¡Hola, hola! Bueno, regreso a ustedes con un nuevo capítulo. Sé que he estado un poco dispersa, pero es que tengo un montón de cosas que hacer y las musas a veces son traviesas, huyen de mí. Pero como lo prometido es deuda, aquí tienen el tan esperado capitulo.
Walking along an extended road
(Caminado a lo largo de un extenso camino)
V
Lo que no te mata, te hace más fuerte.
"A veces sueño con ellos. Demonios con piel de hombre. Todos y cada uno se encontraban perdidos, atrapados en su propia locura de muerte y destrucción, como sí la realidad ya no fuera suficiente. Pero no pudiendo con ella nos tenían que arrastrar a nosotros.
El Gobernador sembró el infierno en la Prisión, acabó con nuestros sueños. Desgarro a mí familia.
Josh con sus ojos grises, él mató algo en mí, se encargó de que la Beth de Hershel creciera de golpe, cambiara, se convirtiera en algo irreconocible. Una mujer que no sintió lo más mínimo al ver su cuerpo inerte, con un agujero entre los ojos y las llamas devorando su carne. Él se lo merecía, así como todo mí odio.
Los otros no fueron más que fantasmas, meros recuerdos, piedras en nuestros zapatos.
Veo mí reflejo y no me reconozco. Soy un montón de trozos pegados uno a los otros por una débil sutura. Soy un ser roto, a penas en pie por los relictos de esperanza que aún conservo. Aún sueño con ellos, pero también sueños con ese lugar seguro que seguimos buscando. Sé que lo encontraremos, con la misma certeza de que estaremos bien.
Hemos sobrevivido. A ellos, las pesadillas de carne y hueso. Estaremos bien."
"En ocasiones nos encontramos con aquellos momentos de calma, la paz que precede a la tormenta."
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Judith lloraba. No era un llanto abrumador, apenas un quejido, pero lo suficiente fuerte para arrastrarla desde el mundo de los sueños. Sus músculos la abrasaban, cada célula de su cuerpo bramaba por un poco de descanso. Se sentía adolorida, exhausta, un manojo de partes que se habían declarado en huelga. No supo exactamente cuánto tiempo transcurrió hasta que pudo abrir los ojos, los parpados le pesaban, pero al hacerlo se encontró al mundo sumido en una oscuridad abrumadora. Tuvo que parpadear un par de veces antes de que su alrededor se aclarara y sus ojos se adaptarán a la falta de luz.
No podía haber estado dormida por mucho tiempo, pero sentía que habían pasado años desde el momento en que había cerrado los ojos. Aunque ciertamente, como sus músculos muy bien le reclamaban, no había descansado lo suficiente. Pero haciendo uso de las pocas fuerzas que aún mantenía, se incorporó lo suficiente para poder echarle un vistazo a la habitación. Judith seguía llorando.
Encontró a la bebe en los brazos de aquel hombre que un par de horas atrás había intervenido por ellos. Dave, su hombre es Dave. Él me ayudo, ayudo a Daryl. Nos salvó. El recuerdo del cazador le golpeo con fuerza - El ruido de los disparos, la sangre, la carne desgarrada y ella intentando arreglarlo- Lo busco rápidamente con la mirada, descubriéndolo a su lado, sus manos aun aferrándose la una a la otra. El pecho del hombre subía y bajada con una tortuosa lentitud, de forma pausada, casi dolorosa. Y no pudo evitar que un nudo se formara en su garganta, robándole el aliento.
- Creo que la bebe tiene hambre.
Las palabras llegan hasta ella perezosamente, arrastrándose por la bruma que aún nubla su mente. Tarda en descifrarlas, su significado se le antoja de otro mundo. Pero cuando por fin logra procesarla, sus ojos azules se clavan en el hombre que mece a Judith, en un vano intento por calmarla. Ella asiente con la cabeza, e invierte toda su voluntad para poder apartarse de Daryl.
