ATENCIÓN: LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTO PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION
PERO QUERÍAN A SHUN ¿NO?… AHORA NO QUIERO QUEJAS
Capítulo VIII
Sacrificios y venganza
Todo se había salido de control. Saori tenía miedo. El peligro ya había pasado, habían logrado salir bien librados de ese ataque; pero la situación le había hecho ver que las cosas la rebasaban. Ahora estaba en la sala de espera de urgencias esperando que le dieran alguna noticia de Seiya. Ella sabía que él estaba bien, sólo había perdido el conocimiento por la adrenalina del momento.
Seiya había hecho frente a los tres Santos de Plata sin saber exactamente a lo que se enfrentaba.
-Qué cosmos tan poderoso- había dicho Dio- pero ese jovencito no es un Santo ¿acaso será un enemigo, parte de la conspiración de la que es parte Ofiuco?
Saori respondió por reflejo- Shaina no tiene nada que ver con nosotros ¡Váyanse!
-Nosotros no pronunciamos nombre alguno- intervino Algheti- Eso significa que sí la conoces y ahora mismo dirás lo que sabes.
Se acercó a Saori y Seiya lo detuvo.- Déjala en paz…
Algheti se sorprendió de la fuerza que usaba Seiya para sujetarlo. –Niño, ya estás muerto- le amenazó. Lo golpeó. Dio y Sirius se unieron a la paliza. Si continuaban así, Seiya moriría.
Saori, quiso actuar, elevar su cosmos y, por lo menos, ahuyentar a los enemigos, pero Seiya la descubriría. Estaba deliberando sobre su decisión. Cuando, sucedió algo extraño, una energía apareció de la nada. Saori miró hacia la dirección de esa energía. Era la armadura de Pegaso, que había aparecido para salvar a su auténtico poseedor. Los tres Santos de Plata miraron sin comprender. Seiya, quien yacía en el piso, se levantó y la armadura se acopló a su cuerpo.
Su cosmos comenzó a arder con una increíble fuerza. Saori no podía creer aquello, pero más aún cuando Seiya pronunció con la mayor naturalidad- ¡Meteoro de Pegaso!
Fue un ataque inminente, los tres cayeron derrotados. Fue sencillo, el oculto cosmos de Seiya, con la ayuda de la armadura de Pegaso, los había derrotado. Sin embargo, el chico con la respiración muy agitada, se arrodilló y cayó de bruces.
-Seiya…- corrió a ayudarle, se dio cuenta de que estaba bien, sólo se desmayó. Pese a que sabía que Seiya odiaba los hospitales, decidió llevárselo; no sin antes quitarle la armadura. La guardó en su caja y la ocultó, después volvería por ella.
-Tú… -dijo de pronto una voz. Era Seika acompañada de Miho, ambas estaban muy enojadas- Tú ¿qué le hiciste a mi hermano?
-Nada… nada… sólo que nos atacaron.
-Escúchame, él jamás se mete en líos pero desde que llegaste no le pasan cosas raras.
-Mira, él aún es mi novio ¿entiendes? Así que no quiero que te le vuelvas a acercar.
-Sí, cuando regrese a casa no quiero verte ahí… Tú sólo le has traído mala suerte.
Las dos se fueron por el pasillo para entrar a ver a Seiya. Una parte de ella entendía la situación, Seika y Miho tenían razón; era su culpa, Seiya estaba en el hospital por su culpa y siempre le pasaba de todo por ella. Había olvidado su verdadero objetivo, no podía estar junto a él, por mucho que le amara; y era precisamente por ese amor que no debía estar cerca de él.
Siguió también por el pasillo. Se asomó por una ranura de la puerta hacia dentro de la habitación. Seiya estaba ya consciente pero se le veía confundido.
-¿Qué pasó Seiya?- le preguntó su hermana.
-No lo recuerdo bien… ¿Dónde está Saori?
-Ella tuvo que irse pero no te preocupes, nos aseguró que estaría bien. Ahora sólo debes descansar.
-Sí amor- terció Miho y lo besó- y yo me encargaré de cuidarte.
Saori miró la escena y dijo en voz muy baja para sí:- Adiós Seiya, esta vez sí será para siempre.
