Aviso: Lamentablemente (para mi) este mundo y sus maravillosos personajes no me pertenecen, sino al maestro Tolkien, quien seguramente estará llorando en su tumba.

Erien es de mi propiedad :)


Bilbo abrió los ojos con pereza, se los talló, y de súbito recordó lo acontecido la noche anterior, poniéndose la bata entró en el comedor. Allí no vio a nadie, pero sí las huellas de un enorme y apresurado desayuno. Había un horrendo revoltijo en la habitación, y pilas de cacharros sucios en la cocina. Parecía que no hubiera quedado ninguna olla ni tetera sin usar. La tarea de fregarlo todo fue tan tristemente real que Bilbo se vio obligado a creer que la reunión de la noche anterior no había sido parte de una pesadilla, como casi había esperado. La idea de que habían partido sin él y sin molestarse en despertarlo lo aliviaba de veras. Sin embargo, no pudo dejar de sentir una cierta decepción. Este sentimiento lo sorprendió.

De modo que se puso el delantal, encendió unos fuegos, calentó agua y fregó. Luego se tomó un pequeño y apetitoso desayuno en la cocina, antes de arreglar el comedor. El sol ya brillaba entonces, y por la puerta delantera entraba una cálida brisa de primavera. Bilbo se puso a silbar y a olvidar lo de la noche. Ya estaba sentándose para zamparse un segundo apetitoso desayuno en el comedor cuando vio el contrato sobre un taburete.


Hasta el final de sus días Bilbo no alcanzó a recordar cómo se encontró fuera, sin sombrero, bastón, o dinero, o cualquiera de las cosas que acostumbraba llevar cuando salía, dejando el segundo desayuno a medio terminar, casi sin lavarse la cara, corriendo calle abajo tanto como se lo permitían los pies peludos, dejando atrás el Gran Molino, cruzando el río, y continuando así durante una milla o más, hasta que vio una hilera de ponys y casi sin aliento gritó: "¡Esperen!". Siguió gritando hasta que los enanos pudieron oírlo y todos pararon y miraron hacia atrás.

¡Lo firmé! —Dijo enseñando el contrato, se acercó a Balin y lo entregó.

Todo parece estar en orden —Dijo el enano, doblando el contrato— Bienvenido, maese Bolsón, a la compañía de Thorin Escudo de Roble.

Denle un pony —Dijo Thorin.

Y así fue como se pusieron en marcha, alejándose de Hobbiton poco antes del mes de mayo en ponis cargados de bultos.

Bilbo estaba bastante tranquilo, hasta que "¡Achis!". Un estornudo tras otro.

Es el pelo de caballo, es una alergia —Dijo metiendo la mano en su bolsillo, luego en el otro, y en el otro— ¡Esperen! ¡Esperen! ¡Tenemos que regresar! —Todos se detuvieron.

¿Qué sucede? —Dijo Gandalf.

¡Olvidé mi pañuelo, y no tengo dinero!

Tendrás que arreglártelas sin pañuelos y sin buena parte de otras cosas antes de que lleguemos al final del viaje. —Dijo Dwalin

Aquí tiene, señor Bolsón —Dijo Erien, quien se puso a su lado y le entregó un pañuelo— No uso estas cosas, pero siempre aparecen "mágicamente" en mi equipaje. Cortesía de mi padre.

Continúen —Dijo Thorin, y todos retomaron la marcha.

Muchas gracias —Agradeció Bilbo— y por favor, llámame Bilbo.

Gandalf apareció a un lado de él y traía consigo la pipa y el tabaco de Bilbo. Así que desde entonces cabalgaron felices, contando historias o cantando canciones durante toda la jornada, excepto, cuando paraban a comer. Esto no ocurrió con la frecuencia que Bilbo hubiese deseado, pero ya empezaba a sentir que las aventuras no eran en verdad tan malas.

Cruzaron primero las tierras de los hobbits, un extenso país habitado por gente simpática, con buenos caminos, una posada o dos, y aquí y allá un enano o un granjero que trabajaba en paz.

