Recuérdame.

Capitulo: 7

Visitas inesperadas y Alianzas impensables.

hola mis queridos lectores soy yo de nuevo ;) premiando a ustedes chicos que dejan sus comentarios y leen esta historia.

Les aseguro que leo todos sus comentarios y tomo en cuenta sus sugerencias, habrá emparejamientos que crearan muchos enredos amorosos como el GumballxFionnaxMarshall y otros que simplemente pondrán en un situación de celos a nuestros protagonistas.

una vez mas gracias por su atención y sus comentarios, el próximo capitulo esta en camino ya que estoy super inspirada con esta pareja que en lo personal me encanta ;) soy ¡100% Simoline!

bueno a leer mis niños de el hielo enjoy:

….

Marceline se apresuró a tomar la fotografía.

—No te enseñaron a respetar las pertenencias de otros.

Fionna la miro sorprendida.

—Esa niña de la que tanto habla Simon eres tú. —dijo sorprendida mientras la señalaba.

—Dios Simon estará tan contento.

— ¡No!

Fionna la miro sorprendida.

— ¿Por qué no?

Marceline suspiro.

—No lo sé solo no quiero contarle aunque yo soy esa niña.

Miro un momento la foto antes de ver a la rubia.

—No le dirás nada.

La rubia asintio a regañadientes.

—Bien necesito cambiarme.

Emprendió su camino otra vez al baño mientras Fionna se quedó observando al castaño.

Flash back

Oye ese es lindo.

Fionna tomo el viejo muñeco remendado de una de las muchas cagas apiladas junto a la puerta de la recién abierta tienda de antigüedades.

Puedo quedármelo.

Simon dejo de sacar los libros.

No es mío.

La rubia levanto una ceja.

Es de la novia de Simon.

La tía del castaño susurro mientras limpiaba una de las repisas donde pondría después la colección de figurillas de porcelana.

Una niña bastante mona.

La rubia miro de reojo al castaño que miraba distante la caja con el escudo gravado en un costado por un rato antes de irse a meter en la bodega.

Fue una pena que no siguieran estudiando juntos, tal vez con el tiempo terminaríamos emparentando con el abogado más famoso de la ciudad.

Fin flash back.

El sonido del despertador despertó a Simon de su sueño y a Fionna de sus recuerdos con su estridente sonido.

—Que…que pasa. —susurro desorientado mirando para todos lados.

—Nada es solo el despertador.

De un momento a otro Fionna se puso de pie.

—Oh, no. —dijo tocándose la cara. —La grumosa va a matarme.

Saco su móvil.

—Me tengo que ir, te veo en clase Simon.

Salió corriendo de la casa tan rápido que Simon no pudo preguntarle por qué estaba tan asustada.

— ¿Esta bien? —pregunto Marceline saliendo del baño con otra muda de ropa puesta.

—No lo sé desde que se reúne con las populares a estado actuando de manera extraña.

Admitió Simon después de un suspiro.

—Ah ya entiendo ella es la siguiente.

Simon la volteo a ver.

— ¿La siguiente?

—Desde hace tiempo esas brujas hacen una especie de iniciación a las chicas que quieren unirse a su clan. Desde Trabajos pesados hasta solo tonterías.

Esto claro no tranquilizo al castaño.

— ¿Ella te importa mucho verdad?

El asintio.

—Es como una hermana para mí.

Marceline sonrió ella sabía de ese cariño, Era el mismo que sentía por su primo y Ash.

— ¿Y cómo te sientes? —cuestiono Simon dándole una mirada.

—Como si me arrollara un camión.

El castaño tomo de la mesita de noche el frasco de pastillas.

—Dos de estas te harán sentir mejor.

Tomo el frasco y saco dos tabletas que ingirió después de una sola vez.

—De donde sacaron esto.

Simon se encoguio de hombros.

—Ash nunca aprenderá de sus errores. —susurro Marceline mientras tomaba sus zapatos.

—Bueno de hecho Fionna trago todo.

— ¿Fionna?...ja mi primo es tan tonto a veces.

Miro la bolsa de lona sobre su sofá había olvidado que su tía le encargo llevarle una muda de ropa.

—Tengo que ir al hospital antes de clases.

Simon asintio.

—Espero verte en clases.

La pelinegra asintio.

