ADVERTENCIA: LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTOS PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION. ESTO ES SIN FINES DE LUCRO.
Capítulo IX
Orgullo de Caballero
El grito de dolor rompió el silencio de aquellas montañas. Aunque por muy fuerte que ella gritara, era poco probable que alguien la escuchara. Después de haber visitado al viejo Dohko, Shaina no sabía a dónde ir; por lo que había vagado sin rumbo algunos días.
Se había refugiado en esas montañas y había estado, un tanto intranquila por no saber cómo iba el plan, pero se encontraba bien. Sin embargo, de la nada había aparecido Misty de Lagarto decidido a asesinarla. Era un tipo muy poderoso y, por lo tanto, no pudo hacer mucho contra él. Luego de la paliza, Shaina estaba en el suelo, gritando de dolor, creía que iba a morir.
-Me encantaría ver tu rostro, sólo para ver tu expresión de suplica antes de morir…- rió el Caballero de Plata- Ya quiero ver cómo me recompensarán en el Santuario por haber cumplido mi misión. Ahora dime, quieres ir a recibir tu castigo o prefieres que te mate aquí mismo.
Shaina, no respondió, era demasiado orgullosa para aceptar su derrota, así que sólo cerró los ojos. Estaba muy débil y moriría sin más, pero en el fondo estaba satisfecha por haberle servido a su diosa. Sintió cómo un cosmos se elevaba, alcanzó a ver un resplandor rojo y… ¿Ya había muerto? ¿Así se sentía morir? Por unos segundos no pasó nada. Abrió los ojos con esfuerzo y vio caer el cuerpo de Misty. Veía borroso y creyó que estaba alucinando, y más aún cuando vio quién estaba detrás del Santo de Plata, era Milo de Escorpio, quien aparentemente la había salvado de una muerte segura. Se desmayó, no sabía si porque estaba débil o sólo de verlo.
-O-O-O-
Hacía un calor tremendo, era como estar en el infierno. Estaba en el piso y no recordaba bien lo sucedido. Lo último que había en su memoria era el naufragio del pequeño bote en el que iba (sólo así puedes acercarte a esa maldita isla- le habían dicho).
No recordaba cómo había llegado hasta donde estaba y se preguntó si había llegado al lugar correcto: la dichosa Isla de la Reina Muerte.
De su boca se escapó un quejido. De pronto unas cálidas manos se posaron en los golpes que sentía en la espalda. Con esfuerzo volteó y se encontró con alguien inesperado.
-Shun...- pronunció apenas.
-No señor...- respondió una voz femenina.
Ikki enfocó mejor y vio que no se trataba de su hermano menor, sino una joven rubia -Perdón, yo creí que...-se interrumpió cuando, al intentar incorporarse, el dolor volvió a su espalda y se expresó con una leve queja.
-No se mueva mucho. Su espalda se golpeó con las rocas. Es una suerte que no muriera.
-No recuerdo nada... Dime niña ¿es ésta la Isla de la de la Reina Muerte?
-Sí señor.
Ikki suspiró- Me alegro. Necesito encontrar a mi hermano.
-Pero este lugar es muy peligroso, es el mismísimo infierno.
Apenas terminó la frase, cuando Ikki escuchó una voz:- ¡Esmeralda! ¡Esmeralda! ¡¿Con quién hablas?!
-Ay no… mi padre...
Entonces apareció un hombre grande y corpulento. Ikki no podía ver su rostro pues éste se encontraba oculto por una horrible máscara.
-¿Y tú quién eres?- le preguntó el hombre.
-Padre, él es... es el nuevo aprendiz que envió el Santuario.
-¡Tú cállate! -le espetó el hombre- Te he dicho millones de veces que no te metas en lo que no te compete.
Ikki estaba a punto de reclamarle por hablarle así a la chica pero se vio interrumpido por el hombre- Y tú ven acá a empezar tu entrenamiento - lo sujetó fuertemente y se lo llevó de ahí.
Ikki tuvo oportunidad de mirar de nuevo a la chica quien se disculpó sólo moviendo sus labios. Él no sabía de qué se trataba el asunto, pero aquel hombre le exigió que hiciera algunos ejercicios (mientras le gritaba toda clase de insultos) porque quería saber cómo estaba su condición física. Ikki no sabía por qué estaba haciendo lo que ese tipo le decía; le estaba siguiendo la corriente para después preguntarle a la joven de qué se trataba todo.
