"Per aspera, ad astra…" Seneca; (4 a.C. – 65 d.C.), filósofo, político, orador y escritor romano.

Todos los personajes son de Masashi Kishimoto-sama

Capítulo 4. La Luna Invertida.

Advertencias:

OoC.

AU

Yaoi (SasuNaru).

Long Shot.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.

Por favor, ten en cuenta que Zaphyrla es una autora que suele tratar contenido YAOI (Relación Hombre X Hombre).

¡Si no te gusta, no leas!


¡Hecho especialmente para celebrar el cumpleaños de Uzumaki Naruto!


-¡Mira como ese tal Kitsune lo sujeta de la mano…! -susurró la vocecilla escandalizada de una chica-. ¡Delante de todo mundo!

-Debe ser un demonio que tomó forma humana, para poder tentar a los hombres de ir contra las leyes de Dios –respondió una segunda voz femenina-. ¡De otra manera no entiendo como Sasuke-kun podría…!

-¡Oigan ustedes dos! ¡¿Saben que escuchó todo lo que dicen, dattebayo?! –gritó entonces Kitsune, girándose molesto hacia el par de muchachas que hablaba.

El rubio se había cansando al fin de las habladurías por parte de sus perseguidoras, las cuales venían caminando detrás de él y de Sasuke desde que salieron del circo, rumbo a la escuela. Una de ellas podía reconocerla fácilmente como Sakura, la alumna castigada por Kakashi durante su primera clase, la otra era una compañera rubia de cabello largo cuyo nombre no recordaba. Ni una ni la otra se mostraron culpables por haber sido descubiertas, mucho menos por sus comentarios mordaces; sin embargo, los rostros de ambas enrojecieron dramáticamente cuando la mirada del domador de leones cayó sobre ellas con apatía.

-¡Tú deberías sentirte avergonzado, Uchiha Kitsune! ¡Un demonio cuyo poder radica en la seducción de hombres inocentes! –exclamó Sakura de forma teatral, señalando al cirquero con un dedo acosador-. ¡Con tu cuerpo libidinoso ofrecido como sacrificio, has envuelto a Sasuke-kun en tus redes hasta arrastrarlo a las tenebrosas aguas del incesto!

-Como se esperaba de la capitana del equipo de debate, Sakura-frentona… –aplaudió la muchacha rubia que se encontraba junto a la de cabello rosado-. ¡Yo no podría haberlo dicho mejor! –aseguró luego, alzando los pulgares en aprobación a lo dicho por su amiga.

Claro que, a juzgar por la manera en que Sakura apretó los puños e hizo crujir sus nudillos, el comentario no terminaba por ser de su agrado.

-¡Por supuesto que nunca podrías haber dicho algo tan elegante, Ino-cerda! –Exclamó Sakura, encogiéndose de hombros con una actitud bastante creída, aunque su rostro todavía seguía ligeramente azul debido al coraje-. Una tonta como tú no sabe unir más de dos palabras con coherencia.

-¡Sakura! ¡Tú, maldita bruja! –chilló entonces Ino, dispuesta a saltar a arañazos sobre su amiga.

Mientras tanto, Kitsune parecía haber sido dejado de lado por las dos muchachas, no que el rubio no lo agradeciera, pero un sabor agrio le había quedado en la boca luego del teatro kabuki montando por Sakura, y a su cerebro le estaba costando trabajo volver a funcionar.

-¿C-cuerpo… libidinoso? –tartamudeó Kitsune con el rostro blanco y las manos temblándole ligeramente.

-No las escuches, usuratonkachi –dijo Sasuke, sujetando a su hermano por los hombros y llevándolo de vuelta al camino que los llevaría a Konoha-. Sólo dicen tonterías.

No es que el moreno deseara convertirse en el héroe del rubio, pero si las quejas de aquel par de locas seguían en la misma dirección que hasta ahora, Kitsune comenzaría de nuevo a cuestionarse un montón de tonterías que ya habían superado en los inicios de su relación. Sasuke ya podía escuchar los gritos del otro Uchiha, que si la edad, que si eran hermanos, que si eran hombres… ¡Toda una pérdida de tiempo!

-¡Alto, Sasuke-kun! ¡Espera! –Chilló entonces Sakura, sujetando la muñeca de Ino para salir corriendo detrás de los chicos-. ¡No te dejes seducir por las engañosas palabras de tu malvado hermano!

-¡¿Cómo sabes que él no me sedujo a mí?! –le respondió Kitsune con la cara roja por la vergüenza, soltándose del agarre de Sasuke para enfrentar por segunda vez a sus acosadoras-. ¡El idiota de Sasuke es mayor que yo! ¿¡No sería lo normal?!

-Claro que no –aseguró la de cabello rosado con rotundidad-. A leguas se nota que Sasuke-kun es un hombre de verdad, incapaz de sentir atracción por otro hombre a menos que haya caído bajo algún sucio truco.

-Kitsune, no vas a ganarles –masculló el moreno con cansancio, al tiempo que se golpeaba la frente con la palma de su mano-. Llegaremos tarde a clase y al final solo habrás gastado saliva, dobe.

-¡Claro! ¡Cómo no es a ti al que acusan de pervertido, dattebayo! –Se quejó enfado el rubio, golpeando el hombro de Sasuke al pasar por su lado-. ¡Cuando fue tu culpa! ¡Tú me perseguías a mí como si fuera una cosa tuya!

-Nunca escuche que te quejaras, usuratonkachi –gruñó Sasuke, comenzando a enfadarse, al tiempo que iba detrás del muchacho.

-¡Pues debiste estar sordo, teme…! –Rugió Kistune, girándose con tal brusquedad hacia su hermano, que el moreno no se esperó el movimiento y terminaron chocando de frente-. ¡Porque todo el tiempo me estuve quejando!

-Mira, dobe, quejarse ahora no servirá de nada –alegó entonces el domador, viendo que las cosas no iban según su conveniencia.

-Y-yo… -murmuró entonces la insegura voz de Hinata, y tanto Sakura como Ino se sorprendieron de que la muchacha se encontrara de repente a un lado de ellas-. Y-yo creo que si… alguien fue seducido en una… e-n una relación incestuosa –decía la morena con voz temblorosa y jugando convulsivamente con sus dedos-, ¡fue Kitsune-kun! –terminó diciendo la chica, con el rostro rojo debido a su atrevimiento.

El silencio se esparció por el lugar, y Hinata no pudo desear otra cosa que la tierra se la tragara, sobre todo cuando Sasuke le clavó la mirada con tal odio que la muchacha pensó que en cualquier momento se carbonizaría viva.

-Te dije que era el coche de los Hyuga el que nos seguía… -susurró Ino, mientras le daba un codazo a Sakura.

-¡Mi heroína! –dijo Kitsune con lágrimas de agradecimiento en los ojos, sujetando las manos de Hinata entre las suyas con verdadera veneración.

-¡Vamos tarde, usuratonkachi! –Gritó entonces Sasuke, sujetando al rubio por la parte posterior del cuello de su camisa, y jalándolo en dirección a las puertas de la escuela, las cuales ya se encontraban a pocos pasos-. Luego regresamos si quieres besarle los pies a esa.

-¡Estúpido teme! ¡Cuando te defienden a ti está bien, pero cuando me defienden a mí está mal! –Siguió quejándose Kitsune, liberándose del agarre del moreno con un manotazo-. ¡Deja de ser tan egoísta!

Justo cuando Sasuke estaba a punto de contestarle al menor, el moreno se dio cuenta de que, al igual que el anterior día de escuela, varios alumnos del colegio se habían reunido a su alrededor, observando curiosos la discusión que los hermanos Uchiha mantenían. En el grupo de gente se incluía, para total disgusto del domador, las tres muchachas entrometidas que los siguieran en la mañana, y que a ojos de Sasuke eran las causantes de todo el lío que ahora tenía con Kitsune.

