Capítulo 5.
"Even the stars look brighter tonight… Nothing's impossible… I still believe in love at first sight…Nothing's impossible"- Depeche Mode.
("Hasta las estrellas brillan más ésta noche; nada es imposible. Yo todavía creo en el amor a primera vista; nada es imposible"- Depeche Mode.)
O el mundo se estaba volviendo completamente loco o yo no me podía ubicar en él. ¿Qué estaba pasando? No entendía completamente nada de la situación: la naturalidad con la que Keila entró tomando de la mano a Christian, las cosas inexplicables que había dicho Dianna, mi incredulidad en general… ¿En qué momento se había generado tal caos?...
- Quita la cara de babosa que tienes, Michele.- me dijo Keila, acercándose discretamente a mí.
- Es que creo que soy la única que no entiende nada.- me defendí.
- No hay mucho que entender. Te diré solo tres cosas. La primera: tengo novio nuevo, es Christian. La segunda: Dianna es su prima, no su novia. La tercera: Dianna es tan lesbiana como tú, pero más bonita.- dijo rápidamente y casi en silencio.
- ¿Qué?- pregunté en el mismo tono.
- Lo que oyes. Lo supe hoy, no me odies. Hace rato Chris me pidió que habláramos y me lo contó todo. También me contó otra cosa, pero esa no te la puedo decir.
- ¿Qué te dijo?
- No te diré. Tienes que descubrirlo- comentó guiñándome el ojo. Se levantó de la posición que se había ubicado y simplemente me jaló de la mano hacia fuera del salón.- Venimos en un momento- le dijo a Chris, quien abrazaba aún a Dianna. Él simplemente asintió. Una vez fuera del aula, me miró.
- En serio no puedo creer esto. ¿De verdad Dianna es gay?
- Sí. Su novia es Masha. Era, no sé…
- No sé qué decir…
- No digas nada, sólo ponte en acción. Creo que lo que estabas esperando, la señal clara de que tanto hablaste ya está manifestándose, ¿no?...
- No…- respondí. Me miró con incredulidad.
- ¿Cómo que no?
- Pues… Estuve platicando un poco con Dianna. Es evidente que está más que enamorada. Me resulta obvio que no tengo posibilidad.
- Lea, no sé si eres tonta o sólo te gusta aparentarlo… Es obvio que las cosas pueden ser diferentes, ¿no escuchaste lo que dijo Dianna? Masha no fue tan buen partido, ¡es momento de que tú lo hagas! ¡Anímate!
- No es tan fácil. Sabes que gran parte de los problemas que tuve con Sofía fueron precisamente que ella nunca pudo desprenderse del todo de su ex – novia. No pienso volver a pasar por eso, ya comprobé que vale más un corazón al que no ha herido nadie.
- Lea, ¡todos los corazones han sido heridos! No te diré nada más, sólo quiero que pienses las cosas. Puedes echarte para atrás y simplemente no acercarte a ella, pero ¡toma en cuenta todo! No has notado el brillo en tus ojos cuando me platicas cosas tan simples como que te miró por una fracción de segundo. Tú sola te estás haciendo imposible esto. Si no quieres cambiar la situación y prefieres quedarte con el "Nunca pasará" ya sabrás. Eres una mujer adulta.
- No me regañes- pedí haciendo puchero- Sólo necesito tener un poco de tiempo, ¿está bien?... Acaba de salir de esto, y aún ni siquiera es seguro que ya hayan terminado… Sólo quiero hacer las cosas con cuidado, no me gustaría equivocarme horriblemente y perder el "hola" que ya se digna a darme.- le dije con cierta impaciencia.
- Está bien- respondió mirándome como si yo fuera la persona más equivocada del mundo. Luego se acercó a mí y tan rápidamente como pudo me besó. - ¡Keila!- le llamé la atención, aunque sonriendo.
- Keila nada… Tenía que despedirme de ti.- dijo riéndose. Dejamos pasar un par de minutos y entramos de nuevo al aula donde estaban la rubia y Christian. La forma en que la nariz de Dianna adquirió un tono rojo, le dio un aire de ternura que intensificó lo hermosa que ya de por sí lucía ese día. Ya se había separado del abrazo de Christian y parecía estar más tranquila. Al vernos, sonrió.
- Aquí no pasa nada- dijo con entusiasmo, levantándose. - ¿Les parece si comenzamos a ensayar?- preguntó.
- Claro que sí…
Comenzamos aquello que ya comenzaba a salirnos de manera automática y así pasó poco más de una hora. Una vez que terminamos, Keila y Christian, tomados de la mano, se acercaron hasta nosotros sonriéndonos.
