Disclaimer: Ni SNK ni la letra de "Muerte en Hawaii - Calle 13" me pertenecen. Esta es una historia escrita sin ánimos de lucro.
23 - Solemnemente orgulloso y feliz.
Era una celda bastante ancha, compuesta por 5 grandes y rudas paredes de piedra que funcionaban como paredes techo y suelo. A su derecha se encontraban los barrotes que sustituían a la correspondiente pared de oscuro granito sin trabajar, dejando que una pequeña brisa que se colaba por el ínfimo ventanuco de la pared de la izquierda bañara suavemente el resto de los calabozos.
Bajo aquel ventanuco se encontraba Connie, que junto con Christa intentaba animar a Armin. Petra había sido encerrada a parte de ellos, ya que parecía que ya era conocida por allí, y Jean ya había sido recogido para ser torturado, junto con Shasha.
Mikasa miró al suelo entre sus piernas, dedicando a la fría roca en la que se sentaba una mirada de odio. Entonces una lagrima de impotencia se escapo de sus ojos negros, llevándose consigo todo tipo de claridad que aún podría conservar su mente. -"No puedo llorar, no puedo rendirme. Debo ser fuerte por todos" -Pensó la pelinegra mientras recordaba a Cintia.
Mientras que unos metros más arriba, separados del resto del grupo se encontraban Jean y Shasha, intentando mantenerse...
El nunca había querido volver a ver a ese hombre. Nunca olvidaría lo mal que se lo hiciera pasar cuando solo era un niño "¿Salir de las murallas? No digas gilipolleces enano. ¿Por qué no paras de molestar a papa?" Las palabras de su padre resonaban en su cabeza. Él no había tenido una mala infancia, o eso es lo que todos pensaban, pero eso era así porque él nunca les había hablado de su padre. Jean solo tenía ocho años cuando su padre los abandonó, pero los golpes que había recibido hasta esa edad lo habían hecho mucho más consciente del mundo que lo rodeaba, lo habían hecho crecer. Pero ahora los pitillos volvían a apagarse en su piel, los puñetazos volvían a marcar su rostro y el dolor y la ira volvía a recorrerlo de arriba abajo. No era Gilbert Kirstein el que estaba torturándolo en aquel momento, pero él sabía que aquel bastardo fuera quién diera la orden
-¿¡Para qué habéis venido aquí!? -Volvió a repetir el. agresor.
Pero Jean no iba a hablar. La capitana Hanji tenía que seguir en algún lado. Ella no los dejaría allí. Así que se aferró a esa idea y resistió cada uno de los golpes que recibía. "No digas nada y todo saldrá bien" se repetía una y otra vez mientras la sangre comenzaba a humedecer su sien, y a resbalar por su mejilla. Un puñetazo, una patada... "No digas nada y todo saldrá bien" Volvió a repetirse el muchacho, pero ese pensamiento se vio comprometido ante la visión de una nueva amenaza.
-Vamos a ver cuánto aguantas muchacho.
El chico apartó la cabeza, como si de esa forma consiguiera que el oscuro alicates que se acercaba paulatinamente a su mano derecha fallase en su cometido, como si de algo sirviera apartar la vista...
-Contesta chico, hazte un favor. -Aconsejó el militar intentando no mirarle a los ojos al pobre chico al que estaba propinando tal paliza. Entonces el alicates sujeto una de las uñas del adolescente, que comenzó a temblar y a moverse, angustiado por el pánico que le tenía a lo que venía a continuación.
El centinela preguntó otra vez, pero Jean no soltó prenda, así que volvió a mirar hacia la mano del muchacho y comenzó a tirar de la uña lentamente, intentando producir el mayor dolor posible.
La uña se iba separando de su piel poco a poco, tirando de esta cómo si de una tira de tela se tratara, produciéndole tanto dolor cómo grima. Era un dolor agudo y irritante, punzantemente desagradable, cómo el sonido de las propias uñas contra la pizarra de clase.
