Capítulo 6.

La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible.-
(Arthur C. Clarke)

En cuanto pude recuperarme un poco (hidratarme, limpiar el apartamento y tomar un buen baño), le llamé a Keila para pedirle que nos viéramos, aunque de cualquier manera ella venía ya de camino a mi casa, seguramente sospechando que teníamos mucho que platicarnos. En cuanto llegó, se lanzó a mis brazos y me dio reverendo beso en la mejilla. Sus ojos tenían una chispa que nunca había notado en ellos y el darme cuenta me llenó de mucho entusiasmo y alegría, pero al igual que yo percibí sus emociones con tan sólo una mirada, ella lo hizo conmigo.

- ¿Qué tienes? ¿Por qué esa mirada triste?- preguntó pasando, sabiendo que aquella casa era también más que suya, mientras se dirigía al refrigerador y sacaba una botella de vino tinto que yo siempre tenía enfriado para la clase de plática que mantendríamos. Mirándome y de una asombrosa y automática manera, sacó dos copas de la alacena y sirvió del líquido grana en ellas, mientras yo simplemente la miraba divertida.
- Pasa que me siento como una tonta adolescente sin saber qué hacer en estos casos en los que bajo otras circunstancias, tendría una solución rápida y efectiva.- le dije viéndola venir con las copas en una mano y la botella en la otra.
- ¿Si vino Dianna a buscarte ayer?- preguntó sonriéndome.
- Sí, de hecho se quedó a dormir…- comencé. Antes de que pudiera proseguir, ella sonrió y alzó la mano como gesto de camaradería para que yo chocara la mía con ella. Correspondí a su gesto, pero con el rostro adornado de una sonrisa seguramente triste.
- ¿Y qué pasó? ¿Fue cómo lo has imaginado?- preguntó.
- No pasó nada- dije simplemente. Ella se sorprendió.
- ¿Y entonces?...
- Sólo nos emborrachamos, platicamos de algunas cosas, creo que le sirvió como desahogo respecto a lo de Masha y ¿sabes? Eso está bien…
- ¿Está bien? ¿Desde cuándo está bien que una persona que te gusta te diga lo mucho que quiere a otra? ¿O es que en tu planeta de origen tienen esa costumbre?- preguntó tratando de hacer más amena la situación, lo cual funcionó, porque sonreí.
- No, no es costumbre de Michelandia ni nada por el estilo… Sólo me refiero a que me parece bien que se haya sentido mejor después de haber platicado conmigo, ¿me explico? Cuando llegó lucía un tanto triste, pero mientras estuvo aquí no parecía ser de esa forma… Me alegró cambiarle al menos por un rato su gesto de tristeza por una sonrisa. Eso es lo que quiero decir.
- Eres un amor de niña- dijo una vez que se dio cuenta que por el momento no planeaba continuar.- Lea, ¿a qué precio estás consiguiendo su sonrisa?...
- No importa.- aseguré.
- Claro que importa. No me has hablado abiertamente, pero sé perfectamente que estás enamorada. Es algo que se nota y que va más allá de ti, ¿sabes?... ¿De verdad crees que puedes engañarme?...
- Sé que no- admití un tanto ruborizada.
- Y otra cosa: ¿crees que puedes engañarte a ti misma?... Sé que a veces las cosas se ponen un tanto difíciles, y creo que en caso de que yo supiera que Lena sólo te gusta, te recomendaría que insistieras y buscaras, pero … Estás enamorada. Y fue como los amores de verdad: intempestivo, rápido, intenso… Entonces, ¿qué vas a hacer?... Buscar o conformarte con su amistad sería lo más estúpido que hagas en tu vida. ¿Sabes por qué?... Porque es un lazo que siempre tendrás presente. Imagínate que eres su amiga y que después de un tiempo le dices que mejor prefieres tratarla como pareja, que te deje intentarlo o lo que sea… ¿Sabes qué?... Aunque ella acepte y lo intenten, nada te va a asegurar que su relación sea para siempre, siempre corremos el riesgo de que terminen las cosas por cualquier razón, y entonces estarás en un doble duelo: habrás perdido una novia y a una amiga.
- Vas muy rápido..- le dije.
- La vida es la que va muy rápido. No quiero que en unos meses estés lamentándote porque eres su amiga y quisieras ser algo más- comentó con la sabiduría de siempre.
- Te admiro mucho- le dije mirándola a los ojos.- Para muchas personas (y me incluyo en ellas) eres alguien muy atrabancado, muy alocado y una sinvergüenza que vive su vida como quiere- comenté mientras sonreía- Pero lo cierto es que pocas son las personas valientes que se atreven a hacer las cosas y no se andan con rodeos para conseguirlo. Algún día me armaré de valor y haré lo mismo… Pero por el momento sólo me voy a conformar con ser su amiga, ser una persona cercana y de ser posible, ayudarla a superar todo lo que sucedió con Masha, ¿de acuerdo?
