Noches de luna llena
Resumen: Hay secretos que se esconden incluso de la luz de la luna, deslizándose entra las tinieblas de la noche, donde los instintos más primitivos toman forma y nublan el juicio.
"Per aspera, ad astra…" Seneca; (4A.d.C.–65), filósofo, político, orador y escritor romano.
Todos los personajes son de Masashi Kishimoto, y no lucro de ninguna manera con ellos.
Luna del Cuervo
Advertencias:
OoC.
AU.
Yaoi (SasuNaru).
Long Shot.
Algunas groserías.
La siempre presente falta de ortografía.
El lector podría morir de aburrimiento.
Por favor, ten en cuenta que Zaphyrla es una autora que suele tratar contenido YAOI (Relación Hombre X Hombre).
¡Si no te gusta, no leas!
Esta pequeño capítulo está dedicado a AkairU, Hagane Yuuki, Carita-sampai, Alessandra Von Grey, Aikawa-BL 14, camiSXN, Steffy Fujoshi, kikyo taisho, murosakii no neko, MaryRosaNegra, zedna-max, Haruko996, HikaryLucky, teffyshineetae, Zelfa, Zeita, Yuki-2310, Hinaby.
¡Gracias por darle una oportunidad a esta historia!
-¿Ya casi llegamos, aniki? ¿Falta mucho? ¿Cómo sabre que estamos ahí? -preguntó Sasuke por enésima vez, abriendo mucho sus ojos negros debido a la curiosidad-. ¿Y por qué vamos a caballo? ¿Y por qué...?
Itachi soltó un resoplido ante la avalancha de preguntas por parte de su hermano, provocando que la yegua en la que ambos montaban se encabritara, nerviosa. Maldiciendo entre dientes, el mayor sujetó las riendas con más fuerza hasta que consiguió calmar al animal, todo mientras el niño se reía a carcajada suelta.
-Ya te lo dije, Sasuke -respondió entonces el moreno, al mismo tiempo que le indicaba al pequeño que guardara silencio. Fue difícil convencer a la yegua para que llevara a un licántropo y a un cachorro, cualquier movimiento por parte de ambos la alteraba-. Vamos a ver a una antigua amiga de mamá.
Aunque habría sido más fácil para ambos correr a través del bosque que montar un caballo, si se topaban con algún humano en el camino ya era bastante sospechoso que hubiera un par de viajeros a media noche, como para sumar el hecho de que iban a pie. El corcel era parte de su disfraz.
-Pero... ¿por qué no podemos decirle a papá, Itachi? -siguió hablando Sasuke, a pesar de las indicaciones de su hermano, aunque hizo un esfuerzo por quedarse quieto. Durante un segundo, Itachi no supo que responder a su hermano, ya que no tenía ni idea de cómo reaccionaría el menor.
-Porque... la amiga de mamá vive con vampiros -respondió Itachi con lentitud-, y eso no le gusta a papá.
-¡Oh! -fue todo lo que dijo Sasuke, y ya no hizo más preguntas durante el resto del camino.
A decir verdad, Itachi tampoco estaba seguro de aquella salida. Recordaba haberse encontrado con Uzumaki Kushina una o dos veces cuando era niño y su madre todavía vivía, pero la comunicación entre ambas mujeres se había vuelto privada luego de que la pelirroja se uniera al líder del aquelarre Namikaze.
La primera carta de Kushina fue demasiado corta, tampoco daba muchas explicaciones, y el mensajero se negó a decir más. Como el hombre se las había arreglado para llegar hasta la manada sin ser detectado, era algo que Itachi también desconocía.
"Necesitamos vernos".
Dos simples palabras, y firmaba con una gota de sangre. El olor era inconfundible incluso aunque fuera la primera vez que el Uchiha lo oliera, aquella esencia de campo fértil y bosque virgen siempre se asociaba con los descendientes de la Tercera Hermana. No quedaban muchos luego de la desaparición de Uzushio, pero solo una persona era reconocida como la última heredera directa. El olor era demasiado fuerte para tratarse de descendientes lejanos.
Aún así, Itachi ignoró la carta y despidió al mensajero con la advertencia de que no regresara si quería seguir con vida. Con lo que no contaba el moreno era con la insistencia de Kushina, ya que a pesar de sus amenazas el mensajero estaba de regreso a la semana siguiente, esta vez con una segunda carta, junto a un mechón de cabello rojo.
"Necesitamos hablar. Trae a Sasu-chan".
Aquello de verdad había hecho enfurecer a Itachi. No sabía cuáles eran los planes de la loca mujer, pero él no pensaba sacar a su hermano menor de la seguridad de la cueva. Kushina debería saberlo muy bien, gracias a su amistad con Mikoto, estaba prohibido la salida de los cachorros fuera de la madriguera de la manada hasta que alcanzaran la pubertad. El Uchiha no tenía ni la menor idea de cómo pensaba Kushina que saliera con Sasuke sin que Fugaku se enterara. Hablando de su padre, Itachi tampoco se imaginaba porque la Uzumaki no contactaba mejor con él.
La tercera carta de Kushina estaba escrita con mano temblorosa, aunque el Uchiha sospechaba que era a causa de la furia. El mensajero seguía impasible en la presencia del lobo alfa, a pesar de las heridas provocadas por el licántropo que el hombre ahora lucía en la cara.
"No me hagas ir por ti, jovencito. Es mi última advertencia".
Envuelto por la arrugada hoja de pergamino, había un collar hecho con un cordel sencillo, del que pendía un cristal azulado. Los ojos de Itachi se abrieron sorprendidos al reconocer la reliquia. El objeto era propiedad de la Tercera Hermana, existían multitud de leyendas de buena fortuna y desgracias que les acontecieron a sus dueños, y no pocos los poderes sobrenaturales que se le atribuían. El Uchiha incluso había escuchado el rumor de que el poder adivinatorio del clan de la Tercera Hermana provenía de aquel collar.
Y Uzumaki Kushina se lo entregaba sin dar mayores explicaciones.
-¿En qué está pensando? -había murmurado Itachi con resignación, frotándose la frente.
-En el futuro -respondió el mensajero mientras se ponía de pie finalmente, pues hasta el momento se había encontrado arrodillado frente al Uchiha-. Mi señora siempre está pensando en el futuro.
Luego el hombre le había extendido una bolsa de seda a Itachi, para después retirarse, de forma tan silenciosa como había aparecido. Cuando el licántropo abrió la pequeña bolsa solo encontró un puño de tierra. Al principio no entendió el mensaje de la amiga de su madre, pero cuando olisqueó con curiosidad los irregulares terrones, reconoció un aroma familiar. Pinos de las montañas altas y juncos de río, sólo existían un lugar donde podría conseguirse semejante mezcla. El lugar de reunión sería la abandonada ciudad de Uzushio, y la astuta mujer ni siquiera había tenido que escribirlo en sus cartas.
Sin embargo, el encriptado mensaje de Kushina lo hizo pensar en el collar que ahora pendía de su cuello. Tal vez un segundo acertijo se escondía en el regalo de la mujer.
"Malditos adivinos" rumió Itachi, frotando su frente de nuevo "Podrían dejarse de misterios y hablar claro".
-Aniki, ¿te sientes bien? -preguntó Sasuke con preocupación, trayendo a su hermano de vuelta al presente-. ¿Estás enfermo?
-No te preocupes, Sasuke, estoy bien -dijo el mayor con una ligera sonrisa dedicada al niño que montaba sobre la grupa de la yegua, colocando una mano sobre su cabello para alborotarlo.
Fue el mohín disgustado en el rostro de su hermano lo que iluminó la mente de Itachi, y entonces se llevó una mano al collar de Kushina, sujetándolo con fuerza, temeroso de lo que podría significar.
-"Trae a Sasu-chan" -repitió el Uchiha con la garganta seca, sintiendo como el cristal se le clavaba en la palma de la mano hasta casi cortarlo-. "En el futuro. Mi señora siempre está pensando en el futuro..."
El collar profético de la Tercera Hermana y Sasuke, ¿acaso Kushina trataba de cambiar el futuro que había visto en alguna de sus visiones? ¡Pero eso era peligroso! La mismísima Tercera Hermana había muerto intentándolo.
De pronto a Sasuke se le erizaron los vellos del cuello y mostró los colmillos, para luego soltar un gemido angustiado, desviando sus asustados ojos a su hermano mayor. Fue el comportamiento del niño lo que provocó que Itachi también lo notara.
-Huele a sangre -balbuceó Sasuke con la voz temblorosa, haciendo que el mayor de los Uchiha apurara a la yegua para acelerar el paso.
