ATENCIÓN: LOS PERSONAJES PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION, ETC. ETC.
DE NUEVO ME DISCULPO PORQUE NO TODOS PUEDEN APARECER EN TODOS LOS CAPÍTULOS, PERO COMPRENDAN QUE SON DEMASIADAS HISTORIAS…
Capítulo VII
Peligro
Parecía que las sorpresas no terminaban para Saori. Apenas estaba procesando lo sucedido con Seiya cuando de la nada apareció Ikki. Resultó que él había llamado a la puerta (interrumpiendo el pequeño momento con su Pegaso), pero lo más sorprendente era que el Fénix era amigo de Seiya.
-Ah mira Ikki ella es Saori- expresó Seiya cuando entraban al comedor de la pequeña casa- la chica de la que te hablé.
-Ah ya veo- la miró muy extraño y sin apartar los ojos de ella.
-Bueno permíteme un momento llevaré a Saori a descansar y buscaré los papeles que necesitas.
-Te ayudo. Yo la llevo a descansar- dijo Ikki sin apartar la vista de ella.
Seiya dudó unos segundos pero al final accedió. Ikki le sirvió como apoyo a Saori para que ésta pudiera llegar a la habitación. Le ayudó a acomodarse y por fin la chica habló.
-Gracias Ikki.
-De nada... -se sentó en una silla que estaba junto al lecho (probablemente donde Seiya se sentaba a platicar con su huésped) y le dijo en un tono más bajo- Basta de fingir, sé que ese día del "accidente", me estabas siguiendo. Seiya es muy buena persona, a veces demasiado y peca de inocente pero yo no soy tan ingenuo. Quiero una explicación y la quiero ahora.
Saori se quedó muda. Pero conocía a Ikki y sabía cómo era, con él podía ser directa- Bien Ikki, basta de protocolos. ¿Quieres saber? Lo único que tienes que decirme es dónde está Shun.
-¿Cómo...?... Ah ya veo-dibujó una amarga sonrisa- escúchame bien: no sé qué te hizo ese sinvergüenza. Si el muy descarado te robó, te debe dinero o se quiso pasar de listo e intentó aprovecharse de ti o yo qué sé... Él hace mucho que se fue y si algún día lo ves, dile que aquí no hace falta.
Saori no sabía qué decir. ¿De quién hablaba Ikki? ¿Quién era ese Shun al que él se refería?
-Ikki ¿Cómo puedes hablar así de Shun?
-Es la verdad y yo ya no tengo nada que ver con él.
-Pero Shun es tu hermano y...
-Para mí, mi hermano murió hace tiempo.
-Ikki, él está en peligro y si no me dices dónde encontrarlo puede pasar una desgracia.
El joven no pudo evitar mostrarse preocupado.- ¡Maldición! Siempre le dije que andar de vago y con malas compañías sólo le traería problemas.
Hubo un silencio y Saori por fin habló con sinceridad.- Ikki por favor, yo sé que a pesar de todo, ustedes se quieren tanto que darían la vida por el otro. Sé que hay un vínculo entre ustedes que es inquebrantable y estoy segura que si buscas en tu interior y ves con el corazón, sabrás dónde está.
Ikki la miraba a los ojos y de pronto se sintió extraño. Esa joven era muy extraña e inspiraba en él algo inexplicable. De pronto, en su mente se dibujó el rostro gentil de su hermano ¿qué le pasaba? Sus ojos comenzaron a humedecerse.
-Aquí está Ikki- interrumpió Seiya- encontré los papeles.
El aludido se puso de pie y se talló los ojos- Ah gracias.
-¿Te sucede algo?
-No… sólo… ¡rayos! Deberías sacudir más seguido hay mucho polvo en el aire de esta habitación y creo que me ha entrado en los ojos.
-Ah lo lamento…
-No importa. Bueno, adiós. No te preocupes, ya conozco la salida.
Seiya lo miró irse y luego se dirigió a Saori- ¿Todo bien?
-Sí, es muy agradable tu amigo… pero lo noto agobiado… Dime Seiya ¿tú conoces a su hermano Shun?
El joven la miró extrañado- No en realidad, sólo lo que él me ha contado.
