Recuérdame.

Capitulo: 17

El peligro de una obsesión.

….

El olor dulce del cloroformo aun la tenía mareada e irritada hasta cierto punto que había dejado de llorar para concentrarse más en su situación. Marceline estaba encerrada en una habitación donde lo poco que veía era la silueta de su captor recargado junto a la chimenea encendida.

— ¿Quién eres? —pregunto tratando de soltarse de los amarres en sus muñecas.

La silueta se agito con su risa.

—Vamos piensa un momento Marceline.

Ella amplio sus ojos.

—Jhon…que rayos estas…

Su madre en una esquina encendió la luz.

—Shsss cariño…no grites.

Su madre fue a aflojar sus amarres.

—Mama…que… ¡qué haces!

La mujer estaba a punto de hablar pero su novio una vez más la volvía a manipular.

—Ann ve a buscar algo de agua.

Ella asintio y salió con rapidez de la habitación.

—Ahora tú te quedarás callada…de acuerdo.

Marceline frunció el ceño.

—Tú no eres mi padre. —mascullo desafiante sacando de sus cabales a el poco tolerante de su padrastro que levanto su mano para darle un golpe.

— ¡ALTO!

Ambos se giraron a ver al pelirrojo.

—Te pago para vigilarla no para golpearla.

Jhon asintio y se apartó con rapidez de ellos.

— ¡Sal!

Marceline vio con incredulidad como su padrastro salió corriendo asustado solo con el grito de Ricardio y honestamente se encogió asustada.

—Ricardio…que…que es todo esto. —susurro nerviosa por primera vez en su presencia.

—Déjame ir

El pelirrojo puso sus manos en las mejillas de la pelinegra y se acercó a susurrarle algo que hizo un enorme hueco en su estómago.

—Nunca…Marceline…nunca.

Le dio un beso en la mejilla para después salir dejándola angustiada.

….

En la casa de Marceline, Fionna y Marshall se encontraron con que Gumball y Simon estaban peleando. La rubia tuvo que usar la manguera para apartarlos.

— ¡Ya es suficiente!

Marshall detuvo a Gumball.

— ¡Que rayos pasa aquí!, ¿dónde está Marceline?

Ambos dejaron de querer matarse con la mirada para ver al pelinegro.

—Salió corriendo.

Fionna le dio una mirada cuestionante a la pelirosa. Que acaso había estado viendo como su hermano y mejor amigo se peleaban sin hacer nada por detenerlos, pensó mientras miraba las heridas en la cara del castaño y el pelirosa.

— ¿Hacia dónde? —pregunto Marshall.

—No…no lo sé.

Simon se levantó.

—Tengo que encontrarla. —declaro de repente acomodándose las gafas.

—Yo también.

Gumball empujo con suavidad la rubia.

—Oh, no tú no vas a ningún lado.

El pelirosa miro a su hermana con aprensión.

—Esto no es tu asunto Bonnibel.

Fionna se aclaró la garganta.

—Ella tiene razón hay que esperar a que ella se comunique. —mascullo girándose a ver a Marshall tratando de transmitir algo de calma.

—Mejor hay que curarles esas heridas.

Gumball intentó resistirse pero al final acepto ya que al igual que Simon no tenía ni idea de donde pudo haber ido. Así que también fue con la rubia.

….

Las horas pasaron y nada, Marceline no se comunicó en toda la noche. Marshall creció más y más inquieto pues tenía un mal presentimiento.

—Gumball quédate quieto.

Marshall le dio una mirada al pelirosa en el sofá que era curado por Fionna.

— ¿Que rayos fue lo que paso con Marceline? —pregunto no muy paciente.

—Eso ya te lo explicaron, ella salió corriendo.

El peli oscuro miro mal a Bonnibel.

—Eso ya lo sé, pero que pasó para que ella se fuera de esa manera.

Ella se cruzó de brazos y sonrió.

—Bueno eso te lo puede contar Gumball.

Todos miraron al chico.

—El y Marceline se estaban besando aun cuando ella salía con Simon…ella es una…

Lo que estaba por decir no le agrado nada a Marshall.

— ¡Bonnibel cierra la boca! —grito gumball levantándose con rapidez.

—Cómo puedes mentir de esa manera, ella venia llorando y después Simon apareció…que coincidencia que tu venias con él.

