Holas, aca esta el tercer cap... GRACIAS A TODOS POR SUS REVIEWS!!
Bueno, espero que les guste, realmente me entusisme con esta historia...
Dedicado a mi amorcito, Te Kiero BruNo!
Enjoy it!!
Me incorpore, observando calculadoramente al hombre. No aparentaba mas de 30 años. Sus cabellos eran oscuros, sus ojos grises y sus rasgos puntiagudos. Llevaba un traje negro y una capa de color azul, sostenida por un broche de oro y plata, con una gema celeeste que brillaba como una pequeña estrella. Tenia una mirada arrogante y seguramente estaria juzgandome como yo a el. Cuando termine de observarlo, lo mire a los ojos y le dije:
- Me paree que eres tu el que debe tratarme respetuosamente a mi. Soy el hijo de Morzan, sabias?
El hecho de que tenia una gran autoridad en el castillo ya estaba comprobado. Cuando pedia algo se me era dado, y cuando era cuestion de ceder el paso, siempre obtenia el privilegio. Pero aun asi sabia que no tenia autoridad sobre mi maestro, pero fue la unica frase que se me ocurrio para intimidarlo. Me fastidiaba su actitud de altaneria y queria demostrarselo.
- Jajajaj si lo se. Y me importa un comino hijo de quien seas. A mi solo me importa lo que tu hagas y lo que solamente tu puedas demostrarme. Y hasta ahora solo has demostrado que eres un caprichoso niñito de cinco años. Esperaba mas de ti.
La rabia crecio en mi interior mientras decia eso. "Niñito caprichoso" Jamas!!.
- Puedo demostrarte mucho, si me das la oportunidad. A mi tampoco me enorgullece mucho ser el hijo de mi padre, pero aun asi valgo mas de lo que crees. Y no me llames caprichoso, entendido? - lo fulmine con la mirada, y como por impulso, quise otorgarle el mayor dolor fisico que habia recibido en mi vida. Intente entrar en su mente como lo habia hecho Galbatorix, pero como todo buen mago, su mente estaba sellada y atrapo a la mia como con un puño de metal echandola hacia afuera. Eso me dejo desorientado unos segundos, pero volvi en mi al escuchar su risotada.
- Jajajajaj eres un crio rebelde. Me las tendre que ver malas contigo. Pero para que sepas, A MI MENTE NO SE ENTRA. Ni aunque puedas lograrlo.
Dicho esto continuo riendose, sin prestar atencion a como se entrecerraban mis puños y como me abalanzaba sobre el, con un estridente grito guerrero. Le pegue con tanta fuerza que lo hice caer al suelo, colocandome sobre el. Levante un puño, dispuesto a pegarle, pero al ver su cara me detuve. Ahora estaba serio y no sonreia, pero a la vez parecia divertido. Utilizo mi momentanea distraccion, me volteo y parandose rapidamente, me dejo tirado en el piso, como un imbecil.
- En que estabas pensando pequeñito?
- ...
- Esta bien. No contestes. Te espero esta tarde aquí, en los jardines. Trae ropa comoda, porque sera duro. Mejor dicho, no es para pequeños rebeldes.
Me aleje con un bufido, sin dejar de echarle una furibunda mirada.
Esa tarde permanece muy viva en mi memoria. Tornac y yo nos encontramos temprano, en el jardin. Me saque la camisa, porque queria inspeccionarme. Me dio una rapida mirada, y sus ojos se detuvieron un segundo en la indecorosa cicatriz de mi espalda.
- Parece que no todo ha sido dulce para el pequeño consentido – dijo a modo de comentario.
No conteste, porque los recuerdos de la vida en familia me habian asaltado como enormes sombras y no querian dejarme. Por eso no note que me estaba mirando atentamente a la cara hasta que habló:
- Lo siento. No pretendia invocar malos momentos. Que tal si empezamos?
Asi como estaba me alcanzo una vara de madera con la punta afilada y empezamos a practicar la lucha con espadas. Me llevaba mucha ventaja, aunque peleaba suvemente. Me enseño algunos movimientos basicos, que practique con perfeccion. Al terminar, parecia satisfecho, y me ordeno que me cambiara, pues debiamos empezar un entrenamiento diferente. Rogando que fuera magia (esas artes me atraian, por el hecho de ser desconconocidas) lo segui hasta un pequeño refugio entre los arboles, en donde empezo a cuestionarme sobre diferentes cosas. Ninguno toco mi vida personal lo suficiente para lastimarme. Fue una charla amena y poco a poco me fui soltando hacia mi maestro. Luego, el me permitio preguntarle.
- Intentare contestarte lo mas acertado posible, siempre que pueda contestarte – dijo.
- Quien eres?
- Interesante pregunta – dijo sonriendo, sin el minimo dejo de arrogancia que habia mostrado en la mañana – Me llamo Tornac, aunque tengo varios apodos, como Corazon De Hierro y El De La Espada Flameante. Soy un guerrero, y tambien una especie de mago. Soy miembro de algunos clanes, de los que tu no conoces. Viajo solo y ahora estoy encargado de tu educacion. Eso describe de alguna manera quien soy?
Asenti con la cabeza.
- De donde vienes?
- De todos lados. Es un poco dificil de explicar, pero hasta ahora, ningun lugar ha sido llamado hogar para mi. Podriamos decir que soy nomade, pero tengo reconociemto donde sea que pise. Intento dejar siempre una huella por donde paso.
- Donde aprendiste a luchar? - no aparte mi mirada de el ni un segundo. Me alegraba hablar con alguien despues de mis meses de enmudecimiento y la entrevista con el rey.