Llegaron luego a tierras donde la gente hablaba de un modo extraño y cantaba canciones que Bilbo no había oído nunca. Se internaron en las Tierras Solitarias, donde no había gente ni posadas y los caminos eran cada vez peores. No mucho más adelante se alzaron unas colinas melancólicas, oscurecidas por árboles. Todo parecía lúgubre, pues el tiempo se había estropeado. Hasta entonces el día había sido tan bueno como pudiera esperarse en mayo, aun en las historias felices, pero ahora era frío y húmedo. En las Tierras Solitarias se habían visto obligados a acampar en un lugar desapacible, pero seco al menos.


La lluvia caía a cántaros, y así había sido todo el día, Bilbo tenía la ropa empapada, el pony cansado tropezaba con las piedras y hasta Erien estaba demasiado molesta como para hablar.

Señor Gandalf —Dijo Nori— ¿No puede hacer que se detenga este diluvio?

Está lloviendo, señor enano —Contesto Gandalf— y seguirá lloviendo hasta que la lluvia se acabe. Si quiere cambiar el clima del mundo, búsquese a otro mago.

¿Hay otros? —Dijo Bilbo

Somos cinco. El más importante es Saruman el blanco, hay dos magos azules… cuyo nombre olvidé, y luego está Radagast el pardo

¿y él es un gran mago? ¿O es más como tú? —La cara de ofendido de Gandalf le hizo mucha gracia a Erien.

Radagast es un alma dulce, que prefiere la compañía de los animales —Dijo la elfa— vigila las tierras del gran bosque hacia el este. Y eso es bueno —De pronto su cara se ensombreció— Hay algo oscuro que busca hacerse notar. —El mago solo la miró de reojo.

Ya era de tarde cuando llegaron a una cabaña en ruinas, o al menos los cimientos de ésta, los enanos revisaron los alrededores, hasta que al fin Thorin dijo:

Bien, acamparemos aquí. Fili y Kili, cuiden a los ponys. Señora elfa —Dijo, y Erien se acercó al enano— Ya que tiene un arco en la espalda, ¿Qué tal si nos trae la comida?

Si aceptan comer un pequeño pájaro cada uno, con gusto. En este bosque no hay muchos animales. No en el día, al menos.

Un granjero y su familia vivían aquí. —Ambos miraron a Gandalf— Creo que sería prudente continuar. Podríamos llegar al Valle escondido.

Ya te dije que no me acercaré a ese lugar.

¿Por qué no? Los elfos pueden ayudarnos, con comida, abrigo, consejo…

Tenemos una elfa entre nosotros, y no nos ha dado ninguna de esas cosas. —Interrumpió Thorin.

¡Oye!

Es una elfa de los bosques, ellos no son tan sabios como los elfos del valle.

¡Oye! —Resopló la elfa ofendida.

Tenemos un mapa que no podemos leer, Thorin. Lord Elrond podría ayudarnos.

¿Ayudarnos? Un dragón ataca Erebor, ¿Qué hicieron los elfos? Los orcos saquean Moria, ¿Qué hicieron los elfos? ¡Nada! Me pides que busque ayuda con la gente que traicionó a mi padre y a mi abuelo.

Los elfos del valle y los elfos del bosque son distintos, Thorin.

Por los Valar…—Dijo Erien, quien se fue ofendida a ayudar a los enanos a encender el fuego.

No te di el mapa y la llave para que te aferraras al pasado

Si hubiera sabido que la tenías…

El mago finalmente perdió la paciencia y se fue refunfuñando, suficiente tenía de la terquedad de los enanos. Pasó por al lado de Bilbo, quien se volteó preocupado.

Gandalf, ¿a dónde vas?

A buscar la compañía del único por aquí que tiene razón.

¿Quién?

¡Yo mismo, señor Bolsón! Ya tuve suficiente de los enanos por un día.

Ya caída la noche, Bombur encendió el fuego y preparó un estofado; el cual no era una exquisitez, pero sí que saciaba el hambre. Erien extrañaba las comidas de los elfos, extrañaba los exquisitos vinos de las bodegas y las verduras, tan frescas que siempre parecían recién sacadas de un huerto. Bilbo por su parte, ayudaba a servir cuencos, y a medida que las estrellas aparecían en el firmamento, más se preguntaba donde se había metido Gandalf.

