¡Hola, hola!
Normalmente los comentarios de la autora los escribo al terminar el capitulo, aun en word, y evito ponerlos al principio porque hace mucho tiempo aprendí que les aburré leerlos y que lo que realmente quiere el lector es pasar directo a la historia. Sin embargo, hoy cuando abro mí cuenta en ff me encuentro con un mensaje en privado de una autora en el fandom, a quién le mencionaron que este fic es muy similar a los que ella ha escrito y como una respuesta normal, ella reviso mí fic y me escribió, pues así lo siente.
Llevo mucho tiempo escribiendo en fanfiction, tengo 45 fic publicados (y unos tantos borrados) que los prueban, algunos inconclusos otros no, y en tanto tiempo que llevo en este mundillo es la primera vez que me ocurre algo así. YO NO PLAGIO, esa es mí regla de oro. Cada uno de mis fic son fruto de sudor y lagrimas, y de dejar abandonada mí tesis. Pero entiendo a la autora, es más la apoyó y la he invitado a que sea ella quién juzgue mí trabajo con este segundo capitulo, sí sigue sintiendo lo mismo retiraré el fic gustosamente.
¿Y por qué hago tal monologo? Porque necesito decírselo al mundo, no solo a ella. Yo no plagio, ni quiero hacerlo. Tampoco me la quiero dar de victima y que digan pobrecita, ya que esa tampoco soy yo. Soy directa, no puedo evitarlo y creo que necesitaba dejar claro ese punto.
No tengo más que decir, tan solo espero que les guste este segundo capitulo. Atentamente, Green.
Disclairmer: Ni los personajes ni la trama me pertenecen, yo solo soy una fans que tome prestado los personajes para satisfacer mi espíritu de fan.
Walking along an extended road
(Caminado a lo largo de un extenso camino)
I
Cuando la muerte arrasa con el mundo.
"El Gobernador apareció justo en nuestras puertas. Quizá si no hubiese parado de buscar. Quizá porque me rendí. Fue mi culpa. Y tu padre. Podría haberlo salvado. Tal vez yo podría haber hecho algo." - Daryl Dixon. 04x12. The Walking Dead.
"Siempre llevo mí diario conmigo, es una costumbre adoptada después de tantas veces en la que Shanw intentó quitármelo de las manos cuando éramos niños. Es una suerte que lo haya llevado conmigo cuando el Gobernador ataco a la prisión, por lo menos no lo perdí como el resto de mis pertenecías.
Es el único recuerdo que me queda de mí antigua vida, de mí padre, de mi familia y de la prisión. Lo he perdido todo, este nuevo y miserable mundo se los ha llevado como si fueran cenizas al viento.
Solo quedamos nosotros tres, nadie más. No quiero perderlos, no puedo permitirlo. "
"Erase una vez una prisión, la cual fue atacada por un hombre muy malo y sus seguidores."
Percibía el mundo de una manera diferente. Lento, intenso, desolador. El corazón le latía frenéticamente, la cálida piel de Maggie rozaba su brazo, el arma en su mano le pesaba. La sangre fluía con rapidez por sus venas y empapaba cada una de sus células, la brisa le acariciaba el rostro con delicadeza y la luz del sol que le bañaba le arrancaba destellos a la lisa superficie de la espada que el Gobernador alzaba ante ella, su padre en frente de él.
Apenas un respiro, una última mirada.
Sus ojos verdes se encuentran por un instante con los de su padre, en ese momento tan distante de ella. En sus pupilas puedo apreciar tintes de orgullo - ¿Se sentiría orgulloso por las palabras de Rick o por ellas, sus hijas que se preparaba para dejar?-, miedo – No más, nunca más- y una tristeza infinita – No, él no se merecía un final así-. Y finalmente paz, resignación, la expresión de un hombre que está preparado para su propia muerte.
La espada desciende rápidamente cortando el aire a su alrededor más a ella se le antoja un movimiento lento, prácticamente infinito, más destellos provenientes de la reluciente superficie del arma. Escucha un zumbido que fácilmente podría confundirse con el eco de sus lágrimas cayendo al suelo. Luego todo se tiño de rojo, pequeñas gotas que salen despedidas por el aire y la burbujeante marea que ahora brota de la sonrisa sanguinolenta que se dibujaba en el cuello de su padre. Un nuevo golpe, y supo en ese instante que no volvería a oír la voz de su padre nunca más, ni vería sus sublimes sonrisas o sentiría la calidez de su mano sobre la suya. Él se había ido, como todos los demás.
