Capítulo 4.
"Para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible."- (Hermann Hesse)
De verdad que no podía creer que aquello fuera posible. Me sentía completamente atada de manos, reclamándole a la vida que justo en ese momento me estuviera tratando así. Estaba plenamente consciente de que no sucedía algo grave, sin embargo tampoco era precisamente agradable la situación. Como pude, me zafé del abrazo de Keila, y luego de tomarla de las manos, corrimos rápidamente indicándole que debíamos salir de ahí lo antes posible.
Un tanto desconcertada, ella me hizo "segunda" y fue así como llegamos hasta su automóvil, sin mayor explicación. Encendió el vehículo y condujo hacia mi departamento. Luego de contarle de forma resumida lo que sucedió, me miró con incredulidad y se lamentó de la suerte que tuve durante ese día y noche. Después, con el ánimo ya en el suelo, simplemente dormimos. Al día siguiente ella se fue hacia su casa y no volvimos a contactar, hasta el Lunes que nos encontramos nuevamente en la escuela.
- ¿Ya estás mejor?- preguntó sinceramente luego de saludarme.
- Sí, de hecho nunca estuve mal. Siempre supe que nada con Dianna podría ser posible de todas maneras.
- Hablando de…- dijo mientras discretamente miraba a la rubia, quien se encontraba con Christian al marco de la puerta.
- ¿Siempre tiene que estar con él?- pregunté medio irritada. Keila solamente me sonrió.
- Podrías ser tú la que estuviera con ella como siamesas si lo desearas así, pero no tienes voluntad, ¿cómo quieres que las cosas cambien?- dijo a menara de reflexión. Tenía razón, pero igualmente no me encontraba lista para dar ese paso y además con lo de la noche del Sábado digamos que ya me había resignado a que Dianna pensara lo peor de mí. Parece que Keila me leyó el pensamiento, pues instantes después completó su discurso- No tiene porque pensar nada malo de ti, eres tú sola la que se está "poniendo el pie". Ni siquiera has hablado con ella, no sabes su forma de pensar ni de sentir. No sabes nada, todo lo estás creando tú en tu cabeza…
- No quisiera hablar de eso, ¿está bien?- le pedí sabiendo que en cada palabra contenía razón, pero sin la voluntad de querer hacer algo para cambiar la situación por la que estaba atravesando.
- Bueno, como tú quieras. Cambiemos de tema, ¿te parece?...
- Sí, por favor- le pedí.
- Perfecto. Pues entonces te diré de una idea que tuve…
- ¿Y ahora qué? Cada que dices algo por el estilo me da miedo, de pronto eres una completa desquiciada- medio bromee.
- En éste caso no será así. Se trata de lo que están anunciando en todas las pizarras de anuncio de la escuela, ¿no las has visto?...
- No…
- Bueno, pues es que están realizando un concurso donde se tiene que hacer un cortometraje en el cual tenemos que buscar generar conciencia acerca de la igualdad. ¿No te gustaría participar?...
- Definitivamente no.- le respondí en cuanto hubo terminado la última palabra de aquella frase,.
- ¿Por qué no?...
- Sabes que no soy buena "actuando". Además, ¿dónde será?... No quiero realizar el ridículo delante de media facultad.
- Relájate, Lea. Las bases son muy simples y no quieren que seas Anne Hathaway, sólo se trata de un proyecto universitario. Darán créditos en muchas materias ¡Ándale!- pidió.
- No, Keila. Siempre logras que haga lo que tú quieras, pero ésta vez me niego rotundamente a ello.- le dije de forma terminante.
- ¿De verdad me dejarás sola en esto?- preguntó mirándome de la forma en que solía hacerlo cuando me estaba amenazando.
- ¿Qué ganaré yo si participamos?- pregunté entonces, ya medio animada.
- Una noche de pasión conmigo- respondió bromeando. Para regresarle la broma le sonreí.
- Esa la tengo sin participar en concursos- dije en tono medio altanero.
- ¡Eres tan patán!- me dijo mientras golpeaba levemente mi hombro.
- Sabes que sólo bromeo.- le dije.
- Lo sé… Entonces, ¿qué dices?... - preguntó haciendo un gesto completamente irresistible. Pensé nuevamente en decirle un rotundo NO, pero recordé que todas las veces en que yo había necesitado algo, ella estaba siempre dispuesta para apoyarme a realizarlo, por lo que, por más miedo que le tuviera al ridículo, terminé aceptando sin pensar en las consecuencias.
- Está bien. Siempre y cuando no escribas un diálogo demasiado gay, con eso de que ya se te está "descomponiendo la reversa"- bromee con ella, quien sonrió y luego me dio un beso prolongado en los labios.
