Aviso: Lamentablemente (para mí) este mundo y sus maravillosos personajes no me pertenecen, sino al maestro Tolkien, quien seguramente estará llorando en su tumba.

Erien es de mi propiedad :)

¡Siento la demora!

Sky: Gracias (como siempre) por el review n.n solo aclarar una cosita, conSejo es el acto de aconsejar, de dar opinión, ayuda y todo eso. ConCejo es una reunión entre autoridades, como el presidente con sus ministros. Eso xD que por un momento dudé, y lo googlé para confirmar xD

Nota: Ya que desde aquí empiezan a aparecer más elfos y no sé hablar elfico, y perdería tiempo intentando buscar un traductor perfecto, lo que escriba —"Entre comillas"— Será lo dicho en ese idioma (Obviamente se darán cuenta porque esas cosas serán dichas por elfos, y también mencionaré que lo dijo en dicho idioma), las palabras que si sepa, pues las pondré tal cual xD algún día aprenderé!


Esos son huargos de Gundabad, ¡Te alcanzaran en un minuto!

Estos son conejos de Rhosgobel, ¡Me gustaría ver que lo intentaran!

Los aullidos se hicieron oír por todo el páramo y pronto se vieron las horrendas cabezas de los orcos asomarse en el horizonte. Radagast se las arregló para golpear en la cabeza a un huargo y que éste lo siguiera, y luego otro, y otro, y por fin llamó la atención de toda la jauría. Incluso se las arregló para tirar a varios orcos de sus monturas.

Gandalf y la compañía avanzaban rápidos y sigilosos, ocultándose en cada roca y saliente que encontraban, y rogaban por no cruzarse en el camino de los orcos, ya que éstos los superaban en número.

Radagast seguía en su peligrosa (aunque divertida) huida, pasando debajo de salientes, quebrando en L hacia cualquier lado, confundiendo a los huargos y desesperando (y molestando cada vez mas) a los orcos. Esto fue de mucha ayuda, la compañía logró avanzar un par de millas sin ser detectados. Pero de pronto, al pasar de una saliente a una gran roca, se dieron cuenta de que la jauría estaba peligrosamente cerca, así que retrocedieron, y cuando se dieron cuenta, un orco montado en un feroz huargo estaba sobre sus cabezas.

Thorin hizo un gesto a Kili, y este asintió. Sacó una flecha, tensó el arco y disparó al huargo, quien calló herido de la roca; y antes de que el orco pudiera hacer sonar el cuerno, otra flecha de Kili lo calló. El único problema de la brillante estrategia fue que los enanos al parecer no conocen el concepto de "matar sigilosamente". Dwalin y Bifur clavaron sus hachas en el cuerpo del huargo, lo cual solo provocaba gritos de éste, que rápidamente llamaron la atención. Erien rodó los ojos y puso una flecha entre los ojos del animal. Pero ya era demasiado tarde, los aullidos se hicieron oír.

¡Corran! —Gritó Gandalf, y en realidad no era necesario decirlo.

Corrieron todo lo que pudieron, pero iban a pie, no eran competencia para los huargos. Rápidamente se vieron rodeados.

¡No cedan terreno! —Gritó Thorin. Todos se prepararon para la inminente batalla.

Erien y Kili se miraron y asintieron entre ellos, desenvainaron sus arcos y avanzaron, ya que ellos podían ganar un poco de terreno. Pero decidieron ahorrar flechas, disparando solo contra los que se acercaban mucho al grupo. Los demás cerraron filas.

¿¡Dónde diablos está Gandalf!? —Gritó Glóin.

— ¡Nos abandonó! —Respondió Dwalin.

Erien y Kili avisaron que venían más, y que los habían rodeado. Eso reducía considerablemente la posibilidad de que todos salieran vivos de ahí. Las esperanzas se apagaban.

¡Por aquí, estúpidos! —Llamó Gandalf desde atrás de ellos. Había descubierto una apertura entre las rocas.

Rápidamente todos saltaron en ella, siendo Thorin el último. Tensaron los arcos para defender el escondite, y de pronto, el hermoso sonido de un cuerno llamó a la batalla. Pronto un orco calló dentro del agujero, con una flecha en la garganta.

Elfos. —Dictó Thorin sacando la flecha y revisándola.