Varios metros más adelante el olor se hizo más intenso, y un bulto de ropa negra surgió en medio del camino que los licántropos seguían. Itachi saltó de la montura, temiendo confirmar sus sospechas. Unos cuantos pasos a sus espaldas el animal seguía nervioso, pero Sasuke se las arregló para controlarlo.
Un gruñido de advertencia escapó de la boca de Itachi.
-¿Quien es, aniki? -se atrevió a preguntar el niño, sujetando las riendas de la yegua con manos temblorosas.
-Nadie -respondió el mayor con sequedad, cubriendo el rostro inexpresivo de Ibiki con la capucha del hombre.
Los ojos vacios del mensajero de Kushina parecieron verlo con recriminación antes de ser ocultados tras la tela. Para Itachi no pasó desapercibida la enorme mordida en el cuello del hombre, ni su tez pálida por la falta de sangre. Tanteó los bolsillos de Ibiki en busca de las cartas de Kushina, pero no las encontró, lo que sí encontró fue un rastro de cenizas en la mano del cadáver. Quizás el hombre tuvo tiempo de destruirlas.
"Bien, entonces ya no tiene sentido reunirme con ella" pensó Itachi mientras se ponía de pie y se acomodaba junto a la yegua "Si nos han descubierto no voy a poner a Sasuke en peligro".
-Regresamos con la manada -anunció el mayor al tiempo que montaba detrás de su hermano.
-¿Pero por qué? -se quejó el chiquillo, algo renuente a entregarle las riendas al otro Uchiha-. ¡Prometiste que me llevarías a la Casa de los Tres Hermanos!
Antes de que Itachi pudiera responderle al niño, un grito potente llegó hasta los oídos de ambos. El lamento moribundo de una mujer.
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Deidara jadeó con esfuerzo y se llevó una mano al costado, donde una ligera punzada de dolor aparecía cada vez que respiraba. Algo cansado, el rubio se dejó caer en el suelo, recargando su espalda contra el tronco de un árbol. Sonrió cuando un crujido de ramas secas provino desde el mismo camino que él había tomado antes, ni siquiera se digno a abrir los ojos.
-¿Todavía no se cansan de seguirme, uhm? -se burló Deidara en voz alta, fingiendo soltar un bostezo-. Los escuche desde que salimos de la aldea.
Por motivos así el rubio prefería tomar un rodeo antes de llegar al refugio de la manada, aunque le tomara más tiempo. No deseaba ser el culpable de que extraños descubrieran la entrada al lugar, no soportaría que por su culpa Itachi saliera herido, ni los gruñidos acusadores de Fugaku, mil veces maldito fuera el condenado viejo entrometido.
-¡Maldito! -masculló entre dientes uno de los hombres, golpeando con el codo al otro-. ¡Te dije que era un demonio!
Su compañero no le respondió, sino que se limito a hacer una especie de gesto con la mano, para luego armar un arco con rapidez y colocar una flecha sobre la tensa cuerda. Fue el turno de Deidara de ponerse de pie, viéndose en la necesidad de ocultarse detrás de un árbol. Pudo sentir como tres flechas se impactaban contra la madera que lo protegía.
Deidara sacó la daga que escondía en una de sus botas, maldiciendo entre dientes no tener una mejor arma preparada. A menos que usara su pequeña sorpresa... Pudo oír como uno de sus perseguidores corría hasta donde él se encontraba y apenas consiguió agachar la cabeza antes de que el filo de una espada golpeara justo donde se encontraba antes. El rubio no perdió el tiempo y mientras el hombre luchaba por liberar su espada del tronco del árbol, Deidara hundió la daga en su pie hasta la empuñadura.
El desconocido soltó un alarido de dolor, pero no dejó de atacar a Deidara. Golpeó al muchacho en el rostro repetidas veces, hasta romperle la nariz. El rubio consiguió llevar a duras penas una de las manos a su otra bota, y de ella sacó un extraño artefacto. El hombre que lo golpeaba no reconoció aquel enredo confuso de metales retorcidos, pero supo que sería peligroso cuando Deidara lo apoyó contra su sien, con una profunda mirada odio.
Un estallido resonó entre los árboles, y las plantas más cercanas se tiñeron de rojo por la sangre del hombre, que cayó a un costado sin vida, con la mitad de su cráneo hecho trizas. Deidara ahogo un gemido de dolor mordiéndose los labios y se sostuvo con su mano sana la mano con la que había accionado su "arma de explosión". La piel estaba quemada y sangrante en todos sus dedos, al parecer a su nuevo juguete le hacían falta un par de ajustes.
Deidara comenzó a levantarse al recordar al hombre del arco, pero no tardó en darse por vencido. No tenía caso huir, el arma era de largo alcance y con sus golpes no llegaría muy lejos. No bien terminó de pensarlo, cuando su perseguidor estuvo delante de él, con la flecha apuntándole directamente a mitad de la frente.
El hombre bajó un segundo su arco, solo para pasarse el pulgar por el cuello, en una clara amenaza hacia el muchacho a sus pies. El rubio bufó ante el gesto, y escupió hacia el aldeano para demostrar su desprecio. El arquero lució imperturbable, pero volvió a ajustar su arma.
-¿Ultimas palabras? -dijo Deidara en voz alta, interpretando el cabeceo del hombre mudo-. Vas a ser comida -afirmó el rubio con una sonrisa torcida.
Su perseguidor apenas tuvo tiempo de entrecerrar los ojos con confusión, antes de que una gigantesca sombra se cerniera sobre él y le arrancara la cabeza. Deidara soltó un suspiro de alivio, y giro su rostro para dejar de ver el sangriento espectáculo del licántropo que seguía destrozando al hombre sin piedad.
-¿Se encuentra bien, Dei-sama? -preguntó Ino con los ojos llorosos al ver la lamentable condición en la que el muchacho se encontraba.
-¡Claro que sí! ¡Estoy en una maldita fiesta! -rugió furioso Deidara, sin poder creer la estúpida pregunta de la chica. Tuvo que recostarse de nuevo contra el árbol para recuperarse de su arranque.
-Problemático -dijo Shikamaru, suspirando cuando notó la seriedad de las heridas que el rubio tenía en la mano-. Los humanos sí que saben cómo herirse.
Por toda respuesta, Deidara tomó una roca del suelo y se la arrojó al castaño usando su mano sana. La piedra rebotó contra el cráneo del Nara sin causar mayor daño, para luego perderse en la oscuridad.
-¡Shino! ¡No desquites nuestros problemas con el humano, maldición! -regañó Kiba a su pareja, quien todavía estaba entretenido desmembrando el cuerpo del arquero.
El enorme licántropo de pelaje gris, con un par de líneas negras que le rodeaban los ojos, escupió el trozo de pierna que tenía en el hocico y avanzó hacia el grupo, al tiempo que regresaba a su forma humana.
-Vas a bañarte antes de dormir -dijo Kiba cruzándose de brazos y torciendo la nariz debido a las ropas manchadas de rojo que ahora lucía Shino. El moreno no respondió a las quejas de su pareja, ni siquiera se encogió de hombros.
A Ino le dio un escalofrió ante la figura estática del muchacho de lentes, quien permanecía impasible mientras el Inuzuka seguía soltando gruñidos a su alrededor. En serio que no entendía como aquellos dos habían acabado juntos.
-Dos hombres de Iwa -murmuró Shikamaru, atrayendo la atención de todos-. Shino, Kiba, revisen si hay más...
-Nadie más me siguió -aseguró el rubio poniéndose de pie y dejando las ordenes del Nara a la mitad. El rubio se arrancó un trozo de la camisa para inmovilizar su brazo con un improvisado cabestrillo, cuidándose de no tocar ninguna zona quemada.
-Dei-sama, su nariz está sangrando -murmuró Ino con preocupación, extendiéndole un pañuelo al chico.
Deidara tomó el pedazo de tela y se lo llevó al rostro, maldiciendo entre dientes debido al dolor. Itachi iba a matarlo, o peor, lo encerraría por el resto de sus días.
-Ino, tú lo llevaras -volvió a hablar Shikamaru-. Debemos llegar a la guarida cuanto antes.
-¡Un cuerno! ¡Nadie me cargara como si fuera un maldito mocoso! -gritó el rubio, indagando-. ¡Y mucho menos una mujer! -añadió mientras señalaba a la muchacha rubia despectivamente.