-¡No se trata de que defiendan a uno o a otro, dobe! ¡Eres lo bastante inteligente como para comprenderlo! –dijo el moreno, después de mandarles una mirada de advertencia a los cotillas más cercanos, sujetando luego al trapecista por los antebrazos-. Sino de que ya pasamos por bastante a la hora de que mamá y papá aceptaran nuestra relación, ¡como para que nos afecte la opinión de extraños estúpidos!

Los ojos azules de Kitsune se abrieron cuan grandes eran, sorprendido por las palabras de Sasuke. En días como aquellos, donde podía tomar la mano de su pareja para dar un paseo o simplemente caminar a la escuela, era fácil olvidar el tiempo en el que tenían que buscar el amparo de rincones solitarios para siquiera tener una plática intima, temerosos que cualquiera de los cirqueros los descubriera y fueran a contarle a sus padres, teniendo como consecuencia final una dolorosa separación.

-¡Bueno, ya! ¡Lo siento, dattebayo! –Aceptó Kitsune, volteándole el rostro a Sasuke, aunque el domador se dio por satisfecho al notar que las mejillas del rubio estaban ligeramente rojas-. Para ti es fácil decirlo porque no te llaman pervertido…

Sabiéndose vencedor de la discusión, el mayor de los Uchiha no pudo evitar que una sonrisa prepotente se esparciera por su rostro, y acto seguido se inclinó hacia su pareja, capturando los labios contrarios en un beso arrebatador, provocando nuevas exclamaciones escandalizadas a su alrededor.

-Vámonos antes de que verdad sea tarde y lleguemos después de Kakashi –dijo Sasuke, para después separarse de Kitsune, no sin cierto trabajo, y sujetarlo por la muñeca, conduciéndolo al salón de clases.

-¡Deja de mandarme! ¡No eres mi dueño! –se quejó a todo pulmón el rubio, una vez que pudo reaccionar y salió del ligero estupor en el que lo había dejado Sasuke. A pesar de sus lloriqueos, en ningún momento hizo ademán de querer alejarse del moreno.

-Creí que te había quedado claro luego de doce años de entrenamiento, Kitsune –dijo el domador con tono burlón, girando su cara hacia el aludido, todo sin detener sus pasos-. Soy tu dueño, así que eres mío… Todo mío –y por un instante Kitsune creyó haber visto un reflejo escarlata en los ojos del muchacho; se estremeció al instante.

-Sí, sí, lo que digas –masculló el trapecista de malhumor, viendo al otro con la mirada entrecerrada-. ¡Ouch! –gimió Kitsune al segundo siguiente, al mismo tiempo que Sasuke sentía que una fuerza tiraba de él hacia abajo, originada desde el agarre que lo unía al muchacho, obligándolo a soltarlo.

Cuando el moreno se giró de nuevo hacia su hermano, se encontró con la vergonzosa escena de tener al mejor trapecista del Uchiha Circus, el chico considerado como líder indiscutible del espectáculo aéreo de los últimos veinte años, tirando cuan largo era sobre el pasillo de la escuela.

-¡Malditos zapatos! –gruñó el menor de los Uchiha, mientras se ponía en cuclillas para poder amarrarse los cordones sueltos de su calzado, los cuales lo habían hecho tropezar.

Sasuke se golpeó la frente en un ademán exasperado, todavía sin poder creer lo torpe que se volvía el rubio una vez que ponía los pies en la tierra. Como siempre, su hermano culpaba a los rígidos zapatos que forman parte del uniforme de su nuevo colegio, alegando que él sólo estaba acostumbrado a ir con los pies descalzos o con el ligero calzado que usaba para subir al trapecio. Lo cual al moreno le parecía una verdadera tontería, ya que con los gigantescos zapatos de payaso no parecía tener ningún problema para corretear por toda la carpa.

-Kitsune… -comenzó a apresurarlo Sasuke, cruzándose de brazos. Por el rabillo del ojo, y en la dirección contraria a donde ellos se encontraban, le pareció distinguir la larga bufanda de Kakashi.

-No tengo cinco años, teme –se quejó el rubio, quien seguía peleándose con los cordones de sus zapatos-, puedo llegar sólo al salón, dattebayo.

-Está bien… -concedió el moreno luego de meditarlo un segundo-, pero no te tardes, usuratonkachi.

Sólo maldiciones dichas por lo bajo fueron la respuesta que recibió el Uchiha mayor, pero al parecer era lo que el muchacho esperaba escuchar, porque inmediatamente después se dio la vuelta y siguió caminando por el pasillo ya vacío.

Justo cuando Kitsune terminaba de pelearse con sus zapatos, prometiéndose interiormente que si algo parecido volvía a sucederle comenzaría a ir descalzo a la escuela, un segundo par de calzado apareció delante de los ojos azules del chico.

-¡Gaara! –saludó Kitsune con entusiasmo, cuando al levantar el rostro reconoció al dueño de aquellos impecables zapatos negros.

-¿Te está obligando? –preguntó el pelirrojo, sin darle rodeos al asunto.

-¿Ah? No te entiendo, dattebayo –dijo el rubio, sin comprender de qué le hablaba el chico, al tiempo que se ponía de pie-. ¿Quién me está obligando…?

-¡No me sonrías de esa manera! –Gritó el Sabaku, sujetando al menor por los hombros y estampándolo contra la pared-. ¡Si estás sufriendo de alguna forma y no puedes decirme, al menos no me sonrías de esa manera!

-¿De qué estás hablando…? –balbuceó Kitsune, con los ojos muy abiertos y sus sentidos comenzando a ponerse alertas.

Puede que el rubio no fuera tan fuerte como Sasuke, pero no por nada era un cirquero consumado, cuyo acto demandaba un gran desempeño físico, producto de horas de práctica y ejercicio; si la situación requería tener que reducir a su nuevo amigo, lo haría.

-Los escuché, estaba en el pasillo cuando pasaron junto a mí –susurró el pelirrojo en respuesta, mientras alzaba su mano para deslizarla por una de las mejillas de Kitsune, y el Uchiha no pudo evitar el reflejo de retroceder ante el toque-. "Creí que te había quedado claro luego de doce años de entrenamiento, Kitsune. Soy tu dueño, así que eres mío… Todo mío"…

-¿Escuchaste lo que dijo Sasuke? –preguntó el Uchiha, sintiendo que comenzaba a comprender la razón por la que Gaara estaba molesto-. Mira, no es lo que…

-Me sorprendió la relación de pareja que mantenían ustedes dos, siendo hermanos –lo interrumpió Gaara, usando ahora sus dos manos para sujetar el rostro del rubio. Kitsune tragó saliva con nerviosismo al darse cuenta de la poca distancia que separaba sus labios de los contrarios-. Pero si Uchiha Sasuke te está obligando de alguna manera… ¡debes decírmelo!

En lugar de los balbuceos inseguros que Gaara esperaba escuchar, asegurando que nada malo le pasaba, el pelirrojo se sorprendió cuando una rodilla se impactó contra su estómago, haciendo que se inclinara por el dolor, para que luego una fuerte palma se estampara contra su frente, impulsándolo hacia atrás. Un gemido de dolor se escapó de la garganta del Sabaku, provocado al ser sujetado por Kitsune del hombro derecho y luego girado con brusquedad, terminando impactando su cara contra la pared contraria del pasillo. Al segundo siguiente el rubio sujetaba al mayor por la muñeca izquierda, elevándola contra su espalda hasta colocarla entre sus omóplatos.

-¡Lamento eso, dattebayo! –Se apresuró a disculparse Kitsune-. Pero no necesito que nadie me cuide, Gaara. Si no me dejas explicar lo que pasa con Sasuke, entonces te dejare inconsciente. Tú elijes –dijo el rubio con firmeza.

-Está bien –respondió el pelirrojo con los dientes apretados, respirando con lentitud para soportar el dolor. Ante la afirmación de su amigo, Kitsune no tardó en soltarlo y dar unos varios pasos hacia atrás, con las palmas en alto pidiendo paz-. ¿Era necesario que me golpearas? –preguntó Gaara con la ceja alzada, mientras se frotaba la muñeca adolorida y se giraba hacia su inesperado agresor.

