Disclaimer: Ni SNK ni el fragmento de letra de "Muerte en Hawaii - Calle 13" me pertenecen. Esta es una historia escrita sin ánimos de lucro

Capítulo 21 - Un himno al coraje.

Cuando entraron en aquel bar la gente no los miraba con buena cara. Algunos ponían muecas de desagrado, otros de asco, algunos incluso miraban hacia otro lado, pero la gran mayoría reían burlonamente al ver el aspecto de los tres liantes que habían estado espiando a sus compañeros. Eren y Annie intentaban mantenerse algo alejados de estos tres, como fingiendo que no iban con acompañándolos, o que no los conocían, pero Reiner no se lo permitía ya que no paraba de acercarse ellos. ¿Lo haría apropósito? Seguramente si, ¿Por qué? Era Reiner, le divertiría molestar.

Los cinco niños-titán escogieron una mesa para sentarse hacia el centro del establecimiento desde la cual se podía observar al individuo sin ningún tipo de impedimento.

-¿Qué hará este tío aquí? ¿Ha escapado de los muros el solo?

-No lo creo. Ese hombre conocía de la existencia de este lugar desde hace mucho. -Respondió el rubio en un tono de seriedad.

-Cómo que ya lo sabía? ¿Qué pasa, lo conoces?

-Ese tío...

-Ese tío qué?

-Ese tío fue a visitarnos cuando nos teníais en el calabozo.

Todo se quedó en silencio.

-Que os...

-Sí. Cuando nos teníais prisioneros consiguió adentrarse en el calabozo. No podíamos estar seguros de si era uno de vosotros intentando conseguir información, si era una simple alucinación... Pero ahora nada de eso tiene sentido.

Entonces el grupo cayó, sumiéndose en una pausa dubitativa de lo que venía a continuación. Las conversaciones de alrededor pasaron de ser ruido a convertirse en información que los muchachos recibían sin prestar atención. A sus oídos llegaban las incoherentes divagaciones del borracho apoyado en la barra, los cotilleos del correveidile de la mesa de al lado, las viejas anécdotas amorosas que se contaban un cliente y el camarero de turno, o simplemente las degustaciones de vino que se repetían en las bocas de la pareja de enfrente; pero entre todo ese murmullo de diálogos o monólogos que se atropellaban al entrar por sus oídos sobresalió una cuestión que Ymir identificó cómo dirigida a sus amigos.

-¿Vosotros también os lo preguntáis eh?

Ninguno de los cadetes respondió a la pregunta, proveniente del aburrido hombre ebrio que se acababa de separar de la barra para saludarles.

-Todos por aquí nos lo preguntamos. Cada nueva alma que se salva y llega a Esperanza proviene del subterráneo, cómo tu y yo, pero ese hombre... ese hombre no viene de ningún sitio. Algunos dicen que consiguió llegar sin consentimiento de la realeza por el canal del hombre sin nombre, otros cuentan que simplemente él es el hombre sin nombre, las malas lenguas hablan de que fue traído aquí por los titanes y muchos otros piensan que no es más que un viajero que consiguió llegar en globo cómo muchos otros antes de que la tasa de población fuera sobrepasada. Pero la realidad es que nadie sabe quién es ni de donde proviene.

-¿El canal del hombre sin nombre?

-¿Tasa de población?

-¿Subterráneo?

-Acabáis de llegar eh? jajaja. Bueno, esa no es una historia de la que me acuerde del todo en estos momentos, ni tampoco voy a explicaros yo lo que es la maldita tasa, aún ni siquiera lo he comprendido del todo. -El viejo rió una carcajada ronca y grave. -Qué podría deciros yo, un viejo cazador lisiado al que la vida le ha jugado una mala pasada, un anciano moribundo ahogado en alcohol...

-No nos importa tu vida carcamal.

-Ymir! -Recriminó el alto moreno con reproche.

-No, no, la chica tiene razón. -Prosiguió el borracho. -Solo quiero algo de compañía, si queréis que os lo explique lo intentaré.

-Entonces es usted bienvenido. -Respondió Reiner mientras recogía prestada una silla de la mesa vacía de su izquierda.

El anciano se sentó con ellos a la mesa, y se acomodó entre su nueva compañía.

-¿Bueno, entonces, qué queréis saber?

