Recuérdame.

Capitulo: 4

Declarar la guerra.

Hoooolis mis queridos lectores gracias por sus comentarios, espero que este capítulo sea de su completo agrado.

Recuerden Adventure time whit Finn y Jake no es de mi propiedad, porque de ser así Simon Petrikov seguiría siendo lindo, no un viejito loco, y además el terminaría con Marceline :)

Este fic es clasificación "M" por violencia futura y temas de drogas, no aptos para mentes jóvenes en pleno aprendizaje XD.

Ya advertidos ¡Enjoy!

….

Callo la noche y un montón de adolescentes se reunieron en el kilómetro 210, un pasaje por donde ya no pasaban vehículos que bien se aprovechaba para hacer carreras clandestinas.

Marshall estaba esperando impaciente empezara la carrera ya que el premio era una buena suma de dinero que en este momento le vendría muy bien.

—Hola Marshall.

El miro a Janne.

— ¿Necesitas algo? —pregunto áspero.

—Clarence quiere hablar contigo antes de la carrera.

Marshall dio un hondo suspiro antes de levantarse e ir a ver que quería Clarence, algo que ciertamente aprovecho la princesa guerrera para hacer su sucio movimiento.

….

Marceline camino con prisa por los pasillos del hospital hasta la sala de espera donde le pregunto-a la enfermera si podía ir a ver a su primo, pero esta solo le dijo que en ese momento había alguien más en la habitación y que no podía pasar.

Por su lado Simon llego a la recepción.

—Disculpe busco la habitación del chico accidentado en la vieja carretera.

La enfermera dejo de revisar los registros para mirar al castaño.

—No puede pasar a verlo, en este momento hay alguien más con él.

Simon se preguntó si ese alguien era Marceline.

— ¿Quién es? —pregunto vacilante.

—Una chica, creo que es su novia. —contesto la enfermera sonriéndole.

—Pero puede esperar si desea tanto ver al paciente.

Simon asintio, pensaba irse pero no podía, sentía que debía quedarse a apoyar a la pelinegra.

— ¿Fionna tú qué haces aquí?

La rubia levanto la mirada del suelo.

— ¡Simon!

Chillo sorprendida saltando en su lugar.

— ¿Qué haces aquí? —pregunto nerviosa de repente.

—Vine a acompañar a una amiga.

Fionna levanto una ceja.

—Familiares del joven Marshall Lee.

Pido el doctor mirando por toda la sala de espera vacía.

—Nosotros somos compañeros de él doctor. —susurro Fionna al doctor que suspiro mientras negaba con una mueca sombría.

—Esta información solo se puede dar a personas cercanas al paciente.

En ese momento Marceline salió de la habitación.

—Yo soy la más cercana a Marshall, doctor puede hablar.

El doctor asintio.

—Bueno después de hacerle algunas radiografías encontramos que hay varias fracturas del lado derecho.

Marceline asintio.

—Le proporcionamos un sedante leve así que despertara en el trascurso de la noche.

Fionna dio un profundo suspiro de alivio atrayendo la atención de Marceline que la miro con una ceja arqueada, ¿qué hacia ella aquí?, ¿Por qué estaba en la habitación de Marshall gritándole que abriera los ojos? se preguntaba.

—Bien me quedare.

El doctor asintio.

—Como desee señorita.

Se dio la vuelta y fue a ver a sus demás pacientes.

—Qué alivio.

Fionna también se sentó en una de las sillas dispuesta a esperar, pero Simon al parecer no encontraba correcto que siquiera aquí sabiendo que seguramente sus padres estarían preocupados.

— ¿Qué? —pregunto cuando se topó con la mirada de su amigo.

— ¿Saben los demás que estas aquí?

Ella negó.

—Eso pensé, ven te llevare a tu casa antes de que Finn entre en crisis.

Fionna pensó en negarse pero eso solo la pondría más al descubierto y ella no estaba avergonzándose dos veces en una noche.

—Está bien.

Tomo su abrigo y le dio una mirada a la puerta entreabierta antes de irse con el castaño.

—Marceline…pst…! Marceline!

La queen vampire volteo a ver a Ash escondido entre las sombras.

— ¡Tú! Pequeño tonto.

