"Per aspera, ad astra…" Seneca; (4 a.C. – 65 d.C.), filósofo, político, orador y escritor romano.
Todos los personajes son de Masashi Kishimoto-sama
Capítulo 2. Los enamorados
Especialmente dedicado a Nayumi y compañía. Nayumi, supone que cumpliste años hace poco, ¡Felicidades!
Chicos, de verdad necesitan escoger un nombre para todo el grupo -.-
Advertencias:
OoC.
AU
Yaoi (SasuNaru).
Long-shot.
La siempre presente falta de ortografía.
El lector podría morir de aburrimiento.
Por favor, ten en cuenta que Zaphyrla es una autora que suele tratar contenido YAOI (Relación Hombre X Hombre).
¡Si no te gusta, no leas!
-¡Dobe! ¡Despierta, que bajamos aquí! –gritó Sasuke sacudiendo con brusquedad a su hermano.
-No quiero, dattebayo –balbuceó el menor, al tiempo que se acurrucaba más sobre el hombro del mayor, lugar sobre el que había estado dormitando hasta entonces -. ¡Quedémonos aquí, onisan! –dijo el rubio con una sonrisa traviesa, consciente de la reacción que iba a causar en el otro.
Con una abultada vena brotando sobre su frente, el moreno se puso de pie y sujetó con fuerza la nariz del menor, apretándola hasta hacer lagrimear al pobre chico.
-Ya te he dicho que no me llames así, Kitsune –gruñó Sasuke de mal humor, sin escuchar los lastimeros quejidos de dolor por parte del de ojos azules. Kitsune supo que el chico de verdad estaba molesto cuando uso su nombre, y no el molesto apodo de "dobe", o "usuratonkachi".
Ambos muchachos cruzaron las puertas automáticas del vagón del metro, el rubio siendo arrastrando por su hermano de esa manera tan particular, particularmente dolorosa, y terminaron por salir en una concurrida calle. A pocas cuadras de esa estación se encontraba la preparatoria Konoha, la escuela en turno para ambos Uchihas, a la que acudirían mientras el circo siguiera en la ciudad. Al principio el constante cambio fue un proceso duro para toda la familia, pero en al final Sasuke no era muy adepto a tener una amplia vida social, y aunque Kitsune se lamentaba de verdad tener que separarse de los amigos que hacía, podía manejar el sentimiento con una llamada de vez en cuando o la llegada de una carta sorpresa.
Una vez en la vía pública, el moreno soltó al otro Uchiha sin grandes contemplaciones y siguió caminando sin esperarlo, confiando en que el rubio lo seguiría.
-¿Y por qué no? –dijo Kitsune con voz nasal, sobándose cuidadosamente su roja nariz. Sasuke de verdad tenía una obsesión por maltratarlo-. Eres mi hermano mayor, ¡y como yo soy tu dulce hermanito debes consentirme! –el trapecista tuvo el valor de seguir molestando al iracundo muchacho, en incluso se colgó de su brazo de forma molesta.
- ¡Ya párale a tus boberías, usuratonkachi! –gritó furioso Sasuke. ¡El tema de los buenos hermanos era algo que lo sacaba de quicio, como bien sabia Kitsune! El de ojos negros empujo fuertemente al rubio para librarse de su agarre, pero en vez de acelerar el paso y dejarlo atrás, el domador extendió su mano, sujetando al menor por la muñeca.
- ¡Oye…! –se quejó Kitsune, resistiéndose como podía al tirón de Sasuke, aunque sin grandes resultados.
Ambos Uchihas cruzaron la puerta del colegio corriendo, y el profesor a cargo de ella la cerró a sus espaldas; el hombre no parecía muy contento con la tardanza de los alumnos, pero al ver el semblante ensombrecido del más alto no quiso armar un escándalo a esas horas de la mañana. Se estaba a volviendo viejo para esas cosas…
- ¡No me jales así, teme! –gritó molesto Kitsune. Con una agilidad que habría sorprendido a cualquiera, el rubio giró su muñeca y terminó por aplicarle una dolorosa llave a Sasuke, encajando el codo del moreno en su propia espalda al mismo tiempo que lo obligaba a inclinar la cabeza al sujetarlo por la nuca-. ¡Serás…! ¡Auch!
El gemido de dolor del rubio se esparció por los vacios pasillos de la escuela, cuando el mayor se las arregló para sujetarlo por un hombro, alzarlo en el aire y terminar colocando al de ojos azules delante de él, con el pecho del moreno empujando contra la espalda de Kitsune. Al segundo siguiente Sasuke había obligado al trapecista a ponerse de pie, para estamparlo contra la pared más cercana.
- ¡Ya vamos tarde, Kitsune! –gruñó el otro Uchiha, sujetándole la muñeca derecha al mismo tiempo que presionaba el cuello del rubio usando su antebrazo-. No me hagas usar el látigo, usuratonkachi –le advirtió Sasuke en un susurro, con una sonrisa ladeada, al mismo tiempo que usaba todo su cuerpo para mantener quieto a su revoltoso hermano-. Hasta parece que te gusta que te maltraten…
De repente un chillido agudo llamó la atención de ambos chicos, haciendo que giraran la cabeza hacia la dirección en la que se originaba. Se tomaron de llenó con dos chicas jóvenes, vestidas con el uniforme femenino de su nueva escuela. Una de ellas, la más alta, de cabello oscuro y ondulado, largo hasta las caderas, los observaba con estrellas en los ojos; en cambio la otra muchacha, más pequeña, peinada con una trenza castaña, veía a los cirqueros con una expresión de terror.
-Mika-chan, ¡¿él dijo algo de un látigo? –exclamó emocionada la alumna morena, llevándose ambas manos hasta las sonrojadas mejillas.
Kitsune abrió mucho la boca al comprender los pecaminosos pensamientos que inundaban la mente de las desconocidas, ¿qué más podrían estar pensando? Sasuke lo aprisionaba contra la pared, pegando descaradamente todo el cuerpo contra el suyo, ambos acalorados por el ejercicio que el amistoso enfrentamiento que habían sostenido.
-¡N-no…! ¡No es lo que creen, dattebayo! –tartamudeó el rubio con rapidez, deslizándose fuera del agarre del domador. Aunque no pudo seguir defendiendo su honra, porque Sasuke se apresuró a sujetarlo de nuevo, esta vez abrazándolo por la cintura.
-Y si así fuera no sería de su incumbencia –dijo el moreno de manera desdeñosa, alzando la barbilla con prepotencia, menospreciado la presencia de sus ahora compañeras de escuela.
-¡Vámonos de aquí! ¡Ahora! –gritó escandalizada la chica de la trenza, sin poder soportar ni un segundo más el espectáculo. Con una fuerza sorprendente para su tamaño, la muchacha tomó la mano de su amiga y se la llevó consigo de regreso a su salón de clases.
-¡Pero Mika-chan…! –intentó detenerla la más alta, con voz lastimera.
-¡Se que tu alma aún tiene salvación, Yuki! ¡Lo sé! –chilló la otra, alzando los ojos al cielo como si pidiera un milagro.