¡No veo hacia dónde va este pasadizo! ¿Lo seguimos o no? —Preguntó Dwalin.

¡Lo seguimos! —Respondió Bofur.

Y siguieron el Pasadizo. Éste no alcanzaba a ser del ancho de más de dos hombres, era retorcido y silencioso, y por la luz que se colaba desde arriba, no debían estar a más de cinco metros bajo tierra.

Cerca de media hora tardaron en salir del pasadizo. Y ante ellos se alzó La última morada, hermosa y ancestral. Difícil es describir semejante valle. Sus edificaciones estaban perfectamente entremezcladas con los árboles que bajaban desde el bosque, las cascadas fluían como si fueran parte de la mismísima estructura, y debajo el rio corría rápido y ruidoso.

¡El valle de Imladris! —Dijo Gandalf— En la lengua común se le conoce por otro nombre.

Rivendell —Finalizó Bilbo, maravillado ante lo que sus ojos veían.

¿Este era tu plan? —Thorin se acercó a Gandalf y le habló por lo bajo— Buscar refugio con el enemigo.

No tienes enemigos aquí, Thorin Escudo de Roble —Respondió severamente— El único mal que encontrarás en este valle es el que tu trajiste contigo.

Intentaran detenernos. No consentirán nuestra misión.

Por supuesto que no. Pero tenemos preguntas que deben ser respondidas. —Thorin agachó la cabeza— Si vamos a tener éxito tenemos que manejar esto con tacto. Y respeto. Y no muy poco encanto. Y por eso me dejaras hablar a mí.

Siguieron el sendero descendiente hasta el valle, en la entrada había un puente estrecho de piedra, sin parapeto, tan estrecho que apenas si hubiera caído un poni, y tuvieron que cruzarlo despacio y con cuidado. Dos estatuas se alzaban al final del puente, dando paso al recibidor.

Ahí los recibió Lindir, un elfo de aspecto joven, pero no menos hermoso que el resto de su raza.

¡Mithrandir!

¡Lindir! —Se volteó Gandalf.

— "Oímos que habías cruzado el valle" —Dijo Lindir, en lo que Bilbo reconoció como el idioma élfico. El elfo miró a la compañía y vio entre ellos a una figura conocida, llevo una mano a su pecho y luego la dirigió hacia ella en señal de respeto— "¡Erien del bosque negro!"

— "Verde" —Respondió ella en su idioma, devolviendo el gesto. En realidad odiaba el nombre que le habían dado al bosque—

Necesito hablar con Lord Elrond

Mi señor Elrond no está aquí.

¿No está? ¿Dónde está?

En ese momento se oyó el cuerno que anunciaba la llegada de las tropas élficas, la compañía volteó y los caballos cruzaron el estrecho puente, alterados los enanos se pusieron a la defensiva cerrando filas. Gandalf y Erien rodaron los ojos. Los caballos giraron en torno al grupo de enanos agraciadamente y se detuvieron en seco.

¡Gandalf! —Dijo Elrond desde su caballo.

Mellon nin —Dijo Gandalf haciendo un saludo. — "¿Dónde has estado?"

— "Hemos estado cazando una jauría de orcos que vino del sur" —Dijo Elrond bajando de su montura— "Dimos muerte a varios de ellos"… Es extraño que los orcos estén tan cerca de nuestras fronteras —Dijo en el idioma común, mirando a los enanos— Algo, o alguien, los trajo hacia acá.

Oh, seguro fuimos nosotros —Dijo Gandalf restándole importancia. Elrond se volteó hacia Thorin.

Bienvenido Thorin, hijo de Thrain.

Gracias —Dijo Thorin, algo brusco.

Elrond les ofreció comida y descanso, y aunque incomodos, con gusto aceptaron, pues venían agotados y hambrientos. La casa era perfecta tanto para comer o dormir como para trabajar, o contar historias y cantar, o simplemente sentarse y pensar mejor, o una agradable mezcla de todo esto. Les llenaron las mochilas con comida y provisiones de poco peso, pero fortificantes, buenas para cruzar las montañas.

Ya en la tarde, la cena se estaba preparando en las cocinas, los elfos mostraron a sus invitados donde dormirían esa noche.