El grito que Jean no había sido capaz de contener se rompió en cuanto la uña se separo de su dedo índice, convirtiéndose en un gemido mudo de dolor. Pero aquello no había acabado aún.
-¿A qué habéis venido? ¿Quiénes sois? -Seguía preguntando el torturador mientras colocaba agarraba la siguiente uña con el alicates.
-Para por favor!
-Responde.
-Yo no...-¡Crack!- Esta vez había sido más brusco, más rápido y más inesperado. Jean bajo la cabeza intentando ocultar su rostro al llorar. Pero las preguntas proseguían, -"De donde venís? Que queréis? Quienes sois? Cómo habéis llegado aquí? Sois espías? Queréis delatarnos?" - El chico no sabía por qué estaba siendo torturado, pero sabía que no debía decir nada, lo intuía, aquella gente no podía ser buena. Sobre todo si su padre estaba al mando. -"Papa..."
Entonces la rabia lo llenó, apagando levemente el intenso dolor que sufría. Su padre lo subestimaba otra vez, pero él no iba a ceder en esta ocasión. Esta vez, iba a demostrarle a ese hijo de puta quién era su hijo.
Mientras tanto, en los calabozos del ala opuesta del castillo...
Eren abrió los ojos lentamente. Entonces no pudo recordar en qué momento había perdido la consciencia.
Pestañeó varias veces, intentando reajustar sus ojos, aún molestos y confusos. Miró a su alrededor intentando analizar su situación. Se encontraba en una habitación pequeña, que no medía más de un metro sesenta en su parte más alta, y iba bajando de estatura a medida que el techo se acercaba al suelo. Por la forma triangular de la habitación, y por la vista de la plaza que tenía desde la pequeña ventana que tenía delante pudo deducir que se encontraba en la buhardilla del castillo.
Él se encontraba arrodillado en el suelo, muñecas estaban encadenadas a la pared más alta de la ínfima estancia su boca tapada con una mordaza, y su ropa desaparecida casi por completo, dejándolo vestido solo con unos pantalones que no eran suyos y una camiseta de tiras que le quedaba algo pequeña. A su izquierda se encontraba Annie, justo en la misma posición que él, mirándolo fijamente con esa gélida mirada que tanto conocía.
El moreno le devolvió su habitual mirada rabiosa gruñó un poco, viéndose impotente ante su situación. No podían transformarse de ninguna manera ya que no había forma con la cual pudieran hacerse daño alguno. Eren admiró la plaza, grande, transitada y de una piedra tan blanca que hasta perecía reflejar el sol. La luz diurna en ese momento era muy intensa, por lo que dedujo que era mediodía. ¿Cuánto llevaban allí? Eso tampoco podía saberlo. Ni eso ni donde se encontraban sus compañeros, que les estaban haciendo, cómo estaban o simple y llana mente, si aún estaban.
Entonces volvió a mirar para la rubia con intención de intentar comunicarse con ella, descubriéndola en medio de un intento de dislocarse la mano con la cadena para poder desencajarla, o simplemente para provocarse el dolor suficiente. Eren la observó sorprendido. Tras un tiempo mirándola con atención comenzó a imitar sus movimientos. La chica esbozo una sonrisa ante la reacción del ojiverde, ya que lo primero que le vino a la mente cuando lo vio no fue otra cosa que un bebe que intenta "hacer lo mismo que mama".
Ambos intentaron zafarse de las apretadas bridas por mucho tiempo, pero nunca conseguían lo que buscaban. Se habían dislocado las dos muñecas, varios dedos, y también se habían auto propiciado varios golpes contra la pared, pero nada funcionaba. Sus huesos volvían a su posición, justo cómo lo harían en su forma titán, y ningún dolor era lo suficientemente fuerte como para llegar a provocar la metamorfosis, lo cual confundía y enfurecía al chico.
