Disclaimer: Ninguno de los personajes de SNK me pertenecen.

Capítulo 13 - Desahogo, calor y adrenalina.

La única cosa que se podía percibir en aquella niebla eran los gritos de la cuadrilla, intentando no separarse unos de otros. El sol solo era un tímido destello que pretendía sin éxito iluminar el camino. Las bengalas ya no servían de nada en medio de aquella gran nube gris, y los gritos solo conseguían hacer más tensa la situación. Los titanes no habían parado de llegar, durante todo el día habían estado acosando a los muchachos, que por habilidad o por fortuna todavía conseguían mantenerse juntos y con vida. La lluvia caía sobre la cara de Jean, quién cabalgaba en línea recta, rezando por no encontrarse de frente con la muerte, y rezando también para que ninguno de sus compañeros lo hiciera por él. Notaba los brazos de Mikasa abrazándolo desde su espalda, protegiéndose con el de la molesta lluvia, lo que lo motivaba y empujaba a seguir adelante. Esta vez no era él quien dependía de los actos de la morena, si no que la vida de aquella morena dependía completamente de los suyos. La verdad es que debería ser él el que tomara las decisiones ya que el comandante lo había ascendido de rango hace tiempo, pero..¿en realidad era el adecuado para aquel puesto? De momento aún no tenía respuesta para esa pregunta, pero sí sabía lo que debía hacer en este mismo momento, así que espoleó a Bullfart una vez más, acelerando su paso, luchando contra las frías gotas de agua y el gélido viento que cortaba su cara. Pero esa lucha solo conseguía hostigarlo, incitándolo a luchar contra el frío y pelear hasta calentar la temperatura. Las siluetas de unas grandes piernas aparecieron en su camino, pero no se detuvo, si no que aceleró, pasando entre las dos torpes y grandes sombras que temblaron dubitativas al fallar en el intentó de agarrarlo. Su sudor empezó a humedecer su cara junto a la lluvia, pero entre todo aquel intenso ambiente de peligro mortal consiguió divisar más claridad delante de sus ojos, y corrió hacia ella como si le fuera la vida en ello, ya que era un hecho que lo hacía.

La crin de su corcel comenzó a brillar cuando los primeros destellos de sol atravesaron el espeso pero intangible manto gris que lo empezaba a desaparecer tras sus espaldas. El arcoíris se mostró también sobre sus cabezas, aparecido en la confusa situación de frío, lluvia y sol al mismo tiempo. Desde la niebla comenzaron a salir también sus compañeros, cabalgando a toda velocidad, trayendo consigo a los incansables asesinos caníbales, que parecían salir de debajo de las rocas. La mayoría de los caballos ya no podían seguir corriendo, habían pasado demasiado tiempo a un muy alto ritmo. Jean comenzó a buscar alternativas mientras analizaba la situación con la mirada. Shasha avanzaba sin demasiados problemas justo por detrás de ellos, un poco más atrasado iban Eren, Annie y Reiner, intentando recuperar el terreno perdido y aún más atrás se encontraba un caballo negro, que corría ya extenuado con Berthold y Armin sobre él. Pero...

-Donde están Connie y Christa?!

-No lo sé, estaban cerca hace un poco, creía que ya estaban más adelantados!

-Mierda!

-Hay que volver!

-No podemos Shasha, sería un suicidio!

-No voy a dejarlos atrás.

-Y que mierda hacemos ahora? -Dijo Eren angustiado.

- Para situaciones desesperadas, medidas desesperadas.-Respondió Reiner, mirándose la muñeca. -Belth, es el momento!

-Si!

Annie se llevó la mano a la boca también, pero alguien la agarró de la muñeca. Eren la miró fijamente, apretando su mano con mucha fuerza.

-Tú no te quedas atrás, aún tienes una muralla que reconstruir.

Sus miradas volvieron a cruzarse, fijándose una en la otra durante unos intensos instantes. Finalmente la chica bajó su mano, volviendo a agarrar las riendas de su caballo. Y en ese momento dos grandes relámpagos colorearon todo el paisaje de un brillante amarillo eléctrico, denotando la transformación de los dos amigos, que se alzaron con su mayor esplendor.

