Noches de luna llena
Resumen: Hay secretos que se esconden incluso de la luz de la luna, deslizándose entra las tinieblas de la noche, donde los instintos más primitivos toman forma y nublan el juicio.
"Per aspera, ad astra…" Seneca; (4A.d.C.–65), filósofo, político, orador y escritor romano.
Todos los personajes son de Masashi Kishimoto, y no lucro de ninguna manera con ellos.
Luna del Hambre
Advertencias:
OoC.
AU.
Lime.
Yaoi (SasuNaru).
Long Shot.
Algunas groserías.
La siempre presente falta de ortografía.
El lector podría morir de aburrimiento.
Por favor, ten en cuenta que Zaphyrla es una autora que suele tratar contenido YAOI (Relación Hombre X Hombre).
¡Si no te gusta, no leas!
La luz del mediodía le llegó directamente a la cara, haciendo parpadear a la mujer hasta que despertó, muy a su desgana. Kushina se levantó con cierta torpeza de la cama y su boca no pudo contener un profundo bostezo. Desde el nacimiento de su hijo, en realidad desde que Minato había entrado en su vida, la pelirroja dedicaba más tiempo a deambular en la noche que a caminar bajo los rayos del sol.
La Uzumaki se acercó hasta la ventana, apartando por completo la cortina que la cubría, y la luz cálida del astro rey inundó su habitación. Se imagino que seguramente con el sol tal alto, su inflexible vampiro y el resto del aquelarre se encontrarían descansando. Sólo deberían de estar despiertos los humanos del castillo…
La pelirroja sintió una punzada en la cabeza al mismo tiempo que su habitación comenzaba a girar, y entonces supo que una visión vendría hasta ella. Cuando la vista de la Uzumaki regresó a la normalidad, el lugar donde se encontraba era totalmente diferente.
La luz de la luna llena iluminaba un pequeño claro rodeado de viejos robles, y la falta de colinas en las cercanías le indicaron a Kushina que debía de estar muy lejos del castillo de los vampiros. Los ojos de la mujer se posaron en la solitaria figura que se alzaba en medio de lugar, la silueta de un hombre joven de cabello rubio.
-¿Minato? –preguntó la pelirroja con voz dudosa, aún a sabiendas de que si estaba viendo el futuro su pareja no podría escucharla ni verla.
Sin embargo, por alguna afortunada coincidencia, el rubio se giró hacia ella como si la hubiera oído. Una sonrisa se esparció por la cara de la Uzumaki al reconocerlo. No se trataba de Minato, sino de su hijo, Naruto.
Quizás el muchacho tuviera entre dieciséis o dieciocho años, no podría estar segura por la naturaleza de los vampiros. Su bebé todavía tenía los ojos de un asombroso color azul, pero en esa visión las ojeras debajo de ellos ya eran evidentes, además que el tono de su piel, originalmente bronceada gracias a sus salidas bajo los rayos del sol, era más pálido. Por lo visto Minato había llevado a cabo su idea de convertir a Naruto, cosa que aunque no terminaba de parecerle a su pareja, era lo mejor.
Resistiendo la tentación de tocar a su hijo, pues de esta manera la visión terminaría de inmediato, Kushina siguió examinando la apariencia del muchacho. Un suspiro escapó de la boca de la mujer al reconocer el pendiente que colgaba del cuello del rubio, señal inequívoca de que ella había muerto. El colgante era una reliquia de familia, que se pasaba de una generación a otra desde los tiempos de la Tercera Hermana, de un vidente a otro, de padre a hija, de madre a hijo. Un objeto entregado sólo en el lecho de muerte.
Era una lástima, la Uzumaki al menos esperaba haber pasado suficiente tiempo con su hijo.
Un repentino aullido entre los matorrales que se encontraban a espaldas de Naruto hizo que la pelirroja se llevara una mano al pecho, aterrada, tan solo segundos antes de que la amenazadora figura del lobo hiciera acto de presencia en el lugar. Kushina sintió la impotencia crecer dentro de sí misma al toparse con la escarlata mirada del animal, y se giró hacia su hijo esperando encontrarlo mostrando los colmillos, inclinando ligeramente hacia adelante y listo para atacar.
Para sorpresa de la mujer, el otro Uzumaki se hallaba bastante tranquilo, aguardando a saber sus ancestros que cosa, con la máxima paciencia que conseguía reunir.
Más que extrañada, Kushina regresó la vista hacia el lobo negro, justo a tiempo para ver al licántropo elevarse sobre sus patas traseras. Con otro potente aullido, que provocó que Naruto bufara y se cruzara de brazos, el pelaje oscuro del animal dio paso a una piel blanca, los ojos rojos a una mirada negra, y surgieron unos cabellos azabaches más sedosos con algunos reflejos azules; hasta que en lugar de la peligrosa criatura quedó un muchacho moreno vestido solo con unos pantalones, el torso desnudo, descalzo y con una gruesa tira de cuero en cada muñeca.
-Llegas temprano, usuratonkachi –dijo el licántropo con la voz ligeramente ronca-. ¿Me extrañabas?
-¡Eso quisieras, teme! –fue la rápida respuesta del Uzumaki-. Solo vine porque si no llegaba, ¡eres muy capaz de irme a buscar, idiota!
El moreno se encogió de hombros levemente, sin negar la acusación de Naruto, y ese gesto si consiguió que el vampiro gruñera molesto, como había esperado Kushina que hiciera desde el principio. El chico al que su hijo llamaba "teme" sonrió de manera prepotente ante el enojo del rubio y a pesar del riesgo que conllevaba enfurecer a un vampiro sin estar transformado, el licántropo se acercó hasta quedar delante de Naruto, con sus cuerpos separados solo por milímetros.