-No estás en condiciones de caminar por el bosque -intentó hacerlo entrar en razón el Nara, alborotándose los cabellos con fastidio. El difícil carácter de la pareja de Itachi era conocido por todos en la manada, por ese motivo había intentado rechazar la misión de traerlo de vuelta-. Debemos regresar antes de que...
-Usare el caballo -lo interrumpió Deidara de nuevo-. Lo deje más adelante, escondido entre los árboles.
Los demás se giraron hacia Shikamaru, esperando sus órdenes. El castaño tuvo que reconocer que a pesar de la imprudencia que cometía el rubio de salir solo hasta la aldea, y además sin avisarle a nadie de sus intenciones, Deidara no había escatimado en tomar precauciones a la hora de regresar. No sólo tomaba un largo rodeo para evitar el camino directo, sino que al llegar por su propio pie a Iwa daba la impresión de que Deidara no se alejaba mucho del poblado.
Seguramente sus atacantes no planeaban seguir al rubio durante tanto tiempo, por lo que también siguieron a pie, quizás si Deidara hubiera sido un poco más rápido habría llegado a su montura con la suficiente ventaja para escaparse del par de aldeanos.
-No creo que puedas montar -siguió insistiendo el Nara, negando con la cabeza-. Con tus heridas.
Shikamaru tuvo que callarse de nuevo cuando Deidara lo sujetó bruscamente por el cuello de la camisa. El rubio podía ser algunos centímetros más bajo, y varias décadas más joven, pero tuvo la fuerza suficiente para obligar al beta de la manada a inclinarse hacia él.
-He dicho que no -siseó Deidara con los dientes apretados.
-Sí, señor -respondió el castaño tragando saliva con dificultad, y luego bajó los ojos hasta el suelo por puro instinto.
El rubio podría seguir siendo humano, pero por su posición como pareja de Itachi poseía un rango mucho mayor que el de Shikamaru. Deidara lo había descubierto hacia poco menos de un año, de una manera bastante divertida para el chico. Hartó de los comentarios sarcásticos de Sasuke sobre sus asuntos de cama con Itachi, el rubio le había exigido a voz en cuello que se callara. La sorpresa y posterior hilaridad de Deidara no tuvo límites, cuando el moreno se mordió los labios con fuerza a pesar del brillo de ira en su mirada.
-Andando entonces -dijo Deidara con una sonrisa de medio lado, al tiempo que soltaba la camisa de Shikamaru. Los otros hombres lobo acataron la orden del rubio en silencio.
Justo como había dicho el muchacho, luego de algunos minutos caminando apareció un nervioso caballo atado a un viejo pino, oculto tras unas empinadas rocas que creaban una terraza natural que lo protegía de la vista. El corcel se encabritó cuando olfateó la llegada de los licántropos, pero Deidara se apresuró a sujetarlo por la riendas y en cuanto animal notó la presencia de su amo pudo calmarse, ignorando todo lo demás.
-No sé como el caballo puede vivir en la guarida de la manada sin terminar huyendo -murmuró Kiba con cierta sorpresa.
-¡Debe querer mucho a Dei-sama! -opinó Ino con los ojos brillantes de la emoción, a lo que los varones negaron resignados con la cabeza.
-Escuche un rumor -habló Shino por primera vez en la noche, provocando que el resto del grupo se girara para verlo-. De que Itachi tuvo una vez una yegua, el caballo de Deidara fue su potro -Shikamaru permaneció en silencio, pero tomó nota con cuidado de lo que su compañero decía-. Nació entre licántropos, no le gusta su presencia, pero está acostumbrado a ella.
-¿Para qué querría Itachi una yegua? -pregunto Kiba con extrañeza, pero su pareja solo se encogió de hombros.
-¡¿Piensan quedarse ahí toda la noche, uhm?! -gritó Deidara, ya sobre el caballo, antes de animar al animal para que comenzara a correr. El rubio no había escuchado ni una palabra de la conversación de los jóvenes licántropos.
Con un gruñido, Kiba saltó hacia enfrente mientras se transformaba, y los demás no tardaron en seguirlo. Deidara trató de ignorar las enormes figuras que aparecían de tanto en tanto entre los árboles, rodeándolo y protegiéndolo. Sobre todo intento que su mirada no se desviara hacia Ino, que iba enfrente y hacia la derecha, cuyo pelaje más claro era fácil de distinguir bajo la débil luz de la luna creciente. No era que tuviera algo en contra de la muchacha, excepto tal vez su excesivo entusiasmo por las parejas de la manada y su enfermizo enamoramiento hacia Sasuke, pero ambos tenían un color de cabello muy similar y aquel detalle hacia que Deidara divagara sobre su propia transformación.
La transformación que Itachi no dejaba de atrasar.
La guarida de a manada Uchiha se encontraba en la base de unas colinas bajas, que apenas podían ser llamadas montañas, las cuales poseían una inclinación suave y estaban cubiertas en su mayoría por simples matorrales. Eran lo más al sur y lo más al oeste que se pudiera encontrar en el antiguo territorio de los Tres Hermanos; cruzando las colinas de los licántropos todo lo que había eran mitos y leyendas de tierras desconocidas.
A los vampiros les gustaba observar con desprecio el lugar al que se habían confinado los hombres lobo con el paso de los años, comparando burlonamente sus casas con la madriguera de un conejo. Pero en realidad la guarida Uchiha era mucho más que eso, se trataba de toda una serie de complejos túneles tallados en roca, que se extendían interminables por las entrañas de la tierra. Las destruidas ruinas de la superficie entre las que estaban escondidas las verdaderas entradas a la guarida, no eran más que vestigios de una gloria pasada que todavía seguía presente en las viviendas subterráneas.
Justo cuando llegaban a la puerta norte, donde no hace muchos días Shikamaru hacía la ronda nocturna, un olor almizclado hizo que todo el grupo se detuviera con brusquedad, a excepción de Deidara cuyo olfato no era tan sensible. El muchacho rubio bajo del caballo con tranquilidad y comenzó a quitarle las riendas del hocico.
Fue solo entonces que Deidara lo vio. De pie al lado del umbral de la puerta de piedra, con la mirada hosca que le había dedicado al chico de Iwa desde el primer día que lo conociera, y con la mano izquierda dentro de su camisa, se encontraba Uchiha Fugaku.
-Miren nada más lo que trajo la luna... -dijo el viejo alfa dando un seco carraspeo, recorriendo con la mirada las heridas de Deidara. Una pequeña sonrisa torcida se instaló en los labios del hombre.
El rubio prefirió permanecer en silencio, a pesar de que apretó con tal fuerza el cuero en sus manos que la quemadura en su mano volvió a sangrar. Apartando sus ojos azules del padre de Itachi, Deidara golpeó los cuartos traseros del animal para que se dirigiera al improvisado establo que le había hecho en una vieja casa que aún se mantenía en pie. El corcel era inteligente, así que podía llegar hasta ahí sin perderse, y como su dueño no usaba montura, no se necesitaba hacer más.
-Recorrimos la frontera este -comenzó a informar Shikamaru, adelantándose al resto del grupo y dejando a Deidara a sus espaldas, protegiendo al muchacho de la penetrante mirada de su alfa-. Nos topamos con un par de hombres que invadieron el territorio.
-¡Mentira! Fueron tras la mascota que escapó -siseó Fugaku en tono acusador-. Otra vez.
-A donde yo vaya no es tu asunto, uhm -habló entonces el rubio, aumentando el nerviosismo de Shikamaru con su descarado desafío. Esto no iba a salir bien, no iba a salir nada bien-. No soy uno de sus perros, de hecho nunca me tocara serlo.
El patriarca Uchiha soltó un gruñido de advertencia, y el Nara tuvo dificultades para permanecer en su lugar. Sus instintos le gritaban que se apartara del camino del viejo licántropo antes de que le arrancara la cabeza de una mordida, pero por otro lado le era imposible desobedecer la orden directa de otro alfa. Las instrucciones de Itachi habían sido claras, proteger a Deidara hasta que estuviera dentro de la guarida y frente a sus ojos.
-Salir de la cueva sólo y sin el permiso del alfa está prohibido -gruñó el Uchiha, sus afilados colmillos ya sobrepasando su labio inferior-. Y además te atreves a llegar con el olor de otro macho restregado por todo tu cuerpo -añadió Fugaku, torciendo la nariz -. Si mi hijo se enterara...
-¡Si yo quiero revolcarme con medio Iwa...! -comenzó a gritar el rubio al tiempo que intentaba pasar por encima de Shikamaru, por suerte el licántropo lo sujetó justo a tiempo, tomándolo por la cintura y dándole la vuelta.
