ADVERTENCIA: LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTOS PERTENECEN A MASAMI KURMADA Y TOEI ANIMATION. ESTO ES SIN FINES DE LUCRO.
ESTO EMPEZÓ COMO UN SAORIxSEIYA PERO ME ES INEVITABLE QUE EL RESTO TENGA IMPORTANCIA EN LA HISTORIA. BRONCEADOS EVERYWHERE!
Capítulo IV
Escape
En medio de la oscuridad de la noche, la joven caminaba por el Santuario. A cada paso, sus tacones producían un sonido que sólo la ponía más nerviosa, creía que en cualquier momento las descubrirían. Pero ya no había marcha atrás, justo ese era el día acordado y pronto sería la hora en que ayudarían a Athena a escapar.
Mientras recorría el camino que la llevaba hacia los aposentos de la diosa, Marín observaba las 12 casas sin poder dejar de pensar que pronto ya no podría seguir evitando a Aioria, le había prometido a Athena que estaría cerca de él para estar al tanto de todo lo que sucedería después de la huída. Suspiró intentando hacerse a la idea de que tendría que soportar estar incómodamente cerca del Santo de Leo.
-Lo dices como si realmente te molestara- se reprendió a sí misma en silencio. Era cierto, una parte de ella muy en el fondo todavía sentía algo por él.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando pasaba cerca de la casa de Acuario. En ese momento iba saliendo de ese lugar nada más y nada menos que Shaina.
-Shaina ¿Qué haces aquí?-le preguntó.
La aludida pasó rápidamente sus manos debajo de sus ojos, como si se limpiara lágrimas. -¿Ahora eres la encargada de la vigilancia o qué?-le respondió con otra pregunta.
-Tranquila, yo sólo decía. Pero... resulta bastante extraño que estés aquí, es tan extraño como el hecho de que no te marcharas después de que te expulsarán... Me pregunto si tendrá algo ver.
-Para tus intrigas.- le dijo Shaina indignada- Mejor repasemos de nuevo el plan mientras llegamos hasta Athena.
Emprendieron el camino mientras recitaban paso a paso lo que tenían que hacer. Mientras Shaina decía su parte, Marín seguía con la duda de la actitud de Shaina al estar en la casa de Acuario, y es que coincidentemente el fallecido Camus había sido el encargado de expulsarla. Se preguntó si ese momento tan importante en su vida había representado algo más.
Cuando llegaron más allá de los aposentos del Patriarca, se pararon justo en la ventana de Athena.
Saori inmediatamente fue hacia ellas- Buenas noches- saludó- ¿Listas?
Las ex amazonas asintieron- Hemos repasado bien el plan. -sentenció Shaina.
-Excelente... ¿Estás bien?- le preguntó Saori al notar un poco extraña su expresión.
-Sí es sólo que...- no quería decir lo que en realidad pensaba- Bueno el Santuario es todo lo que he conocido en mi vida e irme es muy difícil para mí.
-No te preocupes, si todo sale bien, regresarás como la Santa de Ofiuco.
Una vez más repasaron el plan y mientras Saori se cambiaba de ropas, Shaina y Marín se dirigieron a la entrada de la cámara del Patriarca: Shaina robaría su propia armadura y causaría un gran alboroto; mientras que Marín se colaría discretamente para llevarse a la joven reencarnación de Athena.
Shaina entró sin reparo e inmediatamente se dirigió al lugar donde Saori le indicó que se guardaban los cloths sin dueño. Ahí estaba la caja, entre Pegaso y Sagitario.
-Parece que esa chica sabe muy bien lo que hace- dijo en voz baja.
Tomó su cloth y éste inmediatamente le respondió en señal de que aún le pertenecía. Salió de ahí, el Patriarca no estaba en ninguna parte; para hacer la distracción comenzó a hacer destrozos. Ella ya tenía todo un plan de escape cuando apareciera el Patriarca. Comenzó a apilar los objetos destrozados y los cubrió con alcohol para que en determinado momento prendiera fuego y lograra escapar.