Con el rostro marcado por la estupefacción, Kushina observó al moreno pasar una mano por la cintura de su hijo, apretándolo contra su pecho en un claro ademán posesivo. Naruto se mordió los labios, todavía cruzado de brazos, actuando como si el hombre que lo aprisionaba entre sus brazos no estuviera ahora devorándole el cuello con fieros besos. La indiferencia del rubio duró el mismo tiempo que un parpadeo, finalmente contenerse le fue imposible y el Uzumaki soltó un jadeo de placer, al tiempo que sus brazos se elevaban para sujetarse con manos ansiosas de los hombros del moreno.
En cuanto el lobo notó que su compañero le respondía, un gruñido bajo de satisfacción se le escapó de los labios y su boca busco con desesperación la contraria, tal pareciera que ambos chicos llevaran semanas sin encontrarse. La aprensión que el licántropo experimento los pasados días al estar separado de su pareja se vio recompensada cuando el vampiro, dando una muestra de la excelente agilidad que poseía su raza, se aprovechó del agarre que tenía sobre el moreno para saltar a su regazo, enredando las piernas detrás de las caderas del mayor.
Por una pequeña fracción de segundo, el par perdió el equilibrio, antes de que el desconocido de ojos negros comenzara a inclinarse hacia el suelo, llevando al rubio consigo; interiormente había decidido que lo mejor para el bienestar de ambos era continuar prodigándose las tan ansiadas caricias desde la seguridad que un terreno firme les brindaba. Además se moría por arrinconar a ese desquiciante chupasangre, aunque fuera contra la tierra húmeda del bosque y no contra la suave superficie de una cama; el moreno necesitaba sentir que no habría nada que Naruto pudiera hacer para escapar de sus garras.
La pelirroja comenzó a reír abiertamente al imaginarse la cara que pondría su hijo si supiera el espectáculo que le estaba dando a su madre, pero tuvo que darse la vuelta, avergonzada, cuando las manos blancas del licántropo se perdieron bajo la ropa del Uzumaki, provocando entonces que el vampiro soltara un gemido necesitado cuyo eco iba a perseguir a Kushina por meses.
-Sasuke… -sollozó la voz de Naruto, seguido de una serie de sonidos de roces, cuyo origen la Uzumaki se negó a siquiera imaginar.
Por suerte para la mujer, su tortura no se extendió más tiempo, ya que una segunda punzada palpitó contra su sien, y luego el paisaje del bosque nocturno giró a una velocidad vertiginosa. Mareándose por las repentinas sensaciones que la invadían, Kushina dio un paso hacia atrás, y la parte trasera de sus rodillas se tropezó con un borde blando; para el momento en que la vidente abrió sus ojos violetas de nuevo, se encontraba otra vez en su habitación, sentada sobre su cama y con el sol acariciándole las mejillas.
Un simpático balbuceo a su derecha llamó la atención de la pelirroja, haciendo que la mujer sonriera de inmediato al encontrarse con una mirada celeste que la observaba con curiosidad. Ni lenta, ni perezosa, la Uzumaki se levantó rápidamente y se dirigió hacia la cuna que se encontraba a los pies de su cama. Los brazos del bebé que reposaba en ella se elevaron hacia la mujer pidiendo que lo cargara, al tiempo que risitas salían de sus pequeños labios.
-Así que "Sasuke"… -susurró Kushina, mientras envolvía a su hijo entre sus amorosos brazos. Sin entender las palabras que su madre le dedicaba, el niño rubio soltó una carcajada, feliz sólo con escuchar esa querida voz conocida; pronto la pelirroja estaba acompañando las risas infantiles.
Con los movimientos ligeros que evidenciaban una acción cotidiana, la Uzumaki se llevo un dedo a la boca y lo mordió hasta hacerlo sangrar, después guió la herida falange hasta los labios de Naruto. El olor de la sustancia, demasiado dulce y atrayente para los sentidos más sensibilizados del hijo de un vampiro, hizo que los ojos del niño brillaran con un ligero tinte escarlata. Sin sentir temor ante eso, la mujer siguió dándole tan particular alimento al bebé. Puede que al ser dado a luz por una humana el rubio no necesitara la sangre para vivir, pero eso no quitaba el enorme gusto que sentía el niño por ella. Había tantas ventajas desconocidas para un híbrido… ¡la emoción de Kushina cuando se enteró que los rayos del sol acariciaban la piel de su hijo sin herirla no se comparaba con nada!
-Naruto –llamó la Uzumaki con dulzura a la criatura que cargaba como si fuera la carga más preciosa del mundo, al tiempo que comenzaba a caminar hacia la ventana-, te prometo que voy a hacer lo posible para que no tengas que esconderte entre los árboles para verlo, dattebane.
Los pensamientos de la mujer viajaron hacia la visión que había tenido, más concretamente hacia un muchacho que en un futuro desconocido iba a conquistar el corazón de su hijo. Pelo negro, ojos oscuros, licántropo, quizás un alfa o un beta, y que respondía al nombre de Sasuke.
-No creo que sea muy difícil encontrarlo, dattebane –aseguró la pelirroja con seguridad, uniendo su frente con la del bebé rubio y buscando que sus miradas también se encontraran-. ¿No crees, Naruto?
Y como si el niño supiera de lo que le estaba hablando su madre, el aludido soltó una carcajada infantil, confirmando a su manera las palabras de la Uzumaki.
