¡Hola, hola!

Estoy de vuelta. Disculpen la tardanza.

En fin, les dejó con el esperado capitulo.


Walking along an extended road

(Caminando a lo largo de un extenso camino)


VI

Noches en vela


"Sobrevivimos, otra vez.

Hemos retado a la muerte en numerosas ocasiones y seguimos aquí, en pie. Debería sentirme feliz por ello, pero por alguna razón en vez de hacerlo simplemente me pierdo en ese lugar oscuro que se esconde en mí. Temó el día en que la suerte nos abandones, ese día en que me arranque mi razón de continuar. No sabría que hacer sí algo le pasará a Judith o a Daryl, no sabría cómo seguir viviendo…

Pero en este instante estamos vivos y eso es lo único que me importa. Seguiremos hacia adelante, como siempre lo hemos hecho. Y yo seguiré sonriendo, por ellos, por Daryl."

Dejó de escribir, se concentró un momento en sus palabras antes de guarda su diario en su bolso.

La noche se le antoja tranquila, con sus miles de estrellas y la brisa fresca acariciándole el rostro, de esos raros momentos en que todo pareciera estar bien.

Aunque nada lo está.

Cada uno de los músculos de su cuerpo pareciera estar palpitando, como sí tuvieran vida propia y se alzaran en protesta. Se imagina a sus células clamar por un buen descanso en una cama de verdad, por un baño y un plato de comida, o quizá simplemente rogar por un sitio seguro para pasar la noche. Pero como ya ha aprendido, en aquel mundo subyugado por la muerte, son contadas las ocasiones en que se obtiene lo que se desea y ellos no son exactamente afortunados.

Con un suspiro desvía la vista desde el cielo hasta posarla en la pequeña que duerme en su regazo. Judith se ha quedado dormida en medio de su relato, presa del cansancio. La pequeña ha optado por usar sus piernas como almohadas y el saco de dormir como sí se tratara de una manta, removiéndose en sueños se lleva el dedo a la boca por mera costumbre, una que Beth no ha podido quitarle por mucho que la riñe, mientras abraza una raída muñeca de trapo que años atrás la rubia cosió para ella.

Beth acarició con suavidad el cabello de la niña, apenas un roce intentando en vano peinar la alborotada y sucia cabellera. Judith ni siquiera se inmuto, atrapada en el mundo de los sueños como lo estaba. Por un instante, la mujer sintió envida de la pequeña Grime. La infanta había nacido en aquel mundo de destrucción, a diferencia de ella que había tenido que adaptarse a punta de experiencias y golpes, Judith parecía estar diseñada para sobrevivir. Sabía cuándo tenía que callar, correr, esconderse o dar la cara, y lo más importante, no añoraba ese pasado que a veces se sentía como un peso sobre sus hombros. El mismo que en momentos como ese le carcomían los restos que aún conservaba de su alma.

Dejó escapar un suspiro en el instante que unas hojas secas delataban que ya no se encontraba sola, el crujir de las mimas le advirtió. Su mano viajo con rapidez hacia su cuchillo, siempre listo, al instante que sus ojos tropezaban con el recién llegado. Daryl le dirigió una mirada intensa al instante que ella exhalaba y volvía a su posición, asegurándose de que Judith no se hubiera despertado por su reacción.

- ¿Todo bien? - Preguntó al hombre, quién en ese momento tomaba asiento frente al fuego.

El cazador asintió.

- No he observado nada extraño, supongo que está zona lleva mucho tiempo sin ser explorada.- Explicó, dejando la ballesta a sus pies. Se veía exhausto, los años comenzaban a hacerse visibles en forma de pequeñas canas que destacaban entre su largo cabello castaño.- Ni por caminantes, ni por vivos.- Completo.

- Supongo que eso es bueno.

Ambos se mantuvieron en silencio, uno que no les era incomodo, todo lo contrario. Beth se acostumbró al mutismo del cazador, solo roto cuando era absolutamente necesario. Normalmente eran Judith o ella las que se encargaban de llenar sus días de sonidos, siempre en un tono de voz moderado según el lugar donde se encontraran. Siendo ella quién enseñó a la pequeña a hablar, indicándole el nombre de todo aquello que les rodeaba y finalmente la apremió para que elevara su voz con una suave melodía y cantara, hasta el punto que ya no era ella quién cantara aquellos días de incierta calma, sino Judith.