El titán acorazado se lanzó rápidamente hacia delante, perdiéndose en la niebla nuevamente mientras que el colosal empezaba a caminar, dando colosos pasos lentos y fuertes, haciendo que todos los pájaros que se refugiaban entre las hojas de los árboles huyeran en bandada a cada pisada. Pronto empezaron a escucharse rugidos de dentro de la niebla, terroríficos gritos provenientes de aterradores monstruos. Gritos que retumbaban en sus vientres del intenso volumen con el que eran exhalados, gritos que encogían el alma, y gritos que solo atraían mas bestias.

-Vamos chicos no podemos quedarnos a esperar aquí, o no lo contaremos!-Gritó Armin, evitando no pensar en lo que acababa de decir. El no era el tipo de persona que deja atrás a sus compañeros, pero sabía lo que era mejor, así que solo dejó que sus palabras se escaparan sin permiso.

-Pero ellos...

-Christa no hay tiempo, vamos. -Ordenó Mikasa desde el caballo de Jean, que ya empezaba retomar el ritmo.

Toda la tropa siguió avanzando aprovechando la gran distracción que ocupaba a los titanes que los perseguían antes, intentando ganar el máximo terreno posible. Los momentos siguientes prosiguieron en silencio, un silencio que trajo con el uno de esos instantes en los que las dudas y las inseguridades se apoderan de tu mente, y no te dejan pensar con claridad. Jean miró hacía atrás, dedicándole una mirada a su compañera, que se la devolvió seria. El muchacho se quedó mirándola durante un rato, pensando en la seguridad que le daba tenerla allí, primero porque ella podría protegerlo de innumerables titanes, y segundo porque de esa forma él podía protegerla a ella también. El chico le otorgó una sonrisa intentando tranquilizarla, aunque ella era la que más calmada estaba de los dos en aquel momento por mucho que a él le gustara pensar lo contrario. Jean giró la cabeza, volviendo a mirar hacia el frente cuando de repente una bengala roja se alzó en el cielo de entre la arboleda de la derecha.

-Una bengala?

-Jean debemos ir hacia allí!

-Si!

Armin se adelantó, internándose en la arboleda rápidamente, cosa que repitió el resto de la cuadrilla. Después de un pequeño bosquecillo el terreno volvió a ensancharse, dando lugar a otra explanada similar a en la que se encontraban anteriormente. En ella se concentraba un amplio número de titanes, que movían sus brazos en aspavientos intentando atrapar a los pequeños soldados que volaban a su alrededor, como cualquiera de nosotros intentara aplastar a una miserable mosca.

-Al ataque! -Gritó Jean hostigando a su corcel mientras se preparaba para la ofensiva. Mikasa fue la primera en lanzarse a volar, desenfundando sus cuchillas y elevándolas sobre su cabeza preparando el exitoso golpe que propiciara a la primera de las criaturas que se había encontrado. No pasó mucho más tiempo antes de que el segundo titán callera ante su elegante brazo, asesino y salvador al mismo tiempo ya que los pobres desgraciados que peleaban junto a ella no seguirían respirando si no fuera por ese mismo brazo de muerte que ya alzaba contra el siguiente de sus enemigos. Para cuando acabó su primer par de cuchillas todos sus compañeros ya se encontraban peleando. Ya solo quedaban cuatro supervivientes de los 7 con los que llegara la capitana Cintia Williams, pero a cambio el número de titanes se había reducido considerablemente. El verdadero problema no era otro si no que los titanes no paraban de llegar de dentro de la niebla, o de entre los árboles de los bosques, impulsados por sus instintos asesinos, lo que hacía imposible la victoria de aquella batalla. Shasha giraba alrededor de uno de los demonios, alejándose durante unos instantes de la batalla, instantes en los que sus ojos analizaron la situación en la que se encontraban: Mikasa seguía rebanando nucas, al igual que Cintia y en algunas escasas ocasiones cualquiera de sus otros compañeros; pero esto no era suficiente. Cada vez las bestias se lanzaban con más fuerza a por ellos, provocando que se gastara más gas, cosa que no les beneficiaba en nada. Disparó el siguiente de sus arpones directo a la clavícula del titán, pero este no se enganchó con éxito en el cuerpo del monstruo, dejándola completamente descontrolada en el aire. El suelo se acercaba rápidamente, mientras ella intentaba frenar su caída disparando su gas hacía la tierra, lo que la freno considerablemente impidiendo un golpe fatal, pero sin evitar del todo la caída.