—Claro no se me ocurriría faltar. —dijo sarcásticamente antes de ir en dirección contraria a el castaño.

….

Marceline pov:

Estaba de camino al hospital cuando de repente escuche la vocecita molesta de la única persona que podía sacarme de mis casillas con un solo bobo comentario.

Marceline… ¿eres tú?

Me detuve a mirarlo.

William Roscooe valla sorpresa.

El sonrió.

Valla que has crecido mucho.

Di un suspiro. Él era uno de los muchos amigos que Simon tenía en el internado, un chico que siempre hacia bromas de mal gusto.

Tú también William, mírate ¿dónde quedo el chico pecoso con el cabello de zanahoria?

William frunció el ceño.

Tan graciosa como siempre.

Sonreí con suficiencia.

Perdóname por no seguirte soportando pero tengo cosas más importantes que hacer.

Me di media vuelta y continúe con mi camino dejándolo hay con la palabra en la boca.

Fin pov.

William suspiro ella seguía siendo tan fría e indiferente como en el pasado.

—Mmm ahora donde quedaba esa tienda de antigüedades.

Camino unas calles más hasta que el edificio de fachada antigua le indico que estaba en ese lugar tan recomendado.

—Bienvenido. —dijo optimista Lucy.

—Buen día señora…estaba buscando un…un anillo.

Lucy chillo emocionada.

—Aquí hay muchos anillos hermosos.

Le jalo del brazo.

—Míralos, reliquias de metales preciosos. Oro, plata, bronce.

William miro los anillos por un momento antes de girarse a ver al castaño que entraba por la puerta trasera.

— ¿Simon?

— ¿Will eres tú?

El pelinaranga asintio.

—Que tan mal me veo.

Simon negó mientras se acercaba.

—No, es solo que has cambiado amigo.

Se dieron un apretón de manos.

—Pff suenas como ella.

El castaño levanto una ceja.

— ¿Ella?

William asintio.

—Marceline por su puesto, esa pequeña gótica me insulto a el puro estilo sutil.

Simon se quedó boquiabierto.

— ¿Hablas de Marcy?

El pelinaranga asintio.

—Quien más Simon, ¿acaso conoces a otra gótica? —cuestión cruzándose de brazos mientras esperaba su respuesta.

—Bueno algo así.

Respondió Simon mientras pensaba en Marceline.

—Como sea, el asunto es que tu amiga sigue siendo una grosera.

Tomo uno de los anillos de plata, el único con la gema verde. Pero dejo de admirarlo cuando noto que Simon había adoptado un semblante serio.

—Que pasa parece que escuchaste la peor de las noticias.

Lo miro.

—Es eso ¿no? Te peleaste con la gótica y mencionarla empeoro el asunto.

William se cruzó de brazos de nuevo.

—Will no he visto a Marcy desde hace siete años.

William negó.

—No, es imposible que viviendo en la misma ciudad no se reunieran en tanto tiempo.

Simon amplio sus ojos.

—La misma ciudad.

Pensó antes de caer en cuenta.

—Hace cuanto que la viste.

El pelinaranga sonrió de medio lado.

—Entonces mis suposiciones desde que estábamos en el internado son ciertas.

Lo codeo insinuante.

—Estás enamorado de ella.

—William.

Advirtió Simon.

—Bien, bien, la vi hace un rato.

El castaño asintio.

—Ya veo.

Se quedó mirando el muñeco en la repisa

—Me tengo que ir.

William negó al parecer si estaba en lo correcto.

….

En el hospital Marceline le arrojo la bolsa de lona al peliblanco que muy quitado de la pena estaba jugando cartas con Marshall.

—Valla, mira quien revivido. —susurro Marshall al parecer de buen humor.

—Qué lindo.

Le apretó el pie vendado regocijándose de su expresión de dolor.

—Dejarme morir.

Ash se levanto.

—Estabas con ese chico.

Marceline le dio una palmada en la cabeza.

—Él no es como nosotros Ash, él no sabe cómo sacar una bala.

Ash rio mientras se acariciaba la cabeza.

—Créeme que me di cuenta.

Marshall bajo sus naipes y miro a su prima, Fionna había llegado a tiempo le debía una bien grande.

—Como sea yo cumplí con traerte un cambio de ropa.

Después de ver que su primo estaba en buena compañía se fue para la escuela con la mente más tranquila.

