Disclaimer: Ninguno de los personajes de SNK me pertenecen.
Capítulo 14 - Tesoro.
"Toc Toc."
-Quién es?
-El titán acorazado. Si no abres la puerta la tiro abajo.
-Silencio incómodo-
-Eres completamente gilipollas.
-O vamos, nadie tiene sentido del humor aquí?
-Solo cierra la boca. -Dijo Eren mientras abría la puerta de la casa.
Reiner lo miró divertido, mientras que Belth era ayudado a mantenerse en pie por Connie y Christa. El castaño de ojos verdes se hizo a un lado, dejándolos pasar.
-Hey chicos, ya estamos de vuelta!
-Connie? Christa?-Dijo Armin bajando las escaleras desde la habitación.
El rubio abrazó a los dos muchachos efusivamente, abrazo al que rápidamente se unieron Shasha y Jean que bajaban detrás de él. Eren sonrió mirándolos con cariño y cerró la puerta, mientras que Belth reía confuso sin saber que hacer envuelto en medio de la calurosa bienvenida. Armin lo miró, regalándole una sonrisa.
-Gracias chicos. -Dijo el rubio refiriéndose también a Reiner, quien asintió con la cabeza a las palabras del chico.
Annie se acercó también a sus dos amigos, completamente tapada con una chaqueta que le quedaba bastante grande, seguramente procedente de algún armario de aquella casa y se dejó estar a su lado a modo de saludo. Reiner la agarró pasándole un brazo por encima de los hombros y le acarició el pelo.
-Nos echaste de menos?
-En absoluto.
-Pss, ni que no supiera yo lo mucho que ansiabas volver a tocar mi espléndido cuerpo.
-Claro que si Rein, claro que si...-Respondió la rubia dándole unas palmaditas en la espalda a modo de consuelo mientras le daba la razón como a los tontos.
A Jean se le escapó un amago de risa, divertido tras volver a escuchar otra de esas innumerables bromas que Reiner solía hacer. Aquel engreído era un capullo muy gracioso, y aunque le costara admitirlo, era uno de los que mejor le caía en la academia y lo echaba de menos.
Mikasa bajó también al primer piso de la morada donde se encontraban ya todos sus compañeros. Eren la saludo desde detrás de todo el murmullo de gente, grupo al cual Armin la unió tirando de su brazo. Mikasa miró hacia su hermanastro, pidiéndole ayuda con la mirada. La chica nunca había sabido cómo reaccionar ante aquellas situaciones tan emotivas, siempre se veía perdida cuando se inmiscuía en una de ellas y aunque él tampoco podía decir de sí mismo que fuera un chico cálido y amable decidió unirse a la reunión.
Unas horas después todos se encontraban comiendo en una mesa ajena, esperando a que Shasha repartiera la comida que había conseguido encontrar. Al menos en esta casa había algo más que un irrompible cacho de pan.
La chica repartió la comida entre todos y se sentó a la mesa, deseosa de la ingesta.
-Que aproveche! -Dijo la chica patata justo antes de devorar su ración con ansia. A nadie le importó la grotesca forma de engullir de la muchacha ya que todos empezaron a imitarla justo después de responderle:
-Que aproveche!
La comida se convirtió en el centro de atención de toda la tropa durante unos minutos en los que todos disfrutaron del primer bocado decente que se habían podido llegar a la boca desde hace ya unos días. Aquella carne de conejo poco cocinada no era ninguna maravilla gastronómica ni muchísimo menos, pero les supo a pura gloria. Armin acabó bastante rápido su ración, dándole tiempo al rubio para fijarse en sus compañeros durante un instante. Shasha no paraba de cuidar a Cintia, quién simplemente rechazaba la ayuda e intentaba valerse por si misma, sin éxito claro está. Mikasa era de las que mejor se encontraba de todos, aún bastante entera tanto física como psicológicamente. Connie bromeaba con Jean como era habitual, pero esta vez Reiner también vacilaba con ellos, que aunque su presencia creaba una sensación un tanto incomoda ninguno de sus dos compañeros lo rechazaba del todo. Aquel rubio tenía una personalidad demasiado carismática como para no echarlo en falta. Berthold comía en silencio, sin saber demasiado bien dónde meterse tan solo rodeado de gente, mientras que Annie simplemente dejaba pasar el tiempo sin incomodarse en aquella soledad. La rubia estaba bastante abrigada de lo normal, lo que llamó la atención del agudo chico de ojos azules. ¿No estaría pasando mucho calor? Tendría que estar pasándolo si la comparabas con Christa por ejemplo, que vestía con una simple camisa y los pantalones del uniforme. La encantadora muchacha charlaba con los tres supervivientes del escuadrón de la capitana Williams, que asentían a todo lo que la chiquilla decía, mirándola como si fuera un ángel caído del cielo, lo que no era nada inusual. Mientras tanto, Eren simplemente comía en silencio, inmerso en algún pensamiento que ocupaba toda su atención. Armin lo observó durante un rato, cuando se fijó en una marca que asomaba bajo los cuellos de su camisa.