-P-pero yo… -balbuceó Kitsune apesadumbrado, extendiendo sus dedos hacia la esquina por donde desaparecían ambas mujeres-. ¡Sasuke! –gritó de pronto el rubio, golpeando el pecho de Sasuke y empujándolo lejos de sí-. Ahora toda la escuela va a pensar que somos unos pervertidos, dattebayo… ¡Y antes de la primera clase! –exclamó el menor, sujetándose los rubios cabellos con desesperación.
Al moreno no pareció importarle mucho el asunto, ya que se limito a encogerse de hombros con indiferencia. Luego dio un par de pasos en dirección a su hermano y le sujetó la barbilla con delicadeza, sonriendo de forma ladina. Esa sonrisa hizo que el trapecista frunciera el entrecejo, no le daba buena espina el gesto.
-Imagina la cara que pondrían –susurró Sasuke, al tiempo que se mordía los labios-, si te besara delante de todo el salón…
Los azules ojos de Kitsune se abrieron a su máxima capacidad, antes de llenarse de ira. El muchacho golpeó la mano del moreno, y luego se siguió por el solitario pasillo sin esperar a su hermano. El otro Uchiha trató de que el comportamiento del rubio no lo afectara, pero se permitió dejar ir un pequeño suspiro; se colocó la mochila sobre el hombro, mientras seguía el mismo camino que Kitsune.
Cuando por fin alcanzó al trapecista, este ya se encontraba frente a la puerta abierta de su salón asignado, realizando una pequeña reverencia al profesor de pie junto al escritorio. Sasuke no lo imitó.
-Al fin llegan… -dijo el maestro con un resoplido, o al menos eso creyó escuchar un confundido Kitsune, a través de la gruesa bufanda que cubría el cuello y buena parte del rostro del hombre-. 30 minutos tarde –regañó al par de muchachos, señalando el reloj de su muñeca con un dedo.
El profesor vestía unos pantalones de vestir negros, cubiertos casi al completo por un enorme abrigo gris; sus cabellos eran de color extraño color plateado, y el ojo izquierdo permanecía entrecerrado, debido a que sobre él cruzaba una cicatriz de considerable tamaño. En la mano izquierda, sosteniéndolo como si fuera a dictarles algo a sus alumnos, el hombre sostenía un pequeño libro anaranjado…. con una imagen claramente pornográfica en la portada.
-¡Pero si él acaba de llegar también! –exclamó uno de los alumnos de la última fila, algo subido de peso y con el cabello castaño en punta.
-Ya sabes cómo es Kakashi-sensei –le respondió el chico que se sentaba a su lado, conteniendo un bostezo. El pobre parecía a punto de quedarse dormido, ya que sus ojos apenas se mantenían abiertos.
-Si hoy llegó temprano –dijo un muchacho pelirrojo desde los primeros asientos, en voz bastante audible.
-Ya basta de parloteo –los calló el maestro, con una vena brotando en la parte visible de su frente, y a regañadientes el grupo de adolescentes obedeció, cuando Kakashi-sensei llegaba de malas, no había quien lo aguantara-. Ellos son sus nuevos compañeros –dijo el adulto, señalando a ambos Uchihas-, trátenlos con respeto, bla, bla, bla, bla… se saben el discurso –habló con voz monótona, agitando una mano delante de su oculto rostro-. Preséntense –les indicó el de cabello plateado a los cirqueros.
-Mi nombre es Uchiha Sasuke. Gusto en conocerlos –dijo el moreno, más por costumbre que porque de verdad lo sintiera. La mayoría lo notó, al observar su rostro rebosante de entusiasmo.
-Mi nombre es Uchiha Kitsune, dattebayo –dijo el menor, saltando delante de su hermano, con una enorme sonrisa en la cara-. ¡Y me gusta el ramen, y el circo, y los videojuegos, y nunca he visto el mar, y…!
-Y a mí me gusta el silencio –lo interrumpió Sasuke, torciendo la mueca. Kistune tendía a llamar demasiado a la atención, aunque no lo buscara-, pero nunca lo he escuchado de tu, usuratonkachi.
El rostro del rubio se tornó rojo por la vergüenza, y antes de un parpadeó estaba sujetando por el cuello de la camisa escolar a un indiferente muchacho de ojos negros.
-¡Serás…! –empezó a decir Kitsune, en un siseó enojado.
- ¡Bien, sentados! –dijo Kakashi con calma, golpeando a cada chico en la cabeza usando su libro; les dejó escoger libremente donde sentarse y le llamó la atención que a pesar del desacuerdo, los hermanos decidieran hacerlo uno al lado del otro-. Abran el libro en la página 32 –indicó el profesor, al tiempo que se sentaba detrás del escritorio, subiendo los pies sobre la gastada madera-, hagan un resumen y lo dejan en mi escritorio. Con eso pasare lista… -la ceja de Sasuke se alzó con incredulidad cuando la cara de Kakashi desapareció detrás del Icha Icha.
- ¿Kakashi-sense…? –comenzó a preguntar uno de los alumnos, un chico con unas llamativas cejas y un extraño peinado que recordaba la superficie lisa de un tazón al revés.
- Si, Lee –contestó el profesor antes de que terminara, su vista no se apartó de las hojas de papel delante de él, y no dio más muestra de querer moverse aparte de cambiar la página-. Pueden hacerlo en equipos.
El moreno ya se disponía a comenzar el trabajo, solo reunido con Kitsune, cuando uno de sus compañeros llamó la atención de su hermano, llamándolo con una mano para que se reunieran con su grupo, mucho más numeroso. Con una sonrisa acompañada de un asentimiento de cabeza, el rubio aceptó la invitación por ambos, arrastrando a Sasuke con él. A veces, la mayoría de las veces de hecho, odiaba la facilidad con la que el menor hacia amigos.
Ninguno de los Uchihas pareció notar que un grupo de chicas a sus espaldas, con los ojos clavados en el moreno, suspiraron decepcionadas cuando se alejaron. Su líder, una muchacha de un llamativo cabello rosado, apenas había intentado abrir la boca para llamar a Sasuke.
- Sabaku no Gaara –se presentó el chico que había invitado al rubio, extendiendo la mano. Se trataba de un pelirrojo de ojos aguamarina y actitud calmada; por alguna extraña razón, su sola presencia hizo que el domador se molestara-. Ellos son Lee, Shikamaru y Chouji –dijo al tiempo que señalaba al resto del equipo de trabajo, cada uno alzó su mano o movió la cabeza en señal de reconocimiento.
- ¡Kitsune, dattebayo! –respondió el trapecista con entusiasmo, estrechando la mano del pelirrojo. Dirigió sus ojos azules hacia el moreno, pero este se apresuró a girarle la cara, haciendo que el menor torciera la boca-. Y el amargado de aquí es Sasuke –añadió el rubio, dándose cuenta de que el otro Uchiha no iba a presentarse por voluntad propia. Su atrevimiento le ganó un ligero manotazo en la nuca por parte del más alto.
- ¿Son hermanos? –preguntó Gaara con curiosidad, mientras Kitsune tomaba asiento a su lado. Definitivamente la mirada evaluativa que le mandó al rubio, y que por añadidura nadie más aparte del moreno parecía notar, hizo que Sasuke se molestara.
- ¿Qué te hizo pensar eso? –lo increpó el mayor de los Uchihas-. ¿Qué hayamos llegado juntos y que tengamos el mismo apellido, o sólo lo último? –preguntó el chico con la voz rebosante de sarcasmo.
