Capítulo V: La mano que desapareció.
- ¿Y cómo te fue en la fiesta de la chica de Hufflepuff?-le preguntó Harry a Ron cuando lo vio llegar a la sala común a recoger sus libros, con una gran rebanada de pastel de chocolate.
- Muy bien-dijo Ron con alegría-ni siquiera se dieron cuenta de que andaba de colado. Fue una fiesta, digamos que de lo más normal.-añadió antes de salir con Harry del hueco del retrato.
- ¿Digamos?-preguntó Harry confundido.
- Porque sucedió…algo extraño. Una chica rubia de repente dio un grito y se fue corriendo.
Harry frunció el cejo.
- Yo pienso que le hicieron una broma…
- Pero entonces ¿quién?-preguntó Harry, recordando que los maestros de la broma ahí, antes de que se fueran, eran los gemelos Weasley.
- Quién sabe,-dijo Ron antes de entrar al aula de Transformaciones-pero eso sí, el pastel estaba delicioso…
- ¡Hola!-dijo Hermione quien cargaba una pesada mochila-¡Vaya deberes que nos han puesto!
Ron hizo un sonido de derrota con la boca y Harry rió.
La profesora McGonagall imponía orden en el aula solamente con su presencia, como pasaba con el profesor Snape. Harry miró de reojo a Malfoy, que le decía algo a una chica castaña a su lado. Le extraño que no estuviera con Zabini, a él casi siempre le contaba sus cosas, por lo que él sabía. Movió la mirada y encontró a Zabini sentado en una esquina, observando receloso a Draco y a su amiga misteriosa.
La clase de la profesora McGonagall no fue exactamente miel sobre hojuelas, porque nadie consiguió transformar un ratón en una copa, excepto Hermione. La copa de Ron no era exactamente una copa, todavía tenía cola, y la de Harry pelo.
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- ¿Casey?-preguntó una chica de cabello negro. Se encontraba en el baño de niñas, frente a la puerta cerrada de uno de lo retretes.- ¿Estás bien?
- Si, claro. No te preocupes por mí, ve a la sala común, ahí te alcanzo-respondió Casey desde el otro lado de la puerta.
- Bueno, pero no te tardes¿de acuerdo?-dijo la muchacha antes de irse.
No podía creerlo…. ¿qué rayos le había pasado¿Por qué…?
Se aseguró de que su amiga se hubiera ido y salió. Miró su mano izquierda, o mejor dicho, donde se suponía que debía estar su mano izquierda. La sentía, pero no estaba. Cuando quiso tomar un tenedor en el Gran Comedor y vio que su mano no estaba, o más bien, que no la veía, porque ella nunca sintió que se hubiera ido, siempre había estado ahí, sólo que ahora, simplemente no la veía.
Se miró al espejo. Tenía el cabello corto y rubio, muy lacio y con fleco. Sus ojos verdes revelaban el terror en toda la extensión de la palabra, estaba tan blanca como un papel y se había puesto lívida.
Nunca le había pasado nada parecido, ninguna parte de su cuerpo había desaparecido nunca. Si su mano podía hacerse invisible…
- Entonces… ¿yo…?-se detuvo pensando en que lo que estaba a punto de decir era una tontería. Por un momento pensó en ir con la Sra. Pomfrey, pero ¿Qué le respondería cuando le preguntara cómo había pasado? Decir que de repente había desaparecido no era una respuesta muy convincente. Ella podía controlar su magia, además nada más podía desaparecer su mano o todo su cuerpo que una capa invisible o un encantamiento desilusionador…
Metió la mano izquierda en uno de los bolsillos de su túnica y salió rápidamente del baño, directo a la sala común.
- ¿Te sientes mejor?-le preguntó la misma chica que había estado con ella en el baño de niñas y que ahora estaba sentada en un cómodo sillón de terciopelo dorado.
- Ya…mucho mejor, gracias.
