N/A:
1) Los personajes de Once Upon A Time pertenecen a Adam Horowitz y Edward Kitsis.
2) La historia esta relatada desde el punto de vista de Regina y de Emma, tratando en lo posible de retratar la personalidad de los personajes de la serie original. Pero como en todo historia quizás se encuentren con alguna variación empezando por el formato en el que es presentado el relato, «texto poético».
3) La trama de la historia se estaría centrando entre la primera y segunda temporada y quizás algo de la tercera. Y los hechos han sido nombrados como en su conjunto dado la idea de introspección que hacen los personajes.
4) Si ven esta historia fuera de mi cuenta de FF o facebook por favor comuniquemelo, digamos No al plagio y apostemos siempre al original.
5)Cualquier sugerencia y/o crítica me la pueden hacer llegar por medio de un PM o un review.
Confesiones que reflejan el chocolate sobre el agua:
POV Emma:
Cuando dije que «sí» a cenar con Regina prácticamente no estaba pensando en nada. Creí que sería una invitación para hablar de Henry, aunque no entendía por qué la cena era en su casa y no en «Granny's Diner» como las otras que se venían dando.
Pero luego me enteré que la Alcaldesa le permitió a Henry dormir en casa de mis padres, lo que ocurría muy rara vez. Y aquí empecé a tener los nervios a flor de piel.
Mi mente me trabajaba a mil por hora y me pintaba escenas de diferentes formas y tipos. Las primeras me mostraban a mí siendo, en la cena, el sacrificio favorito de la Reina Malvada.
Las segundas escenas valían para una película para mayores de dieciocho años y me obligaron a darme una ducha fría. Y las últimas planteaban la posibilidad de que mi constancia por vez primera rindiera frutos y conociese la verdad sobre Regina Mills.
Al fin y al cabo todo aquello solo sirvió para que me cambiara de ropa un mínimo de tres veces. Eligiendo la última vez una camisa de manga larga, un chaleco marrón, un pantalón del mismo color que el chaleco y mi cazadora de cuero haciendo juego con todo lo demás junto a mis botas negras.
Después de despedirme de Henry y de mis padres, me dirigí a la Residencia Mills porque sabía que lo que más odiaba Regina era la impuntualidad. Y yo podía pecar de muchas cosas, pero jamás de dejar plantada o hacer esperar a alguien como ella. No me arriesgaría a su ira o peor aún a una mirada de desaprobación o decepción.
Borrando todo ello de mi mente, por un minuto, me animé a tocar el timbre de su mansión. Al cabo de lo que me pareció una eternidad, pero que sólo fueron unos minutos, Regina abrió la puerta.
—Veo que es puntual, Miss Swan —saludó de esa manera tan particular que usa para mantener las distancias y protegerse.
—Cualquier cosa por evitar que me regañe antes de comenzar la cena, Señora Alcaldesa —respondí tranquilamente entrando a la casa sin mirarla.
Una vez dentro levanté la cabeza y la contemplé reprimiendo un grito de asombro que intentaba colarse entre mis labios. Es que Regina no podía verse más hermosa con esa falda negra y tacones haciendo juego.
Y para más dulce tortura el atuendo lo completaba una camisa de seda gris, entallada, que al tener abiertos los primeros botones dejaba aventurar un poco su escote.
—La comida estará lista en unos segundos —dijo con voz firme pero no tan autoritaria como otras veces—: Si quiere puede esperar en la sala o acompañarme a la cocina.
—Esperaré en la sala —indiqué pasando a dicha habitación en donde me quité la campera y la dejé en el sillón.
Necesitaba esos segundos a solas para controlar mis nervios y sosegar mi mente. Pero poco duró mi momento de estabilidad, pues todo se alborotó cuando su voz reclamó mi atención.
—¿Prefieres un Chardonnay o un Cabernet Sauvignon Merlot? —preguntó entrando en la sala tuteándome por vez primera.
—¿Qué? —Contra-pregunté saliendo de mis pensamientos.
—Que si con la cena vas a querer vino blanco o vino tinto —contestó haciendo rodar sus ojos, en una clara señal de que le molestaba tener que repetir las cosas.