-¿Podrías hablarme de ellos?...
Seiya sintió una punzada de celos ¿Acaso a Saori le había gustado Ikki o había algo más ahí? Aún así no podía negarse a complacerla así que comenzó a contarle lo poco que sabía.
Apenas habían pasado un par de días desde la última vez que vio a Kiki. Según había escuchado Marín, el Caballero de Aries había partido a Jamil acompañado de su joven aprendiz. La ex Santa esperaba que ella no fuera culpable por ello.
La chica intentaba no pensar en ello, debía concentrarse en sus siguientes acciones con Aioria. A toda costa debía sacarle la información sobre lo que el Patriarca estaba haciendo respecto a la desaparición de Athena. En ese momento ella recorría la Casa de Leo en espera de su guardián. De pronto, su vista se centró en un objeto que pensó nunca más volvería a ver: su vieja máscara. Se acercó a ella y la tomó en sus manos, se la puso y en ese momento entró Aioria.
-Ya volví- anunció mientras traía un par de copas y una botella de vino. Cuando la joven volteó él no pudo evitar dar un brinco al ver su rostro oculto por la máscara- ¡Cielos! Marín quítate eso, sabes que detesto verte con esa máscara.
-¿Y por qué la guardas?- la chica lo hizo y preguntó acercándose a él. Tomaron asiento y él sirvió el vino en las copas.
-Recuerda que cuando mi hermano nos "encontró", no la traías puesta. Todo pasó tan rápido que se quedó aquí… la conservé porque durante un tiempo pensé que sería lo único que me quedaría de ti- le entregó su copa, brindaron y mientras las bebían, acomodó a la chica entre sus brazos- Afortunadamente estás de nuevo aquí, conmigo.
Marín miró con nostalgia su máscara anhelando los momentos en que fue una Amazona. Suspiró y Aioria comprendió un poco lo que ella pensaba.
-Amor, sé que te gustaría volver a ser la Santa de Águila… eras excelente y estoy seguro que si hubieras sido maestra, tu alumno hubiese sido uno de los mejores Caballeros… Créeme que si pudiera, le pediría a mi hermano que te dejara volver a tu puesto pero… ya sabes cómo es él.
-Por cierto, ¿de qué quería hablar contigo el otro día?
-No quiero hablar de eso ahora…- dijo besándole su cuello- Sólo quiero saber qué has pensado de mi propuesta.
Marín se puso de pie- Aioria… no puedo aceptar ser tu novia.
-¿Por qué no?
-Porque los Caballeros nunca tienen novias ¿Qué esperas? Que paseemos por el Santuario tomados de la mano como si nada…Estamos mejor así, como un Caballero y una concubina que cumple su función de satisfacerlo.
-Pero yo no quiero que seas una concubina- argumentó poniéndose de pie- Quiero que seas sólo mía… Temo que algún día alguien más ose solicitar tu compañía y en tu posición no puedas negarte.
-No tengo otra opción…
-Entonces… Cásate conmigo- declaró firme. Marín no supo qué responder ante la proposición. Aioria se acercó y la tomó de la mano- Anda mi amor, casémonos así ya nunca tendrás que verte obligada a nada con otro hombre.
-Pero… pero… sabes cómo es la figura de esposa de un Caballero, ellas no pueden vivir en el Santuario y sólo pueden ver a su marido cuando éste tiene permiso de visitarla para "cumplir las obligaciones de un matrimonio"
-¿Y qué tendría de malo eso? Podrías vivir en la aldea más cercana, nos veríamos frecuentemente, ya no tendrías que atender a otro más que a mí y, no sé, quizá podrías criar a nuestros hijos y llevar una vida tranquila.
La propuesta era un tanto tentadora, pero Marín aún guardaba la esperanza de reencontrarse con su hermano y por eso no podía irse del Santuario -No Aioria, no quiero.
-Entonces… ¿te gusta esta vida que tienes?... ¿acaso quieres ser de muchos hombres y al mismo tiempo de ninguno?
-¡Claro que no!... –respondió ofendida y salió de ahí muy enojada porque Aioria estaba pensando mal de ella.