-Aún eres muy compasivo pero tienes un espíritu fuerte. Tal vez logres tu objetivo o mueras en el intento...-le dijo aquel hombre al final de la lección.
-¿Y qué puedo hacer señor?
-¡ODIA!- apenas mirándolo, respondió el hombre como si hiciera pausa en cada letra de la palabra.
Se fue de ahí; Ikki, con mucho esfuerzo, regresó al lugar donde estaba la joven. Al llegar a la horrible seudo-habitación, no la encontró. Se quedó tumbado en el suelo acalorado, cansado y adolorido. Comenzó a dormitar cuando:
-Señor... señor- le habló la joven. Comenzó a limpiar y curar sus heridas mientras se disculpaba- Perdóneme señor, mi padre es muy salvaje; tuve que inventarle que usted viene del Santuario de Athena para que no lo matara.
-¡Auch!... Bueno casi me mata con su "entrenamiento".
-Y probablemente morirá, así que será mejor que se vaya en cuanto termine de limpiarle sus heridas.
-No, no puedo. Estoy seguro que esto me ayudará a reencontrarme con mi hermano Shun.
-Pero señor, aquí no hay nadie con ese nombre. Además, en este lugar sólo hay hombres malos y supongo que su hermano debe ser bueno como usted.
Ikki sonrió sonrojado- Qué cosas dices niña.
-Esmeralda, me llamo Esmeralda.
-Yo soy Ikki... Y qué hace una chica como tú en un lugar tan horrible como éste.
-O-O-O-
-Haber, abre la boca. Necesitas comer bien para recuperarte pronto- le decía Miho mientras le daba la comida que ella misma le preparó.
Por su parte, Seiya, quien acababa de salir del hospital (pues detestaba a los doctores y todo ese ambiente intrahospitalario), no se sentía cómodo siendo cuidado por Miho; ella era muy linda, pero él admitía que ya no sentía lo mismo por ella y por la misma nobleza de su aún novia, no sabía cómo terminar definitivamente la relación.
Además, en ese momento no tenía cabeza para eso. En su mente sólo estaba Saori y la preocupación que tenía por ella.
-Gracias Miho, creo que ya comí suficiente.
-Pero amor apenas has probado bocado.
-Es que no tengo mucha hambre.
Pareció que Miho entendió un poco la situación. Dejó de lado el plato con comida y le reclamó estoicamente:- ¿Es por esa chica?
-Me preocupa que se haya ido así, sin más.
-Seika y yo te dijimos que ella tomó la decisión de irse. Créeme, es lo mejor. Así, nosotros podemos seguir nuestras vidas. Ahora, por favor deja de comportarte como un chiquillo y come.
-No. No quiero. No quiero comer y no quiero... no quiero que estés conmigo.
Miho lo miró con sus ojos cristalinos, era obvio que estaba al borde de las lágrimas -Mejor vendré después, parece que necesitas pensar muchas cosas.
Salió de ahí. Seiya se sintió mal. Ya no quería seguir siendo su novio y debía dejarse de tonterías. Tenía que confesarle a Miho que su ser ya no sentía lo mismo por ella, porque todo se concentraba en Saori. Necesitaba verla, saber que estaba bien pero ¿cómo? Si ella, al igual que Ikki, se había marchado sin dejar rastro. Pero también le preocupaba algo, el "ataque" que sufrieron; había sido como uno de sus sueños. ¿Realmente aquello había ocurrido? No lo recordaba bien.
Suspiró e intentó conciliar el sueño. Cuando logró dormir de nuevo se vio sumergido en uno de esos extraños sueños.
-Seiya... Seiya... -le llamaba una voz femenina. Él corría desesperadamente hacia algún lugar- Seiya... Ven, por favor, ayúdame...- y entonces reconoció la voz. Era Saori, quiso llegar desesperadamente con ella. Entonces, la vio, era ella. Estaba atrapada en una vasija gigante donde sólo su cabeza se asomaba. Parecía inconsciente pero su voz retumbaba en su cabeza -Mi fuerte caballero, ayúdame.
-Sí Saori, no te preocupes, estarás bien- le respondió mientras veía la forma de sacarla de ahí.
