ATENCIÓN: LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTO PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION.

NO LOS QUIERO ASUSTAR PERO HE PENSADO CAMBIAR LA CLASIFICACIÓN DE ESTE FIC… Y PARA QUE LO DIGA YO YA ES MUCHO…

Capítulo XI
Oscuridad

Cuando se dieron cuenta de que era un poco tarde como para estar en la calle, Seiya se ofreció a llevarla; y cuando Saori le confesó que todo el tiempo estuvo en el departamento abandonado de Ikki, él sólo sonrió. Qué tonto había sido en no buscarla ahí sabiendo que ella no tenía a donde ir y que él le enseñó cómo entrar.

Cuando llegaron tomados de la mano no sabían qué hacer pues, en parte, la emoción del momento y el lugar sugerían llevar todo más allá.

-Bueno, lo mejor será que descansemos- dijo Seiya tratando de romper la tensión-Yo me quedaré aquí- se dirigió a la habitación de visitas.

-¡No!- se adelantó interponiéndose entre él y la puerta. En esa habitación había ocultado la armadura de Pegaso.

-¿Qué pasa?

-Es que... es que... no quiero que me dejes sola.

Seiya le sonrió y la besó. Instintivamente, ese contacto se volvió más intenso. Se dirigieron a la otra habitación sin romper el beso. Al entrar, él la acomodó delicadamente en el lecho. Continuó besándola con ternura y arrebato.

-Saori...-le dijo con voz agitada- perdóname, yo... yo no soy así- el propio Seiya estaba sorprendido. No podía creer que, por ejemplo, se resistía a estar de esa manera con Miho (pese a ser su novia de años); mientras que por Saori se estaba volviendo loco.

Ella también estaba perdiendo el control y mientras se aferraba a su fuerte cuerpo, le respondió con un susurro- Lo sé...- lo conocía desde siempre y sabía que esas cosas no le importaban mucho; si fuese así, el Seiya de su "otra realidad", hubiese tenido algo con Miho o Shaina si él hubiese querido, pero no fue el caso, en su lugar, se dedicó a protegerla con su vida.

Sin embargo, cuando Seiya estaba a punto de recorrer el cierre del vestido de la chica, se detuvo. Sin más, se quedó congelado. "Algo" le prohibía consumar aquello, era una fuerza tan extraña, como si Saori fuera algo tan sagrado como para poseerla de esa manera; incluso hasta parecía pecaminoso el simple hecho de que los ojos puros de Saori lo miraran desnudo.

-¿Qué sucede?- le preguntó preocupada al notar que el ritmo se detuvo de golpe.

-No puedo... Perdóname Saori pero no puedo hacerlo. Eres demasiado pura para mí- intentó incorporarse para alejarse de ella. Estaba tan avergonzado y confundido.

-Espera Seiya, no me dejes.

-Pero yo no puedo...

-No me importa, sólo quiero tenerte cerca. Quiero sentir tu calor y tu protección. Por favor.

Su caballero suspiró- Ay qué voy a hacer contigo que no puedo negarte nada.

Se recostó y la acomodó entre sus brazos besando su frente- No te preocupes, jamás me apartaré de ti. Siempre voy a cuidarte.

Saori se acurrucó en él. Por primera vez, se sentía inmensamente feliz -Te amo...- le confesó después de varios minutos.

Seiya estaba medio dormido, ella pensó que ya no respondería-Yo también... aunque no deba hacerlo.

Ella lo observó dormir. Por su cabeza pasaban tantas cosas. Todo lo que habían vivido juntos, todo lo que él (cuando era Caballero de Pegaso) hizo para protegerla. Era increíble que a final de cuentas él sí la quería.

Recorrió suavemente su rostro. Se veía tan tranquilo cuando dormía, sólo lo había visto así una vez, después de que Hades le clavara su espada. De pronto Seiya pareció inquietarse y despertó de golpe.

-¿Qué tienes?

-Es que estaba soñando contigo- le sonrió.

-¿En serio?

-Sí. Aunque no es la primera vez. Pero esta vez fue más agradable. Te tenía entre mis brazos y debía protegerte de algo, no sólo porque era mi obligación sino porque quería que estuvieras a salvo... Luego debíamos saltar al vacío- frunció el ceño como si el resto fuera confuso- Caímos varios metros... Yo estaba inconsciente y no podía reaccionar.

