Aviso: Lamentablemente (para mi) este mundo y sus maravillosos personajes no me pertenecen, sino al maestro Tolkien, quien seguramente estará llorando en su tumba.

Erien es de mi propiedad :)

Sky: Gracias por tus reviews c: me animas *0* y si no meti en mucho a Erien en el último cap fue porque no encontré modo de que tuviera importancia sin robarle protagonismo a Bilbo xD pero intentaré ir revelando más cosas del personaje a medida que se avanza en la historia.


Los enanos se pusieron manos a la obra y comenzaron a buscar la cueva de los trolls siguiendo las huellas de éstos colina arriba. Pronto dieron con una gran entrada, camuflada entre rocas y árboles. Se aseguraron de que no había nadie adentro y entraron de uno en uno.

Había huesos esparcidos por el suelo, y un olor nauseabundo en el aire, pero había también una buena cantidad de comida mezclada sobre estantes y sobre el suelo, entre un montón de cosas tiradas en desorden, producto de muchos botines, desde botones de estaño a ollas colmadas de monedas de oro apiladas en un rincón, y copas de oro tiradas en el piso.

Sería una pena dejar estas cosas aquí tiradas. —Dijo Bofur

Estoy de acuerdo —Dijo Glóin—…Nori, trae una pala.

Mientras los demás enanos revisaban la cueva, Bilbo se sentó afuera, algo apartado del resto, estiró las piernas y se talló los ojos. Pronto, Erien se le unió diciendo que no soportaba el olor a troll. Ambos se quedaron en silencio. Ella pudo notar que el pequeño hobbit no se sentía bien.

¿Qué sucede, Bilbo? —Preguntó.

No es nada, nada —Respondió el hobbit masajeando su entrecejo

Bilbo… —Insistió.

Es solo que… si no fuera por mí, no habría pasado nada de lo que pasó.

No seas tonto, Bilbo Bolsón. Si fue tu culpa o no, es bastante discutible, considerando que los chicos te mandaron solo contra tres trolls. Deberías sentirte orgulloso de haberte enfrentado a tres y no haber acabado en sus estómagos. —Ella le sonrió cálidamente y él le devolvió la sonrisa.

Tu puntería me sorprendió. —Bilbo la miró— Le diste a ese troll justo debajo de la uña. Casi creí que me apuntabas a mí. —Ambos rieron y ella miro al suelo algo sonrojada. Fijándose más de cerca, Bilbo pudo apreciar el arco de Erien; tallado en madera con hermosos grabados en lo que identificó como caracteres élficos, pero también tenía muchas imperfecciones, seguramente hechas con el paso del tiempo— ¿Por qué no entras en la cueva? Estoy seguro de que debe haber uno o dos arcos escondidos por ahí.

No, este tiene un valor sentimental —Lo miró.

Cuéntame —Dijo él sonriendo, le encantaban las historias de los elfos.


900 años antes

El astro rey acababa de salir, hacía calor —pues era verano—, el viento soplaba y las hojas susurraban en el vasto bosque del Este, en los días en que aún era conocido como el bosque verde.

Una elfilla corría emocionada por los extensos pasillos y terrazas del reino, la gente sonreía al verla pasar, pues para los elfos era un casi un milagro el tener infantes.

Nuestra elfa en cuestión aparentaba 12 años —si fuese de la raza de los hombres—, pero en realidad hace poco había cumplido los 50 años, y su emoción se debía a que por fin iba a aprender el tiro con arco.

Cruzó los corredores entrecruzados y resonantes, pasó por la casa del carpintero, el herrero, el hacedor de pociones, el sanador, hasta que al fin llegó a su destino: El despacho de su padre.

¿Ada? —Dijo asomando la cabeza por la puerta— ¿ya estás listo?

Estoy algo ocupado ahora, mi niña —Dijo él— El concejo tiene asuntos que tratar conmigo

Me lo prometiste —Su voz reflejaba decepción— ¿Qué tienen que hacer ellos ahora?

Cosas de adultos, Erien…Ven aquí —Él la sentó en sus piernas y apartó un mechón de su cara— Lo siento mucho, pídeme lo que quieras y te lo traeré.

Solo quiero un día en el que me prefieras a mí, Ada…

Él no supo si fue su voz o la culpa lo que lo hizo mandar al diablo al concejo para encontrarse en el bosque. Hacía meses que no salía de la hermosa caverna de los elfos, y pensó que en serio había dejado de lado a su hija y a su hijo mayor.

Antes de salir tomó un arco y un carcaj de flechas, se adentraron en el bosque y caminaron por casi una hora hasta que no se oía más que las pisadas de Erien.