Estaba ya corriendo por los pasillos pensando que el timbre ya había sonado cuando alcanzo a escuchar la odiosa voz de la auto nombrada Reyna de la preparatoria gritarle a alguien quien la había fastidiado.

— ¡Vainilla!, ¡Sabes que odio la vainilla! —grito la grumosa aventándole el café encima a Fionna sin importarle que estuviera caliente.

—Ahora ve y cumple tu trabajo Fionna.

La rubia que apenas había logrado esquivar el líquido caliente apretó los puños. Quería ir y gritarle que ella no era su sirvienta pero en vez de eso se quedó callada, respiro hondo y recogió el vaso de papel para después encontrarse cara a cara con Marceline.

—Eso fue patético. —dijo Marceline.

—Por qué no vas y le devuelves el insulto.

Fionna se quedó mirando el suelo.

—No puedo.

Marceline dio un suspiro.

—Claro que puedes, no tienes por qué aguantarla solo por querer pertenecer a su grupo.

Miro a la peli purpura.

—Marshall espera eso y más de ti.

La rubia se quedó pensando y se dio cuenta que era verdad él siempre le recriminaba el hecho de que se dejaba utilizar y humillar solo por querer pertenecer a un grupo.

—Tienes razón.

Se armó de valor y fue directamente con la grumosa.

— ¡Yo no soy tu sirvienta! —le grito dejando a la peli purpura en shock.

—Que no entiendes tu situación Fionna.

—No me importa.

La grumosa apretó los puños.

—Bien, estas expulsada del grupo.

Fionna sonrió a pesar del miedo que sentía.

—Me alegro.

Le arrogo el vaso que aun contenía algo de café manchando su suéter de diseñador nuevo.

— ¡Te vas a arrepentir de esto Fionna!

Estiro sus manos hacia abajo y se fue caminando raro.

—Fionna por qué hiciste eso.

Exigió Bonnibel indignada por la reacción de su amiga.

—Bueno ella comenzó. —mascullo Marceline.

—Esto no es tu asunto.

Ambas se fulminaron con la mirada. Fionna empezó a preocuparse de que pudieran comenzar una pelea así que se metió entre las dos.

—Ya es suficiente.

Bonnibel asintio.

—Tienes razón, ven hay que hablar.

La rubia se quedó dónde estaba.

—No…yo tengo otras cosas que hacer.

Bonnibel levanto una ceja.

—Bien, pero más tarde hablaremos de esto.

Fionna rodo los ojos ella sonaba exactamente como su madre.

—claro.

La pelirosa asintio, se dio la vuelta y se fue con las demás chicas que fueron testigos de la primera vez que humillaron a la grumosa en público.

—Hey Marceline.

La reina vampiro abrió su casillero.

— ¿Que pasa ahora?

Fionna sonrió.

—Gracias por darme ánimos.

Marceline asintio.

—Cualquier cosa que haga enojar a esa bruja de cabello morado me hace sentir bien.

Fionna rio ante su broma.

—Marshall tiene razón eres una buena amiga.

Cerró su casillero y le dio una mirada Cuestionante.

— ¿Amiga? —pensó arqueando una ceja.

….

Más tarde en el almuerzo Marceline buscaba a Simon pero este no estaba por ningún lado. No lo había visto en ninguna de las clases, estaba preocupada.

—Yo puedo llamarlo.

Miro hacia la rubia sentada en su mesa. Ella había estado desde el momento de la humillación de la brumosa comportándose como si fuera su mejor amiga.

—Bien. —dijo sentándose para morder una manzana mientras esperaba que Simon contestara su móvil.

—Simon, ¿Dónde estás?

La pelinegra levanto la mirada.

—Oh, entiendo… bien.

Fionna cerró su móvil y miro a Marceline.

—Él no se siente bien.

Marceline asintio. Tal vez había sido la noche en vela que pasó cuidándola, más tarde iría a ver en que podía ayudar.

—Fionna te estaba buscando en la mesa de las populares.

Gumball miro a Marceline y luego le dio una mirada Cuestionante a la rubia.

—No quieres venir a nuestra mesa.

Fionna negó.

—Estoy con mi nueva amiga.

Marceline y Gumball la miraron como si estuviera loca.

...

Ricardio por otro lado estaba todavía muy molesto, tanto que Clarence y la fantasma estaban unas dos sillas lejos del pelirrojo.