- Sasuke –lo llamó el rubio a manera de advertencia. El aludido lo miró de forma recriminadora, como si se estuviera poniendo de parte del otro en una acalorada discusión, pero enseguida bajo la vista y comenzó a leer, ignorando al resto del mundo.
- Te ves muy joven para estar en último año –siguió hablando el pelirrojo, sin darle importancia a la grosera intervención por parte de Sasuke-. Lee es el menor de todos, y te ves aún más chico que él –dijo mientras señalaba con la cabeza a su compañero, quien en esos momentos se encontraba muy ocupado en mandarle notitas a una chica de cabello rosado.
- ¡Adelante un par de años, dattebayo! –confesó un orgulloso Kistune, señalándose a sí mismo con autosuficiencia-. No fue fácil, ¡pero lo conseguí!
- ¿Y porque querías adelantar? –dijo el Sabaku, abriendo un poco los ojos, sorprendido. Dicha sea la verdad, el nuevo no parecía ser de los chicos que se desvivieran por el estudio.
- Sasuke quería que fuéramos juntos a la misma clase, dattebayo… -contestó el rubio, encogiéndose de hombros-. ¡Auch! ¡Teme! –se quejó el trapecista, ya que el moreno le había dado un puntapié por debajo del pupitre. Al domador no le había parecido ¡pero nada!, que el de ojos azules anduviera contado sus cosas a desconocidos.
-Se ve que con muy unidos –dijo Gaara al ver el intercambio entre ambos hermanos, y esta vez fue su turno para usar el sarcasmo.
-¿Algún problema con eso, Sabaku? –preguntó Sasuke con los dientes apretados. No era incumbencia del entrometido ese, pero sin importar lo mal que parecía llevarse con el rubio, sí, él y Kitsune eran muy unidos.
-Sasuke –volvió a llamarlo el trapecista para tranquilizarlo, esta vez colocándole una mano sobre el hombro. Los furiosos ojos negros del muchacho se giraron hacia el menor, dispuesto a echarle en cara que siguiera defendiendo al Sabaku, pero se calmó a notar en la mirada azul de su hermano que no compartía la misma opinión que el pelirrojo-. Kakashi parece estar muy enfermo… -opinó el rubio para cambiar de tema, cosa que todos notaron de inmediato. Si no mal recordaba ese era el nombre su profesor, o al menos así creía haber escuchado que lo llamaban sus alumnos.
"Ahora que lo pienso, nunca se presentó, dattebayo" pensó el chico, incrédulo.
-¿Eso? Sólo es para impresionar –aseguró Chouji, atreviéndose a abrir la boca una vez que el ambiente tenso se relajó un poco. Kitsune parpadeó con extrañeza, sin entender a lo que se refería el castaño.
-Es su manera de intentar hacerse el misterioso –explicó Shikamaru con voz aburrida, compadeciéndose de la ignorancia del rubio-. Después de unos meses te acostumbras. Es tan problemático ponerse todo eso en la cara… -murmuró el muchacho dando un suspiro cansado, su para él ya era un dilema decidirse entre empezar el trabajo o no, no quería ni imaginarse el enredo que sería cubrirse con semejante cantidad de tela, ¡aún en verano!
-Dicen por ahí que no le ha mostrado el rostro a su familia desde hace años –dijo Lee en todo confidente, como si se tratara de alguna oscura leyenda urbana. El enamoradizo chico por fin parecía prestar atención a la conversación que mantenían sus amigos con los nuevos alumnos-, y que todavía no lo ha visto su pareja…
-Debe tener algo muy feo en la cara como para que no quiera mostrarla –dijo Sasuke con desagrado, pero el comentario, lejos de molestar a sus compañeros, los dejo repentinamente pensativos.
-¿Su pareja? ¿Te refieres a su esposa? –preguntó muy sorprendido Kitsune-. ¡¿Qué mujer se habría casado con un hombre al que no le ha visto la cara, dattebayo?
Como si el rubio hubiera contado algún chiste particularmente divertido, todo mundo soltó una carcajada, incluso el adormilado Shikamaru. Las mejillas del trapecista se tiñeron levemente de rojo, sin entender que era lo divertido de lo que había dicho.
-Ninguna –dijo Shikamaru, aún con una sonrisa en el rostro-. Ninguna mujer.
-Kakashi-sensei está saliendo con un hombre –informó Gaara, notando de reojo que Sasuke también estaba prestando atención a la conversación.
-¿¡Es gay? –exclamó sorprendido el rubio, llamando la atención de uno que otro miembro de los equipos cercanos, quienes lo vieron de manera reprobatoria.
-¿Por qué te sorprendes, dobe? ¿Vas a decirme que la idea te desagrada? –le preguntó el moreno con un ligero tono burlón.
-¡Cállate, teme! –gruñó en respuesta el menor, lo que sólo provoco que la pequeña sonrisa de Sasuke se ampliara.
-Sí, es gay –le confirmó el pelirrojo con amabilidad-. Está saliendo con otro maestro de una secundaria próxima, uno de cabello castaño, que siempre usa coleta, ¿no? –dijo, buscando que Shikamaru se lo confirmara, a lo que el chico asintió vagamente.
-¿Y nadie dice nada? –preguntó el de ojos azules sin poder creerlo, con lo que todos lo miraran con extrañeza-. Digo, tal vez algunos padres se quejen, dattebayo –se explicó el trapecista, encogiéndose de hombros.
-¡Es un secreto a voces! –exclamó Lee entre carcajadas-. Hasta el director lo sabe, pero se hace de la vista gorda. Tal vez por Iruka-sensei es su sobrino favorito –añadió pensativo el moreno, colocándose una mano bajo la barbilla. Recordaba perfectamente al amable hombre que había sido uno de sus profesores anteriores.
-¡Yo no pienso acabar el trabajo sólo! –los interrumpió de pronto Chouji, algo histérico. Cuando todo mundo se giró para verlo, cayeron en cuenta de que era el único, aparte de Sasuke, que había abierto el libro de trabajo para comenzar a leer-. ¡Shikamaru, ayúdame! –le suplicó a su mejor amigo, quien rodó los ojos fastidiado. La verdad el chico nunca había tenido la intención de seguir las indicaciones de Kakashi.
-Ten la primera parte –dijo entonces el mayor de los Uchihas, extendiéndole sus notas al castaño. A pesar de estar al pendiente de la animada plática, había preferido concentrar sus esfuerzos en la tarea encomendada-. Sino nunca saldremos aquí –dijo el moreno con fastidio.
Chouji se le quedó observando con la boca abierta unos segundos, sin poder creer que de todos los presentes, precisamente al que había juzgado como el más arisco, fuera el que al final lo arrojara un salvavidas.
-¡Gracias! –dijo el castaño con sinceridad, aceptando los apuntes de Sasuke, aunque éste no parecía darle tan merito al asunto.
-Bien, dame lo que sigue… -soltó entonces Shikamaru con voz cansada, pidiéndole el libro de trabajo a Chouji. Había olvida los suyos en casa.
Siguiendo el ejemplo del domador, el resto del equipo comenzó a rebuscar entre sus mochilas, comenzando a ayudarle a su ajetreado amigo. El gesto de Sasuke le había sacado una amplia sonrisa al rubio, aún a sabiendas de que sólo lo había hecho por practicidad, pero es que eran precisamente ese tipo de cosas, de que repente hacia su hermano, un rasgo de su carácter que le gustaba tanto.