Sus movimientos son lentos, pesados, y sus músculos no dejan de reclamarle por el simple hecho de moverse. Cuando alcanza su mochila, se siente acalambrada y adolorida, pero aun así busca entre sus cosas hasta encontrar el ultimo biberón que tiene en condiciones. Aquel hombre le acerca a la bebe, quién al reconocerla deja de llorar y se apresura a agarrar el chupete del frasco, sorbe enérgicamente, lo cual hace que la rubia se pateé mentalmente. Mientras ella descansaba, la pequeña que había jurado proteger se encontraba en manos de un desconocido, pasando hambre, sin comprender la gravedad del mísero mundo en donde le ha tocado nacer.
- Nunca pensé volver a ver un bebe de nuevo - Admite el hombre, poniéndose de cuclillas delante de ella. Embriagado con la sola visión de la infanta.
Beth asiente como toda respuesta, las palabras se le han quedado atorada en la garganta. Aquel mundo no estaba hecho para los bebes, muchos menos para que un niño pudiera desarrollarse entre tanta muerte y devastación. Pero contra todo pronóstico, Judith había no solo logrado nacer, sino sobrevivir. La bebe vivía, gracias a todos los que se habían sacrificado porque así fuera. Era su pilar, el pequeño eslabón que la mantenía erguida y dispuesta a continuar.
- ¿Cuánto tiene? - Pregunta el hombre, acariciando los cabellos de la pequeña Grimes.
- Unos meses, pronto va a cumplir el año. - Y su voz se le antoja oxidada, como sí llevara mucho tiempo sin usarla.
- Esta pequeña es un milagro - Afirma, apartándose de ambas.
En la habitación solo se encontraban ellos cuatro, el otro hombre - Dick- ya no estaba con ellos, y su ausencia era apreciada por la chica. No quería lidiar con nadie más, no después de todo lo que habían experimentado en menos de un día. Cualquiera pensaría que ya debía haberse acostumbrado a lo inestable de aquel mundo, pero la verdad es que todos esos cambios no hacían más que alterarla, amenazando su cordura. Por lo mismo apreciaba la presencia de Judith a su lado, la pequeña era su ancla. Y Daryl… el cazador era su ejemplo a seguir.
Tuvo que ladear la cabeza para poder observar al hombre de nuevo, quién aún se encontraba en manos de Morfeo, lo cual agradecía. No sabía sí todo lo que había hecho por él realmente había funcionado, sí realmente lo había ayudado, ya que la paliza que había recibido el cazador era desoladora. Tenía los brazos amoreteados, el rostro deformado a causa de los cardenales y las contusiones, y un par de heridas pobremente cuidadas. Solo rezaba que no hubiera algún trauma que atentara con su vida en su interior. No podía permitirse el perderlo, él era su única familia.
Judith bebió rápidamente del biberón y no tardo en quedarse dormida sobre el pecho de Beth, mientras la chica la mecía con suavidad.
A pesar de que las cortinas evitaban que pudiera observar el exterior, escuchaba los pasos erráticos de los caminantes a las afuera, sus gemidos bajos y aterradores. Dave echaba un par de vistazo cada cuanto, moviendo tan solo un poco la cortina. Aunque su expresión denotaba cierta calma, Beth no podía obviar la tensión que reflejaban los hombros rectos del hombre.
- ¿Cuánto son? - Pregunto, acomodando a Judith entre sus brazos.
- Unos diez, quizá doce. En su mayoría se encuentran en la zona de la piscina.- Explico el hombre, volviendo a cerrar la pequeña hendidura entre las cortinas.- Me imagino que la gente pensó que ese era un buen lugar para refugiarse. Bloquearon todas las entradas ¿sabes? Tienen un par de carpas y equipo, estaban preparados para sobrevivir.
- Pero algo debió salir mal…- Susurro Beth, a lo que el hombre asintió.
- Si.
Se quedaron en silencio. Beth acomodo a Judith entre Daryl y ella, asegurándose que la bebe estuviera bien abrigada. También se aseguró del que cazador se encontrara cómodo, lo cubrió con una manta y apreció sus rasgos, prácticamente irreconocibles después de la paliza vivida. La menor de las Greene le ofreció una sonrisa, sabiendo que el hombre no podría apreciarla, y con delicadeza acaricio aquel rostro herido. Fue una caricia suave, efímera, una manera de agradecerle todo lo que había hecho por ella aquel día. Él había puesto su vida en peligro solo por protegerlas.
- Es un hombre valiente.- Dijo Dave en un murmullo.