-¿¡Quién anda ahí!?- gritó el Patriarca al entrar y en cuanto la vio dijo- ¡Tú!
-Te dije que no podrías deshacerte tan fácil de mí y que volvería.-lo desafió sabiendo que el Sumo Sacerdote tenía un gran poder y que el desafío implicaba prácticamente un suicidio.
-Si yo mismo ordené a Camus de Acuario que te echara de aquí. ¿Cómo te atreves?
-Pues ya ves... él no pudo alejarme de aquí- dijo y en un movimiento rápido tomó una antorcha que estaba colocada en la pared- Debiste escuchar las advertencias de Athena, ahora es tarde… Y juro que volveré y tú te arrepentirás de haberme destituido.- sentenció y dejó caer la antorcha sobre el desorden que había hecho, provocando un pequeño incendio.
Ante la ráfaga de llamas, Aioros se cubrió el rostro y cuando volvió a mirar, Shaina ya se había ido- Esa mujer…- dijo entre dientes e intentó abrirse camino entre el fuego; pero de pronto cayó en la cuenta de algo. ¿Qué había dicho sobre Athena?. Dudó unos segundos, ¿cómo esa rebelde tenía contacto con la diosa? ¿Acaso eso era posible?. Sin más, dio media vuelta y se dirigió rápidamente a la cámara de Athena. Cuando llegó ahí se sintió como un tonto, desde que la diosa había cambiado de actitud, ya no cerraba la puerta con llave. Su habitación no se podía abrir por dentro pero sí por fuera, sin duda había sido una trampa pues Athena ya no estaba.
-Espera… espera…- decía Saori con la respiración entrecortada. Marín la llevaba corriendo desde que la sacó de su encierro y ahora que se habían alejado lo suficiente de la cámara de Athena, le pedía un momento para recuperar el aliento.
-Pensé que tenía mucha prisa por irse- le respondió parándose en seco y la miró desafiante. Sin duda, ella aún no confiaba totalmente en ella y no la culpaba pues por las órdenes de Athena, la ex Santa de Águila había perdido todo.
-Sí, pero es sospechoso que dos "concubinas" atraviesen corriendo el Santuario ¿no crees?
-Supongo que sí… - cedió Marín- Pero no podemos seguir paradas, Shaina ya debe estar escapando. Andando antes de que Aioros se dé cuenta de que ya no está en su habitación.
Reemprendieron su camino pero tratando de pasar desapercibidas. Al dejar las 12 casas atrás, Saori no pudo evitar pensar en Seiya. La última vez que lo vio, él yacía inmóvil en una silla de ruedas y lo dejó a cargo, precisamente, de sus actuales cómplices. Se preguntó si ellas habrían logrado detener a los Ángeles de Artemisa y si lograron proteger a Seiya. Quizá en alguna parte, en alguna otra "realidad", ellas aún siguen peleando para cumplir su palabra y cuidar de Seiya.
Intentó no distraerse con eso, miró a Marín que había contraído su rostro desde que pasaron cerca de la Casa de Leo; no pudo evitar sacar el tema- Marín… ¿puedo preguntarte algo?
-¿Qué pasa?- respondió hosca y sin detenerse.
-¿Qué pasó entre tú y Aioria?
-Algo de lo que me arrepentiré toda mi vida…- luego suspiró- Él y yo siempre fuimos muy amigos; con el tiempo me enamoré de él, cada vez nos acercábamos más hasta que un día decidí mostrarle mi rostro, una cosa llevó a la otra y… bueno, consumamos nuestro amor. No parecía algo malo, pero debíamos ocultar nuestra relación. Hasta que una maldita noche, el propio Aioros nos descubrió cuando iba a visitar a su hermano.