El grupo de chicos garabateó en sus respectivas libretas durante algunos minutos, y durante ese tiempo el silencio se hizo entre ellos, cuando de pronto, Sasuke tuvo la sensación de que algo no estaba bien. El moreno levantó la cabeza, curios, pero la imagen que con la que se encontraron sus ojos no le gustó para nada. Mientras Kistune se revolvía los rubios cabellos con su bolígrafo, tratando de entender el texto, era observado intensamente por Gaara.
-¿Se te perdió algo? –le preguntó Sasuke al pelirrojo, de muy mal humor, provocando que el resto se girara hacia él, buscando saber que era lo que le molestaba esta vez.
-¡Sasuke! –lo regañó Kitsune, al caer en cuenta de que de nueva cuenta él y Gaara se mandaban mirada asesinas. Entonces el Sabaku sonrió con suficiencia, y se acercó un poco más al rubio, sin que el otro Uchiha pudiera creer si atrevimiento.
-¿Ya conociste la ciudad? –preguntó el pelirrojo con voz amable, dirigiéndose al de ojos azules.
-Un poco, dattebayo –contestó el trapecista, algo confundido por el cambio de actitud de su recién conocido.
-Si quieres podría hacerme un tiempo para mostrármela –se ofreció el Sabaku.
-Cuanta amabilidad –intervino Sasuke, dando su opinión sin que nadie se la pudiera.
-¡Sería genial, dattebayo! –respondió aún así el rubio-. ¿Verdad, Sasuke? –le preguntó a su hermano, lanzándole una mirada de advertencia.
-Encantador –resopló el moreno.
-Escuche que acaba de llegar un circo a la ciudad –comentó Gaara, ignorando lo mejor que podía los ácidos comentarios del otro muchacho-. Como dijiste que te gusta el circo tal vez, tú y yo podríamos…
Una nueva sinfonía de carcajadas, aunque bastante falsas, se dejó escuchar por salón, esta vez proveniente de una sola persona: Uchiha Sasuke.
-N-no creo que sea buena idea, dattebayo –dijo Kitsune, repentinamente nervioso. El rubio entendía perfectamente cuál era el motivo por el que el mayor se estaba riendo.
-¿Por qué? –preguntó el pelirrojo, algo desilusionado, aunque de vez en cuando se permitía ver de forma retadora las desagradables sonrisas que le mandaba el moreno-. Estoy seguro de que…
-¿Por qué? Porque yo no lo dejaría ir contigo ni a un metro fuera de mi vista –aseguró Sasuke de forma rotunda, poniéndose de pie y golpeando el escritorio con una mano.
-No es de tu propiedad –dijo Gaara, dejándose de indirectas y hablándole de frente a la molestia en que se había convertido cierto hermano celoso.
-¡Yo…! –intentó responderle el moreno, pero fue rápidamente interrumpido por el otro Uchiha.
-No puedo ir porque tengo que trabajar –dijo el rubio, sonriéndole apenado a su nuevo compañero de aula. El domador a su lado se cruzó de brazos, disgustado por tanta amabilidad, pero se consoló al pensar que al menos el menor no había invitado al fastidioso pelirrojo a que viera su espectáculo y comenzado a repetir entradas gratis entre los chicos.
-¿En la noche? –preguntó entonces el Sabaku, más incrédulo que extrañado.
-En el circo –contestó el muchacho de ojos azules, con un algo de sequedad. El tono usado por Gaara lo había ofendido ligeramente.
-¿Te molestaste siquiera en averiguar el nombre del circo al que querías llevar a Kitsune? –lo cuestionó Sasuke, y parecía que nada en el mundo podría superar la mueca de suficiencia que el moreno tenía en el rostro.
Después de dedicarle una última mirada de desagrado al mayor de los hermanos, Gaara se giró hacia el rubio, con comprender la relación entre una cosa y otra.
-¡Uchiha Circus, dattebayo! –exclamó entonces Kitsune, sin poder contener su emoción, alzando una de sus manos para formar el signo de la victoria. Sasuke sólo rodó los ojos, agradecido de que al menos su hermano hubiera tenido la decencia de no recitar toda la publicidad de su la empresa familiar.
Justo en ese momento, un chillido de emoción aturdió a todo ser viviente en cinco kilómetros a la redonda, antes de que la chica de cabello rosado, quien se había acercado al grupo de chicos con el pretexto de pedirle algo a Lee, se abalanzara sobre un distraído Sasuke, provocando que el muchacho por poco pasara de su pupitre al duro suelo.
-¡Lo sabía! ¡Eres el domador de leones! –gritó la muchacha, abrazando con una fuerza sobrenatural al Uchiha.
-S-suéltame… -masculló con dificultad el moreno, ya azul por la falta de oxígeno. Al final, consiguió llevar sus manos hasta los brazos de la chica-. ¡Suéltame! –gritó Sasuke, arrojando a la desconocida lo más lejos de su garganta.
El salón en pleno se quedó en silencio cuando su compañera cayó sobre los cuartos traseros y el domador se alejó con rapidez de ella lo más que podía, sobándose el cuello. Kitsune no tardó en ponerse de pie también, pero para sorpresa de todos, el rubio se dirigió a su hermano y comenzó a reclamarle su comportamiento.
-¡Teme, ¿qué te dijo el viejo sobre tus admiradoras? –gritó el de ojos azules, señalando con un dedo a la pobre muchacha, que parecía iba a soltarse a llorar de un momento a otro.
-¡Esa loca casi me mata, dobe! –exclamó Sasuke con los ojos muy abiertos, sin poder creer que el trapecista se pusiera de parte de una de sus acosadoras. No pareció importarle que los verdes ojos de la chica se llenaran con más lágrimas, si eso fuera posible-. ¿Y ya se te olvido lo que le conteste, usuratonkachi?
-¡No se me olvida que te rompió la boca, teme! –gritó Kitsune.
-Pues según recuerdo, él que me rompió la boca fuiste tú, baka –dijo el moreno, torciendo los labios con suficiencia-, pero mira que fue de una manera…
-¡Serás…! –se apresuró a interrumpirlo el rubio con la cara roja por la vergüenza, sujetándolo por el cuello de la camisa.
-¿Les importa? –balbuceó de pronto una voz adormilada. Los adolescentes se quedaron de piedra al reconocerla como perteneciente a holgazán profesor-. Estaba durmiendo… -dijo Kakashi, y la mayoría creyó que el hombre debía de haber soltado un bostezo, ya que se colocó la mano delante de la bufanda, en el sitio donde habría estado la boca.
-Y soñando con Umino Iruka –masculló entre dientes la muchacha que seguía en el suelo, algo rencorosa; parecía haberse olvidado de su profunda tristeza por el rechazo de su ídolo. Qué un maestro tan extraño como Kakashi tuviera pareja, mientras ella, que era joven y bonita, no había encontrado un novio adecuado, era más que humillante.
Los ojos del profesor se entrecerraron molestos, ya que a pesar del bajo volumen usado, pudo escuchar perfectamente la crítica. La chica se llevó ambas manos a la boca, aterrada al darse cuenta de que había pensado en voz alta, y silbidos de burla se esparcieron por el salón, al notar la metida de pata de su compañera.
