ATENCIÓN: LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTOS PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION.
DE ANTEMANO ME DISCULPO POR NO HABER CUMPLIDO LO PROMETIDO.
Capítulo VI
Estrategias
Era el momento decisivo. En esa milésima de segundo se jugaba todo. Hades lanzó su ataque y ella lo recibiría para salvar a la humanidad. Era otra vez la lucha de los Dioses, pero ahora ella recibiría el letal ataque, se sacrificaría para que Seiya no resultara lastimado. Sin embargo, de la nada apareció el Pegaso y la espada atravesó su pecho.
Saori intentó gritar pero no pudo, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. No, no otra vez. El cuerpo de Seiya se deshizo antes de que pudiera caer en sus brazos. Hades soltó una carcajada ante su triunfo, el rostro del Dios del Inframundo salió de las sombras, era Shun.
-Athena, esta vez te destrozaré y acabaré con los que más quieres- le dijo Shun/Hades -y no podrás hacer nada- volvió a reír en esa escabrosa mezcla de voz de Hades y Shun.
Saori despertó de esa pesadilla muy agitada. Nunca había tenido un sueño tan vivido. Su corazón latía con fuerza, cuando de pronto miró alrededor ¿Qué había sucedido? ¿Dónde estaba? Tras unos segundos recordó lo sucedido. Corría tras Ikki y estaba a punto de ser arrollada por un automóvil; cuando, de la nada, Seiya la rescató de un final trágico. ¿Acaso había sido también un sueño?
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación, observó con cuidado dónde estaba. Parecía la alcoba en una casa común. Miró todo lo que había ahí: había un librero un poco desordenado, una vieja guitarra acústica, ropa de chico en el suelo; parecía que era la habitación de un joven. Al voltear a la mesita de noche vio una lámpara y encendió la luz, se encontró con una fotografía, en la imagen le sonreía un muchacho de piel morena, gentiles ojos castaños y cabellos alborotados, era Seiya, quien posaba para la cámara en una soleada playa; a su lado se encontraba una joven que, si Saori no se equivocaba, se trataba de la hermana mayor de Seiya: Seika; la misma con la que nunca pudo reencontrarse ya poco después de que ésta apareció, Seiya fue herido por Hades.
Saori no pudo evitar sonreír al darse cuenta de las cosas. Sin duda, en esa "realidad" Seiya había hecho su vida como un chico normal, pudo estar con su hermana y vivió una vida tranquila y feliz. De nuevo dio un vistazo a la habitación, maravillada de que todo lo que había ahí era del único hombre al que había amado. La habitación gritaba por todos lados la esencia de Seiya. De pronto la joven se dio cuenta que sobre el vestido de concubina que Marín le había conseguido llevaba puesta una chaqueta, se trataba de una prenda masculina y sospechaba que era de su rescatador. Sin poder evitarlo, Saori olió la prenda y su corazón se aceleró al percibir el inconfundible aroma de Seiya.
-¡Seiya!- dijo de pronto una voz femenina afuera de la habitación; se escuchó que una puerta se azotaba- ¡Seiya! ¡Explícame qué pasa por tu cabeza!- gritó Seika.
-¿De qué hablas?- escuchó que Seiya preguntaba despreocupado.
-¡De lo que me contaste por teléfono! ¡De esa chica!... ¡No puedo creer que te hayas arriesgado así y que la hayas traído a la casa!
-Sólo hice lo que creí correcto ¿de acuerdo?- se defendió el chico.
-Si querías ayudar debiste llamar a la ambulancia o llevarla a un hospital. ¡¿Pero cómo te atreves a meter en MI casa a una completa extraña?!- reclamó Seika.
-Espera… recuerda que esta casa también es mía, nuestros padres nos la dejaron a AMBOS… Además no fue grave, sólo se desmayó ¿sí? Es una pobre chica y creí que lo mejor era ayudarla. Así que te pido que no grites porque está descansando en mi habitación…y si no te molesta iré a ver cómo está.
-¡Seiya!...¡Seiya!...- comenzó a hablarle su hermana mayor.
Saori escuchó que unos pasos se aproximaban por el pasillo, apagó la luz y se reacomodó en el lecho. La puerta se abrió y la luz del pasillo contorneó la silueta de Seiya. Se acercó a ella y la chica abrió los ojos.