- Para que lo digas con fundamentos- terminó por decirme antes de meterse al salón de clases en el que se quedaría.
- ¡Nos vemos al rato! ¿Pasas por mí?- pregunté cuando ella aún se encontraba en el marco de la puerta.
- Sí, tenemos que inscribirnos- aclaró antes de perderse entre la multitud que, como ella, ya estaban llegando tarde a la clase. Me dirigí hacia el salón donde sería mi clase (y donde también vería a Dianna) y entré rápidamente, con la gran ventaja de que el profesor siempre llegaba un tanto tarde. Luego de un par de minutos, entró Dianna del brazo de Christian, con la sonrisa más amplia de lo normal, como si algo importante acabara de acontecer. Preferí no torturarme pensando en qué sería y sólo disfruté de aquel paisaje maravilloso que me significaba verla entrecerrar los ojos. Por un momento sus ojos claros se clavaron en los míos, pero al instante rompí el contacto, mirando fijamente lo "grandiosamente interesante" que era el forro de mi libreta. No sé si aluciné, pero en ese momento alcancé a escuchar un suspiro de frustración y luego ella pasó a mi lado con cierta indiferencia, hasta llegar al lugar que compartía con su novio. La clase transcurría de una forma tan lenta que por un momento quise aventarme, pero por fortuna cuando menos lo esperamos, el profesor salió a hablar por teléfono y luego de regresar al salón nos indicó que por fin terminaba aquel martirio. Tomé mis cosas lo más a prisa que pude, tanto así que en un arrebato de sorpresa, se me cayeron algunos lapiceros que rodaron por el suelo. Medio molesta, comencé a levantar algunos mientras mentalmente maldecía mi suerte, hasta que todo pensamiento se vio completamente anulado, al sentir una suavidad tan excitante como si hubiera tocado el mismo paraíso: la mano pecosa de Dianna se había adelantado a tomar un lápiz que yo tenía en la mira y se produjo un contacto entre nuestros dedos. Sonreí de una forma tan boba que seguramente si se buscara la definición de "idiotizada" en el diccionario, aparecería mi fotografía. Ella también sonrió y luego apuró a recoger algunos lápices más, todo para ponerlos en mi banca.
- Gracias- alcancé a decirle torpemente. Ella respondió "No hay de qué" y luego se levantó, para irse dejándome con el olor fresco y dulce de su perfume frutal. Me quedé completamente embelesada con un momento fugaz. ¡Estaba enloqueciendo poco a poco! Sentir sus manos se convirtió en el tacto del que mejor recuerdo tenía, y eso me llevó a pensar en la sensación que causaría tocar el resto de su cuerpo, desnudo, suave… Me ruboricé al instante con el pensamiento tan gráfico que llegó a mi mente y preferí salirme de ese estado hipnótico en el que me dejó. Guardé todas mis cosas dentro de mi bolsa y posteriormente corrí hasta el salón de Keila. Con sólo mirarme, supo que algo me había perturbado, por lo cual insistió en que le contara. Una vez que le dije lo que había "sucedido", me miró y sonrió de forma tierna.
- Me recuerdas a cuando tenías 12 años y te emocionabas porque tu vecina skater te sonreía. Esa Dianna te tiene mal- completó para luego indicarme con señas que la siguiera. Comenzamos a caminar.
- Lo sé. Es lo que me tiene tan asustada- confesé en un ataque de sinceridad.
- Ay, Lea… Es que en serio que te gusta hacerte las cosas complicadas… Pero sé que no mejorará hasta que lo desees en verdad. No puedes ignorar por siempre el hecho de que sólo tocarle la mano a alguien te haga sentir volando en la nube más alta.
- ¿Y qué hago?...
- Lucha por lo que quieres. Vuelve posible lo imposible. Sólo te diré eso.
- Muy bien…- dije armándome de valor.- Si la vida me da una señal palpable y clara, juro por la dinastía Michele que me animaré a acercarme a ella…
- Sé más clara- interrumpió el épico discurso que estaba comenzando.- Porque para lo cobarde que estás siendo, seguramente por "clara señal" querrás que Dianna se te encime sin ropa y te pida que la hagas suya- bromeó, aunque en cierta parte (que ella exageró) tenía razón.
- Me refiero a señales reales, no seas exagerada. Tampoco soy tan cobarde.