Aioria se sintió confundido. ¿Por qué ella no quería dejar esa vida? Él le estaba ofreciendo lo mejor que podía y ella lo rechazaba. Por su mente pasó lo que su hermano le dijo dos días atrás, después de verlo con Marín: -No te prohíbo que la veas, es natural eres joven y ella una chica linda; el problema es que consideres cómo la ves. Disfrútala el tiempo que estés con ella, pero no te ilusiones y tampoco la ilusiones; eres un Caballero que se debe a su Diosa y ella una concubina que debe complacernos, lo que hace y dice contigo lo puede hacer con cualquiera. Escucha bien, normalmente a esas mujeres les toca esa vida y no tienen opción, pero Marín eligió ser así. ¿Me entiendes?
Claro que él había entendido. Al principio creyó que Marín no se había querido marchar del Santuario por él, pero dudó cuando ella lo evitaba. ¿Será que le estaba ocultando algo... o a alguien?
A kilómetros de ahí, en Asgard, la blanca nieve se manchaba de rojo por la sangre que los Dioses Guerreros le habían sacado a Hyoga.
-Anda Midgard levántate- le espetaba Hagen al maltrecho rubio- No que me ibas a demostrar de qué estás hecho.
-Ya déjalo Hagen- le aconsejó Thor – este infeliz ya no puede más.
-Thor tiene razón. Vámonos, no vale la pena-terció Fenrir.
El grupo comenzó a alejarse mientras Hyoga permanecía tirado. Hagen se acercó y le dijo en voz baja -No eres nada ¿Me oyes? Y hagas lo que hagas nunca serás digno de Flare, ella va a ser mía.
Le propinó una patada y se marchó.
Mientras tanto, no lejos de ahí, Flare e Hilda conversaban en uno de los balcones del Palacio de Valhalla.
-Te noto preocupada hermana-dijo Flare- ¿Has sabido algo de Siegfried?
-Aún no... Sinceramente no quería que se fuera, pero era necesario.
-Sí eso lo sé, poco antes de irse pasaron toda la tarde encerrados en su habitación-rió un tanto divertida.
-Flare, por favor se discreta estás hablando de la vida privada de la Sacerdotisa de Asgard y representante de Odín en la Tierra.
-Hermana, por favor deja de lado esa pose. No tiene nada de malo, a mí me da mucho gusto que estés tan feliz con un buen hombre como él. Además no sabes cómo me alegra que me vayan a hacer tía.
-Aún no puedo creer que en unos meses tendré entre mis brazos al hijo de Siegfried y mío... A veces pienso que si hubiese sido otra la situación, jamás nos hubiésemos atrevido a estar juntos.
Flare suspiró- Ah... Qué envidia que tengas una vida con un hombre tan apuesto contigo y que pronto vayan a formar una familia.
-Si quisieras tú también podrías. No niegues que desde siempre Hagen está enamorado de ti.
-Pero sabes que desde niños lo he visto como un hermano... Además- hizo una pausa- a mí me interesa otro muchacho.
-Midgard...
-Sí, él y no lo digas como si te molestara.
-No me molesta, sólo que es un joven que aún tiene muchas cosas que arreglar en su vida. No estoy segura de que sea para ti... Aunque lograra su rango como Caballero.
De pronto escucharon las voces de los Dioses Guerreros ambas miraron y los vieron caminar entre la nieve.
-De verdad su cara de idiota no tenía precio- comentó Syd y los demás rieron.
-Ese tipo no sirvió para nada- agregó Hagen.
Flare fue inmediatamente hacia ellos- ¡Hagen! ¡Hagen! ¿Dónde está Midgard?
-No lo sé.
-¡Cómo que no sabes si estaban entrenando con él!
-Se quedó atrás parece que no soportó nuestro ritmo.
-¿Y esto? Es sangre Hagen estás manchado de sangre.
-Sí ya sabes cómo son estos entrenamientos.
-Pero ninguno de ustedes está lastimado. ¿Acaso le hicieron algo?
El resto de los Dioses Guerreros sabían que era un momento incómodo ya que estaban al tanto de los sentimientos de Hagen hacia Flare, y, como era obvio el interés de ésta por Midgard, sabían que por ello su amigo detestaba al ex Guerrero Sagrado.