Subió las escaleras hasta el cuarto de niñas. Cuando estuvo sola, sacó la mano izquierda de su bolsillo…y ahí estaba. Suspiró, agradecida que todo hubiera vuelto a la normalidad, pero intrigada por aquel hecho. La idea de volverse la mujer invisible no le atraía nada en lo absoluto. Pero, no sabía, que eso sólo era el comienzo…
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Nicky y Draco estaban nuevamente juntos a la hora de la comida, y Zabini, nuevamente alejado de ellos. Nicky divisó a Crystal por el rabillo del ojo, estaba a dos asientos de Zabini. En su rostro se dibujó una sonrisa malvada, tomó un pedazo de pan y se lo aventó, para su suerte, dándole en la cabeza. Crystal levantó la cabeza y rápidamente supo que Nicky había sido, la rubia hizo una mueca, tomó una fresa de un tazón y la arrojó. Pero ésta no alcanzó a darle a Nicky…
- ¿Qué dem…?-dijo Draco sobándose la cabeza; vio como Crystal se aguantaba una carcajada y las aletas de la nariz se le inflaron y se puso a hervir de coraje.-Otra vez tú Van Laer…
Draco tomó un pedazo de pay de zarzamora y lo arrojó hacia Crystal. Éste no llegó muy lejos porque le dio a Zabini en la cara y el moreno parecía tener una mascarilla roja. Varios rieron.
- ¡Pelea de comida!-dijo una voz chillona y de repente todos empezaron a arrojarse de todo: chuletas, pescado, puré…
Algunos levitaban la comida para que llegara a su objetivo. Todos peleaban en la mesa de Slytherin, menos una chica de cabello negro que muy disimulada se metió debajo de la mesa. Los de las otras casas miraban asombrados como la comida volaba y volaba…
- ¡Alto!-dijo con voz potente el profesor Snape, quien se había parado al frente de la mesa de Slytherin y todos de inmediato se detuvieron. Crystal y Nicky, quienes estaban a punto de arrojarse spaghetti y albóndigas respectivamente, se quedaron con los bocados en la mano y en alto. Las dos miraron aterrorizadas al profesor y se sentaron, dejando cada una la comida en su plato.- ¡Señoritas Van Laer y Vardalos, a mi despacho, ahora mismo!
Mientras caminaban detrás del profesor Snape, Nicky se quitaba de la mejilla unos pepinillos y Crystal miraba con asco el spaghetti en su cabello. Las dos evitaban mirarse.
- Me sorprende-dijo Snape cuando se sentó en su escritorio, Crystal y Nicky se encontraban del otro lado, de pie y mirando al suelo-su comportamiento, señoritas. Se quedarán castigadas toda la semana, no me dejan otra opción.
- Pero profesor…-empezó a decir Crystal.
- No me importa, señorita Van Laer, quién haya empezado-le cortó Snape-a partir de mañana después de clases cada una vendrá aquí a mi despacho a cumplir su castigo. Ahora, váyanse, antes de que inunden mi despacho de olor a salsa.
Crystal y Nicky salieron disparadas a la sala común. Nicky se le adelantó y la dejó atrás, evitando a toda costa hablarle. Cuando Crystal pasó el hueco del retrato, la sala común no estaba vacía…
- ¿También tú?-dijo Joseph asomando sus ojos por la biografía de Salazar Slytherin.- ¿Qué¿Explotaron las cocinas?
- Pelea de comida, genio-le espetó Crystal, quien no andaba de muy buen humor.
Joseph guardó silencio, Crystal apretó los labios y se fue rápidamente a su habitación a darse un buen y largo baño.
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Por la noche, cuando llegaron a la sala común, Draco y Blaise apenas y se miraban. Si bien a Draco no le importaba que Blaise…pero odiaba que le quitaran lo que era suyo. Y Nicky era suya. Hasta que le indicaran lo contrario.
- No has dicho nada…-le dijo Nicky, quien estaba pegada a su lado, sentados en el amplio sillón de cuero negro de la sala común. Blaise no estaba, sólo Joseph, quién al parecer había reanudado su lectura después de las clases.
- No tengo que decirte nada.-Nicky lo miró como a punto de llorar-No ahora.-añadió mirando fugazmente a Joseph.
Nicky guardó silencio y le acarició el cabello rubio platino a Draco. Blaise tenía razón, lo había meditado durante toda la mañana. Era diferente cuando estaba junto a él. Pero estaba segura de que no era miedo. Era… ¿cariño?
