Recuérdame.
Capitulo: 8
Amigos.
….
Marceline miro a su hermana bombardear con montones de preguntas a Simon que trataba lo más que podía ser amable y paciente, pero Juliet era perseverante.
— ¿Eres el novio de Marceline?
Tanto Simon como Marceline se sonrojaron.
—Juliet ya déjalo tranquilo.
De espaldas ordeno la pelinegra mientras se estiraba a tomar un vaso de agua para poder tomar las pastillas que le impedían pescar una infección gracias a la herida de su brazo.
— ¿Van a la misma escuela?
El castaño asintio.
—Juliet no prefieres jugar con tus muñecas.
La niña se levantó del sofá y se fue a sacar de su maleta un par de sus muñecas. Estuvo jugando un rato pero finalmente se aburrió.
—Perdón por esto, no esperaba que vinieran. —mascullo Marceline parándose a su lado. —Tu puedes ir a una de las habitaciones de huéspedes yo me encargo de ella.
Simon noto que ella también estaba cansada y se sintió incapaz de irse y dejarla a su suerte.
—Tranquila no me molestaría ayudarte.
Simon sonrió aun a costa de su cansancio y el alcohol aun presente en su sistema.
—Eso dices ahora pero espera a que desempaque.
Marceline dio un suspiro mientras miraba el techo.
—Esa niña tiene más juguetes que yo a su edad.
Simon asintio. Su padre era un abogado multimillonario, eso se intuía solo de ver el auto en que llego.
— ¿De verdad?
La pelinegra asintio a la pregunta del castaño con una sonrisa jugando en sus ojos.
—Claro, yo solo tuve un juguete en el colegio donde mis padres me encerraron.
Esto animo los oídos de Simon que le dio una mirada de curiosidad.
— ¿Algo como un internado?
Ella se mordió la lengua cuando se dio cuenta que había dicho demasiado.
—Algo así.
Juliet vino saltando y se plantó en medio de los dos.
—Tranquila no me molesta.
Simon sonrió aun a costa de su cansancio y el alcohol aun presente en su sistema.
—Eso dices ahora pero espera a que desempaque.
Dio un suspiro mientras miraba el techo.
—Esa niña tiene más juguetes que yo a su edad.
Simon asintio. Su padre era un abogado multimillonario, eso se intuía solo de ver el auto en que llego.
— ¿De verdad?
La pelinegra asintio a la pregunta del castaño con una sonrisa jugando en sus ojos.
—Claro yo solo tuve un solo juguete en el colegio donde mis padres me encerraron.
Esto animo los oídos de Simon que le dio una mirada de curiosidad.
— ¿Algo como un internado?
Ella se mordió la lengua cuando se dio cuenta que había dicho demasiado.
—Algo así.
Juliet vino saltando y se plantó en medio de los dos.
—Marcy estoy aburrida.
La reina vampiro le dio una mirada de molestia su hermanita que recordó muy tarde que ella odiaba la llamaran así.
—Quiero jugar.
Marceline bufo.
—Pues ve y juega Juliet.
Juliet miro al castaño.
—Pero lo que quiero jugar es más divertido con más personas.
A la pelinegra no le gustaba a donde iba todo esto.
—Pero ya es muy tarde Juliet, oh juegas oh te vas a dormir.
La niña le envió una mirada suplicante a Simon quien simplemente suspiro.
— ¿Si jugamos contigo unos minutos prometes que te iras a dormir? —pregunto el castaño acuclillándose a su altura.
—Claro que sí.
Ahora Simon y Juliet miraban suplicantes a Marceline.
—Está bien, que juego es.
Juliet salto feliz.
—Vamos a jugar a la casita.
La pelinegra levanto una ceja pues no tenía ni idea de cómo se jugaba aquello.
— ¡Yo soy su hija y ustedes mis padres! —grito la pequeña pelinegra jalando a los dos mayores para que estuvieran más cerca, acción que provoco en ambos un ataque al corazón.
….