De pronto, una sombra apareció a sus espaldas. Seiya volteó y se encontró con un joven que portaba una espada.
-Nunca Pegaso- le dijo ese hombre con una voz que le provocó un escalofrío - nunca volverás a burlarte de los Dioses- declaró clavándole la espada en el pecho.
Se despertó agitado de ese sueño. Le dolía el pecho (justo donde la espada de su sueño se había clavado), le faltaba el aire y comenzó a toser. Seika apareció en su habitación y comenzó a ayudarle a recuperar el aliento.
-Tranquilo... tranquilo, ya pasó ¿Estás bien?
-Sí... creo que sí... Pero debo recuperar la armadura para poder protegerla- declaró sin él mismo comprender sus palabras.
-O-O-O-
Simplemente era un hecho inédito. Nunca antes en el Santuario había ocurrido algo semejante. Por primera vez en siglos, un Caballero de alto rango había ido al "hogar" de las concubinas; tradicionalmente, nunca los Caballeros (menos uno de Oro) iban a buscar a una mujer, ellos siempre las solicitaban a través de sirvientes o soldados. Sin embargo, Aioria estaba desafiando a la historia sólo para que Marín le perdonara su comentario de la última vez.
Ante la mirada atónita de quien lo veía pasar, Aioria caminaba con paso decidido y con un ramo de flores en la mano.
-Mi señor ¿busca algo?- le dijo una mujer en cuanto entró en el territorio de las concubinas. La chica le hablaba con un tono muy coqueto; aunque pareciera una tontería, entre ellas, poder estar con un Caballero Dorado era todo un logro.
-Ah... ¿Podrías decirme dónde puedo encontrar a Marín?
-Ah, su habitación está dos puertas adelante, del lado izquierdo.
-Gracias.
-Oiga...-lo detuvo la mujer- Si se aburre de ella puede buscarme cuando quiera.
Aioria se sonrojó. -Jeje, pero creo que no será necesario.
Se alejó. Claro que no era necesario, él estaba muy enamorado de Marín y haría lo que fuera por tenerla a su lado para siempre. Llamó a la puerta y ella abrió. Se quedó unos segundos embelesado ante aquel rostro- Ten traje esto para ti- le entregó las flores.
-Aioria... están preciosas. Pasa por favor.
Él entró en la sórdida habitación. Se sentó en el lecho que era lo único que había en la pequeña habitación.
-Temí que no me recibirías. La última vez me comporté como un idiota.
-Sé que dijiste cosas que me lastimaron pero también sé que me quieres. El hecho de que te hayas arriesgado a venir así y aquí me lo demuestra.
-Marín te amo y de verdad quisiera entender por qué no quieres dejar esto.
Ella lo miró a los ojos y le tomó las manos- Te juro que en cuanto pueda te contaré todo.
Se besaron. No podían ocultar que se amaban tanto. Aioria comenzó a acomodarla en el lecho estaba dispuesto a demostrarle que sus sentimientos no habían cambiado nada. De pronto escuchó un ruido como si alguien (más bien "alguienes") escuchara detrás de la puerta.
-Uff... -pronunció recuperando el aliento.
-Lo siento aquí no hay privacidad- se disculpo la joven- será mejor que...
-Vamos a mis aposentos. Allá nadie nos interrumpirá… Te prometo que cerraré bien la puerta para que mi hermano no nos descubra esta vez- le dedicó una encantadora sonrisa.
Salieron de ahí tomados de la mano. Caminaron así por gran parte del Santuario. Todo el mundo los veía y comentaba toda clase de cosas por lo bajo. Al Caballero de Leo le importaba muy poco, sólo era consciente del contacto de la mano de Marín con la suya. Incluso se atrevió a besarla en público en un par de ocasiones. En cualquier otro contexto, ver a una joven pareja caminar tomados de la mano hubiese sido de lo más normal; pero en el Santuario de Athena no eran bien vistas esas demostraciones.
Al llegar a la 5ta casa ambos entraron. Era inevitable que sucedieran las cosas. Se amaban y eso era lo único importante en ese momento. Ambos no tuvieron reparo en dar rienda suelta a sus deseos y sus sentimientos. Un león y su presa, aunque por momento era como un minino dejándose mimar.