Saori se preocupó, eso no era un sueño era un recuerdo.

-Luego tú te acercaste a mí e intentaste besarme; pero alguien nos interrumpió. Sentí de nuevo peligro y más que nunca quise despertar y...

-¿Qué pasó?

-No sé, me desperté y estás aquí conmigo- se besaron y tras sonreírle él continuó hablando- Siempre tengo sueños raros: batallas a muerte, guerreros con armadura, dioses vengativos...-rió- Debes creer que estoy loco.

-Claro que no... Seiya ¿qué pensarías si te digo que no soy una mujer con piensas?

La atrajo hacia sí- Pues diría que esa operación te dejó muy bien- rió de nuevo- ya en serio, no eres un hombre ¿verdad? No me gustaría partirte la cara.

Ella no pudo evitar también reír- No es eso... Es que yo soy...

Hubo un largo silencio- Bueno ya me dirás mañana. Ahora hay que dormir.

Seiya cerró los ojos para volver a sumergirse en un extraño sueño.

-¡Hades!... ¡Hades déjala!... ¡Saori!... ¡No! Athena!- gritó y se dio cuenta que estuvo hablando dormido y que fue precisamente su propia voz lo que lo despertó. Al mirar al otro lado del lecho, Saori ya no estaba.

-O-O-O-

Ahora todo parecía tan confuso, tan oscuro. Después de haber enfrentado a su hermano mayor, Aioria había descubierto que todo había sido en vano.

Inmediatamente fue a buscar a Marín, estaba tan emocionado porque empezarían una vida juntos; sería difícil ahora que enfrentaría al mundo real sin ser un Santo pero mientras estuvieran juntos nada más importaría. Sin embargo, no todo había resultado como pensaba. Había discutido con Marín porque ella se negó a irse con él.

-Pero ¿por qué?- le gritaba mientras seguramente todas las concubinas escuchaban detrás de la puerta.

-¡Es que no puedo!

-¡¿DIME POR QUÉ?!... ¿Acaso... es por otro hombre?

-¿De qué rayos hablas?

-¡De Touma!

Marín se quedó callada, era obvio que no se esperaba eso- ¿Quién te habló de él?

-¡ESO NO IMPORTA!

-Pero...

-Ya entiendo, quisiste quedar bien conmigo para que te protegiera de mi hermano sólo por ese hombre… ¡FUI UN IDIOTA! MI HERMANO TENÍA RAZÓN. ERES UNA...

Marín le soltó una bofetada- ¡Tú y tu tonto hermano ya me tienen harta!... ¡Lárgate! No sabes de qué estás hablando - estaba furiosa y no sabía bien lo que decía.

Aioria salió de ahí apenas notando que todas lo miraban y murmuraban. Después había salido del Santuario sintiéndose humillado. Había perdido todo por ella y ya no sabía qué debía hacer. Probablemente regresaría arrepentido a pedirle a su hermano que lo restituyera, tendría que soportar uno de sus típicos sermones y al final todo volvería a la "normalidad", aunque después de lo sucedido las últimas semanas nada volvería a ser igual.

Se había refugiado en un bar de la aldea más cercana para olvidarse por un momento de esa mujer a quien, pese a todo, seguía amando. Bebió una, dos, tres y quien sabe cuántas copas más. Al día siguiente, después de recuperarse de la resaca, volvería al Santuario y...

De pronto Aioria sintió algo, algo en el Santuario. Un cosmos amenazador. Sin duda, algo estaba sucediendo.

-Aioros...- dijo presintiendo que ese cosmos iba en busca del Patriarca. Se puso de pie y regresó al Santuario trastabillando.

-Qué mal momento para beber- pensó mientras caminaba con la visión borrosa- ¡Rayos! ¿Por qué a la gente común le gusta embriagarse?

Siguió caminando con dificultad, ya en la entrada del Santuario cayó; se concentró y logró definir el cosmos que amenazaba- No puede ser... Saga.

Eso hizo que el efecto del alcohol desapareciera un poco. Se levantó y fue más rápido a buscar a su hermano.