-Seiya…- no pudo evitar decir.
-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó el chico encendiendo la lámpara de nuevo.
-Ah… es que escuché ese nombre y…-intentó explicarse.
-Lamento si mi hermana te despertó- se disculpó el joven. Se volvió hacia la mesa de noche donde había una jarra de agua y un vaso.
Mientras servía en el vaso, Saori lo miraba atentamente. Era SU Seiya, el mismo del que se enamoró. Un poco desordenado, pero tan atento y apuesto como siempre.
-Ten, bebe un poco de agua, te hará sentir mejor- le dio el vaso y mientras Saori intentaba incorporarse, sintió una punzada de dolor en su tobillo.
-¡Auch!- expresó.
-¿Estás bien?- preguntó preocupado el joven, dejó el vaso en la mesita y le ayudó a incorporarse. Cuando posó sus manos en las de la chica para ayudarle, ella sintió que su corazón se le saldría del pecho.
-Sí… es sólo que me torcí el tobillo antes del incidente y creo que es peor de lo que pensé.
-Déjame ver…- dijo el chico. Con cuidado se acercó al tobillo de la chica. Por un segundo dudó pues al tocar la delicada piel de la chica, él se estremeció al notar que era exquisita. Sacudió levemente su cabeza para quitar esas ideas de su mente- Creo que es un esguince, no es grave pero necesitarás unas semanas en reposo. Creo que… iré por un poco de hielo.
Salió corriendo de ahí y regresó rápidamente. Puso una almohada bajo el pie de la chica y colocó el hielo en su tobillo.
-¡Auch!- expresó de nuevo Saori.
-Lo siento, a veces soy un poco brusco- se disculpó con una sonrisa.
Hubo un silencio en donde la chica admiró el cuidado que Seiya le dedicaba- Muchas gracias Seiya… por salvarme de ese accidente y atenderme.
-No es nada- se sonrojó.
De pronto la chica notó que él tenía una mano vendada- ¿Qué te pasó en la mano?
-Ah… esto. Nada, sólo que el automóvil me alcanzó a golpear.
-¿Estás bien?- preguntó preocupada.
-Sí. No te preocupes, me pasa todo el tiempo. A lo largo de mi vida he tenido muchas lesiones: me he fracturado la pierna, me he roto el brazo, una vez se me abrió la ceja; pero siempre sano rápido. Mi hermana dice que soy muy fuerte… y también dice que estoy loco.
-¿Y cómo te metes en esos problemas?
-Entrenando. Desde muy chico me someto a entrenamientos muy duros- bajó un poco la voz- a veces demasiado; si mi hermana se entera me mata.- volvió a tener un tono de voz normal- Todo sea por mantenerse en forma… Bueno, por eso sé cómo atender lo de tu tobillo… ah…- dudó un segundo y preguntó- perdón ¿cómo te llamas?
-Saori…- respondió la joven con una sonrisa a la que el joven correspondió.
Sin duda, el destino era algo muy extraño. Los había puesto en el mismo camino e irónicamente, él la estaba protegiendo como siempre. Una parte de Saori estaba muy preocupada por todos los problemas que tenía, pero otra estaba feliz de estar bajo el cuidado de su Pegaso.
A kilómetros de ahí, en el Santuario, un Caballero Dorado se aparecía en la 6ta casa. Aquella noche, el visitante buscaba al guardián del Templo de Virgo; Mu quería platicar con su viejo amigo.
-Qué sorpresa verte por aquí- expresó Shaka quien no quitaba su postura de meditación- ¿Qué te trae por aquí Mu?
-Creo que lo sabes Shaka- respondió acercándose pero sabiendo que su interlocutor no lo miraría a los ojos.
-Te refieres a la reunión con el Patriarca- sonrió irónicamente.
-También lo sabes... -dijo Mu- Esa cacería de esa chica, a la por cierto injustamente la relevaron de su cargo.
-Mu, siempre pensando en confabulaciones. Sin duda, desde que Saga asesinó a tu maestro no has sido el mismo.
