El primer encuentro:

Luz. Fue lo primero que sintió Selene al salir del Inframundo, la luz del sol sobre su pálido rostro, durante unos segundos cerró los ojos, disfrutando de aquella placentera sensación que no podía sentir en el Inframundo. La muchacha abrió de nuevo los ojos esbozando una amplia sonrisa, iba a disfrutar de su momento de "libertad".

Shion de Aries, un hombre alto de largos cabellos verdes de un tono amarillo verdoso estaba acompañado de Manigoldo de Cáncer quien se pasaba una mano por su cabello azul mientras sus ojos del mismo color miraban con desinterés a su alrededor, encontraba Rodorio bastante aburrido. Ambos hombres estaban vestidos con ropas normales, con sus cosmos reducidos, después de todo, no había ningún enfrentamiento a la vista. El Santo de Aries tuvo que pedir a su compañero que se comportará a lo que Manigoldo respondía con una media sonrisa.

_ Cálmate, Shion, no voy a hacer nada raro.

_ Si no te conociera, te creería. _ Repuso el Santo de Aries dando después un lánguido suspiro.

Un niño, de no más de diez años paso corriendo, haciendo que ambos Santos se aportarán, antes de que Manigoldo pudiera espetarle algo al menor apareció otro hombre de mucha más edad, seguramente llegaría a los cuarenta, perseguía al niño, gritando que lo detuviesen. Tanto Shion como Manigoldo supusieron que aquel niño le habría robado, ambos hombres se miraron entre sí y, tras encogerse de hombros, siguieron aquellos dos solo que aún paso más calmado.

Selene no había tardado mucho en llegar a Rodorio y lo primero que hizo al llegar allí fue comprar un cesto de manzanas, la espectro tenía debilidad por aquellos frutos, se parecían a las que se encontraban en el Inframundo, solo que las de allí eran de color negro y su sabor era bastante amargo, en cambio, las del Mundo de los Vivos eran rojas y mucho más dulces.

Los gritos de un hombre captaron la atención de la muchacha, ver al niño con un pequeño bulto en los brazos y a un hombre más mayor persiguiéndole le trajo viejos recuerdos de cuando ella era la pequeña ladronzuela.

Aquel hombre no tardo en coger por el brazo al niño, retorciéndose lo con fuerza, el niño se quejo a la par que se revolvía, le estaba haciendo daño pero eso no parecía importar al adulto.

_ Oe viejo _ Dijo Manigoldo quien junto con Shion les había alcanzado_. No te pases con el crío.

_ No te he pedido tú opinión.

Si el tono de Manigoldo fue cortante el del aquel hombre era tosco. El menor seguía resolviéndose para intentar liberarse, aquello agotó la poca paciencia del adulto quien no tardo en alzar el puño para golpearle.

Pero el golpe nunca llegó a producirse.

_ Un hombre adulto intentando golpear a un niño, debería darle vergüenza_ Dijo una voz femenina.

Para Sorpresa de todos alguien se había adelantado a los Santos de Athena. Una muchacha de largos cabellos azul pálido sujetaba con fuerza la muñeca del hombre, apretandola a la par que la retorcía levemente. Manigoldo observó con detenimiento a la joven, no la había visto antes por Rodorio, una chica así sería difícil de olvidar una vez que la has visto. Pelo largo y azul, piel pálida... Lo que él denominaría un cuerpo apetecible, además sus ropas no parecían propias de las personas que habitaban aquel pequeño pueblo cercano al Santuario. Su vestido aunque era sencillo, casi parecía una túnica de un curioso tono negro. Shion también observaba a la muchacha, sin embargo, el Santo de Aries se fijo más en lo rápido que se había movido la muchacha y que a pesar de tener una contextura delgada tenía bastante fuerza.

_ Ahora suelta al niño y pídele perdón_ Le espetó la muchacha ejerciendo más presión en la muñeca.

_ ¡¿Y si no lo hago que vas a hacer criaja?!_ Espetó aquel hombre mirando a la peliceleste de mala manera.

_ Qué te obligare yo y seré mucho más desagradable, sobretodo, por gritar a la señorita_ Intervino Manigoldo a la par que se cruzaba de brazos.

Al ver que estaba en una clara desventaja el adulto no tuvo más remedio que agachar la cabeza y soltar al niño susurrando un casi inaudible "Perdón". Tiro de su brazo para soltarse del agarre de la muchacha, aunque no fue hasta que la joven decidió soltarle. Airado, el adulto se marchó a grandes zancadas del lugar maldiciendo entre dientes.

El niño miro tanto a los Santos de Athena como a la mujer y esbozo una leve sonrisa de agradecimiento. La peliceleste se agachó para estar a la misma altura que el menor poniéndole una mano en la cabeza mientras esbozaba una cálida sonrisa.