-Castigada –sentenció el hombre de cabello plateado.
-¡Pero…! –exclamó indignada la muchacha, poniéndose en pie de un brinco.
-Sin replicar, Sakura, o será peor –le advirtió Kakashi en tono seco, y a Sakura no le quedó de otra más que tomar asiento, enfurruñada.
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-Quiero que mandes esto a la oficina de Tokyo –dijo un hombre maduro con voz monótona, con el cabello rubio y ojos azules, al tiempo que señalaba un sobre amarillo de considerable tamaño que estaba a su lado-. Además quiero el informe que te pedí sobre mi escritorio, mañana a primera hora –añadió de último momento de que varios datos los echaría de menos al día siguiente.
El hombre soltó un suspiro cansado, y aflojó un poco la corbata que llevaba al cuello. Pronto iba a oscurecer, si se juzgaba por los rayos anaranjados que regalaba el sol a través de la puerta corrediza abierta de par en par, que daba al pequeño salón de té tradicional una bella vista de un pequeño jardín japonés. La jornada de trabajo había sido especialmente larga ese día para ambos hombres.
El rubio estaba sentado se rodillas sobre un tatami, había una pequeña bandeja con varios tazones de té, acompañados de varios platos vacíos que horas antes contenían algunos bocadillos para apaciguar el hambre, además de una botella de sake que permaneció sin abrir, para gran desilusión de su acompañante. El resto de lo espacio lo ocupaba una multitud de papeles de aspecto oficial. Vestía un elegante traje ejecutivo de color negro, con una camisa blanca debajo y una llamativa corbata roja que terminaba el conjunto. Cuando el hombre se pasó una mano por los rubios cabellos, alborotándoselos aún más, un anillo dorado brillo en el dedo anular de su mano izquierda.
-¿Algo más, Minato-san? –preguntó la persona que acompañaba al rubio, un hombre más joven.
También vestía de manera formal, pero bastante más relajada que Minato. El joven asistente, pues no podía tratarse de otra persona, llevaba un saco azul marino, sin abotonar, junto con una camiseta anaranjada y unos pantalones de mezclilla. Su cabello era negro, de un tono muy oscuro, y sus ojos estaban ocultos detrás de unas llamativas gafas que parecían ser de esquiador.
-No, es todo –respondió el rubio-. Perdón por hacerte venir a casa para hacer trabajo extra, Obito –se disculpó el hombre con una sonrisa apenada.
-Si no había de otra… -masculló el moreno entre dientes, aunque su jefe fue capaz de oírlo claramente-. ¡Sólo así tendré unas largas vacaciones! –exclamó con los ojos brillantes.
-Vaya muchacho… -murmuró Minato, con una gota de sudor resbalándole por un costado de la cara.
En ese momento, una de las puertas deslizables de la habitación de abrió con brusquedad y un hombre entró por ella, sobresaltando a sus dos ocupantes. Estaba vestido con una traje de color negro y unas gafas oscuras, toda la pinta de ser un guardaespaldas o algún tipo de personal de seguridad.
-¡Minato-san! ¡Debe irse! –gritó el hombre, apremiado-. ¡Un intruso ha logrado colarse por el jardín trasero y…!
-Sí, sí, lo que digas –lo interrumpió una cuarta voz a espaldas del apurado hombre, algo ronca, como si su dueño hubiera estado bebiendo-. Ahora no hagas escándalo y tráeme algo de sake –ordenó el desconocido, de mal humor.
El guardaespaldas fue echado a un lado como si fuera un estorbo, y sin grandes dificultades a decir verdad, para dar paso a un hombre mayor, de cabello blanco, parcialmente cubierto por una venda que le envolvía la cabeza, en cuyo centro, justo sobre la frente, surgía una ligera mancha escarlata. Sus ojos eran negros, con unas extrañas líneas rojas que partían desde la parte inferior de los párpados. Llevaba unos sencillos pantalones grises de gimnasia y una chaqueta roja, que no combinaban para nada entre sí. El anciano portaba en los pies unas sandalias de madera japonesas, que no se había molestado en quitar cuando entró a la casa, haciendo un ruido bastante molesto al caminar.
-¡Minato-san…! –exclamó asustado el guardaespaldas, desde el suelo, lugar al que lo había arrojado el viejo al empujarlo.
Lejos de sentirse en peligro por la presencia del recién llegado, Minato soltó un suspiro cansado, al tiempo que Obito dejaba escapar una carcajada poco discreta. Ahora caían en cuenta de que Kenzo tenía poco tiempo con los Uzumaki, por lo tanto no debía de estar enterado de todas las… singularidades de la familia.
-Papá –dijo el rubio, llevándose una mano a la frente-, si usaras la puerta delantera nos ahorraríamos todo el circo.
Los ojos azules de Minato se abrieron cuan grandes eran, al percatarse de la última palabra que había pronunciado sin darse cuenta. El anciano también pareció notarlo, no por nada se trataba de su hijo, ya que entrecerró los ojos con algo de molestia; pero decidió dejar el asunto de lado. El tema solo iba a desencadenar una nueva discusión entre los dos.
-¡Jiraiya-san! –saludó Obito con energía, sin percatarse de la ligera tensión en el ambiente. Luego el joven moreno le hizo señas al pobre guardaespaldas, Kenzo, indicándole que todo estaba bien y que podía retirarse.
-¿Ah? ¿No hay sake para tu pobre viejo, hijo desnaturalizado? –preguntó el anciano mientras tomaba asiento frente a su hijo, respondiendo vagamente al saludo de Obito, quien quedó a uno de sus costados. Una de las cejas del hombre se elevó de forma interrogante, provocando que Minato negara con la cabeza, sonriendo ligeramente-. ¡Perdóneme, Uzumaki Minato-sama! –exclamó Jiraiya, ofendido, al tiempo que se cruzaba de brazos y le volteaba la cara al rubio.
Aunque todavía bastante confundido por el intercambio, Kenzo se dio la vuelta para salir de la habitación, pensando que el que necesitaba un buen sake era él.
-Jiraiya, sabes bien que el cambio de apellido fue… -comenzó a decir Minato, después de haber dado un profundo suspiro. El haber dejado atrás su identidad como un Namikaze para poder casarse con Kushina era algo que siempre ponía a su padre bastante sensible… o más bien malcriado, ¡el anciano comenzaba a comportarse igual que un niño de brazos!
-Lo siento, Minato-sensei –se apresuró a interrumpirlos Obito, no queriendo presenciar una verdadera escena entre esos dos hombres por un tema tan viejo. La vez anterior había salido con un ojo morado de los casa de los Uzumaki-, pero me tengo que ir porque debo hacer un ritual de medianoche en el monte Fuji para ahuyentar a un par de espíritus que se apoderaron de mi departamento, y como hay un grupo suicida que tiene reservada la hora anterior, tengo el tiempo medido –dijo el moreno con una sonrisa.
Una gota de sudor resbaló por el rostro de su jefe, mientras que el hombre de cabello cano solo observó a Obito de manera indiferente, poco interesado en el motivo que llevaba al joven a inventarse tales historias. Además justo en ese momento los ojos de Jiraiya se toparon con la botella de sake aún sin abrir y se abalanzo de buena gana sobre ella.