Erien estaba en su habitación descansando, miraba el techo como si fuera lo más interesante del mundo, pensando en las consecuencias que podría traerle el viaje que había emprendido. De pronto el toc toc de la puerta la sacó de su trance, y se levantó a abrir. Era una elfa de ojos azules, piel blanca como porcelana y cabello negro hasta la cintura. Era Arwen Undómiel.

Así que tú eres aquella elfa que venía junto a un grupo de enanos. —Rió suavemente— Soy Arwen.

Soy Erien —Dijo ella, algo tímida. Siempre le había costado relacionarse con las elfas.

Lo sé, Ada me habló de ti. ¿Puedo pasar?

Claro —Arwen entró a la habitación, se sentó y sacó un paquete envuelto en tela.

Te traje esto. —Erien lo abrió, y sonrojada sacó un hermoso vestido color crema, casi blanco— Parecías un montaraz cuando llegaste —Ambas rieron.

Gracias, creo que es hora de lavar esta ropa.

Descuida, yo la puedo llevar a que la laven.

Gracias, Arwen.

Ambas estaban sentadas en la cama, y hablaban amenamente. Erien le contó todo lo que había pasado durante el viaje. Desde el cómodo agujero-hobbit en la comarca, hasta la persecución y distracción de Radagast con los huargos, y Arwen escuchaba y preguntaba por cada cosa que le pareciera interesante, rara vez ella salía de Rivendell y le gustaba mucho oír historias de países lejanos.

Debo preguntarte algo —Arwen sonrió tímidamente— Sé que no me incumbe, pero mi padre tiene la misma duda… ¿Cómo es que el rey Thranduil te dejó ir con una compañía, y ni más ni menos que la de Thorin Escudo de Roble? —Erien se revolvió incomoda.

No lo sabe. —Arwen la miró sorprendida— Pero tampoco estoy envuelta en la compañía y su objetivo. Le dije que viajaría a la Comarca, donde tenía un viejo amigo que se encontraba enfermo. Y efectivamente, fui a la casa del señor Bolsón, y ahora viajo con los enanos por que se dirigen hacia donde yo voy: A casa.

¿Y cómo es que los enanos te aceptaron aun estando emparentada con Lord Thranduil?

Bueno, tampoco lo saben…

Erien… —Dijo en tono de regaño.

Lo sé, soy una mentirosa. Fue una tontería, Thorin me preguntó si provenía del bosque verde, y me asusté y le dije que no (de hecho, soy del bosque negro). Y ahora no sé qué hacer para decirles a todos sin que se enfaden, o me maten.

Creo que tú deberías buscar un buen momento. Aunque, si no piensas ser parte de lo que sea que tramen y te limitas a ir a casa, no veo porqué debe ser un obstáculo.

Tal vez tienes razón.

Ya es hora de la cena, lamento no acompañarlos, pero…

Descuida, son unos maleducados —Se ríe— Será mejor que cenes en otro lugar.

Erien se puso el vestido que Arwen le trajo, y ambas salieron al corredor. Se despidieron en una esquina, donde Erien fue hacia la terraza donde se celebraría la cena, y Arwen fue hacia la lavandería a dejar la ropa de su nueva amiga.

Los enanos, Bilbo y Erien se sentaron en la mesa más grande, y Elrond, Gandalf y Thorin se sentaron en una más pequeña, donde Elrond aconsejó bien a Thorin sobre las rutas hacia el Este. Pudo también observar las espadas que habían tomado en la guarida de los trolls.

Esto no es obra de los trolls. Son espadas antiguas, muy antiguas, de los Altos Elfos del Oeste, mis parientes. Están hechas en Gondolin para las guerras de los trasgos. Tienen que haber sido parte del tesoro escondido de un dragón, o de un botín de los trasgos, pues los dragones y los trasgos destruyeron esa ciudad hace muchos siglos. En esta, Thorin, las runas dicen Orcrist, la Hiende Trasgos en la ancestral lengua de Gondolin; fue una hoja famosa. ¡Que te sirva bien! —Dijo entregándosela, Thorin agradeció agachando levemente la cabeza— Esta, Gandalf, fue Glamdrin, la Martilla Enemigos, que una vez llevó el rey de Gondolin.

¿De dónde las habrán sacado esos trolls? —Dijo Thorin.