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Sasuke entrelazó los largos dedos de sus manos delante del rostro, inclinándose un poco hacia enfrente para observar con cuidado a la criatura sentada delante de él. Una pequeña sonrisa de suficiencia apareció en la cara del moreno cuando el vampiro dejo escapar un siseo entre sus blancos colmillos, obviamente molesto por la inspección.
-Relájate, usuratonkachi –dijo el Uchiha con voz socarrona-. No me voy a comer a nadie… todavía.
El rubio no necesito otra provocación para saltar de su asiento, dispuesto a lanzarse a la yugular del licántropo, que palpitaba de forma incitadora desde su níveo cuello. ¡Como le gustaría al Uzumaki beber toda la sangre del perro hasta dejarlo seco y borrarle la maldita sonrisa petulante del rostro!
-¡Naruto! –chilló Sakura molesta, golpeando al muchacho en la cabeza con un pesado tarro de metal-. ¡Eres el jodido príncipe de este clan! ¡Así que haz el favor de comportarte como es debido, shannaro!
-¡Pero Sakura-chan…! –alego con rapidez el Uzumaki, dejándose caer de nuevo sobre su asiento-. ¡Él es…! –empezó a decir, señalando acusadoramente al moreno, pero se calló de golpe cuando el Uchiha le mandó una mirada rojiza cargada de amenazas-. ¡Él empezó! –masculló Naruto al final, apretando mucho los puños.
-¡Dudo mucho que Sasuke-kun haya hecho semejante cosa! ¡El único aquí que se comporta como un chiquillo eres tú! –aseguró la muchacha, agitando su puño enfrente de la cara del rubio. Luego dio un profundo suspiro, para controlar las ganas de destruir el tarro que sostenía, arremetiéndolo contra el cabeza dura de su amigo-. Y aunque Sasuke-kun lo haya hecho...
La cocinera, al ver que los ojos del moreno se apartaban un momento de Naruto para posarse sobre su figura, no pudo evitar sonrojarse.
-¡E-estoy segura que tú lo habrías provocado, idiota! -terminó tartamudeando la Haruno, con una voz bastante aguda.
Tratando de cubrir su vergüenza, la inocente humana se dio la vuelta y se colocó ambas manos sobre las rojas mejillas. lo que Sakura no sabía era que el licántropo estaba lejos de apreciar los sentimientos que causaba en ella. Su instinto le estaba gritando que saltara sobre la extraña que se atrevía a insultar a su pareja delante de él.
Sin embargo, otra emoción muy diferente al natural instinto de protección del lobo comenzaba a opacar con rapidez el resto, una emoción que hasta el momento Sasuke nunca había sentido con anterioridad. La mente se la había nublado al moreno y su razón no alcanzaba a comprender porque un ser tan insignificante ante sus ojos, como lo era Sakura, trataba con tanta familiaridad al rubio.
Por primera vez Uchiha Sasuke se enfrentaba al monstruo de los celos.
Obra seguramente de alguna deidad bienhechora, justo cuando el licántropo pensaba que iba a perder el control y que terminaría arrojándose contra la muchacha, con las afiladas garras comenzando ya a extenderse, la Haruno decidió que no podía estar ni un segundo más en la presencia de lo que ella consideraba un atractivo hombre.
La cocinera pensó que lo mejor sería regresar a casa e idear un mejor plan para conquistar a su nuevo amor, imaginando que no serviría de nada hablar con Sasuke-kun si todo lo que salían de su boca eran balbuceos. ¡Solo estaba haciendo el ridículo!
-¡Lo siento! ¡Me tengo que ir! -dijo la muchacha a tal velocidad, que a pesar de la naturaleza de los otros dos les costó trabajo entenderle. Sakura no se dirigió a nadie en particular, al final el valor no le había alcanzado para pronunciar el nombre de la persona de quien se enamoró a primera vista.
Al ver como la Haruno prácticamente corría para salir de las cocinas, Naruto se apresuró a ponerse de pie e ir tras ella, preocupado por el comportamiento extraño de su amiga. Sus intenciones se vieron frustradas cuando una mano lo sujetó por el codo con una fuerza monstruosa, la suficiente como para retener al vampiro en su lugar.
El enojo se reflejó en los irises azules, desplazando poco a poco a la sorpresa inicial. Notando que la mirada del Uzumaki no auguraba nada bueno, Sasuke soltó con lentitud el brazo del más bajo, volteándole la cara al rubio para que no viera la molestia que eso le causaba. El moreno se obligó a sí mismo a normalizar su respiración, maldiciendo internamente el hecho de que no haberse percatado antes de la manera tan errática en la que tomaba aire.
-¿Qué quieres? -gruñó Naruto en un volumen tan bajo, que su voz solo llegó con claridad a los sensibles oídos del licántropo. Para el resto de los presentes dentro de la oscura cocina, simples humanos, el sonido fue una especie de silbido inteligible-. Se lo que eres... ¡No sé lo que hiciste para tapar tu olor, pero su estúpida y presumida sonrisa no voy a olvidarla nunca, teme!
Sasuke rodó los ojos ante la ignorancia del rubio. Mira que no saber algo tan básico como la manera en que un hombre lobo podía ocultar su olor ante los vampiros... El Uchiha tenía la esperanza de que la pareja que su instinto eligiera fuera más avispada, justo como él. Y el moreno luego cayó en cuenta de las otras palabras dichas por el rubio. Estúpida y presumida sonrisa. La vanidad del lobo creció hasta el cielo al saborear la idea de convertirse en un recuerdo imborrable para la mente de Naruto.
No importaba que no se tratara de un recuerdo agradable, si se juzgaba la actitud defensiva del vampiro, era un detalle menor que podría solucionarse más tarde.