- Keila y yo estábamos pensando en ir al cine… ¿Quieren acompañarnos?...
- Eh…- comenzó la rubia.
- No puedo- dije sin pensarlo, como un impulso de "defensa" ante la negativa imaginaria que Dianna tendría según mi juicio.
- ¿Por qué, Leaa?...
- Sofía… Dejó algunas cosas en la casa, hoy irá por ellas.- me apresuré a mentir.
- Bueno… Ya será en otra ocasión- dijo rápidamente Christian. Sentí la mirada de la rubia sobre mí, pero en cuanto la respondí, ella se giró para ver hacia donde estaba Keila.
Les agradezco su invitación, pero no tengo muchos ánimos. Prefiero irme a casa y comer helado de chocolate hasta que me de un coma diabético.- bromeó tristemente. Keila sonrió.
- Sí, espero que en otra ocasión nos acompañen…
- Bueno, ya me voy.- dije rápidamente, mientras me acercaba a Keila para darle un par de besos en la mejilla. Hice lo mismo con Christian y cuando llegué con Dianna sentí tantos nervios que mi movimiento fue un tanto brusco. Ella sonrió al notar que choqué mi boca torpemente con su mejilla y yo me quité casi al instante para luego salir a prisa del salón, sin mirar hacia atrás. Caminé todo lo rápidamente posible que alcancé a hacer, hasta llegar a la salida de la Facultad y luego simplemente llegué en automático a mi casa, guiada por mis piernas que aún temblaban por el contacto que tuve con la rubia. No podía creer que a pesar del tiempo que llevaba relacionándome con chicas, algo tan simple me hubiera puesto tan mal. Hice cientos de teorías acerca del porqué, pero todas ellas eran tan descabelladas que opté por omitirlas y simplemente disfrutar de aquella "tortura".
- ¿Qué te sucede, Lea?- le pregunté al espejo que siempre había tenido en la pared izquierda de mi habitación. Noté que la otra "yo" me miraba confundida y luego tuve mucho miedo: había en sus ojos una chispa que nunca antes se manifestó. Quizás era momento de replantearme la manera en que estaba actuando y simplemente debía decidirme a intentar. Pero, ¿y si no funcionaba?... Ante Keila había prometido que si la vida me daba señales claras, yo actuaría… ¿Qué tanto valor le daba a mis promesas entonces?... Quería hacerlo, pero el miedo me estaba matando. Si Dianna conseguía ponerme tan mal con solo acercarse a mí, ¿de verdad podría decirle que me había enamorado locamente de ella sin siquiera conocerla?... Me miré, sorprendida de mis pensamientos. ¿Ya estaba hablando de enamoramiento?...
Necesitaba salir, hacer algo. Distraerme, despejarme y deshacerme de todos las ideas que se generaban en el laberinto que simulaba mi mente. Sin analizarlo por lo menos 10 segundos, me quité la playera y el pantalón, quedando sólo con mi conjunto de ropa interior (top y bóxer), coloqué música fuerte y comencé a bailar y cantar para liberarme del estrés, tomando una cerveza del refrigerador que luego de haber sido casi vaciada, fungió como micrófono improvisado. Sonreí un par de veces pensando en lo ridícula que seguramente me veía, y al ritmo de Billy Idol simplemente me dejé llevar al grado de llegar a la locura dentro de la cordura que me quedaba. Cuando terminó "Dancing with myself", escuché con claridad el timbre del apartamento. Completamente extrañada, me asomé por la ranura de la puerta y la poca ropa que me quedaba casi se me caía de la impresión: la rubia miraba con duda hacia la puerta, como esperando a que le abriera pero sin la seguridad de querer que lo hiciera.
- ¡Un momento por favor!- grité a prisa antes de que comenzara la siguiente canción. Corrí (por no decir que casi volé) hacia el estéreo y bajé todo el volumen, para luego ponerme la ropa que me había quitado (excepto los tenis, que se quedaron a media sala, donde los aventé cuando llegué) y luego caminé con tanta prisa y torpeza que me pegué en el dedo pequeño del pie, provocándome aquel molesto y conocido dolor. Di un pequeño alarido y luego simplemente me sobé el pie mientras seguía caminando hacia la puerta. Una vez que llegué, tomé aire para poder tranquilizarme y luego de lograrlo, abrí la puerta para encontrarme con Lena, quien sonreía de forma un tanto nerviosa.
- Hola de nuevo…
- Hola- le dije con el hilo de voz que alcanzó a salirme.
- Espero no interrumpir nada, ni ser inoportuna.