—Ri…Ricardio...ya verás que todo se solucionara.

El miro mal a Clarence.

—Como Clarence, ¡Como soluciono este problema!

La fantasma se encogió de hombros.

—No lo sé…pero por que no salimos a ese nuevo bar que abrieron hace dos días.

Ricardio dejo de encañonar al pobre chico para mirar a la rubia.

— ¿Para qué haría algo tan estúpido?

La fantasma rodo los ojos.

—Para planear otra forma de hacer sufrir a la vampira. —contesto tomando su bebida.

— ¿Vampira?... ¿hablan de Marceline?

Los tres se giraron a ver a la pelirosa.

—Si por qué.

Bonnibel miro a Ricardio considerando el plan que tenía en mente. Pensó en lo que dirían sus amigos, en como reaccionaria Simon, en lo mucho que sufrirían varias personas…EN LO QUE PENSARÍA SIMON.

Por mucho que lo consideraba en ese momento su subconsciente actuó solo y pronuncio lo que seguramente sería una condena para muchos.

—Yo se algo que tal vez les pueda ayudar.

Ricardio ladeo su sonría.

— ¿De verdad? —pregunto a lo que Bonnibel sintió escalofríos desagradables gracias a la mirada del pelirrojo, pero aun así asintio.

….

Callo la tarde y Marceline ya estaba en la tienda de antigüedades cubriendo su turno. Suspiro, no recordaba haber agradecido tanto un trabajo como ahora que por fin estaba libre de la parlanchina de Fionna.

Era obvio que lo que hacía era un intento desesperado de conseguir una amiga y aun que ella no fuera del tipo amigable Fionna insistía en forjar una amistad con ella.

Suspiro, al menos ahora sabía lo que era tener una hermana menor, una desesperante hermana menor que hablaba más que Marshall, bueno almenos ahora sabía porque estaban enamorados esos dos. Pensó con una sonrisa.

—Buenas noches.

Marceline levanto la mirada hacia el pelinaranga.

—No puede ser.

William empezó a reír.

—El mundo es un pañuelo.

Marceline levanto una ceja.

—William por fin te volviste loco.

El pelinaranga se acercó a la caja.

—Apenas esta mañana en esta misma tienda estaba hablando con Simon y ahora mira tú trabajas aquí.

La reina vampiro tenía ganas de decirle cuan equivocado estaba pero el continuo hablando así que lo encontró innecesario.

— ¿Vas a comprar algo?

William asintio.

—Una sortija de matrimonio.

Ella rio sutilmente.

— ¿Una sortija?, Para que quieres eso.

William suspiro antes de contestar.

—Planeo casarme este mes.

Marceline amplio sus ojos ante la noticia.

— ¿Tú te casaras? —pregunto Marceline incrédula.

—Cuando uno encuentra el amor, ¿por qué esperar?

Metió la mano en el sus bolsillos después de su pequeño discurso y saco una nota donde venía la descripción del anillo que aparto esta mañana y se la entregó a Marceline que se fue a buscarlo en la repisa.

—Oye gótica.

Llamo William vacilante.

—Que Williams.

El pelinaranga sonrió.

—Te puedo pedir un favor.

Marceline lo miro desde lo alto de la escalera.

….

En otro lado de la ciudad de Ooo, en un bar estaba Simon sentado en la barra mirando pensativo la copa de alcohol frente a él, los colores llamativos y el pedazo de fruta en el borde no le animaban a beberlo en lo más mínimo.

Empezaba a preguntarse qué estaba haciendo hay realmente, él no era del tipo de chicos que se embriagaban para ahogar sus penas.

—Necesitas alguna otra cosa cariño.

La mesera que había estado coqueteando con él desde que llego le giño un ojo mientras esperaba que pidiera algo más.

—No gracias.

La mesera dio un suspiro de decepción y se fue a atender las otras mesas.

Simon suspiro tomo la copa y de dio un gran sorbo.

**Varias copas más tarde**

La música se había tornado de tranquila a una muy ruidosa para el castaño que estaba recargado en la pared mientras miraba las muchas parejas en la pista de baile. Recordó entonces a la única persona de la que siempre estuvo enamorado.

Flash back:

El atardecer estaba poco a poco llegando a su fin y pronto vendría el chofer del padre de Marceline a recogerla y ese hecho la deprimía por que hoy era el último día que estaría con Simon.