Le dio un golpe en la cabeza.

—Por qué lo dejaste correr.

Ash suspiro aun con la mano masajeándose la coronilla adolorida.

—Fue tan terco, no pude detenerlo. —susurro serio.

—Es un tonto, sabe que esa clase de carreras son peligrosas.

La pelinegra se tallo un brazo.

—Marceline, eso no fue un accidente.

Ella frunció el ceño.

"Esto me las pájaras te lo juro"

Un desagradable escalofrió le recorrido el cuerpo antes de que la ira caliente como lava hirviendo corriera por sus venas.

—Ese pedazo de basura. —dijo mientras apretaba los puños con fuerza precipitándose un par de pasos antes de que Ash le jalara de la chaqueta.

—Marceline este no es el momento.

Ash también estaba tratando de contener su ira ya que para el Marshall era el hermano que nunca tuvo y resentía también su humillación.

—Primero esperemos que Marshall despierte.

Marceline se quedó mirando la ciudad atraves de la gran ventana. Esto había sido obra de Ricardio, lo sabía, estaba más que segura.

—Quédate con él, yo iré a poner los puntos en alto.

Ella volteo a verlo.

—No hagas nada tonto de acuerdo.

Ash sonrió.

—Tranquila no te quitaría el privilegio de patearlo tú misma.

Le dio una última mirada a la habitación donde estaba su amigo haciendo una promesa silenciosa antes de salir.

….

Por otro lado Simon no dejaba de darle vueltas a cierto pensamiento que lo estaba volviendo loco por no saber la razón de por qué repasaba los que le dijo la enfermera encargada de la recepción.

—Oye Simon…

Fionna empezó sin apartar la mirada del paisaje nocturno de las calles de Ooo.

— ¿Si?

Simon le dio una mirada de soslayo.

—Tú que eres más mayor y sabio debes de saber lo suficiente para ayudarme.

Simon rio. Así se imaginaba como seria la conversación entre un padre y su hija, la incomodidad no se podía evitar.

— ¿Tuviste algún problema? —pregunto sonando muy paternal.

—Gumball me confeso sus sentimientos.

Simon volteo a verla sorprendido.

— ¡Wow!, ¿enserio?

Con las mejillas rojas asintio.

—Fue a mitad de la clase de historia.

Fionna enterró su cara en sus manos.

— ¡Fue tan vergonzoso! —grito provocando Simon riera.

—Vamos no pudo ser tan malo.

La rubia se incorporó.

—El profesor Lemongrab me hizo leer el redado que me dio en voz alta, ¡claro que fue muy, muy malo!

El castaño no paro de reír.

— ¿Pero bueno que paso?, ¿correspondes sus sentimientos?

Fionna negó después de un suspiro.

—No puedo, estoy enamorada de alguien más. —susurro tristemente. — De Marshall.

Simon piso el freno.

— ¡Que!, pero si él ya tiene novia.

Fionna ladeo la cabeza.

— ¿De qué hablas? — cuestiono confundida.

—De que Marceline es la novia de Marshall.

Fionna empezó a reír.

— ¿Dónde escuchaste eso? —entre risas pregunto.

—Ella no es su novia créeme. —susurro mientras se tocaba el estómago.

— ¿Como que no?, yo escuche a la enfermera decir que si novia estaba con él.

En este punto Fionna se volvió a sonrojar ya que ella fue la que estuvo con Marshall antes de que Marceline llegara apurada.

—Oh, Simon ella es su prima. —dijo limpiándose las lágrimas de sus ojos. —Algo así como gumball y Bonnibel.

Simon se quedó pensando un rato antes de suspirar.

—Ya veo.

Fionna entorno los ojos.

—Mmm, pareces aliviado Simon. —Mascullo sonriendo ampliamente avergonzado al castaño que simplemente siguió conduciendo.

….

Marceline pov:

Estaba observando la cara pacifica de mi primo al dormir y no pude evitar sentirme impotente ante lo que le hicieron. Maldito Ricardio, por que no podía dejarme en paz de una vez por todas.

¿Marceline? —pregunto el abriendo poco a poco sus ojos.

Oh, no.

Asentí acercándome hasta su cama.