En la pequeña casa donde vivía Bonnibel con su primo y sus abuelos. La pelirosa llego apenas dieron las doce.
Entro con cuidado de no despertar a sus abuelos y primo ya que no estaba de humor para aguantar sermones ya que toda la noche se pasó aguantando las coqueterías descaradas de Ricardio.
Dios nunca había conocido a un hombre como el, un tipo que no se cansaba de hablar de sí mismo.
Subió las escaleras hasta su habitación y dejó caer su bolso en la mesita de noche tirando al suelo la fotografía de sus amigos.
Bonnibel pov:
Tenía un plan fijado en mi cabeza y simplemente las imágenes mentales de mis amigos me impidieron hablar de nuestro pequeño plan de venganza.
Bueno además de la malicia claramente en los ojos de Ricardio cada vez que relataba lo mucho que odiaba a Marceline Abadeer y a sus amigos
Me arrepentí de arriesgar a las personas que más me importaban, Fionna y Simon que estaban arriesgándose al frecuentar una amistad con los primos Abadeer.
Suspire solo espero que se quede en eso solamente.
Fin pov
Al otro lado del pasillo Gumball miraba el techo sin poder conciliar el sueño. Pensaba en lo que vio en el hospital y en lo mucho que le dolía.
Sentía rencor y buscaba aliviar la asfixiante opresión vengándose, pero nada venía a su mente no ahora que Marshall estaba en el hospital.
Como fuera sería algo que lo hiciera quedar mal ante los ojos de Fionna para siempre.
….
En una carpa improvisada Marceline y Simon miraban sin entender a Juliet que al parecer estaba imitando a un bebe.
—Se supone que deben calmar a él bebe. —dijo Juliet parando sus exagerados lloriqueos por unos momentos.
— ¿Y cómo hacemos eso? —pregunto Marceline codeando a el castaño.
—Y cómo voy a saberlo.
Simon rio nervioso.
—Tú eres el listo ¿no?
El chico la miro indignado.
—Pero tú eres la madre.
La pelinegra dejo caer la cabeza en señal de derrota.
Más tarde después de que Juliet callo en cuenta de que su hermana y su invitado no tenían ni idea de cómo calmar a su bebe decidió mejor pasar a algo más fácil.
—El papa de va a trabajar y la madre se queda a cuidar a sus hijos.
Marceline desde donde estaba sentada miro a su hermana.
— ¿Y?
Juliet dio un gran suspiro.
—Tienes que despedirte de él.
La reina vampiro miro a Simon al otro lado de la sala.
—adiós.
Sacudió su mano de derecha a izquierda.
—No, así no.
Ambos miraron a la niña.
—Como lo hace mi mama.
Marceline no sentía ganas de imitar a su madrasta así que se levantó y estaba por irse a su habitación a dormir cuando Juliet le jalo de la camisa.
—Solo dale un beso.
La miro en shock.
—El juego se acabó Juliet. —Mascullo de repente a la niña negó de repente necia en que su hermana la obedeciera.
—Solo hazlo oh…oh le diré a papa.
Amenazo cruzándose de brazos.
—Juliet.
Advirtió Marceline golpeando el suelo con su pie continuamente.
—Contare hasta tres.
—No quiero.
La reina vampiro dio un suspiro exasperado.
—Marceline déjame.
Simon se acercó a la niña y se acuclillo para estar a su altura.
— ¿Y si te leo un cuento te dormirás?
Juliet miro al castaño emocionada.
— ¿De verdad?
El asintio con una sonrisa.
….
Después de que finalmente Juliet estuviera en la cama Simon se sentó en un extremo de la cama y comenzó a relatar uno de sus cuentos favoritos.
—Bien, todo comenzó en un reino muy lejano…el reino helado era su nombre y en ese reino vivía un viejo rey que siempre estaba solo.
Juliet hizo un puchero.
— ¿Y por qué estaba solo? —cuestión la niña causando una sonrisa en Marceline que miraba la tierna imagen reconociendo que cuando el castaño fuera padre seria uno de los mejores.