"Desde luego él se puso furioso- continuó- me culpó por haber provocado con mis encantos a su 'inocente' hermanito; me dijo que estaba deshonrando a todas las Amazonas… que él no permitiría eso en el Santuario y en nombre de usted me destituyó de mi cargo. Aquella vez, Aioria se había quedado callado viendo cómo su hermano me quitaba todo. No me defendió, ni siquiera tuvo el valor de abrir la boca o mínimo de mirarme a los ojos. Yo, por mi parte, no tuve más que quedarme en el Santuario para poder buscar a mi hermano, pero cada vez que me topo a Aioria o a Aioros, tengo que ignorarlos por lo que me hicieron, aunque ganas no me faltan de propinarles una buena bofetada a cada uno".
-Sé que es muy tarde, pero lo lamento mucho Marín. Te prometo que te recompensaré por todo lo que estás haciendo- expresó honestamente Saori.
-Ya no importa, ahora sólo me interesa mi hermano. Además…- dudó un poco en agregar- soy yo quien debe disculparse. No debí faltar a mi deber como Santa y ofenderla de ese modo. Perdóneme.
-Si de algo sirve, tengo que decirte que en el fondo de Aioria hay un guerrero muy noble y valiente. Sé por tu mirada que aún lo amas y ten por seguro que, cuando todo esto termine y si lo deseas, les daré permiso de estar juntos. – le dijo Saori, sabiendo que en su "realidad" ellos tampoco pudieron estar juntos porque el Santo de Leo murió.
-A…At…Athena…- sólo pudo pronunciar Marín, detuvieron al llegar a las orillas del Santuario- Yo… bueno, yo…
-¿Qué hacen ahí?- preguntó de pronto una voz femenina.
El corazón de ambas lse aceleró. ¿Acaso alguien las había descubierto? -Ustedes dos, les estoy hablando. Qué hacen por aquí he dicho.
Voltearon. Se trataba de una amazona. Saori no tenía idea de quién era y menos si ésta tenía su rostro cubierto.
-Ah... - habló primero Marín, al parecer reconoció a la joven- June, soy yo Marín, Marín de Águila ¿Me recuerdas?
-¿Marín? ¿En serio eres... tú? -respondió la joven sorprendida- Pero pareces una concubina.
-Así es, en esto me he convertido.
-Ya veo... Te dije que estar con ese hombre a la larga no te traería nada bueno-comentó June ya que estaba al tanto de la situación sentimental de la ex Santa de Águila. -Ahora te han degradado a una simple...
-Lo sé, pero ese no es el punto. Tengo prisa y debo irme. Me alegro haberte visto June, adiós.
Tiró del brazo de Saori para continuar su camino, pero June la detuvo.-Espera ¿A dónde vas con tanta prisa? ¿Acaso tienes un "compromiso" con algún hombre?
-Am... Algo así- mintió para zafarse de la situación.
De pronto Saori recordó a esa joven. Claro, sólo lo había visto una vez hacía tiempo, ese día June estaba inconsciente y sin su máscara, Shun la llevaba entre sus brazos, era su compañera de entrenamiento y amiga -Eres June de Camaleón- le dijo.
-Sí... - respondió June molesta como si fuera obvio quién era -¿Y tú quién eres?
-Una chiquilla que acaba de llegar al Santuario, apenas acaba de convertirse en una concubina- interrumpió Marín.
-¿Ah sí?- June la miró con curiosidad. Notaba algo extraño en ese joven- En fin... No entiendo cómo una chica es capaz de entregar su vida a atender a los Caballeros.- luego miró a Marín- Y más me desconcierta de ti, lo tenías todo y lo dejaste perder por ese tonto, un Dorado, pero finalmente un hombre que sólo quería satisfacer sus necesidades.
-Lo entenderías si algún día alguien te hiciera sentir así- respondió Saori- A veces una hace muchos sacrificios por amor…
Marín tiró de ella como si le pidiera que se callara.
-¡Bah! Aún no existe el hombre, ni siquiera un Caballero, que merezca que le muestre mi rostro.
-Bueno ya nos vamos- dijo Marín tirando de Saori. Estaban a punto de emprender camino cuando Saori interrumpió.