Durante esos días, Beth podía jurar que en los labios del cazador se asomaba el fantasma de una sonrisa. Pero en ese momento no había rastros de ella en el rostro del hombre. En cambio, el ceño fruncido, la mirada afilada, y un rictus delataba que no tenían nada por lo que sonreír. Ninguna razón para ello. Habían vuelto a perder, la muerte los alcanzaba de nuevo; siempre lo hacía, por más que se escondieran.

La realidad la golpeó con fuerza, como muchas veces en el pasado.

Se las arregló para acomodar a la niña en su saco de dormir, causando que se removiera en sueños y se aferrará con más fuerza a su muñeca de trapo. El simple gesto desencadeno una tormenta de emociones en su interior, como sí se tratará del gatillo de un arma. Apego sus piernas a su cuerpo, rodeándola con sus delgados brazos y escondiendo su rostro ere sus rodillas, justo en el momento en el que el primer sollozo escaló por su garganta y brotó de entre sus labios como un suave lamento que arrastraba consigo un mar de sufrimientos, suficiente para un par de vidas. Se obligó a morderse los labios, a guardarse todo el dolor para sus adentros.

Ella ya no lloraba, se recordó.

Cuando logró abrir los ojos, Daryl ya se encontraba a su lado. La rodeo con sus brazos, atrayendo su menudo cuerpo hacia el pecho masculino. Beth se embriago con su aroma, esa mezcla de sudor, sangre y pólvora, a pesar de que hace años que las balas se les habían agotado. Refugiada entre sus brazos se permitió relajar sus extremidades, arropada con su calidez encontró un instante de comodidad. Eran esos detalles los que aún la mantenían con vida.

- ¿Crees que continúen con vida? - Preguntó al rato, mientras observaba la escueta fogata que habían preparado.

- No lo sé…- Susurro el hombre - La explosión atrajo la atención de demasiados caminantes, nosotros escapamos con suerte.

El fuego bailaba ante sus ojos. Llamas rojas, amarillas, anaranjadas; las cuales se alzaban, danzaban y se convertían en pequeñas estelas de humo que se apresuraban a alcanzar el cielo estrellado. Beth se mordisqueó los labios, las lágrimas aún amenazaban con hacerse presente. Y de repente se volvía a sentir como la chica de dieciséis años que ella había enterrado hace mucho tiempo.

- Kevin y Sam son de un material resistente, difíciles de roer.- Dijo la rubia, ladeando el rostro para poder posar sus ojos en el cazador. Intentaba acallar aquel torbellino de emociones en su interior.- Al igual que Camile… - Daryl bajó su mirada, haciendo frente a la de la rubia.- Estoy segura que lograron escapar.

Él asintió.

- Probablemente.

Ninguno de los dos agregó algo más, simplemente cualquier cosa que dijeran sería mentira. Por más que la rubia se aferrará a ese anhelo, ella sabía muy bien que la muerte era la única constante segura que aquel mundo les ofrecía. Sus compañeros eran todos unos sobrevivientes, para ese momento solo los verdaderos luchadores permanecían con vida, y aunque existía una mínima posibilidad de que ellos siguieran con vida, Beth estaba segura de que no los volvería a ver. Los había perdido, como años atrás había perdido a su familia en la prisión.

- Deberías descansar, mañana tenemos que continuar. - Le susurró Daryl, apreciando como la mirada de la rubia se perdía entre las llamas.

- Estoy exhausta pero no me apetece dormir.

Y no era necesario que ella le explicará, él sabía muy bien el porqué: Pesadillas.

Rememorar tiempos pasados, eso siempre atraía a los demonios que deberían estar enterrados en el olvido.

- Judith no tiene por qué saber sobre ellos. - Comentó, tras unos minutos que se le antojaron eternos.

Ellos.

Beth sabía a qué se refería.

