¡Hola, hola!
Disclairmer: Ni los personajes ni la trama me pertenecen, yo solo soy una fans que tome prestado los personajes para satisfacer mi espíritu de fan.
En esté capitulo utilicé algunos diálogos de la serie (aunque los modifiqué a mi gusto), así que vale recalcar que todo es propiedad de Robert Kirkman y su set de guionistas.
Sin más que agregar, espero que les guste el segundo capitulo.
Walking along an extended road
(Caminado a lo largo de un extenso camino)
II
No eres quién alguna vez fuiste.
"Siempre habrá esperanza. Tal vez no seas tú, tal vez no sea aquí, pero sí alguien en algún lugar..."
Rick Grimes. 06x01. The Walking Dead.
"Anoche soñé con ellos, los que ya no están. Me encontraba en la granja, Jimmy estaba a mí lado con su mano envolviendo la mía. Mi mamá cocinaba, mi hermano y sus amigos habían invadido la sala, mi padre regresaba con Otis del trabajo. Maggie se escuchaba reír a las afuera de la casa. A pesar de verlos, de tenerlos a un par de centímetros de distancia, tan solo podía sentir las lágrimas marcando un sendero por mis mejillas.
En mí sueño Jimmy me preguntaba por qué no sonreía, y yo lo único que podía pensar es que aquella Beth ya no estaba. Había cambiado."
.
"Corrimos, tanto como pudimos. Nunca nos detuvimos, no podíamos hacerlo. Los monstruos, los caminantes, ellos nunca se detenían, nunca se cansaban. Teníamos que superarlos, por ti."
.
Parecía que hubieran estado corriendo una eternidad. De vez en cuando aminoraban el paso, tomaban un respiro y se dejaban caer sobre la alfombra de hojas secas que recubría el suelo del bosque, pero rápidamente volvían a la carrera, huyendo, intentando ser un poco más rápidos que los muertos. Sus músculos parecían desgarrarse con cada paso que daban, las piernas le pesaban como sí en vez de pies tuviera un par de bloques de concreto, sentía la ropa empapada a causa del sudor. Judith en sus brazos se removía inquita, gimiendo lastimeramente a causa de su situación. Le dolían los brazos pero se negaba a soltarla, sentía que la bebe era el ancla que evitaba que se perdiera en el oscuro mar en que se había convertido su mente.
Los pocos haces de luz que se filtraban por el dosel de los árboles ya no era lo suficiente para iluminar su camino, pero Daryl delante de ellas parecía saber muy bien a donde se dirigían. El cazador, como un lobo solitario, se movía en silencio, señalándole con gesto de cabeza aquellos lugares donde debía tener cuidado al pisar o al momento de cambiar de dirección. La escasa luz le iluminaba la frente cubierta por el sudor y la suciedad, le arrancaba destellos de los ojos claros que no perdían detalle de todo lo que les rodeaba. La ballesta cargada se encontraba en alto, tensando los músculos de la espalda y de los brazos, los cuales parecían brillar a causa del sudor. Cuando Judith se quedaba quieta entre sus brazos, Beth se deleitaba observando las gotitas que se deslizaban por ellos, sorprendiéndose por la resistencia y fuerza que demostraban tener. En comparación sus delgados brazos se le antojaban frágiles, a penas capaces de soportar el peso de la pequeña niña a su cargo.
El bosque a su alrededor se sentía distinto a lo que ella podía recordar. Ella había crecido en el campo, rodeada de árboles, colinas, animales y riachuelos; conocía los bosques, sus sonidos, los diferentes matices que lo conformaban. Pero aquel bosque no se parecía al de sus recuerdos. No olía a tierra humedad ni al frescor de la vegetación, tampoco se escuchaba el trinar de las aves, los chirridos de los grillos o las pisadas escurridizas de una ardilla. En cambio, en aquellos parajes se apreciaba el hedor de la muerte en cada rincón, acompañado de un silencio sepulcral, algo que en el pasado nunca se lo hubiera imaginado. Y ello le aterraba.