- Mejor que muchos hombres.- Respondió la rubia, acostándose a su lado.
- Nunca quise que algo así pasara.- Se lamentó el hombre, tomando asiento en el sillón donde horas antes ella se había encargado de ayudar a su compañero.
- Nadie pensó que algo así pudiera pasar.
Y no se refería al enfrentamiento, la muerte o las heridas infligidas. Hablaba de los caminantes y todo lo que su sola presencia había causado en el mundo que alguna vez había amado.
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"Nos hemos enfrentado a demonios, Judith. Los caminantes son monstruos sin raciocinios, pútridos, hambrientos, son fáciles de enfrentar y esquivar. Pueden llegar a ser peligrosos, pero no son de ellos precisamente de los que debes cuidarte. A veces, el verdadero mal, tiene un corazón latiente."
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- ¡Despierta!
El grito la obligo a abrir los ojos, el tiempo para descansar había acabado.
Tuvo que parpadear un par de veces antes de espabilar completamente, pero al hacerlo se encontró con los ojos acerados de Josh. Un olor pútrido la alcanzo inmediatamente, y entremezclado con la peste a muerte también podía diferenciar el hedor resultante de la carne quemada. Aquella mezcla de olores la asquearon, obligándola a doblarse sobre sí misma y taparse la boca con una mano, para evitar que el escaso contenido de su estómago fuera expulsado.
El hombre dejó entrever una sonrisa ladina bajo el espesor de la barba. Al examinarlo bien, se dio cuenta que era él quien apestaba a muerte, ya que sus ropas se encontraban cubiertas de sangre pútrida y trozos de vísceras y casos. Su sola presencia se le antojaba perturbadora.
- Bien, bien, bien - Dijo, alzando una mano enguatada hacia ella.- Por fin, la bella durmiente decidió complacernos con su presencia.- Se burló, sujetándole la barbilla con fuerza.
Con una mirada desesperada barrio rápidamente la habitación, percatándose que Dave ya no se encontraba en las cercanía. Daryl seguía inconsciente y justo a su lado de la pequeña Judith, quien jugueteaba con el biberón vacío y las mantas que había usado para cubrirla. Inhalando una bocanada amarga de aire, volvió a posar sus ojos en los de aquel hombre quién parecía taladrarla con la mirada.
- Bueno muñeca, te voy a explicar la situación a ver sí entiendes.- Escupió el hombre, su rostro demasiado cerca al de la rubia.- Tú amigo aquí presente no solo asesino a dos de los nuestros, también jodio al imbécil de Dick, quien si no te has dado cuenta es un maldito quejicas.- Expuso. Su voz era baja, suave, como un siseo.- La cuestión muñeca, es que tú amigo debió haber pagado todo esto con sangre. Y sí no hubieran sido por los malditos muertos, te lo aseguro que yo mismo lo hubiera acabado.
Beth no se atrevió a decir nada. Aún mantenía presente la locura reflejada en los ojos de aquel hombre mientras golpeaba una y otra vez a Daryl. Josh era alguien peligroso, quizá tan letal como el mismo gobernador. Y tan solo el recuerdo de la demencia de aquel hombre era capaz de erizarle el vello de la nuca. En aquel mundo los malos parecían encontrarse al doblar cada esquina.
- Pero no lo hice - Continuó, encogiéndose de hombros.- No lo mate. Al contrario, ahí está vivito, y quizá no en las mejores condiciones pero se encuentra respirando ¿o no?
Ella seguía manteniendo su mutismo, por lo que el hombre la forzó a asentir clavándole los dedos en las mejillas. Sus manos apestaban a muerte, infectas.
- Ves, no soy un mal hombre. Soy comprensivo y puedo llegar a ser muy tolerable, escuche tú suplica, sopese sus posibilidades y debo admitir que saboreé tus palabras.- Dijo, relamiéndose los labios al terminar.- La cosa es muñeca, que en esta vida nada es gratis. Y bueno, desde que los muertos regresaron todo tiene un precio.