Mientras tanto, en la Isla de Andrómeda, June entraba a la pequeña choza con el sigilo digno de una Amazona. Su maestro Albiore había llevado al joven inconsciente, le quitó las ropas mojadas y lo dejó descansando en esa pequeña morada.
La joven se acercó al muchacho que yacía en el lecho. Nunca había visto a un hombre como él, tenía una expresión muy serena; parecía un chico muy frágil y delgado pero al ver con detenimiento, él poseía unos brazos fuertes y sus pectorales marcados, se dio cuenta que ese muchacho era más de lo que aparentaba.
-Qué tonta eres June- se reprendió a sí misma en silencio- es sólo un jovencito como cualquiera. Parece como si nunca hubieses visto a un hombre.
Lo cierto era que había conocido a varios jóvenes que habían sido aprendices en la isla. Aunque ninguno le había llamado la atención como éste.
Vio que en su pecho descansaba un extraño medallón. Era muy llamativo, un círculo con una estrella en el centro. June no pudo controlar su curiosidad y tomó el accesorio entre sus manos, lo examinó y leyó: "siempre tuyo".
De pronto la mano del chico se movió, sujetó con fuerza la mano de June y, aún sin abrir los ojos, le dijo:- No me gusta que lo toquen.
Entonces, por fin abrió sus ojos, eran de un verde esmeralda. June agradeció en silencio llevar su máscara, pues así el joven no pudo ver su involuntaria expresión de embeleso.
Soltó su mano y preguntó confundido: -¿Dónde estoy? ¿Qué pasó?
-Apareciste inconsciente en la orilla de la isla.
-No recuerdo nada...-llevó su mano a la cabeza como si así pudiera recordar más fácil. Luego miró a June y pasó su mano frente a la cara de la chica, como si probara si ella realmente lo miraba.
-¡Deja de hacer eso! ¡Traigo una máscara no una venda en los ojos!
-Lo siento es que me pareció muy rara la mascarita. ¿Qué es época de carnaval?- rió.
-Ash... Qué idiota- comentó entre dientes.
-Entonces, ¿a qué se debe esa cosa?... Y por cierto ¿dónde estoy?
-La Isla de Andrómeda y "esta cosa" es la máscara que traigo porque soy una Santa de Athena.
-Ahhh... pues entendí la mitad de lo que dijiste...
-Ash... eres imposible.
El ojiverde se incorporó un poco- No hay algo de comer, no recuerdo cuándo fue la última vez que...- de pronto se dio cuenta que ya no traía su ropa- ¿Qué pasó aquí? ¿Y mi camisa? ¿Dónde está?- miró debajo de la cobija que lo cubría- ¿y mis pantalones?
-Ay tu camisa que olía a loción barata está secándose, igual que tu pantalón. Estaban empapadas y...
-¿Acaso tu me desvestiste?- preguntó con una sonrisa- Vaya que eres una chica muy atrevida; bien, yo no tengo inconveniente de que sean las chicas sean quienes den el primer paso- la miró de arriba abajo- Sí que eres muy atractiva, me imagino que tu rostro le va perfecto al resto de tu lindo cuerpo.
-¡Cómo…- iba a reclamar June pero se contuvo, tomó aire y contó hasta 3- Mi maestro Albiore te trajo hasta acá, fue él quien te quitó la ropa mojada… y ni se te ocurra hacer una broma sobre ese tema.
-Está bien… está bien… pero dime preciosa ¿hay algo de comer? en serio muero de hambre.
De pronto la puerta se abrió y entró Albiore de Cefeo, consigo traía unas ropas que le prestaría al nuevo huésped- Ah… veo que ya despertaste. June serías tan amable de ir a buscar algo de comer para nuestro nuevo amigo, me imagino que tiene hambre.
-Sí maestro- la chica salió de ahí y Shun la siguió con la vista hasta que Albiore carraspeó y le habló.
-Ten muchacho, no es exactamente el tipo de ropa que acostumbras pero te servirá por un tiempo. – le entregó un conjunto que normalmente utilizaban los aprendices de la isla.
-Gracias señor, pero ¿por un tiempo?
-Lamento decirte que estás varado un tiempo en Andrómeda, esta es una isla muy privada. Es raro que los barcos lleguen hasta acá, sólo traen provisiones de vez en cuando y de hecho hace unos días se fue uno, June tuvo que ir a hacer un informe al Santuario y… bueno, el punto es que tardarán varias semanas en que una nave desembarque. En realidad me sorprende que llegaras aquí.