La naturaleza del licántropo lo empujaba a buscar ser el centro del universo para su pareja, necesitar que toda su atención estuviera puesta sobre él, que le dedicara todos y cada uno de los pensamientos que tenía en el día y en la noche. Era la parte irracional que venía con ser un hombre lobo que entraba en la madurez, y Sasuke comenzaba a detestarla con toda su alma.
-Necesitamos hablar -gruñó el Uchiha a regañadientes, sintiendo que el poco buen humor que había conseguido entrar al castillo de los vampiros sin ser detectado se esfumaba con rapidez.
Sus ancestros deberían estar revolcándose en sus tumbas, pensaba el de ojos negros, tentado de golpearse la cara. El futuro líder de una manda tan antigua sintiéndose como un cachorro hambriento al que le tiran un trozo de comida, ¡por entrar a la guarida de sus más acérrimos enemigos!
-¿Por qué de una vez no me tiró al suelo y le doy la patita? -masculló Sasuke de mal humor, sintiendo, no por primera vez, que todo se la iba de las manos.
Pero no, el Uchiha tenía un plan, e iba a conseguir burlar la mala broma impuesta por el destino. Un licántropo unido a un vampiro, nunca había escuchado que semejante estupidez pudiera ser posible.
-¿Ah? -balbuceó extrañado el rubio, ladeando un poco la cabeza-. Sabía que estabas loco porque entraste aquí, ¿pero ahora también escuchas voces? Eres un perro raro, dattebayo...
Las palabras del chico provocaron que el moreno lo fulminara con la mirada. El apelativo dado por la mayoría de los aquelarres a cuanto lobo se atravesara en su camino siempre lo sacaba de quicio.
-¿Cuántos años tienes, chupasangre? ¿Cinco? -le regresó Sasuke con una sonrisa burlona, y la mueca aumento de tamaño al observar que el vampiro apretaba mucho los labios. Estaba seguro de que haber sido posible para la raza del Uzumaki, su rostro estaría tan rojo como un tomate maduro... con lo que le gustaban los tomates.
"Concéntrate, Sasuke, concéntrate" se regañó mentalmente el moreno.
-Tengo cincuenta y seis años -aseguró el rubio con orgullo, hinchando mucho el pecho.
-Pues no pareces tener más de ocho, dobe -se regodeó Sasuke, golpeando al otro en la frente con su dedo índice.
De inmediato Naruto se llevó ambas manos al lugar afectado y soltó un chillido que le perforó los tímpanos a más de uno; fue mayormente por la indignación que sintió que debido al dolor. Al principio Sasuke se tensó por la escena que estaba montando el Uzumaki, pero se tranquilizó al ver que nadie parecía preocuparse por el extraño comportamiento de su príncipe.
-Necesitamos hablar -gruñó de nuevo el licántropo, perdiendo la paciencia y luego se inclino hacia adelante, su figura más alta parecía alzarse imponente sobre la del otro chico, mucho más pequeña-, pero no aquí -añadió el moreno, girando su rostro para todos lados, vigilando quien los escuchaba.
-No tengo nada que hablar contigo -le espetó el vampiro con furia, mostrándole los colmillos.
El Uchiha sabía que no iba ser tan fácil reunirse con su pareja fuera de la protección del castillo del aquelarre, en especial después de haber arruinado su último encuentro por culpa de su mal genio. Pero el hombre lobo no iba a darse por vencido tan fácilmente.
-¿No estás harto tu también? Harto de esta guerra sin sentido -cuestionó Sasuke al rubio, cruzándose de brazos-. Ustedes apenas pueden dormir tranquilos durante el día, custodiados por sus humanos -el entrecejo del licántropo se frunció al recordar al cazador pelirrojo del otro día-. Nosotros quedamos reducidos a unos cuantos. A este paso acabaremos extinguiéndonos mutuamente.
El rubio habría mucho los ojos ante las palabras del licántropo, y eso, sumado a sus labios entreabiertos, provocaban al Uchiha para que se inclinara hacia delante y tomara la boca del vampiro, importándole muy poco que todos en la cocina los vieran.
-Ustedes mataron a mi mamá -soltó Naruto en un siseo bajo, recuperándose de la sorpresa-. Era la última que quedaba del clan de la Tercera Hermana...
-Nosotros no lo hicimos, mi manada no lo hizo -aseguró el moreno con la espalda tensa, sintiendo como todos los vellos del cuello se le erizaban al ver la expresión herida en los ojos de su pareja-. Puedo contarte más, pero en otro lado -dijo Sasuke con los dientes apretados.
El Uzumaki movió su cabeza de un lado a otro, dudando en aceptar. Aunque nada podía asegurarle que no se trataba de una trampa, el rubio también sabía que atacarlo en el bosque las pasadas veces que se habían encontrado hubiera sido mucho más fácil para el insistente perro. En cambio entrar en el castillo de los vampiros con su indefensa figura humana no era un riesgo pequeño.
-Está bien, dattebayo -respondió finalmente Naruto, y el lobo tuvo que morderse con fuerza los labios para no sonreír-. En el lago del otro día... donde por poco te conviertes en perro mojado -dijo el vampiro con una sonrisa que incluyó sus puntiagudos colmillos.
Sasuke entrecerró los ojos ante los comentarios burlones del rubio, pero también al caer en cuenta que el lugar que proponía el Uzumaki para reunirse se encontraba dentro del territorio del clan de vampiros.
-Muy bien, de ahí te guiare hasta donde de verdad podamos vernos sin que nos molesten -se limitó a responder el Uchiha, y antes de que el rubio pudiera alegarle algo, le dio la espalda-. Te espero mañana a la media noche, usuratonkachi... No llegues tarde.