- Claro que no- le dije apenas hubo terminado la frase.- Pasa, por favor.- pedí abriendo por completo la puerta y haciendo un ademán que reforzó mi ofrecimiento.
- Gracias- obedeció entrando. Caminamos unos pasos hasta llegar a la sala y le ofrecí asiento. Ella se sentó y luego sonrió, mirando fugazmente mis tenis botados. Siguiendo su mirada los noté también y algo avergonzada los recogí rápidamente para luego llevarlos a mi habitación.
- Lo siento, es que desde niña tengo la mala costumbre de quitarme los zapatos apenas llego a la casa.- me disculpé al volver.
- No te preocupes, yo también lo hago.- dijo un tanto divertida. Simplemente nos sonreímos.
- ¿Te puedo ayudar en algo?...- pregunté luego de un silencio.
- Perdona que haya venido sin avisar. No sabía si era una buena idea, pero terminaron por convencerme Chris y Keila y me dieron tu dirección…. Espero no ser inoportuna, si tienes algo que hacer, me voy y ya, no quiero molestarte.
- No te preocupes. Ya hice lo que tenía que hacer y ahora mismo no hay nada más. Estoy a tus órdenes.- dije sinceramente.
- Bueno… ¿Crees que podamos platicar un poco?- preguntó.
- Sí, claro…
- Sé que tú y yo apenas nos conocemos, que no se pudiera decir que somos amiga so que tenemos un lazo especial, pero quise contarte todo esto porque hay algo en ti que me hace confiar. Tengo a Chris y es bueno saber que cuento con él, pero es heterosexual y es hombre… También tengo amigas homosexuales, pero platicar con ellas de lo que quiero sería ponerlas en una situación un tanto incómoda, ya que son amigas de mi ex…- Dianna hablaba con una naturalidad que me sorprendió demasiado. ¿Por qué me estaba contando aquello, si antes jamás me había dicho una sola cosa al respecto? Nuestro trato no era más que cordial regularmente.
- Puedes contarme lo que quieras- me limité a decirle- ¿Quieres algo de tomar?- pregunté dirigiéndome al refrigerador, para luego agarrar una cerveza para mí.
- Una igual, por favor- pidió sonriendo. Saqué su cerveza y se la di ya destapada. Brindamos con ellas y luego suspiró.
- ¿Y bien?...
- Pues… Es de lo mismo que te platiqué a medias hace rato…Resulta que estaba con alguien desde hace tiempo. Con Masha, para ser precisa… Teníamos muchos planes, muchas aspiraciones y compartíamos tantas cosas que ni siquiera puedo enumerarlas. Entre nuestros planes se encontraba incluso casarnos, formar una familia, irnos a vivir juntas lo más pronto posible. Yo quería que ella fuera la persona con la que despertara durante todas las mañanas que me fueran posibles, pero… Justamente hoy en la mañana me enteré de que ella estaba saliendo también con alguien más… Con una chica de primer semestre, para ser exacta- dijo haciendo una muestra de incomprensión.
- Lo siento mucho…- dije indicándole que siguiera.
- Nunca contemplé esa posibilidad- confesó.- Sabes, es como si lo esperara de todo el mundo, menos de ella…- dijo francamente. Sentí como una punzada en el estómago y luego me pregunté: ¿Quién sería tan tonta como para dejar a una mujer así o siquiera contemplar la posibilidad de hacer algo que implicara perderla?...
- Te entiendo. Es como si estuvieras lista para cualquier decepción, sintiendo la fuerza de que la persona que amas será siempre tu escudo y tu espada… Y luego es ella quien te traiciona.- completé. Ella me miró.
- Acabas de dar en el clavo- dijo para luego darle un sorbo a su cerveza.- Ahora las cosas son complicadas: le pedí que me diera espacio y tiempo para pensar las cosas, porque pretendía que todo siguiera igual. De hecho me propuso que tuviéramos una relación "informal", donde cada quien pudiera hacer lo que quisiera… Pero yo no soy así, ¿sabes?... Creo que cuando se es libre, se disfruta, pero cuando se está con alguien, se respeta… Aunque… Lo que me hace sentir ella me está haciendo dudar acerca de si en verdad podré resistirme a estar con ella aunque sea de esa forma…- dijo en un rápido y pequeño discurso, mientras yo sentía que alguien metía la mano en mi pecho y apretaba mi corazón como si fuera una hoja de papel.
- Tú debes tener perfectamente claro lo que vales.- le dije- No te conozco mucho, pero es obvio que eres de esa clase de personas que vale la pena, por lo cual tienes que darte tu lugar. Está bien si tienen algo informal siempre y cuando tú lo desees y te sientas cómoda con ello. Debes de tener en cuenta que al aceptar algo así pierdes completamente los "derechos" de la monogamia, de las cosas que aparentemente te gustan.