Erien —Dijo él— Relájate y aligera el paso, tus pisadas parecen de enano —Ella asintió avergonzada— Bueno, aquí está bien —Sacó el arco y el carcaj de su espalda— Primero quiero que sepas, que no te enseño esto solo para que salgas a matar animalitos por el bosque… Quiero que aprendas a defenderte por ti misma.

¿Defenderme de qué?

Del resto del mundo, hija.

Me dijiste que me enseñarías a cazar animales, no a matar gente. —La inocencia de su hija le enterneció y le tomó la mejilla.

¿Realmente es diferente? —Ella solo tomó entre sus manos la de su padre— Tu madre me mataría si me escuchara enseñarte estas cosas. Pero, debes aprender a preocuparte por ti misma, y quienes amas.

¿Qué hay del resto?

El resto no me importa.

Mamá decía que hay que mirar más allá de tu propio bien —Le increpó.

Mamá no está aquí. —Dijo él severamente, y de inmediato se arrepintió de sus palabras— Lo siento —La acercó a él y la abrazó— Mira, sé que estas cosas te darán miedo al principio…

No tengo miedo. —Dijo Erien, separándose de él. La miró algo sorprendido y sonrió.

Por supuesto que no.

Pasaron la siguiente hora moviéndose silenciosos. Él le enseñaba como moverse por el bosque, como buscar comida en caso de que se le acabara, como saber que hongos eran venenosos y cuáles no, y ella escuchaba atentamente cada consejo. Le desagradaba la idea de terminar como una doncella inútil, que necesitaba ser rescatada por el resto.

Bien, ¿Cuánto tenemos? —Dijo, y se volteó hacia Erien.

Amm, dos conejos, cuatro ardillas y un pájaro.

Ah, ¿Qué te parece?

Quiero aprender.

Y una flecha tras otra, la manzana que él puso sobre un tronco roto seguía intacta. Corrigió su postura de pies, de hombros, de cabeza, la posición de la flecha, la posición de sus dedos y el tacto con el arco. La animó y tras varios intentos, la flecha dio a la manzana. Erien saltó de emoción, y él la felicitó.

Caminaron otro rato mientras ella intentaba cazar algo que si se moviera, y tras un buen rato le dio a un conejo, y experimentó la culpa, pues era la primera vez que mataba algo que tuviese vida. Su padre se enterneció de ella, y le puso una mano en el hombro.

No deberías sentirte mal, no sintió casi nada —Erien lo miro confundida y él le mostro donde dio la flecha— Tu flecha le dio en la cabeza, murió instantáneamente. A este amiguito no le importa si lo mataste o no, ya está muerto. Solo asegúrate de darle una muerte rápida. —Ella asintió y le devolvió el arco— Creo que podríamos buscar madera y hacer un arco para ti

¿Enserio? ¡Me encantaría!

Se sentaron bajo un gran árbol, viejo, pero no por eso feo. Dejaron las cosas a un lado, sacaron las manzanas del bolso y se pusieron a comer. Alrededor las hojas susurraban, había una brisa fresca y el sol brillaba.

Erien disfrutaba el ambiente y la compañía, habían pasado meses desde que su padre le dedicaba tanta atención. Él era su único apoyo desde la muerte de su madre, y ella y su hermano eran el único consuelo de él.

Los pájaros volaban y se paraban en las ramas de alrededor, cantaban su melodía y Erien los escuchaba atentamente.

Odio a esos pájaros —Dijo él de pronto.

¿Qué? ¿Por qué? —Preguntó ella.

No lo sé, no me gusta como cantan.

Ah, y tu cantas mejor que ellos, ¿no?

Claro que si —Dijo él.

Cántame una canción —Pidió. Y él pensó unos segundos.

¿Vas a venir al árbol dónde vi

a un hombre ahorcado

que a tres hizo morir?

Cosas extrañas pasan al anochecer

en el árbol del ahorcado te veré.

¿Vas a venir al árbol donde vi

a un muerto pedir

a su amada huir?

Cosas extrañas pasan al anochecer

en el árbol del ahorcado te veré.

¿Vas a venir al árbol donde vi

un collar de soga,

serás libre junto a mi?

Cosas extrañas pasan al anochecer

en el árbol del ahorcado te veré


Linda canción —Dijo Bilbo.

Han pasado años y es mi favorita —Dijo Erien sonriendo.

Aunque algo aterradora.

Con el paso del tiempo comprendí el significado de la canción. Al principio, creí que contaba cómo un individuo está tratando que su novia se encuentre en secreto con él en la noche. Pero es un lugar extraño para una cita, un árbol de ejecución, donde fue colgado un hombre por asesinato. La novia del asesino debía de haber tenido algo que ver con el asesinato, o tal vez la iban a castigar de todos modos, porque el cadáver del hombre le gritaba que corriera. Eso es raro, la cosa del cadáver hablando, pero no es hasta el tercer verso "en el árbol del ahorcado te veré" que comienza a ser preocupante. Te das cuenta de que el cantante de la canción es el asesino muerto. Él todavía está en el árbol de la ejecución. La frase "A un muerto pedir a su amada huir" es la más preocupante porque al principio te parece que le está hablando de cuando él le dijo que huyera. Pero entonces uno se pregunta si se refería a que ella corriera hacia él. A la muerte. En la estrofa final, está claro que eso es lo que está esperando. Su amante, con su collar de soga, ahorcada junto a él en el árbol.