Mientras tanto, ya en casa...

Cuando volvieron a la habitación se encontraron con la mayoría del grupo que saliera a investigar la ciudad esa misma tarde, a Petra y a Christa, que habían vuelto con las manos vacías a causa de la falta de dinero que Hanji les había proporcionado, y a su nula capacidad de regateo, y a los tres componentes de las patrullas de reconocimiento que se habían ido integrando en el grupo poco a poco.

Después de despedirse Jean había decidido subir a la habitación de arriba en busca de Connie, necesitaba tener una de esas charlas.

Cuando llego a la habitación se sorprendió al no verlo allí, pero pronto se dió cuenta de que su amigo se encontraba en el tejado al ver una pepita caer desde encima de la ventana.

-¿Qué haces ahí arriba idiota? Luego te quejas de los resfriados. -Dijo a forma de saludo Jean mientras subía al tejado junto al pelado.

-Ey! Mira a quién tenemos aquí, pero si es nuestro querido Casanova!

-Bo, quién me diera jajajajaja

-Sí, quién te diera...jajaja ¿Qué tal fue esa cita con tu princesita personal?

-No fue exactamente una cita...

-No me jodas hombre, venga cuenta.

-Bueno, pues la verdad es que me fue bastante mejor de lo que me esperaba.

-Oh dios mío, ¿cómo debo tomarme eso? ¡¿Lo conseguiste?!

-No...

-¿Te dejo darle un beso?

-No...

-¿Te dio un beso en la mejilla?

-Pues no...

-Pues vaya pringado.

-Connie!

-Es coña hombre, no te preocupes. ¿Pero entonces por qué estas tan contento?

-Bueno, ella no se aparto cuando le di un beso en la mejilla y creo que se sonrojó.

-En serio? Nunca esperé que llegaras tan lejos...

-Imbécil...

-Jajajaja. ¡Titular, titular! Señores y señoras, por primera vez nuestro pequeño Jean a conseguido subir un peldaño en la infinita escalera hacia Mikasa.-Exclamo Connie imitando al vendedor de periódicos que tan habitual era escuchar por la mañana cuando aún estaban entre los muros.

-¡Pero no grites maldito palurdo!

-¿Será capaz nuestro príncipe azul de rescatar a la bella casita de las manos del enfurecido bebe llorón de ojos verdes? ¡Lo descubriremos en la próxima representación! -Volvió a vociferar el muchacho, actuando como presentador de las tradicionales obras de teatro de los domingos en los pueblos, mientras que su amigo intentaba taparle la boca por la fuerza.

-Qué idiota eres a veces, capullo.

-Pero no podrías vivir sin mi... jajaja

-Mira, te voy a conceder eso, pero por qué estoy de buen humor.

Entonces ambos amigos callaron, dejando que los grillos cantaran en solitario en aquella noche en la que el horizonte se mostraba desnudo a la luz de la luna. Un gran escampado después de la última casita que se erguía al filo de la ciudad.

-. ¿Es bonito ver un horizonte sin murallas verdad?

-Sí, sí que lo es.

-Hoy me lo he pasado bien, pero he estado pensando. Echo de menos a mi familia Jean. Este sitio me recuerda a mi pueblo, a mi infancia, a mis padres... No quiero vivir feliz aquí sabiendo lo que pasa más allá de ese horizonte.

-Connie...

-Sé que no es momento para lloriquear, pero... estamos perdidos aquí, sin suministros, sin saber cómo volver a casa, sin saber qué va a venir mañana y... Lo cierto es que desde que vi a mi madre allí tumbada, en forma de demonio... -El chico apretó fuerte los dientes en una mueca de dolor. -No me he permitido, ni he tenido el descanso necesario para recomponerme, no he podido despedirlos aún ¿Y si no lo hago ahora, cuándo lo haré? Puede que para la semana que viene sea de mi quien se tengan que despedir y...

-Connie. ¿Te acuerdas de aquella noche que nos pasamos despiertos, justo antes de que todo esto empezara?

-El día que vieras a Mikasa en camisón de dormir y te fueras a mastu...

-¡Yo no hiciera eso imbécil! Pero sí, aquella noche.

-Jjajaja, ya ya... Sí claro que me acuerdo. ¿Qué pasa con eso?