-Te quiero Marín, te amo más que a nada- dijo aún con voz entrecortada una vez que todo había terminado.
-Fue mejor de lo que recordaba- admitió ella acomodándose entre sus brazos- Pero no está bien lo que pasó.
-Amor no te preocupes, aunque deteste la idea "sólo viniste a cumplir tu deber".
-Sí pero... el hecho de que fueras a buscarme y todos nos vieran por el Santuario. Dios, las flores que me diste... Tu hermano se va a enterar y...
-Me dará un sermón. Tranquila, no pasará nada. Es mi hermano y soy su hombre de confianza tanto que...
-¿Qué? ¿Qué pasa Aioria?
-Bueno es que... -dudó un poco pero sabía que podía confiar en Marín- él me reveló un secreto, pero no lo comentes con nadie: Athena desapareció del Santuario y mandó a los Caballeros de Plata a buscar a Ofiuco, pero en realidad quiere encontrar a Athena.
-¿Y han sabido algo?
-Aún no, pero... bueno, eso no importa ahora... Mejor vamos a descansar un poco que me dejaste molido... -sonrió- anda, antes de que se me espante el sueño y necesite de ti otra vez.
Marín le devolvió la sonrisa y lo besó. No pasó mucho tiempo para que él se quedara dormido. A ella le resultó más difícil, ya no sabía si estaba bien utilizarlo para estar al tanto de las acciones del Patriarca.
-O-O-O-
Aquella noche era un tanto fría en la isla de Andrómeda, Shun acababa de cenar con Albiore y los aprendices de la isla; estaba un tanto tranquilo porque llevaba unos días sin escucharlo en su cabeza; sin embargo, había algo que aquella noche le inquietaba un poco, ver una silla vacía durante la cena, el lugar que ocuparía June si pudiera quitarse la máscara.
Al terminar se retiró a su choza, miró por la ventana y logró ver la silueta de la Amazona. Shun se dejó caer en su cama y suspiró. Si tan solo pudiera...
Mientras tanto, June estaba sentada ya a punto de degustar sus alimentos. De pronto escuchó unos pasos afuera de su cabaña luego un golpe y un quejido de la voz de Shun. La chica inmediatamente fue a ver de qué se trataba. Al abrir la puerta se encontró con Shun quien llevaba los ojos vendados.
-¿June?- preguntó.
-¿Shun qué haces?
-Lo siento es que no veo y choque con tu puerta.
-Pasa que hace frío.
Shun entró con paso lento, parecía que de verdad no veía. June lo comprobó cuando joven continuó caminando hasta golpearse la entrepierna con el borde de la mesa.
-¡Ah! Me lleva la...
-¿Shun qué se supone que haces?
-Bueno es que siempre estás aquí comiendo sola y pensé que te gustaría algo de compañía. Pero sé que no debo verte... No quiero que me mates.
-Shun...- dijo conmovida por la actitud del muchacho.
-Es que sé lo que se siente estar solo y no me gustaría que sintieras eso.
June le permitió quedarse. Como no confiaba totalmente en él puso su silla volteada hacia la pared. Ella se quitó su máscara y se alegró de comer acompañada de una amena charla.
-Así que llevas años aquí.
-Sí, mi maestro Albiore es como un padre para mí. Bueno nunca tuve familia pero es lo más cercano. Y... ¿Tú tienes familia?- le preguntó la chica.
-Pues... se podría decir que no.
-¿Cómo está eso? ¿Tienes o no?
-Mi hermano Ikki me crió, él dio todo por mí. Pero después de lo que hice... supongo que me da por muerto.
-¿Qué hiciste?
-Nada grave, aparentemente; pero cuando él fue tan bueno conmigo, yo le pagué abandonándolo.
-Ya veo... pero si él es tu hermano sabrá perdonarte.
Shun sonrió. Le gustaba mucho estar con June. Sin embargo, el momento se interrumpió cuando June se paró de golpe.
-¡¿Y ese cosmos?!
-¡¿Qué?!
-Quédate aquí Shun. Este cosmos es inusual...- se puso su máscara y salió de ahí.
Shun se quedó quieto. No sabía exactamente qué hacer. Tras unos minutos de espera. Sintió en peligro a June y fue a ver qué pasaba.
-Ya te dije que no sé nada- gritaba June a un hombre con armadura.