Daryl ladeo su cabeza, lanzándole una mirada sobre su hombro como venía haciendo desde que se toparon con los restos de sus compañeros, cómo sí temiera que en cualquier momento ella se derrumbaría justo enfrente de él. No podía culparlo, en el pasado ella simplemente se había desconectado, había pretendido apagar todo y por un instante realmente se sintió capaz, como lo demostraba la frágil cicatriz que adornaba su muñeca. Pero ella ya no era la misma, o al menos eso era lo que le gustaba creer.
Con un gesto el cazador la insto a apresurar su paso (sí eso era posible), los últimos rayos de luz iluminaron momentáneamente sus ojos antes de quedar envueltos ante la total oscuridad. La chica se mordisqueo los labios, apretujó el cuerpo de Judith contra el suyo y se apegó todo lo que pudo al cazador, quién instintivamente estiro su brazo hacia ella y atrapo su muñeca. Los gemidos resonaron lejanos, silenciando sus pisadas. Ambos se dedicaron una mirada, antes de impulsarse hacia adelante con todas sus fuerzas, intentando sembrar la mayor distancia posible de los muertos.
Cuando llegaron a la carretera, Beth apenas fue consiente de la luna brillando sobre ellos. Los numerosos gemidos parecían acercase cada vez más, Daryl la arrastró hasta un vehículo abandonado.
- ¿Qué? – Preguntó la rubia, un simple movimiento de sus labios.
- A la maleta – Le ordeno, ella no dudo en cumplirla.
Se las arregló para entrar a la maleta del carro mientras Daryl sujetaba a una inquieta Judith, rápidamente extendió los brazos hacia la bebe permitiéndole al hombre colarse a su lado y cerrar la cajuela. La bebe sollozo, los gemidos se oían cada vez más cerca.
- Eh, eh, eh… Tranquila Jude.- Le susurro, Beth.- Tranquila muñeca, por favor.
- Cálmala- Gruño Daryl, había atado un pañuelo a la cajuela para mantenerla cerrada.
- Hey Jude, no me hagas esto ¿sí? – Suplicó Beth, acomodándola sobre su pecho.- ¡Pásame un tetero! – Exclamó lo más bajo que pudo la rubia, en su voz se palpaba el desespero.
Daryl asintió, rebuscó en la pañalera que Beth había estado llevando todo el día y extrajo un biberón que rápidamente se lo pasó a la rubia. La chica meció en sus brazos a la pequeña, le tendió el tetero que la beba atrapó con su regordetas manitas y se lo llevo inmediatamente a la boca, justo en el momento en que los primeros caminantes chocaron contra su refugió. Beth se sobresaltó, se encorvó sobre sí misma y con un brazo apego el cuerpo de la niña más al de ella, mientras con el otro tanteo su cinturón en busca de su cuchillo. El hombre a penas le dedicó una mirada profunda antes de clavar sus ojos en la abertura del maletero, donde se podían apreciar las espectrales sombras que les regalaban los caminantes al pasar a su lado. Los gemidos eran lo peor, roncos, jadeantes, la canción muertos vivientes.
No pudieron dormir, no con el golpeteo de los muertos contra el auto como si se tratará de una cuenta gotas o sus gemidos lastimeros, no con Judith gimiendo ante cualquier molestia. Ambos se negaron a cerrar los ojos, a aceptar el abrazo de Morfeo. Beth se las arregló para calmar a Judith, le susurró canciones al oído y arrullo su sueño, Daryl se mantuvo siempre alerta, dispuesto a morir luchando porque sí los muertos se daban cuenta de su presencia, estaban condenados.
.
"Nos ocultamos en la cajuela de un auto abandonado. De alguna manera sabías que tenías que mantenerte callada, así lo hiciste. No lloraste aquella noche, tan solo dormiste en mis brazos. Sobrevivimos gracias a ti."