-Basta, Deidara, no sabes lo que dices -susurró el Nara, manteniendo su agarre firme sobre el otro muchacho.
Pudo contener el gesto de dolor en su cara causado por las palabras del rubio, aunque Kiba no tuvo tanta suerte gracias a que su unión con Shino era reciente; y es que para un licántropo el sentimiento de traición que experimentaba al siquiera imaginar a su amada pareja yaciendo en los brazos de otra persona era abrumador. Una sensación de dolor e ira que exigía sangre.
-Váyanse todos -ordenó Fugaku con un ladrido.
Ino soltó un chillido asustado y apenas se permitió darle una mirada preocupada a Deidara antes de desaparecer por la entrada a la guarida subterránea. Por su parte Kiba se removió incomodo en su lugar, indeciso, sólo para que después Shino lo sujetara sorpresivamente de la muñeca y comenzara a arrastrarlo detrás de la rubia.
El viejo alfa gruñó descontento cuando la pareja paso por su lado y fue el turno del Inuzuka de tirar del otro muchacho cuando Shino le respondió de la misma manera al Uchiha.
-Luego ajustare cuentas contigo -le advirtió Fugaku a Kiba, a lo que la pareja del castaño soltó un aullido en toda regla e hizo ademán de darse la vuelta para saltar sobre el Uchiha.
-No, no, vámonos, solo vámonos -dijo Kiba en un murmullo asustado que complació al viejo. Mientras hablaba, el Inuzuka había sujetado a Shino por ambos brazos y lo guiaba hacia la puerta en ruinas. A regañadientes, el chico de los lentes oscuros dejó que lo hiciera.
-Tú también, Nara -exigió Fugaku, clavando sus ojos oscuros en la figura del joven beta. Durante toda la discusión, Shikamaru no se había movido del lugar que ocupaba frente a Deidara.
El licántropo trago saliva con dificultad ante su líder, sin saber que hacer a continuación.
-Itachi dijo... -murmuró Shikamaru sin mucho entusiasmo.
-He dicho que te largues -repitió el Uchiha con un gruñido-, ¡no lo repetiré de nuevo!
Shikamaru apretó los labios con fuerza, pero sus pies no se movieron. Semejante situación era lo que tenía tan nerviosa a la manada, el animal dentro de ellos lo impulsaba a seguir a su líder, al macho alfa y a su pareja. El problema radicaba en que Fugaku podría ser un alfa, pero Itachi también, y cuando las ordenes de ambos se contradecían eran los miembros de la manada los que terminaban en la línea de fuego, sintiéndose perdidos y sin saber a quién seguir. La presión para los hombres lobo se tornaba asfixiante cuando a la lucha de poderes se les unía Sasuke, el otro alfa existente. Más de un líder en una manada de licántropos no era correcto, no era natural.
A pesar de que la dama Mikoto había muerto hace bastante tiempo, y con ella la mitad de su poder, Fugaku se negaba a ceder la cabeza de la manada a su hijo mayor, valiéndose de una vieja ley a la que poca importancia le daba entonces el grupo de hombres lobo. La tradición dictaba que mientras Itachi no tuviera una pareja a su lado no tendría derecho a reclamar el absoluto liderazgo de los Uchiha, a menos que retara a su padre a una lucha a muerte.
El hecho de que Itachi hubiera encontrado a Deidara no cambiaba mucho las cosas, no mientras el rubio no fuera convertido en uno de ellos. Nunca lo había dicho directamente, pero Itachi se negaba a morder a su pareja. En una situación parecida se encontraba Sasuke, que recién había alcanzado la madurez y no conocía a su pareja.
-Oíste al viejo -habló Deidara, rompiendo las cavilaciones de Shikamaru. El rubio intento cruzarse de brazos, pero tuvo que conformarse con apoyar su mano quemada contra el brazo contrario para no lastimarse-. Lárgate, Shikamaru, sólo estas estorbando.
El aludido soltó un suspiro de alivio, sintiendo que la voz de Deidara lo liberaba de la orden de Itachi. Así era como la manada sentía a una pareja, sus vidas estaban tan unidas que terminaban viéndolos como una sola entidad.
El Nara alzó su brazo y se limpio el sudor que le había resbalado por la frente, al tiempo que comenzaba a caminar detrás del pequeño grupo de rescate que había ido tras Deidara.
-Sabe que destruirá a la manada si lo mata, ¿verdad? -se atrevió a decir el beta, girándose un segundo para encarar a su líder.
Fugaku gruñó a modo de advertencia, un sonido gutural que para Deidara no significo nada pero que a Shikamaru sonó de manera muy similar a un "Tengo que recordármelo todas las mañanas". El castaño alzó las manos, pidiendo en silencio el perdón del mayor antes de irse.
-¿Y ahora que hice para molestar al viejo? -no tardó en preguntar el rubio, con los labios torcidos en una sonrisa irónica que demostraba la molestia que le causaba quedarse con el Uchiha a solas.
-Se te ocurrió la estúpida idea de que podías ser uno de nosotros -respondió Fugaku sin vacilar, demostrando por su tono de voz que el sentimiento del chico era mutuo-, aunque parece que ahora Itachi comparte mi opinión...
-¡Cuando te mueras voy a bailar sobre tu tumba antes de volarla! -explotó Deidara, negándose a responder el comentario sobre Itachi-. ¡Y cuando tus huesos...!
En un par de parpadeos, Fugaku estaba delante del rubio y su mano se había cerrado entorno a la garganta del muchacho.
-Sera la última vez que te lo pida amablemente -siseo el Uchiha, alzando a Deidara en el aire hasta que sus pies patalearon en busca de apoyo-. Lárgate... No tienes nada que ofrecerle a esta manada excepto vergüenza.
-No es como si yo quisiera darles algo -masculló el rubio a duras penas, arrepintiéndose de inmediato. El esfuerzo sólo provocó que menos oxígeno pudiera llegarle a los pulmones-. ¡P-pero ya deje que Itachi me reclamara!
Una risa sarcástica escapó de la boca de Fugaku, y furioso, Deidara llevo a sus dos manos al puño del licántropo en un inútil intento por liberarse. Sabía que era lo que causaba la burla del hombre, la estúpida manera en que Itachi había hecho su reclamo. El rubio deseo poder soltar alguna de sus manos para cubrir su marca y evitar que Fugaku le mandara miradas burlonas.
-Sería tan fácil deshacerme de ti -murmur Fugaku, apretando un poco más el cuello del hombre-, tan fácil...
-Suéltalo -ordenó una voz a sus espaldas.
Fugaku se giro para enfrentar al recién llegado. No se sorprendió cuando se topó de frente con el semblante aparentemente sereno de su hijo mayor, aunque la mirada de Itachi, roja por la ira, traicionaba los verdaderos instintos del hombre lobo.
-No voy a romper tu juguete -dijo el mayor con calma, aunque Itachi pudo notar cierta renitencia en su tono, antes de que su padre arrojara a Deidara a sus pies.
-No es ningún juguete. Acéptalo de una vez -respondió el alfa más joven, usando el mismo tono que Fugaku. Itachi se arrodillo junto a su pareja y no le costó mucho trabajo ayudarlo para que se pusiera de pie. Los ojos de Itachi, de nuevo negros, recorrieron con creciente molestia las heridas de Deidara.
-¿Fuiste tú? -pregunto Itachi, levantando su mirada hacia Fugaku, quien se encogió de hombros con indiferencia.
-Desafortunadamente, no me puedo darme el crédito por semejante cosa -respondió Fugaku, acomodándose la ropa con disgusto. El viejo licántropo no podía creer que hubiera perdido el control de aquella manera por un maldito humano, y no por primera vez-. Fue la culpa de tu mascota, por escaparse para ver a su amante.
Itachi desvió su cara hacia su pareja con rapidez, a quien todavía sostenía por los hombros, y Deidara maldijo por lo bajo cuando las fosas nasales del moreno se ampliaron para apreciar con más atención los aromas que habían impregnado el cuerpo del rubio a lo largo del día. Soltó un gruñido bajo, la primera señal de abierto desagrado que dejaba ver el Uchiha.
-Fue con mi permiso -afirmó Itachi, con lo que su padre soltó otra cruel risa burlona.
Deidara tensó los músculos ante la obvia mentira de su pareja, pero no quiso demostrarle su sorpresa a Fugaku, así que le sonrió al viejo con prepotencia, como echándole en cara lo absurdo de sus reclamos por faltar a una estúpida regla.