—Ah, vino tinto —Elegí y de inmediato me disculpé—: Lo siento mi mente se encontraba en otra parte.
—¿Y dónde se encontraba su mente, Miss Swan? —inquirió entre irónica y curiosa, volviéndome a tratar de «usted».
—Entre varios pensamientos —respondí sin querer ahondar demasiado.
—Me sorprende gratamente saber que de vez en cuando, permite que su mente piense —Esgrimió con ironía buscando pelea, mientras nos dirigimos a la cocina.
Parte de mí quería responderle con algo ingenioso, con algo que subiese la apuesta a su desafío. Pero otra parte mía, sólo quería una velada tranquila.
—Sí, al parecer de vez en cuando me gusta ejercitar mi cerebro además de mi cuerpo —dije riéndome sola de mi chiste.
—¿No respondes con ironía si no con un chiste? —cuestionó sorprendida y arremetió—; ¿acaso no te encuentras bien?.
—Me siento bien Regina —Esquivé su pregunta primera pero viendo sus ojos fijos en mí, me obligué a responder—; es solo que no me apetece discutir esta noche.
Vi un dejo de comprensión y de culpa en su mirada, que hicieron que automáticamente cambiara de tema.
—Y ¿qué has preparado para cenar? —inquirí al tiempo que me llegaba el aroma a lasagna.
—Pues como ves lasagna y de postre tarta de manzana —respondió con una media sonrisa y agregó—: Aunque si sientes resquemor por la tarta, hay helado de chocolate.
—No soy mi madre —repliqué divertida—; todavía no le huyo a las manzanas.
—(jajaja), ¿a pesar de que ya las he utilizado contra usted, Miss Swan? —Sondeó en plan divertido.
—Pues si lo que quiere es eliminarme no creo que me invitaría a su casa, Señora Alcaldesa —repuse y guiñándole el ojo añadí—: Debería dar muchas explicaciones al otro día si no aparezco en casa de mis padres.
—Tiene razón, Sheriff —afirmó apoyando su mano en la mía—: Y lo que menos quiero es a los «Charming» y la comitiva de enanos, exigiendo cosas en la puerta de mi casa.
Reí ante su chiste pero seguí nerviosa por ese toque de nuestras manos. Ella pareció percibir mi tensión pues se apartó rápidamente para disponer la mesa.
Salí del letargo en que había caído y me dispuse a ayudarla llevando la bandeja de lasagna.
Nos sentamos y comimos en silencio, pero no era incomodo más bien era ameno. Parecía un silencio propiciado para que nos acostumbrásemos a nuestra presencia.
Era raro cenar en ausencia de Henry, por lo que la huelga de palabras servía de puente entre nosotras dos y se podía sentir como nuestras magias se complacían de ello.
Al terminar la lasagna ella se preparó para sacar las cosas de la mesa y traer el postre.
—Permíteme a mí —Detuve su acción poniendo mi mano sobre la de ella.
Mí mirada verde-agua se fundió con su mirada chocolate y sentí que me hundía en su mundo, en su infierno, pero lejos de asustarme solo conseguía fascinarme.
Vislumbré de repente su desconcierto y me apresuré a sacar mi mano y llevarme los trastes a la bacha de la cocina.
Me entretuve limpiando los platos mientras Regina preparó todo para el postre y me indicó que lo disfrutaríamos en la sala. Allí caí en cuenta de a qué había venido. Ella estaba dispuesta a contarme su pasado pero a su modo, sabiendo que tenía el control.
Por eso la cena en su casa que es como su territorio, su dominio. Aquí era reina y podía confesarme lo que quisiese sin el temor de que la hiriese.
Porque ¿qué loco enfrentaría a la Reina Malvada en su trono?, pues alguien en verdad muy tonto y sin duda esa no sería yo, no ese día al menos.
POV Regina:
«Nervios» era la palabra que me describía en esos momentos en los que estaba a punto de confesar mis fechorías pero también mi padecimiento.
Dentro de mí se agitaban dos sensaciones, una a huir me incitaba y la otra me decía «Anímate a hablar que Emma es diferente a lo que creíste».
