¡Hola, hola!

Disclairmer: Ni los personajes ni la trama me pertenecen, yo solo soy una fans que tome prestado los personajes para satisfacer mi espíritu de fan.


Walking along an extended road

(Caminado a lo largo de un extenso camino)


III

La canción de los muertos.


"Desde que todo comenzó, el mundo ha ido perdiendo sonido. Primero fueron los aviones, le siguieron los generadores, los televisores, teléfonos, autos, y finalmente las voces. De repente, todo fue silencio. Un silencio atronador, de ese que te pone los vellos de punta y te hace notar que el peligro se encuentra cerca.

Odio el silencio, pero también me conforta. Lo prefiero mil veces que al canto de los condenados, los gemidos de los muertos. Los caminantes cantan, y yo prefiero no escucharlos."

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"Permanecimos ocultos, el tiempo suficiente para recuperar nuestras fuerzas y volver a internarnos en el bosque."

La cabaña no era la prisión. No había vallas, ni celdas, ni siquiera un maldito candado. Se habían quedado sin agua fresca, sin sus tres platos de comida diarios y lo más importante, sin la compañía de otras personas, sin sus seres queridos. Se encontraban solos, con el peso de quizá ser los últimos supervivientes sobre los hombros y todas las carencias que aquella choza le ofrecía, que ante los ojos de la rubia se asemejaba más a una trampa de ratones en medio del bosque siendo ellos los ingenuos roedores, por más que Daryl se hubiera apañado en cubrir cada ventana con tablones o rodear la entrada de latas que funcionaban como alarmas. No había forma en que aquella cabaña les ofreciera la misma seguridad que la prisión, y definitivamente no era el lugar donde una bebe como Judith debía estar.

Beth se las había arreglado para que la pequeña se mantuviera en silencio, siempre pendiente de sus necesidades. Le susurraba canciones cuando veía que comenzaba a inquietarse, siempre con un tetero a la mano o un pañal listo para usar. No era una tarea fácil, por más que la pequeña Grimes fuera una infanta más bien tranquila, pero en aquel mundo donde cualquier ruido un poco más fuerte de lo normal podría ser su sentencia de muerte, sentía que cada una de sus tácticas para mantener a la pequeña feliz era absolutamente necesarias. De alguna manera sentía que se lo debía a Rick, por haber mantenido a su familia con vida por tanto tiempo. También a Lori, por no haber tenido la oportunidad de agradecerle su consuelo cuando sintió que el mundo se desvanecía ante sus ojos y a Carl, por las sonrisas que le había arrancado. Por ellos, estaba decidida a mantener a la Pequeña Patea Traseros con vida.

No había vuelto a sentir el deseo de beber desde aquella noche, en cambio había tomado toda su tristeza, su duelo y la perdida, y las había enterrado en algún lugar oscuro en lo más fondo de su ser. Tampoco le insistió a Daryl que siguiera rastreando a los demás, en parte porque no quería volver a vivir la devastación que había sentido al encontrar los restos de sus compañeros en las vías del tren y por otro, no quería perder la esperanza con la cual se había hecho una armadura. Tenía fe de que en algún momento y en algún lugar volvería a encontrarse con su hermana y los demás, muy en el fondo sabían que sus amigos se encontraban vivos.

Beso en la frente a Judith, preguntándose en silencio en qué condiciones podría encontrarse Maggie en aquel momento, resistiéndose a creer lo peor.

Así la encontró Daryl, quién abrió la puerta con algo de trabajo por todas las trabas que él mismo se había encargado en colocar. Beth a penas alzo la mirada hacia el cazador, el cual traía un par de ardillas amarradas al cinturon. Sin mediar palabras, el hombre volvió a trabar la puerta y se sentó en un rincón alejado de ella, disponiéndose a despellejar la cena.

Llevaban cuatro días en aquella cabaña, sin más inconveniente que un par de caminantes solitarios que habían despachado rápidamente. No habían vuelto a discutir, apenas cruzaban palabras y siempre con respecto a la pequeña que jugueteaba entre sus brazos. Beth entendía que el cazador no fuera un hombre hablador, ella misma se había sumido en el silencio como una forma de luto. Pero aquella situación ya se le antojaba ridícula. Sea como sea, por muy poco grato que se les antojara la compañía mutua, era lo único que les quedaba. Él era la única persona en la que podía confiar.

Con un suspiro cansino, se colocó de pie y se acercó al cazador, aun con la pequeña en brazos. Tomó asiento frente al hombre, ganándose su atención.