-Braus!

Shasha aún levantándose intentando orientarse después del golpe sintió como alguien la empujó, volviendo a tirarla en el suelo, y luego solo un estruendo que hizo temblar el suelo como la frágil cuerda de una guitarra. La chica miró hacia delante, divisando el cuerpo de Celia tendido en el suelo bañado en sangre bajo la poderosa mano del titán.

-Mi..erda...-Susurró la rubia, con una visible mueca de dolor en su rostro.

Shasha se levantó rápidamente para acudir en la ayuda de su salvadora, pero Eren se le adelantó rebanando la nuca del titán, para caer después por su espalda. El castaño se levantó torpemente y montó en su caballo, consciente de que en aquel momento la batalla estaba perdida, por lo que la planteó como un rescate.

-Retirada! -Grito el chico mientras cabalgaba junto con el caballo de Shasha en ayuda de sus dos camaradas. Mikasa y Jean hicieron lo mismo, al igual que el resto de supervivientes del escuadrón de la capitana Williams. Los titanes comenzaron a perseguirlos, comenzando otra de tantas persecuciones en aquella tarde. Pero nadie sobreviviría esta vez si las cosas no cambiaban pronto, y las cosas cambiaron mucho más rápido de lo que ellos pensaban con el estruendo de otro relámpago. Titán-Eren recogió en sus manos a todos los que pudo, y echó a correr todo lo velozmente que sus piernas podían hacerlo. Annie siguió su ejemplo, agarrando al resto de los soldados entre sus brazos y escapando a paso ligero tras Eren. Los dos titanes corrieron durante largo tiempo en el que las pocas nubes que quedaban se fueron disipando, para dejar una completamente despejada puesta de sol, con la que apareció también un pequeño pueblo fantasma, parecido al que usaran para dormir la noche pasada pero con bastantes más casas. Los dos gigantes descansaron allí sus cuerpos, posando en tierra firme al resto del grupo. Eren salió de la nuca de su anterior cuerpo, ayudado por Armin y Mikasa, mientras que Annie era sacada a la fuerza de su coraza de piel por los tres camaradas de Celia, que la tiraron bruscamente al suelo y colocaron una cuchilla en su garganta.

-Eh parad, está de nuestro lado! -Dijo Armin intentando calmar los ánimos de los soldados.

-Es un titán, no está de nuestro lado.

-Es necesaria para la misión. -Respondió Mikasa con tono desenfadado.

-La chica tiene razón. -Apoyó Celia, hablando con mucha dificultad. -Llevadla a dentro de la casa y atadla allí. Aseguraos de que no pueda hacer nada.

-Sí señora!

Los tres chicos se llevaron a Annie, que intentaba zafarse sin éxito ya que su cuerpo aún estaba demasiado resentido de la transformación.

Todo el resto del personal entró también en la casa, explorándola de arriba abajo en busca de alimento, y preparando una de las habitaciones del segundo piso para dormir en ella. No habían encontrado comida así que ninguno se lo pensó dos veces antes de tirarse a descansar. La estancia se quedo en completa calma, con el único ruido de los susurros de Armin intentando calmar a Shasha, que lloraba en bajito. Eren descansaba con los ojos cerrados, fingiendo dormir por lo que ninguno de sus dos amigos de la infancia se preocupara más por su bienestar. El no era la persona que más lo necesitaba, no estaba herido, no estaba ni en mal estado comparado con la capitana, además de que simplemente, no quería contacto físico o social alguno en aquellos momentos. Lo único que quería era acabar con todos ellos, cada día con más fuerza. Solo necesitaba desahogarse, solo necesitaba eso, así que esperó a que todos se durmieran. Los segundos de espera se convirtieron en minutos, y los minutos en horas, horas que invirtió justa y únicamente en pensar sobre toda la mierda que estaba viviendo aquellos días, sobre el estado en el que podrían encontrarse Connie y Christa, sobre la sangre de la que se había impregnado en la batalla, sobre la satisfacción que le daba acabar con uno de ellos, en el asco que le producía cuando veía a uno y sobre todo en el odio que ocupaba su mente.