Naruto siseó molesto en la dirección por la que desapareció el moreno. Cabeceo de un lado a otro con energía, preguntándose en que se estaba metiendo. Pero había algo alrededor de aquel perro en particular que lo impulsaba a confiar en él, o al menos le permitía dejarlo hablar antes de clavarle los colmillos en el cuello.
-El muchacho nuevo, el que trajo la carreta de víveres... -murmuró Ebisu con voz pensativa, a un lado de su príncipe, sobresaltando al rubio, pues no sabía desde cuando el cocinero estaba ahí.
-¿¡Qué?! ¿¡Qué pasa con él!? ¿¡Qué tiene, dattebayo?! -chilló asustado el Uzumaki, solo de imaginar lo que su padre le haría cuando se enterara que un licántropo entró al castillo y él no hizo nada para detenerlo.
El hombre abrió mucho los ojos ante el arranque del joven vampiro, y al segundo siguiente estaba desencajándose de risa a costa del rostro preocupado de Naruto.
-¡Lo sabía! ¡Lo sabía! -decía a duras penas Ebisu, cada vez que la risa se lo permitía-. Él te pone nervioso, ¿verdad, Naruto? Tu actitud con el chico es muy diferente a la que tienes con Gaara -dijo el cocinero con una enorme sonrisa de burla.
Durante una eternidad el Uzumaki pareció quedarse mudo debido a la impresión, antes de que un bufido indignado saliera de entre sus colmillos. El sonido, amenazante para cualquier otra persona que no lo hubiera escuchado antes, solo provocó otra ronda de carcajadas por parte del cocinero que lo obligó a sostenerse de una silla para no caer al suelo.
Ya que los vampiros no podían ruborizarse, aquel bufido era lo mejor que Ebisu podía obtener de Naruto como evidencia de la vergüenza de su príncipe.
-¡C-claro que no! -aseguró el rubio, con la voz temblorosa debido al coraje. O al menos eso quizo creer el Uzumaki-. ¡Me cae mal! ¡Es un engreído! ¡Un presumido que...!
Las risas del cocinero terminaron por ahogar la voz de Naruto, y los hombros del rubio se dejaron caer derrotados. Humillado por el comportamiento del hombre, el vampiro se dio la vuelta para salir de la habitación, decidido a no volver en toda la noche.
-El muchacho te gusta, Naruto-kun -sentenció Ebisu, luego de dar una profunda bocanada de aire para poder calmarse un momento. A pesar de todo, una sonrisa permanecía en la boca del hombre.
-¡Cállate, solo cállate! -bramó el rubio, saliendo de la cocina a toda prisa, cerrando la puerta a sus espaldas con un sonoro golpe.
Las risas de Ebisu siguieron a Naruto hasta su cuarto, alterando los nervios del rubio.
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Sasori limpió el sudor de su frente y siguió lijando el trozo de madera que tenía enfrente. Con un poco más de trabajo quedaría perfecto para construir algo especial que le rondaba la mente desde hacía varios días. El tintineo de la campana que colocó sobre la puerta de la calle llamó la atención del pelirrojo, pero no logró que sus ojos castaños se apartaran de la madera.
-Está cerrado -dijo Sasori sin emoción en la voz-. Vuelva mañana.
-Ya lo sé -bufo una voz conocida, que esta vez sí hizo que el pelirrojo dejara su trabajo-. Siempre soy tu último cliente, danna.
Una ligera sonrisa, una minúscula curva apenas visible en la parte derecha de la boca del pelirrojo, surgió cuando vio a Deidara recargado tranquilamente contra el marco de la puerta. Sasori avanzó en silencio hasta el rubio, sacudiéndose la ropa llena de aserrín. En el momento en que ambos hombres por fin estuvieron frente a frente, un jadeo sorprendido escapó de la boca de Deidara cuando Sasori lo empujó con brusquedad al interior de la carpintería.
-¿¡Pero qué carajos...?! -rugió Deidara, aunque no tuvo oportunidad de decir mucho más.
Justo entonces el pelirrojo acabó de echar el cerrojo de la puerta y luego había tomado por los hombros al otro muchacho. La confusión creció dentro del rubio cuando Sasori lo recorrió de arriba a abajo con la mirada, fijándose en cada detalle, e incluso le dio la vuelta para una inspección completa.
-¿Qué demonios buscas? ¿Se te perdió algo en mi cara, uhm? -soltó el rubio de manera mordaz, cuando el carpintero le sujetó el rostro con ambas manos para observarlo de cerca.
-No debiste haber venido -dijo el otro hombre con tranquilidad-. Itachi no te ha marcado -añadió el pelirrojo, girando el rostro de Deidara para exponer su cuello.
En ese lugar había una cicatriz pequeña sobre su piel, en el costado izquierdo a la altura de su clavícula, pero no era demasiado profunda, y aunque sin duda había sido causado por unos dientes, ya había sanado por completo e incluso comenzaba a atenuarse.
-Sí, todo mundo no se cansa de recordármelo -gruñó el rubio de mal humor, apartando la mano del carpintero de un sonoro golpe-. El idiota se ha negado a hacerlo como es debido.
-¿Vas a regresar a la aldea? -preguntó entonces Sasori, dándole poca importancia al manotazo. Una ligera punzada de culpabilidad surgió en el pecho de Deidara al ver el tenue brillo esperanzado en los ojos marrones de su amigo, pero de la misma forma que el pelirrojo, Deidara no permitió que sus sentimientos se exteriorizaran-. Tu habitación sigue desocupada.
-No -respondió el rubio con sequedad, y quizás con demasiada rapidez-. Voy a quedarme con la manada.