-Por cierto, ¿alguna vez has escuchado de Shun?
-¿Y ese quién es?
-Es...- intentó explicar.
-Ya nos vamos- tiró de nuevo Marín.-Adiós June.
Saori continuó caminando. No podía ver el rostro de esa joven pero estaba segura que tenía la vista fija en ella.
-¿Quién es ese Shun?- interrumpió Marín sus pensamientos- ¿Tiene algo que ver con esta locura?
-Sí algo...-respondió. Cuando llegaron a las afueras del Santuario, donde ya se veía la aldea, se detuvieron- Bien aquí nos separamos.
-¿Está segura de esto?- preguntó la ex Águila.
-Ya no hay marcha atrás.
-Pero si quiere puedo acompañarla.
-No, te necesito aquí. Recuérdalo.
-¿Y a dónde irá?- preguntó levemente preocupada.
Saori suspiró- A Japón... debo buscar a la reencarnación del Dios del Inframundo.
-¿Allá? pero...
-Es preciso, debo evitar una tragedia mayor- comentó con decisión, pero pesando que en ese lugar estaba su inevitable destino.
Destino, esa era la palabra clave. Él sentía que algo tenía que ver con su destino. Aquel día, Seiya estaba de nuevo abstraído en sus pensamientos. Esa mañana otra vez se había despertado muy agitado; de nuevo uno de esos sueños extraños lo había invadido durante la noche. En esta ocasión, en su sueño, corría unas escaleras que parecían no tener fin; un extraño reloj le advertía que el tiempo se agotaba, aquel medidor de horas no tenía manecillas ni números, sólo flamas que poco a poco se agotaban; Seiya corría angustiado ¿por qué? ¿a dónde iba? ¿por qué la prisa? No lo sabía, pero la urgencia por llegar le oprimía el pecho.
-¿Qué tanto piensas?- de pronto la voz de su único amigo lo distrajo de sus pensamientos.
-Ah Ikki… -respondió intentando disimular sus preocupaciones. Desde muy chico tenía sueños extraños y siempre estaba pensando en eso, por lo que era un chico un poco retraído.
-¿De nuevo esas ideas raras?- le preguntó su amigo como si adivinara su expresión.
-Ah… no, es que esta mañana tuve una discusión con mi hermana. Se molestó mucho cuándo Miho fue a preguntarle si yo estaba bien, ella le contó hecha un mar de lágrimas que la rechacé cuando me habló de amor… Miho y Seika son muy amigas y ya te imaginarás cómo se puso mi hermana, me dijo que era un tonto por despreciar a la única chica que me ha amado sinceramente, que debería sentar cabeza y dejar de pensar en tonterías… en fin.
Ikki suspiró- Mujeres… es imposible entenderlas- sólo comentó Ikki. Seiya sabía que a él no le importaban esos temas, aunque aún creía que era porque todavía no conocía a una chica que lo conquistara. En realidad, Ikki sólo le importaba un tema, del que, por cierto, no hablaba mucho: su "extraviado" hermano menor Shun.
-Uf…- intentó cambiar de tema- Ha sido un día un poco complicado ¿no?... el descanso apenas me viene para despejarme un poco- comentó Seiya.
Ellos trabajaban en una de las industrias más comunes de Japón: la electrónica. Seiya, quien no había salido muy bueno para la escuela y pese a la insistencia de su hermana, no estudio la universidad y se dedicó a ser un empleado más de ese país. Ahí había conocido a Ikki, un joven que, igual que él, no sentía que encajaba en la vida del hombre promedio, aunque él era más resignado al respecto.
-Sí… juro que si no es porque estoy en la quiebra ya hubiera dejado este tonto empleo- se quejó.
-¿Y… nunca pudiste recuperar los ahorros de tu vida?- preguntó, no quería tocar ese tema delicado para su amigo pero no se le ocurrió nada que decir.
