Recuérdame.
Capitulo: 14
Un enemigo más.
Enjoy:
….
Era un ambiente ruidoso y oscuro que no era precisamente un sitio para un reencuentro según la opinión de Simon. El castaño lleva horas esperando a Marcy y ciertamente estaba arrepintiéndose de haber venido.
Debió de haber llamado a Marceline para verificar que llegara bien a su casa y para disculparse una vez más por la terrible cita.
—Hola.
De la nada apareció una chica que le sonrió con amabilidad.
—Pensé que no vendrías.
La pelinegra de cabello corto se sentó junto al castaño que aún estaba en shock. No podía creer que ella de verdad estuviera con él.
— ¿Qué pasa?, parece que viste a un fantasma.
Simon se acomodó las gafas.
—De verdad eres tu Marcy.
Ella asintio ampliando más su sonrisa y mirándolo con diversión se lanzó a abrazarlo.
—Te extrañe tanto Simon. —susurro sin soltarlo.
—Yo también.
Ricardio había visto con sorpresa como la chica que contrario estaba de lo más cariñosa con Simon que parecía haberse olvidado de Marceline.
El plan original era que Bonnibel fuera quien le demostrara a Marceline que su querido Simon no le era del todo fiel, pero ahora este pequeño truco lejos de complicar sus planes los mejoraba.
Bonnibel se cruzó de brazos ahora no solamente tenía que batallar con Marceline, sino que esa chica ahora le venía a estorbar también.
….
En la calle de camino a su casa Marceline no paraba de suspirar. No quería admitirlo pero lo que le dijo Ricardio la había hecho pensar mal de Simon, últimamente él había estado tan frio y distante que nadien podía culparla por sentirse así.
Las razones que pudiera tener para portarse de esa manera no las sabia identificar solo rezaba para que aquel oscuro pasado que tuvo alguna vez no fuera la razón.
—Valla comenzó a llover.
La voz amable de Gumball la saco de sus pensamientos y la hizo girarse hacia el cielo oscurecido de la tarde. Rio ante la ironía del clima bien sincronizado con sus sentimientos.
—Hay que darnos prisa.
De la nada como era su estilo Gumball le tomo de la mano y la jalo con él entre los autos. Corrieron por la carretera aprovechando las luces rojas de alto.
— ¡Jovencitos eso es peligroso! —gritaron una pareja de ancianos desde su auto mientras sonaban la bocina algo que solo empeoro los nervios de Marceline.
Marceline pov:
La risa de Gumball me provoco unas enormes ganas de darle un golpe. Solo a él se le podía ocurrir hacer algo tan arriesgado como esto.
—Eres un tonto.
Con la mano en el corazón levante la mirada hacia él.
—Perdón pero no quiero mojarme más.
Con ojos entornados vi cómo se sacudió el cabello. Él había cambiado tanto conmigo, en sus ojos ya casi el odio era un sutil destello y eso me alegraba de cierta manera, todo el daño que alguna vez causara a tantas personas era algo que quería enmendar.
— ¿Estas bien?
Hay iba otra vez esa mirada que como dije sustituyo en su mayoría el odio.
—Te parece que estoy bien.
Sacudí mis ropas empapadas.
—Hay que continuar. —dije después de un escalofrió que recorrió todo mi cuerpo.
Fin pov
Continuaron su camino bajo la lluvia hasta la casa de Marceline. Después de unas horasllegaron finalmente, ambos se sorprendieron de la presencia de Simon en la puerta de la casa esperando bajo el porche.
—Por qué no tomaron un taxi.
Marceline miro hacia el castaño. Si él estaba aquí significaba que lo que dijo Ricardio no era verdad.
—Queríamos caminar.
Apenas entraron Simon se apresuró a ayudar a Marceline a quitarse la chaqueta.
—Necesitas cambiarte rápido, antes de que pesques un resfriado.
Ella estornudo provocando una risita de parte del pelirosa.
—Creo que ya es tarde. —Gumball mascullo de buen humor caminando hacia la chimenea para encender el fuego.
—Oye creo que tu también deberías cambiarte Gumball.
A medio escalón Marceline se giró a ver a Gumball.
—En el sótano hay algo de ropa de Marshall. —le dijo mientras volvía a estornudar.
—Bueno.
A regañadientes fue a buscar algo entre la ropa de Marshall que le pudiera quedar mientras Simon se quedó pensando una vez más desde cuando eran esos dos tan cercanos.
….
