Así lo quiso el destino:

Shion continuo mirando incrédulo a la muchacha, parecía un ángel caído del cielo, un rostro demasiado dulce para llevar aquella Sapuri. El Santo de Oro se sintió confuso, no había ninguna maldad en ella, ¿Cómo podía ser un espectro?

_ Creo que es momento de que me presente correctamente_ Dijo la espectro a la par que bajaba del árbol_. Soy Selene de Quimera, Estrella Celestial de la Frialdad.

_ ¿Cómo es posible que seas un espectro?_ Preguntó manifestando su confusión.

_El destino.

Ambos se miraron. Selene sabía que aquel momento llegaría tarde o temprano, pero si era sincera no quería que ese momento llegará. Elevo su cosmos mas aún no ataco, prefería esperar a los movimientos del que ahora era su contrincante. El Santo de Aries entrecerró ligeramente los ojos, le estaba costando asimilar que aquella joven que conoció una semana atrás en la que vio una inmensa bondad estuviera en las filas del Señor del Inframundo. También elevó su cosmos pero al igual que la muchacha no atacó de inmediato.

_ No eres una persona malvada, no eres como los otros espectros_ Shion volvió a hablar, rompiendo el silencio que se había establecido. Tenía demasiadas dudas que necesitaba que fueran aclaradas.

_ Shion..._ La espectro esbozo una triste sonrisa_, eso no es importante... Soy un espectro de Hades-sama... No hay más que hablar.

La peliceleste no quería hablar del tema, no quería hacerle ver que ella misma tenía dudas respecto a lo que debía hacer o no. Lanzó una ráfaga de aire congelado al Santo de Aries, haciéndole retroceder varios metros. Shion miro a la muchacha apretando la mandíbula, un cosmos poderoso, sin duda, pero no era un cosmos maligno. Tuvo que sacudir la cabeza, ahora no era el momento de dudas, le gustase o no debían enfrentarse.

" Qué sea lo que Athena quiera" _ Pensó el Santo de Aries.

_ ¡ Revolución de Polvo Estelar!

_ ¡Mural de hielo!

El Santo de Oro fue incapaz de ocultar su sorpresa por la técnica defensiva de la espectro, le recordó a su propia técnica Muro de Cristal. La peliceleste esbozo una leve sonrisa usando las alas de la Sapuri para elevarse en el aire, Shion se preparo para el contrataque de la joven.

_ ¡Estacas de hielo!

La peliceleste concentro su cosmos en forma estacas de hielo lanzandolas directas a Shion, pero no para atravesarle los puntos vitales del Santo, su intención en aquel momento era hacerle retroceder.

_ ¡Muro de Cristal!_ Exclamó el Santo a la vez que un enorme muro se interponía entre las estacas y su cuerpo.

_ ¡Sería mejor que te rindieras, Shion!

_ ¡Eso no va a pasar, Selene!

El Santo de Oro volvió a lanzarle su ataque Revolución de Polvo Estelar el cual fue detenido de nuevo por la técnica defensiva de la espectro. La peliceleste cayó en picado hacia el Aries, queriendo propinarle una fuerte patada que a penas tuvo tiempo de escapar.

Iban a volver a atacarse cuando el sonido de una explosión les detuvo. Ambos dirigieron sus miradas hacia el lugar de donde provenía la explosión. Selene trago saliva a la vez que el rostro del Santo de Aries palidecia ligeramente. Rodorio. La explosión venia de Rodorio. La peliceleste no tardo en saber que seguramente se trataba de su superior, Minos de Grifo. No pudo evitar apretar los puños, ¿Por qué no había ido directamente al Santuario como estaba ordenado? Debió suponer que en cuanto el albino supiera que había una aldea cerca iría allí a causar cuanta destrucción pudiera. Shion apretó con fuerza la mandíbula, había vidas inocentes en peligro, miro de reojo a la espectro, ¿Qué debería hacer? Si continuaba su pelea contra ella muchas personas inocentes que no tenían nada que ver con aquella Guerra Santa morirían, pero si se marchaba solo Athena sabía lo que podía pasar. No tardaron en oír otra explosión, haciendo que el Santo de Aries apretará con fuerza los puños.

_ Tendremos que aplazar nuestro combate_ Dijo Shion a modo de despedida antes de teletransportarse hacia Rodorio.

_ ¡Shion, espera!

La muchacha estiro el brazo para intentar alcanzarle antes de que desapareciera pero no tuvo tiempo. No podía negar que en cierto modo se alegraba de tener que detener aquella batalla, sabía que un Santo de Oro no era fácil de detener y no quería matar a nadie y menos si se trataba de alguien que conocía, sin embargo, sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo, aquel pensamiento hizo que su corazón se encogiera. Una nueva explotación saco de sus pensamientos a la peliceleste.

"Mierda"

Una vez más empleo las alas de la Sapuri para elevarse en el aire y volar en dirección a Rodorio. Solo esperaba no llegar demasiado tarde.

Minos apretó con fuerza la mandíbula, casi haciendo que sus dientes rechinaran, ¿Cómo era posible? No solo tenia frente a él a Shion de Aries, quien había interrumpido su diversión, sino también a Albafica de Piscis. Le había roto todos los huesos de su cuerpo, había podido jurar que había acabado con él y, sin embargo, se había puesto de nuevo en pie para enfrentarle una vez más, ¿Es qué no había forma de matarle? El Juez estuvo a punto de esbozar una media sonrisa, un tanto divertida, pero su ira se lo impidió. Tenía que reconocer que el Santo de Piscis era un hombre tenaz, un rival digno de él. No encontraba mucha gente así, alguien que le combatiera de esa forma. No obstante, el Juez no era idiota, enfrentarse a dos Santos de Oro era una tarea complicada, además estaba cansado de su anterior combate con el Piscis.

Albafica, agotado, dio un paso al frente. Solo tenia que realizar un ataque más y el juez caería, poco le importaba tener que sacrificar su propia si de también podía llevarse al juez con él, lo haría gustoso. El peliceleste lanzó hacia el Juez su último ataque Espinas Carmesí junto con su última rosa blanca cubierta de su propia sangre venenosa.

Pero el ataque nunca llegó a impactar contra el Juez. El silencio que se formo fue tan tenso que casi podía cortarse con un cuchillo.

Minos abrió los ojos como platos, lo único que atino a ver fue una larga melena de color azul celeste, su corazón se encogió cuando a los pocos segundos reconoció a su subordinada, cayendo de rodillas y llevándose una mano al pecho. Había recibido de lleno el aquel ataque que iba dirigido hacia él.

_ Siento la tardanza... Minos_ Se disculpo Selebe de Quimera con un tono apagado.

_ ¿Por... qué... Selene? _ Preguntó el Juez sin apartar su vista de la joven.