-Mujer entonces de quién es este cosmos tan poderoso que hay en la isla. No eres tú ni Albiore.
-Que no sé.
Ante la respuesta el hombre la atacó- Bolas de acero del infierno- gritó el hombre y derribó a June -Por última vez mujer dime de quién es este cosmos.
-Que no.
El Caballero estaba a punto de atacar de nuevo cuando unas cadenas lo detuvieron. Era Shun quien las había tomado del suelo (los aprendices las usaban para entrenar).
-Si la tocas, te juro que te mato- expresó sin pensarlo mucho.
-Niño, yo soy Dante de Cerbero. No sabes a lo que te enfrentas.
-No tengo miedo. Así que deja a June en paz.
Dante se libró de las cadenas y dirigió su ataque a Shun. Su golpe le dio en la cara y le sacó un poco de sangre. Shun odiaba pelear y detestaba la violencia, pero una parte de él le ordenó que contraatacara.
El cosmos de Shun comenzó a elevarse, June notó algo raro. Era como si dos cosmos estuvieran ahí. Uno era poderoso y cálido, mientras que el otro era abrumadoramente poderoso pero violento. El peliverde tomó de nuevo las cadenas con una maestría inigualable. Atacó a Dante y éste intentó en vano defenderse. En un movimiento, Shun logró colocar la cadena en el cuello del Caballero Plateado. Entonces, algo en la mirada de Shun cambió, una media sonrisa se dibujó en su rostro, era como si disfrutara ver sufrir a Dante.
-Está bien... -dijo el Plateado asfixiándose e hincándose- pero suéltame.
-Te dije que no te tenía miedo- dijo apretando con más fuerza.
-No... No... Piedad.
Shun lo ignoró por completo- Te metiste con el sujeto equivocado estúpido mortal.
-Shun suéltalo- pedía la Amazona de Camaleón.
-¡Suéltalo! -interrumpió Albiore.
El chico lo hizo como si despertara de un sueño y recuperaba el control de sí mismo.
-Shun, tu oponente te estaba pidiendo piedad. ¿Qué te sucede? Eso no es propio de un Caballero.
-Yo no... no sé qué me pasó... Lo siento- declaró y salió corriendo.
-O-O-O-
Shaina se sentía débil. Aún no recuperaba la consciencia pero su mente ya estaba asimilando lo que había pasado. Era cierto, Milo la había salvado. No sabía por qué pero se sentía contenta de verlo de nuevo. Poco a poco abrió los ojos. Estaba descansando en una pequeña e improvisada tienda, la habían cubierto con cobijas para sobrellevar el terrible frío que esa noche azotaba las montañas. La pelea con Misty la había dejado muy débil, por lo que se desplazó con cuidado hacia afuera. Vio una fogata encendida y al Caballero de Escorpio (quien extrañamente no traía puesta su armadura, la cual descansaba en su caja al lado de él) sentado junto al fuego para calentarse un poco.
Shaina no supo qué hacer. Milo estaba ahí, ¿cuidándola? después de haberla ¿salvado?. Todo parecía irreal. De hecho Shaina sabía que quizás en otras circunstancias, ella jamás se hubiera fijado en Milo, pero las cosas habían sucedido de esa manera.
Después de que Cassios no recibió la armadura de Pegaso y ella, como su maestra, enfrentó al Patriarca, éste la destituyó de su cargo y le ordenó que se marchara del Santuario. Cassios hizo lo mismo y le preguntó si quería que se quedara con ella; ella lo rechazó pues la pregunta iba con otra intención y ella jamás tendría tiempo para sentimentalismos y para hacer una vida junto a un hombre, o al menos eso creía entonces. Desde luego, ella no quiso irse y el Patriarca enfureció al saber que sus órdenes no se cumplían, por lo que ordenó a Camus de Acuario a correr a la insolente. El guardián de la 11va casa no era precisamente un sutil con las mujeres, Shaina no lo culpaba, el Santuario estaba tan colmado de conflictos que todos se estaban volviendo insensibles a muchas situaciones.