- A Jude… - Comenzó, tomó aire y lo encaró.- A Judith le quedará una semana o un poco más de fórmula, necesitamos buscarle alimento.

Daryl asintió.

- Había estado pensando en eso.- Gruño el cazador, concentrándose en su tarea de preparar las ardillas.- Todos los malditos pueblos cerca de la prisión ya fueron saqueados, nosotros estuvimos en ellos.- Apunto - Tendremos que ir más lejos…

- ¿Qué tan lejos? - Pregunto, acomodando la bebe en sus brazos.

- Más de lo que me gustaría

Beth se mantuvo en silencio unos minutos, analizando la situación. A pesar de que de alguna manera había renunciado a buscar a los demás, el alejarse se le antojaba una traición a los supervivientes de la prisión. Por otro lado, el partir significaba que tendrían que volver a la intemperie, sin saber con exactitud cuánto tiempo les tomaría alcanzar un nuevo refugio que les pueda brindar la seguridad que necesitaban. Irse, los ponía en riesgo, sí sentía que aquella choza era una trampa de ratones, el bosque se le antojaba un campo minado.

Judith se removió en sus brazos, dejo escapar una risita y con sus manitas jugueteo con su cabello. Daryl dirigió su mirada hacia la pequeña, y por un instante Beth estuvo segura de que una efímera sonrisa floreció en el rostro del hombre.

Necesitaban la comida. Ellos podían sobrevivir de lo que Daryl pudiera cazar, pero la pequeña en sus brazos aun necesitaba de leche, aun le faltaba un par de meses para poder darle un poco de fruta. A parte de ello, todos necesitaban descansar, una ducha y una cama, un lugar donde pudieran cerrar los ojos por un par de horas sin preocuparse de los caminantes que rondaban por el bosque. Tenían que buscar un refugio, armamento, una oportunidad de sobrevivir. Por ellos, por los que ya no estaban a su lado.

- Tenemos que hacerlo - Afirmo la rubia, robándose la atención del cazador.- No podemos quedarnos aquí, es muy peligroso, sin mencionar que no contamos con suficientes suministros.

- Lo sé, chica, lo sé.- Admitió, volviendo a posar sus ojos en la pequeña.

- Judith estará bien - Dijo la rubia, siguiendo la mirada del hombre.- Todos estaremos bien.

Daryl no contesto, quizá sopesando sus palabras. Sabía que a pesar de la discusión, de ese intento de paz, el cazador seguía viéndola como una niña que debía cuidar, una carga más que se le sumaba a sus hombros. Pero ella no era una carga, ella había aprendido a defenderse sola.

- ¿Debería empezar a empacar? - Inquirió, observando los alrededores de la cabaña. Había pocas cosas que podrían llegarles a servir, pero esos meses en carretera había aprendido que cualquier tontería podría llegar a serle útil en el futuro.

El hombre gruño, volviendo a concentrarse en despellejar el par de ardillas.

- Sí, trata de tenerlo todo listo, partiremos al amanecer.

Beth dejo escapar una sonrisa, satisfecha de sí mismo.

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"A veces, mientras dormías cariño, Daryl y yo hablábamos del futuro. Era nuestra forma de no perder la cordura en aquellos días."

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Daryl no recuerda la última vez que pudo dormir cómodamente, o lo hace, fue en la prisión, antes de que todo se fuera a la mierda.

Es inútil que intente cerrar los ojos, al menos no cuando la noche recién comienza, a pesar de su agotamiento tanto físico como mental. En cambio, se deja caer en el mugriento suelo con la espalda contra la puerta, y observa el oscuro interior de la cabaña, dispuesto a hacer guardia por lo menos hasta la madrugada cuando seguramente Beth se despierte e insista en suplirlo en su ronda.

A pesar de la oscuridad, su mirada pasea por la cabaña, chocando con la rubia quién duerme arrinconada sobre un montón de raídas cobijas y mohosos almohadones. Judith duerme a su lado, envuelta en una manta limpia y sus pequeñas manitas aferrándose a su pecho. Aunque las circunstancias no son las mejores, el hombre no puede evitar deleitarse con la imagen que se desarrolla en frente de él. Siempre había tenido una debilidad por los niños, quizá por su infancia tan corrupta, se sentía en la obligación de proteger a cualquier infante. Lo había hecho con Carl, lo intento con Sophia y ahora no podía pensar en otra cosa que no implicará la seguridad de Judith, y con ella la de Beth. La estampa que ambas le ofrecían en ese momento removían en lo más profundo de su interior esa fibra sensible que desde niño se obstino en esconder.