Un escalofrió estremeció su cuerpo y la imagen de Maggie le vino a la mente como sí se tratara de un puñetazo a la cara. Ella había presenciado como el temple de Maggie se había agrietado tras su encuentro con el Gobernador. Nunca quiso preguntarle, no solo porque sentía que al hacerlo la obligaría a revivir todos sus recuerdos, sino porque ella misma dudaba de querer conocer el alcance de la oscuridad dentro de la naturaleza humana. Antes de que el mundo se viera rodeado de muertos vivientes ya la sociedad se encontraba podrida, no quería imaginarse que bajo había llegado a caer en aquel mundo decadente.
En aquella ocasión había rezado por Maggie, implorando para que su voluntad volviera a ser la misma. Su hermana lo había logrado, demostrando el coraje que siempre se había reflejado en sus ojos. Pero en ese momento no era Maggie la que se encontraba frente al Gobernador sino ella, y aunque aquel hombre no fuera ese demonio con piel humana, no dudaba que fuera igual de peligroso que él. De repente la voz de Daryl pareció susurrarle al oído: Ya no queda gente buena
- Tus palabras exactas fueron: "Haré cualquier cosa" Sí nosotros los ayudábamos.- Dijo, y esa sonrisa grotesca no desaparecía de sus labios.- Y eso hicimos. Los salvamos de los muertos, les trajimos aquí, pudiste curar a tú amigo por nosotros. Esté lugar está libre de muertos por mí.
Sin agregar algo más, Josh la tomo del brazo y la jalo con tal fuerza que trastabillo, cayendo de rodillas. Su tobillo aún se encontraba sentido a pesar del vendaje, la hinchazón había amoratado la piel y al caer no hizo más que arrancarle un grito de dolor, que el hombre ignoro. Tiro de ella, poniéndola de pie y llevándola hacia la salida. Beth lanzo una mirada desesperada hacia la cama donde Judith la observaba con los ojos abiertos sin comprender lo que estaba ocurriendo ante ella y Daryl seguía inconsciente, completamente ausente.
Estaba sola, por primera vez en la vida se encontraba completamente sola. Desprotegida. Su pequeña burbuja por fin había terminado por ceder, dejándola completamente expuesta.
Josh la arrastro hasta la puerta, el pasillo se hallaba desierto. El dolor procedente de su tobillo le taladraba el cuerpo, las lágrimas comenzaban a agolparse en sus ojos y su visión se tornó confusa. El hombre abrió la puerta justo frente a la de ellos y la lanzó al interior el cual se encontraba completamente a oscuras, y no pudo evitar sentirse literalmente en la boca del lobo.
Ella le había dicho a Daryl que era una sobreviviente, que podía valerse por sí misma. Pero hasta ese momento no lo había demostrado.
Pero debía hacerlo.
Grito, abalanzándose contra el hombre, hincando las uñas sobre aquellos brazos fornidos. En un movimiento vano, tratando de alcanzar la puerta. No estaba racionando, era el puro instinto de supervivencia quién le dictaba órdenes a sus adoloridos miembros. El mismo miedo visceral que el día anterior la había paralizado ante la llegada del grupo desconocido, era quién la impulsaba esta vez a luchar contra aquel depredador. Se convirtió en una tormenta de uñas, dientes y puños, mientras las lágrimas surcaban libres por su rostro. Pero ese pequeño huracán en el que se había convertido no tenía ni la resistencia o la fuerza para si quiera lastimar a aquel hombre. Josh la tomó de los brazos, hundiendo sus dedos en la piel y apretando con tal ímpetu que estuvo segura que le fracturaría las muñecas.
Sus ojos eran grises, afilados, una tormenta desatada. Fue su visión la que acallo un nuevo grito que estaba naciendo en su garganta.
- Bram está muerto por tú culpa zorra - Siseó el hombre, con una letalidad que la paralizo.- Bram, ese hijo de puta, era la única familia que me quedaba.
"Familia"
Y algo en esa afirmación la derrumbo, desmoronando su resistencia.
Hubo un tiempo en donde ella había tenido una familia, antes de toda la muerte y miseria. La había conservado un poco rota después, compuesta por un montón de rostros diferentes entre ellos, pero de almas comulgadas en una sola meta: sobrevivir. Aquella era su familia. Y un psicópata se la había arrebatado, llegando hasta las adyacencias de su hogar con una declaración de guerra, arrastrando a los caminantes detrás de él. Ella sabía lo que era perderlo todo, lo tenía gravado en la sangre, en una cicatriz en su muñeca. Sabía cómo se sentía el quedarse sin familia.