- Lo sé- dijo.- Es por eso que me encuentro tan confundida. Estar con ella implicaría encontrarme traicionándome, haciendo algo que, aunque no juzgo, tampoco estoy del todo de acuerdo con ello. No es para mí, a eso me refiero- completó tristemente su idea.
- Entiendo lo que me estás diciendo. Sé que en éste momento estamos hablando de lo que te sucede a ti, pero me atreveré a hablar de mí, porque nos encontramos en una posición parecida y a veces es más fácil ver las cosas desde otra perspectiva…
- Claro, cuéntame- dijo tomando otro trago, ésta vez uno más grande, de cerveza.
- Pues yo llevaba tiempo viviendo con una chica llamada Sofía. Llevábamos mucho tiempo como novias y… Bueno, simplemente las cosas dejaron de ser como antes. Es decir, entiendo que después de un tiempo ya no se siente la misma locura inicial de cuando está plenamente encendido el enamoramiento, pero… A veces se llega a un punto en el que reaccionas y tratas de rescatar lo que te une con esa persona o dejas que todo se vaya al diablo. En mi caso, dejamos que todo se fuera… No sé si por su parte hubo otra persona alguna vez, yo puedo asegurar que por mí, nunca… Pero el punto es que todo se terminó. Sé que hay cosas que siempre nos unirán, porque eso es natural. Tendremos recuerdos, tenemos amigos, tenemos lugares, tenemos tantas cosas que es imposible olvidar… Pero ya no estábamos bien juntas, ¿sabes?... Ya eran más las cosas malas que las buenas.- comenté mientras ella me prestaba atención.
- Eso es doloroso, ¿no?...
- Mucho, pero al final te haces consciente de que tienes que actuar por lo que es más sano para ti. Aún así, es un proceso complicado- confesé. Ella me miró entendiendo perfectamente de lo que hablaba. Sus ojos lucían tan hermosos que por un momento me ruboricé. Al notarlo, ella simplemente giró la vista hacia otra parte y dio otro trago a su cerveza.
- Es bueno saber que no soy la única que se ha sentido así…- comentó.- Salud por ellas, supongo.- me dijo con cierta gracia, para brindar nuevamente. Le sonreí y luego seguimos con una plática muy interesante, en la que ella se hizo una persona más cercana a mí, de alguna forma. Noté de inmediato que teníamos cosas en común, que pensábamos similar en muchos sentidos y que nos llevábamos bien. Nos divertíamos cuando decíamos alguna cosa rara que quizás sólo nosotras comprendíamos en ese momento, e igualmente teníamos empatía cuando la plática se tornaba un tanto más seria. Estaba tan entusiasmada a su lado, que preferí a omitir los pensamientos un tanto "intensos" que llegaban de vez en cuando, con mi cada vez más desinhibido raciocinio que se liberaba con el paso de las bebidas que tomábamos. En determinado momento de locura, comenzó a sonar en el apartamento a un volumen un poco alto la música que suelo escuchar cuando me siento triste (música alegre, para salir de ese estado) y la rubia, también desinhibida, cantó alegremente mientras bailaba al compás de las guitarras y las voces. Sonreía y yo sentía que el mundo giraba más rápidamente: no recordaba haber visto otra cosa mejor, otra sonrisa que me inyectara a mí misma de vitalidad, de ganas de sonreír también. Verla olvidándose un tanto de que se encontraba mal, me causó una sensación de bienestar increíble, me hizo sentir útil, llena de vida. Pensé por un momento que explotaría de felicidad y enloquecería de tal manera que me lanzaría a sus brazos y le haría sentir con besos todas las cosas bellas y hermosas que ella me hacía sentir con su sola existencia.
Un ángel había visitado mi departamento y eso me hacía el ser más feliz. Ella sonreía tan ampliamente que llenaba de dicha todo lo que se encontrara a su paso. En un momento se disculpó para ir al baño, y con un poco de mareo y luego de mis indicaciones, se dirigió hacia allá. Justo cuando creí que todo era perfecto, el ruido del timbre sonó con insistencia, de forma prácticamente desesperada. Muy extrañada, abrí la puerta sin tomar la precaución de ver quien era, para encontrarme con la belleza de Sofía, quien me miraba ya medio molesta.
- Llevo mucho tiempo tocando, Lea…
- Lo siento… Estaba escuchando música y no escuché el timbre- me disculpé cuando pude hilar palabra.
