Muchas gracias Alexa por tus comentarios, me animan a escribir mas

Segundo capitulo...


Capítulo II: ¡Expelliarmus!

El cielo estaba despejado y un fulgurante sol se posaba sobre el horizonte. Era un día inusual de calor, dado que para esos días el verano debía haber estado acabando. La gente miraba algo extrañada como una familia con vestuario peculiar se encaminaba por la estación de King Cross. Eran 5 en total, dos de ellos con un carrito cada uno, que llevaba un gran baúl y una lechuza, una café oscuro y la otra gris con negro. Los dos adultos parecían muy nerviosos: la mujer, de ojos azul claro y un cabello negro y grueso, tenía una expresión como de estar muy apurada y sostenía el brazo de su marido con fuerza, (un hombre de cabello castaño claro y ojos almendrados y alegres) éste, a su vez, iba de lo más tranquilo por la estación. Los dos trataron de vestirse como muggles sin éxito: la mujer se había puesto demasiados collares encima y el hombre se puso un sombrero de copa con una pluma color verde amarillento.

A su lado iban dos muchachos de no más de 20 años cada uno. Uno de ellos de cabello negro y lustroso y que, a diferencia de sus padres, iba apropiadamente vestido. El otro, tenía el cabello castaño claro y algo largo, con los ojos grandes y castaños.

Un chico y una chica empujaban sus carritos con rapidez. La muchacha tenía los ojos azul claro y un cabello castaño también claro, lacio, sedoso y brillante que se ondeaba a cada paso. Su piel era blanca y su expresión era como de enojada.

- Ay, ya Lizzie, quita esa cara de amargada-le dijo el muchacho que iba junto a ella. Tenía el cabello rubio y algo largo, lacio, con los ojos inmensamente castaños. En su carrito se podía ver el estuche de lo que parecía una guitarra.-No te lo tomes personal, acuérdate que si te enojas, te arrugas.

La muchacha no pudo evitar reír.

- ¿Ves?-dijo mirándola de reojo-siempre me perdonas.

- ¿Quién ha dicho que te he perdonado?-dijo de repente la muchacha-. Una simple risa no va a hacer que olvide lo que le hiciste a mi peluche-terminó indignada y sin mirarlo.

- El Sr. Snuggles quería un poco de diversión y yo se la di¡es todo!

- ¿Ahora los objetos inanimados te hablan¡Eres un estuche de monerías hermanito!-terminó irónicamente.

- Jack Harlow es un estuche de monerías…-dijo el muchacho cuando se detuvieron a metros del muro que tenían que atravesar para llegar a la plataforma 9 ¾.- ¡Buen slogan!

- Y yo inventé el chivatoscopio-le respondió poniendo los ojos en blanco.

- Bueno…-empezó la mujer que llevaba demasiados collares-quiero que tú, si Jack, te estoy hablando a ti-añadió al ver que Jack estaba mirando hacia otro lado como quien no quiere la cosa-te portes bien y no hagas escándalo. Ya apenas el director se ha librado de los gemelos Weasley como para que vengas tú a seguir la tradición.

- Se llama diversión extra-escolar, querida madre.

- Lo que sea.-Miró a la chica que estaba a un lado de Jack y que acariciaba a su lechuza café.-Lizzie, recuerda mandarme una carta toda las semanas.

- Claro mamá.-dijo la chica con una sonrisa para luego mirar a su padre desesperanzada.

- Creo que tengo que irme ya a Gringotts-dijo el muchacho de traje y cabello grueso, con ojos azul claro mientras revisaba su reloj de pulsera.-Los duendes sólo me tolerarán diez minutos más y Weasley me necesita para hacer un trabajo.

- ¿Y para qué viniste a acompañarnos, de todos modos?-preguntó Elizabeth, a quien sus familia llamaba Lizzie por ser la más pequeña.

- En estos tiempos no voy a dejar que mis hermanos pequeños anden por ahí.-respondió con lasa cejas arqueadas.-Bueno, me voy.

- Hasta luego, Tremulus cerebritunus.

- Cálmate, Elizabeth Harlow.

Después de despedirse de todos y darle un coscorrón a Jack (del cuál, este alegaba, no se iba a recuperar tan fácilmente), se fue a su trabajo en Gringotts.

- Pórtense bien y quiero buenas notas de los ÉXTASIS-dijo su padre mirándolos con seriedad.

- Sí papá…-dijeron los dos al unísono.

- Déjalos respirar padre-dijo el muchacho de cabello castaño.

- ¡Bien dicho, Avery!-exclamó Jack dándole una palmada en la espalda a Avery que casi lo tumba.

Elizabeth se despidió de beso de sus padres, mientras que Jack sólo lo hizo con la mano. Primero corrió Elizabeth, hacia el muro, y al momento de atravesarlo, venía Jack detrás suyo.

- ¡Harlow, campeón!-exclamaron varias voces. Una ola de estudiantes se abalanzó sobre Jack, dejando a Elizabeth a un lado.