Entonces llegó un hombre vestido con una gabardina larga, unos guantes de cuero negro, y unas botas que parecían ser altas. Él intruso se arrodillo justo delante de ellos y comenzó a preparar unas herramientas de trabajo. De los bolsillos de su gabardina comenzaron a aparecer jeringas, tijeras, pequeñas pinzas, y muchas otras cosas que no agradaron en absoluto a los dos cautivos.
No podían impedir nada de lo que aquel hombre les hiciera. Las finísimas jeringas se adentraban en su cuerpo perforando la piel con delicadeza, y dejando una substancia espesa y desagradable correr por sus venas. Las imágenes se distorsionaban, el mundo se inclinaba hacia todos los lados, los sonidos se hacían abrumadores y los colores comenzaron a ser plausibles al tacto; mientras que aquel hombre solo guardaba silencio, observándoles fijamente, hasta que todo se volvió negro.
Las horas transcurrían de forma lenta y descontrolada a la vez, y cómo pasaban los 60 minutos pasaban las 24 horas del día. Todos los prisioneros habían perdido ya la noción del tiempo, y lo único que sabían es que no sabían nada de lo que estaba sucediendo.
Los guardias habían tapado el ventanuco de la celda por fuera, de forma que no podían saber si era día o noche. Los guardias iban recogiendo a los cadetes de dos en dos para llevarlos a la sala de torturas. Cuando estos volvían de allí, lo único que necesitaban era un largo descanso, y una buena dosis de cariño y consuelo. El tiempo de descanso era bastante extenso, ya que iban cogiendo a las mismas parejas periódicamente, así que había tiempo para dormir un buen rato y comerse el respectivo cacho de pan reseso que cada uno poseía como comida, aunque esta vez, a ninguno de los idiotas les quedaba fuerza cómo para jugar con él. Después de esto, tocaba la vuelta a aquella horrorosa y fría silla, y vuelta a la tortura otra vez.
El daño que les infligían en esas horas era intenso, pero ya no estaban seguros de si la tortura se trataba de aquellos momentos agónicos, o de aquellos confusos días, que parecían ir consiguiendo que perdieran la cabeza poco a poco.
Los cadetes se vieron obligados a vivir esa asquerosa vida durante una temporada que se hizo eterna, pero un día, una mañana de domingo como otra cualquiera su suerte volvió a cambiar.
Ya hacía tiempo que era el turno de Armin y Christa para la sala de torturas, pero el guardia se retrasaba mucho esta vez, ya que ya habían caído más de treinta y cuatro gotas contadas desde la gotera de aquella ratonera. El rubio ya comenzaba a extrañarse cuando la puerta de los calabozos retumbó al final del oscuro y húmedo pasillo, y el guardia caminó hasta la celda para recogerlos.
Cuando llegó hasta la celda, solo traía a Mikasa, que mantenía la indiferencia en su rostro mientras su cuerpo se tambaleaba intentando avanzar hasta dentro de la celda en un estado bastante precario. Armin se levantó con toda la rapidez que su severo cansancio le permitía. El rubio abrazó a su amiga y la acostó en el suelo con sumo cuidado de no romper la porcelana con la que parecía estar hecha su piel.
El muchacho miró para el guardia entre el crecido y descuidado flequillo rubio que ya comenzaba a taparle los ojos. Entonces el oficial cerró la puerta de la celda y se retiró, sin llevarse a nadie con él.
Armin se sorprendió mucho, y aunque no sabía por qué, no tenía un buen presentimiento sobre aquello.
El chico volvió a acuclillarse al lado de su compañera, y poso su manos sobre la de la morena, que agarraba su bufanda con fuerza, reprimiendo sus lágrimas con cara de indiferencia. Entonces la chica acarició la mejilla de su acompañante intentando consolarlo y prestarle ayuda. "Ahora ella debía ser el doble de fuerte"
-¿Por qué no han traído a Connie? -Se preguntó Armin con un roto susurro. Pero por desgracia, aquella respuesta no tardó en llegar.
La puerta de los calabozos volvió a resonar en el pasillo, advirtiendo de la llegada de alguien, pero esta vez se escuchaban demasiados pasos cómo para tratarse de una sola persona.