Se suponía que debía quedarse en la sala común de los dormitorios esperando al chofer pero mejor se fue a la pequeña choza en el árbol donde solía jugar con Simon.

Marceline. —llamo Simon saliendo de entre los arbustos. —Te están buscando.

Marceline suspiro.

Ya lo sé.

Simon negó mientras subía por las escaleras de cuerda.

¿Entonces por qué haces esperar a tu padre? —pregunto sentándose a su lado.

¿Mi papa vino?

El castaño asintio, lo había conocido cuando salía de clases y lo vio conversando con la profesora.

Ya firmaron el divorcio y el vine ondeando la acta de custodia.

Simon sonrió.

Si mi mama hubiera dejado sus vicios y se preocupara más por mí, habría luchado por quedarse con mi custodia y yo podría quedarme en el internado.

Marceline hizo una mueca triste, le dolía el tener que despedirse de Simon y eso el castaño lo sabía a la perfección ya que el sentía lo mismo pero no lo admitía por que el debía de ser el fuerte.

No es el fin del mundo Marceline.

Ella lo miro y después lo golpeo en el brazo.

Tienes que prometer que me escribirás siempre.

Mientras se sobaba el brazo asintio.

claro.

Ambos se miraron mientras caia la noche y poco a poco se fueron acercando guiados por una emoción ajena a sus pensamientos racionales, Hasta que el primer beso para ambos ocurrió.

Fin flash back

Simon suspiro cuando escucho su móvil sonar. Quien podría llamarlo a esta hora, pensó mientras miraba el número en la pantalla.

—William, ¿qué pasa?

El pelinaranga al otro lado de la line sonrió emocionado.

—Amigo hay alguien que quiere hablar contigo.

Hubo un intercambio de palabras y finalmente una voz femenina se escuchó al otro lado de la línea y Simon sintió su corazón volver a la vida.

….

En el hospital Fionna miraba dormir a Marshall y se sintió aliviada de saber que su pierna se estaba recuperando y que pronto volvería a la preparatoria.

Se moría por que la viera ahora con más valentía, gracias a su nueva amiga que a diferencia de Bonnibel le daba consejos de una manera muy peculiar.

Durante su sesión de pensamiento por la ventana una mata de pelo corto rosado delato a Gumball que había venido hasta el hospital a buscar a Fionna.

Se asomó y frunció el ceño ante la escena que presenciaron sus ojos.

Fionna contemplado con adoración absoluta a Marshall. Apretó los puños y se fue de regreso a el elevador pero paro antes de apretar el botón.

Mejor saco su móvil y marco el número de la rubia.

—Hola. —dijo Fionna saliendo de la habitación.

—Fionna soy yo…Gumball.

La rubia levanto una ceja.

— ¿Está todo bien?

Gumball desde detrás de una planta dio un suspiro calmando la ira y el dolor en su voz.

— Si… ¿Fionna dónde estás?

Esa pregunta tomo por sorpresa a Fionna.

—En mi casa donde más podría estar.

El chico cerró los ojos y dio otro suspiro.

—Simon no está por ahí.

—No, ¿por qué?

—No por nada adiós.

Colgó y salió herido del hospital mientras Fionna llamo a Marceline.

….

Marceline pov:

No escuchaba más que la música al otro lado de la línea. Voltee a ver cuestionante a William que simplemente tomo su móvil y salió de la

Tiempo después sentí vibrar mi móvil.

Hola.

Marceline hola una pregunta esta Simon contigo.

Mire al pelinaranga afuera.

Lo busque en su casa pero no estaba.

Fionna al otro lado de la línea suspiro.

Le preguntare a mi hermano.

Apenas ella colgó alguien más me llamo, era Ash.

Marceline creo que deberías venir al bar.

Suspire.

Por qué.

Bueno tu querido tutor está aquí y no se ve nada bien.

Fin pov

Marceline se quitó el delantal y salió corriendo sin molestarse en ponerle atención al pelinaranga.

.

Para cuando llego a dicho bar se encontró con una marea de gente que hizo muy difícil su labor de búsqueda, entre las luces estrambóticas y luces multicolores era normal confundirse.

—Mira quien está aquí.

Marceline se giró a ver a la grumosa.

—Hay no, tú aquí.

La grumosa sonrió.