-Sinceramente no recuerdo nada.
-No te preocupes, no intento hacerte un cuestionario. Bueno te dejo para que te vistas, me gustaría que nos acompañaras en la cena esta noche.
-Sí claro señor.
Albiore salió de ahí, convencido en que ese chico era especial y no era una casualidad que llegara a la Isla de Andrómeda.
En los Cinco Antiguos Picos de China, Shiryu estaba sentado en las orillas de la roca y miraba la cascada de Rozan. Cómo era posible poder cambiar el curso del agua, sólo así podría obtener su armadura de Caballero Dragón, tal como le habían explicado su maestro.
-Hace un poco frío aquí, ponte esto- dijo de pronto Shunrei a sus espaldas, le puso una manta. Se sentó a su lado y preguntó- ¿En qué piensas?
Shiryu recorrió la manta de tal forma que cubriera a ambos. No podía negar que desde que llegó a ese lugar, Shunrei le había atraído; con el paso de las semanas ese sentimiento había crecido y parecía que era recíproco.
Esa mañana Dohko había partido a ver a un viejo amigo y, como les había dicho, se iba tranquilo porque Shiryu se quedaba para cuidar; también le encomendó que reflexionara sobre las implicaciones de ser Caballero. Entonces, dada la ausencia de Dohko, Shiryu vio buen momento para hablar con Shunrei más abiertamente.
-Pensaba en si es posible cambiar el curso de la cascada
-Shiryu, el maestro cree en ti y yo también creo en ti.
-Muchas gracias Shunrei, no tienes idea de cómo aprecio tus palabras. Antes de venir aquí, yo nunca conocí una familia; pero ahora me siento tan feliz de estar contigo... es decir, con ustedes.
Ambos se pusieron rojos, se miraron, estaban muy cerca, pero se acercaron aún más y, obedeciendo a sus sentimientos, se besaron. Ambos sabían que tarde o temprano eso pasaría.
-Shunrei, me gustas mucho y te quiero.
-Yo siento lo mismo por ti, pero...
-¿Qué pasa?
-Es que estoy segura que muy pronto serás un Caballero de Athena.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Siendo un Santo, tu vida estará consagrada a Athena; así las mujeres y la familia pasamos a un segundo plano.
Shiryu dudó un poco - Si es así, entonces no quiero ser un Caballero.
- Pero Shiryu.
La tomó de la mano -Por ahora eres lo único cierto que tengo en la vida; mientras no pueda hacer lo que mi maestro me pide para ser un Caballero.
Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, eran espiados. -Pero recuerda lo que dijo esa Amazona, Athena habló de ti.
-No me lo recuerdes que desde que esa mujer estuvo aquí, el maestro está muy preocupado.
-Así que esa mujer estuvo aquí- dijo el hombre que los estaba escuchando.
-¿Quién eres?- preguntó Shiryu interponiéndose entre Shunrei y el intruso para protegerla.
-Yo... -dijo acercándose poco a poco a ellos- soy Algol de Perseo. Y ustedes me dirán dónde está esa Amazona o pagarán con sangre.
-Será mejor que te largues, ella se marchó y no sabemos a dónde.
-Niño, oponerse a dar información es oponerse al Santuario.
Shiryu hizo una pose de batalla.
-Luchar será inútil. No podrás con mi arma secreta.
Levantó su escudo. Shunrei, quien había escuchado algunas cosas de los Caballeros ya sabía de qué se trataba, apartó a Shiryu del camino y sin poder hacer nada, la joven se convirtió en piedra.
-Shunrei… ¡¿qué le has hecho maldito?!
-Tu novia es una tonta al querer hacer frente a mi escudo de Medusa.
Shiryu comprendió, conocía la historia de Medusa y sabía que la única esperanza de salvar a Shunrei era destruyendo ese escudo. Se abalanzó contra Algol pero su fuerza no se comparaba, él fácilmente lo arrojó y cayó por a casada.
-Pobre diablo- comentó Algol- al mirar hacia abajo. Era probable que el chico no sobreviviera- De todos modos no estaba convencido que ser un Santo.