Hubo un incomodo silencio entre ambos hombres, durante el que Sasori regresó a su madera con resignación y Deidara permaneció clavado en su lugar, apretando mucho los puños.
-Lo mejor será que no regreses por aquí -murmuró el pelirrojo, provocando que Deidara se girara con brusquedad para enfrentarlo.
-¿De verdad? -masculló el rubio, cruzándose de brazos y colocando una falsa sonrisa de superioridad en su cara-. ¡No tengo porque seguir ordenes tuyas, danna! Vendré al pueblo las veces que se me dé la gana -aseguró el muchacho con una actitud creída.
-Los rumores sobre ti comienzan a esparcirse en la aldea -dijo Sasori, sin alterarse por el arrebato de su acompañante-. Tu misteriosa desaparición, tus visitas fugaces por las noches, y además nunca has sido bien visto en Iwa por tu afición a explotarlo todo.
-Como si me importara lo que las viejas chismosas... -comenzó a decir el rubio rodando los ojos.
-Los hombres lobos no son bien vistos desde la masacre de Suna -le recordó el pelirrojo con calma.
Deidara se mordió la lengua por respeto a su amigo. La familia de Sasori era originaria de Suna, y todos habían muerto durante el sorpresivo ataque de una manada que se hacía pasar por simples merodeadores. El pelirrojo era el único de los suyos que quedaba con vida, gracias a que en ese momento se encontraba en Iwa para hacer un par de entregas. Buena parte de los aldeanos sobrevivientes terminaron refugiando en el castillo Namikaze, sus salvadores; incluso se había esparcido el rumor de que un chico de Suna, Sabaku no Gaara, era ahora el líder de los cazadores que protegían el aquelarre. Sasori por su parte decidió permanecer en Iwa, donde años más tarde conoció a otro huérfano, Deidara.
-Si confirman que vas a unirte a una manada, te colgaran o mandaran a la hoguera -siguió hablando Sasori, siendo consciente de los pensamientos que rondaban la mente del rubio, pero sin darle importancia al tema.
-Seré cuidadoso, uhm -prometió el rubio a regañadientes, para no preocupar más al carpintero.
-Tal vez Itachi pueda darte una escolta -propuso Sasori, quien ahora comenzaba a cortar el trozo de madera ya pulido.
-¡Primero muerto! -rugió Deidara, agitando su puño en la dirección en la que el otro hombre se encontraba-. ¿Me escuchas? ¡Primero muerto que tener a los perros falderos de aquel idiota detrás de mí todo el día! -luego de su arranque el rostro de Deidara estaba tan azul por la falta de aire que Sasori temió que se desmayara.
-Entonces no regreses a la aldea -repitió el pelirrojo, pero antes de que su amigo comenzara a gritar de nuevo decidió contarle el resto de sus planes-. Yo iré a visitarte.
-Uhm... ¿Y podrás enfrentarte a toda una manada de licántropos? -preguntó el rubio con tono burlón-. Podrían destrozarte en cuanto pusieras un pie en su territorio, ¿no te acobardaras en el último momento, danna?
-Por supuesto que no -aseguró el carpintero con el rostro impasible-. La cuestión es si tu celosa pareja dejara que me acerque a su cueva. No se me olvida la forma en que me mira cada vez que nos cruzamos... Como si quisiera comerme.
-¡Claro que no! ¡Lo obligare a aceptar tus visitas! -afirmó su acompañante con vehemencia.
-¿Privilegios de la hembra alfa de la manada? -soltó Sasori, permitiéndose una pequeña sonrisa irónica-. No olvides que Itachi sigue siendo tu líder.
-Justamente -dijo Deidara a duras penas, debido a la fuerza con la que apretaba los labios, y luciendo una sonrisa temblorosa a causa de la rabia-. Ahora más vale que me vaya, antes de que te mate -gruñó el rubio.
-Antes de que Itachi se dé cuenta de tu desaparición, querrás decir -lo corrigió el pelirrojo, manteniendo su tono de burla.
-Muy tarde, Itachi no me deja ni una hora solo -bufó molesto el otro muchacho, al tiempo que se dirigía a la salida-. Y me toma media noche a caballo llegar hasta aquí, uhm.
Cuando estaba a punto de abrir la puerta, otra mano la empujó para mantenerla en su lugar. Deidara alzó la cara para reclamarle al pelirrojo su extraño comportamiento, pero entonces Sasori lo sujetó por la barbilla y el gesto dejó mudo al rubio.
-Es un camino muy largo... -murmuró el carpintero, acariciando los labios de Deidara con el pulgar-. Te tomas demasiadas molestias por un simple amigo, Dei -Sasori se inclinó hacia la boca del otro hombre, hasta que quedaron separados sólo por un par de milímetros.
-No te hagas ilusiones, danna -dijo Deidara, con la expresión más fría que le había dedicado al pelirrojo hasta ahora. Sasori supo que su amigo no estaba bromeando cuando sintió el filo de una daga rozarse contra su mejilla. El arma no era un riesgo para su vida, pero sin duda evitaba que el pelirrojo cumpliera con su cometido de besar a Deidara.
-Han pasado dos años y no te ha convertido -siseó Sasori, frunciendo el entrecejo por primera vez en toda la visita del muchacho-. Eres un extraño en la manada, Deidara.
-Es mi problema -respondió el rubio con hostilidad, presionando con más fuerza la daga en el cuello de Sasori.
-Regresa a la aldea -le pidió el pelirrojo, ignorando la evidente amenaza del arma-. ¡No seas estúpido, Deidara!
-Quisiera ver cómo me obligas a hacerlo -lo retó el aludido con una sonrisa torcida-. ¡Maldición! ¡Pensé que habíamos dejado el tema, Sasori!