-Me estabas gritando –se defendió el rubio, cruzándose de brazos.

-Entonces estamos a mano –dijo el pelirrojo, y sus palabras fueron seguidas por un prolongado silencio-. De verdad, ¿Uchiha Sasuke no te está obligando a tener una relación con él? –Preguntó entonces Gaara, sabiendo perfectamente que evadir el tema no era su estilo-. Por la manera en que te habló, y sabiendo que era tu hermano pensé que él…

-Sasuke no es mi hermano –dijo Kitsune, provocando que el Sabaku girara el rostro con brusquedad hacia el del rubio, haciendo que el menor se sintiera avergonzado-. ¡Bueno, sí lo es! ¡Pero en realidad no lo es! ¡Ah! –el muchacho soltó un suspiro cansado.

Antes de que Gaara pudiera preguntar más, el Uchiha comenzó a rebuscar en el bolsillo de su pantalón, hasta encontrar su billetera, y de ella saco una pequeña fotografía.

-Es mi familia –explicó el rubio con voz entusiasta, orgulloso de la imagen, al tiempo que se la extendía a su compañero de clase-. Sólo falta mi hermano mayor, Itachi… Él ya no vive con nosotros –siguió hablando el chico, sin profundizar más en su explicación.

El Sabaku pudo ver lo que aparentemente se trataba de una familia normal, formada por cuatro personas. La madre, una mujer morena de altura promedio y figura estilizada, le sonreía con dulzura a la cámara, mientras que el padre, un hombre alto también de cabello negro y mirada severa, permanecía con los brazos cruzados. Fue fácil para el pelirrojo identificar a Kitsune, quien en la fotografía debería tener unos trece años, el chico estaba al centro de la imagen, entre sus padres y con Sasuke a su izquierda. El rubio le había pasado un brazo por el cuello a su hermano, mientras que con su mano libre hacia una señal de victoria; Gaara también pudo notar que a pesar del entrecejo fruncido que lucía Sasuke, el moreno abrazaba discretamente al menor por la cintura, aferrándose a él en un claro ademán de posesividad.

"Así que los padres aprueban la relación…" pensó Gaara para sí mismo, sabiendo a la perfección que el gesto era imposible calificarlo de fraternal.

-Tú no te pareces en nada a tus padres –dijo en su lugar el pelirrojo, regresándole la fotografía a Kitsune.

-No me parezco a nadie de la familia Uchiha –aseguró el chico sin inmutarse-, soy adoptado. Mikoto y Fugaku me adoptaron cuando tenía unos… tres años –explicó, sacando cuentas con sus dedos.

-Así que a Uchiha Sasuke le pareció bien seducir un chico bonito que tuvo todo el tiempo a su alcance, con el pretexto de que no era su hermano –bufó el Sabaku, cruzándose de brazos.

-Sasuke nunca me vio como su hermano –masculló el rubio con los puños apretados, comenzando a enfadarse con el otro muchacho, ante su terquedad de poner a Sasuke como el villano de la historia-. Durante varios meses fui… su mascota –confesó Kitsune con vergüenza-, por eso insiste en que es mi dueño.

-¿Su mascota? –lo cuestionó Gaara, comenzando a indignarse de nuevo.

-Mis padres biológicos me abandonaron en el Uchiha Circus –empezó a contarle Kitsune, llevándose nervioso una mano a su dorado cabello-. Fue Sasuke quien me encontró, debía haber pasado por lo menos una semana después de que me dejaran ahí… El teme tenía cinco años, y yo estaba en la vieja jaula de los zorros. Como me había hecho estas heridas en la cara –mientras hablaba, el Uchiha se pasó los dedos por las tres marcas que le surcaban ambas mejillas-, pensó que eso era, un zorro, "Kitsune".

-Uchiha Sasuke te dio un nombre –murmuró el pelirrojo, con la boca ligeramente abierta.

-Me dio más que eso, dattebayo –aseguró el de ojos azules en un susurro, bajando su mirada al suelo con melancolía-. Me dio comida, un techo, una familia, después una pareja… Si no fuera por el teme, los Uchiha ni siquiera hubieran pensando en adoptarme. Sasuke no me dejaba ir, diciendo que yo era suyo y que nadie podía tocarme –dijo Kitsune con una sonrisa extraña-. Desde niño era un creído.

-No te voy a contradecir en eso –respondió el pelirrojo, comenzando a entender que lo mejor que podía hacer en semejante situación era guardar las distancias con Kitsune. El rubio no le contestó más que con un encogimiento de hombros.

Desde el momento en que el chico había aparecido por la puerta de su rutinario salón de clases, había llamado la atención del Sabaku, con aquel cuerpo atlético que le encendía la sangre, pero sobre todo con una enorme sonrisa que iluminaba por completo el lugar. La presencia del celoso hermano mayor que era Uchiha Sasuke fue un inconveniente más que desagradable, pero la sorpresa que sintió cuando ambos muchachos se besaron delante de él no podría ser descrita con palabras. Por un segundo Gaara había fantaseado con la idea de ser el salvador de su nuevo objeto de deseo, y como si el cruel destino quisiera mostrarle que nunca obtendría lo que tanto ansiaba, la verdadera naturaleza de la relación que mantenían Sasuke y Kitsune lo golpeó como un muro que le sale repentinamente al paso.

El lazo que unía al domador de leones y al joven trapecista, era uno en el que Gaara nunca iba a poder interferir.

-Dejare de molestarte, Kitsune –dijo el Sabaku, y a pesar de que el rubio esperaba que el otro muchacho siguiera su camino de inmediato, se sorprendió cuando el pelirrojo se tomó el tiempo de entregarle un pequeño papel con algo anotado, prácticamente idéntico al que había intentado darle antes de su primera discusión con Sasuke-. Pero si necesitas ayuda alguna vez, sabes dónde encontrarme.

-Gracias, dattebayo… -murmuró el Uchiha, recibiendo el papel con algo de duda, que desapareció con rapidez-. ¡Ahora vamonos antes de que Sasuke se desespere y venga a buscarme! –gritó el chico mientras se daba la vuelta, y echaba a correr por el pasillo.

-Ah… sí –respondió Gaara en un murmullo, yendo detrás del rubio, teniendo el presentimiento de que aquella situación no iba a cambiar en un tiempo cercano, y de que por una larga temporada tendría que conformarse con sólo ver la espalda del trapecista.

~*S*&*N*~~*C*I*R*C*U*S*~~*S*&*N*~

-¡Harumi! ¡Kenzo! ¡Naomi! ¡Una fila! –gritó Yahiko, haciendo rechistar la larga fusta que sostenía en su mano derecha.

Nada más escuchar la voz del joven hombre, seguido del sonido tan característico que provenía del objeto usado para entrenarlos, tres magníficos caballos de considerable tamaño cumplieron al pie de la letra las órdenes del pelirrojo. Sincronizándose con los movimientos de la ahora hilera de animales, Konan, quien iba montada sobre el caballo que lideraba a los otros dos, el corcel negro llamado Kenzo, comenzó a ponerse de pie con gracia sobre el lomo del potro. Nada más se hubo estabilizado lo suficiente, la chica de cabello azul dio una pequeña reverencia al imaginario público de la carpa Akatsuki y luego realizó un potente salto hacia atrás, para caer justo sobre la espalda del siguiente caballo, una yegua alazana que llevaba por nombre Naomi. Todo el espectáculo iba siendo guiando cuidadosamente por Yahiko.

-¡Bien! ¡Naomi, al frente! ¡Círculo! –bramó entonces el pelirrojo, cuando Konan terminó con su parte del acto. El pelirrojo conducía a la yegua Naomi usando los chasquidos de su fusta, hasta que el animal ocupo la cabeza de la fila.

Los animales se organizaron sobre la pista del circo en la forma que les pedía Yahiko, mientras Konan aprovechaba la ocasión para dar otro saludo hacia las gradas.

-¡Ahora! ¡El segundo salto! –dijo Yahiko, volviendo a poner en marcha a los caballos, esta vez con la yegua alazana a la cabeza y la muchacha de pie sobre ella.