Marshall fue a tomar por el cuello a Simon.

— ¡Que le hiciste!

Bonnibel intento defender al castaño pero el negó.

—Yo no quería que las cosas terminaran así.

Marshall levanto una ceja.

— ¿De qué hablas? —cuestiono soltándolo.

—Yo hice algo terrible…

Marshall volteo hacia Gumball.

—Ustedes tienen mucho que explicarme.

Fionna asintio apareciendo junto al pelinegro.

—Es verdad. —dijo la rubia cruzándose de brazos.

Ambos chicos bajaron la mirada era el momento de confesar sus oscuros planes de venganza.

— ¡Hablen!

Gumball asintio.

—Hace tiempo yo estudiaba con Marceline la secundaria, ella era una especie de abusona que junto con su grupo molestaban a todo el que se cruzara en su camino.

Flash back

¡hey que tanto miras!

Gumball se puso rígido. Una vez más lo había atrapado mirándola.

Na…nada Marceline.

Ella ladeo la cabeza.

Mira dulce bobo no estoy aquí compartiendo una mesa contigo por gusto, apresúrate a terminar esta tontería.

El frunció el ceño.

Se supone que debes ayudarme. —le dijo después de regresar su mirada al libro.

Se supone que cierres la boca.

Marceline le arrogo una de sus borradores en la cabeza.

De todos modos porque me escogiste como compañero si me odias.

La pelinegra dejo de jugar con el flequillo que le caia en la frente para mirar al chico pensativa.

Eso es fácil de responder, en esta clase tú eres algo así como la galleta más lista del frasco y me tienes el suficiente miedo para obedecerme.

Gumball negó.

Por qué no fuiste con tu novio Ash.

Marceline suspiro.

Te lo acabo de decir bobo, tú eres listo y Ash es un idiota, ¡ahora termina eso ya!

Fin Flash back

Gumball sonrió ante el único recuerdo cuando Marceline no fue tan cruel con él. Las próximas veces ella influenciada por las malas amistades que la rodeaban en ese momento le hizo la vida un infierno hasta el punto de la desesperante angustia que lo llevaron a subir al tejado de la secundaria.

— ¿Y después que?

El pelirosa suspiro.

—Después de…después me transfirieron a otra escuela…

Fionna sonrió con nostalgia.

—Hay nos conocimos todos. —dijo está recordando que desde el primer momento cuando vio al pelirosa entrar por la puerta principal había tenido un enamoramiento sutil. Siempre intento acaparar su atención, pero el solo parecía importarse sobre una sola cosa y aunque ahora le causara risa, antes estaba celosa del recuerdo de Marceline que estaba aún presente en los ojos de Gumball cada que miraba a los abusones de esa escuela.

—Fue en ese momento que planeamos toda una venganza apenas entráramos a la preparatoria y me reencontrara con Marceline.

Flash back

Marceline estaba arrogando sus libros en la taquilla con mucha molestia. Hoy su padre le había dicho que se casaba con su novia y ella estaba molesta por que esa mujer había ocupado el sitio que era de su madre.

Maldición

Junto a ella un chico de cabello rosa se quedó mirándola y eso le irritaba.

¿Necesitas algo? —pregunto brusca cerrando con fuerza su gaveta.

¿Que ya no recuerdas?

Marceline rio.

¿Te conozco acaso?

Gumball amplio sus ojos, ella no lo reconocía ahora con esta nueva fachada.

Hey chico. —dijo mientras agitaba su mano frente a su cara.

Oh, lo siento me confundí.

Ella lo vio correr hacia el otro lado del pasillo y se encogió de hombros antes de irse a cumplir con su amigo y primo en el tejado.

¿Estas bien? —pregunto Finn después de verlo llegar muy agitado.

¿Donde esta Simon?

El rubio se encogió de hombros.

Fue algo tan extraño, apenas le mostré la chica él se fue.

Gumball simplemente negó. A veces su amigo era tan extraño.

Fin flash back

— ¿Qué clase de venganza?

Marshall parecía estar a punto de golpear a alguno.

—Tenía que enamorarla para después humillarla en el baile de graduación.

Fionna ahogo una exclamación de horror.

….

— ¡Que!

Ricardio sentado en una silla frente a Marceline sonrió con astucia.

—Eso, que ellos tenían planeado humillarte frente a toda la escuela.

La pelinegra bajo la cabeza.