—Por qué él era muy frio. —respondió Marceline reclinándose en el sofá.
La mirada ónix del chico voló a la pelinegra. ¿Cómo sabia de esa historia?, se preguntó de verdad sorprendido.
—Bueno como el rey era muy frio no tenía amigos y vivía solo en su enorme palacio congelado con solo los pingüinos, ellos los servían y acompañaban para hacer sus días un poco más cálidos.
En esta parte Juliet sonrió.
—Pero el rey quería algo más.
De reojo miro a Marceline que parecía igual de entretenida con la historia que Juliet.
—Alguien que lo amara, una princesa.
Interiormente la pelinegra rodo los ojos.
—Pero por el contrario encontró una reina.
El castaño miro hacia abajo y sonrió cuando noto que Juliet se empezaba a quedar dormida.
Al final los tres se quedaron dormidos, Simon y Marceline en el sofá ya tenían miedo de despertar a Juliet.
….
El sol salió y los dos abrieron los ojos casi al mismo tiempo, desorientados se preguntaron que era el peso extra que sentían así que miraron hacia abajo y arriba respectivamente.
Sus ojos se toparon y las emociones se hicieron presentes, sin disfraces oh mentiras dejándolos quietos expectantes sobre quién sería el primero en hacer algún movimiento.
—Hay algo que te inquieta. —dijo Marceline sin dejar de mirar sus ojos.
—Has estado muy extraño desde ayer.
Simon parpadeo.
—Por qué lo dices.
Ella rio.
—Bueno bebiste mucho anoche y eso solo significa que estas sufriendo por alguien.
El castaño se sorprendió por la facilidad con la que leía en el como un libro abierto.
—Si quieres hablar yo te escucho.
Marceline le puso una mano en el hombro.
—Por qué confías en mí, ¿no?
Su silencio le pareció contestar porque se levantó y fue hacia la ventana para ver si el auto lujoso de su padre no había aparecido todavía.
—Marceline. —llamo Simon mientras se acercaba a ella. —No es que no confié en ti, es solo que es un problema complicado.
—Tienes razón esos problemas solo se cuentan a los amigos cercanos no a la chica que asesoras.
El castaño abrió y cerró la boca incapaz de decir algo que ayudara en este momento.
—Mira la hora.
Señalo la pelinegra el reloj sobre la mesita de noche.
—llegaras tarde a clases.
El asintió.
—Te veré más tarde entonces.
La reina vampiro se encoguio de hombros.
—Tal vez. —mascullo apartando la mirada de la insistente de Simon.
—Bien, adiós.
Marceline asintio.
—Marcy.
Llamo Juliet.
—No estés triste.
La pelinegra rio, acaso había sido tan obvia.
—Iré a preparar el desayuno.
Se fue hacia la cocina donde apenas dio un paso dentro el teléfono en la pared sonó. Quien seria, su madre, su padre oh acaso su padrastro pidiendo préstamos.
Fuese quien fuese no estaba de humor para tratar con ellos.
—Hola.
Juliet que había venido detrás de ella todo el camino se estiro de puntitas para tomar el teléfono.
—No, soy Juliet.
Saco una caja de cereal y mientras sacaba el cartón de leche de la nevera le dio una mirada de curiosidad a su hermana.
—Bien.
Juliet le tendió el teléfono.
—Marceline tienes que venir por mí al hospital.
Ella rodo los ojos.
—Por qué no le pides a Ash que te ayude Marshall.
Marshall desde el otro lado de la línea suspiro.
—Eso hice, pero no responde.
La reina vampiro recordó que el peliblanco le conto de que había estado saliendo con una de las chicas de la preparatoria.
—Estoy cuidando a Juliet.
El chico asintio.
—Eso intuí cuando contesto ella. —mascullo acomodándose las muletas bajo sus hombros. Hoy salía del hospital y necesitaba a alguien que lo recogiera. Tenía solo dos personas en mente y-claro, Marceline era la más obvia.