Sin embargo, Shiryu había sobrevivido a la caída y mientras luchaba contra la corriente, se dio cuenta cuál era la única forma de vencer al Algol. El joven lanzó el golpe definitivo y, tal y como su maestro le había dicho, el agua se detuvo un instante y de pronto cambió de curso, dibujando la forma de un dragón; en ese instante dejó ver tras la cascada, la reluciente armadura de Dragón. Ésta inmediatamente acudió a su poseedor.
Todo aquello sucedía ante la atónita mirada de Algol. Sabía que la pelea apenas comenzaría. Shiryu volvió a subir, ahora como un legítimo Santo de Bronce.
-Ahora verás Algol- se lanzó al ataque y logró darle un golpe a su contrincante.
-Maldito… ahora sentirás el poder de mi escudo.
Shiryu se cubrió con su escudo, totalmente a la defensiva. Algol, por su parte, le lanzó varios ataques y sólo le reclamaba que fuera un cobarde que no atacara. El joven Dragón decidió atacarlo de frente, de otra manera no podría salvar a Shunrei. Arrancó un pedazo a su pantalón y se cubrió los ojos. Se lanzó de nuevo al ataque pero no tuvo éxito y fue su brazo el que se convirtió en piedra.
Ya no había esperanza. Había fracasado, de nada le servía ser un Caballero de Athena si su primera batalla no podía ganarla. No podía ayudar a Shunrei y le había fallado a su maestro. A menos que… Shiryu tuvo una idea, la más loca y peligrosa que jamás había tenido, pero era la única solución que encontraba. En un acto de valentía, se hirió los ojos para poder derrotar a Algol. Sangrando, logró "ver" a Algol, y sin pensarlo mucho lanzó su ataque más poderoso: El dragón ascendente. No sólo destruyó el escudo, también acabó con la vida de su contrincante.
Shiryu sólo pudo soltar un grito mientras la sangre seguía recorriendo su rostro. De pronto sintió las cálidas manos de Shunrei que lo abrazaban. Mientras ella estuviese bien no importaba lo demás.
El joven aprendiz estaba agotadísimo. Su maestro, Mu de Aries, lo había regañado por buscar a la ex Amazona de Águila; Kiki, quien por su juventud ignoraba cuál era exactamente la función de Marín en el Santuario, no pensó que buscarla fuera tan malo.
Antes de partir a Jamil, Mu le hizo limpiar toda la Casa de Aries sin poderes. Desde luego él lo hizo, pero cuando llegaron a Jamil, su maestro ya estaba menos molesto y le cuestionó qué era lo que hablaba con Marín. Kiki sólo respondió -Es un asunto muy privado entre nosotros.
La respuesta de su maestro fue otro castigo: limpiar la torre donde vivían sin usar poderes.
El niño apenas estaba terminando sus labores cuando llegó una visita inesperada: el viejo maestro de los Cinco Antiguos Picos, Dohko de Libra.
-Maestro- le saludó Mu respetuosamente- ¿Qué hace por aquí?
-Hola muchacho. Sólo venía rápidamente a hacerte una consulta.
-¿A mí? Me halaga pero no se supone que no puede abandonar su lugar en las montañas de China.
-A estas alturas es lo de menos. Además mi nuevo aprendiz se quedó cuidando.
-¿Tiene un aprendiz?
-El futuro Caballero de Dragón, estoy seguro. Pero no he venido a eso Mu; eres el alumno de mi querido amigo Shion, así que quisiera recurrir a tu sensatez.
-Maestro me preocupa. ¿Pasa algo malo?
-Creo que tú mismo conoces la respuesta. Venir a Jamil tan de repente. Creo que también presientes algo.
Mu dudó un poco -El Patriarca oculta algo.
-Ya veo, probablemente sepa de la amenaza que se aproxima...- Mu lo miró extrañado- Hades, el sello que lo mantiene prisionero está a punto de romperse.
Kiki no pudo evitar hacer una expresión de sorpresa. ¿Acaso ese era el peligro del que Athena quería protegerlos?, pensó.
-¿Y cómo lo sabe?- preguntó Mu.
-La Amazona de Ofiuco fue enviada desde el Santuario para advertirme.
-¡¿La señorita Shaina?!-expresó Kiki.