-¡Camina…! – le decía Camus y la empujaba por todo el Santuario. Entre un empujón y un tropiezo de la ex amazona, Shaina fue a dar al suelo y su máscara cayó. Ella intento no mirar a Camus (aunque era probable que él la estaba viendo), y ocultar su rostro un poco porque quería llorar de rabia, y no quería darle el gusto de llorar frente a él, y por otro lado, era fiel a su tradición y no quería amar a Camus (sabía que era muy poderoso y no tendría oportunidad de matarlo)- Anda mujer, que ya no perteneces aquí, por cierto ya no será necesario que uses esa máscara. Ponte de pie y…
-Espera Camus- había interrumpido el Caballero de Escorpio.
-¿Milo qué…? – intentó decir Camus. Shaina sabía que ambos eran muy buenos amigos, casi como hermanos; incluso había quien decía que esos dos eran "más que amigos", el rumor se veía reforzado por su particular cercanía y porque ninguno de ellos eran de los Caballeros que acostumbraban solicitar la compañía de las concubinas (aunque en realidad era porque a ninguno de ellos le interesaba saciar esas necesidades de manera vana).
-Camus… no seas tan cruel. Ella se crió bajo nuestras leyes y no quiere que veas su rostro. Aunque ya no sea una Amazona es difícil para ella desprenderse de sus tradiciones.
-Pero…
-Ya, descuida que yo me haré cargo de todo. No te preocupes y confía en mí.
Camus asintió, miró por última vez a Shaina y se retiró. El Caballero de Escorpio se acercó a ella y le entregó su máscara- ¿Estás bien?- preguntó y cuando la joven iba a reclamarle por el atrevimiento de acercarse para mirar su rostro, notó que él tenía los ojos cerrados- Ten, póntela si así te sientes más cómoda.
Ella lo hizo y él le ayudó a ponerse de pie. Caminaron en silencio a las afueras del Santuario. Ella ya no puso resistencia, aunque su orgullo no le permitiera de momento admitirlo, Milo le había parecido el Caballero más noble que había conocido y no quería causarle problemas.
-Bien, hasta aquí puedo llegar. Si caminas unos 40 minutos por este sendero, llegarás a la aldea más cercana.
-Gra…gracias.
-No tienes por qué agradecer.
-Camus pudo haberme matado si así lo hubiese querido.
-No… él es muy "frío" pero es buen tipo. Además, yo creo injusto que te echen así… En fin, espero que ya no te metas en más problemas, rebelarse contra el Santuario es firmar tu sentencia de muerte.
Shaina ya no quiso agregar más, sólo asintió levemente y se fue, aunque jamás se marcharía totalmente de ahí. Ocasionalmente regresaba a ver a ese hombre que había sido considerado como ningún otro. En la hostilidad del Santuario, ya había pocos como él.
Y ahora estaba ahí de nuevo. Pero porqué.
-Será mejor que regreses a descansar- dijo sin mirarla, seguramente la había escuchado- Estuviste a punto de morir y debes descansar.
-No, no quiero- dijo intentando ser lo más seria con él para que no notara lo que despertaba en ella.
-Como quieras… pero te advierto que en cuanto te estés mejor regresaré al Santuario con tu armadura.
-No te la llevarás, además está destrozada.
-No hay otra opción- la miró por fin con esos ojos azules que brillaban gracias al fuego de la fogata- La necesito para que crean mi historia. Salí sin permiso del Santuario pero cuando regrese con la armadura, el Patriarca perdonará mi falta y tendré que decirle que… tuve que asesinarte para obtenerla, así que será mejor que esta vez sí te ocultes para siempre.
-Ya te dije que no.
-No seas necia. Hiciste una locura y todo por… ayudar a alumno de Camus.
-¿Qué?
-Me queda claro que lo hiciste por eso. Supe que estuviste en Asgard y gracias a ti él salió libre su prisión. Ya lo hiciste, ya honraste la memoria del hombre al que estás obligada a amar- dijo un poco molesto- Ahora sólo debes ocultarte.
-Esto no tiene nada que ver con Camus. Y no te llevarás mi armadura porque debo repararla porque la necesitaré.
-Para qué.
-No puedo decírtelo así que olvídalo yo no…- intentó decir pero aún estaba débil y se mareó, casi se desmaya pero Milo corrió a sostenerla.
-Ves que aún estás débil.
Ella lo apartó- No dejaré que te la lleves. No mientras aún la necesite.