Un grito brota de sus labios, desgarrándole las cuerdas vocales. La reja ante ella se sacude furiosamente, Maggie se aferra a ella completamente trastornada. Ella también lo hace, deseando con todo su ser alcanzar a su padre que agoniza a unos metros delante de ella, aunque muy en el fondo sabe que no importa lo que haga nunca lo alcanzará. Su padre se ha ido, se lo han arrebatado para siempre. Las balas pronto resonaron a su alrededor, ella misma se encontró disparando una y otra vez, vaciando el cartucho de su arma contra esos demonios que le habían quitado lo que más quería en ese mundo muerto.
"El hombre malo no tuvo misericordia, destruyó la prisión sin importarle los sueños y esperanzas de los que ahí vivían, sentenció a muerte a muchos buenos hombres."
Su mundo se convirtió en un torbellino de colores y ruidos, siempre acompañados por el putrefacto hedor a la muerte. Los caminantes se abrían paso hacia ellos como sí las rejas derrumbadas fueran la grieta en una represa y los muertos un río desbordante que amenazaba con ahogarlos. A su alrededor el caos se ha desatado, los vivos morían, la prisión –su hogar esos últimos meses- se derrumbaba ante ella. La sensación de seguridad volvía a ser reemplazada por el miedo, la esperanza en su interior comenzaba a desboronase.
- ¡Tenemos que escapar! – Le escucho gritar a Maggie, cuando las balas comenzaron a escasear.
Beth se dejó arrastrar a través de esa locura, sintiendo como su cuerpo no era más que una cascara vacía, como un títere que algún bufón se empeñaba en manejar.
El consejo había designado un autobús de la prisión para caso de emergencia. Por meses se habían preparado para escapar de los muertos sí las cosas llegaban a ponerse realmente mal, los residentes del lugar ya sabían que debían hacer, qué era lo que tenían que llevarse consigo. Tenían un plan de escape, una ruta que seguir, las cosas necesarias para sobrevivir fuera y volver a comenzar de nuevo, pero la verdad era que ninguno de ellos estaba listo para irse. Ninguno de ellos se había imaginado que el desastre podía llegar a tocar sus puertas. No ahora, no de esa manera.
Beth corrió con Maggie hasta llegar al autobús, o mejor dicho, la rubia se dejó guiar por su hermana hasta él. Ya no sentía, no escuchaba, apenas era capaz de apreciar como su alrededor comenzaba a derrumbarse pieza por pieza. Con cada paso que daba, un trozo de su corazón desgarrado caía y golpeaba contra el asfalto, dejando una senda de pedazos tras de ella.
- ¡¿Glenn?! ¡¿Dónde está Glenn?! – Grito Maggie, interrogando a una residente.
No oyó la respuesta pero por los gestos de su hermana supo que su cuñado no se encontraba en el vehículo.
- ¡Quédate aquí! –
- ¡MAGGIE! –
Pero debió haberlo sabido, su hermana no era de ese tipo de persona que se quedaba esperar. Ella haría cualquier cosa por encontrar a su esposo, hasta abandonarla a ella. Beth se mordisqueó los labios, tratando de alejar esos pensamientos. No los necesitaba, no en ese momento. En cambió dirigió sus pasos hacia el autobús, siendo consciente de la mirada de pena que le dedicaba alguno de sus compañeros de prisión (aquellos que no estaban muy asustados o enfermos para hacerlo). Y tan solo fue necesario esa mirada para que la imagen de la espada desgarrando la garganta de su padre se dibujara nuevamente en su mente.
"Muchas familias fueron separadas."
Las arcadas obligaron a su cuerpo a doblarse en dos y en segundos su desayuno se encontraba volcado a un lado del autobús, la misma mujer que había estado ayudando al resto de sus compañeros, ahora le frotaba la espalda. Las lágrimas amenazaban por volver a derramase sobre su rostro.
- ¿Judith? ¿Dónde está Judith? – Preguntó, una vez que se hubiera incorporado.
De repente, el dolor había sido reemplazado por la preocupación. Podía escuchar sus propios sollozos, el lamento de los refugiados y el gemido de los muertos, pero no el potente llanto de la infanta.
- ¡¿Judith?! – Volvió a gritar.
La mujer le dedicó una mirada consternada, de repente sus cálidas manos se habían tornado frías.
- No… No lo sé.- Gimió – Los niños venían tras de nosotros, pero los perdimos.- Explicó, el labio inferior temblándole frenéticamente.