Mu miró uno y al otro sin comprender- Pero ella es una prófuga del Santuario.
-¿Qué? Pero ¿cómo?... -intentó entender Dohko.
Mu miró a su joven alumno -¿Kiki me estás ocultando algo más?
Habían pasado unos días desde que Shun había llegado a la isla. Esa tarde, los jóvenes aprendices practicaban en peleas en pareja. June supervisaba la lección y pasaba por las pequeñas peleas corrigiendo cada movimiento de los muchachos. Shun, por su parte, observaba desde lejos todo el entrenamiento; la Amazona de Camaleón se sintió observada y volteó a verlo, por poco recibe un golpe de una de las peleas.
-¿Qué te parece?- dijo Albiore a espaldas de Shun.
-Es interesante cómo se preparan los Santos de Athena.
-No exactamente. La mayoría de ellos morirá o huirá de la isla antes de que su entrenamiento culmine; pocos llegarán sólo a ser soldados y casi ninguno llegará a ser Caballero.
-Ya veo...
-Así es, sus destinos ya están marcados. Naces con un cosmos especial o no. Por ejemplo, tú naciste con algo especial.
-No bromee- rió pero en silencio deseó que Albiore no sospechara que efectivamente sufría de algo "especial".
-Maestro...- interrumpió June- el entrenamiento ha terminado.
-Bueno yo voy a dar un paseo- dijo Shun y se fue.
June lo siguió con la vista; con esas ajustadas ropas de entrenamiento se veía particularmente atractivo.
-Sé lo que piensas June...- interrumpió Albiore sus pensamientos- yo pienso igual.
-¿Perdón?
-Shun tiene un cosmos muy poderoso. Si tuviera un entrenamiento estricto, lograría ser, incluso, un Santo de Oro. Aunque por ahora me conformaría con que fuera Andrómeda.
-Ah... Sí, es muy fuerte -volvió a mirar por donde se fue el joven.
Entonces Albiore entendió las cosas y sonrió- ¿Sabes por qué vivo en esta isla, lejos del Santuario? Me gusta ser un poco más libre, sin las reglas y protocolos del Patriarca. Tú también deberías aprovechar esa pequeña libertad.
-¿Maestro?
-No importa. Ahora, tú que eres más joven que yo, te pediría que te acercaras a Shun y le insinuaras que sea un Santo, yo lo he intentado pero es difícil de convencer.
La chica asintió no muy convencida. Caminó un poco y encontró a Shun sentado en la orilla del mar, estaba arrojando piedras al agua. Se veía tranquilo, a June le agradaba verlo así, y no con sus tontos comentarios.
-¿Qué tanto piensas?- le preguntó al chico y se sentó a su lado.
-En nada- la miró y le preguntó- ¿No hartas de usar esa máscara?
-Aunque fuera así, no puedo quitármela, al menos no en presencia de un hombre.
-¿Por eso comes sola en tu cabaña?
-Sí.
-¿Y por qué no puedes quitártela frente a un hombre?
-Los Santos de Athena femeninos, desde que somos aprendices, renunciamos a nuestra feminidad; nos convertimos en iguales que los hombres, esta máscara es el símbolo de la pérdida de la feminidad.
-¿Y qué tiene que ver con que te vea un hombre?
-Según nuestras leyes, si un hombre ve nuestro rostro, debemos amarlo o matarlo.
-Uy, qué rudos. ¿No te gustaría mostrarme tu rostro?
-Ash no seas tonto, tendría que matarte. ¿Quién podría amarte?
-Bueno... como sea es una idea tonta- June se sorprendió porque insultara sus tradiciones- Qué pasa si se cae por accidente, estarías obligada a hacer algo que no quieres; amar o asesinar, sólo eso ¿Y cuándo puedes elegir?
June no dijo nada, pero le sorprendió la forma de pensar de Shun. Entonces se preguntó qué pasaría si... no, debía; Marín cometió la estupidez de mostrarle su rostro a un Santo de Oro y terminó muy mal, como una cualquiera.
-En fin, ya es hora de la cena. Ve con mi maestro y el resto de los chicos.
-No, no tengo mucha hambre, será mejor que me vaya a descansar a mi cabaña.