—Que, ¿aún no olvidas tu humillación?

La reina vampiro también se vio contagiada por su sonrisa.

—La tuya no grumosa aun me estoy riendo de esa estúpida expresión en tu cara. —dijo Marceline cruzándose de brazos.

—Mira bruja esa pobre chica está vetada de mi grupo. —mascullo la grumosa moviendo su mano de derecha a izquierda.

—Ahora ella tendrá un nombre tan horrible como el tuyo.

Lejos de importarle estaba agradecida. De no haber sido por su primo ella estaría en este momento en un grupo lleno de cabezas huecas con un sobre nombre ridículo.

—Hazlo que quieras, no me importa Grumosa.

Se dio media vuelta y se mezcló entre la gente buscando a un chico castaño con lentes redondos con cristales azules entre un montón de tatuados y perforados chicos que usaban ropas muy diferentes a las de Simon.

Era como buscar un globo rojo entre un montón de verdes y efectivamente lo encontró tumbado en un sofá de cuero negro.

—Simon. —llamo tocando su hombro.

—Marcy.

Ella amplio sus ojos.

—Oh por dios, has estado bebiendo.

El castaño rio mientras intentaba levantarse.

—Si lo estaba. —dijo acomodándose la gafas sueltas.

—Bien te sacare de aquí.

Le jalo del brazo y el simplemente se dejó llevar entre la multitud hasta la calle donde agradeció el soplo de aire fresco libre de humo de tabaco y el olor del alcohol.

— ¿Dónde está tu auto?

Le señalo el auto al final de la calle.

—Ok, vamos.

Al abrir la puerta trasera se topó con el peluche rosado desgastado que la miraba con sus pequeños ojos de botón.

—Intente tirarlo pero simplemente no pude.

Marceline se horrorizo por lo que Simon menciono, él fue su mundo en el internado.

— ¿Por qué?

Simon se dejó caer en el asiento.

—Por qué me recuerda a alguien.

La reina vampiro trago grueso.

—A… ¿a quién? —pregunto de repente esperanzada.

—A alguien que quiero olvidar.

Fue como un baño de agua helada que la hizo estremecerse hasta la medula.

—Puedes tirarlo por mí. —susurro mientras se daba la vuelta y enterraba su rostro en la tela afelpada del asiento.

Ella por su lado no respondió solo cerró la puerta y se subió al asiento delantero donde después de un profundo suspiro tembloroso encendió el motor.

¿Dónde lo llevaría?, ¿Cómo quitarle esta borrachera?, eran preguntas en las que se concentraba en vez de las palabras de Simon. No podía llevarlo a su casa, sus padres eran tan buenos que no se merecían ver a su niño de oro en este estado.

Lo más obvio era llevarlo a su casa, era lo justo, el cuido de ella y ahora era su turno para devolverle el favor.

—ok.

Estaba por dar la vuelta pero el auto hizo un sonido extraño antes de apagarse.

— ¡Diablos! —Grito y golpeo el volante, se había quedado sin combustible justo en medio de la carretera en plena noche.

—Madre.

El castaño se incorporó como impulsado por un resorte asustando a la pelinegra.

— ¿Qué pasa? —pregunto preocupada pero Simon simplemente abrió la puerta y salió corriendo hasta los arbustos.

Oh no, pensó mientras escuchaba los sonidos de arcadas. Debió de preverlo, él obviamente jamás había probado un coctel y menos doce de ellos.

—Rayos jamás volveré a beber.

Marceline sonrió desde su posición.

—Apuesto a que sí.

Simon se limpió la boca.

—Diablos soy un pésimo tutor.

Ella rio ante la ironía de sus palabras, hace mucho que tuvo su primer trago de alcohol lo que veía no era nada impresionante.

—Tranquilo no se lo diere a nadien.

Le guiño un ojo.

—Pff ahora de donde sacamos combustible.

Simon miro las luces de una gasolinera a unos Kilómetros lejos de su posición.

—Talvez podamos empujarlo.

Marceline asintio no había de otra.

—Claro vamos.

Estaba oscuro y no se dieron cuenta que había puesto sus manos juntas hasta que Simon se apartó como si hubiera tocado una estufa caliente.

—Ops, lo siento.

El rio nervioso.

—No hay problema aquí está muy oscuro además de que esta helando.

Se tallo los brazos desnudos.

—Oh.