- ¡¿Qué?! –Chillo la chica, no queriendo creer en sus palabras.- ¡No, Judith no!
No lo piensa, no tiene que hacerlo. Se impulsa nuevamente hacia la prisión, esquiva unos cuantos cadáveres andantes antes de llegar a los pabellones. Con todo el peso de su cuerpo empuja la puerta, encontrándose con las celdas desoladas, completamente vacía. Una sacudida le advierte que el lugar no es seguro ni para ella ni para nadie. Le dedica tan solo una mirada, un último vistazo a ese recinto que por meses se había convertido en su hogar y en donde había depositado todos sus sueños e ilusiones, así como la creencia de un futuro mejor.
- ¡JUDITH! – Grita, desesperada.- ¡MIKA! ¡LIZZIE!
Al no escuchar respuesta, vuelve sus pasos hacia las afuera del pabellón. Tiene que sujetarse del marco de metal para no caerse cuando una explosión lo sacude todo. La prisión está ardiendo, el fuego comienza a extenderse por los pabellones y una columna de humo negro se eleva hasta el firmamento.
- ¡MOLLY! ¡LUKE! – Lo intenta de nuevo, dejando un trozó de sí en cada grito.- ¡JUDITH!
Recorre los jardines sintiendo su corazón palpitar justo en su garganta, las arcadas amenazan con volver a vaciar su estómago. Reprime las lágrimas, el vacío que parece haberse instalado en la boca de él no le deja respirar. No se rinde, no debe hacerlo. Judith es su responsabilidad, la pequeña beba que le roba una sonrisa cada mañana y que tironea de su cabello como si fuera un juguete. Un rayo de luz en ese mar de muerte en que se ha convertido el mundo. El no encontrarla, el perderla, se le antoja completamente inverosímil. Ya perdió a su padre, no puede perder también a su pequeña.
- ¡NIÑOS! – Vuelve a gritar - ¡JUDITH! –
"El mundo era un lugar peligroso, la prisión ya no era segura. Pero yo no podía abandonarte, tenía que encontrarte, mi pequeña Jude"
El llanto resuena sobre la cacofonía de gritos, detonaciones y gemidos que le rodean. Se arroja a la carrera en dirección del rugido de la bebe, pues a pesar de que aún no la ve está segura que es ella. Corre con todas sus fuerzas, ignorando la punzada de dolor que le atraviesa el pecho así como la atmosfera de peligro latente que la rodea; no le importa, lo único que realmente la impulsa a continuar es la pequeña Grimes y ese instinto de mantenerla seguro a riesgo de poner en peligro su propia vida.
- ¡No! – Chilla, cuando ve un caminante acercarse amenazante hacia el asiento de la bebe que se encuentra abandonado sobre un mar de sangre y restos humanos.
Su cuerpo se mueve por puro instinto, sin ser consciente de sus acciones. Se arroja contra el muerto derribándolo y antes de que el decadente cuerpo pueda voltearse hacia ella, Beth ya ha clavado su cuchillo en su cráneo. Trozos de sesos y sangre le salpican la franelilla. Más gemidos le advierte que no se encuentra a salvo, un segundo cuerpo se abalanza contra ella y por escasos segundo es capaz de evitarlo rodando sobre sí. El muerto se tambalea, ofreciéndole la oportunidad perfecta para clavarle su cuchillo entre ambas cejas.
Habiendo eliminado esos dos caminantes se acerca a la bebe, la cual se encontraba llorando a todo pulmón en su asiento transportable. El rostro regordete de la niña se encuentra salpicado por gotitas de sangre, las lágrimas empapan sus mejillas y las pequeñas manitas se aferran fuertemente a la frazada que la envuelve. Se las arregla para liberar a la pequeña de los cinturones que la sostienen, se la echa al hombro y coge rápidamente la pañalera que se encuentra abandonada a un lado de ellas.
- ¡Ya, ya, ya! – Dice, acariciando la espalda de la pequeña, en un vano intento de calmar sus sollozos.- Todo estará bien, Judith….
Evita mirar los restos que se esparcen por el suelo, pero no tiene que hacerlo para reconocer las prendas desgarradas de Molly y ese descubrimiento vuelve a lacerar otro trozo de su alma. Se apura en alejarse de aquel lugar, no queriendo dedicarle un solo pensamiento a la penosa estampa que le ha tocado apreciar.