—Vamos no llores.

Ricardio le levanto la cara.

—Ahora no te queda otra obsion más que quedarte conmigo. —dijo feliz y eso le asustaba ya que parecía tan diferente al bastardo sin corazón oh decencia que conoció y odiaba.

—Ahora… ¡Janne!

La fantasma entro cargando una bandeja de comida.

—Vigílala bien.

La rubia asintio frenéticamente al pelirrojo que recién salía.

—Carago esta tan fuera de sí. —murmuro dejando la bandeja en la cama.

— ¿Qué pasa con él? —pregunto Marceline agradecida cuando la fantasma le quito los amarres.

—Esta todo enloquecido por tu culpa…

Su declaración fue todo un choque.

—Tu pequeño espectáculo con el chico rosado rompió el delgado hilo que sostenida esa aterradora obsesión que siempre tuvo contigo.

La fantasma se cruzó de brazos.

—Vino a la Nightosphere y nos secuestró a mí y a Clarence.

En su opinión ella si parecía asustada.

—Creo que tomo todo un frasco de pastillas. —mascullo chasqueando los dedos.

—Espera estas diciéndome que Heartfill está aún…enamorado.

La fantasma suspiro exasperada.

—Por dios Marceline ve lo obvio, el jamás supero que lo rechazaras, que no recuerdas a su última amante, ¡Roxan es exactamente igual a ti!

Inquieta Marceline miro hacia la ventana, todo un plan formándose en su cabeza.

—Tienes que ayudarme a salir de aquí.

La fantasma negó.

—Estás loca, yo no voy a arriesgar mi trasero por ti. —susurro bajo temiendo que el pelirrojo entrara.

— ¿Entonces qué?, me quedare aquí a merced de ese desalmado.

La rubia fue a ver que no hubiera nadien husmeando en la puerta.

—Marceline escúchame ahora no solo eres tú, tu madre esta también en peligro con ese cerdo de tu padrastro.

Se acercó a ella.

—Si te vas ahora nos pones a todos en peligro.

La reina vampiro apretó los puños.

—Debe de haber una forma.

Murmullos vinieron desde afuera y ambas se quedaron calladas hasta que los pasos se alejaron.

—Clarence es el único que puede salir a la ciudad, solo hay que convencerlo para ir a avisar a tu caballería sobre tu situación.

Rio.

—Aunque teniendo en cuenta nuestro historial delictivo será un trabajo complicado.

Marceline negó.

—Hay que intentarlo.

….

Clarence estaba sentado en la entrada de la gran cabaña mirando hacia la ventana en el cuarto piso.

—Clarence.

Él se giró a ver a Janne.

— ¿Ya se fue?

Clarence asintio.

—Bien, escúchame hable con Marceline.

Amplio sus ojos.

—No pensara escapar, ¿oh si? —pregunto temeroso de la respuesta.

—Me temo que sí.

Se acercó más a él.

—Tenemos que avisar a sus amigos.

El negó una y otra vez.

—Estás loca Ricardio nos mata si se entera.

Janne negó.

—Ella se fingirá enferma y él te enviara a la ciudad a buscar medicamento, tú tienes que ir a ver a Marshall Lee.

Desde lejos Jhon miro con sospecha a los chicos hablando. ¿Que estarían tramando?, se preguntaba mientras esperaba que Ann terminara de alimentar a su hija.

Marceline pov:

Mire a mi madre que al igual que la fantasma tenía esa expresión de miedo en su cara.

Mama los sacare de esto —dijo poniendo mi mano en las suyas.

Pero Marceline…

Negué.

Solo no digas nada y yo me encargare de todo.

Metí mi mano en mis bolsillos.

Como cuando me dejaste en la casa de la abuela.

Le entrego el dije que ella me regalo.

Te lo prometo.

Apenas jhon entro ella apretó el dije en su mano y con una mirada me deseo toda la suerte que definitivamente iba a necesitar.

Oye quien te desato.

Apenas lo veo acercarse me convenzo de que esto tiene que parecer real.

Ack…mi estómago.

El ríe.

Vamos pequeña mentirosa no me engañas.

Me retorcí fingiendo una profunda agonía que a juzgar por su expresión me pareció que si se creyó todo.

¡Marceline!

Mi madre se agacho junto a mí y me sacudió suavemente.

Que… ¿qué le pasa?