Y si que lo era sobre todo aquella noche. No buscaba pelear conmigo, tendía a ser atenta y prefería recurrir a chistes malos antes que causarme molestias.
Sumándose al combo que se había vestido de maravilla, captando mi atención ni bien había cruzado el umbral de mi puerta y sacado la cazadora de cuero que llevaba puesta.
Sin embargo algo me inquietaba y eso eran nuestros roces y lo tranquilas que parecían estar nuestras magias con nuestra cercanía. Ella pareció notarlo y también se tensó, aunque luego en la sala se relajó porque sabía que le daría mi voz a la historia de la Reina Malvada.
—No tienes que obligarte a nada —Me dijo con una sonrisa—; si no te sientes segura lo podemos dejar para otro día —Hizo el amague de levantarse pero detuve su acción.
—No te vayas —Casi imploré y tomando su mano para que volviese a sentarse añadí—: De verdad quiero contarte todo pero…
Callé no estaba lista para admitir que tenía miedo a lo que fuera a decirme después. A que cambie esa mirada verde-agua en las que mis ojos chocolate se reflejaban.
No somos amigas y mucho menos lo que venía imaginando desde hace unos cuantos días pero temía que al contarle todo, ella llegase a odiarme.
—Si lo que te preocupa es que te juzgue puedes estar tranquila que no lo haré —expresó apretando mi mano para darme seguridad—: He venido a escucharte, no a indicar qué es lo correcto y lo que no.
Viendo en sus ojos que no mentía, las palabras surgieron solas. Le conté lo que hizo mi madre para que me volviese reina, todos los reproches que recibí de ella, todas las lecciones sobre magia y la manipulación que sufrí por su causa.
Le hablé de Daniel, mi primer amor y como es que terminó muerto por las manos de Cora, quien es mi madre. Mas no me contuve de decirle que la culpa también la tenía su madre, Snow White, por haberme delatado en el momento que pensaba escapar con él y desistir de casarme con su abuelo Leopold.
Seguí relatando como aquello, sumado a que todos tenían sus finales felices menos yo, me llevó a hacerle caso a Rumpelstiltskin de quien aprendí a controlar la magia.
Le relaté como fueron mi odio y mi rencor personificado en mi madre primero, a la que hice desaparecer dentro de un espejo, y después en Snow a la que perseguí hasta el cansancio. Y por quien realicé la maldición que nos trajo a Storybrooke y por la que tuve que sacrificar el corazón de mi padre.
Y caí en cuenta, en esta parte del relato, que era responsable de que Emma haya crecido sin sus padres. Yo les arrebaté el final feliz a la salvadora y consecuentemente a Henry.
De repente sentí una mano en la mejilla, limpiando lágrimas que ni sabía que habían escapado de mis ojos.
—Ellos podrían haber elegido quedarse conmigo y sufrir juntos la maldición —expuso como adivinando mis pensamientos—: Y yo pude hacer algo similar con Henry, así que de eso no te culpes.
A esta altura supe que me leía como un libro abierto, nada de mí se le escapaba. Y comprendí que era cierto eso de que su súper-poder era infalible, cuando de escudriñar mi mirada se trataba.
Le revelé entonces mis crímenes hasta el día de la fecha llegándome a lo acontecido con Graham y ahí si temí su reacción.
—Eso lo suponía —Soltó en un tono desenfadado y al ver la incomprensión reflejada en mi cara agregó—: Bueno dado que tu madre casi me arranca el corazón imaginé que podías hacer lo mismo y que habías sido tú la que causó la muerte de Graham.
—¿Qué mi madre, qué? —inquirí preocupada y un impulso me llevó a tocar su pecho para cerciorarme de que aún conservaba su corazón.
—Intentó sacarme el corazón cuando Mary…, mi madre y yo caímos por el portal del sombrero —señaló y no pude evitar sentir dolor al percibir que a veces debe esforzarse para llamar madre a Snow—: Pero aquello que ella cree que es una debilidad fue lo que me protegió.
—¿El amor te protegió? —pregunté sorprendida y sin sacar mi mano de su pecho, pues aún no me creía que se hubiese salvado.