-"No, no, no. Tan solo era una niña"- Piensa.
En su precipitada huida no se da cuenta de la manada de caminantes que comienzan a seguirla a causa de los sollozos de la pequeña que lleva en brazos. Está tan concentrada en escapar que no ve al cadáver de una mujer lanzarse contra ella, sus brazos putrefactos apenas logran rozarla cuando una saeta que rasga el aire por enfrente de ella se clava en toda la frente del cadáver. Con un gemido se las arregla para esquivar el cuerpo que cae con un sonido seco sobre el suelo.
"Fue la primera vez (de muchas) en las que Daryl, tú tío Daryl, me salvó la vida."
Ladea su rostro lo suficiente para encontrarse con la mirada penetrante e indescifrable de Daryl Dixon.
- ¿Están bien? – Gruñe el hombre, acercándose a toda velocidad hacia ellas.
Beth asiente como toda respuesta. Su voz se ha perdido en algún recóndito rincón de su mente.
- Tenemos que salir de aquí.- Le advierte el hombre, tomándola del brazo y jalándola hacia el lado contrario.
Beth le sigue. Por encima de su hombro observa como su hogar es invadido por los muertos, quedando reducido a un montón de escombros y cenizas. El futuro que tanto había soñado se desmorona ante sus ojos sin que ella pueda hacer nada. Gira la cabeza y corre, debe sobrevivir.
"Corrimos sin detenernos y no volvimos la vista para atrás. Lo habíamos perdido todo de nuevo, tan solo nos teníamos a nosotros mismos."
Siente como cada uno de sus músculos fuera a desgarrarse en cuestión de segundo, sus pulmones arden clamando oxígeno y la punzada en un costado de su torso le advierte que no podrá continuar con ese ritmo por mucho tiempo. Daryl por delante de ella no pareciera querer detenerse, el sudor le empapa los brazos, le ha humedecido el cabello. Judith se ha calmado en sus brazos, como sí entendiera que en esa carrera de vida o muerte su silenció es más apropiado que sus lágrimas.
Se abren paso por un pastizal, superan a la manada de muertos. La prisión no es más que un punto en la lejanía.
Solo cuando se siente seguros, Daryl se deja caer sobre el césped sin energía; inhalando cada bocanada de aire como si fuera la última. Ella hace lo mismo, sus piernas ya no son capaces de resistir su peso, cae y se las arregla para mantener a la bebe pegada a su pecho. En esa posición es capaz de apreciar el cielo de un hermoso azul claro, las lágrimas comienzan a fluir silenciosa por sus ojos, acariciándole con delicadeza las mejillas. Judith se remueve en su pecho, así que afianza su agarre hacia ella. No quiere soltarla, siente que la pequeña es ese tablón que la mantiene a flote en un mar embravecido.
- ¿Estás bien? – Pregunta el cazador, quién se ha incorporado costosamente y ahora se encuentra sentado a su lado. La mirada que le dedica es ininteligible.
Beth tan solo es capaz de asentir mientras reúne todas las fuerzas necesarias para levantarse.
- ¿Y la Patea Traseros? –
A pesar de todo, Beth no puedo evitar que el fantasma fugaz de una sonrisa cruce sus labios al escuchar el apodo con el que Daryl ha bautizado a Judith. Mirando hacia su pecho, observa a la pequeña aferrándose a sus ropas, sus ojos azules le dedican una mirada brillante.
- Está bien, está a salvo.- Responde, con la voz rasposa.
Daryl asiente como toda respuesta, se acomoda la ballesta sobre su hombro y se pone de pie. Se le ve exhausto, sudoroso, de alguna manera parece un hombre derrotado. El hombre se acerca a ella y le extiende la mano.
- Vamos – Dice, instándola a tomarle la mano.- Necesitamos encontrar un lugar seguro para Judith.
Ella asiente, tomando su mano.
"Aquella noche la pasamos a la intemperie, justo como hoy. Tú tío Daryl encendió un fuego bajo, se aseguró de que sí algún caminante se acercaba él pudiera detectarlo a tiempo para matarlo. Yo te envolví en una manta, te alimenté y cambie el pañal, rodeé tú cuerpecito con mis brazos y te mantuve a mí lado.
Esa noche, ninguno de los tres logramos dormir."