.
Los caminantes se fueron justo cuando los primeros rayos de sol despuntaban en el horizonte. Aun así, Daryl espero lo que le pareció una eternidad hasta que se atrevió a abrir la cajuela y salir. La luz del sol le acarició el rostro, beso sus labios, agito sus parpados. El hombre se colgó la ballesta del hombro y extendió los brazos hacia Judith, Beth no dudo en entregársela. Sin mencionar palabra, la chica siguió al hombre y comenzó a revisar el carro, tomando todo lo que pudieran utilizar. Daryl hacía lo mismo, con Judith quién comenzaba a despertarse recostada a su pecho.
- ¿Qué tan lejos se encuentra esa cabaña? – Preguntó Beth, rompiendo el silencio que les rodeaba.
- A un par de kilómetros, si caminamos rápido estaremos ahí al atardecer.-
Ella asintió, de repente comenzaba a sentir el peso del cansancio sobre sus hombres. La chica se acercó hasta la pequeña en brazos del cazador dispuesta a tomarla de nuevo más el hombre se lo impidió.
- La llevaré yo – Dijo secamente.- Saca tú cuchillo, mantente alerta.
Los ojos azules de Daryl la perforaron, puñalearon su temple como sí se trataran de dagas hechas de hielo. Nuevamente la misma mirada, esa que venía desgarrando su voluntad desde la noche pasada, una que solo podría dedicarle a alguien que estuviera condenado a muerte. Él veía en ella a otra chica muerta, lo mismo hacía con la pequeña en sus brazos. Las había condenado, y por alguna razón ella no tenía fuerza de reprocharle eso.
Afirmando con un movimiento de cabeza, dejó caer sus brazos derrotados y buscó su cuchillo. Tomó la pañalera, así como las pocas cosas que habían podido rescatar y empezaron a caminar, siempre en movimiento.
.
"Caminamos, ya no teníamos fuerzas para correr. Aun así, nunca nos detuvimos."
.
La cabaña no era más que una choza en medio del bosque, a decir verdad, Beth dudaba de que aguantara una horda de caminantes. Pero se encontraba tan cansada, agotada tanto física como mentalmente, que cuando Daryl le indicó con un movimiento de cabeza el lugar, ella no pudo más que permitirse una sonrisa cansada y vacía.
El cazador le entregó a Judith antes de cerciorarse de que el lugar se encontraba desierto, a lo que Beth pudo entrar. La niña en sus brazos parecía encontrarse irritada, gemía cada tanto y le jalaba el cabello con frustración, su regordete rostro se encontraba rojo. En silencio, dejó caer la pañalera al lado de un destartalado chillón, se las arregló para colocar sobre este la frazada de Judith y la extendió sobre está, dispuesta a cambiarle el pañal. Pudo sentir la mirada del hombre clavada sobre su nuca tan solo un instante, antes de que empezará a asegurar cada una de las ventanas con tablones que encontró en el piso.
Habían tardado más de lo que Daryl previó a causa de una pequeña manada de caminantes de la cual el cazador tuvo que encargarse cuando la pequeña que gimoteaba enfrente de ella comenzó a llorar a todo pulmón. Habían sido apenas cinco caminantes, pero Beth no podía quitarse de la mente la imagen de uno de los muertos arrojándose sobre Daryl, por un instante pensó que también lo perdería a él. Aquel pensamiento la golpeó, parecía haberla desarmado, y la verdad era que ella no se sentía con la fuerza suficiente para sobrevivir junto con Judith sí llegaba a quedarse solas. Por suerte, el hombre había podido dominar la situación y pudieron escapar con rapidez.
- ¿Tienes hambre? – Preguntó el hombre, justo cuando ella terminaba de cambiarle el pañal a la pequeña.
Beth se limitó a asentir, perdida en sus propios pensamientos, su mirada fija en el rostro de Judith.