Jack era jugador de quidditch de Ravenclaw desde hacía ya cuatro años y eso lo había hecho muy popular. Elizabeth ya se había acostumbrado a las cientos de niñas que le pedían a ella que le dijera a su hermano cosas buenas sobre ellas. Jack era todo un galán pero nunca se jactaba de ello.

Elizabeth se encaminó hacia el tren, después de avisarle a Jack que el tren salía en diez minutos. Después de dejar su equipaje y a Noriian, su lechuza, se dispuso a buscar compartimiento. Afortunadamente, aún quedaban varios vacíos, pero tuvo la mala suerte de escoger el mismo que…

- ¡Elizabeth, cara de no sé qué!-un muchacho de cabello rizado e inmensamente negro le daba a Elizabeth una palmada en la espalda que hizo que la chica se balanceara sobre sí misma.

- ¡Oye Mark! No seas tan rudo conmigo…-dijo Elizabeth entrando al vagón seguida del muchacho.

- Bah, que antes ni te quejabas-replicó Mark. Se sentaron uno frente al otro. Mark tenía los ojos de un color verde mar que fácil podía confundirse con la divertida camisa que llevaba puesta.

- Antes…ahora es diferente jovencito. No sé como Miriam te soporta…

- Ya no me "soporta". Me ha cortado.

- ¿Cómo?-preguntó Elizabeth sorprendida.

- Así como lo oyes. Me ha cortado.-dijo con voz queda.

- Oye…pues, esto…lo siento.-Elizabeth miró al suelo y casi sintió pena por Mark. Él y Miriam, una chica de Hufflepuff, se llevaban demasiado bien y para ella era difícil imaginarse a ellos dos separados.

- Está bien…

Hubo un breve silencio, que fue interrumpido por risas y comentarios, todo a lo lejos. Una muchacha rubia que llevaba un libro apretujado a su pecho caminaba rápidamente. Elizabeth la miró por una fracción de segundo cuando pasó por el compartimiento. Segundos después, pasaron Draco Malfoy, Crabbe, Goyle, Zabini y una chica castaña que ella no conocía. Iban riéndose de lo lindo y apuntando con el dedo en dirección a donde la chica rubia aparentemente se había ido.

- ¡Vamos Van Laer!-exclamaba Draco a la chica rubia mientras ella apresuraba el paso, volteando cada vez que pasaba por un compartimiento, esperanzada de poder encontrar lugar.- ¡Sólo fue una broma¿Quién hubiera sabido que tu adorada madre de hecho está muerta?

La muchacha rubia se detuvo de repente. Malfoy y sus secuaces se quedaron parados también, a pocos metros de la chica. La muchacha volteó y sacó su varita muy rápidamente con su mano libre (con la otra sostenía el libro), entonces, dijo con voz fría y amenazadora:

- Nunca, escúchame, nunca, vuelvas a hablar sobre mi madre así…-dio unos pasos hacia Malfoy directamente, quien, presa del miedo, daba pequeños pasos hacia atrás.-no te atrevas a manchar su memoria. Nunca, Malfoy. Tú no eres más que una basura.

Sus ojos color celeste, enmarcados por largas pestañas y penetrantes, estaban llenos de lágrimas pero ninguna salía. Su piel era tan pálida como la de Malfoy, y a pesar de que éste era más alto que ella, no parecía tener miedo alguno en apuntarle con su varita. Su cabello era rubio y lacio, ondulado en las puntas, y con unas mechas negras escondidas entre el pelo.

La chica bajó la varita y la guardó, dio la vuelta y comenzó a caminar. Entonces Malfoy sacó su varita, con el rostro lleno de furia.

- ¡Cru…!

- ¡Expelliarmus!-exclamó la muchacha con voz potente quien se había volteado justo a tiempo para detener la maldición imperdonable de Malfoy.

Malfoy salió disparado por los aires, llevándose consigo a sus secuaces y quedando todos en una pequeña montaña humana. Varios curiosos habían pegado su cara a las ventanas, tratando de ver qué había pasado.

La muchacha estaba respirando muy rápido. Sentía como su corazón fuera a salírsele del pecho. Una vez más guardó la varita y se volteó, emprendiendo su ida.

- ¡Draco…!-decía una voz débil que estaba debajo de el rubio.- ¡No…no puedo…respirar…!

Draco de inmediato hizo a Crabbe y Goyle a un lado, ya que Zabini se había levantado por su propia cuenta, y sacó a una chica de cabello castaño del fondo.

Su piel era dorada, su cabello castaño, ondulado y muy largo, sus ojos verdes estaban mirándolo y tenía cara de espantada. Respiró rápidamente y se aferró al pecho de Draco.

- Crabbe, Goyle, vayan a un compartimiento vacío y quédense ahí.-ordenó mientras Crabbe y Goyle se levantaban.-Zabini, ven conmigo. Tengo que hablar con ustedes.-añadió mirando a la chica de cabello castaño que se había quitado de su pecho. La chica asintió, así como Zabini y los tres se fueron por el pasillo.

