Aquí viene el sexto capítulo. Trato de espaciar el tiempo entre capítulo y capítulo para no abrumarlos y tenerles páginas y páginas para leer nn.
Lorenina, muchas gracias por toda tu ayuda y tus palabras. Para ti este capítulo!
Capítulo VI: Desmayo.
Las pruebas de quidditch se celebraban el martes de la segunda semana de clases. Primero era Gryffindor, luego Slytherin, Hufflepuff y por último Ravenclaw. Harry, Ron y Hermione llegaban al campo, y Harry se sorprendió de que hubiera tantas personas. Las primeras pruebas fueron las de guardián, y Ron, sinceramente, fue el mejor de todos. Un chico robusto le hubiera ganado si no fuera porque estornudó y cayó de su escoba.
- Los que quieran aplicar para golpeadores, hagan una fila-dijo Harry con voz ronca. Siete personas se formaron, entre ellas Dean Thomas y Seamus Finnigan, quienes lo saludaban con la mano.
Dean, que fue el primero, lo hizo bastante bien, pero Seamus no logró parar la bludger y fue a dar a la enfermería. El siguiente era un chico de cabello negro, rizado y de ojos verdes que Harry había visto el año pasado muy pegado con los gemelos Weasley y Lee Jordan.
- ¡Vamos Mark!-lo vitoreaba una chica desde las gradas. Harry volteó y reconoció a Elizabeth Harlow, una chica que una vez lo había ayudado en Pociones. Algunos rieron al verlo entrar al campo, recordando el incidente del primer día cuando vitoreó el que su hermano pequeño no hubiera quedado con él. Pero a él no parecía importarle mucho, no tanto como en el momento en el que pasó todo aquello, mas bien hasta saludaba a los que se reían, como si fuera una celebridad.
Mark Dashwood lo hizo de maravilla, y parecía más que volaba él mismo que con la escoba. Detuvo todas las bludgers que se le pusieron en su camino y hasta anotó unos tantos.
Al final, la alineación quedó así:
Buscador: Harry Potter
Guardián: Ron Weasley
Cazadores: Ginny Weasley, Katie Bell y Jimmy Peakes
Golpeadores: Dean Thomas y Mark Dashwood
Cuando el trío de oro salía del campo, Malfoy, quien estaba acompañado de Nicky, Crabbe y Goyle (una vez más, sin Zabini), le dirigió una mueca como saludo e hizo un ademán como si estuviera oliendo algo sucio y horrendo cuando pasó a lado de Hermione.
- Creo que tendré que quemar esta túnica-oyó Harry que decía Draco a lo lejos-se me ha contaminado por esa sangre sucia.
Ron estuvo a punto de echarse a correr y moler a Draco a golpes, pero Harry y Hermione lo detuvieron.
La sala común de Ravenclaw estaba casi desierta, ya que todos fueron a ver las pruebas de quidditch, y a esperar su turno para aplicar a uno de los puestos. Michael Dashwood se encontraba sentado en un sillón, cabizbajo y preguntándose el por qué su hermano mayor lo renegaba tanto. ¿Acaso era tan fastidioso como medio mundo le decía? La cosa era que, él nunca lo hacía a propósito, él sólo preguntaba y esperaba por una respuesta que no incluyera un "no sé" o "nunca me vuelvas a preguntar eso de nuevo¿entendiste?".
- ¿Por qué esa cara?-le preguntó un muchacho de cabello negro azulado que se sentó a un lado suyo-¿No deberías estar en clases?
- Tengo hora libre-respondió Michael con voz triste. Y aunque había mentido, porque se estaba saltando clase de Pociones.
- Tú…tú eres el hermano de Mark Dashwood¿cierto?-preguntó el muchacho y Michael asintió aún sin mirarlo.-No te sientes muy bien por lo que pasó el día de la selección¿verdad?-Michael volvió a asentir y por unos breves segundos el muchacho pareció esbozar una casi nula sonrisa.-Mira, no te sientas así. Él no sabe el grandioso hermano que tiene.
Michael levantó la cabeza y lo miró.
- ¿En serio?-preguntó aparentemente maravillado por aquel cumplido.
- ¡Claro!-dijo el muchacho con entusiasmo-Tu hermano no sabe lo que tiene. Y la mejor manera de demostrarlo, es que le hagas ver de lo que se está perdiendo.