Los afortunados que hubieran asistido ya al hermoso acto ecuestre de ambos chicos, sabrían que durante su segundo salto Konan se impulsaba hacia Kenzo, el segundo en la fila de caballos, limitándose a tocar por unos instantes el lomo del animal con la punta de los dedos, para luego acabar de pie sobre la última yegua, Harumi. Sin embargo, justo cuando la chica de cabello azul se encontraba en el aire, un sonido muy diferente al de la fusta disminuyó su concentración.

La mano de Konan vaciló sobre la ligera montura de Kenzo, al tiempo que Yahiko se apresuraba a contestar su celular, olvidándose por completo de su compañera de espectáculo.

-¡Nagato! ¡¿Por qué no habías llamado antes?! ¡No he sabido de ti en meses! –dijo el pelirrojo por el celular, bastante animado repentinamente y dejando atrás la sutil sonrisa que había manejado hasta entonces durante el ensayo.

Antes de que la persona al otro lado de la línea pudiera contestar, Yahiko soltó un grito espantado y fue obligado a dar varios pasos hacia atrás, cuando la encabritada yegua montada por su pareja, Harumi, parada sobre sus patas traseras, la cual se abalanzó sobre él con no muy buenas intenciones.

-Si de verdad fuera importante tu amigo habría llamado antes, Yahiko –susurró Konan con voz helada mientras tiraba de las riendas del caballo para controlar al animal. La mirada impasible de la muchacha hizo temblar al pobre pelirrojo con más temor que en si en su lugar lo estuviera fulminando con furia.

Sin esperar a que su novio le respondiera, la chica bajo de la montura y tomó las riendas de los otros dos caballos, conduciendo después a los animales hacia la salida de la pista.

-El ensayo se acabó –dijo Konan antes de perderse de vista-. Es mejor que atiendas tu llamada.

El pelirrojo gruñó por lo bajo varias maldiciones, dándose cuenta de que a pesar de su actitud tranquila, su novia estaba en verdad molesta. Pero buscar el modo de reconciliarse con su pareja tendría que esperar, ahora lo importante era ponerse al día con las nuevas noticias que tenía para su amigo. Pocas eran las veces en que podían ponerse en contacto uno con el otro, una parte esencial de su amistad por la seguridad de ambos, pero desde hace varios días Yahiko había estaba esperando desesperadamente poder hablar con Nagato.

-K-konan te manda saludos –tartamudeó el pelirrojo regresando su atención al celular, una vez que estuvo seguro de que su novia estaba bastante lejos y le era imposible verlo-. Ahora estamos en Sendai, ¡mañana es la gran inauguración del Akatsuki en la ciudad! ¡Deberías venir! –le propuso el joven con gran entusiasmo.

-Tal vez en otra ciudad, una más cercana a casa –replicó una voz masculina por medio del aparato, perteneciente a la persona llamada Nagato.

-¡No! ¡En serio debes venir! ¡El espectáculo será genial! –siguió insistiendo Yahiko, mientras caminaba hacia las gradas que rodeaban la pista principal, echándole una discreta mirada al alrededor. Sonrió confiado al darse cuenta de que los pocos cirqueros que se encontraban a esa hora bajo la carpa Akatsuki estaban demasiado lejos u ocupados como para prestarle atención a él.

-Yahiko, en serio no puedo… -alegó Nagato con voz cansina, tratando de regresar al tema por el que le había marcado a su amigo en primer lugar.

-En serio deberías venir –lo interrumpió Yahiko, enseriándose de pronto-, por lo menos para saludar a Naruto.

El silencio se hizo inmediatamente del otro lado de la línea, y al pelirrojo le pareció tan eterno que comenzó a incomodarle.

-Parece que se encuentra bien de salud, es un muchacho fuerte –comenzó a balbucear el cirquero, esperando que sus palabras hicieran volver a hablar a Nagato-. Itachi me ha contado que…

-Así que nuestras sospechas eran ciertas y Akatsuki tuvo que ver con la desaparición de Uzumaki Naruto –dijo la voz de Nagato, y aunque trataba de parecer fría, el pelirrojo suavizó visiblemente su semblante al poder notar cuan afectado estaba su amigo por la noticia-. ¿Lo has visto? ¿Estás seguro de que es él? –se apresuró a cuestionar el hombre.

-No lo he visto, y… tampoco estoy seguro de que sea Naruto –respondió Yahiko dando un suspiro-. Pero Madara lo está, además con lo calculador que es el tipo, apuesto mi lengua a que lo confirmara antes de hacer cualquier movimiento.

-Para comunicárselo a nuestros superiores debemos tener pruebas, Yahiko –le recordó Nagato a su compañero, dando un gruñido-. Un caso tan grande como el del grupo de secuestradores Akatsuki…

-¡Ya lo sé! –Lo cortó molesto el cirquero-. De Naruto no pude averiguar gran cosa cuando me uní al circo porque resultaría sospechoso que preguntara cosas de golpes anteriores, pero ahora las cosas son diferentes. El jefe debe informarnos de todos los detalles de la operación si quiere que las cosas salgan a su modo –dijo el pelirrojo con una sonrisa de triunfo poco común.

-¿Planea recuperar a Naruto? –preguntó Nagato, verdaderamente sorprendido.

-No solo eso –contestó Yahiko, aumentando la amplitud de su gesto-. Planea dar un golpe doble, aquí en Sendai –comenzó a explicar el pelirrojo bastante excitado-. Quiere atrapar a Naruto y a una chica rica, heredera de un empresario local, Hyuga Hinata. Si le avisamos a los jefes y atrapamos a Madara con los dos muchachos, ¡mandaremos a Tobi a prisión por lo menos cincuenta…!

La sonrisa se borró al instante de la cara de Yahiko cuando el hombre levantó la vista y se dio cuenta de que un inesperado espectador era mudo testigo de su llamada. El celular resbaló de las manos del pelirrojo hasta caer al suelo, aunque no por eso la voz de Nagato dejó de escucharse.

-¿Yahiko? ¿Qué pasa? ¿Qué fue ese ruido? –Preguntó Nagato comenzando a alarmarse, mientras el pelirrojo tragaba saliva debido al temor de haber sido descubierto-. ¡Contesta, Yahiko!

Poca atención le prestó el pelirrojo al llamado de su amigo, más concentrado en barajear la posibilidad de salir corriendo, ahora que sus verdaderas intenciones al entrar al circo Akatsuki salían a relucir debido a un estúpido descuido. Justo cuando Yahiko apretaba los puños para noquear al intruso, le llegó a la mente la imagen de Konan.

"Maldición…" se dijo a sí mismo Yahiko, al tiempo que una gota de sudor le resbalaba por la mejilla. A diferencia de él, Konan se había unido a la carpa mucho tiempo antes que se conocieran, criándose desde pequeña en aquel lugar, y por lo tanto, desconocía la verdadera profesión del pelirrojo.

Mientras Yahiko debatía la mejor de las posibilidades con las que contaba, la persona que lo había descubierto se había agachado para tomar el celular que el joven de los piercing soltara debido a la sorpresa.

-Yahiko no puede contestar ahora –dijo Deidara con una sonrisa maliciosa, dedicada al compañero que estaba frente a él-, creo que le comió la lengua el gato, uhm.

-¿Quién habla? –preguntó Nagato, luego de un segundo de duda.

-Deidara, de Akatsuki –respondió el rubio sin dudarlo-. Y no refiero al circo, sino al grupo del estúpido de Tobi –aclaró el de ojos azules, para que no hubiera lugar a dudas.

-¿Y qué es lo que quieres, Deidara de Akatsuki? –volvió a interrogarlo el policía al teléfono, guardando la compostura y evitando caer en la desesperación.