- Me entrene viajando. Conozco mucho sobre la naturaleza y creo que esa es la mejor forma de lucha. Tuve un maestro memorable, llamado... - se detuvo – No creo que al rey le guste que se nombre a mi maestro en el palacio. Pues, mi maestro me enseño lo que voy a enseñarte yo a ti, solo que jamas podre competir con su forma de hacerlo – fijo su mirada en unos arboles entre cuyas ramas se colaba la luz del sol, recordando – Asi aprendi durante diez años el manejo de la espada, parte de la magia, y a relacionarme con la naturaleza.
- Crees que podre aprender como lo hiciste tu?
- Si, no lo dudo. Posees un buen cuerpo y una fuerza mental impresionante. Aunque se que nunca podras igualarme – ahora si sonrio burlon, estaba provocandome otra vez.
Cuando termino la clase, me despedi con una corta reverencia, que el imito. Aunque desde alli empezo a crecer nuestra poderosa amistad, tengo que admitir que al principio no me cayo muy bien.
El otoño estaba llegando a las tierras de Alagaësia, y estaba cerca mi primer año viviendo en el castillo de Uru'baen. Envidiaba un poco la libertad, pero en el castillo tenia mucho que hacer y estaba seguro que no me dejarian salir. Un dia se lo plantee a Tornac, porque deseaba ver la ciudad antes de que la gente se encerrara en sus casas a causa del frio. Ademas, necesitaba ropas nuevas, porque las que llevaba y algunas que me habian dado los soldados no abrigaban demasiado.
Tornac acepto en llevarme en secreto, porque defendia que vivir en el castillo era un aislamiento muy grande para un pequeño como yo. Asi que una tarde, escapamos por uno de los muros, saltando hacia unos arboles que Tornac habia hecho crecer con magia. Nos escabullimos por una calle bastante concurrida y llena de negocios.
La gente a veces volteaba para mirarnos. Las vestiduras de mi maestro parecian llamar mucho la atencion. Habia unos cuantos chicos jugando en la calle, y al verlos, me emocione. Una pelota de cuero y trapos rodo hasta mi pie, y tomandola, se la alcance al niño que tenia mas cerca.
- Gracias – dijo mirandome primero a mi y luego a Tornac, con una mezcla de temor y asombro. Una mujer salio de una casa cercana y llamo al niño.
- Esta bien. No es nada – mi voz temblo un poco, parecia que iba a llorar. Voltee rapidamente, y camine con paso acelerado dejando atrás a mi maestro que me observaba con mirada grave, y al niño que corrio a reunirse con sus compañeros.
Me refugie en el umbral de una casa, y sentadome, puse mi rostro entre mis manos y comence a llorar. Me habia prometido anteriormente no volver a demostrar mis sentimientos de esa manera. No me parecia digno de un hombre. Pero alli, solo, y dandome cuenta de lo que nunca podria ser, de todo lo que habia perdido, y de la incertidumbre hacia lo que vendria, las lagrimas resbalaban de mis ojos y me desahogaban.
No habia pasado mucho tiempo cuando senti un calido abrazo. Me levante, seque mi rostro, y mire a mi maestro a los ojos.
- No estas solo Murtagh.
Lo abrace, dejando otra vez mis sentimientos al descubierto. Pero con el no podia esconderme. Era la unica persona con la que me habia sentido a gusto, despues de todo. Cuando me separe, juntos nos encaminamos hacia los comercios, buscando ropa que se ajustara a mi tamaño.
Volvimos al castillo con algunas ropas nuevas, unos recipientes que Tornac necesitaba para preparar unas pociones, y unos frascos de tinta, pues tenia que aprender a escribir. La ciudad me habia parecido maravillosa. Aunque habia soldados por todos lados, y hasta se respiraba un cierto temor, la gente parecia pacifica y llena de vida. Habia niños, adultos y ancianos, todos haciendo sus quehaceres y preparandose para el invierno. Tenia intenciones de volver, y quizas, conocer a alguien. Esa noche pense mucho en la ciudad, y le dedique una mirada por la ventana antes de acostarme. La vida en el castillo era como ser un esclavo de todas maneras. Aunque ansiaba la libertad de poder correr por los campos y elegir mi camino, sabia que era muy pequeño para eso y que debia cumplir con mi educacion, lo quisiera o no. Tambien pense en el amigo que me habia ganado, y supe que mientras el estuviese a mi lado, no volveria a sentirme solo.
Entrene duro durante todo el invierno. Aprendi a pelear con espadas aun con una gruesa capa de nieve. Mis reflejos mejoraban, y mis musculos se hacian mas fuertes. Tambien aprendi a leer y a escribir, y Tornac me dijo que en primavera empezariamos con la magia y el control de la naturaleza.
Un dia, mientras iba a tomar un poco de medicina hacia la enfermeria, tropece con la ayudante de la cocinera, que se llamaba Treud. Llevaba un bebe en brazos, envuelto en finas telas. Me miro, aterrorizada y escapo corriendo. Cuando le pregunte a la hora de la comida por el pequeño, ella demostro indiferencia, sin darme ningun tipo de informacion. O sea que escondia un bebe en el castillo. Estaria enterado Galbatorix? Deje ese misterio sin resolver, pero estuve siempre atento a cualquier detalle que revelara donde escondian al niño, o quien era.
Apenas hubo empezado la primavera, Tornac me enseño el manejo del idioma antiguo. Como era muy pequeño, solo podia usar palabras como Risa, pero cuando mejore un poco, empece a detener flechas con Letta. Me gustaba la magia, pero entendia sus reglas y el mal que podia significar no cumplirlas. Tambien aprendi a lanzar flechas y a usar el escudo. Sin saberlo, estaba creciendo.
Continua en el cap 4... Si les gusto, haganmelo saber... - Matta ne!