Jhon también se acercó y puso su mano sobre el sitio que yo tocaba y claro yo fingí un dolor insoportable.

Es el apéndice…si es eso.

Jhon palideció.

Tengo que llamar a Ricardio.

Mama asintio frenéticamente.

¡Si hazlo rápido! —grito cuando el salió rápidamente de la habitación.

Fin pov

Marceline se levantó del suelo y sonrió a su madre su plan estaba listo.

.

En la escuela Marshall mantuvo un ojo vigilante en Ricardio desde que llego. Algo del pasado lo hacía desconfiar de él.

Jhon que pasa.

El desde detrás del casillero amplio los ojos. Ese era acaso el padrastro de Marceline.

¡QUE!

El palideció, cerró su casillero y así como llego salió. Marshall también fue a buscar a Gumball y Simon que no habían dejado en ningún momento el aparcamiento.

.

En la cabaña Clarence y la fantasma vieron llegar a Ricardio.

Bien recuerda lo que dije.

Clarence asintio.

¿Sobre qué? —pregunto Jhon saliendo a recibir al pelirrojo asustándolos.

Que te importa vejete. —La fantasma dijo cruzándose de brazos.

Pequeña…

Antes de que hiciera algo Ricardio lo detuvo.

¿Donde esta? —pregunto preocupado.

Arriba. —respondió Jhon antes de que un grito desgarrador rompiera el silencio. El subió rápidamente hasta la habitación donde encontró a Marceline tumbada en la cama retorciéndose de dolor.

¡Salga!

Marceline asintio hacia su madre que a regañadientes salido de la habitación.

Marceline que pasa… ¿dónde duele?

Él se comenzó a acercar con ojos frenéticos y ella se apartó instintivamente.

Necesito un…medico. —susurro sin apartar los ojos de los suyos.

No…no…déjame ver.

Con dedos temblorosos el tomo su vientre y ella se agito de dolor.

Ricardio por…por favor…

Dando un suspiro asintio.

Jhon…que Clarence valla a la ciudad.

El hombre en la puerta acepto.

¿Que Janne valla con él? —cuestiono casualmente.

¡NO!

Tallándose las manos se apartó de la cama.

Que Ann lo acompañe.

Jhon lo habría convencido de que no era buena idea pero el volvía a estar emocionalmente distante y peligroso.

Está bien.

Salió a avisarles mientras Ricardio se fue rápidamente a encerrar a su habitación. Marceline solo cerró los ojos mientras rezaba para que su plan funcionara.

.

Abajo Clarence se sorprendió con lo que Jhon le dijo. Jamás pensó que esto resultara, pero agradeció al cielo que si lo hiciera.

Ann ve con él.

La madre de Marceline miro hacia su novio y luego hacia la casa.

Ve.

Clarence la jalo del brazo.

Venga señora ella estará bien.

Una de sus miradas dirigidas a la fantasma despertó la sospecha una vez más en Jhon.

Todo esto es una treta. —dijo después de que el auto se alegara por el camino de tierra.

No…Jhon…

La fantasma intento detenerlo pero él la empujo al suelo para después tomar el otro auto.

.

Ya en la carretera Ann apretaba el relicario mientras al igual que su hija rezaba para que todo saliera bien.

¡Maldición!—grito Clarence cuando vio el auto detrás del suyo.

Es…es Jhon.

Clarence negó. Él no estaba deteniéndose, el hizo una promesa y tenía que cumplirla.

Él no nos alcanzara. —dijo para después pisar el acelerador. Tenía un único pensamiento, y era hacer por primera vez en su miserable vida algo que fuera correcto.

¡Cuidado!

Solo puedo ver al final la peligrosa orilla antes de que el chirriar de los neumáticos fuera lo único que alcanzaran a escuchar.

.

Marceline…

De pie en la ventana la pelinegra palideció cuando escucho la voz de Ricardio.

Pensé que estaba enferma.

Con una expresión aterradora él se comenzó a acercar.

¡ME MENTISTE! —grito mientras levantaba la mano, y ella sin pensarlo lo pateo en la entrepierna antes de echare a correr hacia abajo.

¡Roxan detenla!

Desde el suelo llamo a la pelinegra que jalo del cabello a Marceline.

Tú no vas a ninguna parte.

Susurro está sonriendo con maldad.

No aun.

.