-Primero, decirte que tu espía es un idiota –se burló Deidara a través del celular, provocando que una vena saltara en la frente de Yahiko a pesar de lo delicado de la situación-. Mira que hablar de mandar a Tobi a prisión estando a mitad de la pista principal…

-¡Estoy parado justo aquí, idiota! –bramó molesto el ofendido pelirrojo, agitando su puño delante del rostro de Deidara, pero solo consiguió que el rubio le diera la espalda mientras se cubría el oído que no tenía junto al teléfono, para no tener que escuchar las quejas de Yahiko.

-En segunda, ya que están tan decididos a hacer que Madara caiga… Voy a ayudarlos, uhm –aseguró el artista, provocando que su hasta ahora compañero de Akatsuki lo viera con franca sorpresa, además de un nuevo silencio al otro lado de la línea-. Los últimos cinco años he reunido algunas cosas que podrían ayudarles a hundir a Tobi, junto con el asunto de Uzumaki Naruto y Hinata Hyuga.

-¿A cambio de qué? –Preguntó Nagato, antes de que Yahiko pudiera recuperarse de la impresión-. No creo que sea por tu buena voluntad.

-Sólo quiero ver a Madara arrastrándose por el lodo como la basura que es –dijo el rubio con una sonrisa torcida-, y claro, inmunidad para no tener que irme con él, señor Policía.

-¿Cómo sabemos que no nos traicionaras? –gruñó Yahiko, sujetando al rubio por el brazo para obligarlo a girarse y que lo encarara.

-Si hubiera querido delatarte ya lo hubiera hecho, idiota. No es la primera vez que escucho tus llamadas –respondió Deidara, zafándose del agarre del pelirrojo con un simple tirón-. Entonces, ¿tenemos un trato? –preguntó el de ojos azules, extendiendo su mano hacia el otro hombre.

-Pásame a Yahiko –respondió Nagato, y dando un encogimiento de hombros, el artista terminó por entregarle el aparato al pelirrojo-. Aceptaremos el trato –dijo el policía, una vez que su compañero estuvo de nuevo al teléfono.

-¿¡Qué?! ¡Pero…! –se apresuró a alegar el pelirrojo algo desesperado, al tiempo que miraba desconfiadamente a Deidara, sin detenerse mucho a ser discreto.

-En vista de las circunstancias no tenemos otra opción, además será mucho más fácil que no te descubran si cuentas con ayuda del interior –lo interrumpió su amigo con voz profesional, haciendo que el cirquero se callara de inmediato-. Pero no le quites la mirada de encima… -añadió Nagato, y Yahiko pudo imaginárselo a la perfección, entrecerrando aquellos ojos tan extraños que poseía el joven hombre.

-No necesitas decirlo -aseguró el pelirrojo, mostrando una sonrisa de lado-. No podrá dar siquiera un paso sin que yo no lo note –dijo el entrenador de caballos, provocando que Deidara lo observara de manera retadora.

-Arruinar una operación encubierta de cuatro años sólo por una llamada al celular es… -se escuchó decir entonces la voz de Nagato, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de Yahiko. Conociendo lo estricto que era su superior, seguramente le esperaba una buena multa por su gigantesco error.

-¡Está bien, está bien, está bien! –Gritó Yahiko con el rostro enrojecido por la vergüenza, y antes de que su humillación fuera mayor decidió que era tiempo de despedirse del jefe-. ¡Te marcó cuando tenga más noticias! –habló con rapidez, para luego colgar bruscamente.

El joven observó por un segundo el silencioso aparato que había quedado en su mano, dando después un profundo suspiro de cansancio. En algunas ocasiones no podía creer que él y Nagato hubieran comenzando en la Naicho al mismo tiempo, codo contra codo, y que ahora su amigo comenzaba a escalar posiciones en la agencia, mientras Yahiko continuaba siendo un agente de campo. Claro que su amigo tenía una motivación mucho más fuerte que la de él para sobresalir en la organización…

-Bien, Deidara –dijo Yahiko, guardando el celular y dirigiéndose al rubio, quien todavía aguardaba con la mano extendida, sumada a una mueca de fastidio en el rostro-. Tenemos un trato –aseguró el pelirrojo, estrechando finalmente su diestra contra la del joven de ojos azules.

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-¡Voy a cerrar mis manos alrededor de tu diminuto cuello hasta fracturarlo! -bramó la voz de Sasuke, sacudiendo toda la carpa del Uchiha Circus-. Oh, y no sabes cómo lo voy a disfrutar, condenado animal… -susurró luego el muchacho, con una mirada demente adornándole el rostro.

Importándole muy poco las quejas del Uchiha, incluso como si disfrutara ser el causante del estrés del moreno, Kyubi se limitó a entreabrir uno de sus ojos rojos, para luego soltar un amplio bostezo y volver a echarse sobre el suelo, con la intención de tomar una larga siesta.

-¡Gato malcriado! ¡Te voy a dar…! –gritó Sasuke, al tiempo que alzaba su látigo negro con toda la intención de descargarlo contra el rebelde cachorro de león.

Sin embargo, una mano más fuerte que la del muchacho sujetó al chico antes de que cumpliera con su cometido, y al segundo siguiente el Uchiha se hallaba de bruces contra el piso de la pista principal, habiendo sido empujado por su propio padre. Sasuke gruñó por lo bajo cuando el cachorro albino perdió repentinamente el sueño, saltando juguetonamente sobre su espalda y arañándola con sus no tan pequeñas garras.

-En más de cinco generaciones la familia Uchiha no ha necesitado de un látigo para entrenar a sus tigres o leones –dijo Fugaku con una actitud impasible, ignorando deliberadamente la tortura a la que era sometido su hijo-. Serás una deshonra para tu padre si rompes con la tradición familiar. Usa tu sharingan, Sasuke –indicó el hombre, cruzándose de brazos.

-Ni siquiera estás seguro de que eso exista –rezongó el muchacho de mal humor, poniéndose de pie al tiempo que trataba de quitarse de encima a Kyubi, lo cual le estaba costando bastante trabajo.

El cachorro había crecido bastante los últimos meses, y pronto estaría en condiciones de participar algunas veces en el acto de Sasuke… Si es que el Uchiha conseguía que el rebelde león obedeciera sus instrucciones.

-Te volviste el domador más joven en la historia del Uchiha Circus –le recordó Fugaku, agachándose mientras extendía su mano hacia Kyubi-, incluso a una edad menor que… -el hombre no llegó a terminar la frase, aunque no hubo ninguna necesidad; Sasuke supo perfectamente que su padre había estado a punto de nombrar a Itachi-. Puedes hacerlo, Sasuke, sólo necesitas dejar de competir con Kyubi –termino diciendo el mayor en su lugar.

-Yo no compito con un animal –resopló indignado el moreno, pero manteniendo un tono de voz bajo para no recibir un regaño por parte de Fugaku.

Como respuesta, el hombre maduro levantó su dedo índice izquierdo en la dirección que se encontraba Sasuke, pidiendo silencio. Fugaku mantenía la otra mano aún extendida hacia el cachorro de león, y se limitó a llamarlo un par de veces, usando sólo el movimiento de sus dedos. Kyubi entrecerró sus ojos con desconfianza ante la presencia del humano adulto, gruñendo por lo bajo la poco disposición que tenía de acercarse a él.

Justo cuando el adolescente pensaba que el terco animal iba a negarse a colocarse junto a su padre, las pequeñas patas de Kyubi avanzaron en dirección a Fugaku, sin que en ningún momento la mirada de uno se apartara de la del otro. El pequeño león termino lamiendo dócilmente los dedos de su entrenador, y el patriarca Uchiha le entregó un pequeño bocadillo como recompensa.

-Impresionante como siempre, papá –dijo una voz a espaldas de los dos morenos, haciendo que la cabeza de Sasuke girara bruscamente hacia su origen. El moreno torció la boca con desagrado al encontrarse con la figura de Itachi en la primera fila de las gradas, observando todo el entrenamiento con el mismo interés que tendría si se tratara de un espectador cualquiera.

La actitud de Fugaku, por otro lado, distó mucho de la de su hijo menor. Ignorando por completo la presencia de Itachi, como si el joven no se encontrara presente, la mente del hombre comenzó a trabajar en un plan para avanzar con el entrenamiento del joven cachorro de león.