No lo sabía. Nunca supo qué era exactamente lo que sentía por Draco. Esa necesidad por procurar de él, por brindarle su apoyo, sus besos, su cuerpo. Esa terca necesidad de parecer menos ante él. Pensaba que el Draco que ella veía todos los días, que se burlaba de la gente, que llamaba sangre sucia a Granger, no era realmente él. Era algo así como un disfraz, algo así como una capa para evadir la realidad que, suponía, lo estaba matando en vida.
Ella no podría vivir con tanta presión. Aunque, pensándolo bien, sus padres también lo eran, pero ellos nunca la trataron de esa forma, tan despectiva, tan fría, tan inhumana…
- Buenas noches-Blaise había entrado apenas a la sala común. Draco entrecerró los ojos, procurando que el moreno no se diera cuenta de que lo miraba en un intento por descubrir dónde había estado.
- Buenas noches, Blaise-dijo Joseph con educación cerrando su libro. Ni Nicky ni Draco le dirigieron la palabra en todo el tiempo que estuvo ahí, hablando con Joseph sobre el quidditch.
- Por cierto, Draco,-dijo Nicky y Draco volteó a verla- ¿cuándo serán las pruebas de quidditch?
- Oíste a Dumbledore, dentro de una semana-respondió en tono frío.
- Oh, es cierto, lo siento. Me voy a la cama-dijo levantándose y ondeando su larga melena castaña-nos vemos mañana-le dio un corto beso en los labios a Draco y se despidió de Joseph con la mano, sin siquiera despedirse o mirar a Blaise.
Joseph, quien se dio cuenta de que iba a hacer mal tercio en esa escena. Se levantó y también se fue, alegando que tanta lectura había hecho que le doliera la cabeza.
- Tú y yo tenemos que hablar-dijo Blaise al cabo de un rato.
- Por supuesto que sí, Zabini-la voz de Draco era ahora mucho más fría y dura-Nicky me lo ha dicho…
- No es de eso de lo que quiero hablar-Draco frunció el entrecejo.
- Explícate.
- Dime la verdad, Draco. ¿En verdad crees que puedes cumplir lo que él te dejó para hacer? Tu padre no ha sido de mucha utilidad si lo piensas…
- ¡No te atrevas…!-dijo Draco sacando su varita y apuntando a Blaise, quien ni se inmutaba, sólo resopló y continuó.
- Tienes que saber con qué te metes…
- Sé muy bien en lo que me meto, muchas gracias.-le cortó Draco guardando su varita.
- ¿Crees que eso es suficiente para…para servirle?-le espetó Blaise poniéndose de pie.- ¿Crees que eso es todo?
- Tienes envidia-dijo Draco poniéndose de pie-como a ti no te ha dicho nada, ni a tu familia…
- Tu propia vida, Draco, tu propia vida. Yo a eso no le tengo envidia. Eres mi amigo y me preocupas; ¡al diablo todos nuestros problemas! No hay tiempo para niñerías.-se dio la vuelta y avanzó unos pasos, después se volteó de nuevo y le dijo-Te llegó una carta hace poco, la lechuza está en tu dormitorio. Buenas noches.
Draco estaba hirviendo de coraje. ¿Qué pretendía Zabini¿Hacerle su vida más imposible de lo que ya era¡Por supuesto que él estaba concentrado en su misión¿Qué acaso lo creía tonto?
Subió las escaleras hasta su dormitorio, y efectivamente, la lechuza que él rápidamente reconoció como la de su casa, estaba en el marco de la ventana con una carta en el pico. Después de que la lechuza se fuera, Draco abrió cuidadosamente la carta, con curiosidad y un poco de miedo. Y era de quién esperaba, o mejor dicho, de quien no quería esperar una carta.
Draco
Tu madre me hizo el favor de mandar esta carta a ti, sabes bien que no puedo. Espero que la misión haya quedado lo suficientemente clara para que no cometas una tontería. Cosa que puedo esperar de ti. Él quiere que para Navidad tengas al menos información de lo que está buscando. No me decepciones.
Tu padre.
Incluso en Azkaban no dejaba de decirle que era una vergüenza. Suspiró y fue a la cama, dudando que pudiera siquiera cerrar los ojos.