Ya tardó demasiado —Dijo Bilbo

¿Quién? —Preguntó Bofur.

Gandalf, ¿Dónde se habrá metido?

Es un mago, ¡hace lo que le da la gana! —Tomó un par de cuencos y se los dio a Bilbo— Toma, hazme un favor, llévaselo a los chicos.

El hobbit encontró a Fili y Kili entre los árboles, mirando fijamente a los ponys.

amm, ¿pasa algo?

Teníamos 16 ponys —Dijo Fili— Ahora solo hay 14.

Deberíamos decirle a Thorin

¡No! —Exclamó Kili— No hay que preocuparlo. Mira, ví esa luz por allá hace unos minutos —Dijo, señalando entre los árboles, donde efectivamente había una luz.

Pensamos que como eres nuestro saqueador oficial, podrías ir a investigar. Será muy seguro. Si estas en problemas, solo grita dos veces como lechuza de granero y una como lechuza de campo.

Y allá tuvo que partir Bilbo, antes de poder explicarles que era tan incapaz de gritar como una lechuza como de volar como un murciélago.

Pero, de todos modos, los hobbits saben moverse en silencio por el bosque, en completo silencio. Era una habilidad de la que se sentían orgullosos, y Bilbo más de una vez había torcido la cara mientras cabalgaban, criticando ese "estrépito propio de enanos". La sigilosa marcha de Bilbo hacia la luz, no hubiera perturbado ni el bigote de una comadreja, de modo que llegó directamente al fuego —pues era un fuego— sin alarmar a nadie. Y esto fue lo que vio. Había tres criaturas muy grandes sentadas alrededor de una hoguera, y estaban asando un carnero y chupándose la salsa de los dedos. Había un olor delicioso en el aire. También había un barril de buena bebida a mano, y bebían de unas jarras. Pero eran trolls. Trolls sin ninguna duda.

Carnero ayer, carnero hoy, y por si no fuera poco, ¡Carnero mañana! —Dijo Bertp

Ya cállate —Dijo Tom— Estos no son carneros, son caballos frescos

No me gustan los caballos, casi no tienen grasa —Dijo Guille.

Sin hacer ruido, el pequeño hobbit pasó por detrás, directo a donde tenían a los ponys, pero por más que intentó desatar las sogas que los tenían presos, no pudo hacerles ni un rasguño. Miró a su alrededor, y detrás de un troll vio una especie de cuchilla oblicua. Se acercó con sigilo, y la tomó suavemente, y si no fuera porque la mala casualidad quiso que en ese preciso momento el troll se rascara el trasero, su trabajo como saqueador se hubiese considerado excelente.

¡Maldición, Berto, mira lo que saqué de mi trasero!

¿Qué es? —dijeron los otros acercándose.

¿Tú, qué eres? ¿una especie de ardilla?

Soy un saque... un hobbit —dijo el pobre Bilbo temblando de pies a cabeza, y preguntándose cómo podría gritar como una lechuza antes que lo degollasen.

¿Un saquehobbit? —dijeron los otros un poco alarmados. El que lo sostenía lo dejó caer. Los trolls son cortos de entendimiento, y bastante suspicaces con cualquier cosa que les parezca una novedad.

De todos modos, ¿qué tiene que hacer un saquehobbit en mi trasero? —Preguntó Guille.

¿Podemos cocinarlo?

Podemos intentarlo

Y acto seguido, todos los trolls se dieron a la caza del escurridizo saquehobbit, quien les pasó por entre las piernas, tantas veces como pudo, hasta que finalmente lo tuvieron entre manos otra vez.

¿Hay más saquehobbits por acá?

No —Respondió Bilbo.

Yo creo que miente, ¡pongámosle los pies al fuego hasta que hable!

Una flecha dio en la mano de Tom, quien lanzó un alarido y dejó caer al hobbit. Junto a la flecha vinieron los gritos de los enanos que estaban listos para luchar. Las espadas y las hachas se clavaban en los pies de los trolls, y a su vez sus lentos brazos intentaban capturar a los enanos. Flechas surcaban la noche y se clavaban en la dura piel de los trolls, Berto se dio cuenta de dónde venían, y se adentró fuera del círculo de luz, golpeó un árbol con fuerza y de este cayó Erien. — ¡Ah, los elfos saben bien con salvia! —Dijo, y una daga se clavó en su mano, y otra termino de cortar su palma, liberándola del agarre.