¿Por qué no me dijiste que correrías esa noche?

Marshall intento incorporarse pero el dolor de sus huesos rotos era más fuerte.

Marceline, sabes que necesitaba ese dinero.

Suspire.

Y dime idiota si te hubieras muerto como hubieras ayudado a tu madre.

Bajo la mirada.

No fue un accidente. —dijo cerrando los ojos.

Lo sé, fue Ricardio.

Marshall sonrió.

Clarence y Janne están con él.

Amplié mis ojos ante la noticia.

encontré esto antes de desmayarme.

Me entrego una pequeña nota.

"La guerra empieza"

Decía en letras rojas. Yo apreté dicho papel en una bola y lo arroje a la papelera.

Bien, si eso es lo quieren.

Marshall se relajó y miro con sorpresa al chico afuera de su habitación al igual que yo.

Fin pov

Ricardio había ido al hospital para corroborar con sus propios ojos que Clarence hizo bien su trabajo. Camino por el pasillo buscando la habitación hasta que alcanzo a ver a Marceline conversando con Marshall que para su deleite estaba con una pierna enyesada.

— ¡Que haces tú aquí!— grito Marceline saliendo a confrontarlo.

—Escuche del accidente de Marshall…fue una pena ¿no?

Ella frunció el ceño.

—No vengas a intentar mentirnos Heartfill, ¡tú fuiste el culpable del accidente de Marshall!

Ricardio sonrió.

—Ok, me atrapaste yo fui el culpable. —susurro con burla. —Te lo dije Marceline, te arrepentirías por lo que me hizo tu novio.

En medio de su ira su corazón latió en el recuerdo de cómo Simon la había defendido.

—Mira Ricardio, no comiences algo que después no puedas continuar.

Advirtió apretando la mandíbula conteniéndose de darle una buena bofetada.

—Yo no les tengo miedo, además ustedes no tienen forma de ganarme —susurro acercándose unos pasos más.

—Marcy tú me agradas y no quisiera hacerle daño a los que más amas, así que te recuerdo mi propuesta de dejar el orgullo y enorgullecer a tu querido padre por primera vez en tu vida.

Marceline lo miro.

—Imagínate cuando le cuentes que tu nuevo novio es el hijo del empresario más rico de Ooo.

Ricardio por un momento bajo la guardia y eso lo aprovecho marceline que le dio un rodillazo en la entrepierna.

— ¡Eso es por lo de esta mañana!

Le pateo en el estómago antes de alegarse de él.

—Ah, Ricardio la guerra comenzó ya.

El pelirrojo desde el suelo la miro con sorpresa.

—Estas bromeando,¿ no?

Ella rio.

—Te metiste con mi familia, esto es enserio.

Camino hacia cualquier lado lejos de Ricardio, a buscar talvez un café ya que su noche seria larga.

….

Simon estaba por subir al elevador cuando vio a Ricardio que igualmente lo miro con sorpresa.

—Simon Petrikov, valla sorpresa. —susurro cruzándose de brazos. — ¿Vienes de visita?

El castaño frunció el ceño.

—Eso no es de tu incumbencia. —contesto dándose la vuelta pensando mejor en tomar las escaleras.

—Oye, espera. —dijo Ricardio de repente.

— ¿Qué?

—Ten cuidado.

Simon lo miro un momento sin expresión alguna antes de irse.

….

En uno de los pasillos oscuros Marceline encontró una máquina expendedora de café e intento hacerla funcionar, pero al parecer la maquina solo se quería quedar sus monedas.

— ¡Basura! —grito dándole una patada atrayendo la atención de un Simon muy asustado que volteo rápidamente.

— ¿Quién…anda hay? —pregunto deteniéndose a mirar las siluetas. No pudo evitar recordar los relatos de fantasmas que habitaban sitios como estos.

—Simon. —susurro Marceline provocándole un escalofrió a el castaño que ya se imaginaba las voces de ultratumba de un mounstro.

— ¿Co…como sabes mi nombre?

Ella fue a accionar el interruptor.

—Porque eres mi tutor.

Simon dio un suspiro.

— ¿Qué pasa?, ¿te asuste? —cuestiono con una ceja arqueada.