-Aquella vez te pedí un beso que nunca me diste -exigió entonces Sasori, provocando que Deidara apretara los labios hasta formar una línea recta-. Sigo esperando.
-Itachi te matara si nota tu olor tan cerca de mí, uhm -dijo el rubio, no queriendo ni imaginarse a lo que quedaría reducido su amigo si el lobo alfa olía la esencia de Sasori directo sobre su boca.
-No me importa -aseguró el pelirrojo.
-Pues a mí sí -resopló Deidara, guardando la daga de nuevo y empujando al pelirrojo sin miramientos.
Esta vez Sasori no hizo ademán de detenerlo, algo en la voz del rubio le decía que el beso lo impedía, más que para protegerlo de Itachi, para no causarle dolor alguno al hombre lobo. Tuvo que permanecer impasible mientras el hombre al que había amado en silencio desaparecía de la vista.
-Danna -lo llamó Deidara por última vez, antes cerrar la puerta-. Si sigues insistiendo, no tiene caso que vayas al territorio de la manada, o que yo regrese al taller.
El pelirrojo asintió secamente con la cabeza y luego le dio la espalda a Deidara. Pudo escuchar como la puerta de la calle encajaba en sus gasones y cerró los ojos mientras soltaba un suspiro exasperado, por un segundo tuvo la tentación de ir tras el rubio, pero el carpintero se contuvo justo a tiempo.
Si Sasori hubiera ido tras Deidara, habría notado al par de hombres mal encarados que seguían al rubio.
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Un caballo cruzó a todo galope varias chozas echas pedazos, sobre las que ya crecía la hierba. Era evidente que hacia algunos años ahí se levantaba una aldea bastante prospera. El corcel dudó un momento qué camino seguir, antes de salir disparado hacia el límite del poblado y enfilar entre un pequeño bosquecillo. No fue sino hasta toparse con un enorme montículo de rocas que el jinete bajo de su montura, se quitó uno de los guantes y comenzó a tantear por la piedra con una mano desnuda.
Cuando el hombre se topó con el rudo relieve de una nota musical tallada sobre la roca, una malvada sonrisa se extendió por el rostro del jinete. Ató su caballo a un árbol cercano, antes de seguir caminando entre las piedras, cuya altura se alzaba por encima de su cabeza, siguiendo el camino de notas musicales, hasta que después de un inesperado giro apareció un hueco negro delante de él.
Cuando el jinete estaba a punto de traspasarlo, un siseo surgió de la oscuridad y de la caverna salió una figura pálida. El desconocido tragó saliva ante los ojos rojos del vampiro, sus facciones blanquecinas y sus afilados colmillos, pero aún así tuvo el valor de abrir la boca.
-Tengo noticias para Lord Orochimaru -dijo el jinete en un murmullo nervioso-. Mando por mí.
El vampiro soltó un segundo siseo, que bien podría interpretarse como un bufido despectivo, y luego se hizo a un lado para dejar pasar al desconocido.
El hombre encapuchado avanzó por los enredados túneles subterráneos de la guarida de su señor. Era la primera vez que ponía un pie en ella, pero el mensaje que le envió Lord Orochimaru incluía un mapa de lugar, papel que había memorizado antes de destruir, y el sirviente sabía perfectamente a dónde dirigirse a pesar de la débil luz de las antorchas.
Finalmente llegó a un amplio salón, con un trono empotrado en la pared opuesta a la de la puerta. El lugar parecía estar completamente vacío, lo que provocó que el hombre dudara por primera vez de si se encontraba en el lugar correcto.
-Llegas tarde, Kabuto -acusó una voz silbante, antes de que una figura alta y pálida saliera repentinamente detrás del trono, para después sentarse en él.
-Mi señor -susurró el hombre con rapidez, hincando una rodilla y descubriéndose la capucha-. Mil perdones, pero es un camino largo.
-Oh, sí. Olvidaba que no eras más que un simple humano -dijo el vampiro con una sonrisa de lastima, que ocultaba a medias su desprecio-. Pero eso pronto va a cambiar, ¿no es así, Kabuto? Una última tarea, y la inmortalidad que prometí te será concedida.
El hombre, que había dejado al descubierto su cabello azul pálido y un par de gafas redondas, apretó con fuerza los puños. No era la primera vez que escuchaba aquellas palabras de los labios de su señor, y así le había entregado la mitad de su vida al antiguo vampiro. Orochimaru le propuso convertirlo en uno de los suyos a cambió entregarle dos aldeas, Kabuto había cumplido la mitad del trato al destruir Suna con sus intrigas, pero cumplir con el resto no se trataba de una tarea tan fácil como el hombre pensaba en un principio.
Su señor le había asignado una tarea imposible de cumplir, y el viejo vampiro lo sabía.
-¿Algún problema, Kabuto? -se burló Orochimaru, consciente de los rencorosos pensamientos que rondaban la mente de su sirviente.
-No... mi señor -masculló el hombre con los dientes apretados-. Kiri e Iwa han cerrados sus puertas a los hombres lobo y observan a los vampiros con desconfianza. Konoha le es leal por completo a los Namikaze -comenzó a informar Kabuto, todavía con la mirada en el suelo.
-Así que no podremos repetir la estrategia de Suna -concluyó el vampiro con molestia-. ¡Eres un incompetente! De haber sido más discreto con aquella estúpida aldea nada de esto habría pasado.
-Y Kumo se encuentra fuera de su alcance, mi señor -siguió hablando Kabuto, sin amedrentarse por los reclamos del inmortal-. Aunque he infiltrado a un par de personas entre los aldeanos.