- No estoy de acuerdo, pero conozco tu necedad y no te voy a decir nada más. Por cierto, ¿cómo va tu proceso con Sofía?...
- Ni me recuerdes de eso- dije a manera de expresión.
- ¿Qué sucedió?
- Vino a hablar conmigo ayer, justamente a media "fiesta" con Dianna.
- Se te juntaron las féminas…- bromeó.
- Algo así. Fue muy incómodo.
- Me imagino. ¿Y qué quería?...
- Me dijo que me extrañaba y que había pensado en mí, ya sabes, lo que dicen todas las personas que terminan una relación y después se sienten con el derecho de reclamar lo que "es suyo".
- Qué horror… Y quiero pensar que la mandaste completamente lejos, ¿no?...
- No hizo falta. Al ver a Dianna, ella pensó lo peor y se fue.
- ¿Crees que sea definitivo?...
- No sé… Pero en cierto punto no me importa.
- ¿De verdad?...
- No. – acepté, aunque ella seguramente ya conocía la respuesta.- Sabes lo que significa Sofía para mi vida, no hay manera de que no me importe, aunque fue ella la que decidió irse. De todos modos y aunque en éste momento estoy muy entusiasmada con Dianna, la posibilidad de que se de algo es completamente nula…
- No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra- dijo mirándome. Para ser franca, yo tampoco comprendía lo que dije.
- Nada…
- Estás loca.- comentó.
- Lo sé… Pero bueno, ya basta de hablar de mí, tienes qué contarme lo que sucede con Christian… ¿Cómo pasó todo sin que me diera cuenta?...
- En realidad ni nosotros nos dimos cuenta- admitió.- Algunas veces nos encontramos por los pasillos entre las clases, apenas nos saludábamos y aunque a mí me gustó desde siempre, preferí no inmiscuirme en su vida, porque también pensé que era novio de Dianna. Pero ayer que se me declaró, fue muy raro… Yo iba saliendo de clase, y de pronto lo vi ahí afuera, esperando. Traté de pasar de largo, pero se acercó a mí y me pidió que habláramos un momento. Acepté aunque me extrañó su petición. Fuimos a un lugar más privado, me dijo que le gusto desde la primera vez que me vio y, lo cito: "Sé que no nos conocemos, pero precisamente porque quiero que lo hagamos, me acerco a ti de ésta manera. No considero oportuno presentarme como un amigo, porque no es eso lo que quiero contigo. Te digo abiertamente que me gustas y que quiero saber si soy correspondido, para poder tomar las acciones necesarias"- dijo tratando de imitar (sin éxito) la voz varonil de Christian. Luego sonrió.
- ¿Y cómo hiciste para no derretirte como lo estás haciendo en éste momento de sólo recordarlo?- le pregunté al notar el resplandor de su mirada.
- No sé. Es algo muy raro, Lea. Me encantó que fuera tan directo conmigo, que me tomara por sorpresa de esa manera. En estos tiempos es difícil encontrar a alguien que no se asuste con la franqueza, ¿sabes?... – dijo con verdadera ilusión.
- Lo sé. Me alegra mucho por ti… Y dime, ¿qué tal todo lo demás?...- pregunté con cierta picardía.
- No besa mucho mejor que tú- dijo abruptamente, tomándome tan desprevenida que enrojecí.- Pero se defiende bastante. Es que digamos que Katy Perry tiene cierta razón en cuanto a los besos de las chicas- bromeó.- Pero fuera de eso, él besa de una forma que me hace temblar, ¿sabes?... Además es muy cariñoso, pero no cursi. Es un caballero… Y creo que su brutal sinceridad es muy interesante. No sé, simplemente estoy impactada con Christian Agron.
-¡imagínate que tú y yo termináramos siendo familia política!- seguí la broma.
- Seríamos primas… Y recuerda que a la prima…
- ¡Basta!- la interrumpí sonriendo. – Deja de decir barbaridades, mejor dime, ¿cómo es tu relación con Chris?...
- En éste momento, no es nada formal…
- ¿Eso qué significa?...
- Que tenemos ciertas libertades. Creo que eso también me gusta; no es el típico patán que va por la vida haciendo promesas que no está dispuesto a cumplir.
- ¿No que era todo un caballero?...
- La verdad es lo que lo hace caballero- dijo con cierta poesía. Sonreí.