- Bueno…-empezó Michael un poco inseguro-podría hacerlo, al menos de que tuviera otro hermano o algo así…
- ¿Pero qué cosas dices?-el muchacho se acomodó en su asiento y Michael pudo distinguir sus escudriñantes y observadores ojos negros- ¡Me tienes a mí! Aquí puedes tener a un hermano postizo. Yo no tengo hermanos, así que me vendría bien tu compañía-la cara de Michael se iluminó-Y por lo que veo…-añadió al ver unos libros de Pociones abierto-eres un chico talentoso¿eh?
Michael se ruborizó. Por fin, alguien que lo comprendía, pensaba el chico.
- ¿Lo harías?-preguntó-Digo, ni siquiera sé tu nombre…
- ¡Dios, pero qué tonto soy!-dijo el muchacho lamentándose, y mientras se estrechaban las manos, dijo-Alasdair Brew, mucho gusto.
Elizabeth se paseaba con Mark por el jardín, aprovechando que, por las pruebas de quidditch, tenían la tarde libre. Mark tenía el cabello lleno de confeti, ya que Elizabeth estaba tan feliz por que lo hubieran nombrado golpeador de Gryffindor. Mark, decía que no era para tanto, pero Elizabeth estaba segura de que le encantaban esas cosas.
- Lo hago porque eres mi mejor amigo-dijo la muchacha cuando se sentaron en el árbol frente al lago-si no te conociera tan bien, tal vez te hubiera traído una orquesta o algo parecido.
- Bueno…eso no estaría nada mal-dijo Mark tocándose la barbilla y mirando ligeramente hacia arriba, como si se imaginara a una gran orquesta entrando en pleno partido de quidditch sólo porque logró darle a una bludger con el bate. Era bueno verlo tan feliz, sobretodo después de lo que había pasado en el banquete de bienvenida. Había intentado encontrar a su hermano por todos los medios, pero Michael siempre lograba escabullirse.
Mientras reía por aquel sabio comentario, Elizabeth comenzó a sentir que tenía mucho calor. Era como si de repente su temperatura corporal se hubiera disparado hacia el cielo, tanto que sentía que debía quitarse todo lo que tenía encima. Como si una lengua de fuego le recorriera las venas. Por un momento creyó que iba a echar humo por la boca.
- ¿No sientes que hace mucho calor?-preguntó Elizabeth desabrochándose la corbata del uniforme.
- Lizzie, estás muy roja-dijo Mark preocupado.
Elizabeth se tocó las mejillas. Estaba ardiendo en fiebre. Se sentía como una olla de presión que iba a explotar, cada vez más y más cerca de la colisión…
Lo último que oyó fue a Mark gritando su nombre y el sonido que hizo su cabeza al chocar contra una piedra.
A Draco le sorprendió que aún y después de la conversación que habían tenido, de que no se hablaban y ni siquiera se miraban, Zabini se presentara a las pruebas de quidditch. Draco no tenía intenciones de volver a hablar con él, el nunca tenía intenciones de hacer las pases a menos de que le conviniera. Y esta vez no era la excepción. Zabini y su familia eran de su grupo. Pero era demasiado orgulloso como para admitirlo. Y Zabini también.
Nicky se dio cuenta, de que cada vez que Zabini pasaba a un lado de ellos, Draco se portaba más cariñoso de lo normal, ya sea asiéndola por la cintura o dándole un beso.
- Draco, yo…-empezó Nicky tímidamente pero Draco la detuvo.
- Ya sé lo que me quieres decir. Y sí, puedes hacer la prueba.-Nicky estaba que brincaba de felicidad, fue rápidamente a la sala común por su escoba (su encantamiento convocador aún no era lo suficientemente bueno), dejando a Draco con los demás jugadores.
Draco, como era obvio, sería buscador, así que comenzó con las pruebas de los golpeadores. Para su pesar, descubrió que Zabini era bastante bueno, y no tuvo más remedio que apuntarlo junto con otro chico de apellido Kresho.
Cuando Nicky llegó, comenzaron las pruebas para los cazadores. Nicky volaba espléndidamente y Draco se sorprendió de no haber descubierto esa cualidad suya. La eligió junto con Louis Jenssen y Christine Desjardin, una chica que si bien no era la mejor jugadora del mundo, pero sabía esquivar bien las bludgers.
- ¡Los que vienen a aplicar para la prueba de guardián!-ordenó y cinco chicos se pusieron frente a él, entre ellos Joseph Levine.
Draco sintió una leve curiosidad cuando fue el turno de Levine. Él nunca había aplicado para ese puesto, es más, ningún puesto. Se le consideraba un chico muy tranquilo a pesar de ser Slytherin.
- Quizás y acaba de perder una apuesta-dijo Nicky a tono de burla pero se quedó lívida al ver que Joseph paró la quaffle todas las veces.
