Los personajes no son míos. Son de la autoría de Stephanie Meyer. La historia es completamente mía.

Capítulo beteado por Nohemi Cullen, Betas FFAD.
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Capítulo II: Reencuentros y segundo round

Querida, ¿te casase a los 18 años? —Yo asentí— ¿y tu madre?

No he tenido contacto con ellos. —dije. Ese era un tema del cual no me gustaba hablar y ella lo notó.

Si necesitas ayuda o algo no dudes en decírmelo —dijo y luego sus ojos brillaron—. Tienes que conocer a mis sobrinos, son unos amores, los dos tienen tu edad, hay mi niña va a estar tan emocionada…—dejé de escucharla, pues esa capacidad de hablar tanto había me recordaba a mi vieja confidente, Alice—y tienes que conocer a su novio es encantador, y mi sobrino y tu esposo se llevarían tan bien, él es una personalidad, tienes que conocerlo—siguió hablando hasta que sentimos un carraspeo a nuestras espaldas.

Cuando nos dimos la vuelta, su rostro era impresionante y de una belleza celestial, como los que aparecen en las brillantes páginas de las revistas o como el de un personaje de una película; es un rostro por el cual cualquier modelo seguramente daría su alma. Tenía el cabello de color bronce y muy revuelto lo que lo hacía ver más… sexy. Su nariz estaba perfectamente formada y tenía la mandíbula marcada. Sus pestañas eran negras, gruesas y largas, y proyectaban unas largas sombras sobre las mejillas. Sus ojos verdes, como joyas. Esmeraldas. Tenían un brillo, los cuales me hipnotizaron y me atraían hasta él de una manera nunca conocida, tan parecidos a los de Alice, su cuerpo se veía tan bien formado, era un dios griego sin duda… Y luego deseché esos pensamientos, estaba casada y amaba a Jacob…

— ¿Bella? ¿Isabella Swan? —dijo con su aterciopelada voz, mostrando sorpresa al igual que sus ojos, yo lo miré dudosa, sabía que lo había visto en alguna parte pero no le recordaba.

— ¿Perdón? —respondí.

—Soy yo, Edward Cullen, el hermano menor de Alice. —Y ahí lo recordé, mi mejor amiga Alice Cullen, una chica de cuerpo pequeño pero con la energía de un ejército de mil soldados, mi confidente y mi hermana, y ahí estaba Edward, él solo era unos 3 meses menor que Alice, pues ella había sido adoptada cuando era muy pequeña, y se volvió parte de la familia, no pude aguantar la emoción y lo abracé, como tratando de aferrarme a los recuerdos del pasado… Grave error.

Se escuchó un carraspeo, y cuando solté a Edward me encontré con Jacob muy molesto, y entonces sentí pánico, él me tomó del brazo y me jaló a su dirección un poco brusco para el gusto de Edward y la señora Gloria.

—Cullen

—Black

—Debemos irnos ahora, Bella —dijo mientras me jalaba hacia la salida sin dejarme despedirme. Cuando llegamos al auto, me miró de un modo que solo acrecentaba mi miedo, entramos al auto en silencio, y llegamos rápidamente a la casa. Me adelanté para abrir la puerta y traté de huir, pero él fue más rápido, como no me pudo agarrar del cabello por ser este tan corto, lo hizo de mi vestido y me golpeó.

—Te gustó, ¿verdad? —me gritó. Estaba borracho, lo sabía. Luego me volvió a agarrar y me lanzó al piso—, pero ¿sabes? nadie se tiraría una poco cosa como tú. —Ni siquiera lloré, solo quería que esto se acabara, y ahí en el suelo empezó a quitarme la ropa.

—No, por favor no. Así no —susurré, pero sentí el impacto de su cinturón de cuero contra la piel de mi abdomen y empecé a llorar, no quería que me tocara, no así, no con la violencia con la que lo hacía y lo único que hice fue desconectarme del mundo.

14 de Junio del 2011

Habían pasado unos meses en los cuales no había salido de casa. Jacob no me había vuelto a tocar desde esa última vez, y me sentía tan agradecida, pero aun así seguía teniendo miedo de hacer algo que a él le molestara.

Había rechazado varias de las invitaciones de la señora Gloria, no por Jacob, sino esperando a que los moretones lograran desaparecer. Me encontraba en la cocina haciendo lasagna, cuando Jacob llegó.

—La Señora Foster me invitó mañana pasar el día con ella —dijo y luego añadió—: No te acerques a Edward Cullen

—Sí, señor —dije asintiendo, y sirviéndole la cena, la cual tomó y se encerró en la habitación. Cuando llegué allí, me recosté en la cama y me abrazó. Cuando lo hizo me tensé un poco, pero entonces, él ya estaba dormido.

Al día siguiente me puse un jean oscuro, una camiseta roja y mis converse rojos. Yo todavía vestía como una adolescente, pues al fin y al cabo todavía lo era. Solté mi cabello, un poco más largo y lo dejé caer a los lados de mi cara con una diadema del mismo color que mi camisa. Jacob ya se había ido, y me había dejado la dirección del lugar, así que tomé algo del poco dinero que tenía y me dirigí a casa de los Foster. Cuando llegué, la casa era imponente y espectacular.

—Bella —escuché la voz inconfundible de Alice, la miré sorprendida, pero enseguida salí corriendo en su dirección y la abracé como si mi vida dependiese de eso.

—Alice. —Y solo hasta que nos abrazamos, sentí el peso de cuánto la había extrañado.

Las lágrimas corrían y los sollozos se escuchaban por todas partes. Alice empezó a contarme sobre todo lo que había pasado; de que ella estaba comprometida con un tal Jasper y que era abogado familiar, que mi hermano se había casado hace poco con Rosalie y ahora se encontraban de luna de miel, en Colombia, y solo sentí dolor, pues ahora me daba cuenta de que mi decisión me había alejado de todo lo que amaba, pero yo era de las que nunca se arrepentía, y si lo hice es porque sólo traería un beneficio a mi vida… tan sólo tenía que recordar cuál era.

Alice y yo nos las pasamos hablando y riendo, y de vez en cuando jugando para recordar los viejos tiempos, hasta que llegamos al tema de Jacob y mi huída.

—Estuvo mal, Bella —me dijo tomándome de las manos

—No, Alice, yo lo… quiero —dije en un susurro.

—Pero no lo amas.

—Pero lo quiero.

—Terca.

—Me lo dices todo el tiempo.

— ¿Te puedo preguntar algo?

—Tíralo.

— ¿Él te pega? —Y ahí, casi me atraganto con la galleta que me estaba comiendo.

—No. —Mi voz sonó dos octavas mas arriba, era una pésima mentirosa. Alice me miró molesta y luego le pregunté—: ¿Por qué lo dices?

—Pues mi tía vio unos more…

—Me había caído

—Sí, eso pensé, pues tú eres patosa, pero luego te vio unas marcas en el brazo y… Bella, si te hace daño, dime, o sepárate de él, haz lo que sea antes de que sea tarde

—Ves muchas novelas, Alice. Relájate, él no me pega. —Después de asegurarle mil veces que fueron imaginaciones de su tía, decidí irme. Pero la sorpresa que me llevé fue ver a Edward ofreciéndome llevarme a casa, yo traté de negarme pero no me dejó, y yo dejé de luchar, así que por lo que me imaginaba, si Jacob estaba en casa habría otro moretón en mi cuerpo y tal vez un rasguño o algo mucho peor…