- Voy a ver sí encuentro algo de comer.- Comentó el hombre, guindándose la ballesta en el hombro.
- ¡¿Qué?! – Exclamó en voz baja, reaccionando. Rapidamente le dirigió una mirada al exterior, donde se veían los últimos rayos del sol desaparecer.- No Drayl, ya es muy tarde.
- Tenemos que comer algo. – Afirmo el cazador, dándose la vuelta y dirigiéndose a la puerta.- No me alejaré mucho.
Sin darle tiempo de agregar algo más, el hombre salió dejándola tan solo con la compañía de la pequeña bebe que nuevamente comenzaba a hipar, amenazando con comenzar a llorar nuevamente. Alargo los brazos rápidamente hasta ella, tomándola y meciéndola.
- Hey Jude, ya calma, vamos Pequeña Patea Traseros, no llores.- Rezó, intentando calmar a la pequeña niña.- Tranquila, no llores. Estoy aquí contigo.
Pero la niña parecía no querer calmarse, comenzando a elevar sus sollozos. Beth la mecía en sus brazos, sintiendo por primera vez que ella no era suficiente para calmar a la pequeña. Judith necesitaba a su padre y a su hermano, a aquella madre que dio la vida para que naciera. No a ella, en especial cuando ella también necesitaba de su madre, de su hermano y de su padre. Sentía como sí un globo se inflara en su pecho de forma dolorosa, oprimiéndole los órganos, aplastando su corazón. Estaba viva, cuando su padre ya no lo estaba y Maggie podría haber perecido también. Quizá Daryl tuviera razón y todos sus amigos, esa familia que se había construido en la prisión, ya no estuviera. Puede que ella estuviera tan sola como Judith, solo ellas y Daryl, nadie más.
- Tranquila bebe – Susurro, apegandola a su pecho.- Sé que necesitas a tú papá, yo también lo necesito; pero tranquila, no te dejaré Judith. Nunca, te lo prometo.
Las lágrimas empaparon rápidamente sus ojos más las contuvo, no queriendo llorar. La mirada penetrante de Daryl pareció golpearla, ladeo rápidamente la cabeza para verlo de pie bajo el marco de la puerta con una expresión indescifrable y un mapache en las manos. Al verlo no supo cuánto tiempo llevaba ahí, sí había sido testigo de su momento de vulnerabilidad. Con el brazo se restregó el rostro, borrando cualquier rastro de lágrimas.
- Tengo la cena.- Fue lo único que dijo el cazador, entrando y cerrando la puerta. Beth asintió, posando nuevamente su atención en una agitada Judith.- ¿Qué le pasa?
Beth negó con la cabeza, mordisqueándose los labios con nerviosismo.
- Creo que extraña a Rick.- Admitió tras unos segundos.- Ya le cambie el pañal, le di de comer… No sé por qué está tan agitada.
- Cántale – Gruño Daryl, comenzando a despellejar el mapache.
La rubia le dedico una última mirada antes de desviarla hacia la niña. La meció en sus brazos y comenzó a cantar, tan bajo y suave que parecía más bien un susurro, una nana que hace años le había escuchado cantar a la madre de una de sus amigas. Paso un buen rato hasta que Judith comenzó a calmarse, sus regordetas manos se aferraron a su franelilla y lentamente su cabeza encontró lugar en la curvatura de su hombro, Beth cerró los ojos y canto hasta que la respiración de la bebe se volvió pausada, tranquila y constante, y supo que se encontraba dormida.
Solo hasta que Judith no se durmió profundamente, Beth no abrió los ojos y al hacerlo se encontró con Daryl intentando prender la chimenea, el cuerpo despellejado del mapache ya se encontraba listo para cocinarse. La chica dejó a la niña en el desvencijado sillón, cubriéndola con una manta y en seguida, se dispuso a revisar la cabaña en busca de cualquier clase de objetos que le pudiera servir.