Beth Greene era un misterio para él, ya que no sabía que pensar o sentir sobre ella. En ocasiones simplemente quería apartarse, él no era una maldita niñera para tener que lidiar con los impulsos de una adolescente o con su mundo de unicornios y arcoíris que desencajaban con ese nuevo y maldito mundo. Pero en ocasiones, como en ese instante, sentía que era su deber el protegerla a toda costa. De alguna manera se veía reflejado en ella, o al menos ese niño que alguna vez fue, intentando valerse por sí mismo en un mundo que no estaba hecho para él, mientras su hermano estaba en el reformatorio y su padre bebía hasta vomitarse encima. Él había sido como ella, teniendo que adaptarse a todo tipo de desventuras, la diferencia es que él logro sobrevivir pero la rubia no parecía tener madera para ello.

No quería encariñarse, ya estaba harto de perder personas y la frase que había pronunciado la chica un par de días atrás aún estaba fresca en su mente.

"Vas a hacer el último hombre en pie, Daryl Dixon"

Aquella afirmación parecía martillarle la sien una y otra vez. No era que no quisiera sobrevivir, pero no estaba dispuesto a ver como alguien más moría frente a sus ojos. Antes de los caminantes no era nadie, tan solo la sombra de Merle; pero de alguna manera había encontrado su lugar en aquel mundo, por fin sus habilidades tenían valor. Había logrado tanto y a la vez había perdido más de lo que jamás hubiera pensado. Sophia, Merle, Andrea, Carol, Hershel, Rick… Una lista que empezaba a ser demasiado larga, y en la cual no podía evitar pensar que algún día podría incluirse el nombre de Beth y el de la Patea Traseros. Quizá Beth tuviera razón, y en verdad veía en ella a otra chica muerta.

Escupió al suelo y con un gruñido trato de espantar aquellos pensamientos.

- Deberías intentar dormir.- Escucha, y al alzar la mirada se encuentra con los ojos de Beth puestos sobre él.

- Estoy de guardia ¿recuerdas? - Dice, tajante.

- Yo puedo suplirte - Dice, indiferente a su tono cortante.- No tengo sueño, en cambio tú llevas días sin dormir bien. Necesitamos estar en condiciones, mañana volveremos al camino.

Daryl niega lentamente con la cabeza, al tiempo que la chica se incorpora con sumo cuidado para no despertar a la bebe.

- Aunque quisiera no podría dormir.

Y no tiene que agregar algo más para que la chica entienda a lo que se refiera, en sus ojos se refleja la comprensión.

Con una manta sobre los hombros, la joven se acerca a él, sentándose a su lado. Se mantienen en silencio por lo que a Daryl le parecen horas, ambos velando por el sueño de la pequeña en frente de ellos. En el exterior de la casa no se escucha nada más que el suave susurro del viento y bamboleo de las ramas de los árboles, no hay gruñidos, ni siquiera los animales se escuchan. El silencio los relaja, evidencia que tanto los muertos como los vivos se encuentran lejos de ello, al menos por esa noche.

- Cuando era niña, solía escaparme al granero cuando ya todos en la casa se iban a dormir.- Comentó Beth, su voz era baja, trémula.- Me gustaba acostarme en el pasto frente a la ventana, observar las estrellas y escuchar los sonidos provenientes del campo. A pesar de que la noche es más silenciosa que el día, sigue siendo igual de bulliciosa. Pero ahora… Ahora pareciera como si alguien le hubiera dado click al botón de mute.

- Me gusta el silencio - Admitió Daryl.- Al menos lo que significa en estos momentos, todo está en calma…

Beth asintió. Lentamente la rubia apoyo su cabeza en el hombro del cazador, sorprendiéndolo pero sin llegarlo a incomodar del todo.

- Eres lo único que me queda, Daryl.- Afirmo la chica tras unos minutos de silencio.- Tú y Judith. No tengo nada más, he perdido a gran parte de mí familia, a mis amigos, a todos los que alguna vez pude conocer. Solo me quedan ustedes dos y no quiero perderlos.

La confesión de Beth le sorprendió, más no comento nada inmediatamente. Él era un hombre de pocas palabras y dudaba que tuviera algunas para una adolescente altamente emocional.

- Me gustaría que me enseñaras a cazar, así podría ayudarte un poco más… Dejar de ser una carga.