—Vamos necesito tu ayuda.
Marceline simplemente no tuvo más que aceptar.
—Está bien voy en un momento.
El teléfono volvió a sonar, esta vez era su padre que avisaba muy a su estilo que ya venía en camino a recoger a Juliet.
Tiempo después el auto llego y de él descendió su padre que sin pensar en tocar entro a la casa y- miro el desorden.
—Veo que has estado muy ocupada con tus estudios como para ordenar la casa.
Marceline dio un suspiro.
—Claro padre.
Hudson asintio mientras esquivaba un montón de cojines.
— ¿El tutor que te asigno tu profesora es bueno?
Se sentó en el único sofá libre de juguetes.
—Es un alumno muy listo de la preparatoria. —dijo Marceline Y Hudson la miro con curiosidad.
—Un alumno superior supongo.
La pelinegra se mordió el labio.
—Bueno, es…esta en mí mismo grupo.
Su padre frunció el ceño.
—Pero él es muy listo, es el mejor de la clase.
Se apresuró a añadir cuando vio el claro gesto de desagrado en el rostro normalmente estoico de su padre.
— ¿Cómo se llama?
—Padre no creo que…
—Marceline.
Advirtió Hudson.
—Simon Petrikov, así se llama papa.
Hudson suspiro.
—Me alivia escuchar eso.
La pelinegra levanto una ceja.
— ¿Por qué?
Hudson sonrió.
—Bueno hija eso tú ya lo sabes.
El hombre de traje se puso de pie.
—Espero tener buenas noticias pronto hija.
Juliet y Hudson salieron como llegaron anoche dejándole un desorden tremendo a la reina vampiro quien simplemente salió de la casa hacia el hospital para recoger a su querido primo.
….
Simon llego a su casa y rápidamente se metió en su cuarto antes de que sus padres se dieran cuenta de su estado desastroso.
Saco una muda nueva de ropa y mientras se desabotonaba la camisa recordó las palabras de Marceline.
¿Confías en mí?
Había preguntado y el no supo que contestar después de todo él estaba muy confundido en este momento.
Su razonamiento le recordaba su plan a cada momento pero esas extrañas emociones le despertaban sensaciones demasiado potentes.
—Dios.
Sonrojado sacudió esos pensamientos y decidió continuar con su ducha antes de que se le hiciera tarde para el colegio.
**Mas tarde**
Los pasillos de la preparatoria estaban repletos de estudiantes que iban y venían, un tema en particular tenía a todos conversando sobre lo mismo.
El baile de graduación que estaba ya cercano. Hoy se harían las nominaciones para escoger al comité de este año y varios tenían ya elegidos a sus favoritos.
—Buenos días a todos.
Saludo la persona más amable sobre esta tierra. La profesora tronquitos, una mujer mayor que siempre vestía de amarillo.
—Como saben estamos por cumplir como todos los años con el baile de graduación.
El profesor Lemongrab fue el siguiente en salir de entre las cortinas.
—Y entre todos ustedes elegiremos aun grupo que pueda organizar un baile decente.
Como era la costumbre del agrio profesor empezó a pasearse de un lado a otro.
—Bien escuchamos sus sugerencias.
Marceline y Marshall estaban muertos de la risa. Quien era tan estúpido como para pensar en ofrecerse para esa tontería, pensaron ambos.
—Yo nomino a Bonnibel Sweetheart.
La pelirosa miro sorprendida a su amiga purpura.
— ¿Bien quien más?
Pidió áspero como siempre el profesor.
—Marceline Abadeer.
La pelinegra se levantó y busco a quien dijo aquello como la pantera a su presa. Había sido la fantasma, que ahora se reía en complicidad con Ricardio.
—Alguien más, vamos chicos.
Finn levanto la mano.
—Yo propongo a Simon Petrikov.
La profesora tronquitos sonrió.
—Ok, chicos suban.
Los tres subieron al escenario del auditorio.