El tren comenzó a avanzar. Los compartimientos se llenaron rápidamente y afortunadamente Draco, Zabini y la chica castaña alcanzaron a tomar uno de los últimos. Después de haber maldecido mil veces a la chica Van Laer, Draco se puso serio y comenzó a hablar.

- Deja de hablar de ella ya, Nicky, me va a dar indigestión.-dijo Draco dirigiéndose a la chica quien apenas e iba a abrir la boca para decir otra de las muchas sandeces de Van Laer. Nicky se calló de repente y bajó la mirada.-Tenemos cosas más importantes en que pensar.

- ¿Cómo cuáles?-preguntó Zabini, quien estaba plácidamente acomodado en el asiento libre que quedaba.

Nicky miró a Draco buscando una respuesta en los ojos grises como el hielo del muchacho, pero después de unos segundos, al parecer no había encontrado nada y apartó la mirada.

- Ustedes saben de qué estoy hablando-dijo por fin.

- ¿De…de la cosa que te dejó él para…hacer?-preguntó Nicky aterrorizada.

- ¿Tus padres no te han dicho nada?-dijo Draco mirando a Nicky-No me sorprende. Tus padres también son muy devotos a…

- ¡Shhhhh!-los calló Zabini. Draco le dirigió una gélida mirada al moreno y continuó.

- ¿Quién más puede oírnos?-le espetó a Zabini-Blaise, no seas tan paranoico.

- No estoy paranoico-replicó-esto es algo demasiado serio, Draco, y no creo que estés tomándole la "importancia" que dices como para andarlo diciendo en donde se te dé la gana.

Draco no dijo nada y se levantó. Zabini por un momento pensó que iba a dejar el compartimiento, e intuyó que Nicky pensaba lo mismo, porque estaba se le quedó viendo al rubio. Pero en vez de eso, cerró las cortinas y volvió a sentarse.

- Ahí está tu privacidad.-dijo en tono de reproche y volvió a mirar a Nicky.-está por comenzar.

- Draco…-dijo Nicky con los ojos llorosos y aferrando su mano a el brazo de Draco.- ¿Vas…vas a estar bien?

- ¿Por qué clase de mago me tomas?-le dijo con el cejo fruncido y apartó su brazo.

- Yo no…yo no me refería…yo no quise decir…

- Disculpa aceptada.-la interrumpió Draco fríamente y de reojo pudo ver como Nicky se apartaba de su lado un poco y veía al suelo.

- ¿Cuándo te lo dijo?-preguntó Zabini serio.

- Hace poco. Mi padre está orgulloso…

Zabini guardó silencio. Se le quedó mirando a Nicky, quien se secaba unas cuántas lágrimas. Era tan vulnerable con Draco…en ese momento no era nada comparada con la chica fuerte y decidida que solía ser. Afuera había empezado a llover, no había nada más que hacer, pensó Zabini antes de perderse en los ojos verdes de Nicky.

Crystal Van Laer leía su libro con avidez y sin darse cuenta de que estaba lloviendo y que las gruesas gotas golpeaban su ventana. Llevaba ya puesto el uniforme de Slytherin. Estaba sola en el compartimiento, sola, como le gustaba estar. El compartimiento estaba vacío. Vacío como su círculo de amigos. Las cortinas estaban corridas…no quería que nadie la viera así, no quería que nadie la observara.

En la cubierta del libro podía leerse Historia de la Magia 6to año. Era su materia favorita desde siempre, después de Defensa Contra las Artes Oscuras, claro está.

Lo odiaba. Lo odiaba con todas sus fuerzas. Por un momento, creyó entender incluso a Harry Potter y su aberración hacia Malfoy.

¿Cómo se atrevió a insultar la memoria de su madre¿Qué le dio derecho a llenar de lágrimas sus ojos?

Un sentimiento de venganza se apoderó de ella. No se iba a quedar así, no señor…

La puerta del compartimiento se abrió y Crystal se secó rápidamente las lágrimas.

Un muchacho de cabello castaño muy oscuro, casi negro se podría decir, lacio y en punta, estaba en el marco de la puerta deslizable. Era alto y musculoso, con la piel blanca y los ojos gris claro.

- Van Laer,-dijo después de una pausa, y Crystal levantó la cabeza-¿no has visto a…a Malfoy?-preguntó un poco inseguro, ya que él sabía perfectamente como Malfoy trataba a la chica, siempre burlándose de ella, humillándola.

- N-no después de que….digo, no.-respondió con voz queda.-Lo siento, Levine.

- No hay problema.-dijo evitando mirarla-Bueno, seguiré buscando.

Deslizó de nuevo la puerta corrediza y Crystal pudo oír los pasos del muchacho que poco a poco se hicieron menos oíbles.

Suspiró, tratando de relajarse. ¿Cómo un tipo como Levine podía juntarse con semejante escoria como Malfoy? Siempre había creído a Levine un poco más razonable que los otros Slytherins, que idolatraban a Draco Malfoy, pero, al parecer, se equivocaba.