Cuando la rubia dijo eso, los ojos del cazador se posaron en ella. Desde su posición tan solo podía apreciar su perfil, así como la cercanía entre ambos. Algo en su interior se removió, ya no recordaba cuanto tiempo había pasado desde que una mujer hubiera estado tan cerca de él, al menos una chica como Beth.

- No solo cazar, quiero que me enseñes a defenderme. Mientras más aprenda, tendré mayores posibilidades de sobrevivir y de alguna forma proteger a Judith, por lo menos hasta que logremos encontrar un nuevo refugio.

Beth ladeo la cabeza, de tal modo que sus miradas se encontraron. En la oscuridad, los ojos de la chica parecían brillar de manera felina, como si se tratara de una gata… Una gata sin hogar. En ellos observaba la determinación, la fortaleza, esas ganas de seguir viviendo a pesar de lo ocurrido. No parecía ser la misma chica que conoció en la granja, la que se escondía detrás de su noviecito o su padre, y que al enfrentarse a la realidad estuvo a punto de suicidarse. Era alguien diferente, de alguna manera había cambiado. Aunque como ella misma lo dijo: Todos habían cambiado.

- Te enseñare - Se limitó a responder el cazador, regresando su mirada hacia la bebe que se removía en sueños.- Mañana empezaremos.

Ella asintió, regalándole una sonrisa. La primera que había visto desde la prisión.

- Te superaré, señor Dixon.- Bromeó, volviendo a posar su cabeza sobre el hombro del cazador.

- Ya quisieras…- Respondió.

Aquella noche, no pudieron conciliar el sueño.

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"Pero no podíamos quedarnos ahí, aquella cabaña no era un refugio para nosotros. Tuvimos que partir, pero aquel primer día en el bosque… Bueno, casi me hizo recordar a los días tras la caída de la prisión."

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Habían recogido todo lo que pudiera hacerles falta. Un par de frascos vacíos, las mantas raídas, unas mochilas que habían visto tiempos mejores, un par de velas y unas baterías aun en su estuche. Daryl se había encargado de afilar su cuchillo y el de Beth, de tener en condiciones su ballesta y de conseguir un par de ardillas para el camino. La chica en cambio había ideado un canguro para llevar a Judith con un par de mantas, había preparado alimento para la pequeña y ordenado sus cosas en la pequeña mochila.

Salieron a penas despunto el alba, sin siquiera mirar atrás. La cabaña les había servido como un refugio improvisado pero no podía competir con la prisión, y aquella sensación de seguridad que esta les había ofrecido. De alguna manera, Beth recordaba aquel lugar como su hogar, uno de los tantos que los muertos le habían arrebatado. La rubia apretó contra su pecho a la pequeña y se apresuró a seguir los pasos de Daryl.

Regresar al bosque no resulto ser tan duro como se lo imaginaba, quizá porque ya se encontraba mentalizada o porque los primeros días en realidad fueron más como una pesadilla. Aun sentía que seguía viviendo un mal sueño, pero al menos sentía que su espíritu se encontraba más sosegado. Caminaron sin detenerse lo que se le antojaron horas en absoluto silencio. La pequeña en sus brazos parecía darse cuenta de sus circunstancias, dado que durmió la mayor parte del tiempo y al despertar apenas soltaba algún gemido, lo cual Beth agradecía profundamente.

Daryl caminaba a un par de pasos por delante de ella, la ballesta siempre lista para utilizarla en cualquier circunstancia, y la mirada fija en el camino. De vez en cuando le hacia una seña, cambiaban de dirección o aceleraban el ritmo de sus pasos, o simplemente lanzaba una mirada por encima de su hombro para asegurarse que tanto ella como la pequeña se encontraban bien. Aquel gesto se le antojaba conmovedor, solo le gustaría que él se abriera un poco más con ella, después de todo eran los que quedaban.

- ¿Estas cansada? - Pregunto el cazador, lanzándole una mirada por encima del hombro.

La verdad era que sí. Los brazos comenzaban a dolerle por llevar a Judith, las piernas comenzaban a reclamarle por un descanso y ya varias gotas de sudor le habían regalado una caricia al deslizarse desde su frente hasta su barbilla. Pero en vez de contestar con una afirmación negó levemente con la cabeza, no quería parecer la chica débil ante los ojos del cazador.

- Estoy bien.

Daryl clavo su mirada en ella, como si pudiera ver más allá de su exterior.

- Descansemos un par de minutos.- Se limitó a decir, seguramente sin tragarse lo que ella acababa de decir.