Sus ojos se abrieron de par en par sin poderlo contenerlo más, y se levantó suavemente, deslizándose por la habitación en completo silencio. Bajó las escaleras decidido a soltar toda su rabia. Las mariposas que el odio despertaba en su estómago no se calmarían hasta que su cuerpo las obligara a dejarle descansar. Necesitaba desahogo, necesitaba violencia, necesitaba algo fuerte que acabara con todo. Necesitaba venganza.

Cuando por fin llegó al desamueblado y viejo salón la encontró, arrodillada de espaldas a la pared de la que colgaban sus manos, atadas por las muñecas al tosco perchero de madera encima de su cabeza. Ella lo miró con el ceño fruncido, sorprendida de verlo allí . El chico se acercó a ella sin mediar palabra y la desató, liberándola también de la mordaza que tenía en la boca.

-Que haces?

-Cállate.

El muchacho tiró de su muñeca, obligándola a ponerse en pie y se la llevó por la puerta. Caminó durante algún tiempo haciendo caso omiso de las preguntas de la chica, que cesaron de aparecer ante la obvia razón de que no iban a ser respondidas. Tampoco se quejó, ya que la había liberado, así que se dejó llevar, intrigada por el lugar al que la llevaba. Eren se perdió entre las casas de aquel poblado, cruzando callejones y calzadas hasta que llegó al límite de la urbanización. La llevó más allá de los primeros árboles que rodeaban el abandonado pueblecillo fantasma en el que aún dormían el resto, hasta encontrar un pequeño claro en el que un pequeño rayo de luz de luna conseguía entrar. En ese momento se detuvo, suspiró una vez y con un brusco y repentino giró le propicio un fuerte puñetazo a su acompañante. Annie calló de culo al suelo, aún sorprendida por el ataque, admirando como Eren se ponía en guardia, esperando a que se levantara. Los ojos de la chica se encendieron en ira mientras se recomponía del golpe. Ella dejó que su pelo se desatara deshaciendo el moño que solía llevar y también se puso en guardia, mirándolo con odio y le atacó intentando engancharlo con una patada en el costado, que Eren recibió sin intento alguno de apartarse. Annie lanzó un golpe tras otro, acertando con todos en el cuerpo de su contrincante que simplemente los recibía sin recular. Lanzo un último puñetazo con la intención de derribarlo, pero solo consiguió hacerlo retroceder unos pasos. -¿Eso es todo lo que tienes? - Se burló el chico con una sonrisa demente en su rostro y entonces se lanzo al ataque, en una descontrolada embestida que Annie consiguió esquivar fácilmente, intentando hacer caer al muchacho poniéndole la zancadilla, pero el simplemente se llevo su pierna por delante y volviendo a intentar envestirla. Los dos contrincantes se golpearon salvajemente durante un buen rato, abriéndose cortes y heridas, cebándose uno con el otro brutalmente, desahogando todo el odio y estrés en su enemigo. Eren fue inmovilizado contra uno de los árboles tras fallar un puñetazo, mientras la rubia de ojos azules lo agarraba de las dos muñecas, una con cada mano, empujándolo contra el gordo tronco de madera. Durante unos instantes los dos se quedaron cara a cara a solo unos centímetros de distancia, gruñéndose y cruzando sus miradas furtivamente, mirándose con un instinto completamente animal, felino y salvaje que invadió sus mentes. Eren le mantuvo la mirada a la chica, perdiéndose en sus enormes ojos azules que se percibían especialmente bonitos en aquel momento. Su pelo recordaba a su estado en forma titán, encendiendo aún más esa enorme sensación de adrenalina que lo ocupaba por completo, haciéndole perder la cabeza casi igual que cuando se transformaba. Un rodillazo de la muchacha rompió aquel efímero instante de "pausa", a lo que Eren reaccionó con lo primero que se le vino a la cabeza, que no fue otra cosa que morder su cuello con fuerza, confundiéndola y provocando que una de sus manos lo soltara para intentar apartarlo. El chico aprovechó ese fallo para propiciarle otro de tantos puñetazos con la que la desequilibró y la llevo al suelo, sentándose encima de ella, justo igual que aquella vez. Ella consiguió esquivar los dos puñetazos que Eren le lanzara, tirando de su brazo hacia un lado y levantando la cadera, aprovechando la fuerza del moreno para tirarlo al suelo. Ahora ella se encontraba encima, agarrándole una mano, pero cuando lo iba a rematar el ojiverde consiguió agarrarle a ella la suya, comenzando un forcejeo en el que ambos rodaron sobre el suelo, intentando inmovilizar a su rival. Los mordiscos y arañazos comenzaron a predominar en el encarnizado enfrentamiento, rasgando la piel de los dos, y humedeciendo sus cuerpos con el sudor del otro. La pelea iba confundiéndose con una especie de revolcón en el que los dos comenzaron a morderse más que hacerse daño, transformando el odio en atracción, mezclando la realidad con la imaginación, asesinando cualquier resquicio de estrés, convirtiendo el dolor en adrenalina, aumentando la temperatura, la confusión y la pasión, acabando por convertir su enfrentamiento en otra cosa completamente diferente; hasta que sus bocas se encontraron, cosa que no acabo en absoluto con el trance en el que se encontraban, si no que lo incentivó, haciéndolos perder el control por completo.