-Me quedare con Kyubi unos días –decidió Fugaku, poniéndose de pie y caminando hacia la salida de la carpa. El patriarca de la familia Uchiha sólo se tomó el tiempo suficiente para llamar al felino una vez más, y Sasuke no pudo evitar volver a gruñir al ver que el animal salía corriendo alegremente tras su padre-, en lo que tú aceptas que compites con el cachorro.

-¡Yo no compito con el maldito gato! –Siguió diciendo Sasuke con terquedad-. ¡Es él quien no deja de molestar en el poco tiempo libre que tenemos Kitsune y yo! ¡Con la escuela y el circo nosotros apenas…! –el muchacho se calló de golpe al escuchar una ligera risa a sus espaldas.

Sasuke se giró hacia Itachi con la peor mirada que tenía en su repertorio, sin estar dispuesto a ser la burla de su hermano mayor.

-¿Terminaste? –Preguntó el menor en un siseo amenazador, que acabo rápidamente con la sonrisa de Itachi-. No hay ninguna razón para que estés en el circo. Mamá salió y es la única persona que te da la bienvenida aquí –dijo el chico, dándose la vuelta y haciendo ademán de seguir a su padre.

-Te estás olvidando de Kitsune…-le recordó Itachi, sabiendo que su comentario no podría tomarse de otra manera más que como una provocación.

-¡A Kitsune ni lo menciones! –Bramó Sasuke, regresando sobre sus pasos con brusquedad y avanzando a grandes zancadas hacia donde se encontraba el otro Uchiha-. Nunca lo quisiste dentro de la familia –le recriminó a Itachi, tomándolo por el cuello de su camisa y atrayéndolo contra su rostro, tan cerca que el adolescente incluso podría escupirle si así lo quisiera-. Nunca lo trataste como un hermano…

-No puedo creer que tengas cara para reclamármelo –respondió Itachi, impasible, al tiempo que sujetaba la muñeca de Sasuke para deshacerse con facilidad del agarre del menor-. Si alguien no trató a Kitsune con amor fraterno, no fui yo –aseguró el hombre, permitiéndose observar a su hermano con una sonrisa socarrona.

-Él es mío –dijo el muchacho, desdeñando la mueca burlona del mayor y decidiendo para sí mismo que sería la última provocación a la que respondería-. Kitsune ha sido mío desde el momento en que lo conocí. No deje que tú me separaras de él, y conseguí que mamá no nos viera como si fuéramos una aberración –masculló Sasuke con los dientes fuertemente apretados-. Todas tus quejas quedaron sin fundamento.

-Lo que sientes por el chico no es amor, ¡es una obsesión, Sasuke! –Exclamó Itachi con desesperación, provocando que su hermano rodara exasperado los ojos y le diera la espalda, caminando con prisa hacia la salida-. No lo tratas más que como un objeto… ¡El día que Kitsune se vaya de aquí…!

-¡Ya cállate! –bramó Sasuke, agitando con rapidez el látigo que todavía sostenía en su mano, y del que Itachi se había olvidado en medio de la discusión. El mayor de los Uchiha, al sentir como la sangre fresca se deslizaba por su mejilla derecha, supo que tenía que moderar sus palabras si no quería que su hermano le causara verdadero daño-. ¡Kitsune nunca se ira del circo! ¡Este es su hogar, el lugar al que pertenece! ¡No tiene a nadie más en el mundo, ni lo necesita!

Y con un último chasquido de cuero negro, el moreno dejó atrás a Itachi.

-Te equivocas, Sasuke –susurró el hombre, negando lentamente con la cabeza, sintiendo que su visita había sido en vano-. Kitsune… No, Naruto –se corrigió el domador, al tiempo que limpiaba el líquido carmesí de su rostro-. Naruto tiene un lugar al que pertenece, y no es el Uchiha Circus.

Mientras tanto, Sasuke había tomado camino hacia su remolque y más de uno al cruzarse con el muchacho se apresuró a quitarse de enfrente, asustado por la mirada tan torva que lucía. El sonido de la puerta al ser azotada provocó que Kitsune se sobresaltara, por poco tirándose encima el ramen instantáneo que se estaba preparando.

-¡¿Pero qué…?! –Chilló el rubio, dejando el envase de plástico sobre la mesa, y llevándose la mano a la boca para aliviar el ardor que causaron algunas gotas de agua caliente al caer sobre su piel-. ¡Teme! ¡Mira lo que…!

Antes de que el payaso pudiera terminar su reclamo, Sasuke le había sujetado el rostro con ambas manos, atrayéndolo contra él en un demandante beso.

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Un joven de poco más de dieciséis años bajo de un autobús, cargado con una pequeña maleta, y luego se dirigió sin dudarlo hacia la enorme carpa cirquera que se divisaba a unas cuantas calles. El muchacho llevaba el cabello negro atado en una coleta baja, mientras que las oscuras ojeras debajo de sus ojos evidenciaban lo mal que había dormido durante los últimos días, agobiado por los demonios que le acosaban la mente. Justo antes de entrar a la algarabía general que dominaba el lugar fuera su hogar, o por lo menos hasta hace meses atrás, cuando ya algunos conocidos comenzaban a saludarlo al reconocerlo, Itachi soltó un profundo suspiro de cansancio, prometiéndose interiormente que ésta sería la última vez que él visitaría a su familia.

"Es lo mejor" se dijo a sí mismo el moreno "Después de lo que hice…"

-¡Itachi! –lo llamó una voz emocionada, provocando que al escucharla el aludido se olvidara por un momento de sus lúgubres pensamientos. El Uchiha levantó la vista justo a tiempo para observar como una canasta de ropa limpia resbalaba de las manos de su madre, antes de que la mujer se arrojara sobre él con los ojos abnegados en lágrimas.

-Ya, mamá… -dijo Itachi con una ligera sonrisa, al tiempo que abrazaba a Mikoto tratando de consolarla. La mujer sólo atino a seguir sollozando quedamente contra el pecho de su hijo-. Estoy en casa.

-¡Aniki! –chilló Sasuke, antes de que el moreno pudiera decir otra cosa, y al segundo siguiente el mayor de los Uchiha pudo sentir como el pequeño niño se aferraba a su pierna izquierda con una fuerza sobrehumana.

Los habitantes del Uchiha Circus le sonrieron con simpatía a la imagen de la familia reunida, incluso hubo quienes se carcajearon abiertamente al ver el predicamento en el que se encontraba el joven entrenador de leones, con una llorosa madre que se negaba a soltarlo y un hermano menor que buscaba desesperadamente llamar su atención.

-¿Dónde está papá? –preguntó Itachi, una vez que Mikoto se calmó un poco.

-E-está aquí conmigo… –contestó su madre con voz temblorosa debido al llanto, al tiempo que se secaba varias lágrimas que le habían corrido por las mejillas. La mujer se giro a sus espaldas, abriendo la boca con sorpresa cuando no encontró junto a ella a la figura de su marido-. Estaba aquí hace un segundo –dijo Mikoto, volteando su rostro en todas direcciones.

-Papá dijo que se iría a entrenar con los Bijus –intervino entonces Sasuke, agachando la mirada y observando intensamente sus zapatos, como si no hubiera otra cosa más interesante que hacer. El niño sabía que Fugaku estaba muy molesto con Itachi por haberse ido a trabajar a otro circo, rompiendo con la tradición familiar-. Dijo que… no quería verte, aniki.

Los infantiles ojos de Sasuke se abrieron cuan grandes eran al sentir que su hermano le colocaba una mano sobre la cabeza y le alborotaba los cabellos. Cuando el niño levantó la vista, descubrió que el muchacho le dedicaba una sonrisa tranquilizadora.

-No es tu culpa, Sasuke –aseguró Itachi-. Ahora cuéntame todo lo que paso mientras no estuve –dijo el joven, tratando de aligerar la tensión que comenzaba a apoderarse del ambiente.