-Vamos a repetirla, vamos a darte ese tiempo para despedirte.

-Me parece bien. -Respondió Connie con una sonrisa de oreja a oreja adornando su rostro.

Entonces el pelado sacó un papel un poco arrugado de su bolsillo y se lo enseñó a su compañero.

-Mira. -Dijo el chico mientras ofrecía el escrito a Jean:

"Yo he peleado con cocodrilos
Me he balanceado sobre un hilo cargando más de 500 kilos
Le he dado la vuelta al mundo en menos de un Segundo
He cruzado cien laberintos y nunca Me confundo
Respiro dentro y fuera del agua como las focas
Soy aprueba de fuego, agarro balas con la boca
Mi creatividad vuela como los aviones
Puedo construir un cerebro sin leer las instrucciones
Hablo todos los idiomas de todos los abecedarios
Tengo más vocabulario que cualquier diccionario
Tengo vista de águila, olfato de perro
Puedo caminar descalzo sobre clavos de hierro
Soy inmune a la muerte
No necesito bendiciones porque siempre tengo buena suerte
Por ti...
Todo lo que hago lo hago por ti
Es que tú me sacas lo mejor de mi
Soy todo lo que soy, porque tú eres todo lo que quiero"

-¿Qué es esto?

-Es un poema que me enseñó Armin. Dijo que lo escribiera hace tiempo, cuándo su abuelo muriera para intentar recoger las fuerzas suficientes y seguir adelante. La verdad es que me he identificado bastante y le he pedido continuarlo. Yo no soy demasiado bueno con las palabras, casi no sé nada de reglas de ortografía, ni siquiera de puntuación pero...creo que sería una buena forma de despedirse. Al fin y al cabo ellos siempre me decían que pasase lo que pasase, hiciera lo que quisiera hacer y viviera feliz.

-¿Sabes qué? No te preocupes por eso, tu amigo Jean te corregirá ese poema.

-Bien!

-Jajajaja.

-Gracias por todo Jean, eres un muy buen tipo cuando quieres. Se te quiere tío.

-Déjate de tonterías hombre, vamos a escribir.

-Sí, vamos a escribir.

Y así pasaron su noche en vela, escribiendo su propio himno al coraje, su despedida a los caídos y sacrificados, a sus muertos. Pero el proceso no fue triste ni decadente en absoluto, aquellos dos muchachos sabían que la vida era corta, y que el sentido del humor era algo imprescindible en ella. Así que se burlaron de todas las desgracias que habían sufrido entre carcajadas que desaparecían con el viento en aquella noche estrellada.

El sol ya acechaba tras la línea de tierra que marcaba el final de la vista y sus ojos ya casi se cerraban sin permiso cuando decidieron volver a dentro. Cuando entraron se encontraron con toda la tropa ya en sus camas, pero ninguno de ellos dormía todavía.

Se saludaron entre risas y abrieron sus camas, intentando escapar a la luz de mañana que se colaba por su ventana justo cómo aquella vez.

Entonces Armin los informó de la historia del hombre sin nombre, y sobre todo lo que sabían sobre aquel sitio, que habían traído consigo los cinco niños-titán.

Ya todos iban cesando de debatir del tema a causa del cansancio y la falta de sueño que les hacía entrar en un cómico estado de incoherencia y confusión, y ya parecía que la hora de dormir había llegado cuando se escucharon unos toques en la puerta de abajo.

Entonces uno de los Armin decidió bajar a abrir la puerta, ya que solo podía ser Hanji quién se encontraba tras ella, pero cuando el rubio giró la manilla y tiró de la madera hacia el pudo comprobar que estaba equivocado. Aquel soldado no era ni a leguas su querida científica, ni la escopeta con la que este apuntaba a su cabeza con menos de tres centímetros de separación de su frente eran precisamente buenas noticias.

Continuará...

Parece que ninguna noche en vela acaba bien para nuestros dos idiotas preferidos...

En este capítulo he incluido la letra literal de una canción de Calle 13 (Muerte en Hawaii). Esta canción me gusta mucho, y compone la banda sonora con la que me he imaginado algo importante para la historia que podréis descubrir en los próximos capítulos.

Espero que os haya gustado, y gracias a todos por leer.

Si por alguna razón me los merezco, reviews por favor :3

Se agradecen muchísimo.