Beth envolvió a la pequeña con sus brazos, apegándola a su pecho. No quería soltarla, tan solo se había alejado de la infanta cuando tuvo que ir a orinar, pero no se separaba de ella sí podía evitarlo. A pesar del fuego, sentía el frío rozando sus brazos expuestos, Judith en ellos también comenzaba a quejarse por el bajón de temperatura, no paso mucho antes de que la rubia comenzará a tiritar. Daryl observo el temblor de sus hombros que delataban lo mal que se le daba soportar el frío. Silenciosamente, el hombre se quitó su chaleco y se lo extendió a la rubia y la bebe.
- Toma, póntelo.- Dijo en un hosco susurro.
Beth, un poco sorprendida que el hombre le ofreciera su inseparable chaleco, lo agarro. Sus dedos se rozaron levemente durante el intercambio, y un escalofrió le recorrió desde la base de la espalda hasta la nuca.
- Gracias, muchas gracias…- Se apuró a agregar, mientras se echaba el chaleco sobre los hombros e intentaba cubrir lo mejor que podía a la pequeña en sus brazos.
- A un día de distancia, más o menos, se encuentra una cabaña que hace unos meses Michonne y yo encontramos.- Explicó el hombre, rompiendo el silencio que se había formado ante ellos.- No es mucho, más bien no es nada. Pero al menos podemos pasar uno o dos días ahí, Judith estará más segura ahí.
Está vez, Beth no pudo esconder su sorpresa.
- ¿Y no los vamos a buscar? – Preguntó, sintiendo cada palabra más amarga que la anterior.- No podemos ser los únicos sobreviviente, debemos encontrar a los demás ¡Tienes que rastrarlos!
Daryl escupió al suelo, de repente sus hombros se apreciaban más tensos que antes. La siguiente mirada que le dedico tenía destellos de ira.
- Todos están muertos.- Gruño.
- ¡Sabes que eso es mentira! – Exclamó la chica, la bebe se removió inquieta en sus brazos.- Rick, Carl, Maggie… Ellos están bien.- Afirmó, segura de cada una de sus palabras.
- No vale la pena.- Volvió a gruñir el hombre.
- ¡Daryl! – Chillo Beth, causando que la pequeña en su pecho comenzará a gemir. Preocupada, la rubia empezó a mecerla.- Tranquila Jude, todo está bien. Shhh…
- Tenemos que hallar un lugar seguro a Judith, no podemos estar paseando por ahí.- Sentenció el hombre.
- Pero…
- ¡Tienes una bebe en brazos, prácticamente no tenemos armas ni suministros! – Gruño el hombre.- No podemos estar dando vueltas por el bosque, no es lugar seguro para un bebe.
Daryl en parte tenía razón. Judith no podía estar expuesta a la intemperie y con ello a los caminantes. La bebe necesitaba de un refugio seguro, apenas tenía alimento para una semana o dos, y su llanto era capaz de exponerlos a todos al peligro. La pequeña necesitaba un lugar en donde pudiera estar a salvo. Pero ella necesitaba saber del destino de su hermana, encontrar a sus amigos. Ella no podía creer que estuvieran muertos, ellos no podían ser los últimos miembros de su grupo con vida.
- No podemos ser los únicos…- Susurro, dejando caer sus hombros, en un gesto derrotado.
El cazador volvió a gruñir, sin dirigirle una palabra.
- Sí encontramos un refugio, un lugar seguro. Prométeme que los rastrearas…- Insistió la rubia, ganándose otra mirada afilada por parte del hombre.- Todos tenemos una tarea que cumplir, eso es lo que siempre decía mi papá. Yo protegeré a Judith, tú los encontraras… Prométemelo.-
Daryl no dijo nada, tan solo se puso de pie y se dirigió hacia un árbol para orinar. Beth desvió la mirada un poco avergonzada, sentía las lágrimas acumularse nuevamente en sus ojos.
- Están muertos.- Dijo Daryl, aun de espaldas a ella mientras orinaba.
Y aquella afirmación se le clavo en el pecho como sí de una daga se tratará. Las lágrimas volvieron a deslizarse por su rostro, en aquella oportunidad se aferró a Judith y lloró con la frente pegada a la de la bebe. No quería creer lo que Daryl decía, no lo aceptaría jamás. Maggie, Glenn, Carl, Rick… todos ellos debían estar vivos en algún lugar. Su hermana era fuerte, más que ella, y sí Beth había sobrevivido, estaba segura que su hermana también. La negativa del hombre no podía ser más que una mentira, un mecanismo de defensa contra el mundo que les rodeaba.
Daryl sin que Beth se percatará la observo fijamente por un par de minutos, no queriendo decir nada.