Arriba Marceline termino de cambiarse de topa y mientras se secaba el cabello le dio un vistazo al unicornio color negro que descansaba en su cama sonrió sin darse cuenta.
—Es lindo.
Ella volteo a ver hacia la entrada de su habitación.
—Algo que va conmigo, supongo. —le dijo a Simon sonriéndole levemente aun sintiéndose mal gracias a la lluvia.
—Hey tienes fiebre.
Marceline puso su mano sobre la que el castaño tenía en su frente.
—Me resfrié, eso es normal.
El vio el agotamiento en sus ojos y como todo un caballero la ayudo a meterse en la cama.
—Gracias. —le dijo envolviéndose más en los cobertores.
—No hay por qué.
Simon se sentó en la silla junto a su cama.
—Sabes esta tarde hable con Ricardio.
El levanto una ceja.
— ¿De verdad? y ¿de que hablaron?
—Trato de advertirme de un posible engaño de tu parte.
Se giró rápidamente a mirarla incrédulo y hasta sorprendido.
—Pero sé que puedo confiar en ti.
Le tomo una de sus manos y le sonrió. El por su lado igualmente sonrió pero no con tanto animo ya que muy en el fondo de su mente sabía que si le estaba faltando de algún modo.
Desde afuera Gumball simplemente suspiro resignado con esta situación.
—Oh, qué bueno que no te has ido.
Levanto la mirada hacia su amigo.
— ¿Paso algo? —pregunto preocupado mientras entraba a la habitación.
—Necesita algunas cosas.
Simon miro hacia la pelinegra profundamente dormida.
—Te molestaría quedarte un rato más.
Gumball inmediatamente negó.
—Es bastante tarde ya y bueno mis abuelos deben de estar preocupados. —mascullo incomodo de repente a lo que Simon se cruzó de brazos y le dio una mirada severa.
—Se supone que son amigos, ¿no?
El pelirosa rio.
—Vamos no bromes Simon. —dijo empezando a pasearse por la habitación.
— ¿Entonces lo que he visto en un simple engaño? —pregunto desafiante mirando con cautela a su amigo.
—Algo así… parecido a lo que tú haces. —contesto sin dejar de fulminarlo con la mirada.
—Que gracioso.
El castaño tomo su chaqueta y salió de nuevo a la calle a buscar algo para el resfriado de Marceline. Lo que dijo Gumball no hacía nada por mejorar sus dilemas morales duramente arriesgados.
Ricardio se había enterado de alguna manera sobre su reunión con Marcy y claro no espero para contárselo a Marceline. Él estaba buscando maneras de hacer sufrir a la reina vampiro y ahora le daba razones para lastimarla.
¿Qué pasaría ahora?, ¿dejaría que la venganza de Gumball continuara ahora que veía que su odio por Marceline seguía hay imperturbable?, ¿aun cuando se había dado cuenta de los sentimientos que tenía por la pelinegra?
Como sea tenía que encontrar una forma para evitar el sufrimiento que ahora rezaba porque nunca llegara.
….
En la mancion de Ricardio la impostora que se hacía pasar por Marcy había llegado al momento en que tenía que rendir explicaciones a su jefe y principal razón por la que estuviera en Ooo. Él no estaba molesto por su pequeña cita con Simon, nooo, todo lo contrario ¡estaba feliz!
—Dime que estas bromeando. —susurro Ricardio mientras agitaba su copa de vino.
—No, Ricardio, yo quiero entrar a la preparatoria con Simon.
Una carcajada fue su respuesta.
—Mira Roxan, acaso no sabes quién es la novia de tu nuevo proyecto.
Roxan negó y Ricardio simplemente suspiro.
—La reina vampiro—dijo después de dar un sorbo a la copa medio vacía.
— ¡Que!, no…tiene que ser una broma.
Roxan rio en vez de molestarse.
— ¡Marceline!, siempre causándome problemas.
Saco su móvil y marco el número que de tanta insistencia se había aprendido de memoria.
—Pero ahora yo estoy en el juego mi querido Ricardio.
Antes de que Simon contestara Roxan le dio un beso al pelirrojo.
—Hola…
Ricardio rio mientras se separaba de la pelinegra que simplemente le pidió silencio.
—Simon perdón por llamar tan tarde pero me sentía sola.
Roxan rodo los ojos mientras trataba de suavizar su voz.
—Y pensé que tal vez podríamos hablar un rato.
Simon miro la bolsa en sus manos.
—Claro por qué no.
Ricardio casi escupe su trago. El pulcro Simon Petrikov había caído en su trampa, el que podría ser el más fiel de los hombres había dejado a su querida Marceline por una mentirosa que se hacía pasar por su amada Marcy.