-Algo hay de eso; pero ahora sospecho que el Patriarca oculta algo. Mira que enviar a los Caballeros de Plata a buscarla a cualquier costo. Esto va más allá del orgullo de Aioros. Lo sabes ¿verdad?
-¿Por qué crees eso?
-Te conozco bien. Durante la reunión, al igual que yo, no dijiste nada. Además eres un hombre sensato; aún no confío en Kanon, Aldebarán es... Aldebarán, y Aioria y Milo siempre hablan y actúan antes de pensar, además los dos siempre andan pensando en otras cosas.
-Concuerdo contigo, Aioria siempre obedece ciegamente a su hermano mayor, y Milo se la pasa tristeando en la Casa de su amigo Camus. Aldebarán es un caso particular. Y... yo tampoco confío en Kanon; no lo sé, pero quizá sea porque no estoy seguro de haber derrotado a su viejo amo.
-¿De qué hablas Shaka? si tú fuiste quien venció a Poseidón.
-Lo sé, pero he pensado que fue... "demasiado fácil". Jamás lo eliminamos, no vimos su cuerpo, ni aprisionamos su alma- declaró por primera vez. Efectivamente él había sido el Dorado que venció a Poseidón, pero algo no le convencía de los hechos.
-Vaya... Bien, creo que haré lo más sensato que puedo. Me iré a Jamil con Kiki.
Shaka volvió a sonreír irónicamente- Cuida a tu joven aprendiz, últimamente está muy extraño.
-Claro... Claro...- respondió mientras se marchaba de ahí. Definitivamente el llevarse a Kiki al Santuario había sido una decisión complicada, pero quería que el niño se acostumbrara a la vida en ese lugar como parte de su preparación para ser su sustituto algún día.
-Pss... Psss... -decía la vocecita infantil de Kiki, quien hablaba en voz baja- Pss...Oye... Marín... Psss...
La ex Santa de Águila no le hacía caso, su mente estaba en otra parte. Hacía unos instantes acababa de abandonar la Casa de Leo. Los últimos días había pasado tiempo con Aioria, sólo por seguir las órdenes de su Diosa, aunque ahora se daba cuenta de que la idea no le desagradaba. Después de la puesta de sol, arribó al 5to Templo; Aioria ya la esperaba.
-Te ves un poco tenso- le comentó al ojiazul- ¿Quieres que te dé un masaje?
-Debo tener la espalda hecha un nudo. Pero no te preocupes, no quisiera molestarte con mis problemas…
- ¿Acaso ocurre algo?- preguntó viendo la oportunidad de sacarle información.
-Bueno, es que...- dudó en contarle pero sabía que podía confiar en ella.
Se interrumpió cuando llamaron a la puerta. Inmediatamente fue a ver quién era. La sorpresa fue que se trataba nada más y nada menos que del Patriarca. Resultó un incómodo momento cuando Aioros encontró a su hermano con la mujer por la que tuvo una seria reprimenda.
-¡¿Qué hace esta mujer aquí?!- preguntó molestó.
Aioria guardó silencio, igual que la última vez, no sabía qué responder. Fue Marín quien habló:- Vaya Aioros, parece que has olvidado que ahora mis..."obligaciones" son otras y más aún, parece que has olvidado qué es lo que normalmente hace una concubina.
-Qué rayos...
-Vamos Aioros, entre nosotras también hay rumores, supongo que no querrás que tu hermano se entere de los escandalosos comentarios que te rodean en esos temas.
-Mucho cuidado con lo que dices, aunque ya no seas una Santa, estás en mi territorio y yo pongo las reglas- se acercó a ella para enfrentarla.
-¿Tu territorio, tus reglas?- sonrió irónicamente- Pensé que todos seguíamos las órdenes de Athena- el Patriarca no respondió- Así que cuando quieras podemos ir a hablar con ella.
-Jum… -sonrió Aioros- Hermano, cuando termines de satisfacerte con esta... señorita, te esperaré en mis aposentos. Tengo que hablar contigo.
-Sí hermano- respondió mirando al suelo.
Salió de ahí y hubo un incómodo silencio. Marín estaba molesta porque Aioria había vuelto a callar, si no hubiese sido porque estaba consciente del respaldo de Athena, no lo hubiese enfrentado; no obstante, intentaba conservar la calma.