-¿Te importa mucho o qué?
-¡Ay! A veces eres tan insoportable- se fue de ahí hacia el lugar de donde venían ellos.
-¿A dónde vas?- le gritó Hagen.
-No te importa y no se te ocurra seguirme.
Siguió las huellas en la nieve unos metros. Después de caminar un rato, encontró al joven rubio recargado en una roca. En su rostro traía unas cuantas heridas sangrantes que los Dioses Guerreros le habían hecho en el "entrenamiento".
-¡Midgard!-dijo corriendo hacia él- No puedo creer cómo te dejaron esos bárbaros.
Hyoga se quejó levemente y se incorporó poco a poco- Tus amiguitos son unos tramposos... Creen que entrenar conmigo es tomarme como su costal de box.
-Lo sabía... Pero vamos te llevaré al Palacio a curar tus heridas.
Lo tomó de la mano y él la soltó.
-Flare no tiene caso. Qué no ves que nadie me quiere ahí. Ni siquiera tu hermana que, aunque me dejó libre, me advirtió que sólo lo hacía para que intentara lograr mi rango como Caballero de Athena.
-Midgard...
-Gracias por todo Flare pero será mejor que me vaya a Siberia a estar lo más cerca de mi madre.
-Midgard, ya déjala ir... Ella vivirá por siempre en tu corazón, no necesitas estar cerca de ella de esa manera.- se sonrojó- No sé... deberías notar a los que estamos aquí, contigo, y que te queremos.
-No, no me entiendes- respondió ignorando completamente el significado de las palabras de la joven.
Comenzó a caminar y Flare tenía ganas llorar. Hyoga estaba a punto de despedirse (sin mirarla), cuando de pronto apareció un hombre que portaba una armadura.
-Así que tú eres quién emana ese cosmos tan especial.
-¿Quién eres tú?- preguntó Hyoga pero presintió que la aparición del desconocido no era algo bueno.
-Yo soy Babel de Centauro, pero aquí yo soy quien hace las preguntas.
Flare tuvo miedo y se acercó a Midgard para que la protegiera.
-No sé qué tanto buscan los Santos de Athena en Asgard; primero esa Amazona y ahora tú.
-¡¿Qué, acaso esa mujer estuvo aquí?!
-Escuche si no fuera por ella Midgard no estaría libre.
-Así que ustedes se conocen
Babel lanzó un golpe hacia Hyoga. Sin embargo, Flare se interpuso y alcanzó a rozarla, desvaneciéndose entre sus brazos En ese momento Hyoga se enfureció y pese a que estaba en total desventaja (al estar lesionado y no tener armadura) sintió cómo su cosmos ardía dentro de él. Recordó que cuando era niño su querido maestro Camus le dijo que cuando supiera arder su cosmos estaría listo para reclamar su armadura.
-¡Cómo te atreves a lastimarla!
-Mira niño no es mi problema que no sepas proteger a tu noviecita. Ahora dime ¿Dónde está esa amazona?
-No lo sé. Pero pagarás por lastimar a Flare.
-¡Bolas de fuego! -lanzó su ataque.
Hyoga logró esquivar las esferas llameantes, mientras sostenía en brazos a la joven. Se apartó un poco y la dejó descansando en la nieve. Se volvió hacia Babel. Su corazón latía tan fuerte que escuchaba sus latidos taladrear sus oídos.
-¡Bolas de fuego! - volvió a atacar Babel.
Hyoga actuó por instinto. Algo en su mente le dijo qué debía hacer.
-¡Polvo de diamante!- le dio a Babel Mientras Hyoga no podía creer que derribara a un Caballero de Plata.
-Necesitarás más que eso. Si no me equivoco ese es el estilo del Caballero de Acuario- rió - ese tonto que era un fracasado como maestro.
Hyoga sintió su cosmos arder aún más, ese tipo se estaba ganando un boleto al otro mundo. Así comenzó una batalla. Babel no decía nada pero estaba preocupado porque ese joven, de quien percibió un cosmos tan particular, resultó ser más fuerte de lo que aparentaba.