-No, ese descarriado me robó todo para largarse de este país… Supongo que debí sospecharlo en el momento en que lo vi hurgando en mis cosas…- hizo un silencio y volvió a suspirar- La verdad no entiendo cómo Shun pudo hacerme eso; en general él es un buen chico, es noble y gentil… pero no sé, en los últimos años a veces tenía una personalidad que… no parecía él, como si alguien más estuviera ahí… en él…- hizo otro silencio y luego rió levemente- Qué locuras digo a veces…
Seiya no había conocido a Shun, sólo lo que Ikki le había contado, pero por alguna extraña razón no le parecía una locura los comentarios de su amigo. De pronto un timbre sonó, marcando el final del descanso.
-Es hora de seguir- dijo Ikki dando una palmada a la espalda de Seiya- Yo no sé mucho de eso, pero no dejes que el tema de tu novia te agobie tanto, evalúalo con calma… Quizá no sea el anhelo de tu vida pero… no podemos escapar de nuestro destino.
Escapar del Santuario había resultado relativamente sencillo. Shaina conocía ciertos pasadizos para recorrer el Santuario, los mismos que desde su destierro le habían permitido desplazarse por el lugar sin que fuera vista (ni siquiera la persona a la que se la pasaba observando en cada visita notaba su presencia). Sin embargo, había pasado algunos días viajando hacia el oriente (su destino era China, donde Athena la había enviado) y en algún momento se desorientó, llegando al norte, en Rusia. Pensó que sería buena idea, antes de ir al lejano oriente, primero parar en Siberia, donde Athena le pidió que buscara a alguien.
Para su ironía, debía buscar al ex discípulo de Camus de Acuario, un joven rubio llamado Hyoga. Athena le había suplicado que fuera discreta y que ese joven no se percatara de su presencia, sólo quería saber que él estaba bien. Sin duda, Athena tenía unas ideas un poco extrañas.
Caminaba por las heladas tierras del noreste de Europa, cuando de pronto se percató que no tenía idea de dónde estaba. Temblaba de frío y se sentía tan tonta buscando al discípulo de Camus, al que no le guardaba ningún agrado después de que fuera él quien intentara (sin éxito) expulsarla del Santuario. Se detuvo un momento, cuando, sin esperarlo alguien gritó:
-¡Intrusa!- apenas intentó voltear cuando un ataque se le sumó- ¡Garra de Tigre la sombre del Vikingo!
Durante un momento no supo de sí, el ataque fue certero y le hizo perder la consciencia. Cuando Shaina despertó, no sabía qué había sucedido. Ya no estaba en medio de la nieve, estaba en un lugar oscuro.
-Bienvenida…- dijo una voz masculina entre las sombras.
-¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?- preguntó confundida.
-Debiste cruzarte en el camino de uno de los Dioses Guerreros, ellos te trajeron aquí como su prisionera- respondió el joven que permanecía aún en las sombras, estaba sentado en un rincón.
Cuando Shaina logró que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y pudo enfocar mejor se dio cuenta que estaba en un lugar húmedo y frío, parecía una celda. -¿Qué es este lugar?
-Te doy la bienvenida a la celda del Palacio de Valhalla, en las escondidas tierras de Asgard - respondió levemente irónico.
-¡Maldición! Debo ir a Siberia a encontrar al discípulo de Camus…- dijo casi para sí, pensando en voz alta- a ese chico Hyoga.
Su compañero de celda se enderezó rápidamente, salió de las sombras con un gesto levemente sorprendido. Era un joven rubio que parecía llevar ya tiempo ahí encerrado- ¡¿Para qué me buscas?!- preguntó extrañado de escuchar de su antiguo maestro, notó por su armadura que esa mujer era un Santo de Athena… hacía tiempo que no escuchaba sobre ese mundo y, sobre todo, que alguien lo llamara por su viejo nombre: Hyoga.
CONTINUARÁ…
ESPERO QUE ME SIGAN, ESTO SE PONE COMPLICADO Y MUY CONFUSO. NO DUDO QUE QUIERAN ASESINARME…