-O-O-O-

Aquella noche cambiaría el destino del Santuario. El guardián de la tercera casa estaba parado en las orillas del lugar, donde sus predecesores permanecían en su aparente eterno descanso. Kanon acaba de ocultar ahí el cuerpo de quien lo descubrió y pudo arruinarle sus planes.

-Estúpido Dios Guerrero- pensó.

Sin embargo, en ese momento un cosmos similar al de él apareció. El hombre al que le pertenecía se levantó y caminó sin mirar a su gemelo.

-Sabría que no faltarías a la "fiesta"- comentó Kanon apenas mirándolo.

-¿Bromeas? Si soy fundamental, por lo menos más que tú sí.

-Estás muy confiado ¿no Saga?

-El señor Hades me ha dado una segunda oportunidad y no pienso desperdiciarla. Me vengaré de quien me arrebató mi destino.

-Bien. El Patriarca está en su sala. Seguro se morirá del susto al verte.

-Morirá, pero no por eso- continuó caminando.

-Saga. Recuerda que nosotros también tenemos algo pendiente. No olvido que fuiste tú quien me encerró en Cabo Sunión.

Su hermano sonrió y siguió sin mirar atrás. Su destino lo aguardaba.

-O-O-O-

Con todo y las inclemencias del tiempo, lograron llegar a Jamil. Shaina y Milo arribaron con ciertas dificultades al lugar, principalmente las limitaciones de las heridas que su última batalla había sufrido la chica. Shaina no quería admitirlo, mucho menos ante él, pero tenía en todo su cuerpo cortadas y moretones que no paraban de dolerle.

Para Milo no hacía falta que dijera nada, él intuía que la Santa de plata se sentía débil por el ataque que sufrió; pero claro, ella no admitiría su mal estado y menos ante un hombre. El Santo de Oro respetaba su posición un tanto orgullosa, incluso, aunque no quisiera admitirlo, esas actitudes le atraían.

-Aquí es- indicó Milo en cuanto vieron la torre.

-Vaya que es difícil llegar, me pregunto si...

-¡Milo!- dijo una voz. Mu salía de la torre y fue a saludar a su compañero- Qué sorpresa ¿Qué te trae por aquí?

-Bueno, quisiera que nos ayudaras a reparar una armadura.

Mu miró a Shaina y pareció comprender- Acaso tú eres...

-¡Señorita Shaina!- interrumpió Kiki quien aparecía detrás de su maestro.

-¡Ofiuco!- expresó Mu mirando a la mujer.

-Espera Mu.

-Pero Milo esta mujer es prófuga del Santuario.

-Igual que nosotros porque ninguno aquí tiene el permiso del Patriarca de estar fuera del Santuario. Ahora sólo quiero que nos ayudes a reparar la armadura.

-Pues tendré que pensarlo...

-Por favor Mu, te lo pido como un favor de amigos.

Mu miró los ojos azules de Milo, no encontraba falsedad en ellos y sabía que Escorpio jamás pediría un favor así si no fuera algo realmente importante.

-De acuerdo, Kiki ve por mis herramientas y el polvo de estrellas -el niño obedeció- Bien, Ofiuco ven aquí. Necesito que sacrifiques tu sangre para poder reparar tu armadura.

-¡No!-interrumpió Milo, Mu lo miró sin comprender- Ella no puede hacerlo, está muy débil.

-Debe haber un sacrificio.

-Entonces... Yo lo haré.

-¡¿Qué?!- preguntaron Shaina y Mu al unísono.

-Yo daré mi sangre.

-No necesito de tu ayuda, yo podré soportarlo- habló ella por fin.

-Deja de ser tan orgullosa. Además, soy un Caballero Dorado, para mí este sacrificio no significa un gran esfuerzo.

-Maestro aquí están- llegó Kiki corriendo con lo necesario.

-Bien, acércate Milo con la armadura- cuando lo tuvo de frente le habló en voz baja- Espero que sepas lo que haces.

-Confío en ella, no te preocupes.

-No es sólo cuestión de confianza...

Mu procedió a reparar la armadura. Milo, por su parte, estuvo tranquilo todo el tiempo. Miraba de reojo a Shaina, para adivinar lo que pensaba.