- Te trae loca- le dije mientras ella me devolvía una mirada cómplice. Toda nuestra plática transcurrió al mismo tiempo que vaciábamos copas de vino tinto. Llegada la tarde, cambiamos el alcohol por agua mineral y acompañadas de botanas como aceitunas y palomitas de maíz, mejor nos dedicamos a ver algunas películas, aprovechando que no teníamos compromiso alguno. Keila se quedó a dormir en mi casa como acostumbraba cuando la noche nos sorprendía, y a la mañana siguiente, luego de haber desayunado y terminar de ver la última película (que dejamos inconclusa la noche anterior) se bañó y vistió con algo de mi ropa, y yo la imité. Cerca de la 1 de la tarde, me sonrió con picardía, luego de salir de mi cuarto y con su móvil en la mano.
- Hola, Lea- saludó a pesar del tiempo que llevábamos juntas.
- Esa sonrisa me da miedo.- comenté viéndola dirigirse hacia mí.
- Y tienes toda la razón en temer- aseguró.
- ¿Qué hiciste?...
- Nada. Bueno, en realidad, una doble cita.
- ¿Eh?...
- Que te apures, porque Dianna y Christian pasan en media hora por nosotras. Iremos al cine y luego a ver a dónde nos lleva la tarde.
- ¿Qué?- pregunté incrédula. - ¿Es en serio?
- Sí. ¿A poco no soy genial?- interrogó.
- ¡Sí!- le comenté brincando de alegría sin poder evitarlo. Un tanto avergonzada por mi reacción, me tranquilicé y busqué la mejor ropa que encontrara en el armario.
- Pareces niña de 15 años- comentó Keila, quien videojugaba en la sala para cuando salí de la habitación.- Pero me da gusto verte así- aseguró.
- ¿Me veo bien?- pregunté poniéndome delante de ella. Luego de pausar el juego y mirarme, sonrió.
- Bastante. De hecho si no estuviera a punto de llegar mi novio y tu futura novia, haría que me llevaras de nuevo a la cama.
- ¡Keila!- reclamé mientras ella se carcajeaba.
- Ay, es broma- aseguró, aunque luego me alzó la ceja de manera seductora.
- Eres una tonta… Deberías de…- no pude terminar mi frase, ya que en ese momento el timbre del apartamento sonó y brinqué nuevamente, quizás nerviosa.
- Y tú eres una puberta sin control. Procura no hacerlo tan obvio- comentó mientras abría la puerta lentamente. Christian se encontró frente a ella y acercándose le dio un beso muy rápido en los labios. Tan pronto se "despegaron", noté que Dianna los miraba divertida desde detrás de él. Lucía realmente hermosa: su cabello, tan lacio como siempre brillaba de manera espectacular, quizás por alguna crema para peinar o sílica, parecía modelo de alguna marca de shampoo. Llevaba los ojos delineados de una manera muy sutil, lo cual hacía que el verde de aquella mirada luciera tan fuerte y tan profundo que tuve la teoría que de mirarla segundos más, hubiera quedado hipnotizada. Su cuello iba cubierto por un corbatín en el mismo tono lila que la camisa a cuadros (muy femenina) que llevaba, sobre la cual lucía una chamarra de piel en tono negro, como el azabache de su pantalón medio entubado. Sus pies, por último, estaban cubiertos por unos tenis VANS en color oscuro. Era una rockstar seductora por completo y mi vista la deleitaba con devoción.
- Hola- dijo tímidamente mientras agitaba su mano.
- Hola- respondí. Ambos pasaron al departamento. Christian me saludó con un beso en cada mejilla y luego Dianna lo imitó, pero agregando un abrazo que me hizo estremecer. Sentí fugazmente la mirada de Keila y del chico, y me ruboricé. La rubia me soltó un momento después, dejándome su aroma dulce en lo más profundo de mi pecho.
- ¿Ya saben qué película veremos?- preguntó Christian al notar nuestro silencio.
- Aún no- respondí apenas pudiendo hilar una frase.