- Vaya que sorprendes, Levine-dijo Draco cuando lo apuntó. Joseph esbozó una modesta sonrisa.- ¿Dónde aprendiste tanto¿Viéndonos jugar?
- No.-respondió Joseph que detectó el tono de superioridad de Malfoy en la última pregunta-Mi padre fue en sus tiempos un jugador renombrado y me pasó algunos trucos.
- Entonces podrías enseñarles unos a Nicky¿no te parece?-preguntó suspicazmente Draco y Nicky le sonrió tontamente a Joseph.
- Claro-dijo encogiéndose de hombros.
Nicky le brindó una sonrisa triunfante a Blaise, que la miraba desde la esquina.
- Entonces…-dijo Draco haciendo una pausa para guardar las escobas-sería un placer que nos acompañes a dar un paseo por el lago.
¿Lo estaba reemplazando? En primer lugar, Levine no era tan genial como parecía y Draco aparentemente desde que se enteró que su padre era un jugador de quidditch famoso ("¿No se pudo dar cuenta por el apellido, el muy estúpido?" pensó con rencor) comenzó a tratarlo con un poco más de "respeto" podría decirse. Y en segundo, dudaba que Levine fuera a caer en las redes de Draco y volverse mortífago también. Blaise resopló y se fue a la sala común dando grandes zancadas y sin ver, que Draco sonreía al verlo de reojo.
- ¿Dónde…dónde estoy?-preguntó Elizabeth, intentando levantarse.
- ¡No se levante, señorita Harlow!-dijo la señora Pomfrey y Elizabeth se dio cuenta de que estaba en una cómoda cama de la enfermería.-Vaya que usted ha sido todo un suceso esta tarde. ¡No sabía cómo bajarle la fiebre esa que tenía!-exclamaba mientras acomodaba unas medicinas en el buró.
- ¿Cómo¿Cómo que no sabía cómo pararla?-preguntó de nuevo Elizabeth asustada.
- Pues, no se parecía a nada que he visto en mi vida. Ni fiebre de dragón, ni gripe, nada.
- Entonces¿cómo lo hizo? Porque ahora me siento mucho mejor-la señora Pomfrey se acomodó su boina y le dijo:
- ¿Yo? Yo no hice nada. De repente, la fiebre desapareció. Creo que bajó como 10 ° de temperatura en menos de un minuto.-Elizabeth frunció el cejo. ¿Cómo pudo haber eso pasado? Todo eso era muy extraño.
Las puertas de la enfermería se abrieron y Mark entró con un montón de libros bajo el brazo.
- ¿Ya te sientes mejor, dormilona?-preguntó al sentarse en el taburete.
- Dormilona tu abuela. Sí, ya me siento mejor, gracias-Mark sonrió, él estaba acostumbrado a llevarse así con ella desde que la conoció, en primer año, inseparables desde entonces.- ¿Qué?-preguntó al ver que Mark contenía una risa.
- Si no te digo dormilona por nada, mira-le mostró su reloj que marcaba la hora, el mes…y el día. Elizabeth lo miró con los ojos como platos.
- ¡¿Estás brom…-comenzó pero se calló ante la amenazante mirada de la señora Pomfrey.
- Yo no bromeo con esas cosas, Godzilla.
- ¡Oh, claro que sí, Mark Dashwood!-volteó a ver a la señora Pomfrey y le preguntó-señora Pomfrey¿qué día es hoy?
Cuando la señora Pomfrey le respondió, Elizabeth estaba completamente en shock. ¡Había dormido dos días!
- ¿Por qué no me despertó?-le preguntó a la señora Pomfrey en tono de reproche.
- ¡No puedo despertar a un paciente, sobre todo después de lo que ha pasado, señorita Harlow¿Qué clase de enfermera cree que soy?-se fue muy ofendida a su oficina y dio un débil portazo.
- Uy Uy, ya hiciste enojar a la enfermera…-dijo Mark en tono divertido.
- Ya, ya…deja-dijo la chica ahora poniéndose seria, que era cuando Mark pronosticaba un tema incómodo.-Y ahora, aprovechando que te tengo para mí solita…
- Sabes que no me gustan las dominatrix…
- ¡Oh, cállate! Mejor respóndeme esto¿dónde has estado por las noches éstos últimos días?
Mark se quedó callado.
- Yo no he ido a ninguna parte-dijo en tono serio.
Pero a Elizabeth no la podía engañar. Había escuchado a Neville Longbottom preguntarle aquella mañana que por qué se había ido a mitad de la noche de la habitación.