Milo suspiró- Está bien… tú ganas, pero ni creas que te dejaré ir sola, aún estás débil y no quiero perder de vista la armadura
-No puedes venir conmigo estoy en medio de un asunto, además ¿qué te importa mi armadura?
-¡Qué!... aún lo preguntas… salí del Santuario sin permiso, eliminé a un Santo de Plata y estoy protegiendo a una traidora; sino regreso con ella estaré muerto. Ahora ve y recuéstate un rato antes de que amanezca, que mañana a primera hora partiremos a Jamil a que Mu repare tu armadura.
Shaina le obedeció, regresó a la tienda. Vio las cobijas, tomó una salió de nuevo y se la puso a Milo quien había vuelto a su lugar junto al fuego para calentarse- Ten cúbrete que hace mucho frío.
-Gracias…
-No, gracias a ti…- declaró. Shaina se sabía orgullosa y como buen Caballero, Milo también lo era, pero a pesar de todo no podía negar que ese hombre realmente se estaba convirtiendo en alguien crucial en su vida.
-O-O-O-
Saori miraba apenas pestañando la caja donde descansaba la armadura de Pegaso. Había decidido ocultarse en el abandonado departamento de Ikki, cuando fue con Seiya vio cómo entrar; había llevado la armadura y la miraba como si ésta pudiera darle respuesta a sus tribulaciones.
Estaba muy asustada y preocupada. Santos Plateados en Japón sólo significaban que el Santuario estaba en estado de alerta. Si ya unos Caballeros la habían encontrado, en cualquier momento la podían encontrar otros. Tenía tantas cosas en la cabeza. A esas alturas ¿qué sería de Shaina, Marín y Kiki? Temía que todo se le saliera de control, había expuesto a los 3 en un gran peligro; a Ikki también al meterle la idea en la cabeza de encontrar a Shun. Pero lo más importante era que había expuesto a Seiya.
Qué tonta había sido. Se dejó llevar otra vez por lo que sentía por él y había permitido que cuidara de ella, el resultado había sido el mismo: Seiya había resultado herido, aunque esta vez (por suerte) no de gravedad. Qué ingenua había sido al pretender que podía estar con él como si nada.
Sin embargo, había otro asunto que le preocupaba de Seiya, se trataba justamente de lo que estaba viendo. La armadura de Pegaso había aparecido de la nada, acudiendo al inevitable llamado de su legítimo poseedor. Tal parecía que Seiya no podía huir de su destino.
Saori suspiró, de momento, lo único que podía hacer era alejarse de él para que se olvidara de ella. Mientras, debía seguir oculta, aunque con el dolor de volver abandonar a su Pegaso.
-O-O-O-
En su cabeza sólo había una idea: encontrar a esa Amazona para saber qué había sido de su maestro Camus y agradecerle que Hilda le diera su libertad. En su espalda cargaba el símbolo de esa nueva oportunidad, Hyoga había regresado a Siberia a reclamar su armadura. Como lo hubiese querido su maestro, logró quebrar el muro de los hielos eternos, el cual que aprisionaba la armadura de Cisne.
Ya sabiendo lo que era capaz de hacer, deseó visitar a su madre. Fue feliz de verla de nuevo, pero sabía que no podía detenerse; debía buscar a esa Amazona, ya era un Caballero y su honor se lo demandaba. Según lo que sabía, le siguió la pista a esa mujer hasta China, concretamente a los Cinco Antiguos Picos.
Apenas estaba arribando a las montañas cuando vio a un joven campesino trabajando la tierra. Sin duda, había algo especial en él. Al acercarse más, notó que ese chico llevaba una venda en los ojos.
-Shiryu...-dijo una joven acercándose al muchacho-Ten, toma algo de agua, has trabajado mucho y deberías al menos refrescarte.
El chico tomó lentamente el vaso, tentando en el aire hasta que su mano lo alcanzó -Lo siento Shunrei pero aún no me acostumbro a estar... ciego.
-No te preocupes, el maestro dijo que con los remedios que te he estado dando, pronto te recuperarás.
-El maestro... él debe estar tan molesto conmigo, lo defraudé. Pero estoy ciego, y ya no puedo ser un Caballero.
-Así que también eres un Caballero- interrumpió el joven rubio.
-¿Quién está ahí?- preguntó Shiryu.