Hyoga supo lo que tenía que hacer, no podría soportar más esa pelea. Estaba herido y si continuaba, quizá perdería el conocimiento por el cansancio. Así que teniendo muy presente las enseñanzas de su maestro Camus, lanzó su ataque definitivo: -¡Rayo de Aurora!
Sin más Babel cayó derrotado.
Aquella noche, en el Santuario una figura masculina vestida de dorado se desplazaba en la oscuridad. En ese momento, Kanon sólo pensaba en que su futuro triunfo cuando algún Santo de Plata atrapara a la amazona de Ofiuco; sin duda, eso lo haría quedar bien con el Patriarca, y ganárselo significaba complacer a Poseidón e indirectamente a Hades.
El Caballero de Géminis estaba tan engolosinado con su éxito que no se percataba de que era observado. Siegfried acababa de arribar al Santuario y estaba siguiendo a un Santo Dorado, quizás alguien de ese rango podría darle respuestas. Notaba algo extraño en ese sujeto.
Decidió vigilarlo de cerca. Siegfried estaba en eso, cuando de pronto no pudo moverse. ¿Qué sucedía? No podía mover ni un solo músculo. Entonces apareció un Caballero Dorado, quien utilizó su técnica de restricción para inmovilizarlo.
-¿Quién rayos eres y qué haces aquí? -le dijo.
-Escucha no vengo a causar problemas. Soy Siegfried de Dubhe Alfa, Dios Guerrero de Asgard y servidor de Odín.
-Pues ruega a tu dios que no te mate aquí mismo ¿Qué buscan aquí? -lo sujetó fuertemente y Siegfried también los sujetó.
-Lo mismo digo ¿Qué hacía la amazona de Ofiuco en Asgard?
-¿Shaina?- el Caballero de Athena lo soltó- Pero cómo
-Sí, era esa mujer. Hace unos días apareció en Asgard alegando que se había perdido.
-Ven conmigo. Necesito que me cuentes todo.
El joven guió a Siegfried por el Santuario hasta llegar a lo que, el Dios Guerrero supuso que, eran las dichosas 12 casas. Llegaron hasta la 8va casa: el Templo de Escorpio.
-Pasa- le indicó el guardián.
Siegfried miró sorprendido el majestuoso complejo; sin duda, los Santos de Athena con más alto rango vivían muy bien.
-Toma asiento y cuéntame cómo, cuándo y por qué viste a Shaina.
Siegfried le contó. Estaba consciente de que cualquier otro Santo lo hubiese matado por el simple hecho de ser un intruso. Este joven parecía un poco hostil pero resultó ser buena persona. Siegfried le habló de cómo apareció la amazona de Ofiuco y que abogó por el prisionero que estaba en el Palacio de Valhalla, quien resultó ser ex pupilo del difunto Santo de Acuario. Su interlocutor se presentó como Milo de Escorpio y, aunque no lo dijera abiertamente, se mostró preocupado por esa chica.
-Ya veo...-dijo Milo con el ceño fruncido cuando Siegfried terminó su relato -Así que ella abogó por el alumno de Camus...
-Sí dijo que Athena le habló de él.
Milo no quiso responder a ello. Era obvio, porque nadie conocía a Athena, que la joven había mentido respecto a eso. De hecho Milo quiso omitir que Shaina era en realidad una prófuga. Si Siegfried descubría que la amazona ya no era parte de las filas de Athena, también la buscaría para eliminarla por haberlos engañado.
-Bueno y dices que se dirigía los Cinco Antiguos Picos.
-Así es.
Milo suspiró. Estaba preocupado por los hechos. En realidad, desde que el Patriarca ordenó prácticamente cazarla, esa sensación no se iba.
-Disculpa pero ¿ella significa algo importante para ti?- interrumpió el Dios Guerrero sus pensamientos-¡¿Cómo te atreves a preguntar eso?!- dijo molesto- Ella es una amazona y yo un Caballero Dorado.
-Lo siento es que por cómo te preocupas, yo pensé que...
-Pues no pienses cosas. En el Santuario son muy estrictos al respecto.
-Sí, qué tonto soy... he escuchado que es muy raro que ustedes tengan pareja o familia. Mucho menos una Santa, hasta donde sé, inmediatamente ellas son destituidas.