- ¡Pagaras caro, puta!
Josh la empujó. Con fuerza, rabia y sin ningún rastro de piedad. Beth sintió como perdía el equilibrio, a penas consiente del hombre que se alzaba enfrente de ella como un monstruo de ojos acerados, plata fundida, el cual saboreaba su caía. Y ella seguía cayendo, derrumbada ante un abismo. La sensación de que se hundía en un mar oscuro pareció durar una eternidad.
El sonido del cristal fue la que la jalo de vuelta a la realidad. El estallido del cristal y la madera al romperse. Después fue el dolor, la piel siendo desgarrada por vidrios rotos y miles de pequeñas astillas. Su cuerpo estaba tan magullado, que esa nueva aflicción no provoco más que una nueva oleada de lágrimas, sollozos silenciosos que apenas sacudieron sus hombros. Se sentía extrañamente rota, completamente exhausta. Miro sus brazos cubiertos de pequeñas heridas de donde brotaban hilillos de sangre que comenzaban a salpicar el blanquecino lienzo en que se había convertido su piel. Percibía el mismo escozor de sus brazos en toda la espalda, por lo que no dudaba que está también estuviera cubierta de pequeños cristales. Dolía, pero también le dolían los músculos, su tobillo herido, su alma rota sí es que algo como eso aún existía.
El hombre se relamió los labios al observarla en el suelo, con el espíritu exhausto. A penas sonrió y ese gesto le recordó tanto el de un lobo antes de atacar, mostrando los dientes. Josh borró la distancia que les separaba, enredó sus manos en sus cabellos y volvió a arrastrarla nuevamente, pero en está ocasión no se defendió. De alguna manera su voluntad se había marchito, sus ganas de probarle al mundo que ella era todo menos lo que creían se extinguió justo como la llama de una vela ante un viento fuerte.
La arrastró hasta la cama enmohecida, lanzándola sobre las sabanas polvorientas. Sus ojos desmesuraros observaron como el hombre sacaba su cuchillo desde su cinto, un arma de caza, letal como todo lo que él representaba.
"Sé fuerte, Beth"
Era la voz de su padre que se colaba desde la bruma de sus recuerdos. Una frase que se abría paso desde aquel rincón recóndito donde la había ocultado, se arrastraba y excavaba entre tantos recuerdos y momentos ya perdidos. Quería responderle que ella era fuerte, que había sobrevivido, pero dada las circunstancias sentía que sería una mentira. Nada iba a estar bien. No iban a encontrar el resto de su familia, su padre nunca vería a sus nietos crecer y Judith quizá no sería más que un recuerdo que algún día tendría que enterrar. O quizá fuera ella quién perecería, después de todo ella no era una sobreviviente.
Pero ella tenía que ser fuerte, se lo debía a su padre. A todos los que había muerto mientras ella seguía respirando.
- Bram murió tentado por su deseo, por ti.- Dijo el hombre, perforándola con la mirada.- Vas a llevar el peso de su muerte siempre, grabado en tú piel.- Explicó, mostrándole el cuchillo.- Su vida y la de Jim, sí, ese otro bastardo que tú amigo asesino.
Y sin más palabras, Beth sintió como el hombre desgarraba su mugrienta camisa, dejando expuesto su vientre y su pecho, cubierto tan solo por un brasier descolorido. El deseo inundo la mirada del hombre, pero esté rápidamente fue reemplazado por la venganza.
El cuchillo desgarro la carne rápidamente, un corte superficial pero suficientemente profundo para arrancarle un aullido de dolor.
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"Tanto como tú tío Daryl como yo, hemos pasado por situaciones difíciles. Las hemos aprendido a superar, hemos peleado y vencido. Somos sobrevivientes."
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Yacía desnuda sobre un colchón salpicado de sangre, su sangre. Su ropa no era más que un montón de jirones olvidados en algún lugar de aquella habitación, destrozada como los últimos relictos de esperanza que pataleaban por sobrevivir en su conciencia.