Daryl apoyó la espalda contra la corteza de un árbol mientras ella se dejó caer en el suelo, saco un biberón de la mochila y comenzó a alimentar a la pequeña, que ya comenzaba a inquietarse.

- Aún nos falta un buen trecho que recorrer, probablemente nos toque dormir al aire libre. - Comento el cazador sin dejar de vigilarla.- No te excedas, si estas cansada tan solo dilo y nos detenemos por unos minutos. Te necesito en condiciones.

Beth no dijo nada al instante, procesando las palabras del hombre.

- ¿Crees que podamos encontrar un refugio decente?

- Eso espero, por el bien de la Patea Traseros.

Beth trago grueso.

- ¿Y más sobrevivientes?

Inmediatamente las facciones de Daryl se contrajeron, su mirada se afilo y frunció el ceño, de repente volvía a ser el hombre hosco que había conocido en un principio.

- Sí no nos encontramos a ninguno va a ser mejor.- Sentenció.

- ¿Pero Daryl…?

- Ya no queda gente buena, Beth. Los buenos éramos nosotros, y mira lo que nos pasó.

- No creo que seamos las únicas personas decentes que queden.

Daryl negó con la cabeza, como si con ese movimiento pudiera espantar sus palabras. A diferencia de la joven Greene, el cazador había visto con sus propios ojos la miseria humana mucho antes de ese apocalipsis, y a esa altura dudaba que la moralidad de las personas aún se mantuviera intacta. En un mundo sin ley, los pocos sobrevivientes que quedaban harían cualquier cosa por mantenerse con vida, así que los buenos principios y la decencia los podían mandar a la mierda.

- La gente buena no sobrevive. - Afirmo de forma tajante, dando por terminado el tema.

La rubia desvió la mirada del cazador a la pequeña que tenía en sus brazos, la niña se aferraba al biberón y observaba su alrededor con bastante interés, indiferente a la conversación que ambos adultos llevaban a cabo. Beth dejo escapar una sonrisa al observarla, queriendo de alguna forma ser como Judith en ese momento, y no acaparar tantos miedos y preocupaciones en su pecho.

- No todos pueden ser unos locos asesinos.- Comento, tras unos minutos. Acomodó a Judith en su regazo, obteniendo una risita divertida por parte de la pequeña. - Tú y yo no lo somos, Judith tampoco lo será.

Daryl no respondió, no quería llevarle la contraria. Pero él muy bien sabía que sus manos no se encontraban libres de sangre y que la Greene tampoco podría mantenerse así, de alguna manera si querían sobrevivir tendrían que aplicar la ley del más apto.

Un gemido los alerto.

- Da…- Empezó a decir la rubia, pero el cazador le hizo una seña para que guardara silencio.

- Recoge todo.- Susurro.

Beth rápidamente comenzó a guardar las cosas de Judith en la mochila, ajusto el canguro improvisado que había diseñado para la bebe y la acobijo con uno de sus brazos. Su mano libre acarició el mango del cuchillo en su cintura. Para ese momento el cazador ya tenía su ballesta levantada y cargada, su mirada afilada puesta entre los árboles, tratando de localizar de donde provenían los gemidos. De repente ya no era un gemido ronco y lejano, sino una multitud de ellos.

- Por ahí - Le indicó el cazador, refiriéndose al lado contrario al que venían los quejidos.

Sin perder tiempo se lanzaron a la carrera, Beth iba abriendo el paso con la pequeña Grimes entre los brazos, seguida de cerca por Daryl. Las ramas de los árboles aruñaban la palida piel de la chica, más ella no se detenía, iba saltando troncos caídos y esquivando rocas; la bebe en sus brazos comenzaba a inquietarse. El cazador no perdía de vista a la chica, aunque cada ratito lanzaba miradas por encima de su hombro, los quejidos parecían haber invadido cada rincón del bosque. Una cacofonía de lamentos, peligros y muerte.

- ¡Joder, es una maldita manada! - Exclamo Daryl, al ver los primeros indicios de los muertos entre los árboles. Al menos unos 10 o 12 caminantes iban detrás de ellos, pues al parecer ya habían captado su presencia.- ¡Corre Beth!

La rubia apenas dio un vistazo a los muertos, antes de acelerar el paso. Tan solo corría, sin considerar dirección alguna. Derecha, izquierda, salto, volvía a cruzar. Pero los muertos con su paso frenético pero pausado, parecían pisarle los talones. Sintió como Daryl se daba vuelta un par de veces, arrojando saetas que no supo si dieron en el blanco, su único objetivo en ese momento era sembrar la mayor distancia entre ellos y los muertos.