-¿Ahora das tu autorización para sus encuentros? Que bajo ha caído nuestro linaje -opinó Fugaku, dándose la vuelta para entrar también en las cuevas Uchiha. Itachi sabía que su padre había visto a través de su mentira; lo más fastidioso de las palabras del licántropo mayor era que creía con sinceridad en cada una de ellas.
-Padre -lo llamó Itachi antes de que la oscura figura del otro hombre lobo desapareciera en la oscuridad, Fugaku se detuvo al escucharlo pero no se giró para encararlo-. No vuelvas a lastimarlo, o me olvidare de que somos familia.
La pareja observó como la mirada de Fugaku brillaba con un tono escarlata y durante un segundo la tensión aumentó entre los dos alfas reunidos. Deidara tragó saliva con nerviosismo, y la mano con la que se aferraba a la ropa de Itachi fue apretada con más fuerza. No era la primera vez que presenciaba una discusión entre padre e hijo, pero hasta ahora se habían limitado a simples intercambios de palabras, nunca se habían agredido usando sus instintos animales. Aunque por la manera en que los colmillos de Itachi comenzaban a extenderse, solo hacía falta una provocación de su padre para comenzar la batalla.
A Deidara no se le había permitido estar presente cuando la manada salía durante las noches de luna llena, cuando el licántropo tenía su máximo poder, pero nunca olvidaría las heridas con las que Itachi regresó a la mañana siguiente, luego del primer mes que pasó con la manada.
Finalmente Fugaku reanudo su camino y se fue, y el rubio soltó un profundo suspiro de alivio.
-¡Maldito viejo entrometido! -comenzó a rumiar el hombre, agitando su puño sano en la dirección en la que desapareciera el mayor alfa-. ¡Ojala se muera cuando...!
Tuve que morderse la lengua cuando una mano fuerte lo sujetó por la barbilla y lo obligó a voltear su rostro en la dirección contraria.
-Tú y yo tenemos que hablar de tu escapada -sentenció con Itachi con voz dura. Todavía podía sentir en su nariz el repugnante olor a aserrín de diferentes maderas y a resinas mezcladas usadas como laca, la marca de Akasuna no Sasori.
-Sí -respondió Deidara desafiante, él también tenía varios asuntos pendientes con su pareja-, tenemos mucho de qué hablar, uhm.
Algo confundido, Itachi terminó alzando una de sus cejas.
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Umino Iruka terminó de aplicar el oloroso ungüento sobre su muñeca, y luego comenzó a envolverla con una venda de lino limpia. Las perforaciones de considerable tamaño que atravesaban su piel todavía le punzaban con dolor, a pesar de que ya tenían varios días de antigüedad. Iruka sabía que tardarían otros tantos en sanar por completo, la mordida de un vampiro siempre era dolorosa, a pesar de que Lord Minato había sido suave con él. Siempre lo era.
Con un suspiro, Iruka se dejó caer sobre la cama, hundiendo su rostro en la mullida superficie de la almohada que tuvo más a su alcance, conteniendo más gemidos de cansancio. El hombre planeaba dormir bastante tiempo para reponer fuerzas, ya que de otra manera no lograría cumplir sus obligaciones.
No supo exactamente a qué hora de la noche, pero de pronto el Umino sintió el peso de un cuerpo encima del suyo y unas manos heladas que lo giraron con delicadeza hasta que su espalda terminó apoyada sobre el colchón. El castaño no había escuchado pasos que se dirigieran a su habitación, tampoco que la puerta chirriara al abrirse, así que solo podía tratarse de un vampiro, e Iruka solo conocía a un vampiro lo suficientemente atrevido como para colarse a sus aposentos en medio de la noche.
Un vampiro que además comenzaba a tocarlo por todas partes sin vergüenza alguna.
-¿Kakashi? -balbuceó Iruka, todavía adormilado. Sus manos tantearon con torpeza sobre el rostro de su atacante, hasta toparse con la tela de la máscara que usaba para cubrirla-. ¡Vampiro idiota! ¿¡Quién te crees para entrar así a mi alcoba?! -gritó enfurecido el Umino, tratando de empujar al invasor.
El vampiro se limitó a colocar una mano sobre el pecho de Iruka para inmovilizar al humano. El castaño no podía verlo con claridad, debido a la oscuridad que reinaba en la habitación; era muy entrada la noche e Iruka no creyó necesario encender ninguna vela. A pesar de eso, el cabello de Kakashi parecía resplandecer con un brillo plateado que resaltaba en medio de la negrura total.
-Pero es que te extrañe mucho, Iruka-sensei -se quejó el vampiro, al tiempo que llevaba sus manos hasta la cintura del hombre, sujetando su camisa hasta que consiguió sacarla de los gastados pantalones de cuero que vestía el Umino.
-¡Si tanto me extrañaras, entonces...! -comenzó a alegarle Iruka, pero antes de terminar la frase Kakashi había apartado la máscara de su cara e inclinado hacia el Umino hasta que los labios de ambos se encontraron, silenciando el resto de las palabras del humano.
En un principio Iruka intentó resistirse, los labios de Kakashi estaban fríos como siempre y el cambio de temperatura le envió escalofríos por toda la espalda, ayudándole a despejarle la mente. El Umino tenía varias cosas que aclarar con el vampiro, no pensaba dejarlo ir sin decirle unas cuantas verdades. Sin embargo, la concentración del castaño comenzó a disminuir cuando las manos del Hatake se colaron bajo su camisa, recorriendo su tibia piel con gran ansiedad.
Para cuando la lengua del vampiro se abrió paso hasta su boca, Iruka había olvidado todo intento de rebeldía. Los dedos del Umino ahora estaban aferrados con fuerza a la ropa de Kakashi, lo que motivo al vampiro a buscar una mejor posición para ambos. Sin abandonar en ningún momento los labios del hombre, el Hatake lo sujetó con suavidad por ambas piernas, levantándolas para conseguir el espacio suficiente donde su cuerpo gozara de un mayor contacto con el contrario.
Iruka suspiro en aprobación y sus manos bajaron por la espalda del vampiro, asiéndose a ella con desesperación. El reclamo que le había hecho a Kakashi por colarse a su habitación ahora se le antojaba ridículo. Él también había extrañado a su pareja; desde que el Hatake se exiliara a Konoha, los días en el castillo Namikaze no volvieron a ser los mismos, añoraba cada día sus estúpidos comentarios subidos de todo, o sus besos fugaces cerca del oído.
Kakashi soltó una risita entre dientes, cuando el castaño comenzó a restregarse impacientemente contra él, y en respuesta a su burla Iruka lo sujetó por el cabello con impaciencia, trayéndolo hacia él para que sus bocas se encontraron con brusquedad.
-Por lo visto tu también me extrañaste, Iruka-sensei -murmuró el Hatake con voz satisfecha, luego del impresionante beso que su pareja acaba de regalarle, a lo que el castaño no respondió con nada más que morderse los labios. El hombre no tuvo la fuerza de voluntad suficiente para poder negarlo.
Las manos del vampiro comenzaron a ascender por el cuerpo de Iruka, quitando del camino su estorbosa camisa sin que en ningún momento sus ojos entrecerrados se apartaran de los ojos marrones del Umino. La ansiedad que sentía Iruka le hacían querer retorcerse entre las sábanas y aferrarse a ellas hasta desfallecer, pero la mirada escarlata de Kakashi le advertía que se estuviera quieto.
Para cuando la boca del Hatake se unió a sus manos, los jadeos que infructuosamente Iruka trataba de controlar eran más que audibles, y los dedos temblorosos sobre su boca con los que trataba de controlarlos no eran más que un débil pretexto de resistencia. La lengua de Kakashi, húmeda y helada, comenzó a explorar lentamente el abdomen del hombre, un territorio que conocía de sobra pero en el que le gustaba idear nuevos caminos.
Iruka retorció sus pies de puro placer y cada vello del cuerpo se le erizó cuando el vampiro tomó entre sus labios uno de sus pezones, para después mordisquearlo con lascivia. El Umino se cubrió el rostro con una mano, sintiéndolo ya caliente y empapado de sudor, y luego de apenas unos instantes soltó un estrangulado grito que viajó directamente a la entrepierna del vampiro.
La mancha húmeda que no tardo en aparecer frente a la vestimenta de Iruka debería de haberlo abochornado, pero la satisfacción que embargo al hombre eclipsó su vergüenza por completo. Demasiado tiempo soportó el Umino sin que las manos de su pareja recorrieran los sitios más sensibles de su cuerpo, así que ahora que lo tenía de nuevo junto a él gozaría las veces que le viniera en gana.