—Señorita Abadeer que sorpresa ver que quiere ayudar.
La pelinegra rodo los ojos.
—Claro estoy tan emocionada.
A pesar de su tono irónico la profesora continúo con su sonrisa.
—Qué bueno porque tienen en sus manos una enorme responsabilidad.
Como símbolo de su nueva responsabilidad le entregaron el bastón ceremonial que siempre se entregaba por los alumnos viejos a los nuevos.
Y después sonó la campana que anunciaba que las clases ya habían comenzado.
—Qué lindo eres la portadora de un pedazo de madera.
Marshall se incorporó con la ayuda de sus muletas.
—Esa bocona.
La reina vampiro apretó los puños.
—Tranquila ya te podrás vengar.
Estaban por subir las escaleras cuando Fionna salió de la nada.
—Felicidades Marceline. —mascullo alegre pero Marshall negó.
— ¿Que no estas feliz?
Marceline suspiro.
— ¿Feliz por ser parte de una bobada?, no claro que no lo estoy.
Salió del auditorio con su primo y su auto nombrada amiga detrás de ella mientras Simon y su grupo se quedaron un rato más.
—Valla ni siquiera te miro. —susurro gumball cruzándose de brazos.
— ¿Acaso discutieron?
El castaño miro a su amigo rubio.
— ¿Discutir?
Ambos chicos asistieron.
—Que no viste su expresión, es obvio que algo le molesta.
Gumball empezó.
—Dios esto pone en peligro el plan.
Simon dio un suspiro.
—Me tengo que ir a clases.
Se levantó y se dirigió por la escalinata a la puerta, antes de que tocara la perilla se quedó pensando en lo que le dijo su amigo y sin que lo pudiera evitar la semilla de la inquietud echo raíces.
….
Las horas pasaron y por fin sonó la segunda campana, la hora del almuerzo por fin había llegado.
—Oye Marceline.
La pelinegra miro a la rubia.
— ¿Tu y Simon pelearon?
—Por qué lo dices.
Fionna miro hacia la mesa de sus amigos.
—Bueno no estas con él.
Marceline bajo el libro después de suspirar ya que después de todo no entendía nada.
—Bueno, conoces al chico rosado ¿no?
Fionna asintio.
—Hay esta tu respuesta.
Marshall negó. Él no se creería esa escusa, gumball si era fastidioso pero conocía a su prima y ella no estaba alejándose de Simon por eso.
— ¿Es por lo que te dijo verdad?
Ambos primos se miraron.
—Que, ¿que fue? —pregunto Fionna preocupada.
—Él le dijo que no podía confiar en mí. —contesto Marceline tomando su tenedor y picando el pure de papa en su plato.
—Que bobada.
Marshall rio.
— ¡Cómo puedes decir eso! —grito Fionna sorprendiéndolos.
—Hombre tenías que ser.
Desde la otra mesa Gumball y Finn trataban de hacer regresar a la realidad al castaño que con gesto ausente miraba su comida en su plato.
Solo el grito de Fionna lo hizo reaccionar, después de todo estaban unas mesas adelante.
— ¿Dijeron algo? —pregunto después de acomodarse las gafas.
—Bueno… ¿estás bien?
Simon asintio.
—Solo estaba pensando.
Ambos chicos se miraron
—Oh, entonces si es verdad. —mascullo Finn serio.
—Peleaste con la vampira.
Simon negó.
—No sé de qué hablan.
Gumball dejo de fulminar a Marshall para ver a su amigo.
—Tal vez no lo has notado pero la reina vampiro está molesta.
Finn se levantó la manga.
—Esta mañana tropecé con ella y me golpeo en el brazo.
Les mostro la marca de un puño.
—Ella normalmente no es tan agresiva como su primo.
Simon miro a la pelinegra, era su imaginación oh ella de verdad lo estaba ignorando.
….
Hace horas que estaban metidos en el auditorio el recién organizado comité poniéndose de acuerdo para organizar el baile de graduación.