-¿Eren, eso que tienes ahí es un mordisco?
En cuanto la palabra mordisco salió de la boca del chico la fría rubia que se sentaba en frente de él tosió, como alterándose por aquella observación.
-Qué? Oh, eso...no...
-Cómo que no Eren, eso es la marca de una mordida. ¿Cómo te hiciste eso?
-Un titán...sí eso fue un titán, ahora me acuerdo. Un horrendo bicho con muy mala leche que se creía que podía vencerme.
El chico miró burlón hacia Annie después de decir esto, pero esta vez ninguno de los dos fue capaz de sostener aquella pelea de miradas que solían tener en cuanto ambas vistas se cruzaban.
-Eso no parece una mordida de titán Eren...
-Tú que sabrás Armin!?
-Hey no te alteres hombre, vaya humos...
-Tiene razón Armin, tú no sabes nada de titanes. -Añadió la rubia, mientras miraba por la ventana de forma desinteresada. -Yo vi como lo atacó aquel titán, aunque la verdad es que casi lo mata, y no era un titán tan feo, de hecho era bastante más agraciado que el...
-Qué?!
Eren se levantó de la silla enfadado, pero volvió a sentarse intentando no dejarse llevar.
-Así que fue un titán, ya... Bueno si tu lo dices supongo que será cierto...-Dijo el rubio con un deje de desconfianza.
-Bueno al menos aquel monstruo asqueroso sabía morder, eso sí sabía hacerlo...
Los ojos azules de Annie volvieron a atacar a la profunda mirada del moreno, quién, si las miradas matasen, ya estaría más que muerto enterrado muy hondo bajo tierra.
-Annie, y tú no tienes calor con tanta ropa?-Dijo Armin intentando deshacer aquel momento tan tenso que se había producido a partir de lo del mordisco, provocando que la tensión aumentara aún más. La chica se sonrojó y miro de nuevo por la ventana, intentando evitar que la gente se fijara en aquel detalle.
-Tengo frio. ¿Pasa algo?
-No, no, nada...
-Eh Jaeger quita esa cara de culo y dame un poco de agua.
-Oye, crees que voy a darte algo hablándome de esa forma cara caballo?
-Chicos, otra vez no por favor...
-Tú no te metas Belth, algunos queremos ver el espectáculo. -Protestó Reiner entre risas.
-Serás imbécil maldito gorila!
-Eren tranquilo!
-Eso Jaeger, a ver quién te crees que eres tu aquí.
-A mi porque Dancho te ascendiera de rango no me das miedo eh Kirstein!
-Si! Vamos, sangre! Queremos sangre!
-Pero que dices Reiner!?
-Se que tú también lo estas deseando Belth, a mi no me engañas.
-Parad de una puta vez, me estáis molestando.-Protestó una molesta Annie que comenzaba a cansarse.
-Ui cuidado, estamos molestando a la señorita.
-Quieres morir Jaeger?
-Oh dios, esto es una casa de locos!
-Sobre todo si contamos con Eren...
-Yo te mato capullo!
Entonces Eren se abalanzó sobre Jean, saltando torpemente de un lado a otro de la mesa. Ambos muchachos comenzaron a forcejear sobre la mesa, tirando con todo lo que se encontraba sobre la misma. Connie y Reiner comenzaron a animar cada uno a su correspondiente apuesta para la pelea, mirando atentamente a los dos contendientes entre carcajadas, mientras que Armin y Mikasa intentaban separarles. El descontrol lleno todo el ambiente, encendiendo los nervios de algunos y la risa de otros, pero todo aquel follón frenó en seco en cuanto se escuchó un fuerte golpe en la ventana.