-Sabes que no me gusta que hagas eso, Iruka-sensei -lo regañó Kakashi con suavidad, ya que a pesar de todo el Umino continuaba cubriéndose la cara. Mientras hablaba, la mano del vampiro era introducida dentro de los pantalones del Umino, tirando de ellos hacia abajo poco a poco.
Como respuesta, el cuerpo del hombre dio un marcado respingo, por lo que tuvo que sujetarse con más fuerza de los hombros de Kakashi. Iruka podía sentir la boca del Hatake recorriendo todo pedazo de piel que estuviera a su alcance y el aliento frío del vampiro chocando contra su sensible cuello, antes de que los afilados colmillos del inmortal lo arañaran con delicadeza hasta conseguir que brotaran algunas gotas de sangre tibia.
Ante el ligero escozor, los ojos de Iruka se abrieron con sorpresa y el castaño se apartó con brusquedad de Kakashi, girándose sobre sí mismo para poder darle la espalda. El hombre sabía que solo pudo sobreponerse a la fuerza del vampiro porque él se lo había permitido, intrigado por el comportamiento de su pareja y esperando una explicación. El Umino alzó la mano para cubrirse los ojos, provocando que entonces Kakashi notara el vendaje en su muñeca izquierda.
La mirada del vampiro se tornó hosca mientras sujetaba el brazo de Iruka para acercase la herida al rostro. No es como si realmente lo necesitara, desde su posición percibía el olor a miel y manzanilla que emanaba de la tela blanca. Le había parecido oler semejante mezcla en cuanto puso en pie en la habitación, pero la verdad no le dio la mayor importancia, los humanos se herían con facilidad e Iruka no era la excepción. Sin embargo, este herida en particular tenía un significado mucho más importante que un simple corte con un cuchillo en las cocinas.
-Te mordió -soltó Kakashi con cierto tono acusador en la voz. Iruka, quien hasta el momento había dejado dócilmente que su pareja lo examinara a su antojo, tiró de su mano con brusquedad para apartarse de él.
-Es mi deber, Kakashi -gruñó el castaño disgustado, mientras se levantaba de la cama y se dirigía al baúl que se encontraba a los pies del mueble.
-Hablare con él -dijo resuelto el Hatake deslizándose hasta la orilla del colchón, observando cómo su pareja buscaba una muda de ropa limpia.
-¡Kakashi, ya basta! -bramó Iruka con exasperación, deteniéndose a medio camino de colocarse los pantalones. El hombre se acerco de nuevo a Kakashi, sentándose en el suelo de tal manera que podía acomodar su cabeza sobre el regazo del vampiro-. No tiene caso pelear, es por el bien de Minato-san -murmuro el hombre, alzando su mano para poder rozar con sus dedos la mejilla del Hatake.
-Es una ley antigua y absurda -intentó razonar su pareja con él, manteniendo su mirada torva, sin dejarse convencer por las suaves caricias del hombre.
-No es importante... -aseguró el castaño todavía entre murmullos, soltando un suspiro de cansancio.
-Eres mi pareja, Iruka -lo contradijo el vampiro con gesto duro-. Debería ser nuestro derecho -protestó Kakashi.
-Sarutobi-sensei es demasiado viejo y Konohamaru es un bebé, mientras Asuma no regrese es mi deber hacerme cargo del Tributo de Sangre -dijo Iruka, imitando el tono de Kakashi. Los vampiros necesitaban de la sangre fresca de seres humanos para sobrevivir, ni milenios de historia podrían cambiar eso. Sólo quedan el Clan Sarutobi y el Clan Umino para cumplirlo -le recordó al Hatake, intentado hacerlo entrar en razón.
De pronto el vampiro sujetó con fuerza la mano del Umino, apartándola de su cara. Para el inmortal la historia del Tributo de Sangre no era tan antigua como para Iruka, quien estaba relacionado con la tradición a través de numerosas generaciones. Kakashi Hatake, por otro lado había estado presente cuando se llevo a cabo. Siete familias humanas se habían aliado con el Primer Hermano para formar el Tributo de Sangre, para los tiempos de Minato solo quedaban con vida dos Clanes. Mientras los Sarutobi contaban con la sabía guía del anciano Hiruza, que criaba a su pequeño nieto tras la muerte de sus padres y la desaparición de su tío, los Umino eran representados por la huérfana figura de Iruka.
La tradición dictaba que el líder del aquelarre se alimentara por miembros pertenecientes al Tributo de Sangre, y ningún otro vampiro se alimentaría del mismo humano, ni siquiera su consorte, ni siquiera sus herederos. Nadie podía beber del mismo cáliz que el Rey de la oscuridad. Cuando Uzumaki Kushina seguía con vida, ella le proporcionaba con gusto a Minato toda la sangre que el vampiro pudiera necesitar, ya que las reglas no se aplicaban a ella por ser descendiente de la Tercera Hermana.
Con la muerte de la vidente, la tarea paso a ser responsabilidad del viejo Sarutobi, en ese entonces más joven, de su esposa y de sus dos hijos. El tiempo paso, la mujer de Hizuma falleció, junto con uno de sus hijos, los años comenzaron a pesar sobre la espalda del anciano, así que Asuma tuvo que hacerse cargo de la delicada tarea él solo. Era un hombre alto y fuerte, así que no le representó ninguna dificultad. Pero por desgracia un día Asuma no regresó al Castillo Namikaze, luego de una salida con los cazadores, y la carga de alimentar a Minato le fue encomendada a Iruka, apenas un adolescente. Tan solo un par de noches antes de la desaparición de Asuma, Kakashi se había atrevido a besar al muchacho por primera vez.
La carga del Umino era demasiado importante, demasiado preciada para ser dejada de lado, y por desgracia, entre las prioridades del Namikaze no estaba incluir a más humanos en el Tributo.
-Iruka, una sola persona no puede formar un clan -dijo el Hatake, no por primera vez, con todos los pensamientos anteriores en mente.
-¡Kakashi! -murmuró Iruka en tono de advertencia, con los dientes apretados fuertemente.
El vampiro ignoró las quejas de su pareja, y de un rápido movimiento tiro de la muñeca del castaño, recostándolo de nuevo en la cama. El Umino soltó una maldición entre dientes, a veces odiaba la facilidad con la que Kakashi manejaba su cuerpo, y al mismo tiempo la agradecía; la fuerza sobrenatural del Hatake hacía consciente a Iruka de lo mucho que el inmortal respetaba sus decisiones.
-Es mi maestro, Iruka, pero que te obligue a... -comenzó a decir el vampiro, colocando sus brazos alrededor del rostro de Iruka y acercando los rostros de ambos.
-Nadie me obliga -aseguró el castaño torciendo la boca-. Lo hago porque es mi deber, el deber que me heredaron mis padres y ni siquiera tú evitaras que cumpla con él.
-Pareciera que Minato-sensei tiene más derecho sobre ti que yo mismo -dijo Kakashi, comenzado a molestarse de nuevo.
-Pareciera que lo único que quieres es mi sangre -le regresó Iruka, con cierto rencor en la voz.
Los ojos negros del vampiro se abrieron por la sorpresa, y por un momento observó con atención la cara molesta del Umino, quien se negaba a verlo de frente. No era la primera vez que sucedía, para los inmortales era muy fácil seducir a los débiles humanos que poseían sangre de un olor atrayente, susurrando falsas palabras de amor en sus oídos solo para obtener el líquido vital. Como la sangre era daba por voluntad propia, Minato no podía intervenir y los oportunistas permanecían sin castigo.
-Iruka... -empezó a responder Kakashi en un murmullo angustiado, pasando una mano por los cabellos castaños de su pareja.
-Solo responde -lo interrumpió el Umino, alejándose de su toque. El vampiro suspiro con cansancio al caer en cuenta de la pequeña nota herida que tenía en la voz.
-Sabes que no -contestó el Hatake con rapidez, pero modulando la velocidad con la que hablaba-. Me... molesta tener que compartirte. No se trata de comer, es algo más intimo, morderte a ti y que me muerdas es... ah... ¿una muestra de afecto? -intentó explicarse el vampiro con cierta duda. Algunas costumbres del aquelarre, tan comunes como respirar, seguían resultando extrañas para los humanos.
Iruka sonrió ante los balbuceos de su pareja y negó con la cabeza. No es como si en verdad pensara que Kakashi era capaz de hacer semejante bajeza, pero estar tanto tiempo alejado del vampiro lo ponía nervioso, haciéndolo dudar de su realidad. El castaño se levantó un poco sobre su espalda, lo suficiente para reducir la distancia que lo superaba del vampiro y poder besarlo con suavidad en los labios.