El tema era una mascarada invernal ya que coincidía con la fecha. Los tonos azules y blancos eran los que predominarían en la decoración y ahora solo faltaba escoger la música.
Simon y Bonnibel estaban revisando los cds de música que oportunamente encontraron guardados en la dirección mientas Marceline continuaba a leer su libro de matemáticas sin siquiera molestarse en tomar parte en la organización.
—Yo estaba pensando que podríamos cambiar el tipo de música.
Simon le sonrió a su amiga.
— ¿Cambiarla?, ¿por qué?
El castaño nervioso empezó a pasearse por el escenario.
—Es lo más apto para un vals—dijo la peli rosada mirándolo con curiosidad.
—Ese es el asunto…yo no aprendí a bailar vals.
Marceline bajo su libro y miro a el castaño con una sonrisa que disminuyo poco a poco cuando vio que Bonnibel le tomaba la mano a Simon.
—Bueno nunca es demasiado tarde para aprender.
En los altavoces la sonata de una canción melancólica y lenta se escuchó de repente. La reina vampiro sintió los familiares celos surgir desde lo más profundo de su corazón, quiso ignorarlos volviendo a intentar resolver los ejercicios de su libro, pero era imposible.
—No se supone que deberías estudiar para tu examen de mañana.
Marshall se sentó a su lado en el octavo escalón.
—Recuerda que no puedes reprobar de nuevo.
Marceline asintio sonriendo sin animo.
— ¿Oye que es esa basura? —pregunto Marshall cuando escucho la balada romántica. —No pensaran incluir eso en el baile de graduación.
Un par de orejas de conejo se asomaron de entre los asientos.
—Es verdad eso es pésimo.
Marshall dio un suspiro exasperado mientras volteaba a ver a Fionna.
—Te dije que no me siguieras.
La rubia sonrió.
—No puedo dejarte andar por ahí solo, es peligroso.
El pelinegro negó resignado ya que no podía hacer nada cuando Fionna estaba tan terca como una mula.
—Debí de suponerlo Bonnie es a veces tan anticuada.
Dejo caer su mochila en el suelo y se puso a buscar el porta cds que siempre cargaba con ella.
—Espera a escuchar esto.
En medio de su depresión Marceline miro a la rubia que se escabullo como sombra detrás del escenario donde estaba el equipo de sonido.
¿Cómo puedes ver en mis ojos como puertas abiertas?
Llevándote hasta mi núcleo donde me he convertido
En una persona tan insensible
Sin alma mi espíritu está durmiendo en algún frío lugar
Hasta que lo encuentras ahí y lo llevas de vuelta a casa
Mientras sonaba la nueva canción Marceline noto que Marshall empezaba a tocar el ritmo con dos plumas que tomo de la mochila verde de Fionna mientras la animaba a cantar en voz alta esa canción que ya se sabía de memoria.
(Despiértame
Despiértame por dentro
No puede despertar
Despiértame por dentro
Sálvame
Di mi nombre y sálvame de la oscuridad
Despiértame
Ordena a mi sangre que corra
No puede despertar
Antes de terminar incompleta
Sálvame
Sálvame de la nada en la que me he convertido)
Susurro causando las mirada de todos volaran hacia a ellos. Simon por su lado se preguntó desde que hora estaba aquí y que tanto había visto y escuchado.
Pero después se sacudió esas preguntas cuando se sintió tonto por preocuparse por aquello.
Ahora que sé lo que soy sin ti no puedes simplemente dejarme
Respira en mí y hazme real tráeme a la vida
De momento Fionna aplaudió.
—Wow que bien cantan los dos.
Marshall rodeo los hombros de su prima con su brazo.
—Los Abadeer somos talentosos.
Marceline lo pellizco para que la soltara.
—No seas tan creído. —dijo empujándolo lejos.
Afuera sonó el timbre de salida y Marceline se puso de pie.
—Por fin. —susurro tomando su mochila.