-Arriba todos. -Ordenó con voz firme uno de los guardias mientras abría la puerta del calabozo, permitiendo la entrada de sus compañeros, que comenzaban a atar las manos de cada uno a su espalda, y a llevárselos fuera de aquel agujero insano.
El ritmo de la marcha era lento, silencioso y cansado. Ninguno de los cadetes allí presentes podía caminar erguido del todo, ninguno era capaz de llevar un ritmo continuo, y ninguno se daba demasiada cuenta de a donde se dirigían. Simplemente, el de atrás seguía los pasos del de delante.
Poco a poco, el aire iba haciéndose cada vez más y más fresco, lo que comenzaba a despertar a los muchachos, que iban comenzando a respirar profundamente de nuevo, disfrutando de la falta de mal olor, y de la refrescante onda de oxígeno que expandía su pecho. Entonces, al final del todo del túnel, apareció una luz, una luz que oscurecía el resto del pasillo, una luz que representaba la salida de aquel subterráneo.
Armin ya comenzaba a caminar un poco más rápido junto a Jean, ante la motivación que suponía aquel brillante rallo de sol que se colaba entre las rejas de la última puerta. Pero justo antes de que pudieran salir de aquel sitio, el guardia que encabezaba la marcha se detuvo, y mientras se giraba hacia ellos, ordenó que sus camaradas volvieran a cubrir los rostros de los reos con aquellas bolsas.
La plaza estaba atestada de gente aquel domingo. Era una completa novedad que los cuerpos de reconocimiento hubieran llegado a Esperanza, y toda la ciudad estaba mordiéndose las uñas ante este hecho.
¿Nos delatarán? ¿Intentaran acabar con el gobierno aquí? ¿Qué pretenden realmente? Esas preguntas se repetían una y otra vez entre la multitud que llenaba el lugar, pero todo el murmullo popular se apago en el preciso instante en el que el primero de los reos caminó a la superficie desde la pequeña entrada a los calabozos del castillo.
Uno a uno fueron saliendo en fila india, una camada de "niños" que no eran capaces de tenerse en pie. Sus rostros ocultos parecían acusar con su imperceptible tristeza y angustia el reproche que algunos comenzaron a sentir, subiendo desde el pecho al cuello y ahogando sus nervios en culpabilidad. ¿Pero... Son una amenaza no? Nadie lo sabía, pero el miedo a retornar a dentro de los muros podía con cualquiera compasión que pudieran llegar a sentir por aquellos intrusos. Ellos simplemente no deberían estar allí.
Cuando los centinelas sentaron en primera fila a la marcha de prisioneros, el comandante ya estaba preparado para hablar. Entonces, el padre de Jean subió a la plataforma que sería utilizada después, y ordenó que descubrieran las identidades de los prisioneros. En ese mismo instante, los militares fueron destapando uno a uno a cada cadete, dejando que divisaran el panorama que se elevaba delante de ellos.
Cuándo Jean consiguió percibir algo después de acostumbrarse a la luminosidad de aquella mañana, lo primero que percibió fue la figura de su padre sobre una tarima de madera bastante alta que se sostenía en cuatro pilares de dos metros aproximadamente. Ellos se encontraban sentados en las únicas sillas que había en toda la explanada, separando la plataforma del resto de la gente, que los observaba de pié, unos metros por detrás de sus espaldas. Cada uno de ellos tenía el pie izquierdo encadenado con una corta cadena, medida de seguridad que parecía innecesaria dado su estado físico.