-Ven a Konoha conmigo -le propuso Kakashi de pronto, y fue el turno de Iruka de abrir enormes sus ojos debido a la sorpresa. El Umino tembló ante la idea, pero más que nada fue por lo tentadora que le resultaba la oferta.
Sería tan facial para los amantes desaparecer en medio de la noche, cobijados por la oscuridad y protegidos por la luna. Pero el castaño no podía olvidar la tarea que se le había encomendado, se lo debía a sus ancestros.
-No voy a hacer lo mismo que Asuma -murmuró apesadumbrado el Umino, colocando sus manos sobre el pecho de Kakashi para empujarlo y hacer espacio entre ellos-, Sarutobi-sensei no lo soportaría de nuevo.
-Ven aquí, me quedare hasta que te duermas -murmuró el vampiro con voz cariñosa, ignorando las intenciones de Iruka.
El Hatake giró el frágil cuerpo del humano sobre la cama, acomodándolo entre sus brazos. Sabía que la propuesta no era del desagrado del castaño, motivo por el que se atrevía a mencionarlo no por primera vez, pero también era consciente del dolor que le causaba al Umino rechazarlo. El vampiro se regañó mentalmente por torturar de semejante manera a su pequeña pareja.
-¿Y cuando despierte ya te abras ido? -susurró Iruka con voz queda, a pesar de saber de antemano la respuesta a su pregunta. El inmortal de cabello plateado sonrió y luego deposito un rápido beso sobre la nuca del Umino, antes de cubrir su rostro de nuevo con la máscara de usaba de manera cotidiana.
-Te prometo que vendré más seguido -dijo el Hatake a manera de consuelo. El castaño asintió con lentitud usando la cabeza, pero su boca escapó un traicionero suspiro de tristeza.
-No falta mucho -murmuró el humano, más para sí mismo que para su pareja, al tiempo que cerraba los ojos y se disponía a dormir.
-Eso espero, Iruka-sensei -le contestó la voz de Kakashi en medio de la oscuridad, apretando con aprensión el abrazo que tenía sobre su pareja-. Eso espero...
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Naruto sumergió su mano en la congelante agua del Lago Negro. Antes, cuando recién había sido convertido por su padre y, si era sincero consigo mismo, cuando era un poco más estúpido, le gustaba poner a prueba sus nuevas habilidades. En una de sus tantas escapadas del castillo, el rubio había sentido el impulso de arrojarse a las oscuras aguas del lago; era un vampiro ahora, no necesitaba del aire para vivir y el agua fría apenas la percibía gracias a su propia piel helada. El Uzumaki se paso largas horas en un estado de semiinconsciencia de pie en el fondo del lago, hasta que el aburrimiento y la proximidad del sol lo hicieron salir de nuevo.
-¿Llevas mucho tiempo esperando, usuratonkachi? -pregunto una voz al lado de Naruto, sobresaltándolo. Tanto que el rubio acabo por caer a un charco fangoso formado por la nieve que comenzaba a derretirse.
El vampiro alzó sus sobrenaturales ojos azules para enfrentarse al recién llegado y soltó un siseó furioso al ver que se trataba del mismo licántropo de la otra vez, quien torció los labios de manera burlona al ver su deplorable estado.
-¿¡Pero qué demonios haces, teme?! -bramó el vampiro al tiempo que ponía de pie y trataba de quitarse el lodo de la ropa-. ¡Lo hiciste a propósito, dattebayo! -acusó a Sasuke, sacudiéndose con brusquedad para intentar que algo de barro cayera también sobre el hombre lobo.
Al Uzumaki le importaba muy poco ensuciarse, pero no iba a tolerar que el licántropo se burlara de él.
-¿No se supone que los vampiros son agiles y de sentidos alertas? -preguntó el Uchiha con voz sarcástica y cierta incredulidad en la voz-. Los cazadores de la noche por excelencia -añadió Sasuke burlonamente, relamiéndose los labios.
El joven alfa estaba más que seguro de los verdaderos depredadores bajo la protección de la luz de la luna eran los licántropos, y cuando el vampiro Uzumaki cayera bajo sus garras... ¡No, no, no, no! El moreno tuvo que recriminarse a sí mismo por sus ideas, debía tener claro que solo se estaba acercando al chupasangre para satisfacer al animal dentro de él. No iba a convertir a Naruto en su pareja. ¡Un hombre lobo y un vampiro! Dudaba que existiera cosa más antinatural en las Tierras de los Tres Hermanos.
-¡No si llegas por la espalda de esa manera! -gruñó Naruto, atrayendo de nuevo la atención de Sasuke y negándose tercamente a aceptar su distracción-. ¡Cuando llevas la estúpida capa de nuevo! ¡Es trampa! -el rubio soltó maldiciones por lo bajo, quejándose por no poder percatarse de la presencia del otro muchacho, usando su olor-. ¡¿Cómo demonios lo haces?!
-Alguien debería habértelo explicado, dobe -dijo el Uchiha, frunciendo las cejas con disgusto.
La primera vez que su pareja lo había mencionado, pensó simplemente que el vampiro no había notado su ropa hecha de lino, ahora caía en cuenta de que el rubio de verdad ignoraba como lograba ocultar su aroma de los vampiros.
-Pues no lo han hecho, dattebayo -masculló el Uzumaki entre dientes, cruzándose de brazos y torciendo los labios.
Sasuke permaneció en cuclillas sobre el suelo, en el lugar que originalmente ocupaba Naruto, y el rubio se removió incomodo ante la penetrante mirada que le mandaba el licántropo. El Uchiha estaba meditando en silencio las implicaciones del poco conocimiento del vampiro; cualquiera de la manada podría acercarse a su pareja sigilosamente y atacarlo, como él acaba de hacer hace solo algunos minutos atrás.
Decidiéndose a resolver el problema, el moreno terminó suspirando.
-Usuratonkachi, ven -dijo Sasuke llamando al rubio, agitando su mano-. Voy a contarte un secreto -murmuró con un tono de complicidad más que fingido, que por suerte el Uzumaki no pareció notar.
El vampiro observó al Uchiha con marcada desconfianza, pero también con una visible curiosidad, luego de unos cuantos segundos de duda, las ansias que el rubio sentía por saber el secreto del licántropo sobrepasaron todo lo demás y terminó por a acercarse al otro chico, no sin cierta cautela.
El hombre lobo permaneció inmóvil mientras Naruto se inclinaba hacia él, todavía con los labios apretados por el disgusto, y en el último instante sujeto al Uzumaki por la camisa, para luego tirar de ella hasta arrojar al rubio directo contra su cuello. El vampiro jadeó por el brusco movimiento, con lo que el aliento helado del inmortal golpeó la piel del Uchiha, provocando que Sasuke cerrara instintivamente los ojos, dividido entre su sentido de supervivencia y el placer.
Tener los colmillos de un maldito chupasangre a nula distancia de una de tus arterias llenas de sangre fresca no era algo que te garantizara una vida larga.
-¿Qué hueles? -susurró Sasuke contra el oído del rubio, causando que el nerviosismo de Naruto aumentara con rapidez. La voz del licántropo sonaba profunda al parecer del Uzumaki, y habría acelerado los latidos de su corazón de seguir con vida. El vampiro agradeció a sus ancestros que el dichoso órgano siguiera quieto dentro de su pecho.
-Uhm, ah... ¿Tela, dattebayo? -intentó responder Naruto entre balbuceos, al notar que la paciencia se le terminaba al moreno. De pronto el rubio parpadeo sorprendido, al reconocer por fin el olor. Lo recordaba de uno de sus viajes con Jiraiya-. ¡Lino! -dijo el Uzumaki con tono triunfante.
Sin embargo, el hombre lobo no parecía complacido por la respuesta de su acompañante. Tomando de nuevo por sorpresa al príncipe del aquelarre Namikaze, Sasuke volvió a tirar de la ropa del rubio, para atraerlo aún más cerca de su cuello, hasta que los labios de Naruto chocaron contra la piel del licántropo.
-Huele con más cuidado, dobe -murmuró el Uchiha, fingiendo que nada extraño había sucedido.
Teniendo la extraña sensación de que la voz de Sasuke lo seducía de alguna manera para cumplir las órdenes de su dueño, Naruto se encontró cumpliendo las indicaciones del licántropo. El vampiro aspiró con fuerza, y por unos segundos solo pudo percibir el amargo olor del lino, pero luego pudo llegar a sus fosas nasales otro aroma diferente, escondido debajo de la ropa del Uchiha, mucho más fuerte y atrayente.