- ¿Quién puede entrar a una tienda y salir con algo como esto? – Preguntó la rubia sosteniendo una cesta rosa en forma de brasier, en un intento vano de romper el espeso silencio que se había instalado entre los dos.
Daryl apenas le dedicó una mirada por encima de su hombro.
- Alguien como mí padre.- Contestó Daryl, sin prestarle mucha atención.
-¿En serio?
- Era un idiota, tenía cosas como esas por toda la casa, encima de la tele, en la cocina, por donde mirases. Las usaba como diana (*).
- ¿Disparaba dentro de casa?– Cuestiono la rubia, no pudiendo imaginar algo así. Su padre nunca se hubiera comportado de esa manera, tampoco le hubiera permitido.
- Lo que teníamos era basura.- Declaro el cazador, agitando las brasas para avivar las llamas.- Reconocí este lugar cuando lo vi. Ese cobertizo está repleto de alcohol casero, ese sillón hecho polvo es para sentarte en ropa interior mientras bebes, y los cubos para escupir el tabaco (*).
La chica exploró el lugar con una mirada, detallando cada uno de los rincones. El apocalipsis había hecho mella en las más diversas viviendas, ese nuevo mundo se había encargado de destruir hasta las más hogareñas y hermosas de las casas. Pero ese lugar tenía toda la pinta de haber sido una pocilga antes de que los muertos comenzaran a levantarse, definitivamente muy diferente a su hogar, a la granja que había visto cada una de sus travesuras o sus juegos con Shawn y Maggie.
- ¿Viviste en un lugar así? – Inquirió, visiblemente consternada.
El cazador asintió como toda respuesta.
-¿A qué te dedicabas, Daryl Dixon? – Volvió a preguntar la rubia tras unos minutos de silencio, su mente había volado rápidamente al recuerdo de Zach, ese chico que se había hecho querer en pocas semanas y que ese mundo se lo había arrebatado rápidamente.
El cazador gruño, más ella comenzaba a ser inmune ante su hostilidad.
- Zach nunca pudo descubrirlo ¿no? – Continuo, sin hacer caso a la creciente incomodidad del hombre. - ¿Qué eras antes de todo esto?
- Déjate de boberías, niña.-Se quejó el hombre.
- ¿Eras carcelero? – Lanzó la pregunta al aire, sus ojos fijos en la espalda del hombre.
- No – Respondió hoscamente, sacando un trozo del mapache cuya piel se había carbonizado a causa del fuego. – Toma – Dijo, tendiéndole el trozo de carne sobre un pedazo de madera.- Mejor es que te lo comas ahorita, mientras está caliente.
Ella asintió, cogiendo el alimento y empezando a comer en silencio. Volvía a sentir como el ambiente a su alrededor se tornaba pesado, ciertamente incómodo. A pesar de que se encontraba a un par de metros de Daryl, se sentía la única persona mayor en aquella habitación, el cazador fácilmente podría pasar por un adorno más. Con las manos se ayudó para comerse el trozo de carne, mientras trataba de encontrar en el rostro del hombre algún tipo de emoción, fracasando penosamente. Daryl Dixon se asemejaba a una fortaleza, cuyos enormes muros de pierdan ocultaban un interior que se le antojaba todo un misterio.
- ¿Por qué crees que los demás están muertos? – Cuestionó la rubia, no pudiendo aguantar la presión.
Como de costumbre el cazador no le respondió.
- ¿Sabes? Creo que necesito un trago – Declaró la rubia, dejando a un lado la carne de mapache.- Dijiste que en la bodega hay alcohol ¿no?