Ya no lloraba, al parecer se había secado por completo. Tampoco había pedido clemencia, quizá no hubiera puesto más resistencia que la inicial, pero tampoco había permitido que aquel hombre la humillara más de lo que ya lo había hecho. No volvería a llorar, tampoco volvería a ser débil. Aquella Beth acababa de morir bajo una mirada acerada, ella ya no era la misma.
Aun así, a pesar de su resolución de ser una verdadera sobreviviente, no podía hallar la fuerza necesaria para ponerse de pie. Josh hace un par de minutos que se había ido, o quizá hayan sido horas, para ella era muy difícil saber cuánto tiempo había transcurrido. Los minutos se escurrían entre sus dedos igual que lo haría el agua de un riachuelo. Pero ella seguía sobre aquel colchón, sin lágrimas que llorar e hilillos de sangre que comenzaban a secarse sobre su piel, ahora su vientre era atravesado por dos larga heridas, que se semejaban a un par de zarpazos. No tenía energía, llevaba dos días extenuantes, su cuerpo había llegado al extremo. No solo estaba exhausta físicamente, sino espiritualmente. Había sido llevada al extremo.
Fue Dave quién la rescato de ese status quo en el que se encontraba. El afroamericano abrió la puerta en silencio, sigiloso se encamino hacia ella y a penas le dedico una mirada, que desde su posición la rubia no supo interpretar. Al instante, cubrió su desnudez con la chaqueta que llevaba puesta y delicadamente la cogió en brazos, prácticamente sin esfuerzo, como sí se tratara de una muñeca vacía. La traslado a la habitación en la que había pasado la noche, donde Judith la esperaba junto a un Daryl atrapado en la inconciencia.
- Te buscaré algo de ropa. - Le susurro el hombre, depositándola junto a ellos.- Y un poco de alcohol para limpiar esas heridas.
Ella ni siquiera le respondió.
Cuando regreso con un bulto de ropa (probablemente de los últimos residentes de aquel motel), Dave limpió las heridas en silencio mientras Beth sostenía a Judith en su regazo. La pequeña Grimes se reía delante de ella, jugueteaba, tratando de agarrarle el cabello que caía sobre su rostro magullado. El afroamericano trato primero las heridas de su vientre, apartando a la pequeña mientras se aseguraba de desinfectar la piel lacerada y vendarla, la mirada lastimosa que le dedico le indico a Beth algo que ya sabía, esas cicatrices serían para siempre. Seguidamente se dedicó a esterilizar los pequeños cortes de su espalda, en algunos casos teniendo que extraer pequeños fragmentos de vidrio y astillas incrustados en su piel.
La pequeña salto entre sus piernas llamando su atención. Beth le dedicó una sonrisa que sintió más como una mueca deforme, un mutante de lo que alguna vez había sido un gesto tan natural en ella. Le beso en la frente tratando de apartar toda aquella tempestad que ahora amenazaba con volverla loca. No queriendo que alguien más tuviera que sufrir lo que ella acababa de vivir, mucho menos la niña que tenía en sus brazos.
Ella no dejaría que Judith pasará por lo mismo, ella la protegería con uñas, dientes y todo lo que fuera necesario. Sería fuerte, como lo había sido su hermana, Michonne o Carol. Quizá llegaría a ser mejor que ella, podría ser tan resistente como Daryl. Ella lo sería, ya que no había podido serlo. Y ahora la Beth que había sido se encontraba muerta.
- No dejaré que nada te pase, Jude.- Susurro, rompiendo el silencio por primera vez. Acariciando aquella promesa, aferrándose a sus palabras como si fueran un madero flotante en medio de un mar embravecido.
Dave le dedicó una mirada vacías, esa clase de promesas no se hacían en aquel mundo de muertos vivientes.
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"Daryl, tú nunca me has dejado sola" - Dice, sonriéndole. Sabe que el cazador está recordando.- "Judith, tú tío siempre ha velado por nosotras. Nunca lo dudes."
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Tenía la boca seca, las extremidades acalambradas y un maldito pitido en el oído que parecía martilla su cabeza una y otra vez. El aire se sentía espeso, la atmosfera opresiva. Sintió el dolor golpear su cuerpo como si estuviera recibiendo una paliza de aquel hijo de puta que lo había engendrado. Abrió los ojos de golpe, parpadeando un par de veces hasta acostumbrarse a la falta de luz. No podía moverse, sentía punzadas en cada una de sus células y el sabor a sangre le inundo el paladar, se había mordido en respuesta al lacerante dolor que parecía atravesarlo.