Definitivamente estaba feliz de haberse tomado la molestia de grabar todas estas conversaciones, porque Roxan estaba usando su móvil.
….
La noche trascurrió entre agobiantes crisis de toz y estornudos acompañados por la fiebre y el dolor. Marceline odiaba resfriarse ya que siempre terminaba bastante débil y de mal humor, pero eso era antes cuando solo para cuidarse estaba ella misma.
—Toma.
Gumball le paso una taza llena de té de canela para calmar su garganta irritada.
—Gracias.
Envuelta en una de sus mantas miro al pelirosa su pequeña conversación con Simon no paso del todo desapercibida para ella.
— ¿Pasa algo? —pregunto cuando se dio cuenta que no apartaba la mirada de él.
—Porque estás aquí si me odias tanto. —soltó de repente frunciendo el ceño.
—Yo no te odio.
Gumball la miro divertido.
—Estas mintiendo, lo sé.
Dio un sorbo al té y volteo la mirada lejos del chico. ¿Por qué tan de repente le molestaba que le estuviera mintiendo?, pensaba Marceline confundida.
—Yo no estoy mintiendo.
Siguió sin mirarlo.
—Marceline escúchame, yo no te estoy mintiendo.
La pelinegra amplio sus ojos cuando la sercania repentina del chico la sorprendió.
—Sabes no te creo.
Se puso de pie.
—Ahora entiendo todo esto es una especie de juego para lastimarme.
Gumball empezaba a impacientarse y cuando eso pasaba su genio salía de su capa de dulce príncipe encantador.
— ¡Claro yo fui la razón por la que casi te mueres!
Furioso el pelirosa se puso de pie.
— ¡Ya te dije que todo quedo atrás!
Marceline fuera de sí arrojo al suelo la taza al suelo.
— ¡Deja de mentirme y di la verdad!
—Bien si eso quieres bien… ¡te odio Marceline!, ¡Lo hice por cuatro años! —le grito sacando el poco viejo rencor que aún le quedaba y Marceline se dio la vuelta y se fue dispuesta a salir pero fue detrás de ella.
—Entiendo soy una persona horrible.
A centímetros de la perilla el chico le jalo del brazo.
— ¡No!, déjame continuar. —mascullo dispuesto a no dejarla salir hasta que lo escuchara.
—Para que, ya entendí soy un mounstro, yo he hecho mucho daño sin razón…tal vez por eso Simon se empieza a distanciar.
Los sollozos fueron como golpes para el pelirosa ya que él fue quien prácticamente la hizo llorar recordándole el infierno que casi acabo con su vida.
—Tu acabas de decirlo…aún me odias.
Empezó a reír.
—No te puedo negar que aun te odio, pero no por lo que paso en el pasado.
Extrañada Marceline se giró a mirarlo.
— ¿De qué hablas?
De la nada él la aprisiono contra la pared asustándola.
—Te odio porque…porque me enamore de ti.
Con los ojos como platos Marceline lo vio acercarse e intento empujarlo, Esto estaba sucediendo tan rápidamente que no lograba darle una razón. Gumball Sweet enamorado de ella, ¿cómo?, ¿por qué?, se preguntaba realmente en shock.
—No…Gumball…detente. —susurro tratando de hacerlo regresar a su yo normal.
—Shhhh.
Siseo apretando sus labios contra los casi boquiabiertos de la reina vampiro.
Afuera Fionna había recibido una visita de Simon a plena madrugada. Él le había pedido llevarle estos medicamentos Marceline en su nombre, claro que se había extrañado y hasta había preguntado por qué no se los llevaba ella misma pero el simplemente le dio la excusa de que tenía una visita que atender.
Fionna pov:
Toque el timbre pero nadien atendió así que simplemente empuje la puerta que sorprendentemente cedió fácilmente.
—Marceline. —llame pero nadien respondió, que extraño al parecer Gumball estaba aquí.
—Marce… ¡oh por dios!
Fin pov
Ella no quería hacerle daño pero no podía permitir que esto continuara. Termine dándole un rodillazo en la entre pierna.
— ¡Marceline!, ¡Gumball!
Ambos inmediatamente voltearon a ver a la rubia.
—Que…que está pasando.
Ninguno digo nada por que seguían sin comprender lo que acababa de pasar.
— ¡Gumball!
El prácticamente corrió hacia la puerta sin mirar atrás.
—Marceline…que…
La reina vampiro se fue hacia el baño.