— ¿Qué pasa?, ¿no te quedaras a ayudarme? —cuestiono Marshall a lo que la pelinegra negó.
—Tengo trabajo, ¿recuerdas?
Antes de que diera un paso más afuera del auditorio Simon la llamo sorprendiendo a todos, incluyéndolo a el mismo.
Marceline pov:
Su llamado me tomo por sorpresa. No esperaba que se hubiera dado cuenta de mi presencia, justo como había pasado hace unas horas.
— ¿Marceline podemos hablar? —pregunto caminando a mi lado.
— ¿Hablar?
El asintio.
—Sobre la razón por la que esta tan molesta.
Suspire interiormente mientras bajaba las escaleras de piedra hasta el camino de tierra que recorría todo el jardín hasta la entrada de rejas de metal.
—Yo no estoy molesta chico.
Pensaba ir a tomar un taxi a la tienda de antigüedades pero Simon me jalo del brazo.
—Claro que lo estas.
Insistió sin soltarme.
—Bueno, Simon si lo estoy, ¡y!
Después del mayor énfasis en esa parte intente una vez más soltarme pero su agarre era como el hierro cubierto por ceda; gentil pero firme.
— ¿Por qué?
Tal vez mi imaginación estaba corriendo, ¿oh de verdad él estaba preocupado por saber la razón de mi molestia?
—No es de tu incumbencia señor tutor.
El amplio sus ojos y vi en sus orbes color negro la realización de un pensamiento.
—Fue por lo de esta mañana ¿verdad?
Rodé los ojos.
— ¡No por el calentamiento global tonto! —le grite con ironía sacudiendo sus manos de las mías.
— ¿Qué?
Empeze a caminar.
—Marceline espera, ¡Marceline!
Fin pov
La pelinegra camino con rapidez metiéndose por una serie de laberintos que formaban los múltiples callejones perdiéndose de la vista del castaño que paro cuando escucho el sonido de los pasos acercándose.
—Marceline escúchame, tenemos que hablar.
Los pasos cesaron y el pensó que ella se había dado cuenta de que estaba acorralada pero cuando se sentía vencedor la voz de alguien detrás suyo le provoco un sobresalto.
— ¡Rayos William!, ¿quieres matarme?
El pelinaranga rio.
—Perdón pero creo que me perdí.
El castaño dio un suspiro calmando su pulso.
— ¿Oye no viste una chica correr por aquí?
William levanto una ceja.
—Estabas persiguiendo a alguien.
Simon asintio sin pararse a meditar sobre lo extraño que sonaba.
—Una chica que se llama Marceline, ¿verdad?
Volvio a asentir.
—Ok…amigo creo que tenemos que tener esa charla.
Ahora era Simon quien miraba a William con extrañeza.
—Claro pero más tarde.
Le importaba más aclarar las cosas.
— ¿Es más importante para ti eso que tu bienestar mental?
William fingió llorar.
—Simon eres mi amigo y necesitas mi consejo.
El castaño rio.
— ¿Tu consejo? —pregunto con ironía ya que su amigo no se destacaba en eso de buenos concejos. Recordó la vez que casi termina expulsado por su culpa.
—Mira escúchame, sé que estás enamorado de la gótica pero de verdad tienes que dar vuelta a la página.
El pelinaranga tomo la postura de alguien muy sabio.
—No puedes estar frecuentando chicas con su mismo nombre.
—Will. —llamo Simon tocándole el hombro.
—Eso no es sano.
—William.
—Puedes buscarte problemas, oh ser tachado como un acosador pervertido.
—William.
—No, tienes que seguir adelante.
— ¡Williams Roscooe escúchame!
El pelinaranga asintio.
—No es eso que estás pensando, solamente quiero aclarar algunas cosas con ella.
William negó.
—No debió de ser nada bueno como para que tú amiga saliera huyendo.
Simon bajo la mirada al suelo avergonzado de repente. Tal vez si había sido un poco insensible, pensó.
—Me tengo que ir.