Mientras tanto, aún dentro de la casa...

-Heichou...

Sus ojos volvieron a abrirse, reflejando el desagrado del sueño del que acaba de escapar. Ese sueño que creía haber olvidado ya, ese maldito sueño con el que tantas noches se había despertado cuando su escuadrón se esfumara. Escuchó la pausada respiración de Erwin, que dormía plácido a unos cuantos metros de distancia. Ya habían pasado allí casi 26 horas, y el rubio aún no le permitía zafarse de sus ataduras. Eso no le daba muy buena espina pero bueno, él tampoco se veía demasiado capaz de moverse en aquel momento, cuando de pronto se dio cuenta de que no se encontraban solos en aquel agujero.

Unas botas se detuvieron delante de él, botas bajo las que se apagó una colilla. Intentó identificar al intruso pero este le tapó los ojos con la mano.

-Tranquilo pequeñín, todo irá bien.

Le dijo un susurro con un timbre de voz completamente conocido para él, pero era imposible...Su cabeza estaba demasiado confusa en aquel momento, y sus músculos demasiado cansados como para reaccionar. El desconocido agarró su mandíbula, obligándole a abrirla y le hizo beber un extraño y ardiente que se deslizo por su garganta, prendiendo en fuego todo el interior de su cuerpo, llenando todo su interior de una especie de líquido que se evaporaba, llevándose con el todo lo que ocupaba los suburbios de su anatomía. Los sonidos se intensificaron al igual que lo hicieron sus cinco sentidos, abrumándolo entre confusos estímulos provenientes de todo lo que lo rodeaba, y dejando su mente en blanco mientras que su espalda se deshacía en dolor, un dolor que él no pudo soportar y del que escapó hacia dentro de su subconsciente, donde solo encontró oscuridad.

Continuará...


Bueno, y eso fue todo por este capítulo. Ya vamos por el decimotercer fragmento de mi historia, en el que ha vuelto a aparecer este misterioso individúo que lleva influyendo en la historia de una forma importante desde los primeros capítulos, aunque aún no os hayáis dado cuenta. Las cosas ya han empezado a enrevesarse y aún existen varias preguntas sin respuesta. Preguntas que se irán resolviendo con el tiempo, mientras tanto intentaré hacer esta aventura lo más amena posible. Espero que no os aburra el ritmo relativamente lento de las acciones, pero sinceramente me encanta describir las situaciones, lugares y sentimientos de la trama lo más detalladamente posible. Espero de corazón que sigáis leyendo esto, y doy mil gracias a los que comentaron la historia. A parte de esto invito a los que aún no lo hicieron a que lo hagan, ya que siempre es reconfortable ver que la gente se interesa. Muchísimas gracias por leer y que tengan un buen día ;)