-Maldita máscara, cómo quisiera ver su rostro- se dijo para sus adentros- pero qué estoy pensando, no debo verla, aunque...

Intentó no hacerse de esas ideas. Cuando por fin terminó. Mu le aconsejo que reposara un poco y lo envió a descansar a una de las habitaciones.

El Caballero de Escorpio estaba acostado en una cama, sintiéndose culpable por los pensamientos que tenía hacia una Amazona.

-Milo...- entró la mujer en cuestión.

-Ah Shaina adelante- se incorporó un poco.

-¿Cómo estás?

-Bien, te dije que esto no era nada para mí.

-De todos modos no debiste hacerlo- se acercó poco a poco a él.

-Ya te dije que no es nada.

-Pero...- se sentó en la orilla del lecho y Milo sólo pudo sentir cómo se aceleraba su corazón- no sólo no debiste hacer esto sino todo. Huir del Santuario, deshacerte de Misty, traerme hasta aquí y ayudarme a que se reparara mi armadura... Sólo quisiera saber ¿por qué?

-Bueno yo... No lo sé... - dudó pero concluyó que lo mejor era ser honesto, si es que quería que ella aceptara, aunque sea un poco, lo que él quería- Hace meses, cuando Camus volvió de Siberia estaba muy deprimido y me dijo que fuéramos a ver cómo se entregaba la armadura de Pegaso. Cuando vi a ese sujeto, Cassios, pensé que sólo un demonio podría controlarlo... y entonces apareciste, enfrentando al Patriarca por no cederle la armadura, en ese momento me di cuenta que no eras nada de lo que había pensado... No sé qué pasó ese día, no tenía muchas ganas de ir, jamás me mezclo con la gente del Santuario y en otra situación no hubiese ido a ver, pero quería animar a Camus.

-Entonces... tú.

-Perdóname por pensar así yo no...

Shaina lo interrumpió sin decir palabra alguna. Colocó sus manos en su máscara para quitársela por voluntad propia. Quizá no estaba 100% segura, pero ella deseaba hacerlo. De pronto Mu interrumpió carraspeando. Shaina inmediatamente se apartó de Milo.

-Milo necesitamos hablar- miró a Shaina un tanto desconfiado- en privado.

Shaina comprendió y salió; vio la oportunidad de hablar con Kiki también en privado sobre todo ese asunto que la había metido en ese lio.

-¿Qué sucede Mu?

-Es lo mismo que me pregunto. ¿Qué se supone que haces con esa mujer?

-Mira si piensas que ella me interesa como mujer... pues sí, me interesa y mucho. ¿Y sabes qué? En cuanto todo esto termine, le diré que finja su muerte y, cuando el Patriarca crea que se deshizo de ella, le pediré a Shaina que sea mi mujer.

-Milo no digas tonterías, ella está clasificada como enemigo del Santuario, además tú eres un Santo de Athena...

-Pero también soy hombre y la quiero conmigo si es que ella también lo quiere. Y por lo otro, yo confío en ella sé que no haría nada contra...- se interrumpió.

Mu lo miró al notar lo mismo que Milo- Esos cosmos...

-Están en el Santuario y... en otras partes del mundo.

-¿Qué es esto? Me parecen conocidos pero...

-Ellos están muertos- completó Milo la frase pues, efectivamente, los cosmos que sentían eran de Caballeros que ya no pertenecían a este mundo.

-O-O-O-

Hacía años, Aioros era conocido como el Santo de Sagitario. Probablemente uno de los Santos más valiosos de la historia del Santuario. Era tan valeroso que fue nombrado por el entonces Patriarca Shion como su sucesor. Sin embargo, Saga de Géminis había pretendido interferir al querer asesinar a Athena. Aioros había descubierto que mató al Patriarca y logró detenerlo antes de asesinar a su Diosa. Desde entonces, de manera involuntaria, se convirtió en el héroe del Santuario; además de que se convirtió en la autoridad suprema del lugar y, finalmente, se había convertido en "el padre" de Athena.

Así, todos esos años se encargó en proteger de todo el mundo a esa pequeña que aunque parecía una chica insensible y fría, él apreciaba como si fuera una hija (aunque se reprendía por tener ese sentimiento hacia ella, pues le parecía un tanto blasfema esa idea). Como fuere, su deber se lo demandaba y ahora que ella no estaba, presentía que toda una serie de problemas se desencadenaban.