- Eso lo veremos… Entonces, ¡espero que estés alerta!- me dijo sincera. Tomándome del brazo, comenzamos a caminar hacia el módulo del gimnasio, donde se realizaban los trámites, inscripciones, y todo lo relacionado con las actividades deportivas y, en casos como éste concurso, culturales. Al llegar, comenzábamos con la inscripción cuando el novio de Dianna llegó hasta donde estábamos nosotras.
- Hola- dijo con la sonrisa perfecta que yo comenzaba a detestar.
- Hola- respondió Keila mientras yo sólo sonreía falsamente.
- ¿Se van a inscribir al concurso de los cortometrajes?- preguntó.
- Sí… ¿Por qué?...- pregunté tratando de ser lo más cordial posible.
- Porque Dianna y yo también vamos a inscribirnos, iba a ser como pareja, pero pensamos que sería más interesante si lo hacemos por equipos… ¿Ustedes ya tienen equipo?...
- También pensábamos hacerlo por parejas- dijo Keila- Pero… Creo que sería buena idea que mejor nos uniéramos a alguien.
- ¿Y si se unen a nosotros?- preguntó abiertamente. Keila sonrió con malicia. Si eso no era una señal clara, ¿entonces qué?...
- Claro que sí.- dijo al instante. - ¿Quién más estará en el equipo?...
- Dianna, otra compañera que se llama Masha y yo. Los equipos son de 5, entonces… ¿Si quieren ser las otras integrantes?...
- ¡Sí!- aceptó Keila encantada. El chico le sonrió y la miró a los ojos.
- Bueno… - dijo tomando la hoja de inscripciones y llenó los tres campos: en el primero estaba el "nombre del equipo" (en el cual puso "Pendiente"), en el segundo, el género ("Alternativo") y por último colocó su nombre, el de Dianna, el de Masha y los nuestros, luego de habérnoslo preguntado.
- ¿Y cómo vamos a ensayar?...
- Pues nosotros pretendíamos comenzar ésta tarde, ¿está bien?...
- Yo sólo puedo un par de horas, porque debo de trabajar. El Viernes tengo libre toda la tarde- indiqué.
- Entonces hoy nos quedamos dos horas y el Viernes podríamos prolongar el tiempo, ¿está bien?- preguntó con atención.
- Sí, claro.
- Bien. Nos vemos a la 1 en el aula que está cerca de la Cafetería 2. Se la pedimos prestada a la profesora de Artes y accedió- dijo guiñándole el ojo a Keila.
- Nos vemos al rato entonces- respondió ésta, mientras yo los miraba extrañada. Una vez que se perdió de vista, Keila de inmediato volteó a verme.
- No fue tu imaginación.- le dije antes de que preguntara algo, al comprender ese lenguaje que sólo nosotras comprendíamos.
-¿Me estaba coqueteando el novio de Dianna?
- Sí…
- Lo peor es que no es feo…- comenzaba a decir.
- Ni lo pienses. Por mucho que ella me guste, y creo que precisamente por eso, no te acerques a él…
- No lo pensaba hacer, ¿con quién crees que estás hablando?...
- ¡Contigo! ¡Por eso lo digo!- bromee, logrando que sonriera.
- Está bien, sólo porque se trata de ti.- comentó besándome discretamente. Le sonreí y luego salimos de ahí, para ir cada quien a la clase que le faltaba de ese día. Poco antes de las 13:00 hrs pasó a mi aula y de ahí caminamos hasta el lugar de la "cita", donde ya se encontraban los tres. Nos presentaron con Masha y puedo jurar que no aluciné que me miraba fulminantemente. Esto me extrañó, pero como jamás me ha importado lo que piensen los demás de mí, simplemente decidí omitir aquel comportamiento. Luego de un acercamiento un tanto "forzado" que propició Keila, comencé a platicar un poco con la rubia, pero siempre cuidando mi distancia. Fue ella quien comenzó la plática, por lo cual no me sentí tan incómoda. En un principio fue horrible para mí: me trababa en cada frase que quería decir, me ponía tan nerviosa que terminaba todo con un ligero alargamiento en mi voz y ya cuando lograba decir algo ligeramente coherente, el movimiento de mis manos delataba que estaba completamente nerviosa. Sin embargo, posteriormente comenzó a fluir: si habíamos aceptado estar con ella, por lo menos no podía quedar tanto en el plan de una tonta.
Luego de un par de semanas, reunirnos con ellos en el mismo sitio se hizo una costumbre y una rutina bastante agradable: a veces Christian nos llevaba un café, una flor, un dulce o cualquier detalle digno de un caballero, mientras todas nos dejábamos "consentir" simplemente. Sentí algo de tranquilidad al saber que Dianna por lo menos estaba en buenas manos.