El Uzumaki encontró que le agradaba el olor natural del perro a su lado, pero cuando sus sentidos fueran más allá de la piel y músculos del hombre lobo, topándose con el perfume de la sangre que corría por sus venas, el vampiro dentro de él gimió de necesidad y sus colmillos se extendieron por instinto.
Asustado por sus propias acciones, Naruto dio un pequeño salto e intentó alejarse del moreno, pero antes de que pudiera ir muy lejos, el Uchiha lo sujetó por ambas muñecas, obligándolo a permanecer en su lugar.
-El lino entorpece los sentidos de los vampiros, y me permite esconderme de los tuyos en su propio castillo -le explicó Sasuke al rubio con tranquilidad, pretendiendo no haberse dado cuenta de que la rata alada estuvo a punto morderlo. Si el Uzumaki no hubiera estado tan aterrado por su repentina necesidad de alimentarse del licántropo, habría notado que las uñas del moreno estaban un poco más largas-. Ahora, usuratonkachi, el algodón es lo que puedo llegar a bloquear el olor de los vampiros, escondiendolo de mi olfato.
-Entonces... ¡¿yo podría escaparme de casa cada vez que quisiera si usara ropa así, dattebayo?! -preguntó el Uzumaki, repentinamente entusiasmado y olvidando el incidente anterior.
El moreno torció la boca ante sus palabras. Cierto que una de sus intenciones al explicar el uso de las telas era poder sacar al vampiro de la sombra protectora de su clan con mayor facilidad, pero tampoco es como si quisiera que el rubio se paseara a sus anchas desde Kumo hasta Konoha, y habría que recalcarlo, ¡sin su presencia!
-No cualquier ropa, dobe -dijo entonces el Uchiha, provocando una mueca de clara decepción en el rostro de su acompañante-. Te lo aclarare todo si me prometes una cosa.
-¿Qué cosa? -masculló el vampiro con renitencia, dividido entre la curiosidad y la desconfianza. No debía de confiar en los hombres lobo, su pasado se lo recordaba con claridad.
-Cada vez que salgas, yo iré contigo -le propuso Sasuke, haciendo que la boca del Uzumaki se abriera enorme por la sorpresa.
-¡¿Qué?! ¡Ni hablar, dattebayo! ¡No voy a tener de niñera a un perro como tú! -exclamó ofendido el rubio, para luego zafarse del agarre del licántropo y darse la vuelta, dispuesto a desaparecer del lugar.
-Entonces suerte con volver a salir de tu precioso castillo, usuratonkachi -dijo Sasuke en tono burlón, logrando que Naruto detuviera de golpe sus pasos-. ¿A cuántos sirvientes, contando humanos y vampiros, tuviste que llorarles para que pudieras estar aquí está noche? -quizo saber el moreno, aunque tenía una idea bastante acertada de la respuesta.
-¿Y tú como demonios sabes eso? -gritó el Uzumaki, girándose para encarar de nuevo al licántropo. Sasuke se dio cuenta de que su pareja... argh, el maldito chupasangre estaba avergonzado.
-Soy el inofensivo mercader de hortalizas de Konoha -contestó el hombre lobo, con una pequeña sonrisa de desdén instalada en los labios. No sintió vergüenza alguna por engañar a los pobres sirvientes humanos del castillo Namikaze-. Si supieras todos los chismes que corren en las cocinas cuando tú no estás presente, dobe.
Naruto apretó con fuerza los labios, y se habría abalanzado sobre Sasuke a mordidas de no ser por la tentación que representaba salir cada vez que le diera la gana, privilegio que siempre le había negado su padre. Derrotado, el rubio se cruzó de brazos, para después voltearle la cara al Uchiha.
-¡Bien! -respondió por fin el Uzumaki, aunque bastante a regañadientes-. ¡Pero más vale que no sea ninguna trampa, porque entonces si te dejo seco, teme! -le advirtió al licántropo, sin ser consciente del retorcido sentido que el moreno le podía dar a sus palabras.
Sasuke deslizó la lengua por sus labios, con la mirada clavada en la boca del vampiro e imaginando todo lo que podría hacer con ella. Para cuando el licántropo cayó en cuenta de lo que hacía, ya se encontraba frente a frente con el Uzumaki y este lo miraba con ojos extrañados.
-Algodón silvestre -murmuró entonces el moreno, recordando el tema por el que habían comenzado a discutir en primer lugar. Tomó también una pequeña pausa para aclararse la garganta y despejar sus pensamientos-. El algodón cultivado funciona pero no es tan confiable, es mejor el algodón silvestre.
-¿Y de donde carajos voy a sacar ropa hecha de algodón silvestre, dattebayo? -murmuró Naruto para sí mismo, viendo que en realidad su camino hacia la libertado no iba a ser tan fácil.
-Yo te las podría conseguir, dobe -se apresuró a responder el Uchiha-, siempre y cuando mantengas tu promesa.
-¡Yo siempre cumplo mis promesas, teme! -aseguró el rubio de manera rotunda, sacándole una minúscula sonrisa de lado a Sasuke sin motivo aparente. El descendiente de la Tercera Hermana creyó que el licántropo se burlaba de él-. ¡Es cierto, dattebayo!
-Ya, ya, te creo, usuratonkachi -dijo el hombre lobo, antes de que el chupasangre se exaltara demasiado-. Ya que todo está aclarado, es hora de irnos, dobe.
-¿Irnos? ¿A dónde? -preguntó el Uzumaki con curiosidad. El animal dentro de Sasuke gruñó de satisfacción al percatarse de que en esta ocasión no había rastro de desconfianza en la voz de su pareja.
-Te lo dije, usuratonkachi. No me gusta el Lago Negro como punto de reunión -explicó el moreno, encogiéndose de hombros. Acto seguido el licántropo se inclinó hacia Naruto, quitándole de la cabeza el delicado aro de oro que le rodeaba la frente, causando sonoras quejas por parte del vampiro-. Demasiado cerca de los afilados colmillos de tu padre -opinó el Uchiha.
-¡Oye, devuélvemela! -lloriqueó el rubio, saltando para intentar recuperar su corona. En realidad odiaba tener que llevar joyas como esa, símbolos de su alto estatus, pero Sakura no dejaba de insistirle que se comportara como el príncipe que era y tendría problemas con la chica si no regresaba con el adorno sobre su cabeza.
-Los vampiros tienen fama de rápidos -dijo Sasuke, usando sus agiles reflejos para esquivar al Uzumaki-. Para llegar a donde tenemos que ir más vale que seas rápido, dobe -de pronto el moreno sujeto la muñeca del rubio, atrayendo la figura más pequeña contra él, hasta que uno de los oídos de Naruto quedó al alcance del moreno-, o me perderás de vista.
Naruto se estremeció de manera inconsciente ante la cercanía del Uchiha, y para cuando pudo reaccionar a las palabras del hombre lobo, el moreno ya se había perdido entre los árboles. Al notar la dirección por la que Sasuke desapareció, los ojos azules del rubio se abrieron cuan enormes eran, sorprendidos y esperanzados. El licántropo lo guiaba hacia el oeste, el Uzumaki estaba sabía que por el sitio donde se ocultaba el sol, lo único que se alzaba entre los bosques montañosos era la antigua ciudad de Uzushio. El moreno lo llevaba al lugar de origen de los Tres Hermanos, a la tierra natal de su madre.
Estaba hablando con Cariño (Kuroi) el otro día y me dijo que debía hacer algo para festejar mi fanfic #50, que según mi perfil, se va acercando cada vez más. Yo le conteste que los fanfics que no tenía terminados no contaban... luego se hizo un silencio incómodo y me eche a llorar (metaforicamente, diría la Dr. Brennan, porque yo no lloró delante de la gente, soy bien macho (?)). So... en vista de que mi deprimido estado de animo no me permite tomar una decisión, ¿que opinan ustedes? :S I need help! "Noches de luna llena" siento que avanza muy lento, la trama quiero decir, a este ritmo no voy a acabarlo nunca u.ú Se que hay mucha gente que me pregunta por "Yo regrese" (nombre tonto ¬¬, ¿en que estaba pensando?) lamento no contestarles, es que... me da pena -/- en cuanto tenga una respuesta coherente hablare, ¡lo juro! D: Sus mensajes están en la bandeja de entrada de mi correo, marcados con esa banderita roja ¿de la vergüenza? Mis disculpas, una vez más u.u
Zaludos
Zaphy
Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.