Crystal leía muy interesada el ejemplar de Historia de Hogwarts sobre su cama. Lo había leído como un millón de veces, pero cuando no tenía nada más que hacer (excepto la tarea), le daba una repasada. A menudo su mente estaba llena de datos tan interesantes como inútiles, pero ella los consideraba como un tesoro.
A un lado del libro tenía un trozo muy largo de pergamino, donde tenía pendiente una redacción del profesor Snape sobre los dementores. Estaba agradecida de estar sola, en su habitación. Una semana con Nicky Hargensen había sido para ella prácticamente un infierno. Snape las obligaba a escribir largas redacciones sobre las maldiciones imperdonables. Luego, una tenía que corregir las faltas de la otra y viceversa. Lo único bueno fue cuando Crystal revisó la de Nicky, que estaba llena de faltas de ortografía.
Por fortuna, eso ya había pasado. Por fin, estaba sola.
Cerró el libro recordándose a sí misma la redacción. Rápidamente se le terminó la tinta y buscó en su mochila, pero ya no tenía, entonces buscó en el cajón del buró que estaba a su lado. Ahí estaba el frasco de tinta, y una carta que decía su nombre con letras doradas.
Se quedó viendo el sobre, pero sin tocarlo, como si se hubiera quedado petrificada en el momento en el que lo miró. Muchas preguntas se despejarían con esa carta. Su padre le había hecho prometer que lo abriría cuando cumpliera dieciséis, y Crystal Van Laer nunca rompía promesas. La verdad sobre su madre estaba contenida ahí.
Nunca la conoció, y su padre evitaba a toda costa hablar de ella. Crystal con el tiempo conjeturó que quizás su padre aún encontraba muy doloroso el asunto, así que nunca dijo una palabra. No había fotografías de ella en su casa. Ni una carta escrita por ella, algo que le hubiera pertenecido, nada. Era como si con su muerte todo lo que le pertenecía hubiera desaparecido, todo lo que alguna vez hubiera tenido. Excepto ella.
Hubiera querido al menos recordarla. Pero por más que buscaba en su mente, no había nada.
Por su mejilla rodó una solitaria lágrima, que no alcanzó a tocar el pergamino porque ella la detuvo. Tocaban la puerta.
Dejó el pergamino a un lado y fue hacia la puerta. En cuanto la abrió, una gran cantidad de agua le cayó encima. Comenzó a temblar, con una mezcla de coraje y las lágrimas que corrían desesperadamente por sus mejillas, pero que se confundían con el agua.
Draco ni siquiera se molestó en ocultar su risa, así como Nicky, Crabbe y Goyle. Sólo Joseph no reía, al parecer estaba algo sorprendido porque no sabía lo que iban a hacerle a la chica.
Crystal miró a Draco con odio, rencor, resentimiento, con un "¿por qué me haces esto¿Por qué yo?" en la mirada, pero éste estaba muy ocupado riéndose con Nicky. Por un momento, se pensó que iba a sacar la varita y pronunciar una maldición imperdonable, pero en vez de eso, se dio la vuelta y cerró la puerta suavemente.
- No debieron…-comenzó Joseph, sintiéndose culpable.
- Se lo merece, Levine-le cortó Draco-si hubieras visto lo que nos hizo en el tren, me entenderías ahora-volteó a ver a Nicky.-Vámonos.
Todos se fueron, menos Joseph.
El muchacho se acercó a la puerta de la habitación de Crystal. No debieron…ellos realmente no debieron. Si hubieran dejado de reír y ver su rostro…ellos no debieron…
Tocó la puerta.
- Váyanse-dijo Crystal desde el otro lado en tono frío.
Volvió a tocar.
- No me voy a ir de aquí hasta que abras, Van Laer.
Hubo una pausa, en la que se escucharon unos pasos. Crystal abrió la puerta, aún estaba mojada y titiritando de frío.
- Qué quieres-dijo de nuevo en ese mismo tono indiferente.-Te has unido a ellos, deberías estar riéndote¿no?
- Oye, lo siento. No sabía que iban a hacerte…bueno, esto-dijo a tono de disculpa, mirándola.
- Siempre me molestan. Siempre-puntualizó mirándolo a los ojos. Joseph se sintió débil.
- Hace frío…-dijo sacando su varita y haciendo que las ropas de Crystal se secaran al instante. La rubia se quedó helada.-Buenas noches, Van Laer.
Sabía que lo que había hecho era para distraerse de lo que ella dijo anteriormente, pero en ese momento no pareció importarle. Se quedó callada, observando como Joseph se alejaba.