-Tus esfuerzos son más que inútiles, Kabuto -rezongó el vampiro, dejándose caer en el trono con pesadez-. Como bien dijiste, Kumo está fuera de mi alcance mientras el paso de las montañas sea territorio de la manada Uchiha. Si al menos consiguiera echarle las manos a Iwa...
El silencio se esparció por la estancia, mientras Kabuto esperaba ordenes del vampiro. Principalmente saber el motivo por el que había sido llamado tan repentinamente. Entonces Orochimaru se puso de pie con lentitud y avanzó hacia una mesa que se encontraba a un costado del trono, sobre la que estaba extendido un enorme y viejo mapa.
-¿Cuáles son los rumores que corren entre los humanos de las aldeas? -preguntó el vampiro con interés, llamando a Kabuto con la mano para que se colocara a su lado.
-Namikaze Minato sigue culpando a la manada Uchiha del asesinato de su esposa -dijo el hombre, señalando un punto marcado al norte del mapa, donde había dos montañas. El castillo Namikaze se encontraba sobre la segunda montaña de la derecha-. No es ningún secreto que Minato reúne toda la información que puede para atacarlos.
-Después de que Fugaku asesinara a los mensajeros que envió luego de la muerte de Uzumaki Kushina, no me sorprende -siseó Orochimaru con una sonrisa-. Así es el joven Fugaku, es del tipo que ataca primero y pregunta después.
Los ojos rojos del vampiro se desviaron a otro relieve montañoso que aparecía en el mapa, un poco más al sur y al oeste que las montañas anteriores. En la base, estaba señalado el supuesto asentamiento de la manada Uchiha.
-¿A quién atacara primero, mi señor? -preguntó Kabuto con curiosidad.
-¿Yo? -dijo a su vez el vampiro, sonriendo con falsa dulzura-. Yo puedo esperar pacientemente hasta que se destruyan entre sí, Kabuto, como ya lo hecho antes.
Kabuto cerró los parpados con fuerza, obligándose a calmarse. Era evidente que él no tenía toda la eternidad para esperar, como si la tenía el vampiro, así que decidió jugarse su última carta. Ciertos rumores de Iwa que habían llegado hasta sus oídos eran demasiado interesantes como para ignorarlos.
-Puedo entregarle a Iwa -aseguró el hombre con firmeza. Un error que no iba a cometer una segunda vez era dudar en las propuestas que le hacía al vampiro.
-¿Ah, sí? ¿Y cómo lo harías, Kabuto? -lo cuestionó Orochimaru, fingiendo interés hacia las palabras de Kabuto.
-La pareja del hijo de Fugaku, Itachi -comenzó a contarle el hombre-. Resultó ser un chico de Iwa, un varón.
Una carcajada sin ganas escapó de la boca del vampiro, provocando la extrañeza de Kabuto.
-Creo que ya lo habías mencionado antes -se dignó a explicar el inmortal-. Conozco personalmente a Fugaku, y su expresión al enterarse del destino de su hijo debió ser... magnifica -Orochimaru saboreó sus palabras con deleite-. Aunque el chico debe estar ahora con la manada, fuera de nuestro alcance -añadió el vampiro, comenzando a sospechar que Kabuto le ocultaba información.
-Sí, pero han pasado años y el chico no ha sido convertido. Todavía es humano -aclaró el hombre-. Sigue yendo a Iwa de tanto en tanto, se rumora que para visitar a un amante -dijo Kabuto, comenzando a sonreír él también.
-No es todo, ¿verdad? -lo animó Orochimaru a continuar. De solo imaginar lo que podría hacer con los celos de un licántropo alfa sus manos temblaban, ¡arrasar con un pueblo entero sería tan fácil como dar un paseo por el bosque!
-El chico no es bien visto en Iwa por sus tratos con los licántropos -dijo Kabuto, con una enorme sonrisa de suficiencia-. ¿Qué harán los aldeanos cuando se enteren de que en realidad es la perra de uno de ellos? Asesinar a un humano es tan sencillo -pensó el hombre en voz alta.
Él lo sabía más que nadie, llevaba años tratando de evitarla semejante fin.
Fue entonces que una verdadera carcajada escapó de los labios de Orochimaru, teniendo la visión de las cenizas de Iwa alzándose de entre las llamas de las cabañas de los aldeanos. Los rugidos enfurecidos de los hombres lobo ahogados por los gemidos agonizantes de hombres y mujeres, y luego la llegada de los gruñidos seseantes de los vampiros. Porque si de algo estaba seguro Orochimaru era que, aunque Minato podría llegar a comprender la locura de Itachi por perder a su pareja de una manera tan atroz, no perdonaría a los licántropos por masacrar una segunda aldea.
-Pronto, muy pronto, todos los territorios serán míos -susurró el vampiro con satisfacción, colocando una mano sobre el mapa para rasgarlo con sus uñas ennegrecidas-. Kushina, mi pequeña vidente, ¡debes de estar revolcándote en tu tumba! -rugió Orochimaru, llevándose una mano al pecho.
Kabuto dio un paso atrás cuando pudo ver una herida sobre la piel del vampiro, era vieja pero no parecía haber cicatrizado bien, ya que había dejado una marca repugnante que palpitaba, y a cada latido Orochimaru soltaba un grito de dolor e ira.
Hoy no tengo ganas de un largo mensaje -.- Es temprano, bueno, no es temprano, pero no he tomado café, y sin café no soy persona :S ¡Solo no olviden participar en el Festival! ¡Festival Literario SasuNaru 2013! Buscanos en facebook C:
Zaludos
Zaphy
Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.