-Tus excusas cada día se tornan más ridículas –masculló Jiraiya, antes de darle un largo trago al licor, directo de la botella.
-¿Por qué no simplemente dices que Rin te matara si llegas tarde, Obito? –preguntó Minato con una enorme sonrisa.
-¡Porque no es cierto! ¡Rin no me controla! –exclamó el moreno indignado, un segundo antes de que su celular comenzara a sonar-. ¿Moshi moshi? Rin, amor, ¡voy saliendo para allá! –balbuceó Obito con la cara roja por la vergüenza, con el volumen de voz más bajo que pudo conseguir, al tiempo que se daba la vuelta en dirección a la salida, tratando de ignorar las carcajadas que los mayores soltaban a sus espaldas-. ¡Es que Minato-sensei…! ¡Te juró que no es una excusa!
-Jóvenes… -dijo el rubio en un murmullo algo soñador, después de que el moreno cerrara la puerta corrediza con brusquedad.
-Mocosos –gruñó al anciano que lo acompañaba, y entonces bebió más del alcohol que había encontrado entre las cosas de su hijo. El gruñido despectivo de Jiraiya bajo a Minato de su nube, recordándole al rubio la presencia del mayor y la manera tan particular en que había entrado a su casa.
-¿Y qué fue lo que te llevo a invadir mi casa, papá? –preguntó el más joven con un humor, colocando una mano sobre el hombro de su padre.
-Haré un viaje –respondió el anciano con un tono aburrido, y después se dio el lujo de acostarse cuan largo era sobre el laminado suelo de la habitación-, se lo comente a tu esposa por accidente y ella insistió en acompañarme. Como si necesitara una niñera… -masculló Jiraiya.
-No he visto a Kushina desde esta mañana… -dijo Minato de forma pensativa, llevándose una mano a la barbilla-. ¿Por qué el viaje tan repentino? –preguntó el de ojos azules con curiosidad.
-Un viejo amigo me llamó, está en Sendai y dijo que tiene algo interesante que contarme –contestó Jiraiya, con una mueca divertida comenzando a esparcirse por su cara. Volver a ver al extravagante adivino sería todo un suceso, no sabía nada de él desde que ambos se retiraron-. Es Orochimaru, ¿lo recuerdas? Le gusta hacerse el interesante, ¡pero si dice que tiene algo, es que el muy maldito tiene algo! –dijo el de cabello blanco, para después soltar una estruendosa carcajada.
Una gota de sudor resbaló por el rostro de Minato ante el comportamiento de su padre.
-Viejo policía… -susurró el rubio con una ligera sonrisa en el rostro, hasta que cayó en cuanta de algo que había dicho el otro hombre-. Espera, ¿dijiste Sendai? –preguntó el de ojos azules, e inmediatamente se cruzó de brazos, molesto.
-Aja… -comenzó a decir Jiraiya, al tiempo que se erguía con rapidez, empezando a sentirse nervioso-. Verás, querido hijo…
-Kushina no va a ir tan lejos –lo interrumpió su hijo de forma tajante.
-¡Minato! ¡Como si yo quisiera llevar a la escandalosa de tu mujer! -gritó su padre, alzando los brazos al cielo.
-¡Papá! –gritó a la vez Minato, escandalizado, y algo temeroso de que la siguiente persona que abriera con brusquedad la puerta del cuarto fuera una persona con una llamativa cabellera roja.
-¡Sabes cómo es! ¡Si le digo que ya no ira, cuando antes le había dicho que sí…! –se defendió Jiraiya, golpeando una y otra vez el piso con la palma de su mano-. ¡Es tu mujer, no mía! ¡Tú te casaste con ella así que tú soporta sus arranques, no yo! –dijo el anciano, al tiempo que señalaba a su hijo de forma acusadora, usando su dedo índice.
Minato apretó mucho los puños pero también infló las mejillas, y entonces, de forma bastante infantil a ojos del mayor, le volteó la cara al de cabello encanecido.
-Bien, pero no irá sin protección –gruñó Minato a regañadientes-. Taro y Kenzo irán con ella.
-Bien –repitió Jiraiya, cruzándose de brazos-. Si no hay de otra…
En ese momento, una sonrisa traviesa se instaló en los labios del rubio, y Jiraiya sudó frío al notar que la mueca estaba dirigida a él.
-Y hablando de mujeres… -canturreó muy animado el de ojos azules -. ¿Ya le contaste a mamá de tu futura aventura?
-¿Por qué crees que es la venda? –murmuró Jiraiya con voz apenas audible, al tiempo que se tocaba con cuidado la herida cubierta-. Me arrojó una botella de sake… vacía –y entonces una alegre carcajada, muy parecida a la del anciano, se dejó oír en la habitación.
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-L-lo siento… -balbuceó una vocecilla tímida contra la espalda de Kitsune. El muchacho se había detenido en medio un pasillo de la escuela, observando con curiosidad algunos anuncios pegados en la pared, cuando alguien chocó accidentalmente con él.
-¡Descuida! ¡Fue mi culpa, dattebayo! –se apresuró a decir el rubio mientras se daba la vuelta, con una amplia sonrisa en la cara. Sasuke, quién se encontraba a un costado, rodó los ojos para expresar su desacuerdo; el moreno tenía esa mala costumbre.
Los Uchihas se encontraron de frente con una aproximadamente chica de su edad, que el mayor recordaba con vaguedad haber visto en el salón de Kakashi junto con ellos. La muchacha vestía el típico uniforme femenino de Konoha, con la falda oscura tableada y la blusa blanca, pero lo que en realidad resaltaba de su figura en la larga cabellera negra, con un extraño brillo azulado, y los ojos blancos enmarcados con unas espesas pestañas. Cuando la mirada azulada de Kitsune se posó sobre su compañera, la pobre chica pareció adquirir de pronto una fiebre que pondría en riesgo la vida de cualquiera.
-K-i… K-itsune-kun… -tartamudeó la desconocida, con la mirada baja y apretando la tela de su falda con sus blancos dedos, como si necesitara aferrarse a algo que las manos no le temblaran.
Nada más escuchar el nombre de su hermano, el cuello de Sasuke se giró con tanta rapidez que al moreno le pareció oír como sus vertebras tronaban, además de resentir el dolor por el repentino tirón.
-¿Te conozco? –preguntó Kitsune con curiosidad, ladeando un poco la cabeza, sin notar la reacción del entrenador.
La muchacha dio un profundo suspiro que pareció relajarla un poco, aunque sus mejillas se tiñeron de un color escarlata aún más fuerte, si es que tal cosa era posible.
-Y-yo fui al circo ayer… -dijo la morena, y de inmediato Sasuke torció la boca. Esa noticia le había caído igual de mal que el hecho de que la chiquilla supiera el nombre del rubio-, y… ¡E-eres grandioso, K-kitsune-kun! –termino gritando la chica, con un chillido bastante agudo, y en menos de medio segundo se había girado hacia la pared más cercana, abrazándose a sí misma. Cualquiera diría que la de ojos blancos esperaba que Kitsune la golpeara por su atrevimiento.
Sin embargo, fue una sonrisa deslumbrante lo que recibió por parte de Kitsune, y a la morena sintió que la luna, el sol y las estrellas eran bajadas hasta sus pies.