Sentía la manada tan cerca que por un instante estuvo a punto de llorar, no queriendo considerar ese su final. Volvió a lanzar una mirada hacia atrás, encontrándose con los ojos azules de Daryl quién también le dirigía una mirada extraña, angustiada, una que nunca había visto en aquel hombre. No quiso pensar en lo que eso podría significar, afianzo el agarre de la niña, y cerrando los ojos ladeo la cabeza y volvió a concentrarse en el camino. Fue justo entonces en que apreció entre los árboles la carretera, y sin dudarlo se impulsó hacia ese lugar.

Una empinada cuneta evitaba que alcanzara su objetivo de una vez, pero sin dudarlo se lanzó a subirla. De repente un dolor asfixiante se clavó en su tobillo, en el momento en que caía al suelo. De alguna manera se las arregló para caer en su espalda y no lastimar a la pequeña, más la infanta comenzó a llorar atrayendo a los muertos. De alguna forma, había tropezado y se había doblado el pie.

- ¡Daryl! - Chillo, resistiéndose a llorar.

El cazador que apenas había llegado hasta ella, la jaloneó de un brazo y la obligo a subir. El dolor que atravesó su tobillo la dejo sin aire, pero de alguna manera se obligó a continuar. El hombre la guiaba, había entrelazado sus dedos con los de ella, obligándola de esa manera a subir la pequeña cuesta hacia la carretera.

- ¿Estas bien? - Pregunto el cazador, al momento que tocaron el pavimento. La rubia se desplomo con lágrimas en los ojos, intentando en vano calmar a la bebe.

- Creo que me torcí el tobillo.- Fue lo único que pudo responder.

Sin perder tiempo, Daryl se acomodó la ballesta en su hombro derecho, tomó a Judith con un brazo y con la mano libre se las arregló para ayudarla a incorporar.

- ¡Vamos!

Cojeando, Beth corrió, intentando seguir el paso del cazador quién le ayudaba. Los muertos parecían acumularse en la cuneta, tratando de treparla o subirse uno sobre otro, sin mucho éxito. La chica agradeció al cielo la torpeza de los caminantes.

No supo cuánto corrieron o en qué momento dejaron de escuchar la canción de los muertos. Tan solo era consciente del dolor que afligía su tobillo, el ardor en sus pulmones a causa del ejercicio y de la mano de Daryl, que aún se mantenía entrelazada a la suya. En algún momento, Judith también se había cansado de llorar, pero se mantenía alerta en los brazos del hombre.

- Daryl…- Gimió, cuando sintió que sus últimas fuerzas se esfumaban en un soplido. - Necesito… necesito aire.

El hombre asintió, deteniendo sus pasos y lanzando una rápida mirada a su alrededor. La carretera parecía desierta, los gemidos se habían quedado atrás.

- ¿Estas bien? - Inquirió Daryl, agachándose ya que ella se había dejado caer en el asfalto.

- He estado en mejores condiciones.- Trato de bromear, pero el dolor dibujo rápidamente una mueca en su rostro. El cazador le tendió a Judith y se dispuso a revisar el tobillo de la muchacha.

- Parece que es un esguince.- Dijo, al rato.- Necesitas vendas y tal vez algo para el dolor y la inflamación.

Beth asintió, aún tenía lágrimas en los ojos por el esfuerzo.

- Primero necesitamos un refugio.- Comentó la rubia.

- ¿Podrás caminar? -

- No estoy segura, pero lo intentare.- Respondió la rubia.

- Vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí?

Ninguno de los dos se dio cuenta de que se encontraban rodeado hasta ese momento. Al alzar la mirada, Beth se encontró con un grupo de al menos cinco hombres, todos con armas a la mano y apuntando hacia ellos. De repente, las palabras de Daryl se sintieron como si fueran un balde de agua fría.

Ya no queda gente buena, Beth.


Continuara...


Nota de la autora. Buenos días a todos, disculpen la tardanza. He estado un poco mal de ánimos; acabo de terminar una relación de años, o mejor dicho: me terminaron a mí. Y realmente no he tenido ganas ni de escribir, ni de trabajar, ni de hacer nada. He tenido un montón de problemas por esto, pero lentamente voy superándolo. Así que espero que me disculpen, trataré de actualizar pronto está historia y el resto de mis fanfic.

Un abrazo, les adoro.

PD. Deja un review para que Daryl les lleve a pasear por el bosque.