Que triste —Respondió Bilbo.

Se quedaron en silencio, oyeron desde la cueva como cavaban un hoyo, y como revisaban todo. Era increíble hasta qué punto los enanos podían ser ruidosos con algo tan simple como revisar una cueva.


¿y esa canción? —Preguntó Erien, quien nunca escucho una canción así, al menos, no entre los elfos.

Me la enseñó mi padre cuando yo era un niño, en ese entonces, yo solo escuche una canción algo tenebrosa… No fue hasta que murió tu madre que entendí por completo la letra.

Es obvia, ¿no? —Dijo ella— El hombre quiere juntarse con su novia en la noche. —Él sonrió y le dio un beso en la cabeza.

Algún día entenderás la letra —Se levantó— vamos, hay que volver mientras haya luz.

Claro.


Thorin estaba parado fuera de la cueva, no había escuchado todo, pero si escucho a la elfa cantar la canción. La misma le había cantado su madre cuando él era un niño, y le traía recuerdos. Él tampoco había entendido la letra, y no se molestó en intentar descifrarla. Pero escuchó las palabras de Erien, y se sintió nostálgico.

Gandalf llamó a Bilbo para mostrarle un arma de su tamaño, y Thorin se acercó a ella.

Creí que a los elfos no les gustaban las canciones con significados oscuros —Dijo Thorin.

No les gustan. —Dijo ella, preocupada porque haya escuchado más— Pero a mi si, y la canción no me parece oscura, sino triste

Tienes razón.

¿y esa espada? —Dijo Erien, viendo una espada en su mano.

Estaba en la cueva —Respondió él.

Es élfica

No me lo recuerdes

Erien no pudo evitar reírse, sabía que la hoja era muy buena para dejarla tirada, pero también sabía que tener esa espada en la mano era una herida en el orgullo del enano. Éste solo la miro y esbozó una sonrisa.

¡Algo se acerca! —Dijo de pronto Gandalf.

Los enanos alarmados cerraron filas, y sacaron sus armas, el sonido de las hojas siendo aplastadas a gran velocidad resonaba entre los árboles, miraban a todos lados pero no sabían de donde saldría la amenaza. De pronto, unos enormes conejos salieron de entre los árboles, y detrás de ellos un trineo con un viejo extraño sobre él.

¡Radagast! —Dijo Gandalf— ¡Es Radagast el pardo! —Se acercó a él.

Estaba buscándote, Gandalf. Algo anda mal. ¡Algo anda terriblemente mal!

¿Si? —Dijo Gandalf algo incrédulo—

¡Sí! —Radagast quería decir algo, pero no podía recordar qué—… ¡Oh! ¡Tenía una idea, y la perdí! ¡La tenía en la punta de la lengua! —Se lamentó, pero un cosquilleo en su lengua lo sobresaltó, y supo que era— ¡Oh! ¡No era una idea, era un insecto palo! —Dijo sacándolo de su boca.

Gandalf y Radagast se apartaron del grupo y hablaron un buen rato de cosas de magos. Al parecer cosas oscuras empezaban a brotar en el —hasta hace unos años— bosque verde, que ahora empezaba a conocerse como bosque negro entre los lugareños.

De pronto un aullido los hizo callar a todos.

¿Eso es un lobo? —Preguntó Bilbo, pero no. De entre los arboles salio un horrible huargo gruñiendo. De inmediato Kili disparó una flecha, y Thorin lo remató con su espada Orcrist. Mas aullidos se oían a lo lejos, y se dieron cuenta de que un montón de orcos no podían estar lejos.

¡Vayanse! ¡Yo los distraeré! —Dijo Radagast.

Esos son huargos de Gundabad, ¡Te alcanzaran en un minuto!

Estos son conejos de Rhosgobel, ¡Me gustaría ver que lo intentaran!


Como algunos sospecharán, si c: me robé una canción de sinsajo xD pero háganme un favor y no se la imaginen como en la película (no me gustó la melodía, le quita lo creepy xd). La puse porque tendrá un significado, y la escena y la canción la saque de este video www. youtube watch?v=w7djN9T9Oqk ,no encontré una versión subtitulada, pero es muy buena si la entiendes, la canción es un fragmento que canta el padre de katniss, y empieza en el min 8:27 a 8:58

Ada: Padre (Solo para quienes no lo sabían).