No sabe de donde proviene ese deseo, pero de repente siente la necesidad de hacer algo más. Más que correr, más que comer pedazos de mapaches, más que ese silencio insoportable o esas miradas clandestinas. Le urge aferrarse a algo, no ha Judith, a ella ya la vuelto su sustento. Su espíritu requiere algo más, un desahogo, una vía de escape, ese algo que le permita borrar todas sus vivencias y le permita empezar de nuevo, que le de una razón para vivir, ella no solo quiere vivir tan solo por haber sobrevivido necesita encontrar su fe. Su padre le había dicho que hay que tener esperanza, más en ese instante siente que todas sus ilusiones y su buena fe se las ha llevado el viento, como los restos hechos cenizas de la prisión. Quiere un trago, ahogar en alcohol las penas (como solían decir sus amigos), y volver a empezar, encontrar de nuevo esa esperanza que parecía escurrirse de sus dedos.
Daryl no le contesta pero está vez ella no está dispuesta a aguantar sus silencios. Se incorpora rápidamente e imprudentemente traza su camino hacia el exterior, dejando el cazador y a Judith en el interior de la cabaña. No tarda en divisar la bodega en donde encuentra unos cuantos recipientes con la incolora bebida, justo como le había dicho Daryl que lo haría. Una sonrisa fugaz curva sus labios cuando toma la caja con dificultad y comienza su camino de nuevo a la casa, más un par de gemidos la detienen. Instintivamente, manteniendo la caja en un equilibrio precario, su mano vuela hacia su cinturón descubriendo que su cuchillo no se encuentra en la mano.
- Diablos – Maldice, lentamente deposita la caja en el suelo y explora con una mirada los alrededores del lugar.
No lo ve llegar, sale de la oscuridad extendiendo sus putrefactos brazos hacia ella. No le da la oportunidad de incorporarse, el cadáver se arroja sobre ella y a penas cuenta con la fuerza de mantener su boca alejada de su cuerpo. Los gemidos se intensifican, siente que el bosque entero es capaz de escuchar su forcejeo. Sus dedos se hunden en la carne descompuesta, el olor es penetrante, repulsivo, siente el amargo sabor de la bilis en su paladar. Afianza su agarre, trata de patear el cuerpo pero el peso muerto se lo impide, en vez de eso mantiene el rostro lo más lejos de ella que puede. Las manos del muerto tratan de agarrarla, sus uñas acarician su piel y temé que esa criatura repugnante sea capaz de acabar aquel intento de suicidio un año atrás.
- ¡No! – Exclama con una voz ahogada, resistiendo con todas sus fuerzas.
No debe morir, ella no lo desea. Judith la necesita, su hermana la espera. Debía vivir, mantener la esperanza en aquel mundo.
Se sorprende cuando el peso asfixiante del cuerpo desaparece de encima de ella, inhala una bocanada de aire con el desespero de un pez que se encuentra fuera del agua, siendo apenas consiente de la mancha borrosa que salta sobre ella y se dirige rápidamente hacia el caminante que con frenéticos movimientos intenta volver a incorporarse. Daryl es como un tornado, una tormenta que arrasa con todo a su paso, con una patada vuelve a derribar al cadáver y sin darle tiempo de nada, clava un cuchillo entre sus cejas. Tan rápido como apareció, el muerto es silenciado de una vez por toda.
- Graci….
La mirada que le dedica el cazador la silencia inmediatamente. Esta es intensa, violenta, un fuego puro. El hombre se mueve hacia ella como un huracán, su mano la sujeta como si de zarpas se trataran, un gemido de sorpresa se escapa de sus labios cuando la jala en dirección a la cabaña, prácticamente arrastrándola.
- ¡Daryl! – Se queja, más el cazador la ignora. Siente que ha despertado a una bestia.
El hombre la arroja sin contemplación en medio de la estancia, girándose inmediatamente para asegurar la puerta.
- ¡¿Qué demonios pensabas?!- Prácticamente ladra el cazador.
- ¡¿Qué te importa?! – Replica, superando la sorpresa inicial.
- ¡¿Qué que me importa? Pretendes matarnos o qué! – Grita - ¡Esa cosa pudo haberte matado! ¡Pudiste poner a Judith en peligro!