-Me alegro que ahora ya le pongas seguro a la puerta- comentó intentado ser jovial.
-Ah... sí, después de lo que sucedió; bueno, no quería que "nos encontraran"... -volvió a hacer un silencio y se acercó a ella- Perdóname, sé que debí defenderte aquella vez y también esta vez pero...
-No te preocupes...
Se acercaron y sin poder resistirse se besaron. Desde su separación no lo habían hecho, por lo que resultaba como un fresco trago de agua en medio de un desierto. En la intensidad de ese beso, instintivamente Marín buscó el tirante de su vestido, pero Aioria interrumpió ese íntimo contacto.
-No, espera...- le dijo acomodando el tirante de la joven.
-¿Qué pasa? Pensé que tú...
-Sí, sí deseó estar contigo pero no ahora. No quiero que pienses que sólo me interesas por eso. Esta vez quiero hacer las cosas bien- la estrechó entre sus fuertes brazos- te quiero y quiero demostrártelo... Me gustaría ser más digno de ti y enfrentar a mi hermano y decirle que... que te amo y que no importa nada (ni mi rango, ni las batallas, ni Athena) si no puedo estar contigo.
Marín se quedó muda, no se esperaba tal declaración. Por un instante pensó en lo que Athena le había dicho, tal vez no sería mala idea formalizar con Aioria, si su Diosa se los permitía.
-Bueno... Yo no te quería ver para "eso", la verdad es que te tengo una sorpresa; vamos, te preparé una cena muy especial- la tomó de la mano y la llevó.
Pasaron un buen rato cenando y platicando, al final de la velada él la despidió con otro beso y una importante pregunta: si quería ser su novia.
-No me respondas ahora, pero sí piénsalo por favor- le dedicó una sonrisa.
Ahora ella se sentía aturdida, como si fuese un sueño, un sueño hermoso. Por ello, no se daba cuenta que Kiki estaba llamándola.
-¡Señorita Marín!- la llamó por enésima vez.
-Ah qué... Ah Kiki ¿Qué sucede?
-Eso quisiera saber. ¿Ha tenido algún progreso con el asunto que encomendó Athena?
Claro, a nivel personal tenía progresos con Aioria; pero naturalmente no le contaría eso -Pues, hasta donde me he enterado, el Patriarca no ha querido revelar la situación. Sospecho que Aioria sabe los detalles, pero aún no hemos abordado el asunto. Él está muy tenso por esa situación y eso me preocupa...- sonrió al recordar los labios del ojiazul.
-Señorita...
-Ah sí... Me preocupa que el Patriarca ordenó a Kanon de Géminis, encargarse de que los Caballeros de Plata cacen a Shaina y la traigan de regreso a cualquier costo. ¿Tú sabes algo de ella o de Athena?
-Nnno... pero ya han pasado varios días y he pensado escaparme y buscarlas porque...
-¡Kiki!- interrumpió Mu.
-Ma… maestro… ¿qué… pasa?
-¡Eso es lo que quisiera saber Kiki! ¡¿Qué haces con esta mujer?!
-Yo estaba bueno...- intentaba explicar- quería saber que hacía la señorita Marín- improvisó sin saber de lo que hablaba.
-¡¿Qué?! Y usted "señorita" no le avergüenza hablarle de esas cosas a un niño.
-Pero...- intentó explicar la joven.
-¡Vámonos Kiki!- sentenció. Mu estaba decidido a darle un severo regaño a su aprendiz y llevárselo del Santuario.
Por otro lado, lejos de ahí, en los Cinco Antiguos Picos, en China, otro aprendiz entrenaba con mucho entusiasmo las actividades que su nuevo maestro le asignaba.
-Shiryu... Shiryu...-le llamaba el viejo Dohko- Ya muchacho... es suficiente por hoy, ya ven a cenar y descansar un poco.
-Ah... Lo siento maestro es que se me fue el tiempo haciendo ejercicio- respondió con una sonrisa mientras ambos entraban a la choza.
Al ingresar, inmediatamente un exquisito olor invadió la nariz de Shiryu, sin duda Shunrei tenía un don para la cocina. Tomaron asiento mientras ella servía la cena.
-Muchas gracias- dijeron al unísono.