—Claro que no. —murmuro después de una tos fingida.

—Ja, si como no.

Regreso a lo que estaba haciendo con la máquina de café.

— ¿Y dime para que regresaste? —pregunto mientras miraba fijamente los números en un costado de la máquina. — ¿Tú amiga te envió?

Simon metió la mano en los bolsillos de su chaqueta y saco una moneda.

—Pensé que necesitarías apoyo.

Marceline se quedó mirando sus acciones.

—No siempre es fácil tener a un familiar en el hospital. —Le dijo después de acuclillándose para tomar la lata de café

—No nada grave solo una fractura y varias contusiones.

Tomo entre sus manos la lata que Simon le ofreció con una sonrisa.

—Su madre está trabajando hasta más tarde y yo me quedare a cuidarlo.

Se dio media vuelta y empezó a andar de regreso a la sala de espera con el castaño detrás de ella.

—Sabes, él es como un hermano para mí. —susurro dejándose caer en la silla de plástico.

—Oh, ya veo.

Simon también se sentó.

—Siento lo mismo por mis amigos.

Marceline se quedó mirando la oscuridad de las demás habitaciones pensando si tal vez sentía lo mismo por la chica de cabello rosa que estaba con él.

—Por cierto Fionna me pidió que le diera esto a tu primo.

Le tendió una de las muñequeras que su primo había jurado haber perdido para siempre.

—Valla, su muñequera de la suerte. —mascullo mirando con diversión el pedazo de tela negra con llamas naranjas.

—Es lindo que alguien más se preocupe por él.

Simon se vio contagiado por su sonrisa un tanto nostálgica.

….

El reloj continuo su curso y con él la noche. Ambos se quedaron dormidos casi a la misma hora cada uno recargado en el contrario, cada uno soñando con el mismo pasado.

Flashback:

La campana había dado sus ya tres tintineos. Los niños en uniforme café y verde oscuro que estaban jugando en el patio entraron apresuradamente a las aulas, todos menos una niña con el cabello corto negro que buscaba entre los arbustos en botón de su muñeco de peluche.

Busco por horas hasta que se topó con un niño castaño que la miraba con curiosidad.

Hola. —saludo sonriendo. — ¿Estas bien?

La niña miro su pobre muñeco y negó.

No encuentro su ojo. —susurro tratando de contener las lágrimas sin lograrlo.

Espera ya sé cómo arreglarlo.

Metió la mano en sus bolsillos y saco el botón azul que se le había caído a su abrigo.

Se ajusta.

Ella frunció el ceño.

Pero no sé cómo coser.

El chico tomo el muñeco rosado en sus manos y lo inspecciono por un rato antes de sonreír.

Tranquila yo sé cómo fijar el botón.

Fin flash back

Abrió los ojos cuando sintió que algo le apretaba el brazo. Miro hacia abajo, a la chica durmiendo sobre su hombro y dio un suspiro. Había estado soñando con el pasado de nuevo, con la primera amiga que tuvo.

Marcy. —susurro volviéndose a reclinar lo mejor que pudo en la silla de plástico incomoda.

Flash back:

Soy Simon Petrikov. —dijo después de un largo rato en silencio desde que llegaron a la sala de música.

¿y tú?

Ella miro al niño castaño.

Soy Marceline.

Se quedó mirando sus zapatos rojos brillantes.

Qué bonito nombre.

Marceline lo miro sorprendida, nadien ante le había dicho que su nombre era bonito, ni siquiera sus padres.

Gracias. —susurro apenada.

Fin flashback.

Se removió inquieta en el pequeño espacio donde estaba durmiendo hasta que sintió algo restregarse en su frente. Abrió los ojos y levanto la mirada para ver a Simon que seguía durmiendo, había cumplido su palabra y se había quedado haciéndole compañía.

—Buenos días. —susurro cuando noto que el también abría los ojos.

—Wow, ¿qué hora es? —pregunto estirando los brazos y bostezando.

—Aun es de noche tranquilo, yo calculo las once y media.

Simon se acomodó los anteojos.

—Necesito estirar las piernas. —dijo poniéndose de pie. —quieres algo, no se ¿un café tal vez?

Ella saco la lata de su bolso.