Ese ellos podía pertenecer a cualquier fantasma de su pasado, pero había un grupo de monstruos en especificó que ni ella ni Daryl podrían olvidar jamás. Se llevó las manos al vientre, ahí donde ocultas por su raída franelilla y un par de prendas de invierno, se encontraban dos cicatrices que la atravesaban a lo largo. Josh y su grupo: ellos. Daryl se había encargado de cortarle la garganta a aquel hombre cuando ni siquiera podía ponerse de pie a causa de sus heridos, Dave lo ayudó a vengarla tras convencerlo de escapar, dejando a los otros dos desprovistos de equipo.

Ella no había vuelto a ser la misma desde entonces. Lo supo en aquel momento, cuando se obligo a observar como la sangre manaba a borbotones desde una segunda sonrisa en el cuello del hombre, mientras la vida de Josh se escurría ante sus ojos, grises, fijos en su persona. Tan solo el recuerdo la hizo estremecer. Pero aquel instante se dio cuenta de que ella había cambiado para siempre.

- No le he contado detalles de nada… - Susurro, tan solo con un hilo de voz. Tratando de espantar esas memorias, la sensación de falsa justicia que experimentó cuando Daryl le dio fin a la patética vida del demonio de ojos grises.

- No lo digo por ella.- Explicó el cazador.- Lo digo por ti.

- Está bien, Daryl.- Dice, delineando la cicatriz sobre la ropa.- Lo que no te mata, te hace más fuerte ¿recuerdas?

- Tú siempre has sido fuerte, Beth. No necesitabas pasar por eso, yo tenía que estar ahí…

Ahí estaba de nuevo: La culpa.

- No continúes.- Lo acalló, incorporándose entre sus brazos. No quería que el cazador continuara por esos senderos oscuros. - Por favor, no te culpes. Yo lo necesitaba… Necesitaba ver la realidad, la miseria de este mundo. Mi papá me protegió de él, Maggie, Glenn, Rick, tú… Pero yo no podía continuar sin ver realmente a lo que me tenía que enfrentar, debía arrancarme la venda que me tapaba los ojos.

- ¡Eso no fue arrancarse la venda! - Exclamó, con un tonó de voz fuerte. No, claro que no, había sido mucho peor. Ambos lo sabían.

Beth alcanzó sus manos, entrelazando sus dedos con los de él. El cazador se mostraba molesto, había apartado la mirada de ella y se había concentrado en un punto ciego en el bosque. Beth aprovecho de explorar su físico, seguía siendo el mismo hombre hosco y solitario, con una espesa barba y el cabello tan solo unos centímetros más largos que en aquel entonces.

Ella sonrió con suavidad, él y Judith eran todo su mundo.

- Cuando caí en cama, después de lo ocurrido en el granero - A pesar del tiempo, aún le dolía recordar aquella otra vida.- En ese momento yo no quería vivir ¿recuerdas? No quería comer, pararme, ni siquiera respirar. Todos estaban pendiente de mí. Maggie, Lori, Patricia, mi papá… Pero yo no veía más allá de mí, de mí dolor y desesperanza, no creía que hubiera algo por lo que vivir.- Explicó.- Pero entonces Andrea me dio a entender que sí me enfrentaba a la muerte y aun así sobrevivía, es porque realmente había algo por lo que vivir.

Daryl desvió la mirada de vuelta a la rubia.

Normalmente no hablaban del pasado, trataban de evitarlo como sí les quemara - Porque realmente lo hacía: abrasaba, desgarraba, los destruía-, muchos menos hacían referencia a él para tocar temas tan personales. Su relación, fuera lo que fuera, se construyó en base a la rutina, al día a día, la supervivencia, la compañía mutua y la esperanza, esa que la chica se las había ingeniado para sembrar en él. Pero ahí estaba la mujer frente a sus ojos, recordando otra vida, en otro lugar, siglos atrás (o al menos así lo sentía él); sacando a la luz un tema que él se imaginaba hace tiempo extinto, junto con la granja.

- Andrea me dejó sola, permitió que me enfrentará a la muerte. Cuando el filo del espejo rasgo la piel de mí muñeca…- Negó, de repente la desazón volvía a aprisionar su pecho. Acarició su muñeca, ahí donde aún relucía la cicatriz.- En ese momento supe que tenía que vivir, que no podía dejarme morir. Eso no era realmente lo que yo quería.

Ella sonrió con tristeza, un gesto que no alcanzó a llegar hasta sus ojos.