- ¡Sé cuidarme sola! Chilla, sin querer admitir que quizá el cazador tiene razón.
- ¡Muy bien que lo estabas haciendo! –
- ¿Y a ti qué coño se te importa? ¡No eres mí nana! – Chilla, perdiendo el poco autocontrol que aún mantenía.- Sé cómo me miras, como me has estado observando desde que escaparnos.
- ¡¿Qué coño estás diciendo?! –
- Me miras y solo ves a otro cadáver, otra niña muerta. No soy Michonne, no soy Carol, no soy Maggie. No soy como ellas o como tú, por eso no entiendes por qué aún sigo con vida ¡Pero lo estoy! ¡Realmente lo estoy!
- ¡¿Qué coño quieres de mí, niña?! - Grita, tomándola de los hombros.
- ¡Quiero que te importe! – Le contesta, evitando gemir por la fuerza que aplica el cazador sobre sus hombros.- ¡Qué dejes de tener miedo!
- ¡Yo no le tengo miedo a nada!
- ¡Yo lo recuerdo! ¡Lo vi! –Exclama, bajando el volumen de su voz. Clavando sus ojos claros en los de Daryl.- Recuerdo tú rostro cuando esa niñita salió tras de mí mamá, en ese momento eras como yo ¡Y ahora solo intentas evitar que alguien se te acerque! (*)
- ¡Tú sabes mucho de eso ¿no?! – Ruge el cazador, soltándola con brusquedad.- Perdiste a dos novios y no derramaste ni una lagrima. Tú familia ha muerto y solo haces estupideces ¡Buscas un trago como una universitaria!
- ¡Tú no lo entiendes!
- ¡A la mierda! ¡Todo el mundo está muerto! – Prácticamente vomita.
- ¡Eso tú no lo sabes! – Chilla, las lágrimas le empañan la mirada.
- ¡Rick! ¡Carl! ¡Michonne! ¡No los volverás a ver a Maggie! –
El gimoteo de Judith les advierte que no están solos, Beth se mordisquea los labios y dirigiéndole una intensa mirada al cazador cruza la sala hacia la bebe, quién se ha despertado por sus gritos.
-¡Ya basta, eso no es cierto! – Exclama la chica tomando a la niña entre sus manos. La aprieta su cuerpo contra su pecho, posando su frente contra la cabeza de la bebe. Aspira su aroma, un respiro que parece sosegarla.
- El gobernador llego hasta la prisión….- Susurra, de repente su voz ha perdido toda la fuerza anterior. Beth alza la mirada, encontrándose con un hombre derrotado.- Quizá sí no me hubiera detenido… Todo es mí culpa.
- Daryl…
- Y tú padre...
- Detente, por favor.- Dice, acercándose al hombre con Judith en sus brazos.
- Pude haber hecho algo…
Aquella confesión la impulsa a acercarse lo que más puede al cazador, enreda su mano con la de él y se apretuja contra su pecho, la bebe se remueve entre sus brazos pero pareciera encontrar un lugar cómodo entre ambos cuerpos. Un pensamiento fugaz cruza por la mente de la rubia, tan efímero que rápidamente lo olvida, pero la sensación de que ese es lugar que debería ocupar no es tan fácil de relegar. Percibe el temblor que recorre el cuerpo del cazador, un sollozo que trata de acallar y la calidez de sus silenciosas lágrimas que se deslizan por el rostro mugriento del hombre. Sí aferra con fuerza a él, tratando de transmitirle con aquel contacto la seguridad así como la esperanza que parecía escasear en el interior del hombre.
-Perdón, no debí haber salido. Fui una imprudente.- Susurra tras un par de minutos en silencio. Se da cuenta que el hombre niega con la cabeza aunque tiene escondido su rostro contra su pecho.- No eres mí niñera, Daryl.- Dice, sintiendo como se tensa su cuerpo.- Tampoco eres la niñera de Judith, ninguna de las dos somos tú responsabilidad.
