Notas y lo demás al terminar.
Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima.
Unexpectedly beautiful
―II―
Miré de reojo a mi costado, y me sorprendo de ya estar en la preparatoria Sabertooth. Nostálgicos recuerdos de mi Escuela Elemental me asaltan y sonrió abiertamente.
―Ya hemos llegado, hija. ―escuché el llamado de mi padre y asentí, abriendo la puerta del auto, respirando inquisitivamente el aire puro que gozaba todo el ambiente de aquella parte de la ciudad.
Estiré mis brazos y piernas, cerrando los ojos y frunciendo mi boca, para después bufar del cansancio y bostezar.
―¿No sabía que Sabertooth iba a estar tan alejado? ―pregunté, curiosa y expectante a su respuesta. Fiore era un país realmente gigante, y Magnolia, siendo una de sus ciudades más importante, a pesar de todo, no quedaba atrás.
―Está saliendo de la ciudad ―él rio suave y acaricio dulcemente mi cabeza, provocando mi diversión―, ¿qué más esperabas? ¿A qué estuviera media hora conduciendo? ―hizo una mueca de gracia, incitando mi risa―. Claro que no iba a ser así, hija. ―antes de interrumpirlo, calló mi boca y cogió mis maletas. ―Lo mejor será ya entrar a tu preparatoria, tú solo saca lo necesario, después de todo, debes de saber que Sabertooth es una especie de internado.
―Claro, claro. Eso me ha mencionado mamá con posterioridad.
―Bien, entonces eso hace las cosas más claras. Las clases ya han comenzado, tendrás que apurarte.
Confirme con un 'sí', lo besé en la mejilla y me despedí, agarrando dos maletas y entrando en la pequeña puerta situada al lado del gran portón. ¿Un timbre… con una verificación de voz por el mismo director? Oh, esto parece más un edificio, hotel o restaurante de alta clase. Bueno, Fairy Tail no era tan extremo, pero tenía la misma seguridad pero en aspectos diferentes. Al hablar y decir mi nombre, la entrada comenzó a vibrar y formar un sonido, y empujé a puerta adentrándome. Le di un último saludo a mi padre, y verdaderamente, entré. ¿Y qué podría decir? Todo era sumamente grande, y maravilloso. Sonreí encantada, olvidándome por varios momentos de mi situación con Natsu… hasta que pensé eso. Diablos. Sacudí mi cabeza y leí el papel que tenía entre mis manos, dónde estaba anotado el despacho del director, primero pasando por la oficina, para que puedan entregarme mí uniforme. Después de todo, era una preparatoria privada, teniendo distintas normas, y no el uniforme normalmente usado de color negro y demás, que tenían los otros. Seguí caminando por los pasillos, siguiendo paso a paso la guía. Derecho, izquierda, derecho y la puerta de la derecha. Golpeé escasamente la puerta, y una voz tremendamente conocida, permitió mi entrada en la oficina. De repente, recordé las palabras de mi padre; 'Encontrarás personas conocidas, Lucy. Estarás encantada, te lo aseguro.', y observé de pies a cabeza a la persona que estaba frente mío.
No… no podía ser cierto. Abrí mi boca como pez fuera del agua, sin que se me ocurra algo para decir, con mis ojos abiertos, muy sorprendidos.
―¡Oh, querida Lucy, cuánto tiempo! ―aquella mujer joven, no aparentando más de treinta, colocó su mano derecha en su cintura, y posando la mano contraria en su barbilla, sonriendo cortés. Correspondí la sonrisa y apreté sus manos, realmente emocionada de verla allí.
―¡Minerva! ¡No sabía que te encontrabas aquí! ―y pues, era obvio, su padre no quiso decir nada… Ahora entiendo el porqué.
―¿Quería darte una sorpresa, eh? ―asentí, todavía teniendo una curva en mis labios. ―Tendremos que dejar todo éste reencuentro emotivo para más tarde, ya que debo entregarte tu uniforme y guiarte el camino hacia el salón, así que más vale que te apures, ¿sí?
Ahogué una risita. ―Claro, a sus órdenes, señorita.
Luego de qué Minerva me llevará a los vestuarios, comencé a apreciar cada hermosa prenda, poniéndolos en fila.
Todo aquello, el camino, las sorpresas, lo maravillada que estaba con el internado, le recordaba a Fairy Tail. Pronto y sin apuro, rememoró cada pequeña parte ―si es posible―, dé lo ocurrido del día anterior. Qué Natsu no la eligió, que escogió a Lisanna.
No la escogió a ella.
Prefirió no optar a su novia, pero si a su amiga de la infancia. Pues claro, era el primer y único amor de Natsu, al parecer. ¿Cómo no iba a entresacar a Lisanna? Si hubiera sido Natsu, hubiera hecho lo mismo, hubiera hecho lo justo y obvio, sin embargo, pensó y albergó la esperanza de que la elegía.
Dé que preferiría estar con Lucy Heartfilia, antes de Lisanna Strauss.
Ahogaste un sollozo y escupiste una risa amarga.
"Eso," pensó dolida "nunca ocurrirá".
Queriendo evitar llorar, comenzaste a hacer una posición fetal, secando con tus manos las pocas lágrimas que dejabas escapar. Aun así, tenías los ojos vidriosos, y podías darte cuenta de aquello con el ardor que sentías en tus ojos. Tus labios temblaban al igual que tu cuerpo, sintiendo un escalofrío por todos lados. Negaste con la cabeza, y de tu bolso, sacaste pastillas para tranquilizarte. Era tu primer día, y no permitirías que nadie ni nada lo arruinara, ni siquiera tu misma. Tragaste rápida, sintiendo lo rasposo y repugnante sabor de pastilla. Ah, como desearías tener agua en este momento.