Boom
Una mano morena se deslizó, despegándose del cristal el cual había marcado con sangre. Christa se levantó de la silla del susto, tirándola al suelo. Tras unos minutos de asimilación la pequeña corrió hacia la ventana y la abrió, para encontrar a Ymir tendida en el suelo.
-Ymir!?
Mientras tanto, en aquel mismo momento
La herida de su costado lo mataba de dolor a cada paso. Sus piernas ya no podían correr más rápido. Sus músculos ya no podían resistirlo más. Pero lo peor es que su mente seguramente fuera lo suficientemente resistente como para obligarlo a mantenerse consciente hasta que su corazón parara de latir. El titán le recortaba terreno rápidamente, pero ya no tenía escapatoria, el gas se le había acabado hace tiempo. La brecha volvió a abrirse, provocando que un dolor agudo proveniente de sus costillas lo frenara aún más. Miró hacia sus espaldas, para ver como su futuro verdugo era ajusticiado por un rápido y silencioso asesino.
El cuerpo inerte del demonio cayó estrepitosamente al suelo, y de su cabeza bajó él, saltando al suelo con elegancia. Sus felinos ojos lo miraron con suficiencia durante unos instantes, y comenzó a acercársele caminando mientras limpiaba sus cuchillas.
-Levi?
-En serio creías que uno de esos malditos pedazos de mierda me pudo conmigo?
-Cómo...?
-Levanta Erwin no seas inútil, tenemos trabajo que hacer.
Unas horas después.
Los dos oficiales caminaban sigilosamente entre los frondosos bosques de aquel valle, de vuelta en lo que según el rubio, seguía siendo una expedición de los cuerpos de reconocimiento.
-Así que un hombre vino por la noche, y te obligó a beber algo...?
-Si.
-Levi, aún así es imposible que puedas caminar.
-Me subestimas.
-No te subestimo, es pura anatomía.
-Mira por dónde me paso yo tu anatomía.
-Sigue sin tener sentido. ¿Quién era ese tipo?
-No lo sé, me tapó los ojos para que no lo reconociera, pero su voz tenía un timbre muy familiar, y me conocía.
-Te conocía?
-Sí, de eso estoy seguro.
Erwin guardo silencio y se adentró en sus profundos pensamientos. El día avanzaba y todo comenzaba a perder el sentido. Sus pasos eran lentos, y su cansancio y desesperación aumentaban por momentos. Estaban desorientados, completamente solos y perdidos en un mundo que parecía ser infinito, un laberinto sin paredes y lleno de depredadores en el que dos pequeños ratoncillos ignorantes se habían quedado atrapados. Pero tras un largo y enrevesado paseo entre enormes raíces y tortuosos senderos de alta maleza el camino se ensanchó y comenzó a empinarse. Las copas de los grandes árboles que los rodeaban se dispersaron, dejando que el cielo volviera a ser visible sobre sus cabezas. La luz del crepúsculo les golpeó en la cara, cegándolos durante unos instantes, pero en cuanto sus pupilas se adaptaron a la luz, pudieron observar una imagen que nunca olvidarían.
El mar.
Una gran inmensidad color azul se extendía hasta más allá del horizonte, reflejando la luz del sol como un espejo. Las piernas de Erwin cedieron, dejando que sus rodillas lo sostuvieran en el suelo, a escasos centímetros del vacío. Levi simplemente lo admiró, completamente inmóvil, completamente perplejo. ¿En realidad estaban frente al mar? ¿Realmente lo estaban viendo? El rubio miró hacia abajo desde el borde del acantilado, dejando que la primera de unas silenciosas lagrimas se escurriera desde su mejilla al vacio para fusionarse con aquel todo, con aquel tesoro de agua salada, con aquel sueño hecho realidad.
Entonces todo volvió a cobrar el sentido que hace tiempo había perdido, y los dos juraron ante aquella majestuosa obra de arte que no dejarían que ninguno de los niños entre las murallas vivieran una vida ajenos a la existencia de tal tesoro.
Continuara...