- Pues la que esté en cartelera, podemos verificar allá, ¿no?- intervino Keila. Todos estuvimos de acuerdo con su comentario, y luego de que ofrecí un vaso de agua (que aceptaron), salimos del apartamento para llegar hasta el automóvil un tanto ostentoso de Christian. Keila abordó en el lugar del copiloto, dejándome al lado de la rubia, quien esporádicamente me miraba en silencio y me sonreía, quizás ya consciente de que cada vez que eso pasaba, mi corazón se detenía por milésimas de segundo ante el impacto. Luego de unos minutos, llegamos hasta la plaza comercial que quedaba cerca de la casa de todos, y entramos directamente al cine. A pesar de que Chris y Keila iban tomados de la mano, jamás nos dejaron atrás y contrario a ello, nos incluían en todas las conversaciones posibles. Luego de pasar 10 minutos eligiendo la película y otros 15 en la dulcería comprando todo lo que a Keila se le antojó, entramos finalmente a la sala 8, donde se proyectaba una película tremendamente cursi. Todos los que se encontraban en el lugar eran pareja o amantes o amigos con derechos o no sé qué más, pero igualmente era un tanto incómodo el ambiente romántico que se sentía. Procuré muchas veces no establecer siquiera contacto visual con la rubia, sabiendo que si miraba un poco, querría que se lanzara a mis brazos y me diera tremendos besos similares a los que Keila y Christian se regalaban. Justo en medio de una escena erótica entre dos chicas, ocurrió lo impensable: la mirada de Dianna y la mía se cruzaron por fracciones de segundos que fueron suficientes para ruborizarnos rápidamente. Aún nerviosa y mientras en la pantalla se dibujaban dos cuerpos de mujer (perfectos por naturaleza) explorándose sin temor, mi mano accidentalmente se resbaló, colocándose en el descansabrazos donde la de Dianna se encontraba también. En medio de dulces suspiros de las co- protagonistas de la cinta, hice contacto con la rubia, quien no retiró su mano; fui yo quien al sentirla, quité la mía rápidamente, espantada de que aquello se pudiera malinterpretar. No sé cómo habrá sido mi gesto, que ella sonrió pícaramente, invadida de una verdadera gracia que me hizo notar que aquello no le había molestado. Ya segura de no haberla incomodado, sonreí también y giré la vista. Ella me miraba profundamente. Estaba tan cerca de mí que hubiera podido ver la forma exacta de cada parte de su rostro. Me sentí profundamente nerviosa, el piso se movió y casi pude jurar en ese momento que todo el planeta giraba 90 veces más rápido que de costumbre. Era en ese momento o jamás. Sonreí nerviosamente y me acerqué poco a poco. Ella estaba cerrando los ojos; sabía que también pensó que el contacto entre nuestros labios sería inevitable, sin embargo… Ella sonrió tímidamente y luego de separarse un poco, se acercó nuevamente, colocando su cabeza en mi hombro y enredando su brazo izquierdo con mi brazo derecho. Suspiré aunque logré cierta discreción, haciéndolo en silencio. No me atreví a mirarla durante el resto de la película, y cuando salimos a comer, evité caer en su mirada. Para mi fortuna, Keila tenía tarea pendiente y sugirió que ya nos fuéramos para poder hacerla en casa. Nos dirigimos hacia su hogar, y luego, por insistencia de Dianna, me llevaron a mi domicilio, aunque yo quería evitarles la molestia. Una vez que llegamos, la rubia se bajó del automóvil y me acompañó hasta la entrada del edificio donde estaba mi morada.

- Gracias por traerme. Nos vemos mañana en la escuela.- le dije a Christian mientras comencé a descender también.
- ¡Gracias a ti, Lea! Que estés bien- se despidió con la educación de siempre. Una vez que llegué hasta donde se había adelantado Lena, ella me miró sonriéndome.
- Ya se lo dije a Chris, pero muchas gracias por traerme- dije despidiéndome con un beso en la mejilla.
- Gracias a ti por la tarde que pasamos. Espero que mañana nos encontremos en clase- me dijo para corresponder mi gesto de partida. Le sonreí y luego di la vuelta. Cuando caminé algunos pasos, su voz me hizo girar para verle. – Lea…
- ¿Qué pasa?- pregunté aunque con la misma distancia.
- Yo también tenía muchas ganas de besarte, pero no era el momento - dijo, desconcertándome. Durante unos segundos no supe ni qué había escuchado.
- ¿Eh?...- alcancé a decir.
- Olvídalo… Nos vemos mañana- dijo para luego carcajearse con lo graciosa que le resultó mi reacción. Cuando pudo dejar de reír, me guiñó el ojo mientras se mordía el labio inferior y luego subió a prisa al auto. Todavía sin reaccionar, noté que Christopher arrancó y se perdieron de mi vista. Pude jurar que me sentía hasta mareada por todo lo que aquellos gestos me habían perturbado, así que en cuanto recuperé algo de cordura simplemente entré a mi apartamento en modo automático y me tumbé en el sofá pensando en todo lo que sus palabras y ademanes significaron. Sonreí al imaginar cómo me vería: ilusionada como cuando tuve mi primera novia. Con el humor bastante dulce, comencé a reproducir música en la guitarra que hacía tiempo no tocaba y de la nada surgieron unos versos que terminaron en una bella canción. Luego de revisar no tener pendientes de la escuela, me dormí plácidamente, con una gran sonrisa en el rostro, sin tener certeza alguna, pero muy entusiasmada y suspirando por lo que estuvo a punto de suceder en el cine; algo que también ella deseaba.

CONTINUARÁ…