Hacía frío, un aire que parecía tensar la piel y que acentuaba el dolor que sus heridas infligían, pero a la vez que ese frío cortaba su piel, el sol iluminaba todo lo suficiente como para hacerlo hasta agradable. Entonces, su padre comenzó a hablar:
-Hoy, en esta misma mañana, tenemos con nosotros a unos intrusos que llegaron aquí para deshacer la paz que hemos conseguido para nuestras familias. Los cuerpos de reconocimiento de entre las murallas han llegado finalmente a Esperanza, con la clara intención de declarar la existencia de este paraíso nuestro que hemos creado. Si este tesoro es desvelado dentro de los muros, no tardará en ser invadido por villanos y ambiciosos, que solo destruirán la pureza de esta ciudad, y robaran el privilegio de la vida a cada uno de nuestros habitantes. Nos atacaran, acusándonos de una traición falsa, y acabaran con todo lo que hemos conseguido. Por eso, nos reunimos hoy aquí, para ver como esas macabras intenciones son frustradas.
-Justo cuando la última silaba de su discurso salió de su garganta, el director de aquella ceremonia hizo una señal a alguien detrás de él, y el guardia empujo a un bajito individuo hacia la posición del oficial al mando.
La luz del sol transparentaba a través de la tela que le impedía ver a donde se dirigía. "Camina", eso fuera lo único que le ordenaran, así que él echó a caminar hacia delante, tambaleándose endeblemente peleando por no caer. A cada paso que daba, la madera crujía, denotando la falta de material por debajo de la tarima sobre la que avanzaba.
Sabía perfectamente que venía ahora, así que creía estar preparado. Se había preparado sin saberlo unos días atrás.
Entonces una mano se posó en su pecho, deteniendo su paseo. Allí se quedó en silencio durante unos segundos, en los que el calor del impacto directo de rayos solares en su torso calentaba su piel.
Poco a poco, fue notando como una ruda cuerda rodeaba su cuello sin apretar demasiado, rozando las heridas que aún tenía sin curar y provocando un incómodo escozor en ellas. Cuando la soga se posó sobre la base de su cuello, supo que hasta ahí había llegado, y la bolsa que ocultaba su cabeza se levantó, dejando que el sol cegara su visión intensamente. Poco a poco, fue abriendo los ojos, acostumbrándose a la luminosidad, y entonces los vio a todos allí, delante de él, observándolo incrédulos. -"No debo tener muy buena pinta" - Pensó el chico mientras analizaba las expresiones de sus compañeros, y sin saber por qué, esbozo una sonrisa, ocultando parcialmente las heridas en sus labios.
Connie no tenía nada pensado cuando escuchó aquello de -¿Unas últimas palabras? -Pero tampoco le pareció bien irse sin una despedida. Así que se pensó un poco lo que iba a decir. Nunca había sido bueno con las palabras, nunca había sabido transmitir bien lo que quería, puede que por falta de educación, puede que por falta de capacidad, pero en esa ocasión aquello ya le daba igual. Aquel día, él era el protagonista, y de él dependía lo que ocurriera a continuación. Entonces se acordó de aquello, y no encontró una opción mejor para aquella situación.
El maltrecho niño que se sostenía en pie casi inexplicablemente sobre aquellas dos deshechas extremidades inestables enderezó su figura, con una sonrisa de cómplice de consuelo dedicada a sus compañeros de la primera fila. Colocó un puño en su corazón y realizó aquel saludo militar que todos conocía, y entonces comenzó a recitar con una endeble, entrecortada, ronca y inexplicablemente feliz voz:
Yo he peleado con cocodrilos
Me he balanceado sobre un hilo cargando más de 500 kilos
Le he dado la vuelta al mundo en menos de un Segundo
He cruzado cien laberintos y nunca Me confundo
Respiro dentro y fuera del agua como las focas
Soy aprueba de fuego, agarro balas con la boca
Mi creatividad vuela como los aviones
Puedo construir un cerebro sin leer las instrucciones
-(En este momento, todos los cadetes se levantaron y saludaron también a su compañero. En ese momento, todos y cada uno de ellos comenzaron a recitar el poema con él, intentando que el llanto no acabase con el poco volumen de voz que ya casi no eran capaz de producir.)-
Hablo todos los idiomas de todos los abecedarios
Tengo más vocabulario que cualquier diccionario
Tengo vista de águila, olfato de perro
Puedo caminar descalzo sobre clavos de hierro
Soy inmune a la muerte
No necesito bendiciones porque siempre tengo buena suerte, Ven conmigo a dar un paseo por el parque porque tengo más cuentos que contarte que Armin Arlert
Por ti...