- Si lo noté- dijo ya un tanto más calmada - Toqué porque ya no vivo aquí y no hubiera sido correcto que entrara como si nada. Sólo vine a ver si podemos hablar un minuto… He estado pensando las cosas, no puedo sacarte de mi cabeza, y te extraño tanto que me voy a volver loca…- dijo haciendo realidad mi mentira de que me visitaría.
- En éste momento no creo que sea oportuno…- comenté, pero fue demasiado tarde. Entró por la puerta antes de que pudiera hacerle notar que no era adecuado y se acomodó en la sala, notando curiosa todos los envases vacíos de cerveza que estaban en la mesa de centro. Su mirada recorrió por completo el departamento, como si estuviera buscando algo, pero cuando finalmente se encontró con que ese "algo" en realidad era "alguien", todo pareció decepcionarla: D ianna caminaba alegremente por el pasillo que conducía al baño, llevaba el suéter que todo el tiempo le cubrió ésta vez en sus manos, recién despojado. Su cabello acababa de ser refrescado con agua y el rubor en sus mejillas causado por tanto reír le daba una belleza extraordinaria.
- ¡Listo!- dijo sin notar la presencia de Sofía, quien al instante se levantó y me fulminó con la mirada.
- Eh… Dianna, te presento a Sofía…- dije como tonta reacción. La rubia sonrió de forma incómoda y estiró la mano para poder saludarla. Sofía le correspondió.
- Mucho gusto- le dijo de forma seca.
- El gusto es mío- dijo Dianna para luego reaccionar y mirarme.
- Eh… Lea… Yo ya me voy… Gracias por todo… Nos vemos después…- dijo rápidamente mientras sus manos pecosas se entrelazaban nerviosamente.
- No es necesario- dijo Sofía mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta- Sólo vine a verificar que siguiera viva porque no se ha dignado a responderme los mensajes- mintió, pues nunca se había comunicado conmigo de manera alguna. La rubia no supo que decir y yo menos, sentí que el mundo se venía abajo. Sofía llegó hasta la puerta y me miró desde fuera del apartamento.
- Sofía, yo…- comencé a "disculparme", aunque no tenía realmente un motivo para hacerlo.
- No han pasado ni dos meses, Lea. Y yo de estúpida viniendo hasta aquí a decirte que te extraño… En fin… Por lo menos es bonita- dijo con tristeza y enojo.
- Sofía, no…
- No importa. Que estés bien Ya me di cuenta de que sigues siendo la misma persona de siempre….- dijo mientras se despedía y miraba a la rubia, quien incómoda, sólo miraba hacia cualquier otra parte. Una vez que Sofía no estuvo ni remotamente cerca, me desplomé sobre el sillón y tomé un trago de cerveza.
- ¿Estás segura de que no era mejor que me fuera para que hablaras con ella?- preguntó atenta.
- No es necesario. Tengo claro que ya no quiero estar con ella- dije sin comprender del todo, sorprendiéndome con esa declaración. – Mejor acompáñame y sigamos con lo que estábamos- comenté subiendo de nuevo el volumen de la música y tomando tragos de cerveza. Ella sonrió y siguió con mi juego no sé por cuanto tiempo. Lo último que recuerdo de la noche es cuando me acosté con dificultad en el sillón luego de haberla llevado a mi recámara a que se durmiera.
A la mañana siguiente abrí los ojos un tanto exaltada, pidiendo que lo de la noche no fuera nuevamente un sueño, y me tranquilicé al mirar todos los "rezagos" de la noche anterior: las botellas, las botanas, los cd's regados por todos lados… Y el aroma del perfume de Dianna impregnado no sé porqué motivo en mi ropa. Me desperecé para luego levantarme y caminar hacia la cocina: necesitaba urgentemente hidratarme. Luego de tomar un vaso de agua, esperé un poco esperando a que Dianna saliera de mi habitación: ¡moría por verla recién despierta! Sin embargo con lo único que me encontré fue con una nota escrita en hermosa caligrafía y con una ortografía implecable.
"Gracias por todo, me hizo mucho bien platicar contigo. Entendí muchas cosas y me ayudaste a comprender otras tantas. Tuve que irme apenas llegada la mañana porque no avisé que no llegaría a casa, pero nos vemos pronto"- decía, llenándome el rostro de alegría. Había un "posdata".
"Es bueno saber que tengo una nueva amiga"- se leía al fondo de la hoja, justo antes de su nombre a manera de firma. La sonrisa se me desdibujó: aunque Dianna ahora estaba más cerca, probablemente siempre sería mi imposible.
CONTUNUARÁ…