Simon se quitó su chaqueta y se la tendió a la pelinegra.

—No, espera.

El negó mientras la abrigaba el mismo.

—Que diría mi padre si se entera de que deje a una mujer congelarse.

Dio otra risita y se fue a tomar su lugar detrás del auto.

—Bueno si lo pones de ese modo.

Metió las manos en las mangas que le iban bastante grandes y fue a ayudarlo.

….

Llegaron a la gasolinera y mientras esperaban cada uno estaba ocupado con sus propios pensamientos.

Simon miraba su mano con un gesto pensativo. ¿Que había sido eso que sintió cuando toco la mano de Marceline?, ¿La bebida lo había corrompido acaso?, se preguntó dándole una mirada de reojo a la pelinegra en el auto servicio antes de darse la vuelta rápidamente con las mejillas rosas.

Marceline por su lado miraba el café caer de la maquina con la mirada ausente, pensando porque Simon quería olvidar los escasos recuerdos que tuvieron desde niños.

¿Por qué se deshizo de Hambo?, porque quería seguir adelante y dejar el pasado donde estaba.

Lo miro hay parado mirando su mano para después voltear a mirarla, tal vez ella también debía aprender de él.

—Aquí tiene señorita, un café bien cargado.

Marceline asintio mientras pagaba el café.

—Gracias.

Salió directamente a donde estaba.

—Esto te hará sentir mejor.

Aun con las mejillas rosas asintio.

—Gracias.

Marceline asintio.

—Hay que regresar ya es muy tarde.

Después de un sorbo Simon asintio, aún estaba sintiéndose terrible.

—Te llevare a mi casa.

Con un pie dentro del auto el castaño la miro cuestionante.

—No puedes ir así a tu casa. —dijo después de captar su mirada extrañada.

—Tienes razón a mi madre le dará un infarto.

Marceline compartió su sonrisa mientras subía al auto y conducía hasta su casa.

….

En la mancion de los Abadeer un auto lujoso se detuvo en la entrada y bajo un hombre de expresión seria acompañado por una niña de cabellos negros azulados que miraba continuamente la puerta ansiosa de que su media hermana mayor saliera.

Pero en vez de eso un auto se estaciono detrás de le primero.

— ¡Diablos! —grito por segunda vez cuando alcanzo a ver a su padre y a su media hermana.

—Que hacen aquí.

Simon trato de ver quiénes eran pero estaba oscuro afuera.

—Simon quédate aquí y no salgas.

El castaño negó pero ella incisito conocía bien a su padre y no quería pleitos por traer un chico a la casa a esta hora.

— ¡Marceline! —grito la hermanita de la pelinegra saliendo del auto para abrazarla.

—Papa, Juliet ¿qué hacen aquí?

Hudson miro a su hija.

—llegamos hace unas horas a la ciudad y julient quería venir a ver a su hermana.

Marceline tuvo que morderse la lengua para no recordarle a su padre que Juliet era su hermanastra.

—Bueno ya la vi papa.

Juliet se despegó de las piernas de la pelinegra para mirar a su padre.

—Me quiero quedar con Marcy. —dijo para fastidio de la reina vampiro que inmediatamente miro a su padre y negó. Pero su padre siempre le quería hacer la vida más difícil.

—Estoy de acuerdo, Marceline cuidaras a Juliet esta noche.

La niña grito feliz y Marceline grito indignada a su padre pero este simplemente camino de regreso a su auto.

—Oye Marceline ¿quién es?

Juliet señaló al castaño que salió apenas se alejó el lujoso auto.

—Un amigo. —contesto yendo a abrir la puerta.

— Hola, ¿quién eres? —pregunto mirando a Simon con curiosidad.

—Simon Petrikov. —Contesto sonriéndole amablemente.

— ¿Eres un amigo de Marceline?

Marceline rodo los ojos. Esta niña era tan preguntona, pensó dándole vuelta a la perilla.

—Si Juliet él es mi amigo.

Más tarde se arrepintió de decirle eso ya que Juliet grito emocionada lastimándole los oídos a los dos.

—Una Pijamada sorpresa. —dijo mientras no para de saltar.

Marceline dejo caer la cabeza mientras mentalmente gritaba ¡porque a mí!

….

Fin de este capítulo mis niños del hielo espero que les gustara. Hasta la próxima bye, bye ;)