Se avecina la Guerra Santa:
Minos de Grifo, con el cabello blanco y largo suelto, bajandole por la espalda ojos son color violetas estaban parcialmente tapados por el flequillo, caminaba por los pasillos del Castillo de Hades, tras una reunión con su Dios acompañado de los otros tres Jueces del Infierno.
Se aproximaba la próxima Guerra Santa, ya estaban casi todos los preparativos, dentro de poco harían un primer ataque al Santuario. El Juez buscaba a su subordinada, Selene, quien estaba desaparecida, otra vez, ¿Tanto le costaba permanecer en el Inframundo? Al menos podría avisar de que se iba a ausentar, el Juez contuvo un resoplido de frustración. Seguía sin comprender el porque Hades había puesto a aquella muchacha en su división, lo más normal hubiera sido que la pusiera bajo las órdenes de Radamanthys, su mentor, pero le había tocado a él lidiar con la muchacha. Muchas veces le sacaba de sus casillas, nunca obedecía sus órdenes, le faltaba al respeto la gran mayoría de las veces, si no la mataba era porque sabía que tendría que vérselas con Radamanthys y, seguramente, con Kagaho con quien la joven tenía amistad o al menos se mostraba una actitud agradable.
Tras varias horas el albino encontró a la peliceleste en uno de los patios interiores que había en el castillo. La joven se encontraba sola con un libro bastante grueso entre las manos, seguramente Lune se lo había prestado para que estuviera entretenida. Se acerco a la joven con paso firme cruzándose de brazos cuando apenas les separaba un par de metros. Selene, aunque sabía que allí se encontraba su superior, no retiro la vista del libro en ningún momento, ignoranle de forma deliberada, Minos se quedo mirando a la joven en completo silencio hasta que se harto y le quito el libro de las manos. La muchacha giro el rostro para mirarle con el ceño ligeramente fruncido.
_ Lo estaba leyendo_ Le espetó de una forma un tanto hosca.
_Me da igual_ Clavo sus fríos ojos en ella_. Te he estado buscando durante horas, ¿Tanto te cuesta decirme dónde estás?
_No me he movido de aquí._La joven se cruzo de brazos, había pasado una semana desde su última escapada y desde su encuentro con aquellos dos Santos de Oro_, ¿Qué quieres?
_ Qué te prepares, dentro de poco atacaremos el Santuario.
_ ¿Tan pronto?_ Selene no pudo evitar poner una mueca de desagrado_, el Señor Hades no actuaría de una forma tan precipitada...
_Son sus órdenes_ Dijo el Juez de forma tajante_, te encargarás de que nos molesten el menor número de Santos posibles, irás en un grupo aparte.
_Esta bien ... -Lo dijo sin mucha convicción, al menos no tendría que estar todo el tiempo con él.
_ Solo haz tu trabajo.
El peliplateado le devolvió el libro a la muchacha, marchándose del patio y dejándola completamente sola. Selene cerró los ojos y dio un profundo suspiro abriéndolos de nuevo a los pocos segundos y clavando su vista en la portada del libro. Se quedó en silencio sumida en sus pensamientos, ¿de qué servía entrar en guerra con el Santurio? Solo traería muerte y derramamientos de sangre que en muchas ocasiones serían innecesarios. La muchacha no era una persona violenta, si podía evitar un conflicto lo hacía, sin embargo, en el combate destacaba por su tenacidad y por levantarse siempre sin importar lo poderoso que fuera su rival, según había dicho Pandora, si fuera más cruel y menos compasiva, sería tan temible como los Tres Jueces del Infierno, pero la peliceleste casi siempre dudaba a la hora de segar la vida de su oponente, matando solo cuando no quedaba más opciones.
La joven se levantó de donde se encontraba sentada. No estaba de acuerdo en el plan de su Dios, cierto era que en el Mundo de los Vivos había maldad, ella misma lo había visto de primera mano, había sido testigo de las atrocidades de las que era capaz el ser humano, sin embargo, sabía que no todo en el mundo estaba podrido, también había bondad, luz, personas que se preocupaban por otras... como Manigoldo y Shion. Selene sacudió la cabeza, ellos dos eran sus enemigos le gustase y no, tendría que enfrentarse a ellos, pero en aquella semana no había dejado de pensar en ellos.
Lo Santos de Athena se encargaban de proteger a la humanidad, arriesgaban sus vidas para preservar la paz... Ellos si hacían lo correcto a diferencia de ella, pero ¿Qué otra opción tenía? Era un espectro del Dios del Inframundo, Hades, cierto era que no le guardaba "lealtad", que si formaba parte de su ejército por Radamanthys de Wyvern, su maestro... Él era lo más parecido a un padre que conocía, le debía mucho y aquella era su forma de agradecerle todo lo que hizo por ella, Radamanthys no era conocido por ser un buen samaritano precisamente y, a pesar de ello, la cuido y la protegió, nunca le pidió nada a cambio incluso le dijo que no tenía porque tomar la Sapuri de la Quimera si no lo desea, pero tomo la Sapuri y formo parte de las líneas de Hades.
La peliceleste alzó la mano, concentrando una pequeña cantidad de cosmos en su mano para formar una pequeña bola de hielo, transparente como el cristal, esbozo una leve y pequeña sonrisa en su pálido rostro, siempre le había gustado la nieve y el frío algo que no había en el Inframundo, allí era imposible ver un simple copo de nieve, pero la joven era capaz de manejar el hielo, Selene se había informado y aunque no era tan hábil como el Santo de Oro de Acuario, sabían que tenían unos poderes parecidos, la peliceleste le denominaba el "Rey del Hielo" y era imposible de negar lo mucho que admiraba a aquel hombre. La joven cerró el puño haciendo que aquella pequeña bola se rompiese.
Camino a su cuarto para tomar su Sapuri, le gustase o no, tenía un deber que cumplir.