—Marceline tenemos que hablar. —dijo Fionna mientras golpeaba la puerta del baño tratando de que la pelinegra saliera a darle una explicación. Pero ella estaba ocupada echándose agua en la cara queriendo despertar de esta locura.
Pero el agua ni la hacía olvidar ni mejoraría su resfriado.
—Enserio Fionna déjame tranquila un momento.
Empujando a la rubia fue a conseguir algo del jarabe que el pelirosa había traído.
—Marceline somos amigas.
Fionna le paso un vaso de agua pero ella lo rechazo.
—Hablemos.
Dio un suspiro.
— ¡Maldita sea porque lo hizo! —Marceline grito frustrada asustando a la rubia.
—Bueno, si te sirve de algo…yo estoy tan impresionada como tú.
Fionna rio.
—Jamás pensé que el…tuviera sentimientos por ti.
Marceline la fulmino con la mirada.
—El no siente nada por mi…el debió tomar algo.
Ella comenzó a caminar por la cocina tratando de pensar en algo que respondiera el porqué de ese arrebato de parte de Gumball pero no podía pensar en nada.
— ¿Tomar?, ¿algo como alcohol?
Marceline freno sus pasos. Ya había dicho suficiente.
—Claro alcohol.
Se llevó un dedo a tocar sus propios labios pero luego sacudió su cabeza desterrando esos pensamientos que ella relaciono con la fiebre.
— ¿Y le dirás a Simon? —cuestiono Fionna ayudando un poco a ordenar la cocina.
—Claro que no…no podría ellos son amigos.
Ante esto la rubia medito si era buena idea contarle de las pequeñas diferencias que habían estado teniendo esos dos.
—Jamás me perdonaría si ellos pelean.
Al final mejor se quedó callada.
—Dios que hare ahora.
Se dejó caer en la junto a la nevera.
—Bueno tú debes tomar un descanso, recuerda que aun estas resfriada.
Dejo caer la bolsa de plástico sobre la mesa.
—Simon me pido traerte esto.
Marceline levanto una ceja.
— ¿Por qué no vino él?
—Bueno él tiene un asunto familiar urgente. —respondió tratando de sonar convincente pero era complicado cuando se trataba de Marceline.
—Alguien vino de visita.
Ella asintio mientras hurgaba en la bolsa.
—Jarabe de uva.
Con expresión de asco dejo la botella junto a los demás medicamentos.
— ¿Que no te gusta la uva? —cuestiono Fionna recargándose contra la estufa.
—Sé que es extraño pero solo como cosas rojas.
Marceline se encogió de hombros mientras se iba al sofá pues necesitaba y quería dormir. Fionna por su lado miro la otra bolsa junto al fregadero, solo encontró medicamentos con sabor a Fresa.
—Oh que dulce. —pensó suspirando con cierta melancolía.
….
Gumball por su lado se sentía terrible por lo que hizo sin pensar, tanto que fue directamente a ese extraño club nocturno que parecía ser el camino de luz neón a su tranquilidad pasajera.
—Hey mira quién es.
Ricardio dejo de besar a la chica en su regazo para mirar a Gumball.
—Chico que paso mataste a alguien.
Gumball simplemente le exigió una botella de alcohol al barman.
—No es tu asunto.
El pelirrojo rio.
—Valla miren quien se contagió de rebeldía. —susurro dándole una mirada a Roxan. —ahora veo que tu hermana tiene razón cuando dije que Marceline es una mala influencia para ti.
— ¡Cierra la boca!
Roxan rio.
—Oye parece que necesitas olvidarte de algo.
Gumball la miro con atención. Ella era muy parecida a Marceline solo que la única diferencia era la longitud de su cabello.
—Toma esto.
Todo comenzó como la primera vez, él con un problema en el lugar incorrecto a punto de echarse una vez al abismo solo que ahora no había nadien cerca para detenerlo, esa fue la diferencia.
—Wow con calma. —dijo Roxana cuando lo vio tomar un gran trajo de líquido ambarino.
— ¡Gumball!
Simon apareció de la nada.
— ¿Simon? —pregunto realmente atónito.
—Que…Ack…
Un dolor intenso le dio en el estómago y de un momento a otro todo se volvió negro.
….
Por fin actualizo esta historia fuuuu, mis queridos lectores de verdad lamento la tardanza pero ya saben algunas otras historias necesitan ser continuadas y el bloqueo de escritor no hace las cosas sencillas.
Pero bueno me tome un tiempo para poner la imaginación a trabajar. Espero que les gustara :}
