CAPÍTULO VI

Riddle no bromeaba cuando decía que la quemazón sería horrible, estaba tan desesperado que literalmente quería arrancarse la piel a tiras. Hacía ya dos días de la conversación en la biblioteca y por fin era viernes, así que podía desaparecer de la vista de todos y concentrarse en no acuchillarse.

La búsqueda había sido tremendamente frustrante, el mismo miércoles por la noche salió a hurtadillas de su cuarto dirigiéndose directamente a la biblioteca. Le tomó más trabajo del previsto poder infiltrase por las puertas que aislaban la sección prohibida que estaban protegidas por fuertes runas de sellado. No era la primera vez que entraba a esa parte de la biblioteca, no obstante parecía que su amado director había reforzado las guardas, seguramente debía agradecerle ese detalle a los esbirros de Tom, pues era bien sabido que a principios de curso habían encontrado a algunos de ellos en ese lugar a deshora y obviamente sin autorización.

Una vez finalizada la tarea sintió cómo la maldición empezaba a hacer efecto, aunque en ese momento solo era un leve picor, parecido a una irritación de baja importancia. Ya dentro de la sección que le interesaba empezó a rebuscar entre las estanterías, no sabía qué tipo de embrujo le había lanzado pero por algún lugar debía empezar, así que se dirigió a los hechizos de ataque. Ya casi despuntaba el alba cuando abandonó el recinto totalmente descorazonado y con una idea más clara de la gravedad de la situación, pues aunque no había encontrado nada el picor de su cuerpo había alcanzado ya niveles preocupantes. Realizó la misma rutina el día siguiente con exactamente los mismo resultados. Afortunadamente para él Riddle parecía evitarlo de momento, no estaba en condiciones de poder enfrentarse al prefecto.

Así que ahí estaba disfrutando de un raro día soleado en Noviembre, a la sombra de un gran árbol a orillas del lago Negro. Odiaba estar sin hacer nada mientras era consciente de que la maldición cada vez cobraba más fuerza pero no podía arriesgarse a acercarse a la sección prohibida mientras aún estaba abierta al público. Para olvidarse de la picazón que asediaba su cuerpo cerró los ojos y se concentró en su alrededor. Aún estando un poco alejado del castillo podía sentir su magia fluyendo hacia él, pero no solo la de éste, también estaban los restos de magia de los miles de alumnos que a lo largo de los siglos lo habían llamado hogar. Conectándose con la magia del lugar, sintiéndola fluir a lo largo de él le ayudó a serenar su mente y pensar con más objetividad. Hasta ahora Ridlle no había hecho amago si quiera de acercarse a él y eso era extraño. Por lo que sabía del joven, y créanme era mucho, gozaba con el sufrimiento ajeno, con el control que ejercía sobre los demás, por tanto lo más lógico es que ya se le hubiera acercado para regodearse. No obstante eso no era así y este hecho hizo sospechar a Harry. De repente una idea surgió en su mente, se dio una bofetada mental por no haberlo previsto antes, era tan sencillo, tan simple, que ni siquiera había pensado en ello, ya sabía cómo hacer que la picazón desapareciese, pero se negaba a caer tan bajo y pedirle ayuda a él. Tenía que haber otra solución y, a poder ser, permanente.

Bien ya basta por esta noche, Harry estaba harto, por fin había encontrado el hechizo que Tom había lanzado sobre él, y sí tenía razón, Riddle no había variado su forma de ser sin razón, el muy hijo de arpía le había lanzado un hechizo que ataba a una persona a otra. Antiguamente había sido usado por algunos magos para asegurarse que sus mujeres yacían en sus camas todas las noches. El condenado hechizo causaba dolor en quién había sido lanzado que solo remitía con el contacto directo con quien lo había conjurado. Riddle lo estaba tratando como a una simple esposa despechada, esto lo enfureció aun más. Bien el señorito quería tenerlo suplicando a sus pies, pues no lo iba a conseguir, Harry nunca dejaría que alguien lo controlase, por muy atrayente que fuera su magia.

Su resolución no varió cuando se levantó de su cama el sábado, sus compañeros de habitación aun estaban dormidos, como siempre. Agradecía tener por compañeros a Zabinni y Nott en lugar de estar con el Kent rubio y sus dos gorilas. La ley imperante en el cuarto era no molestes y no serás molestado, es más podría contar con los dedos de sus manos las conversaciones que había mantenido con ellos. Se dirigió al baño y observó su rostro en el espejo, su piel estaba sumamente pálida y hacían resaltar más aún las moradas ojeras que enmarcaban sus ojos, era normal casi no había podido dormir por culpa del dolor y el roce del pijama contra su piel tampoco ayudaba mucho. En la ducha, con el agua sumamente fría golpeando su cuerpo se sintió un poco mejor, pero le descorazonaba saber que esto iba a continuar si no hacía algo y rápido.

Era sábado y hoy había salida a Hogmeade, esa a la que Malfoy tan agradablemente le había invitado. Resta decir que no pensaba ir. El recuerdo del inicio del fin de semana también le recordó algo menos agradable, hoy tenía castigo con Snape, y con lo observador que era su jefe de casa podría notar fácilmente su pequeño problema. Algunos creerían que eso sería una buena señal, que su jefe de casa lo ayudaría a terminar con la maldición. Bien, pues esos estarían terriblemente equivocados, Snape no era más que un murciélago amargado que solo se regodearía de su dolor y seguramente incluso premiaría a Riddle de saberle responsable.

Tenía que buscar un lugar apartado de todos, donde poder lamerse sus heridas y pensar un plan. Un aula abandonada era la mejor opción, aun mejor si ésta estaba en la torre de adivinación. Todos los estudiantes evitaban ese lugar por el nauseabundo olor a incienso concentrado. Así que hacia allí se dirigió. Ya en el aula sacó su material de pociones y empezó la próxima redacción que tenía que entregar, mejor aprovechar el tiempo. Pero de nada servía, su menta cada vez estaba más enturbiada, el dolor empezaba a ser insoportable, nada podía hacer que su mente se distrajese. Se hizo un ovillo debajo de una de las ventadas y empezó a temblar de forma intermitente.

De esa guisa lo encontró el epicentro de sus actuales problemas, Tom Marvolo Riddle.

Bien es un capitulo que no tiene mucha acción, el siguiente será mucho más interesante. Perdón por tardar tanto en actualizar, pero estoy en plena época de exámenes, es más dentro de cuatro horas tengo el siguiente :S y antes de la examenes gracias al fantástico plan Bolonia tenía cuarenta mil trabajos que entregar... mi único consuelo es que después de Junio por fin habré terminado!

El siguiente cap esperadlo para mitad de febrero, cuando por fin esta pesadilla haya terminado

besoos