Se encontraba confundido, quizá en un estado febril por el escozor de sus ojos y repentino malestar que lo embriago. Pero el dolor, el malnacido no pensaba dejarle las cosas fáciles. No era la primera vez que recibía una paliza de muerte, se había acostumbrado a recibir golpes desde que era un niño. Casi podía oír la voz de Merle susurrarle al oído: "¿Entonces Darylina, eso es lo único que tienes?"
Respiro profundo, intentando incorporarse. El dolor lo paralizó, obligándolo a morderse los labios de nuevo y saborear su sangre para evitar regresar a la inconciencia. Cayó con un golpe sordo sobre el colchón, notando entonces que tenía un brazo inmovilizado por vendas improvisando, lo que entorpecía sus movimientos.
"¡Que patético eres!" Y esa era la voz de su padre que regresaba del infierno solo para desatar su rabia.
Volvió a morderse el interior de las mejillas, desgarrando la carne, pero hallando en ese gesto la fuerza suficiente para enderezarse. El mundo pareció tambalearse ante su esfuerzo, convirtiéndose en un manojo de formas, colores y sombras, tuvo que inhalar una bocanada de aire antes de que su alrededor dejará de sacudirse.
Vislumbró a Beth durmiendo frente a él, en un sillón que había visto tiempos mejores. La imagen que le regalo la rubia era desbastadora, llevaba una franelilla de tirantes y la chaqueta que había usado como manta se había corrido hasta su regazo, dejando expuestos sus brazos repletos de rasguños pequeñas pero profundos. Su pómulo se veía amoratado, un raspón adornaba su frente y sus labios se apreciaban resecos, agrietados. Su tobillo sobresalía por debajo de la chaqueta dejando a la vista la piel inflamada, palpitante. No parecía reciente, pero esas heridas no podían tener más que un par de días.
¿Había dormido tanto?
Sintió nauseas a medida que todo en aquella estampa tomaba sentido para él. Algo había pasado. No eran simples suposiciones, lo sabía. Aquel maldito peso en el estómago se hizo con él, justo como había ocurrido cuando partió en busca de su hermano al enterarse que este iba tras el Gobernador. La impotencia le golpeo, estrujo sus entrañas, hizo mella con su interior. La pequeña rubia se había enfrentado a la miseria del mundo, de eso estaba seguro, y él no había estado con ella. La había dejado sola.
Una rabia abrasadora escaló desde el fondo de su estómago, la sintió asolar cada una de sus células. No sabía que había pasado, pero en ese momento no le interesaban los detalles, tan solo matar al malnacido que se había atrevido a lastimar de aquella manera a Beth. Lanzó una mirada airada por la habitación, tropezando con uno de los hombres que le habían acorralado y que en ese momento se encontraba observándole con el entrecejo fruncido y la Pequeña Patea Traseros dormida en sus brazos.
Sí hubiera sido un animal en ese momento estaría gruñendo, enseñando los dientes. Pero en cambio cerro los puños, sintiendo como el esfuerzo desgarraba sus músculos extenuados y el dolor lo golpeaba con más fuerza.
- Suéltala - Gruño, por lo bajo, sin querer despertar a la Greene.
El hombre lo hizo, lentamente y con sus ojos fijos en los de Daryl. No parecía asustado, ni amenazado por la presencia del menor de los Dixon - ¡¿Quién lo estaría con su estado?! - Sus movimientos eran serenos, aunque en sus hombros se reflejaba cierta tensión. Dave dejó a la pequeña en la cama, volviendo a enderezarse al instante.
- No soy tú enemigo - Dijo el afroamericano, alzando las manos en son de paz.
Daryl no le creyó. Y algo de ello debió haberse reflejado en sus ojos porque al instante el moreno agregó:
- Aunque se te haga imposible creerlo, las he estado ayudando.