Antes de que se fuera para la tienda de antigüedades William lo llamo de nuevo.
— ¡Espero verte en mi boda! —grito agitando su mano de un lado a otro despidiéndose ya que hoy regresaba a donde lo esperaba su prometida.
….
Para cuando callo la noche en la tienda de antigüedades Marceline para matar el tiempo limpiaba los estantes donde tenía Lucy una colección de viejas muñecas de porcelana.
Pensaba en tantas cosas en ese momento mientras sacudía los vestidos de encaje y satín. Estaba tan distraída que no noto a sus amigos y algunos añadíos que entraron de repente.
—Hola.
Dijo Fionna mientras jalaba del brazo a Marshall.
— ¿Que hacen aquí? —pregunto la pelinegra mientras se ponía de pie.
—Bueno estábamos pasando por aquí.
Ash y su nueva novia fueron a ver la ropa en una esquina de la habitación.
—Y pensamos en venir a echarle un vistazo a tu nuevo trabajo. —dijo Ash separándose de la rubia para ir a quitarle un pedazo de tela a Ash que inmediatamente busco quitárselo, lo claro derivo en una pelea.
— ¡Tengan cuidado con eso! —Marceline grito desde la registradora, no necesitaba endeudarse en este momento.
— ¿Y que compraran?
Fionna le dio un vistazo Marshall y luego se inclinó a susurrarle algo a su amiga. Justo en ese momento entro Simon.
—Oh, entiendo buscare algo.
Fionna sonrió feliz.
—Gracias amiga.
—Si claro.
Simon se quedó mirando a ambas chicas preguntándose cuando se había vuelto tan amigas.
—Oh Simon hola.
El castaño le sonrió levemente antes de mirar a la reina vampiro.
—Podemos hablar.
Apunto de negar Marceline miro a la rubia que asintio dándole ánimos.
—Está bien.
Marshall y Ash dejaron de pelear para mirar a su amiga que les indico salieran un momento.
—Bueno…lo de esta mañana yo debí de ser un poco más considerado. —mascullo Simon sintiéndose nervioso.
—No, tu tenías razón no somos nada, solo conocidos.
Marceline puso su mejor expresión indiferente aun que estuviera muriéndose por dentro.
—Marceline…eso no es verdad.
Puso sus manos sobre el mostrador.
—Dios tú recibiste una bala por mi culpa.
La pelinegra rio levemente.
—Eso no cambia las cosas.
Decidiendo que esto le lastimaba estaba por salir definitivamente. Para que seguir con esto cuando él ni siquiera se molestaba en verla con más detenimiento y darse cuenta de lo obvio, la promesa había sido solo un juego de niños nada podría retenerla más.
—Yo confió en ti.
Oh tal vez había sido adelantarse demasiado.
—Marceline yo confió en ti porque somos amigos.
Le tomo de la mano.
—Confió en ti. —repitió y afuera hubo un coro de "oh" algunos irónicos pero eso no le importaba en este momento. Él le dio su confianza declarándola tal y como Fionna su amiga, ¿Pero aceptaría quedar a si solamente con el amor de su infancia y de su vida?
— ¿Oye a dónde vas? —pregunto Marshall deteniendo a Fionna.
—Tengo que decirle.
El pelinegro negó.
—No puedes ella no quiere que él sepa.
Fionna negó.
—Pero.
Ash siseo pidiendo silencio ya que adentro de la tienda de antigüedades sucedía algo bueno, oh algo así.
—Auch, ¡oye!
Marceline sonrió.
—Si quieres ser mi amigo tienes que aguantar más que eso.
Regreso a su puesto de trabajo. Este era el primer paso, después de todo como amiga aun podía luchar por empezar en una página completamente en blanco.
Fuuu. Fin del octavo capítulo mis queridos lectores oh glob pensé que no podría terminar este capítulo después de que me atacara el bloqueo de escritor, pero bueno aquí esta espero que les guste ;) y gracias por sus comentarios.