-Sí, así que no se te ocurra volver a decir eso... y menos de una guerrera tan dedicada como Shaina.
-Está bien, está bien... Bueno qué mal que no puedan tener ese tipo de relaciones... En cambio nosotros somos más abiertos en eso- Milo notó que le brillaban los ojos- Hace unas semanas Hilda me confesó que vamos a ser padres...
-¿Te refieres a Hilda de Polaris la representante de Odínen la tierra?
-Sí, ella es mi mujer y pronto nos casaremos...
-Vaya que sí tienen apertura...
-Sí, no te imaginas lo feliz que soy. La ilusión de conocer a un ser que será la mitad de Hilda y la otra, mío...-continuó con ese brillo en los ojos.
Milo no respondió nada, tenía muchas cosas en la cabeza. Pese al riesgo que corría, le indicó a Siegfried que se refugiara en la 8va casa. Él por su parte se fue a descansar. Se quitó su armadura y se recostó en su cama con los brazos detrás de su cabeza y la mirada fija en el techo. Jamás se le hizo tan grande y solitaria la Casa de Escorpio. Qué pasaría si, como Siegfried, él también podría tener una familia; el templo estaría lleno de alegría. Pero qué tonterías pensaba, él era un Caballero de Athena de alto rango.
Por otro lado, estaba preocupado por Shaina. Cuando la sacó del Santuario lo hizo confiando en que ella cumpliría su palabra de no meterse en más problemas; pero no podía negar que desde el momento en que el Patriarca informó sobre el plan de cazarla, él estaba muy preocupado. Sin embargo, ahora sabía dónde había estado ella y a dónde se dirigía.
A la mañana siguiente, después de una larga noche de sólo dar vueltas en la cama, Milo despertó a su huésped.
-Siegfried.
-¿Eh? ¿Qué?- le respondió este apenas despertando.
-Despierta. Necesito que pongas atención... Tienes que irte inmediatamente.
-Escucha estoy un poco preocupado, tengo un mal presentimiento sobre ese Caballero Dorado, creo que era Géminis. Quisiera investigarlo a fondo.
Milo, quién también dudaba de Kanon, creyó que Siegfried le hacía un favor si lo vigilaba de cerca- Está bien, pero debes quedarte aquí, sal lo menos posible, no hables con nadie, que nadie se percate que eres un extraño... Estaré unos días ausente. Tú te harás pasar por un soldado del Santuario. ¿Entiendes?
-Claro. Pero ¿a dónde irás?
-Iré a buscar a Shaina.
Por la noche, Ikki había llegado a descansar. Había sido un día agotador, como el resto de los días. Como lo hacía diario, tomó una cena en solitario, se duchó y vio la televisión un rato, cambiaba a todos los canales sin encontrar nada interesante; apagó el aparato y se fue a la cama, leyó unas páginas de un libro pero al poco tiempo también se aburrió.
Suspiró pensando en lo tedioso de la rutina. Todos los días era lo mismo, una y otra vez; su vida se había convertido en una interminable y aburrida película. ¿Qué le había pasado? Miró a un lado de su cama y vio la respuesta. En su mesa de noche estaba una fotografía de él con su hermano Shun, cuando éste era prácticamente aún un bebé. Sin duda desde la partida de Shun, él había tenido un desencanto de la vida, a la que siempre dedicó a su hermano menor sólo para que al final él le pagara de esa manera.
Al pensar en Shun no pudo evitar recordar las palabras de esa joven, Saori. Era una chica muy rara (ni mandada a hacer para Seiya, ya que para Ikki era obvio que a su amigo le interesaba esa joven); pero había acertado, él tenía un vínculo especial con Shun, el mismo vínculo que le permitía saber que a veces no "era él" sino otro ser el que ocupaba el cuerpo de su hermano.
Ikki siempre vio en Shun a un jovencito muy noble y tranquilo, pero a veces era caprichoso, incluso grosero; al pasar los años, ese comportamiento se volvía más recurrente. Pero Ikki intuía que "ese" no era Shun, era alguien más que era- ¿cómo decirlo?- perverso. Las cosas fueron empeorando conforme Shun fue creciendo, dejó la escuela y se dedicó a tontear con malas compañías y "divertirse" con toda cantidad de mujeres; al final, él un día se marchó robándole todo el dinero que había guardado (precisamente para la educación de Shun).