-Permíteme decirte Shiryu, desde que llegaste Shunrei cocina aún más sabroso - los dos jóvenes se sonrojaron y Dohko continuó- Supongo que debe estar muy agradecida con su salvador. Pero… además de eso, me da mucho gusto tenerte con nosotros; me has dado nuevas esperanzas de que el legado de los caballeros de Athena continúe.
-Yo me siento muy agradecido con ustedes, me entusiasmó mucho lo que me contó acerca de los caballeros.
-Sí se nota. Pero veo en ti el espíritu de un verdadero caballero, protegiste desinteresadamente a Shunrei; hoy en día eso no es común. Los jóvenes de ahora creen que su hombría se mide por el dinero en su billetera, por el puesto que tienen en una empresa, por la cantidad de sujetos que han golpeado en su vida o simplemente por la cantidad de mujeres que tenga. Pero tú, eres diferente.
-Gracias maestro, sólo espero no defraudarlo…
-No lo harás, eres un chico fuerte y noble, supongo que algún día podrás llegar a ser mi sucesor y…- se interrumpió cuando un cosmos fuerte apareció en la zona- Esperen un momento aquí.
Dohko salió. Shiryu encontró oportunidad para hablar con Shunrei- ¿Y cómo te has sentido?
-Ah bien…-respondió sonrojada- Si no hubiese sido por ti, quizá yo no estaría aquí.
-No digas esas cosas… Aunque sí fue muy peligroso.
-¿Y cómo te has sentido estos días con nosotros?
-Bastante extraño, toda mi vida he sido un nómada, pero este lugar me agradó para establecerme; además la leyenda de los caballeros de Athena me pareció de lo más interesante, la idea de ser tan fuerte para proteger a los demás.
-¿Y a quién quieres proteger? ¿A tu familia?
-Bueno, soy huérfano y siempre he sido un solitario… pero…-dudó en agregar- creo que ahora he encontrado a quién proteger…- se sonrieron sonrojados.
-¡¿Del Santuario?!- escucharon que el viejo Dohko expresó con sorpresa.
Sin poder evitar la curiosidad, los dos jóvenes salieron a ver de qué se trataba. Vieron que Dohko conversaba con una mujer que parecía portar una armadura. Shiryu no podía verle el rostro pues la mujer llevaba una máscara.
-Así es, me han enviado para advertirle de una amenaza. El sello de Athena pronto se romperá y Hades será liberado.
-Ya veo… - la verdad era que a Dohko no le sorprendía aquello. Siempre sospechó que las cosas así sucederían y lo veía venir, pero le extrañaba que en el Santuario alguien más lo supiera.
-¿Te ha enviado el Patriarca?
-Sssí- mintió.
Dohko guardó silencio. Tenía muchas ideas en la cabeza. Mientras tanto, Shaina estaba nerviosa de sólo estar ahí, ¿y si el viejo maestro sospechaba que mentía? ¿Si le hacía más preguntas sobre las órdenes que supuestamente recibió del Sumo Sacerdote? ¿La delataría? Se estaba arriesgando mucho.
-Bueno, tengo que irme. Sólo vine a darle ese mensaje- caminó para alejarse y vio a un joven con una chica fuera de la choza, al pasar junto de ellos no pudo evitar preguntar- ¿Tú quién eres?
-Soy Shiryu, alumno del viejo Dohko y aspirante a Caballero de Dragón- dijo orgulloso.
-Tal como dijo Athena…- comentó Shaina sin querer, recordando que la reencarnación de la deidad le había dicho que se fijara durante su visita si Dohko tenía un alumno: un joven de cabello negro y largo y ojos azules. Era ese justamente.
-¿Qué?
-Nada…- aclaró y se fue de ahí rápidamente. ¿Cómo esa chica sabía tanto? Era una diosa, claro, pero cómo tenía control de esos detalles. ¿Acaso ocultaba algo más?
Al igual que Shiryu, Seiya era un hombre como ya había pocos; con ese instinto de proteger a los demás. Sin duda, Seiya siempre había sido así, pero Saori hacía que ese instinto fuera más fuerte. El joven estaba consciente de que tal vez estaba llevando las cosas demasiado lejos, hasta el punto de tener problemas con su hermana, y, sobre todo, con su novia; pero no podía evitar ser así con esa chica.