-Pues yo… -balbuceó el de ojos azules-. ¡Gracias! –dijo el muchacho, con toda la sinceridad del mundo.
La morena abrió un poco la boca, sorprendida por la sencillez con la que el rubio la trataba; una pequeña sonrisa se instaló en los delgados labios de la chica, y aunque después Sasuke se lo negó a si mismo innumerables veces, deseó por un momento borrarle el gesto de una buena bofetada.
Sacando el valor desde lo más profundo de su alma, la muchacha se inclinó hacia la mochila que descansaba a su costado, y con los dedos temblorosos le extendió un pequeño papel a Kitsune, quien, ante la desconfiada mirada de su hermano, no tardó mucho en tomarlo. Se trataba de una fotografía del rubio, una de las publicidades que el joven había hecho para el Uchiha Circus.
-¿P-podrías…? –balbuceó ilusionada la morena, evidentemente esperando que el chico se la firmara.
-¡Claro, dattebayo! –aceptó entusiasmado el trapecista, al tiempo que tanteaba en sus bolsillos en busca de un bolígrafo. La verdad es que estaba contento, por lo general era Sasuke quien atraía a las admiradoras, no estaba mal ser el centro de atención por una vez-. ¿Para quién lo hago? –preguntó el Uchiha.
-Hyuga, H-hinata Hyuga –contestó la morena, sonrojándose de nuevo, provocando que Sasuke rodara los ojos. Estaba seguro que la muchacha terminaría por contribuir al calentamiento global con la elevada temperatura que desprendía su cuerpo, causada por la vergüenza.
-¡Aquí tienes! –dijo Kitsune, extendiéndole el autógrafo, escrito con una elaborada letra poco propia de él, pero bueno, se trataba de una ocasión especial.
Hinata lo tomó con un brillo instalado en su mirada, y entonces, una idea desquiciada cruzo por su mente. Si ya había conseguido conocer a la persona que más admiraba, además de la firma de Uchiha Kitsune, entonces tal vez, y solo tal vez…
-Y-yo… ¿P-podría…? –murmuró la Hyuga, con la voz apenas escuchándosele debido a que se mordía con fuerza los labios.
-¿Quieres algo más? –preguntó Kitsune, algo extrañado.
-M-me gustaría… Y-yo… -tartamudeó Hinata, cada vez más roja.
-Si vas a decir algo, dilo de una puta vez –intervino Sasuke, con su oscura mirada clavándose sobre la insegura muchacha, afilada como si fuera una daga.
-¡Sasuke! –lo regañó el rubio, mirando de mala manera a su hermano.
-Cuanta elegancia, Uchiha –se dejó escuchar entonces una cuarta voz, provocando que tanto la muchacha como los hermanos Uchihas se giraran en su dirección.
El entrenador apretó mucho los puños al reconocer esos ojos verdes y ese cabello rojo, e instintivamente se llevó una mano a la cintura, buscando su inseparable látigo de cuero. Unos segundos más tarde recordó que su madre lo había obligado a dejarlo en su remolque. Kitsune parpadeó confuso, extrañado de que Gaara lo llamara con ese tono, y el Sabaku pareció notarlo, porque de inmediato su semblante se suavizó.
-Me refería a él –dijo Gaara, señalando con la cabeza a Sasuke, a quien se le escapó un bufido despectivo-. No voy a llamarlo por su nombre –explicó el muchacho encogiéndose de hombros-. Saliste tan pronto del salón de clases que no tuve tiempo de pedirte tu número de celular –dijo el Sabaku.
-No va a dártelo –rezongó el moreno, colocándose delante del rubio para mantener a ambos chicos alejados.
Ignorando por completo el gesto de Uchiha, el pelirrojo rodeó al moreno y se colocó con naturalidad delante del trapecista.
-Este es el mío, Kitsune –le dijo el Sabaku al de ojos azules, extendiéndole un pequeño pedazo de papel.
Sin embargo, antes de que los dedos del rubio tocaran la nota, otra mano se interpuso. La mirada celeste se Kitsune lució más que sorprendida, al ver que su hermano mayor rompía en mil pedazos la hoja y luego le arrojaba los restos al rostro de un impasible Gaara.
-¡Sasuke! –chilló el trapecista, sin poder creer lo irracional que podía llegar comportarse el mayor. No tuvo mucho tiempo para quejarse, ya que en ese instante el de cabello negro lo tomó por la muñeca y comenzó a arrastrarlo por el pasillo, en busca del sitio de la escuela más apartado de Sabaku no Gaara.
Para la mala suerte de Sasuke, el pelirrojo no iba a permitirlo, y sujetando la muñeca contraria del rubio, tiró del muchacho con cierta brusquedad, en su dirección, y en la dirección contraria en la que tiraba el moreno. A Kitsune le dio la desagradable sensación de ser un muñeco de trapo por el que dos niños malcriados peleaban.
"Bueno, el teme…" pensó el rubio para sí mismo, sin siquiera animarse a terminar la frase en la seguridad de su mente.
-Bien, vamos a hablar claro –dijo entonces el pelirrojo, y al de ojos azules lo puso algo nervioso la manera en que su compañero invadía su espacio personal-. A ti… te gustan los chicos, ¿no?
De inmediato, las mejillas de Kitsune se tornaron rojas, avergonzado por la facilidad con la que Gaara había descubierto algo tan íntimo, a tan pocas horas de conocerlo; aterrado, el trapecista dirigió su mirada a uno y a otro lado del lugar, que afortunadamente no estaba muy concurrido, preocupado de que extraños escucharan la conversación.
-Me alegro, porque a mí también –se apresuró a decir Gaara, antes de que el rubio pensara que iba a discriminarlo por sus preferencias-. Tú me gustas –afirmó el pelirrojo, chocando al trapecista al bajar el volumen de su voz hasta que solo fue un murmullo, e incluso un ligero rubor apareció en su pálida cara.
Lo que para el Sabaku era una agradable atmosfera, se terminó rompiendo como un frágil cristal cuando alguien lo tomó por el cuello de la camisa, para después estamparlo contra algunos casilleros metálicos acomodados a los orillas del corredor.
-¿Por no le preguntas primero si tiene pareja? –gruñó Sasuke con los dientes fuertemente apretados, empujando una segunda ver al pelirrojo, haciendo el hierro a espaldas del muchacho se quejara por los repentinos golpes.
A su alrededor el resto de los estudiantes comenzaba a congregarse, observando con mal sana curiosidad la discusión entre ambos chicos, al mismo tiempo que Kitsune sujetaba al otro Uchiha por el uniforme, tratando infructuosamente de quitárselo a Gaara de encima.
-¿Contigo alrededor? –respondió el Sabaku con una sonrisa torcida, que no hizo más que provocar que la sangre del moreno bullera de ira-. ¡No lo creo! No eres más que un hermano celoso que debe aceptar que su lindo ototo ya no es un niño –fue todo el incentivo que el domador necesito para elevar su puño en la dirección de otro.
-¡Sasuke! ¡Gaara! –gritó furioso el rubio, deteniendo el brazo de Sasuke justo a tiempo y a duras penas.
-¡No lo llames por su nombre! –le reclamó su hermano, girando su rostro hacia el menor-. ¡Acabas de conocerlo!