-Soy Hyoga de Cisne, Caballero de Athena -dijo aún sin poder creer que ya era un Santo- y estoy buscando a la Amazona de Ofiuco.
Shiryu dio un paso al frente para proteger a Shunrei, la última vez que había escuchado eso, había comenzado una pelea que culminó con su actual desgracia.
-Tranquilo, no busco problemas sólo quiero saber si ella está aquí.
-Estuvo, pero se fue hace días.
-Entiendo. ¿Y no sabes a dónde?
-No, ella se fue sin dar explicaciones.
-Entonces seguiré mi camino- dio la media vuelta pero quiso saber algo más- Oye... ¿realmente eres un Santo de Athena?
-Era el Caballero de Dragón, pero perdí la vista y decidí dedicarme a ser un campesino.
Hyoga lo miró de arriba a abajo, sintió en él un cosmos fuerte. Sin duda, era un tipo con un gran poder- Qué tonto eres- sonrió amargamente- No podrás huir de tu destino, la armadura te ha elegido y no hay más. Hace tiempo yo creía que podía huir de mi destino pero es imposible.
-Tú ni siquiera me conoces.
-Es cierto, no te conozco, pero sé cómo es un Caballero. No importa su físico sino su espíritu. Eso es lo que hace a un Caballero. Qué lástima que no te des cuenta de ello.
Se fue de ahí. Shiryu agachó la cabeza.
-¿Estás bien? - le preguntó Shunrei.
-Ese joven…- interrumpió Dohko quien desde su regreso de Jamil estaba muy callado- te ha dado donde más te duele ¿no es cierto? Tu orgullo ha sido herido, eres un buen campesino pero tu destino es ser un Caballero, aunque pretextes tu ceguera.
Shiryu no dijo nada. ¿Sería cierto que no podría desafiar a su destino?
-O-O-O-
En otro lugar, un lugar muy lejano y oculto, que se trataba de la entrada al ese mundo del que ser vivo quería ir pero todos irían eventualmente. El Castillo Heinstein, único vínculo entre la tierra y el inframundo, se escuchaba una melodía proveniente de un arpa tocada por una joven. Ante ella aparecieron dos hombres quienes utilizaban armaduras oscuras. Sin mirarlos, Pandora supo quienes estaban ahí, sin detener su triste melodía les habló.
-¿Qué hacen aquí? Ustedes no deben abandonar sus posiciones, Aiacos y Minos.
-Sólo venimos a informar que está hecho lo que nos has ordenado- respondió Minos.
-¡¿Y tenían que venir a eso?!- interrumpió Radamanthys- Si era su obligación no veo por qué venir a decir nada ¿O acaso buscan algo más?
-¿Acaso interrumpimos algo?- le preguntó Aiacos.
- Sabes muy bien la advertencia de mi señor Hades- agregó Minos por lo bajo- No debemos confiarnos.
-Para eso estoy yo, siempre vigilándola. ¡Ahora largo de aquí!- Radamanthys vio cómo sus compañeros se alejaban. Miró a Pandora que no dejaba de tocar su arpa. Aún no podía creer en lo que el señor Hades les había advertido a sus Jueces, que esa mujer podía traicionarlo, pero que era indispensable en el plan y que, de momento, no podía prescindir de ella.
-Tus amigos parecen inquietos- le comentó Pandora.
-Sólo alardean de sus logros. Pero ya has escuchado, se ha hecho lo que mi señor ha ordenado; sólo falta que determines el momento indicado.
-Pronto. Tal como mandó mi señor, los Santos de Oro muertos regresarán bajo sus órdenes para cumplir con las misiones que ha seleccionado. Y en cuanto él ponga un pie en el Santuario de Athena estará listo para reclamar este mundo.
CONTINUARÁ…
MUCHA ANGUSTIA CON ESTE FIC. PARECE SER QUE ESTO ESTÁ AVANZANDO HACIA LO INEVITABLE. BIEN, HAY TANTAS COSAS QUE QUISIERA DECIRLES PERO PREFIERO QUE LA HISTORIA HABLE POR SÍ MISMA. AUNQUE SABEN QUE ESTOY A SUS ÓRDENES PARA CUALQUIER DUDA, QUEJA O ACLARACIÓN. SALUDOS Y HASTA EL PRÓXIMO CAPÍTULO.