¿Cómo habrá conocido esa chica a Shun?- se preguntó Ikki. Sin duda no era el tipo de mujeres con las que su hermano solía liarse. ¿Y por qué corría peligro Shun?- aquella idea le preocupó a Ikki.
"Si buscas en tu interior y ves con el corazón, sabrás dónde está"… repitió en su cabeza la frase de Saori.
-Qué tontería…- expresó Ikki y se quedó dormido.
Pero tenía esa idea en la cabeza. ¿Cómo encontrar a Shun? Él está en peligro, debo ayudarle… -pensaba. Cuando se sumió en el sueño profundo todo fue muy extraño: veía una isla, el clima era terrible, había un hombre que era el guardián de lugar, era… como un maestro; también había una joven rubia (Ikki no podía distinguir caras ni voces); luego la vio, una extraña caja que guardaba algo importante, un poder… era ese algo que lo guiaría a Shun y con el que podría salvarlo de ese peligro. Lo que había dentro de esa caja lo llamaba, tenía que ir a ese lugar. Ese era su destino.
Ikki despertó sudando. Antes de que olvidara su sueño acercó lápiz y papel y escribió la única idea que se le quedó grabada del sueño.
Mientras tanto, en el Palacio de Valhalla, Flare despertaba dificultosamente; ya estaba en su habitación, se sentía aliviada de que el peligro hubiera pasado.
-Qué bueno que despiertas, estaba muy preocupado por ti… Bueno, todos lo estamos, pensé que Hagen me arrancaría la cabeza cuando me vio llegar contigo en brazos.- le dijo Midgard.
-¿Qué pasó?
-Un Caballero de Plata nos atacó… logré derrotarlo y…-hizo una pausa como si temiera por lo que diría a continuación- Ahora su cuerpo descansa bajo la nieve, lo único que pude hacer por él fue cavarle un lugar para su eterno descanso… Pero eso no es lo que quería hablar, ¿cómo está eso de que gracias a esa amazona Hilda me permitió salir?
-Sí, ella le dijo a mi hermana que Athena le habló bien de ti.
-Es muy extraño… esa mujer conocía a mi maestro y presiento que algo ocultaba…- dijo frunciendo el ceño- Flare, he tomado la desición de irme de Asgard. Debo intentar reclamar la armadura de Cisne y debo buscar a esa mujer, quiero saber qué sucedió con mi maestro Camus y qué interés tiene Athena por mí.
-Pero Midgard…
-Debo hacerlo…- le tomó la mano- por lo menos debo agradecerle a esa Santa que Hilda me liberara… Pero te prometo que volveré.
-Midgard…
-Hyoga, ese es mi verdadero nombre, el que mi madre eligió para mí el día en que nací. Hace tiempo lo cambié para ocultar mi pasado, pero ahora me doy cuenta que mi pasado no es más que mi destino. Seré un Santo de Athena.
No quería despedirse, porque no era un "adiós" sino un "hasta pronto". Se acercó a la ventana de la habitación y salió de ahí con la firme decisión de esta vez no fallarle a su Diosa, a su madre y a su maestro.
Shun se arrastró entre las rocas. Su cuerpo estaba empapado. ¿El mar lo había arrastrado? No lo recordaba. De nuevo había tenido uno de esos episodios en los que se perdía varios días y no lograba recordar nada; cuando se daba cuenta estaba vagando en algún lugar desconocido, esta vez de nuevo era cerca del mar. Aún sentía el sabor a sal del agua en su boca cuando llegó a la orilla. Estaba agotado, casi hasta la muerte.