Todo lo que hago lo hago por ti
Es que tú me sacas lo mejor de mi
Soy todo lo que soy ?porque tú eres todo lo que quiero
Por ti...
-(Entonces, el pelado prosiguió con la parte de la canción que el mismo había compuesto, pero ninguno de sus compañeros dejó de recitarlo, ya que todos se lo habían acabado aprendiendo aquella noche. Jean, el otro artífice de aquella parte de la canción, ni siquiera era capaz de hablar entre todos los bufidos y incontrolables aspiraciones que su lloro le provocaba.)-
Puedo brincar la cuerda con solo una pierna
Veo en la oscuridad sin usar una linterna
Te cocino lo que quieras yo soy todo un cheff
Tengo sexo 24/7 todo el mes
Puedo soplar las nubes grises para que tengas un buen día
También se como comunicarme por telepatía
Por ti
Cruzo los muros sin pantalón
Y le saco una buena sonrisa a la camarera de "el Galeón"
Por ti
respiro antes de morirme
Por ti voy a la iglesia y escucho toda la misa sin dormirme
Sigo siendo el rey aunque no tenga reino
Mi sudor huele a perfume y nunca me despeino
Se pelear todas las artes marciales
También se como comunicarme con los animales
Mientras más pasa el tiempo me veo más joven
Esta canción la compuse sin escuchar como Bethoven
Por ti...
Todo lo que hago lo hago por ti
Es que tú me sacas lo mejor de mi
Soy todo lo que soy ?porque tú eres todo lo que quiero
Por ti...
Cuando el poema acabo, ninguno de los allí presentes consiguiera acabar de recitarlo sin derramar el mayor río de lagrimas que se pueda imaginar, ninguno menos el propio Connie, que siguió silbando la melodía de su canción en solitario, aún después de que la letra hubiera acabado. Sonriendo con los ojos cerrados, solemnemente orgulloso de aquella despedida, solemnemente orgulloso de sí mismo al convertirse en aquel valiente que brillaba por si solo con una soga al cuello.
Era un momento agónicamente triste, pero él se escapaba de la horrible pena que venía después, quizás esa era su recompensa. - "Ya voy mama y papa" - dijo en sus pensamientos mientras acababa de silbar.
Y justo en el momento en el que la melodía acabo, el seco estruendo de la trampilla bajo sus pies produjo al abrirse advirtió del final de la canción, y también del doloroso final de un valiente que se fue sonriendo.
Continuará...
No me odiéis por escribir esto, a mí también me costó escribirlo, aunque tampoco puedo decir que no lo quisiera hacer, o que no lo disfrutara porque es algo que tenía pensado escribir desde antes de empezar la historia, y es algo que necesitaba ser escrito. Cada vez que escuchó esta canción me imagino esto, y aunque muy triste, también es muy motivarte tomar como ejemplo la actitud de Connie, realmente me parece precioso.
Si escucháis la canción a medida que leéis el fragmento en el que aparece la letra, aunque esta esté levemente modificada para que cuadre con este universo, podréis imaginároslo mucho mejor. Sobre todo, porque al final de esta obra musical, también se escucha lo que en mi imaginación, es la trampilla, que se abre, dejando que lo que ya todos sabéis ocurra.
No penséis que esto está acabado, aun quedan muchas sorpresas durante esta trama, la cual ya ha pasado de su mitad.
Quiero avisar también que durante la próxima semana no podré actualizar la historia por razones personales, y me va a ser imposible. Además de que esta temporada ya todos sabéis de los exámenes, así que pido un poco de paciencia a los que estén interesados en seguir leyéndola.
Muchas gracias por leer, y si es que por alguna razón me los merezco, reviews pls, se agradecen muchísimo.