Caminaron en silencio y cuando se separaron June no pudo evitar comentar- Oye Shun, ¿sabes? Sería bueno que te quedaras por más tiempo, digo, mi maestro cree que podrías entrenar para ser un Santo.
-No creo que eso sea para mí, aunque sí podría encontrar otra razón para quedarme… En fin, debo irme a descansar.
Cada uno entró en su cabaña. Shun se dejó caer pesadamente en su cama, últimamente estaba muy agotado. En la cabecera de su cama estaba la ventana. Se asomó y vio la silueta de June en su cabaña, en ese momento la chica estaba cenando sola. Suspiró, él también sabía lo que era estar solo.
-¿Qué pasa Shun?- le preguntó la voz en su cabeza- ¿Acaso no te gustaría ir con ella ahora?
-Cállate, déjame en paz- le respondió como si se tratara de una conversación con otra persona.
-Pero sé que lo quieres. Ella es una mujer muy atractiva. Anda, ve y demuéstrale lo que eres capaz de hacer. Sabes perfectamente que ninguna mujer se ha quejado de tus "habilidades".
-Que te calles. Además no molestes a June.
-Vaya, vaya… así que no quieres que la moleste ¿por qué será ?... Ah, qué interesante; ella te gusta ¿cierto?
-Déjame solo. No es eso, sólo que no quiero que me obligues a lastimar a otra persona.
-¿Yo? Pero si has sido tú quien ha disfrutado de mis buenos consejos. Yo sólo te sugiero, tú ejecutas… Bueno, en fin, si por ahora no tienes el valor de estar con la chica por lo menos deberías aceptar un entrenamiento ¿no te gustaría ser Santo y tener más poder del que ya tienes?
-Si tú lo quieres entonces debe ser mala idea. Y ya déjame en paz, cállate y sal de mi cabeza… de mí, de mi vida.
La voz rió- Eso no se puede Shunny, te he dicho muchas veces que tengo importantes planes para ti.
Shun intentó despejar su mente y no escuchar esa risa. Estaba harto de "él. No quwería que se diera cuenta de lo que estaba pensando; era cierto June le gustaba mucho, era una chica muy atractiva y con una personalidad fuerte pero amable. Se preguntó qué hubiera pasado si "él" no lo hubiera hecho cambiar y fuera el chico tímido de antes, quizá tendría una oportunidad con June. Por otro lado, sí tenía ganas de entrenarse como Santo, pero si "él" también lo quería, no significaba nada bueno.
Lo que Shun no sabía era que "él" no era otro más que el mismísimo Dios del Inframundo. Sin duda, a Hades le caía muy bien Shun. Esta vez, mientras esperaba a que las cosas se acomodaran, decidió conocer un poco más sobre la vida de los estúpidos mortales. Ellos habían desperdiciado el mundo que los Dioses les dieron y él quería saber por qué. Utilizó a Shun (su invariable anfitrión) para desplazarse por el mundo mortal. Lo que encontró lo sorprendió mucho, incluso llegó a agradarle: toda clase de diversiones como dinero, comida, bebida, juego y, sobre todo, el placer físico que sólo podía brindarle una buena compañía femenina; todo ello, claro, sin manchar su cuerpo divino; todo podía hacerlo mediante Shun, quien, convenientemente, le era muy atractivo a las chicas.
Los últimos años había pasado divirtiéndose pero era momento de ponerse serio, le convenía que Shun se convirtiera en Santo para que explotara su poder; era probable que eso le sirviera en poco tiempo. Y es que Athena había cometido un gran error al pretender cambiar el tiempo. Lo que esa tonta no sabía era que eso no afectaría a los Dioses, él (Hades) vio una segunda oportunidad de castigar a Athena y sus tontos Caballeros. Había tomado ventaja del giro en el tiempo para maquilar un plan con el que él triunfaría. Buscó a Poseidón, que era huésped de Julián Solo y lo convenció de aliarse. Las cosas ya estaban sucediendo y pronto lograría su objetivo: su dulce venganza.
CAPÍTULO REALMENTE COMPLICADO. SIN DUDA ESTOY SUFRIENDO EL FIC.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO: SEIYA, SAORI, IKKI, SHUN, HYOGA, SHIRYU, MARÍN, SHAINA Y MÁS PROBLEMAS OLÍMPICOS.