- Pero…
- No lo soy, nunca lo he sido. En este mundo cada uno tiene una parte que hacer.- Lentamente se separa del hombre, no obstante no aparta la mirada de él.- La mía es proteger a Judith, la tuya es sobrevivir a este mundo, estas hecho para ello. No soy tú responsabilidad, como tampoco tiene la culpa de lo que ocurrió. No veas en mí una forma de absolver esas falsas culpas, porque no eres culpable de nada.
.
"Esa fue la primera noche que nos quedamos en aquella cabaña, tan solo permanecimos un par de días más. Pero nunca olvidaré el consuelo que nos proporcionó aquel lugar."
.
Beth armó una improvisada cama a los pies del desvencijado sillón que Judith utilizaba como cama.
A pesar de su pequeña pelea con aquel caminante, la noche permanecía en calma y silenciosa, un respiro entre todos los peligros a los que habían estados expuestos. La chica se acomodó en su cama, sintiendo el dolor de su cuerpo tras haber huido por tanto tiempo. El cansancio se hacía presente.
- No era nadie.- La voz de Daryl le sorprende, más el cansancio le impide girarse para obsérvalo.- Antes que todo se fuera a la mierda tan solo perseguía a Merle, a donde él fuera yo lo seguía y tan solo hacía lo que él quisiera cada día. No era nadie, tan solo su sombra. Un pobre idiota. (*)
- Pero ya no eres ese hombre.- Logro susurrar.- Has cambiado, Daryl. Todo el mundo lo ha hecho, ya no eres aquel hombre.
Daryl debió removerse en su lugar pero ella cerro sus ojos, ya no podía mantenerlos abierto.
- Pensaba que Maggie y Gleen se casarían, tendrían hijos y mi padre conocería a sus nietos. Habrían cumpleaños y días de campo.- Un sollozó se escapó de sus labios, las lágrimas se agolparon tras sus parpados.- Que idiota era…- Susurro.
- Así debería haber sido.- Dijo el cazador.
- Sí, así debió ser. Daryl, ya no eres ese hombre que dijiste, lo has dejado atrás.- Explicó Beth, Morfeo comenzaba a jalarla hacia el mundo de los sueños.- No te tortures.
- Creo que voy a necesitar que me lo recuerdes.
- No, no necesitas depender de nadie.- Comento la chica, ahogando un bostezo.- Vas a hacer el último hombre en pie, Daryl Dixon.
No supo la respuesta del cazador pues tras decir esas últimas palabras el sueño la venció. Aquella noche soñó con la granja, con su madre y Patricia preparando el almuerzo, con Shawn conversando con sus amigos y Otis y su padre regresando de una jornada de trabajo. Maggie y Gleen también se encontraban ahí, conversando alegremente en el porche de la casa. Jimmy se encontraba a su lado, sus dedos entrelazando los de ella. Una sonrisa brotó de sus labios, sobre todo cuando al alzar la vista en la puerta de su casa lo ve a él, al cazador, sujetando a la Pequeña Patea Trasero. En sus sueños todos estaban bien, completamente a salvo.
Continuara…
Nota de la autora. Aunque he tratado de cambiar los diálogos, podrán darse cuenta que estos son más o menos fieles al capítulo original, aunque me omití algunas parte las que consideré más importante las mantuve. A partir de este punto, el desarrollo de la historia será completamente al canon de la serie, ya que se desenvolverá en otros ambientes y se le irá sumando nuevos paisajes y personajes.
Son la 1:26 de la mañana, podría dedicarle un poco más a esta nota pero el sueño me vence justo como hizo con Beth. Así que me despido de momento, un abrazo a cada uno de mis lectores.
¡Un saludo, Green!
PD. Sí leen algún error, tienen todo el derecho de avisarme para editarlo. Como lo terminé en la mañana, desconfió de mí buen juicio al corregirlo.
Un Review, para que Daryl vigile tú sueño.