—Ya me has ayudado mucho Simon.

El negó con una sonrisa.

—Te aseguro que no es problema.

Marceline agito su mano.

—No, de verdad Simon gracias, por defenderme, por hacerme compañía…dios hasta por la extraña cena con tu padre y tu tía.

Simon se tocó la nuca y froto con una mueca al recordar lo incomodo de la cena que sin que su madre estuviera presente había sido bastante incomoda y vergonzosa.

—Perdón por todas esas cosas que dijeron mi padre y mi tía.

Ella se sonrojo.

—No te preocupes por eso, debiste conocer a mi abuela ella era especialista en eso de incomodarme.

El castaño la miro.

—Si pero no creo que tu abuela te comprometiera sin tu permiso.

Marceline rio.

—Simon créeme mi abuela me avergonzó muchas veces con las fotos de mi álbum familiar.

Marceline se levantó de la silla.

—Creo que nuestro turno ya acabo.

Por el pasillo apareció Julie Abadeer, la madre de Marshall, ella camino apurada aun con el uniforme de la cafetería donde trabajaba puesto hasta donde estaba su sobrina.

— ¿Cómo está?

Marceline le dio una mirada a la habitación.

—Está bien, solo se rompió una pierna.

Julie suspiro. Su hijo siempre le daba cada susto.

—Yo me hago cargo Marceline.

Le dio una mirada al castaño preguntándose quien era.

—Ustedes váyanse ya a descansar.

Marceline asintio, tomo su bolso y le indico a Simon que ya podían irse. Ya afuera se percató de que no tenía forma de regresar a su casa, miro al castaño.

— ¿Te molestaría darme un aventón? —cuestiono con dulzura.

—No es molestia, vamos.

Ambos subieron al auto.

….

Clarence abrió los ojos poco a poco ya que sentía todo el cuerpo adolorido. Se incorporó y miro hacia todos lados antes de ampliar sus ojos ante lo que vio, estaba en medio de la nada, algo que supo relacionar con la pelea que tuvo ayer con Ash.

El peliblanco había irrumpido en la bodega donde se había ido a esconder después del accidente de Marshall, lo había golpeado y metido en el maletero de su auto para después tirarlo en medio de un campo.

— ¡Rayos! —grito cuando no encontró su móvil ni el dinero que Ricardio le pajo por su trabajo sucio.

—Ese idiota.

Termino de levantarse y mientras caminaba hacia la carretera pensó en lo último que Ash le dijo antes de patearlo en el rostro.

— ¡Hey!, ¿Qué haces tú aquí?

Pregunto Ricardio extrañado de que Clarence saliera de entre los arbustos del jardín trasero de su mancion.

—Ricardio, oh gracias al cielo estas aquí.

Clarence corrió hacia él.

—Ash vino a buscar venganza por lo de Marshall.

Ricardio asintio.

—Ya lo sé, Marceline también se cobró lo del accidente de Marshall. —dijo no muy contento con el recuerdo.

—Él dijo, La guerra ya empezó.

Ricardio frunció el ceño, esto no le venía bien a sus planes.

— ¿Qué significa? —pregunto Clarence muy contrariado.

—Mira Clarence no quieres saberlo.

El pelirrojo estaba por entrar a su casa cuando Clarence le pido ayuda. Pero el pelirrojo no estaba moviendo ni un dedo, se dio la vuelta y lo fulmino con la mirada para después entrar a la mancion.

Clarence simplemente volvió a caminar hacia la carretera, tal vez alguien le daría un aventón.

….

Marceline subió por las escaleras de madera y cuando llego a la puerta se giró a mirar a Simon.

—Supongo que te veré mas tarde. —dijo rompiendo el silencio.

—Supongo. —repitió Simon con una pequeña sonrisa.

Ambos se miraron por un rato antes de finalmente despedirse ya que era bastante tarde. Marceline entro apurada y después de suspirar se pegó a la puerta y se dejó caer con las manos tocando el lugar donde justamente estaba su corazón con una sonrisa.

Después de todo este día no había sido tan malo.

….

Fin del cuarto capítulo mis niños del hielo no se olviden de comentar y visitar el próximo capítulo ya que abra más emparejamientos…