Disclaimer: Ninguno de los personajes de SNK me pertenece.

Capítulo 12 - Despertar de un sueño en una pesadilla.

Su cuerpo estaba derrotado, pero no tenía sueño. Pocos eran los que podían conciliarlo después de una expedición, pero el ya había visto demasiado durante toda su vida como para que la causa de su insomnio fuera una mísera misión suicida. El pequeño toque que la taza de té propició a la mesa llenó un tranquilo y agradecido silencio que acompañaba al pequeño diablo, que disfrutaba a solas de su propio remedio contra la depresión. No eran sus mejores momentos, pero sabía que había empezado a salir de aquel foso tan oscuro y profundo en el que un fatídico y lluvioso día de tormenta lo había sumergido hace tiempo. Su soledad empezara a desprenderse de él desde que era directamente responsable de las vidas de su escuadrón especial. Nunca volvería a tener a aquellas dos personitas que un día le regalaran el placer de tener una familia, pero su vida empezaba a cobrar sentido de nuevo, aunque ese sentido hubiera venido obligadamente por un manipulador de ojos azules, pero volvía a tenerlo. El aún no sabía bien por qué, pero tener a aquellos cuatro a sus órdenes y bajo su protección le daba color a todo, su vida empezaba a no verse en blanco y negro, y todo cobraba importancia.

Dio el último sorbo a su taza de té, y la volvió a posar con un pequeño y seco golpecito contra la mesa. Se levantó de la vieja silla en la que siempre se sentaba y volvió a su dormitorio. Después de pasar el rutinario ritual de limpieza tanto de la habitación como higiénica se quitó la camisa y se puso el pantalón de pijama. Se metió en cama, mirando al techo sin ningún síntoma de sueño, y cerró los ojos. Los interminables segundos avanzaban a ritmo de aguja de reloj, convirtiéndose en pensativos instantes interminables, alargados por el aburrimiento. Se giró varias veces, apoyando su cabeza de un millón de formas, cambiando la almohada de posición, quitando y poniendo las mantas y conversando con sigo mismo de profundos temas de debate con sentido efímero, que desaparecería a la mañana siguiente. Estaba tumbado de espaldas a la puerta, observando el paisaje que se extendía más allá del cristal de su ventana, cuando escuchó las silenciosas pisadas de unos pies desnudos. Unos suaves brazos lo rodearon, tirando de él hacia atrás. La cabeza de la intrusa se escondió detrás de él, apoyándose entre sus omóplatos, y todo volvió a la normalidad, todo volvió al silencio como pasaba todas las noches.

-Ya hemos hablado de esto muchas veces Ral.

-...

-Debes aprender a soportarlo tú sola.

-No quiero hacerlo yo sola. No se puede.

Ninguno de los dos dijo nada durante un tiempo, pero los dos sabían de antemano donde solían acabar aquellas noches. Levi intentó hacer como si no pasara nada, como siempre, aun sabiendo que no funcionaría. Las manos que los rodeaban empezaron a subir desde su vientre hasta sus hombros, juntando mas los dos cuerpos, y su nuca empezó a notar la agradable piel de los suaves labios de la chica, que sonreía dolorosamente por seguir allí, pero aún sabiente que esta podía ser la última vez, que quizás mañana la devoraran, y que quizás todos los que habían sido devorados esa tarde merecieran mas vivir aquella noche que ella. Pero por eso la disfrutaba, porque esa era la única manera en la que creía vivir bien la mala vida que le había tocado vivir. El nunca estaba de acuerdo, pero sabía que siempre estaba agradecido de hacer lo incorrecto en las noches en las que ella se lo pedía. El moreno se giró hacia ella, rodeándola también con sus manos, y desistiendo de resistirse, como solía pasar en aquellas noches.

Cuando la luna se escondió tras las montañas y el sol tomó su relevo la chica ya no estaba allí. Ni ella, ni la ropa que había dejado a los pies de la cama. Se levantó y volvió a comenzar su rutina de limpieza diaria. Una vez todo en orden, se vistió y bajó las escaleras hacia el comedor. Desayunó solo, ya que siempre se levantaba antes que los demás para poder hacerlo y salió al campo de entrenamiento. El sol de aun acechante en la mañana estiraba su sombra, alargando su silueta por el suelo. Todo se mantenía silenciosamente en calma, pero de pronto se dio cuenta de que no estaba solo en aquel lugar. Desde los árboles que rodeaban el cuartel una grave voz gritaba su nombre. Se escuchaba lejana, como un eco entre los árboles. Empezó a caminar, y a medida que se acercaba a los árboles se iba haciendo más fuerte y claro -Levi! Levi! -Aquella voz le era tremendamente familiar, pero aún no consiguiera reconocerla totalmente, pero justo antes de que pudiera adentrarse en el bosque una mano lo agarró del hombro.