En ese momento, y después de algunos días de cuidar de Saori, Seiya esperaba a que la comida estuviera lista mientras pensaba en lo sucedido. Cuando él quiso llevarla con sus familiares, ella le contó que no tenía a nadie ni un lugar a dónde ir; eso sólo le sumó a la fragilidad que veía en la chica. Dada la situación, le ofreció su casa y él como voluntario para cuidarla; incluso pidió unos días de descanso en su trabajo para estar con Saori, cuestión que detonó una discusión con su hermana.
Cuando la comida estuvo lista, la llevó a la mesa. Al salir de la cocina, vio a la chica ya sentada. En ese momento ella llevaba puesto una vieja pijama de él (ya que ella no tenía otra ropa y Seika no quiso prestarle nada), se veía extrañamente linda con esa ropa más grande.
-Saori, te dije que esperaras a que te trajera.
-Quise hacerlo sola. Aún no puedo apoyar mi pie lastimado, pero pude venir con uno solo.
El chico le sirvió de comer. Pasaron un rato conversando. Seiya no podía negar que estar con ella le gustaba mucho. En momentos se sentía mal por ello, él debería disfrutar el tiempo que pasaba con su novia, no con una desconocida. Pero algo en Saori le brindaba cierta certidumbre, quizá porque tenía la vaga idea de que la conocía de alguna parte, pero no podía recordar de dónde; claro, la idea era disparatada, si antes hubiera conocido a Saori, sin duda, no se hubiera olvidado tan linda criatura.
Intento quitar esos pensamientos de su mente. Él debía respetar a Miho, sea como sea seguía siendo su novia; aunque en realidad su futuro con ella era un tanto incierto; después de haberla plantado por el incidente donde conoció a su huésped, la chica se puso furiosa y, después de haberle reclamado hasta cansarse, ahora le pagaba con un frío silencio. Seiya no se sentía culpable por ello, y eso lo hacía sentir mal.
-Espero que te haya gustado la comida- dijo el joven una vez que terminaron.
-Está deliciosa, no sabía que tenías esas habilidades… digo, no me lo imaginaba, no pareces del tipo de chico hogareño.
-No lo soy, de hecho no soy muy bueno en esto de cocinar; pero ni de chiste mi hermana prepararía algo para ti.
-Lamento mucho haberte causado problemas con ella y que esté molesta por mi culpa.
-Ella siempre se molesta. Siempre me está regañando por todo- reconoció indignado.
-Debes entenderla, ella te quiere mucho y sólo quiere lo mejor para ti.
Seiya le sonrió- Tal vez tengas razón... Bueno, anda te llevaré a la habitación. Tu tobillo ya casi se desinflama y pronto podrás moverte tú sola.
Se puso de pie y la joven intentó hacer lo mismo, argumentando que ya lo había logrado de ida. Sin embargo, perdió fuerza y estuvo a punto de caer. Seiya hábilmente la logró sujetar, rodeó con sus brazos, posando un brazo en la cintura de la joven y el otro en su espalda; mientras que ella instintivamente se colocaron en los hombros del joven. En esa posición, pareció que todo se detuvo, ambos se quedaron mirando y un leve sonrojo iluminó sus mejillas. Estaban tan cerca que podían reflejarse en los ojos del otro. Sin pensarlo mucho se acercaron poco a poco. Cerraron los ojos, estaban a punto de hacerlo, sus labios estaban a sólo unos pocos milímetros y...
El timbre de la puerta sonó por buena o mala suerte, regresaron a la realidad.
-Creo que... que tengo que ir a ver quién es- dijo Seiya soltándola. Saori volvió a sentarse mientras lo veía salir de la habitación. Ella aún temblaba ¿Qué había pasado ahí? ¿Cómo había llegado a eso? Hacía unos días atrás se habían encontrado por accidente con Seiya y su corazón se había llenado de alegría al verlo sano y feliz, pero inevitablemente se había involucrado con él (sabiendo que él tenía su vida hecha, con un trabajo, proyectos y una linda chica como novia). No debía hacerlo, a pesar de estar en otra realidad ella seguía siendo una Diosa y la razón de su viaje era buscar a Shun para detener la amenaza de Hades; no debía estar con Seiya, no podía amar a ese hombre.
