Recuérdame
Capitulo: 3
Desagradables sorpresas.
….
Todo en el seguía como siempre, cabello rojo que resaltaban sus ojos negros maliciosos y piel lijeramente morena. Si definitivamente Ricardio no había cambiado en nada seguía siendo el mismo despreciable sujeto que frecuentaba las calles oscuras para hacerse de ganancia con la necesidad de los adictos.
— ¿Tu por aquí? —pregunto Marceline mostrándose claramente enojada con su presencia.
—Escuche que la Nightosphere había sido clausurada por la policía y vine a ver si podía ayudar.
Ella rodo los ojos, hay iba a hacer alarde de la riqueza que su padre puso en sus manos, como siempre. Pensó con fastidio.
— ¿Y dime Marcy, como esta Marshall? —Rhicardio pregunto acercándose más a Marceline quien frunció el ceño.
—De verdad piensas que te diré.
Ricardio sonrió de medio lado mientras la acorralaba entre él y la pared
—Dime que me visite si cariño.
Ella estaba por darle un golpe en la cara pero el tomo su puño y lo inmovilizo contra la pared.
—Ah, ah esa no es forma de saludar Marcy.
Él sabía que odiaba ese apodo y lo repetía cada que podía para molestarla.
—Ricardio eres un idiota.
Le dio una patada en su entrepierna y salió de sus garras.
—No te acerques a mi primo, oh a Ash, porque esto no será nada comparado con lo que te hare si te atreves a desafiar a la Queen vampire.
Lo dejo hay en el suelo quejándose de dolor mientras ella corrió hacia su casa donde se encerró con pestillo para después llamar a Marshall, él estuvo igual de sorprendido que ella del regreso de Ricardio.
—Seguramente acudirá a la preparatoria solo para molestarme. —dijo Marceline durante su inspección a el jardín desde la ventana de su habitación.
— ¿Que haremos? —Marshall cuestiono después de cerciorarse de que no hubiera nadien cerca de su habitación.
—Nada, solo ignorarlo.
Marceline se fue hacia su cama.
—Marshall procura advertirle a Ash, no quiero que nos tome desprevenidos si lleva a su clan de adictos.
Espero a que el aceptara para colgar su móvil y acostarse en la cama de dosel violeta oscuro.
….
Marshall llamo a Ash, quien a regañadientes tomo el móvil de la encimera junto a su cama.
—Adivina quién regreso a Ooo. —dijo Marshall apenas escucho contestaron la llamada. Ash claro que levanto una ceja.
— ¿De qué hablas? —pregunto mientras encendía la luz.
—Que Ricardio Heartfill…volvió.
El sueño lo abandono de repente.
—Estas bromeando verdad.
—Claro que no hermano, ese tipo volvió.
Ash se tocó la frente. Esto era malo, muy malo.
— ¿Por qué?
Marshall se reclino en la silla giratoria frente al escritorio donde tenía los pies subidos.
—Tú sabes por qué.
Ash dio un suspiro.
— ¿Ese idiota no supera esa tontería? —pregunto incrédulo.
—Es un idiota orgulloso. —mascullo Marshall pensando en el día en que su prima rechazo a el pelirrojo.
—Como sea, Marceline me pidió te advirtiera.
Ash sonrió de medio lado.
— ¿No viene solo verdad?
—Tu sabes que no. —respondió dando un bostezo.
—bueno mañana veremos como resultaran las cosas.
….
Toda la noche los tres se quedaron despiertos gracias a la desagradable sorpresa que Ricardio
—Maldito Ricardio. —susurro Marceline después de bostezar. Gracias al pelirrojo se había quedado despierta recordando esos días oscuros que la avergonzaban.
—Siempre me ha parecido entretenido ver las reacciones que provoco en ti Marcy.
Se paralizo cuando escucho la voz zalamera de Rhicardio justo a sus espaldas.
—Que quieres Heartfill.
Sin mostrarse vacilante lo volteo a ver.
—Terminar con lo de ayer. —dijo con simpleza acercándose.
—Aléjate de mí Ricardio.
Marceline dio unos pasos atrás intentando huir de él pero detrás de ella solo había una pared.
—Oblígame. —con burla mascullo el pelirrojo en el oído de la pelinegra que estaba empezando a entrar en pánico, era la única aquí y Ricardio la tenía acorralada sin que pudiera defenderse.
—Vamos Marcy por que no te dejas de juegos y aceptas mi propuesta.
Lo miro a los ojos, esos dos pozos negros que se tragaban su reflejo.
—Aun sique en pie.
Estiro su mano intentando alcanzar su móvil para marcarle a Marshall, oh Ash. Ellos vendrían a quitarle a este desagradable tipo de encima.
—Ni siquiera lo intentes.
Con una de sus manos Ricardio tomo con brusquedad su mano antes de que pudiera sacar el cuadro color morado.
—Tu primo está ocupado en este momento.
Los ojos de Marceline se ampliaron.
—Que le hiciste.
El rio.
—Nada, aun lo le hago nada, pero mis socios están vigilándolo muy bien.
Hablo con sus labios cerca de los suyos, tan cerca que pudo percibir el olor del vodka.
— ¿Marceline?
Suspiro aliviada cuando Ricardio se apartó de ella para enfrentarse a Simon.
— ¿Marceline está todo bien? —pregunto ignorando a el pelirrojo.
—Simon—susurro ella tratando de zafarse de Ricardio.
— ¡No te muevas!
La empujo con fuerza.
— ¡Oye que pasa contigo!
Grito Simon acercándose pero Ricardio le tomo de la camisa.
— ¡No te metas!
El pelirrojo lo empujo al suelo.
