altos, muy bonitos. Mi maquillaje fue lo suficientemente suave, a excepción de la base; decidí hacerme suaves ondulaciones en mi cabello y, con un gancho de piedras azules, tomé el flequillo y lo eché para atrás, se veía muy bonito, me gustaba mucho. Cuando Jacob llegó, me dijo que me veía muy bonita y yo me sonrojé. Nos dirigimos a la fiesta en el taxi que nos estaba esperando.
Cuando llegamos, había muchas personas en la casa del jefe de Jacob, y una señora de cabello rubio y ojos azules se nos acercó, era un poco robusta, pero eso la hacía ver muy hermosa.
—Hola, Jacob —saludó ella.
—Hola, señora Foster —saludó Jacob con una sonrisa y nos presentó—. Bella, ella es la esposa de mi jefe, el Señor Foster, y Señora Foster, esta es mi encantadora esposa.
—Tienes un esposo muy encantador—dijo y yo le sonreí y asentí.
Luego de eso, me presentó a su jefe, y me dejó con la señora Foster y sus amigas
—Querida, ¿qué te pasó en la mejilla? —dijo muy angustiada acariciándola.
—Me caí hace poco en el baño, hay veces que puedo ser muy patosa. —Por su mirada, sentí que no me había creído, pero no dijo nada.
— ¿Cuántos años tienes? —me preguntó de repente.
—20 años —respondí, ella me miró muy sorprendida.
—Son muy jóvenes para estar casados —dijo—. ¿Cuánto llevan?
—Dos años —respondí.
—Querida, ¿te casaste a los 18 años? —Yo asentí—. ¿Y tu madre?
—No he tenido contacto con ellos —dije. Ese era un tema del cual no me gustaba hablar, y ella lo notó
—Si necesitas ayuda o algo no dudes en decírmelo —dijo y luego sus ojos brillaron—. Tienes que conocer a mis sobrinos, son unos amores, los dos tienen tu edad, ay mi niña va a estar tan emocionada…—Dejé de escucharla, pues esa capacidad de hablar tanto había me recordaba a mi vieja confidente, Alice—. Y tienes que conocer a su novio, es encantador, y mi sobrino y tu esposo se llevarían tan bien, él es una personalidad, tienes que conocerlo—siguió hablando hasta que sentimos un carraspeo a nuestras espaldas