El cazador soltó un bufido, solo bastaba con ver el estado de Beth para darse cuenta de lo muy poco protegida que se había encontrado la chica sin él. Se pateó mentalmente, no queriendo reconocer que gran parte de eso era su culpa. Él no había estado cuando la menor de las hijas de Hershel había necesitado su ayuda. Maldito, mil veces bueno para nada. Ni siquiera puedes cuidar de ella.
- ¿Qué paso? - Inquirió en un gruñido. Se sentía de nuevo mareado, el escozor de los ojos lo obligó a agachar la mirada. Su brazo le dolía horrores, ahí donde la bala había rasgado la carne. Los recuerdos se agolpaban ante él, reviviendo el ímpetu de la batalla. La golpiza, las balas, la voz de Beth aclamando por él.
- Los salvamos - Explicó Dave, está vez dirigiendo una mirada a la rubia que seguía dormida, ajena a todo lo que sucedía a su alrededor.- Pero no pude ayudarla a ella. Josh, él solo quería venganza.
No tenía que decirle más para que Daryl comprendiera. La llama en su interior explotó, arrasando cualquier rastro de cordura. Algo le había ocurrido a Beth, algo malo. Y él no tenía que ser un genio para saber cómo actuaban hombres como aquel Josh, ni un erudito para darse cuenta que aquellas heridas eran su responsabilidad. La rabia lo invadió, mortífera, extendiéndose por cada arteria, nervio y célula de su cuerpo. Entonces el deseo de herir, romper y acabar regreso a él, oleadas de odio, y un único deseo: matar.
- Lo mataré.
Beth se removió en sueños, llamando la atención de ambos hombres.
- Él volverá. Ella es suya. - Susurro Dave, apartando los ojos de la rubia.- Y tú no podrás hacer nada, él te matará a penas sepa que has despertado.
- No sí yo lo mato primero.
- Estas herido - Observo el hombre.
- Esto no es impedimento para un Dixon - Declaró, intentando incorporarse. - Ese cabrón no sabe con quién se ha metido. Mi familia se respeta.
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"Él lo mato, tú tío Daryl acabo con el demonio de ojos plateados. Éramos nuevamente libres en un mundo plagado de monstruos, pero estábamos de nuevo juntos. Recuerda esto, Judith: Lo que no te mata, te hace más fuerte."
Continuación…
Nota de la autora.Hasta ahora esté ha sido el capítulo más extenso de esta historia que he escrito. Lo necesitaba, y siento que falto. Es oscuro, pero creo que quise transmitir toda la desesperación de los personajes y de este apocalipsis.
Josh ha resultado un personaje interesante. Escribirlo ha sido sencillo para mí, no sé cómo explicarlo. Su letalidad, sus ojos, esa sonrisa de lobo. La locura que disfraza sentimientos, la maldad que no puede ser obviada. Ha sido un personaje interesante, y la verdad sea dicha: Lo más cruel que he escrito hasta ahora.
Habrá las que no estén de acuerdo con lo ocurrido con Beth. En cierto punto me parece que me he sobrepasado, pero la rubia necesitaba ese empujón para darse cuenta que ella aún no es una sobreviviente, que necesita mejorar para poder sobrevivir en aquel mundo. En la serie, Dawn y su grupo de policías chiflados la llevan a ese extremo, yo tan solo fui un poco más cruel. Terapia de choque.
Y bueno, sobre Daryl… Él consumió su venganza, y como se darán cuenta, aún se siente culpable por no estar con Beth en esos momentos que más le necesitaba. Él se siente responsable de ella.
Sobre Dave, él es un buen hombre que se ha visto atrapado bajos las circunstancias del apocalipsis.
Finalmente, quería preguntarles: ¿Les gustaría saber qué pasa con Josh? Mi idea principal era relatar todos los acontecimientos en este capítulo, pero confieso que mí musa me dejo. Necesitó cerrar este ciclo post prisión, así que el próximo capítulo será en el futuro, y los siguientes serán un relato de los años venideros. Sí, habrá un gran salto temporal. Por lo mismo les consulto, le gustaría que escribiera un mini capítulo de cierre a este arco argumental, o pueden vivir con la angustia de no saber cómo lo mato. Aunque les he lanzado un par de pistas a lo largo del capítulo.
No sé, soy toda oídos a sus consejos.
PD. Un review, para que Daryl les proteja está noche.