Los enanos tenían una gran ventaja sobre ellos, pero el Guille vio a Bilbo liberando a los ponys y aprovechó el despiste de éste.

¡Bajen sus armas o le sacamos los brazos! —Dijeron ellos, que sostenían al aterrado Bilbo de brazos y piernas.


Así acabó la lucha. Un bonito montón eran todos ellos ahora, atados en sacos, con tres trolls enfadados sentados cerca, discutiendo si los asarían a fuego lento, si los picarían fino y luego los cocerían, o bien si se sentarían sobre ellos, haciéndolos papilla.

¡Olvida los condimentos! No tenemos toda la noche, ya casi amanece y no quiero convertirme en piedra.

¡Esperen! —Dijo Bilbo quien se acercó a saltitos, y los trolls lo miraron— Están cometiendo un terrible error, con los condimentos quiero decir.

¿Qué pasa con los condimentos?

¿Ya los olieron? Necesitarán algo más fuerte que la salvia para cocinar esto. —Dijo con cara de asco.

¿Qué sabes tú de cocinar, enano? —Dijo Tom.

Cállate —Dijo Berto— Deja que el saquehobbit hable.

Gracias, bueno, el secreto para cocinar enanos es… ¡Desollarlos primero! —Los enanos gritaron sintiéndose traicionados.

¡Eso no es cierto! —Dijo Tom— Yo me he comido muchos que estaban con piel y todo. ¡Se comen con todo y botas!

¡Al menos no tiene nada de malo comer elfos crudos! —Dijo Guille, y dicho esto tomó a la elfa de los pies y la acercó a su boca— Su piel es siempre dulce

¡No, no te la comas! ¡Está infectada!

¿Qué? —Todos los trolls (y Erien) lo miraron sorprendidos.

¡Tiene parásitos en sus…tripas! —Guille la dejó caer con un grito de asco, y ésta cayó (para su mala suerte) sobre Thorin.

De hecho, ¡Todos tienen! Están muy enfermos, yo no me arriesgaría

¿Parásitos? ¡Nosotros no tenemos parásitos!

Todos los enanos se pusieron a gritar defendiendo sus tripas de las ofensas del saqueador, Bilbo rodó los ojos sin entender como no se daban cuenta de que intentaba engañar a los trolls. Erien miró a Thorin, y éste la miró a ella; con un gesto de cabeza se dio cuenta de lo que pasaba, y de una patada hizo callar a Kili quien era el más gritón. Los enanos se miraron y entendieron al fin el truco.

¡Estoy lleno de parásitos! ¡Ya casi reviento! —Gritaron todos.

¿Y qué quieres que hagamos? ¿Los dejamos ir?

Bueno…

¿Crees que no sé lo que pretendes? ¡Este pequeño hurón nos toma por tontos!

¿Huron? —Dijo Bilbo.

¿Tontos? —Dijo Guille

¡El amanecer se los llevará a todos! —La potente voz de Gandalf apareció sobre una gran roca que se rompió, y la luz del amanecer bañó el claro en el que se encontraban. A la vista de todos, los trolls se convirtieron en piedra.


Lo siguiente fue desatar los sacos y liberar a los enanos. Estaban casi asfixiados y muy fastidiados: no les había divertido nada estar allí tendidos uno sobre el otro.

¿A dónde fuiste? —Preguntó Thorin.

A mirar hacia adelante —Respondió el mago.

¿Qué te trajo de vuelta?

Mirar hacia atrás.

Thorin solo agradeció con un gesto.

Al menos todos están bien

No gracias a tu saqueador.

Sin él, tendrías una elfa y al menos tres enanos menos. —Dijo Gandalf— Los trolls no viajan de día, así que, ¿Qué esperamos? Debe haber una cueva cerca.


Mi cerebro se seca x.x Espero que les haya gustado! n.n Me encanta esta escena pero era muy larga para relatarla toda D:
Gracias por los reviews :'3 me animan criticas plis
Bye~