- Cuando Josh me atacó me sentí igual. No pude protegerme, estaba sola y en vez de luchar por mí, tan solo lo dejé actuar. Él daño algo en mí, pero también volvió a despertar en mí ese espíritu de supervivencia.- Atrajo las manos de Daryl hacia ella, posándola sobre su pecho.- Quiero seguir viviendo, pase lo que pase. Pero para ello necesitaba ser tan fuerte como lo soy ahora, así que no te culpes por permitirme encontrarme. Sí no hubiera experimentado esa maldad, quizá seguiría siendo la niña ingenua que fui entonces y probablemente a esta altura me encontraría muerta.

El cazador sintió los latidos del corazón de la rubia por unos segundos, pero al instante apartó las manos.

- Tonterías…

Él se podía imaginar lo que la chica sufrió en aquel entones, lo que aquel hombre le había hecho. Y todo porque él no se encontraba en condiciones para cuidarla. Él le falló, pero se había jurado así mismo que no volvería a hacerlo. No permitiría que nadie ni nada le volvieran a lastimar.

- Eso ya es pasado, Daryl.- Afirmó la chica.- Un pasado que está muerto y enterrado, y el cual no debería hacernos más daños.

Asintió solo por hacerlo, porque él sí era capaz de sentir ese pasado como fantasmas a sus espaldas. Siempre presente, susurrándole al oído, riéndose con cada paso que daba.

"Darylina, mira que la has jodido." Le decía la voz de Merle. Y él le odiaba por ello, por estar tan presente y a la vez por no estarlo.

Ambos callaron, se dejaron arrastrar nuevamente por el silencio de la noche. Beth volvió a encontrar su lugar entre los brazos de Daryl, con su cabeza apoyada cerca del corazón del hombre. Le gustaba el sonido que generaba sus latidos, ese "bam, bam, bam" que evidenciaba que ambos seguían con vida. En contra de todo pronóstico.

- ¿A dónde iremos? - Preguntó, los parpados comenzaban a pesarle.

- Estaba pensando ir al norte.- Le respondió el cazador.- Aún estamos en verano, sí podemos encontrar y adecuar un refugio, tendremos unos meses de calma gracias al invierno. Me parece que es la mejor opción.

- Podríamos llegar a Washington o hasta New York.

- Sabes que no es recomendable entrar en las ciudades grandes.

- Lo sé, solo digo que podríamos intentar llegar hacia ellas. Los suburbios eran grandes por esa zona, quizá podamos conseguir suministros, ropa, equipo, puede que hasta armas.

Daryl lo dudaba, pero había aprendido de Beth que la fe era necesaria para sobrevivir. Por lo cual solo asintió, sin estar muy convencido.

- Es un viaje muy largo, tendremos que buscar provisiones en algún pueblo cercano. Judith necesita unos zapatos más apropiados.

- En la carretera, como en los viejos tiempos.- Se lamentó Beth.

- Encontraremos un lugar seguro para Judith.- Afirmó el cazador.- Para nosotros.

Ella le sonrió.

- Lo haremos.

Después de todo, ella en verdad creía que podían encontrar donde vivir más que sobrevivir.


Continuara...


Nota de autora.

Me gusto escribir este capítulo, que como se habrán dado cuenta nos relata los hechos presentes. Beth, Daryl y Judith se encuentran aun acampando, refugiados tanto de vivos como de caminantes. Y me ha agradado revelarles un poco de su relación actual, hay mucho contacto físico por parte de la pareja sin llegar a ser "pegajoso". Así me los imagino, presas de la rutina, compartiendo momentos personales. Daryl es del tipo solitario, no me lo imagino demostrando su afecto públicamente. Beth, a pesar de que es distinta a Daryl, también ha madurado y sus gestos se han convertido más bien en pequeños detalles.

Además, en este capítulo he soltado un par de pistas de lo que va el fic, porque sí, no solo se trata de la relación de nuestra pareja. Espero que las hayan captado.

En fin, en el próximo capítulo continuaré relatando las vivencias pasadas de estos dos. Espero poder publicar a principios de Marzo.

Gracias por seguirme leyendo, un abrazo.

Green.

PD. Un review, para que Daryl les abracé como a Beth.