-Heichou...

Petra lo miraba sonriente, tirando de su hombro hacia atrás, intentando impedirle adentrarse en la arboleda, pero los gritos seguían sonando, aumentando de intensidad. Miró hacia el bosque, pero no vio el emisor de los gritos. Volvió a mirar hacia la chica de grandes ojos claros, pero esta vez su dulce sonrisa estaba impregnada en sangre.

-Levi!

Nada más abrir los ojos lo único que pudo ver fue a Erwin arrodillado a su lado, con la capa impregnada en rojo.

-Levanta Levi!

El rubio tiró de él, levantándolo del suelo y cargándolo a la espalda. El comandante empezó a correr mientras el suelo retumbaba tras ellos. Los pies del gigante se acercaban rápida y peligrosamente, pero Erwin consiguió adentrarse entre los árboles, bajando a gran velocidad el terraplén por el que se viera obligado a tirarse. Los dos cayeron entre las ramas y la maleza del empinado desnivel, acabando por sumergirse en pequeño rio con bastante corriente.

La fuerza del agua empezó a empujar su cuerpo hacia abajo, pero consiguió aferrarse a una de las raíces del robusto árbol que columpiaba sus ramas sobre el raudo caudal del agua. Entre la impresión que se había llevado al salir de su sueño, junto con el agudo dolor que lo recorrió de pies a cabeza y todo el agua cayendo sobre el solo pudo detectar la imagen de Erwin saliendo del rio, escalando entre unas rocas. El rubio se acercó precariamente para socorrerlo, dejando tras de sí algunas manchas de sangre, pero cuando lo agarró de la mano y empezó a sacarlo del agua, otra enorme silueta humana volvió a aparecer, estirando su mano hacia ellos. Erwin se lanzó de vuelta al rio, agarrando a Levi y dejándose llevar por la corriente. Todo era muy confuso durante los primeros momentos, la corriente los empujaba hacia abajo, de un lado a otro pasando con fortuna entre puntiagudas piedras y levantándolos en el aire durante algunos saltos provocados por el escarpado terreno. Los dos soldados viajaron bruscamente a la deriva, mientras que una jauría de titanes hambrientos intentaba atraparlos. Parecía que nunca iban a conseguir salir de aquella prisión de agua hasta que Levi consiguió frenarse en una roca, agarrando a Erwin por su único brazo del que tiraba hacia la orilla, consiguiendo así llevarlo a tierra. Tras pisar tierra el manco tiró hacia sí de Levi, sacándolo del rio junto a él. Se quedaron allí tirados durante unos segundos en los que sus cuerpos no les permitían seguir, pero no mucho después el rubio volvió a cargarlo a espaldas y se echó a correr siguiendo el río.

Levi quiso bajar y echar a correr, pero su cuerpo no respondía bien. Lo único de lo que era consciente de sentir en aquel momento era el dolor que ocupaba todos sus sentidos, inutilizando su cuerpo parcialmente y dejándolo indefenso. Erwin fue bajando el ritmo, jadeando cada vez más hasta que por fortuna llegaron a una especie de "cueva" de poca profundidad escondida entre las altas y rebuscadas hiedras que colgaban del barranco situado encima de la misma. Tras quitarse la capa y tumbar a Levi sobre ella, el comandante empezó a quitarse con sumo cuidado la camisa, dejando a la vista la gran herida aún sangrante, que humedecía en sangre todo su costado y la parte inferior de su único brazo. Rivaille lo observo allí sentado, mientras intentaba remendar la gruesa y onda llaga, intentando untarse la especie de mejunje que solían llevar en los bolsillos del pantalón. Erwin se lamentó en silencio de la pérdida de su otro brazo, ya que cada vez le resultaba más difícil ser eficiente en su vida como soldado.

Tras una larga espera en la que Smith aplicaba las mas basicas curas a su herida, se acercó a Rivaille.

-Date la vuelta.-Dijo el rubio acuclillado a su lado con voz cansada.

-Estoy bien, duérmete.

-Rivaille, date la vuelta.

-Que estoy bien joder. Yo haré la primera guardia.

-No vamos a hacer guardias hoy Levi, ninguno de los dos aguantará mucho tiempo si no dormimos esta noche. Ahora date la vuelta cabo, es una orden.

Levi bufó molesto por las palabras de su comandante y intentó girarse, cuando de pronto un agudo dolor volvió a recorrer todo su esqueleto. Erwin lo ayudó, poniéndolo boca abajo y levantó su camiseta, dejando ver la gran contusión que tenía en la espalda. Todo su omóplato izquierdo estaba adornado con diversos cortes y heridas varias, que llegaban casi hasta su cadera, aparte de el preocupante color morado oscuro de toda la parte superior de su espalda.