-¡No me des órdenes, teme! –gruñó Kitsune en respuesta, la costumbre antes que nada.
-A mí no vas a alejarme tan fácilmente, Uchiha –dijo entonces el Sabaku, provocando que el moreno regresara la vista hacia él. La oscuridad de la noche se enfrentó al verdoso bosque, y algún peligro debió encontrar el Uchiha entre los árboles, porque solo entonces dejó ir a su rival, para sorpresa de todos los espectadores.
Había algo diferente en ese fosforo andando que lo distinguía del resto de patanes que tuvo que alejar de Kitsune en años anteriores.
-Suficiente… -susurró Sasuke, aunque sólo los más cercanos pudieron escucharlo, entiéndase Gaara, Kitsune y Hinata, quien estaba paralizada del terror.
-¿Qué…? –se atrevió a preguntar el rubio, con algo de cautela.
-¡Ya tuve suficiente! –le gritó el otro Uchiha, mirándolo como si él fuera el culpable de todo lo que sucedía, pero entonces, en lugar de irse de ese sitio, dejando abandonado a su hermano, Sasuke se dio la vuelta y se dirigió a la mitad de la escuela ahora presente-. ¡Vamos a dejar claras las cosas, ineptos! ¡Y sí, te incluyo a ti, Hyuga Hinata! –dijo el domador mientras apuntaba en dirección a la asustadiza muchacha, la cual solo le basto ese gesto para estar a punto de desmayarse.
-¡Te estás pasando, baka! –le advirtió Kitsune agitando su puño, sin embargo, el de de cabello negro no pareció escucharlo.
-¡Este chico… -dijo Sasuke, tomando la mano alzada de su hermano, y elevándola aún más para que todo mundo pudiera ver a quien se refería-, es mío!
-Ya sabemos que es tu hermano… -dijo Gaara, cruzándose de brazos y soltando un suspiro cansino-. Ese es el justamente el problema…
-No estás entendiendo, Sabaku –lo interrumpió el moreno, y contrario a las otras veces en las que se había dirigido al pelirrojo, no había una mueca de superioridad cubriendo su rostro. El semblante que mostraba el domador era la personificación misma de la seriedad-. Es mío en todas las formas que puedas imaginarte.
-¡Sasuke! –gritó Kitsune, avergonzado, e intentando bajar su brazo aún elevando hacia el techo. Su grito apenas llegó a los oídos del Sabaku, quien se había quedado con la boca ligeramente abierta al comprender lo que le insinuaba Sasuke de forma tan poco discreta.
-No insinuaras que tú y él… -dijo Gaara con la garganta seca, sin poder creer que dos hermanos pudieran llevar ese tipo de relación.
Perdiendo la cuenta de las veces que lo había hecho en el día, Sasuke rodó los ojos y empujó al rubio contra su pecho. Con rapidez, el moreno sujetó la cara del de ojos azules, y ante el escándalo de sus compañeros, besó a Kitsune con toda la pasión que se le vino en gana, literalmente comiéndose aquellos carnosos labios ajenos.
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Aprovechándose de que su madre estaba de espaldas, cocinando la cena sobre la estufa, Sasuke tomó con rapidez lo primero de la mesa que estaba a su alcance, que resulto ser algo de cerdo, y luego lo ocultó en la silla vacía que se encontraba al lado de la suya, donde también había una pequeña manta y varios de sus juguetes favoritos. Gracias al colorido mantel que cubría la mesa de la casa rodante, todo el conjunto quedaba oculto de la aguda vista de Mikoto.
Sin embargo, al niño de seis años todo ese misterio lo estaba poniendo cada día más nervioso, temía que de un momento a otro sus padres descubrieran el secreto que ocultaba en la carpa de las jaulas vacías. La noche anterior Kiba casi lo descubre cuando iba a llevarle leche a su kitsune…
-¿Mamá? –preguntó de pronto Sasuke, con el tonito inseguro propio de la infancia cuando se es descubierto en alguna inocente travesura.
Al escuchar la voz de su hijo menor, la mujer sonrió para sus adentros. Para Mikoto no había pasado desapercibido el extraño comportamiento de Sasuke, así que ahora estaba lista escuchar la confesión del morenito, fingir sorpresa e interceder por el niño ante su estricto padre. Porque la morena sabía perfectamente porque ahora desaparecía comida de la alacena, o la ropa vieja de Sasuke se había esfumado: Sasuke tenía una mascota.
-¿Si, cariño? –preguntó Mikoto con suavidad, como si no supiera nada del asunto.
-¿Puedo quedarme con el kitsune? –preguntó el moreno de golpe, poniendo la cara más suplicante que pudo conseguir.
-Kitsune, ¿eh? –dijo la voz de Fugaku, antes de que su esposa pudiera responder, y el niño tragó saliva al ver como el hombre entraba en el remolque. No se había escuchado los pasos de su padre al acercarse-. No recuerdo que tengamos uno.
-Lo encontré en una jaula –respondió el niño con la mirada baja, sabiendo que lo más seguro iba a ser reprendido por su mal comportamiento-. Estaba herido…
-¿Y le llevaste comida y una cobija? –resopló su padre con disgusto, al descubrir las cosas que ocultaba el hijo al pasar por un costado de la mesa-. Ahora nunca se irá…
-¡Es sólo un cachorro! –gritó Sasuke, temeroso de que Fugaku arrojara a su kistune a la calle. Solo, herido, con frio…
-Tal vez es tiempo de que Sasuke aprenda la tradición de la familia –intervino Mikoto, colocando una mano sobre el brazo de su marido, la mujer sabía muy bien que el patriarca de la familia podría no reaccionar muy bien ante el repentino arranque de rebeldía de Sasuke, sobre todo con lo que recientemente había sucedido con Itachi-, y prefiero mil veces un cachorro de zorro que a uno de tus tigres.
El hombre pareció meditar las palabras de su esposa unos segundos, y aunque nunca dejó de ver contrariado al niño, al final debió admitir que no pareció tan mala idea. De esa forma el menor de sus hijos y próximo domador Uchiha podía entrenar sus habilidades a temprana edad, sin que estuviera en gran peligro.
-Está bien –dijo Fugaku con un gruñido, pero a pesar de eso los infantiles ojos del morenito se iluminaron-. Puedes conservarlo, Sasuke.
Sin siquiera acabar el desayuno, el niño saltó de su aliento y se dirigió a la carpa de las jaulas vacías, esta vez sin tener que preocuparse de que alguien lo observara. Nada más sus pasos resonaron por el lugar, unos ojos azules se giraron expectantes en su dirección.
-¿Me extrañaste? –preguntó Sasuke con voz alegre, y al instante su kistune se arrojó sobre él, abrazándolo por la cintura. El cachorro se ponía bastante nervioso cuando lo dejaba solo-. Esta noche me quedare contigo –informó un sonriente moreno, agitando con su mano los cabellos rubios del otro niño-. Kitsune…
Amo y odio los finales de curso a partes igual u_u Los amaría más si el dejaran menos trabajo, bueno, por otra parte creo que me van a tener el próximo lunes con otra actualización, pero de OTRO FIC, aclaro. Y... dejare de actualizar definitivamente el último lunes de Mayo, les explicare después. ¡He dicho! *sale corriendo* (?)
Zaludos
Zaphy
Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.