- Los rastrearé…- Dijo, tras un par de minutos. Volviendo a sentarse a su lado.- Pero no te hagas con demasiadas esperanzas, están muertos.
"Al día siguiente encontramos más caminante. Nuestros amigos se habían ido..."
El amanecer vino acompañado con gritos que rompieron la calma que les rodeaba, y como sí se trataran del gatillo de algún arma, la incitaron a correr entre el bosque repleto de caminantes. Sabía que Daryl la seguía, pero de todas maneras se las arregló para sacar su cuchillo de su cinto y empuñarlo, Judith colgaba de su pecho gracias a un arnés que había improvisado con las frazadas.
- ¡Es Luke, Daryl! – Grito, al reconocer la voz del niño gritando.- ¡Tenemos que ayudarlo!
El cazador se retrasó al tener que lidiar con un par de caminantes, más ella no se detuvo. Tenía la impresión que lo único que había hecho en todo ese tiempo era correr, por su vida, por la vida de los demás. Correr y no parar. Y a pesar del esfuerzo cuando llego al lugar tan solo encontró más caminantes, un grupo numeroso de ellos devorando los restos de sus amigos. El zapato de Luke yacía olvidado a un lado de las vías de tren.
- ¡No! – Gimió, deteniéndose y llamando la atención de los muertos, que inmediatamente concentraron su atención sobre ella.
Asió con fuerza su cuchillo dispuesta a defender su vida y la de la pequeña niña de la cual ahora era responsable. El cadáver gruño en su intento de alcanzarla, alzando sus brazos y extendiendo sus garras hacia ellas. Como un tornado, Daryl paso a su lado y se lanzó contra los caminantes, mato el primero con su cuchillo y al siguiente le clavó una saeta entre los ojos. Uno a uno fue derrumbándolos, hasta que su rostro quedo teñido por la sangre putrefacta de los muertos y el sendero quedo cubierto por sus cuerpos ya sin vida.
Beth abrazó con fuerza a la hija de Rick, las lágrimas se deslizaban con libertad por su rostro. Se había quebrado.
- Tienes razón…- Susurro ahogadamente, cuando el último muerto cayó al suelo. - Somos los únicos que sobrevivimos, somos los únicos que podemos proteger a Judith…
Daryl se acercó a ella a paso lento, imitando a un animal que tantea el terreno por el cual caminaba. La mirada que le dedica es intensa, una mezcla de frustración y comprensión. De su bolsillo saca un pañuelo rojo, en un par de pasos acorta la distancia que le separa y sin que ella pueda advertir el próximo paso del cazador, esté extiende su brazo y con el pañuelo limpia las lágrimas que surcan su rostro.
- Judith necesita un lugar seguro.
Es lo único que atina a decir, y ella entiende que el rastrear a unos supuestos sobrevivientes puede poner en riesgo su seguridad. No hay manera de saber dónde puedan encontrarse sus amigos, su hermana. Ni siquiera están seguros de sí aún se encuentran con vida. Y ese pensamiento renueva una nueva oleada de lágrimas.
- Estaremos bien, yo me encargaré.- Dice Daryl, ayudándola a continuar.
"Éramos nosotros tres contra el mundo."
Continuara…
Nota de la autora: ¡Oi! Sé que les dije que iba actualizar cada quince días, y que está semana le tocaba a mí otro fic, pero dado que la próxima semana tendré una escapada a la playa (¡Wiiii!), decidí adelantar esté capitulo.
¿Qué les parece? Como ya les había advertido en el "Prologo", en este fic quiero reflejar el qué hubiera pasado si en vez de ser solo Daryl y Beth, Judith también los hubiera acompañado en su huida. El fic se va a dividir en cuatro partes, la primera serán cinco capítulos comenzando por esté, en el cual relataré los eventos ocurridos tras la prisión y como se las atinaron estos dos para sobrevivir con una bebe en un mundo plagado con caminantes, así como el mantenerse unidos (¡Nadie va apartar a Beth de Daryl, he dicho!), las otras partes ya les iré contando de que van. Por otro lado, la trama romántica no va a suceder tan rápido, Daryl y Beth tienen suficiente problemas para sumarle sus sentimientos el uno por el otro, así que sean paciente.
Bueno, creo que de momento no tengo más que agregar. Un millón de gracias a todas las personas que se atrevieron a leer esté fic, espero no decepcionarles.
¡Abrazos y besos!
Un review, y Beth les dedicará una canción.