No sabría decirlo —dijo Elrond—, pero puede suponerse que esos trolls habrán saqueado otros botines, o habrán descubierto los restos de viejos robos en alguna cueva de las montañas.

La cena siguió sin problemas (Salvo algunos desastres en la mesa típicos de enanos) y todos se sintieron repuestos nuevamente. Decidieron que dejarían los asuntos del mapa para el día siguiente.


La noche cayó sobre el valle, y las estrellas brillaban en el firmamento, era una noche fresca, el sonido de las cascadas no era molesto, sino más bien relajante, y la compañía dormía en sus habitaciones.
Como sabrán, los elfos silvanos aman la luz de las estrellas, y Erien no se perdería el deleite de ver las estrellas desde aquel hermoso valle. Se levantó de su cama en la noche, un elfo le había traído hace unas horas un camisón blanco para dormir, así que apenas salió sintió el viento en sus piernas y en su rostro.

Dobló un par de pasillos desde su habitación hasta llegar a una hermosa terraza, construida sobre una saliente por la cual caía una de las pequeñas cascadas, había también un jardín con flores blancas y un par de arbustos. Junto al balcón en el cual terminaba la terraza había un par de bancas, y en una de ellas encontró a Thorin.

¿Qué haces despierto tan tarde? —Se sentó a su lado.

Solo veo las estrellas —Respondió él.

¿Te molesta si las veo contigo?

Puedes verlas desde cualquier parte.

Pero yo quiero verlas contigo —Thorin la miró extrañado. En realidad, pasaron unos segundos antes de que Erien se diera cuenta de lo… comprometedor que sonó aquello, y se sonrojó dándose una palmada en la cara mentalmente. — Lo siento, eso sonó mal.

Ambos miraron las estrellas en silencio, durante casi 20 minutos nada ni nadie rompió el silencio casi sepulcral. De pronto Thorin se levantó de su asiento.

Buenas noches

Thorin, yo…—Él volteó a verla— yo no fui sincera contigo

¿Sobre qué?

Yo… provengo del bosque verde —Thorin la miró entre sorprendido y enojado—, pero en mi defensa, ya nadie lo llama así. —Dijo en tono algo infantil.

Eres uno de los sirvientes de Thranduil —Escupió casi con asco.

Bueno, si lo dices así…

¿y qué haces aquí? ¿¡Llevas el mensaje a tu rey sobre los secretos de Thorin Escudo de Roble!?

Thorin —Dijo intentando parecer tranquila.

Debí imaginarlo, ¡Jamás debí permitirte venir con nosotros!

Thorin, no llevo nada a mi rey. Solo cumplí un favor de Gandalf, porque le debo muchas cosas.

— ¿Qué te hace pensar que confiaría en tu palabra, elfa?

No te pido que confíes en mí, solo en Gandalf. —El enano seguía mirándola de la misma forma— Mira, no diré que no me importa tu misión, porque pienso que es muy noble, y justa, pero tampoco te pido que me involucres en ella. Sé que no confías en mí, porque soy una elfa, y lo entiendo, y juro, por todo lo que amo, que solo estoy con ustedes porque Gandalf así lo cree necesario, ya que viajar en grupo es mucho más seguro que viajar solo. —De pronto, la cara de Thorin se ablandó— Por favor, una vez lleguemos al sendero de los elfos, no volverás a verme jamás. Solo considérame como una espada más en tu grupo, puedo cuidar de los más débiles, buscar comida…

Está bien —Dijo de pronto—, te encargarás del mediano, no tengo tiempo para perderlo con él. —Él se acercó a ella de forma amenazadora— Mas te vale mantener tu boca cerrada cuando vuelvas a tu hogar, o yo mismo te mataré.

Está bien.

El enano se retiró a sus aposentos, dejando a Erien en la banca agarrándose la cabeza. Las cosas se habían complicado, pero al menos ya tenía una función dentro de la compañía, aunque fuera de niñera del saqueador.

Pronto ella también se fue a dormir, pensando en lo que había pasado, y en lo que podría pasar, y con esto en mente se quedó profundamente dormida.


Siento si no fue muy interesante u.u pero mi cerebro está seco como una pasa n ¡Y siento la demora!
Disfruten, bye ~