En una de esas tardes, precisamente un Viernes, Keila me mandó un mensaje indicándome tardaría un tanto más en llegar a donde siempre nos reuníamos, porque debía hacer "algo importante". Aunque me pareció extraño, por el misterio con el que se manejó, ya que siempre había sido transparente para mí. Aún así, simplemente caminé hasta la cafetería para comprarme unas pastillas de menta y luego pensaba ir hacia la "cita" con mis compañeros de proyecto, pero algo me detuvo por un momento: agudizando mi vista, confirmé mi sospecha; en un sitio un tanto alejado de toda la gente, alcancé a ver el cabello rubio de Christian, al igual que lo castaño del cabello de Keila. Prestando más atención, me acerqué discretamente para distinguir a la perfección que se estaban besando con descaro. Ella llevaba una flor en las manos y él la cargaba con asombrosa facilidad. No supe cómo sentirme en ese momento, fue como si alguien a quien tuviera en un altar, se bajara por su propia voluntad de él y no pretendiera volver. Algo desconcertada, preferí no emitir juicios que no me correspondían, y simplemente caminé hasta uno de los salones de arte. Al abrir la puerta, noté que la rubia se encontraba ahí. Estaba apoyando sus codos sobre sus rodillas, en una posición que nunca me imaginé verla. Su cara lucía oculta entre sus brazos y sus manos suaves le cubrían el rostro. Me acerqué aún sin estar del todo segura que aquello era lo más correcto o prudente, y pude distinguir que estaba llorando. En un impulso, me acerqué por completo.
- ¿Estás bien?- pregunté haciéndola "mortal" al notarla tan frágil.
- No- respondió apenas pudo distinguir que era mi voz la que lo preguntaba. Me senté junto a ella y entonces sucedió lo que jamás imaginé: se lanzó hasta mis brazos buscando un consuelo. Accedí. Estuvimos un par de minutos en esa posición. Era tan mágico para mí, que mi corazón se encontraba a mil por hora. Sentía tanta tranquilidad con ese contacto, ¡era tan bello tenerla así! Estaba tan deslumbrada que casi olvido que el motivo de todo ello era una profunda tristeza. Su tristeza. Le acaricié el cabello mientras ella se tranquilizaba poco a poco. Sonrió con tristeza y se zafó suavemente de mi abrazo.
- ¿Estás mejor?- pregunté tontamente.
- Sí… Yo… Lo siento, Lea. Sé que somos prácticamente desconocida, pero estaba mal.
- No te disculpes- le dije logrando unir una sola oración de todas las que estaban ocupando mi mente.
- Necesitaba un abrazo- musitó.
- ¿Quieres contarme?- le pregunté animándome.
- Pues… No quiero aburrirte, así que resumiré todo en que soy una tonta.- pronunció tristemente.
- No digas eso, claro que no es así.
- Lo es. Tenía a alguien con quien había soñado formar una familia. Ya hasta sabía cuál era el nombre de mis hijos. Estábamos por casarnos, de hecho en dos meses, un día después de mi cumpleaños. Había comprado algunos trastes, una lavadora… Tenía un proyecto hecho, ¿y sabes qué?...- preguntó.
- ¿Qué?...
- Que me vieron la cara de tonta.- dijo. Comprendí al momento lo que había sucedido. Me pregunté si acaso Dianna también había visto a Christian con Keila, si no habían tenido siquiera la decencia de ocultarse bien… Simplemente la abracé.
- Llegará la persona que valga la pena- le dije con simpleza.
- ¿Existe?- preguntó mirándome a los ojos, con verdadera inquietud, como si necesitara que le dijera que sí.
- Claro que sí- respondí, callando un molesto "Yo sería esa persona por ti" que se quedó en mí, causándome un nudo en la garganta. Mirándola tan cerca lo único que quería era besarla, hacerse olvidar del idiota de Christian, calmar un poco la decepción en sus ojos… Pero no me atreví a nada. Simplemente me quedé ahí, como espectadora, inmóvil, consciente de que nunca accedería a tal dicha. Nuestras miradas eran una sola en ese momento, hasta que la puerta del aula se abrió lentamente, dejando paso a Christian, quien cínicamente tomaba de la mano a mi mejor amiga. En cuanto miró a Dianna en ese estado, se acercó.
- ¿Qué tienes, chaparra?- le preguntó abrazándola. Yo estaba muy sorprendida.
- Masha tiene a otra- le respondió buscando el consuelo que se encontraba detrás de sus músculos de atleta.
¿Masha?... ¿A otra? … Miré a Keila mientras ella me sonreía y yo estaba tan confundida como nunca.
CONTINUARÁ…