-¡Pues…! –Se apresuró a contarle el pequeño moreno, con un brillo emocionado en los ojos-. ¡Tengo una nueva mascota!

-Sasuke, sabes que no debes… -dijo reprobatoriamente Mikoto, cruzándose de brazos.

-¡Es mío! ¡Nadie lo toca! –la interrumpió su hijo a gritos, dejando pasmado a Itachi con su respuesta. Sasuke nunca le levantaba la voz a su madre, quizás alguna señal de rebeldía contra Fugaku, aunque apenas fuera una mirada enojada por parte del crío, pero nunca contra la cariñosa mujer que le diera la vida.

-Bien –dijo la veterana trapecista, dándose por vencida muy a su pesar. Tendría que aclarar el asunto con el chico cuando fuera algo mayor, sin embargo, tarde o temprano Sasuke debía aceptar que no podía tener sólo para él al nuevo integrante de la carpa Uchiha-. Ve a traerlo entonces, muéstraselo a tu hermano –le indico a su hijo, sonriéndole a Itachi con algo de travesura, intrigando al joven.

El niño asintió varias veces con la cabeza, emocionado por la expectativa de mostrarle a su hermano su mayor tesoro, y salió corriendo para perderse entre los cirqueros, abriéndose paso a empujones.

-¿Qué clase de mascota le permitieron tener? –le preguntó Itachi a su madre, con verdadera curiosidad. Conociendo a su padre, el hombre habría puesto a su hermano a cargo de un cachorro de león o tigre, pero conociendo lo protectora que podía ser Mikoto, dudaba que la mujer le permitiera tener al menor algo más llamativo que un pez dorado.

-Ya lo veras –respondió enigmáticamente la cirquera, sólo un segundo antes de que sus palabras fueran opacadas por nuevos gritos por parte de Sasuke.

Itachi comenzaba a creer que demasiadas cosas habían sucedido en aquellos meses de ausencia, ¡nunca antes había notado lo fácil que era hacer enojar a su hermano menor!

-¡¿Qué demonios haces?! ¡Te he dicho mil veces que no lo toques! –bramaba Sasuke, y había tal ira impresa en su voz que Mikoto se apresuró al lugar donde debería encontrarse el niño, con el mayor de sus hijos pisándole los talones.

-¡Pero yo también quiero jugar con él…! -replicó otra voz infantil, que Itachi pudo reconocer como la de Kiba, el hijo de Inuzuka Tsume, quien dirigía un simpático espectáculo con perros dentro del circo.

-¡No me importa! –Siguió vociferando el niño moreno, y el resto de la familia Uchiha, incluido Fugaku, llegó justo a tiempo para ver como Sasuke empujaba con saña a Kiba, haciéndolo caer al suelo-. ¡La próxima vez que te vea cerca de él, te arrojare a la jaula de los tigres! ¡Y luego ellos…!

-Ya basta, Sasuke –habló entonces su padre, cruzándose de brazos y mostrando una expresión severa en el rostro-. Deja de competir con Kiba por la atención de Kitsune.

-¡Yo no estoy compitiendo con ese perro...! –chilló indignado el chiquillo, girándose con brusquedad hacia el adulto. Fugaku le mandó una mirada de advertencia a su pequeño hijo, que bastó para que el moreno bajara obedientemente la vista hacia el suelo, aunque siguió con los puños apretados-. Papá… -masculló finalmente Sasuke entre dientes.

-En vez de estar amenazando a Kiba, deberías ir con Kitsune –siguió regañándolo Fugaku, mientras señalaba la pequeña figura pegada a las piernas del hombre, y en la cual Itachi no había reparado antes-. Tiene pocos días aquí, y que tú le grites a todo el que se le acerca sólo lo está asustando.

Un bufido indignado, completamente inteligible para Itachi, les dio a entender a todos los presentes que el niño a espaldas de Fugaku, y quien quizás llamó al hombre cuando el problema entre Sasuke y Kiba había iniciado, se encontraba lejos de estar asustado. Lo más probable es que quisiera evitar que su amigo moreno se metiera en un problema grave con sus padres. Sin embargo, las palabras de Fugaku parecieron haber provocado que Sasuke recapacitara sobre lo que hacía.

-Lo siento… -murmuró apenado el crio, sujetándose un brazo con arrepentimiento.

-Otōto, ¿no ibas a presentarme a tu nueva mascota? –intervino Itachi, antes de que su padre pudiera imponerle un castigo muy severo a su hermano. El hombre vio con malos ojos la intromisión del muchacho, pero como estaba decidido a interactuar lo menos posible con su primogénito, no intervino en la plática.

La mirada oscura del niño recobró el brillo entusiasta que lucía hace algunos minutos y sin dudarlo, incluso corriendo, se dirigió hacia Fugaku, sujetando por la muñeca al niño que se escondía detrás del hombre, para luego tirar de él, sacándolo hacia donde Itachi pudiera verlo claramente. El joven cirquero abrió mucho los ojos al comprender que todo el tiempo en que se había mencionado la palabra mascota, ni Sasuke ni su madre se referían a un animal, ¡sino a un niño rubio de tres años!

-Kitsune-chan –llamó Sasuke al rubio, mientras pasaba ambos brazos por los hombros más pequeños-, él es mi hermano mayor Itachi -dijo el moreno, colocando al otro infante delante del adolescente.

Fugaku observó con ojos entrecerrados la mirada prácticamente horrorizada que mostró su hijo mayor, como si la mente del joven no pudiera procesar la manera en que la inocencia infantil irradiaba desde la celeste mirada frente a él. La desconfianza fue sembrada dentro del corazón de Fugaku, a pesar de que el gesto en el rostro de su hijo sólo duro un par de segundos.

-¡Tachi~! –chilló entonces el pequeño rubio, abrazándose a las piernas del mayor, de la misma manera en que un niño se abalanza sobre un primo muy querido, justo de la misma forma en que Sasuke se había aferrado a Itachi a su llegada.

-El hermano mayor de ambos, Kitsune-chan –corrigió Mikoto con voz dulce, sacando al mayor de sus hijos del estupor que lo dominaba. El muchacho se giró hacia su madre con la ceja levantada, preguntándole silenciosamente que era lo que sucedía-. Itachi, te presentó a tu nuevo hermanito, Uchiha Kitsune –dijo la mujer, colocando una mano sobre la cabeza de cada niño.

Itachi permaneció en silencio, observando con semblante indiferente como Kitsune se carcajeaba ante la caricia de su nueva madre mientras Sasuke se cruzaba de brazos y le volteaba la cara a su hermano mayor, con los labios torcidos en un puchero. Tal parecía que al niño de ojos negros no le había gustado la forma en que el rubio saludara al mayor.

-¿Nuevo… hermano? –le preguntó finalmente Itachi a su madre, y la mujer se sorprendió al notar que el adolescente torcía apenas la boca, en signo de franco desprecio.

-Sasuke encontró a Kitsune hace un par de semanas en las jaulas viejas del circo, con éstas heridas en la cara –comenzó a explicar Mikoto, pensando que el gesto debería de estárselo imaginando-. Pobrecillo… -gimió la trapecista, arrodillándose delante del rubio y limpiándole la cara, para total disgusto del menor. Sólo entonces, luego de que la esposa de Fugaku retirara el dulce que Kitsune había estado comiendo, Itachi pudo ver en cada mejilla tres marcas de apariencia reciente-. Intentamos llevarlo a Servicios Infantiles, pero Sasuke se negó a que lo separaran de él, con todas sus fuerzas –le contó la mujer con buen humor, haciendo que el aludido se sonrojara visiblemente ante el recuerdo-. ¡Incluso mordió a tu padre! –dijo Mikoto, soltando después una risilla ante el gruñido de disgusto de su marido.

-¿Creen que es lo correcto? –Preguntó Itachi con brusquedad, comenzando a alzar la voz-. No sabemos de dónde viene el niño, podría estar relacionado con gente peligrosa –las palabras del muchacho provocaron que la sutil sonrisa de Mikoto desapareciera con rapidez y que por vez primera Fugaku lo viera a los ojos-. Tampoco saben las… costumbres que tenga, ¿y si es una mala influencia para Sasuke?