—Sí, al parecer ser fruto del amor verdadero tiene sus ventajas —respondió relajada y tomando mi mano entre la suya añadió en tono de broma—: Lástima que con Graham no fue igual.
—Miss Swan, no se tome toda a broma —La regañé algo molesta al tiempo que me enderezaba y me soltaba de su agarre.
—Solo lo hice para que vieras que no te culpo por ello —replicó encogiéndose de hombros—: Nada que digamos lo traerá de vuelta, por lo que es absurdo hacerse reproches —Me dedicó la mirada más compresiva que pudiese existir, o que yo conociese—: Lo importante es lo que hagas a partir de ahora en adelante.
—¿Qué quieres decir con eso Emma? —cuestioné dejando que mis labios digan su nombre en voz alta.
—Que tienes dos opciones, Regina —respondió sosteniéndome la mirada—: O sigues encaprichada en interpretar el papel de Reina Malvada que busca consumar una venganza que ya no tiene sentido —suspiró mientras buscaba mi mano pero no se atrevía a agarrarla—: O por el contrario decides cambiar, controlar tu magia y ser mejor por ti y por Henry.
—¿Quieres decir que me redima? —interrogué levantando una ceja visiblemente incrédula.
—Intento decir que busques tu final feliz y dejes atrás odios y venganzas que ya no tienen sentido —explicó reprimiendo otra vez su deseo de tomar mis manos con las suyas.
Sentí que nuestras magias estaban pidiendo ese contacto por lo que me dejé llevar y tomé yo sus manos entre las mías.
—¿No sería esa mi derrota? —pregunté acercando mi rostro al suyo.
—Sólo sí… así.. así lo miras —alegó con dificultad pues su resistencia estaba siendo puesta a prueba.
—Y si no lo veo como un jaque mate a la reina —Comencé a decir rozando suavemente nuestras narices—, ¿qué interpretación cabría hacer?.
—No puedes verlo… simplemente como una… una oportunidad de comenzar de nuevo —Logró responder mientras se le aceleraba el pulso y se le entrecortaba la respiración—: Además estoy segura que lograrías así lo que deseas —Aventuró desviando su rostro para evitar mirarme.
—Y... ¿qué sería lo que deseo, Miss Swan? —inquirí con la ceja levantada mientras tomaba su rostro con mis manos para obligarla a que me mirase.
—Una familia que te haga sentir amada y te proteja, aceptando tu pasado y regalándote un presente con sabor a futuro —Esbozó astutamente al tiempo que me sorprendía con una radiante sonrisa.
En aquel momento mi resistencia fue puesta en juego y mis ojos chocolate reflejados en su mirada verde-agua estaban dispuestos a perder la contienda. Es así que mi boca terminó acortando las distancias y encontró refugio en los labios de «La Salvadora».
Emma respondió a mi beso con la misma urgencia que le impuse yo, y pude percibir que ella tampoco temía perder ante la «Reina Malvada».
Nuestras manos guiadas por la magia hacían su recorrido, desatando sentimientos ocultos, callados, que encontraban la oportunidad de ser confesados en una noche que no entendía de enemistades ni prejuicios.
—Emma —llamé de pronto cuando sentí sus labios sobre mi cuello—: Sabes que si continuamos con esto, las cosas podrían tornarse diferentes entre nosotras ¿no? —Advertí cuando vi que se detenía ante la mención de su nombre.
—Sé muy bien que las cosas podrían ser diferentes, Regina —Me miró con una mezcla de cariño y de temor—: Pero ya no quiero mentiras consentidas ni verdades ocultas.
—Quieres decir… —Iba a replicar pero fui callada con un beso.
—Llevo deseando esto hace un tiempo —confesó después del beso señalándonos a las dos—: Y aunque aún no podamos darle un nombre, te aseguro que no hay sitio en el que me sienta más a gusto que aquí contigo.
Casi a punto de romper a llorar, por lo que me acababa de confesar, la volví a besar y nos transporté a mi habitación. Poco importaba lo que pasase a la mañana siguiente, ese día se traba de ella y yo.
Después de todo aquel era el momento de una noche de simples confesiones que reflejaban el chocolate sobre el agua.
Fin…