Shun intentó sonreír con ironía. Ojalá estuviese muerto, así daría fin a todo lo que le sucedía. En momentos como ese, en los que tenía total control de sí mismo, se sentía tan mal, arrepentido por todas las cosas que hacía cuando esa voz en su cabeza lo dominaba. "La voz" siempre le mal a aconsejaba, le hacía decir cosas que no quería ni sentía. Le había hecho tanto daño a la gente, había mentido, robado y utilizado a las mujeres; pero lo que más le dolía era haber abandonado a su hermano. En ese entonces, "la voz" le incitó a marcharse: Anda Shuny que tenemos planes muy grandes para ti- le dijo. Después de tener literalmente una lucha interna, accedió a irse, no tanto porque "él" se lo ordenaba sino porque no quería lastimar a Ikki.
Con dificultad, Shun se arrastró por la orilla de, lo que parecía, una isla. Buscó en su mente y no encontró a "ese otro"; eso le alegró. Le alegraba mucho cuando "él" no estaba en su cabeza, podía ser un poco como antes era: el chico tímido, que adoraba a su hermano y que tenía el sueño de ayudar a las demás personas; aunque no podía negar que muchos modos de "él" ya se le habían quedado.
No podía soportar más así, ojalá en ese momento en que estaba con un cansancio mortal, sí muriera, así ya no sufriría ni haría sufrir. De pronto su vista se nubló y perdió el conocimiento. Ni siquiera se percató de que una joven lo encontró.
-¡Maestro! ¡Maestro!- gritó June al ver a ese chico inconsciente que el mar arrastró. No era muy común ver a forasteros en la Isla de Andrómeda.
Días después, en Japón, Seiya estaba muy preocupado. Hacía varios días que no sabía nada de Ikki.
Saori, por su parte, estaba casi totalmente recuperada de su lesión, gracias a la ayuda de su Pegaso, ya pdía caminar un poco.
Aquella tarde, Seiya decidió ir a buscar a su amigo; aprovechó para que Saori por fin saliera y, si había oportunidad, la quería invitar a cenar o al cine. Se dirigieron al departamento de Ikki, tocaron la puerta varias veces y no hubo respuesta.
-Espera… sé donde guarda una llave de emergencia- dijo Seiya y buscó en una maseta del pasillo del edificio, la llave con la que abrió.
-Es correcto esto ¿no crees que se moleste?
-Él mismo me dijo que si un día tenía una emergencia, la usara.
Entraron y vieron todo tranquilo, silencioso y ordenado. No había rastro de Ikki. Saori se preocupó quizá más que Seiya, pensaba que sus palabras habían afectado al Fénix más de lo que imaginaba.
-Oye mira esto- le dijo Seiya- Este papel, es un poco raro ¿no? Ikki jamás deja la más mínima basura en alguna parte de su casa.
Saori miró el papel que tenía escrito: Isla de la Reina Muerte- su corazón se aceleró. ¿Será que Ikki había ido a ese lugar? Pero ¿por qué? De pronto recordó que, en un principio, Shun había sido destinado a ir a ese lugar a entrenar, pero su hermano cambió lugar con él ¿Tendría que ver ese hecho? Saori esperaba que sí, no quería que Ikki corriera peligro al ir a ese infierno.
Salieron de ahí y no hablaron hasta que Seiya, a pesar de que aún no terminaba oficialmente con Miho, quiso invitar a Saori a una cita.
-Saori…
-¿Ah? ¿Qué?- respondió distraída la chica, quien seguía pensando en Ikki y Shun.
-Antes de que oscurezca más yo quería… bueno… quería saber si tú quisiera ir conmigo a…
De pronto se vieron interrumpidos cuando tres figuras aparecieron ante ellos. Seiya tuvo un mal presentimiento, pero en realidad no sabía que tan grave era la situación. Saori sí comprendió el peligro que corrían; se trataba de tres Santos de Plata: Sirius de Can Mayor, Dio de Mosca y Algethi de Herácles.
-Miren nada más el premio que acabamos de encontrar- dijo Sirius mirándolos.
-¿Qué quieren?- los enfrentó Seiya sin imaginar que ese apenas era el comienzo de toda una amenaza que se avecinaba.
CONTINUARÁ…
Y SÍ… ESTO APENAS ESTÁ TOMANDO FORMA. Y LO QUE FALTA JAJAJA (QUÉ MALA SOY)… NADIE MI GENTE, NADIE, NI SIQUIERA CAMBIANDO EL TIEMPO PUEDE HUIR DE SU DESTINO.