-¿Una peor influencia que tú? –Lo cuestionó su padre de vuelta, recorriendo de arriba abajo el aspecto de Itachi, escaneándolo con cuidado, y a juzgar por el semblante fastidiado del hombre, encontrando deficiente lo evaluado-. ¿Un traidor homosexual?

Exclamaciones escandalizadas se escucharon a su alrededor, provocando que el moreno apretara los puños con fuerza. Fugaku había sido la segunda persona en conocer la sexualidad de Itachi, precedida sólo por su madre, y ésta era la primera ocasión en que se lo echaba en cara. Tal parecía que el hombre ahora creía que todo lo relacionado con su hijo mayor era un defecto más que cuestionable.

-Fugaku… -murmuró preocupada Mikoto, colocando una mano sobre el hombro de su esposo, pero al no conseguir ninguna reacción por parte del hombre, la mujer soltó un suspiro cansado y decidió darse por vencida.

-Lo mejor es llevar al niño con las autoridades antes de que ustedes se encariñen demasiado con él –aseguró Itachi, haciendo ademán de sujetar al rubio por un brazo.

Sin embargo, antes de que los dedos del joven siquiera hubieran rozado la bronceada piel de Kitsune, otra mano más pequeña, pero de una tonalidad similar a la de Itachi, la golpeó con fiereza.

-¡No! –bramó Sasuke, abrazando a Kitsune con tanta fuerza que el niño parecía estar a punto de ahogarse.

-¡Sasuke! ¡Un ser humano no es una mascota, no puedes quedártelo! –gritó Itachi, metiendo sus brazos en el agarre de su hermano menor, buscando separar a ambos niños.

Los ojos del pequeño moreno se llenaron de agua, pero aun así se resistió a soltar una sola lágrima, de la misma forma en que se resistió a dejar ir a Kitsune. Se sentía asustado por los gritos de su hermano mayor, ya que era la primera vez que los escuchaba dirigidos hacia él.

-¡Me necesitaba y lo cuide! –balbuceó Sasuke con voz ahogada, tratando de contener el llanto. Itachi entrecerró molesto la mirada al percatarse de que su hermano aumentaba la fuerza con la que sujetaba al otro niño, y que ahora demás el rubio había pasado sus brazos por el cuello del moreno-. ¡Ahora es mío! ¡Mío! –chilló el moreno con insistencia.

-¡No lo dejare contigo! Es peligroso –masculló el domador del Akatsuki, cada vez más irritado por la actitud consentida que mostraba el niño moreno-, nunca permitiré que el chico se quede en el circo. Más vale que te despidas de tu nuevo amigo porque será la última vez que lo veas –le prometió Itachi.

Con un último tirón por parte del primogénito Uchiha, Kitsune fue arrancado de los brazos de su autoproclamado dueño, y Sasuke terminó tirado sobre la tierra, a los pies de su hermano mayor. Justo cuando el adolescente pensaba que se había pasado con el niño, la reacción del rubio que todavía sujetaba por la muñeca hizo que el muchacho volviera a poner un semblante disgustado.

-¡Sasuke! –gritó el niño de ojos azules, estirando sus pequeños brazos hacia la persona que lo había cuidado durante tantos días, y a la que ya le había tomado cariño. El nuevo integrante de la familia Uchiha también parecía a punto de llorar.

Al escuchar el llamado desesperado del otro infante, Sasuke se levantó lentamente, apoyándose sobre sus codos, por lo que Itachi no pudo ver como el niño tomaba un puño de tierra entre sus manos, hasta que las piedrecillas golpearon el rostro del mayor.

-¡Te odio! –gritó el niño moreno, golpeando a su hermano en la espinilla, quien no tardó mucho en soltar una maldición debido al dolor.

Itachi abrió la boca para regañar a Sasuke por su comportamiento violento, pero la imponente figura de su padre al pasar delante de él lo obligó a permanecer en silencio.

-Lleva a mis hijos al remolque –le dijo Fugaku a Mikoto, frunciendo el entrecejo. El hombre había tomado a Kitsune por debajo de los brazos, haciendo a un lado a Itachi en el proceso, sin muchas contemplaciones, y terminó por entregarle el pequeño rubio a su esposa.

Sasuke se apresuró a tomar la mano de su madre, satisfecho de que su tesoro se encontrara fuera del alcance del adolescente, sin embargo, al ver la manera en que el niño de ojos azules buscaba refugió en el cuello de Mikoto, los ojos del moreno comenzaron a taladrar la figura de Itachi con verdadero resentimiento. El joven no supo cómo reaccionar ante la muda acusación de su hermano, por suerte, la voz de su padre atrajo nuevamente su atención.

-El Uchiha Circus ya no es tu hogar… -declaró entonces el patriarca de la familia, lo suficientemente alto como para que todos a su alrededor lo escucharan.

Los murmullos se esparcieron como una infección, los cirqueros sabían a la perfección el significado de las palabras del dirigente del circo. Ahora Itachi no tendría porque preocuparse de buscar excusas para no visitar a su madre, ya que Fugaku acababa de expulsarlo oficialmente de la carpa.

-Fugaku… -murmuró Mikoto, y el tono tembloroso de su voz no paso desapercibido para nadie. Sin embargo, su esposo se limitó a darle una mirada de advertencia, que basto para que la mujer se diera la vuelta llevándose a Sasuke y a Kitsune con ella; apenas se atrevió a dirigirle una última mirada de despedida a su hijo mayor.

-Tu voz ya no tiene ningún valor dentro de la familia –dijo Fugaku, colocándose delante de Itachi de tal manera que el muchacho ya no pudo ver a su madre-, la opinión que tengas de la adopción de Kitsune no me importa ahora –aseguró el hombre, provocando que su hijo torciera ligeramente la boca-. El niño es parte de nuestra familia y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo –fue la rotunda decisión del patriarca de la familia Uchiha.

Itachi negó tenuemente con la cabeza, negándose a aceptar el retorcido rumbo que el destino de los Uchiha tomaba, sentía que sus manos estaban siendo atadas por unas pesadas cadenas, cuyo origen era aquel niño rubio al que su familia había decidido llamar Kitsune. El adolescente estuvo a punto de abrir la boca para confesarle a Fugaku el pecado que había cometido al alejarse de la seguridad de la casa paterna, pero al final la vergüenza terminó por morderle la lengua.

-Está será la última vez que reconozca tu existencia, Itachi –dictaminó Fugaku, observando a su hijo con franca decepción, e Itachi tuvo que conformarse con aceptar estoicamente la decisión de su padre.


Hello~ Bien, aquí Zaphyrla con otra actualización, que como siempre no llegaría ustedes de no ser por mi beta y azotadora personal Hibari Kyouya :3 Lo sé, soy una masoquista~ Pero se que así me quieren, ¿o no? ¿O no? ¿¡O NO?! ;;w;; OK, dejando de lado el ataque de histeria, les recuerdo que hoy 10 de octubre, sí, es el cumple de Naruto, pero también es... ¡El inicio del 2do Festival Literario SasuNaru 2012! Oh, yeah~ (Sasuke, no te mereces a Naruto, cava tu tumba y arrójate en ella! D : ) Daré los aportes que la escuela y el trabajo me permitan, ya que como fundadora y parte del comité organizador debo dar el ejemplo, pero lo más importante es que ustedes lo hagan y que inviten a otros a hacerlo :3 Les dejo la información del Festival, y el video promocional de Circus~ Ah, por cierto, creo que Naicho viene siendo como el servicio secreto japones, creo...

Aquí está XD: w w w. youtube watch?v=wRt3vEtXuHo

w w w punto facebook punto COM /pages/Festival-Literario-SasuNaru/278607432154183?sk=info

Muchas gracias por leer hasta ahora, como dice el teacher los viernes: "Pero sobre todo sin ustedes... sin ustedes no seríamos nada" x3

Zaludos

Zaphy

Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.