_ Niño, ¿No te han dicho que robar esta mal?_ Preguntó Manigoldo, aunque había cierta diversión en su pregunta.

_ Lo sé..._ Respondió el niño a la vez que agachaba la cabeza_, pero tenía hambre...

El estomago del menor decidió reafirmar lo dicho por el niño emitiendo un sonoro gruñido. Sus mejillas se tiñeron de un sutil tono rojo mientras apretaba contra su pecho el pan que había robado. Selene se quedo mirando al menor y le tendió el cesto de manzanas. El niño parpadeo sorprendido y miro a la joven, algo inseguro.

_ Quédatelas_ Le dijo la joven a la vez que esbozaba una amplia sonrisa cerrando con suavidad los ojos.

El niño dudo durante unos segundos pero finalmente esbozo una amplia sonrisa cogiendo el cesto que la chica le tendía, los ojos del menor se ilumiraron, Shion se pregunto cuando había sido la última vez que había comido algo decente.

_ ¡Muchas gracias!_ Exclamó el muchacho y salió corriendo con las manzanas, parecían que le habían hecho el mejor regalo de su vida.

La peliceleste se incorporó mirando como el muchacho se alejaba corriendo, Manigoldo no pudo evitar reír por lo bajo mientras Shion había observado todo aquello en silencio, miro de nuevo a la desconocida. No parecía que hubiera maldad alguna en ella, más bien todo lo contrario, ¿De dónde era aquella joven?

_ Eso ha sido muy gentil por tu parte_ Dijo Shion, rompiendo el silencio que se había formado.

_ Él las necesitaba más que yo_ Respondió la joven a la vez que se voltea para mirarles, poniendo ambas manos tras la espalda.

_ Aún si, no mucha gente lo hubiera hecho.

_ Es un niño, no deberían tener que robar para llevarse comida a la boca.

_ Los tiempos son difíciles_ Repuso Manigoldo quien en su pasado no había sido precisamente un ángel_, por cierto, preciosa, buena intervención.

La peliceleste puso una mano tras la nuca, un tanto avergonzada, mientras que Manigoldo esbozaba una sonrisa ladeada, Shion miraba de reojo a su compañero, volviendo a mirar de nuevo a la joven.

_ ¿Quién eres?_ Preguntó el Santo de Aries, ya que habían empezado una "conversación", aprovecho para saber más de la joven.

_ Selene _ Se presentó, no le importaba decirles su nombre, después de todo no iba a pasar nada malo por decírselo al menos eso fue lo que pensó en aquel momento.

_ Yo soy Shion de Aries_ Se presentó y luego hizo un gesto con la mano en dirección a su compañero_ y es Manigoldo de Cáncer.

_ No dejes que me presente yo, eh _Manigoldo rió levemente a la par que ponía los ojos en blanco_, no eres de aquí.

_ No, estoy de paso_ Respondió la muchacha de inmediato.

Selene se sintió nerviosa, en cuanto escucho sus nombres supo de quienes se trataban, eran dos Santos de Athena, de Oro para ser exactos. Sin embargo, no los encontró tan... "Amenazadores" como le habían descrito en el Inframundo, más bien le parecieron dos personas de buen corazón, el Santo de Cáncer tal vez un poco canalla. La peliceleste se paso una mano por los cabellos azules poniendo un mechón tras su oreja. Manigoldo observó aquel gesto casi encandilado, ahora sabía el nombre de la joven, pero aquella muchacha de cabellos celestes le seguía intrigado, como si fuera un gran misterio que tenía que resolver. Shion se percató del nerviosismo de la joven, preguntándose de inmediato a que se debía, mas no pudo hacer ninguna pregunta más pues la joven dio un paso atrás.

_ Yo... Tengo que irme ya, me están esperando_ Dijo la muchacha, no era así, pero debía regresar antes de que se dieran cuenta de que se había marchado._ Adiós.

La joven se apresuró a marcharse mientras los dos Santos miraban con sorpresa lo rápido que la muchacha se iba, sin embargo, Shion dio un paso al frente.

_ ¡Selene! ¡No dudes en ir a la Casa de Aries cuando lo necesites!

Aquella "Invitación" sorprendió tanto a Selene como a Manigoldo quien miro a su compañero extrañado, ¿Acaso se había perdido algo? Shion solo vio marcharse a la joven.

Selene no tardo en volver al Inframundo, aún estaba confusa, si el Santo de Aries supiera realmente quien era no le hubiera dado "aquella" invitación a ir allí cuando necesitará ayuda. Era un espectro, eran enemigos, la próxima que les viera seguramente tendrían que enfrentarse. La sonrisa ladeada de Manigoldo y la expresión seria del Santo de Aries acudieron a su mente, dejándola más confusa que antes. No les vería de nuevo, o al menos eso pensó.

Sin embargo, el destino siempre es caprichoso.