Seiya, por su parte, estaba más desconcertado que nunca. Había estado a punto de besar a Saori. Aunque no podía negarlo, esa chica tenía algo que le atraía mucho. Pensó en Miho y se sintió mal por casi haberla traicionado; pero debía admitirlo, no sintió nada cuando ella le confesó su amor, ni siquiera se sintió emocionado porque ella lo había invitado a su casa prácticamente para llevar las cosas a otro nivel; quizá la aparición de Saori había sido un aliciente para lo inevitable: terminar con la mentira con Miho y, ¿por qué no? cortejar a Saori, quien era una joven muy hermosa y le gustaba mucho pasar tiempo con ella, además los dos eran jóvenes y, muy pronto libres, nada podría separarlos ¿cierto?
Mientras tanto, en el Santuario, en medio de la oscuridad, cautelosamente se desplazaba un Caballero. En sus labios portaba una sonrisa de satisfacción. No cabía duda que tener el control de las cosas le gustaba. Kanon, era uno de esos hombres que tener poder le gustaba. Poseidón lo había limitado un poco en ese sentido, pero ahora, como Caballero de Géminis y con la confianza que se estaba ganando del Patriarca, se sentí complacido. El hecho de haberles ordenado a los Caballeros de Plata cuál era su misión, había sido simplemente gratificante.
De pronto una melodía proveniente de una flauta interrumpió sus cavilaciones. Kanon la conocía muy bien.
-Pareces muy contento Kanon- dijo el sujeto entre las sombras- ¿Te diviertes o es que ya has olvidado tu misión?
-Sorrento… eres un imprudente al ver venido al Santuario.
-Sólo vine a asegurarme que estés siguiendo con lo trazado. Mi señor está un poco inquieto porque no te has reportado. Ahora veo que es porque te estás divirtiendo con tu nueva posición en el Santuario- le reclamó acercándose.- Tienes suerte de que mi señor siga oculto, para no dar sospechas.
-Pues ve con él y dile que me estoy ganando la confianza del Patriarca para estar muy atento de todo, tal como él me lo ordenó.
-Sabes que Poseidón tampoco confía mucho en ti, pero eres el único que podía infiltrarse en el Santuario. Menos mal que me tiene a mí a Thetis…
-No olvides a su gran aliado, el Dios del Inframundo, quien le ha llenado la cabeza de ideas que…
-¡Cállate!... No oses juzgar a los Dioses, sólo los envidias porque tienen más poder que tú… Y a Hades lo detestas porque él influyó en mi señor más que tú- se dio la media vuelta. Se marchó de ahí con la decisión de ir a visitar a Kanon de nuevo.
El ex Dragón Marino sólo se limitó a obsérvalo. Sorrento tenía un poco de razón, no debía despotricar contra los Dioses, incluso contra Hades, finalmente éste había ideado todo el plan en el que él (Kanon) iría al Santuario y ser un Caballero Dorado. Desconocía totalmente que tramaban Poseidón y Hades, pero sin duda querían destruir a Athena.
CONTINUARÁ…
NUEVAMENTE ME DISCULPO PORQUE LES PROMETÍ A SHUN Y NADA MÁS NO SE DEJÓ VER POR NINGÚN LADO; SUCEDE QUE PRIMERO QUERÍA ACLARAR UNAS COSAS EN MI MENTE Y LUEGO YA PRESENTARLO, POR QUE LO QUE ES ESTE CHICO NO SE HA PORTADO NADA BIEN. EN FIN, EN OTRO ÓRDEN DE IDEAS, ESTO CADA VEZ SE COMPLICA MÁS Y CREO QUE ENLOQUECERÉ. ME DISCULPO PORQUE NO TODOS PUEDEN APARECER EN TODOS LOS CAPÍTULOS PERO TODO EN SU MOMENTO MI GENTE.
BUENO NOS LEEREMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO CON MÁS SAORI, MÁS SEIYA, MÁS BRONCEADOS, DORADOS, Y… ¿QUIÉN MÁS PASARÁ POR AQUÍ? SEGURAMENTE YA LO SOSPECHAN, A QUE SÍ. CAMEOS EVERYWHERE!