El rubio contuvo su preocupación intentando que el sargento no se percatara de la gravedad de su situación. Cualquiera persona normal en las condiciones en las que se encontraba el moreno tendría como mucho la oportunidad de servir como cebo para titanes en nombre de la humanidad, pero aquel hombrecito no era para nada una persona normal, y Erwin no se permitiría dejarlo atrás. Empezó a masajear con cuidado su columna vertebral, confirmando que no se había fracturado ninguna vertebra. Todo iba según lo previsto hasta que llegó a una de las últimas vertebras antes de la cadera. Una especie de bulto sobresalía en aquel punto, un bulto que se movía al tacto, que estaba parcialmente descolocado de su sitio, una vértebra rota. Erwin cerró los ojos, maldiciendo a la vida en sí misma por ser tan cruel, y dejó su masaje. Tapó a Levi con las dos capas, y le obligó a no moverse durante la noche atando sus tiras de cuero al rededor de su cuerpo, envolviéndolo entre ambas túnicas. Después de asegurarse de que el pelinegro no se lesionaría mas en sueños se tumbó al final de la cueva, usando el calor de la pared cómo abrigo y dejó a su cuerpo descansar, rindiéndose al cansancio, sabedor de que seguramente aquel día las halas de la libertad habían perdido su más importante componente. Levi no volvería a caminar, ni a alzar el vuelo nunca más. Aquel día los titanes habían inutilizado al más "colosal" de los soldado de la humanidad.

Esa misma noche, en un lugar igual de perdido en aquel enorme mundo:

Los caballos estaban al límite del colapso, corriendo con todas sus fuerzas por preservar la vida. A su vez, los gigantes pies que pisaban la tierra escasos metros más atrás también corrían rápidamente, pero por razones completamente opuestas. Los caballos habían aguantado el ritmo por ahora, pero no durarían mucho más, y entonces los cuatro chicos-titán tendrían que convertirse, lo que no era una buena noticia ya que llamarían demasiado la atención, y seguramente empeorarían las cosas. Las fuertes pisadas se iban acercando paulatinamente a ellos, obligándolos a tener que actuar con rapidez, entonces Armin tomó la decisión de girar hacia la derecha, separando a uno de los titanes que los perseguía.

-Connie despista tu al otro!

-Si!

El chico de pelo rapado cambió también su dirección, avanzando hacia el lado izquierdo, y separando así al segundo persecutor. Al verlo, Mikasa entendió rápidamente el plan de su amigo y empezó a disminuir la velocidad de su caballo posicionándose a la espalda del primer titán, junto con Jean; preparados para acabar con él. Mientras tanto, Shasha se dispuso a hacer lo mismo, pero en cuanto se dispuso a perseguir a la bestia se dio cuenta de que esta ya había sido asesinada por Reiner, que acababa de bajar de la nuca del monstruo y se disponía a subir a su caballo. En cuanto al otro lado, la pelinegra estaba a punto de rebanar el cuello de su adversario, pero de pronto, otro titán apareció de entre los árboles, abalanzándose sobre el caballo del rubio.

-Armin no! -Gritó Mikasa preocupada, lanzándose a la ayuda de su amigo.

El muchacho de ojos azules volvió a incorporarse después de caer estrepitosamente de su caballo. Miró hacia atrás divisando a su atacante acercándose increíblemente rápido. Mikasa se acercaba pero aún muy por detrás de su atacante. Todo parecía ya perdido cuando su cuerpo se elevo en el aire, apartándolo de la trayectoria del titán justo antes de ser devorado. Berthold lo sujetaba con fuerza surcando el aire impulsado con el gas, mientras que al nivel del suelo, el titán arremetía contra Mikasa, que consiguió esquivarlo por menos de un pelo de los de Connie, pero perdiendo el equilibrio en el acto. Se levantó rápidamente e intentó llegar a donde su caballo, que se alejaba corriendo despavorido. El titán se dispuso a volver a por ella, pero aún antes de que pudiera cambiar de dirección una pequeña y elegante rubia aterrizó sobre su nuca, asesinándolo sin mostrar expresión alguna.

La gélida mirada de Annie la señaló, burlona ante el hecho de que le había salvado la vida. La morena miró hacia otro lado, mordiéndose el labio inferior, conteniendo su rabia, cuando Jean la recogió rápidamente en su caballo.

-Sube rápido, le he cortado los tendones a aquel titán pero no tenemos demasiado tiempo.

Toda la tropa volvió a reunirse, reenganchando la huida en conjunto.

Corrieron durante un buen rato, alejándose lo máximo posible de aquel hervidero de titanes con el que se habían topado anteriormente. Era difícil adivinar la hora en la que se encontraban, ya que el sol, que ya debía haberse elevado en el horizonte hace tiempo era ocultado por unas nubes negras, que se adueñaban del cielo trayendo con ellas un mal presentimiento. Las tormentas nunca eran bienvenidas fuera de los muros.

Continuará...