―¡Lucy! ¿Ya has terminado? ―agradeciste a Minerva mentalmente por la espera y privacidad.
―Ehrm… ―te removiste nerviosa, sabías que ella no era alguien de mucha paciencia, así que gritaste, o contestaste, una pequeña mentira―, ¡en un momento!
Rápidamente sacaste tu ropa de arriba y la cambiaste por el uniforme de Sabertooth, uno muy lindo y elegante, para agregar.
Adornaste tus piernas con las típicas medias negras, y tapaste la mitad de tu muslo. Con las manos trataste ―inútilmente― de acomodar tu cabello, aunque ya estaba perfectamente peinado. Reforzaste al moño que tenía tu coleta, y sonreíste satisfecha, como si fuera que minutos atrás no pasó nada.
Y así sería.
Ayer, no pasó nada importante, ni tampoco está lastimada. Lo olvidaría por su bien y el de Natsu, Lisanna también, claro.
Agarraste tu mochila y saliste de los vestuarios, viendo a una Minerva impaciente. Ibas a pronunciar una disculpa, pero antes que nada, le interrumpió, murmurándole al oído palabras escalofriantes para su cuerpo, sonriendo nerviosa.
―Todavía tienes pequeñas lágrimas en tu rostro.
Te apuraste a limpiarlas, y caminaron hacía allí. Nueva escuela, ya veremos las futuras sorpresas y preguntarle a mi padre el porqué de su entusiasmo. Sin embargo, todo aquello se fue al caño cuando pudiste observar a unas personas. Tres, para ser exactos.
¡¿Pero qué caraj…?!
―Soy Lucy Heartfilia… e–encantada de conocerlos. ―apenas terminaste la presentación, miraste a Minerva y vislumbraste su diversión. Maldita demonio, debe de estar disfrutando mi sorpresa, es más, saboreándolo.
―Puedes sentarte delante de Sting, el rubio de por allá.
Ah, bien. Una cosa era que saboreé la diversión, ¡y otra completamente distinta, es que quiera provocarse más diversión! ¡¿Por qué me tenía que poner delante del Rubio?!
Lo hizo a propósito, estoy segura.
Con un tic en el ojo, caminé hacia mi lugar y me senté lo más pacifica posible, pero ese maldito rubio mal teñido quería arruinarlo por completo.
―Hey, Rubia. Rubia. Rubia. Rubia. ―comenzó a acentuar el horrible apodo ―hijo de perra, no tenía imaginación, excepto por el mío, el que le hice fue maraviloso― y alargar las palabras. ―Rubia. Rubia. Rubia. Rubia. Rubia.
Y cómo tan educada que soy, simulé que se me cayó un lápiz, y dando la media vuelta, le di una patada. El Rubio maldecía mi nombre por lo bajo y quedé satisfecha, alzando el pecho con orgullo, al igual que mi cuello, como si estuviera prestando toda la atención hacia la clase y las lecciones detalladas de Minerva. Escuché un pequeño tumulto de risas ahogadas, y observé con felicidad y aprecio a aquellas dos personas; Yukino y Rogue.
"―¡Lucy–sama!, vayamos a la playa con Rogue-sama y Sting-sama."
Curvaste tus labios ante los recuerdos.
"―Ustedes, parecen una pareja de casados―rió Rogue, y trato de taparlo con su mano, viéndonos divertido al escuchar quejas. Revolvió el cabello de la pequeña rubia antes mencionada, Lucy, y siguió con claro sarcasmo―, está bien, me calló y retractó lo que dije. Pero si puedo ver reacciones tiernas de la pequeña Lucy, seguiré molestando. ―Yukino aceptó el plan y rieron los dos, todavía teniendo a los dos rubios con mohínes, gritos y negaciones."
Recuerdos, muy buenos recuerdos. Podría aplaudir si fuera necesario.
Si sacamos la parte en que Rogue le molestaba con la excusa de que tenía expresiones y reacciones 'tiernas'.
"―…Soy Sting Eucliffe.
―Lucy, Lucy Heartfilia.
Siguieron serios con un apretón de manos luego de la presentación, y segundos después estallaron en carcajadas.
Lucy nunca había estado riendo por tanto tiempo seguido, siendo lo mismo para Sting."
Ya, lo aceptaría.
No había estado tan entusiasmada de encontrarse con una persona ―o varias― desde hace mucho. Es más, gritaba de la felicidad en sus adentros y celebraba. Celebraba por haber aceptado a regañadientes la propuesta de su padre. Pero claro, ahora no estaba para nada enojada ni mucho menos arrepentida, ya que para su opinión, podría olvidar todo el asunto que pasó en Fairy Tail, y reírse nuevamente con sus originales mejores amigos, de la infancia. Y al parecer, lo seguirían siendo.
― . ― . ―
Realmente no he tardado en actualizar... Es que, ¡vamos! Llevo muchos Fics tardando meses, literal. Y aquí solo diez días (recién cumplidos[?]).
Gracias a Sly Jeagerjaques ―te amo, Hime―, Guest, Neko Heartgneel y Guest, por los reviews y el apoyo. uvu
No tardaré tanto en actualizar, ya que tengo más o menos la estructura del capítulo, hasta el 7. Es todo lo que tenía para decir, merci por leer y... eso. (8
De pie, reverencia, ¡AYE SIR!