—Esto no es asunto tuyo. —susurro provocando que Simon enfureciera de un momento a otro.
Marceline aun aturdida por el golpe abrió los ojos para ver a Ricardio golpear a Simon.
— ¡Ya basta! —grito pero claro él no le iba a hacer caso, así que le dio una patada quitándoselo de encima a el castaño.
—Lárgate de aquí Ricardio antes de que me cobre yo misma tus estupideces.
El pelirrojo se levantó y se limpió el labio roto.
—Esto aún no acaba Marceline, esto me las pájaras.
Simon estuvo a punto de ir a pelear de nuevo pero marceline le Tomo del brazo.
—Te lo juro.
Solo el golpe de la puerta de metal al ser azotada les aviso que el por fin se había ido. Marceline resbalo al suelo sintiendo aun la adrenalina corriendo por sus venas.
— ¡Marceline!
Simon inmediatamente se arrodillo a su lado.
—Perdóname Simon…perdóname.
Susurro negándose a mirarlo a los ojos.
— ¡No!, Marceline escúchame esto no fue tu culpa.
Tomo sus mejillas en sus manos y la obligo a mirarlo.
—No fue tu culpa.
Repitió sin apartar la mirada de sus ojos.
—Simon…yo…
No aguanto más, termino aferrándose a él con fuerza sollozando contra su pecho.
—Gracias.
Simon se quedó sorprendido con las manos suspendías en el aire por un rato antes de finalmente abrazar a Marceline.
—Ya paso…tranquila…todo estará bien. —dijo mientras le frotaba la espalda.
—Como lo sabes, no conoces a ese desalmado.
Simon frunció el ceño al escuchar el miedo en su voz.
—Rayos no sé cómo iré a casa ahora.
Continúo después de incorporarse.
—Por supuesto que no iras a tu casa—Argumento el castaño con firmeza levantándose. —Quédate en la mía y más tarde te acompaño a casa.
Observo la mano que le tendía.
— ¿Hablas enserio?, seguramente tus padres no quieren a una delincuente en su casa.
Simon bajo la mirada cuando la espina de la culpa le pincho de repente.
—Además las clases aun no terminan.
Le sonrió.
—No puedo pedirte que hagas eso.
Se puso de pie y empezó a caminar hacia la puerta.
—Hey, no te dije que no te dejaría irte a casa después de esto.
Le tomo la mano.
—Vamos.
Tiro pero ella no se movio.
—Simon yo…yo no quiero causarte más molestias.
Ella fue la que paso por un desagradable momento y se preocupaba por algo tan trivial como la opinión de sus padres. No pudo evitar embozar una sonrisa conmovido por su inocencia repentina.
—No es molestia.
Aseguro volviendo a tirar de su mano para que salieran de la escuela antes de que alguien se diera cuenta de que estaban fuera de clases.
No fue tarea sencilla ya que Simon era primerizo en eso de saltarse las clases y no tenía ni idea de cómo salir sin ser vistos por el perfecto que a esta hora estaba más atento a los pasillos.
—Hay madre, madre.
Murmuro Simon asustado cuando vio a el perfecto acercarse peligrosamente adonde estaban escondidos.
—Shuuuuuu…—murmuro Marceline. —no te muevas.
El perfecto estaba por mirar detrás de los botes de basura pero el pelirrojo que pateaba un casillero le llamo más la atención.
—A las tres.
Advirtió Marceline.
—1…2… ¡3!
Ambos salieron corriendo lo más rápido que pudieron hasta dos cuadras lejos de la preparatoria.
—Uf, estuvo cerca.
Simon paro de jadear para mirar a la pelinegra.
—Pensé que nos descubriría. —dijo acomodándose las gafas.
—Tranquilo el no vio a ninguno de los dos.
Simon se quedó mirando su sonrisa, pensando que era así como les gustaba verla.
—Como sea ya estamos…afuera.
Se dio cuenta con las mejillas rojas que él no paraba de mirarla.
— ¿Pasa algo? —pregunto incomoda.
—Oh, nada vamos.
Nervioso extendió su mano.
—Claro…si…vamos.
Tomo su mano sin pararse a repasar sus razones después de todo lo necesitaba a el ahora más que nunca.
….
Adentro Finn y sus amigos miraron extrañados el pupitre vacío.
— ¿Donde esta?
Pregunto gumball en un mensaje que le envió a su prima que dejo de chismear con su amiga para contestarle a su primo.
—Ni idea.
Un segundo mensaje llego de parte de Finn.
—Ya se dieron cuenta que la reina vampiro también está ausente.
Bonnibel rodo los ojos.
—Eso no es sorpresa.
Contesto al rubio que asintio con una sonrisa.
—Ya hablaremos con él.
Escribió rápidamente antes de que el profesor Lemongrab se diera cuenta que estaban mandándose recados en clase.
—Marshall mira.
El pelinegro que estaba aventándole bolitas de papel a Fiona volteo a ver a Ash.
—Marceline aún no regresa.
Marshall lee frunció el ceño.
—Intentare ponerme en contacto con ella.
Por debajo de la mesa saco su móvil.
….
Mientras caminaban por la acera Marceline sintió su teléfono vibrar.
—Espera es Marshall.
Simon la miro de reojo.
—Hola.
Dijo para alivio del pelinegro.
— ¿Marceline que paso?, ¿dónde estás?
Se despejo el teléfono cuando sus gritos lastimaron sus oídos.
—Es algo muy difícil de decir por teléfono. —susurro cabizbaja.
—Está bien te lo contare esta noche, Marshall cuídate. —dijo al final provocando que Simon se interesara por escuchar más de la conversación.