Aioros había ido a Star Hill para poder encontrar un poco de orden a sus pensamientos. Estaba demasiado preocupado por todo. Llegó a la sala del Patriarca, estaba tan distraído que no se percató del cosmos que esa noche invadía su sala privada.

-Buenas noches Maestro…- dijo una voz- o debería llamarte Aioros- el hombre le hablaba desde la silla del Patriarca.

-Tú…- sólo pudo decir con desconcierto a aquel hombre que se estaba atreviendo a sentarse en su lugar. Aunque, en realidad, creía que era una alucinación. Porque ese al que estaba mirando él mismo había asesinado.

-¿Te sorprende verme?... – le preguntó son cinismo mientras sostenía una copa de vino- No te culpo. Vaya no ha cambiado nada este lugar, bueno sólo es un poco más aburrido y cuadrado que antes, quizá porque tú lo diriges. Si yo hubiese quedado al frente, como debió ser, no permitiría que nadie pasara sobre de mí; como tus Santos que te han abandonado, ni tu hermano te respeta. Ah… y aquí tendría a concubinas para entretenerme todo el tiempo… no que tú y tus "cosas raras" -ante el desconcierto de Aioros, Saga rió- no niegues nada, aunque seas exageradamente discreto, es bien sabido que tu, bueno, prefieres otro tipo de "cosas"- rió de nuevo y con más ganas- por cierto, supongo que extrañas mucho a tu amigo Shura… En fin, creo que ya es tiempo de que haya cambios aquí.

Saga se puso de pie y se acercó poco a poco a él. Aioros no sabía cómo actuar, era vergonzoso pero tras años de estar lejos del campo de batalla y el sólo dedicarse a atender a Athena, lo habían dejado frío. Además todo parecían tan irreal, cómo Saga estaba hablándole mientras portaba una versión oscura de su armadura de Géminis.

- Lo más ridículo de todo es que te hayas dejado manipular por Athena. En tu lugar, la habría matado para no verme obligado a soportar a esa tonta niña- Saga llevaba sus manos atrás como si ocultara algo- y lo peor es que la dejaste huir y ahora la preciosa niña está coqueteando con un joven en Japón.

-¿Qué?- por fin pudo articular palabra.

-No sabías que tu preciosa niña está allá. Bueno, a esta hora mi señor Hades ya debió enviar a alguien a eliminarla- rió- Yo haré lo mismo…- dijo cuando lo tuvo frente a él- contigo.

En un rápido movimiento, del que Aioros no pudo reaccionar, Saga sacó la daga del Patriarca y se la clavó directamente en el pecho. En otra época, el antiguo Caballero de Sagitario hubiese sabido cómo defenderse y hubiera derrotado nuevamente a ese traidor, pero ahora todo fue tan intempestivo.

-¡Agh!- se quejó al sentir la horrible punzada en su pecho y cayó al suelo sabiendo que le quedaba muy poco tiempo. Intentó elevar su cosmos y atacar con sus últimas fuerzas a Saga pero éste le propinó una patada.

-¡Ni lo intentes! ¡Ya no puedes hacer nada!- rió una vez más- ¡Jamás debiste ocupar mi lugar! Sólo retrasaste tu muerte unos años más.

Salió de ahí. Aioros se quedó tumbado con esa terrible impotencia. Tenía tantas ganas de levantarse y enfrentar a Saga, luego ir a buscar a Athena a Japón y estar en la batalla que se aproximaba contra Hades… pero no apenas tenía fuerzas para moverse unos centímetros. Se arrastró durante unos minutos, intentando llegar a la salida y buscar ayuda, advertirle a alguien…

-Por Athena… que alguien aparezca- rogó en sus pensamientos.

Así, apareció Marín- ¡Aioros!- se aproximó corriendo a él- ¡Maestro! ¡¿Qué le sucedió?!- preguntó con ese respeto con el que lo trataba cuando aún era una Santa.

-Ma… Marín- apenas podía hablar.

-Tranquilo, no se esfuerce… Vamos, lo llevaré a la Fuente de Athena y estará mejor- intentó ayudarle a ponerse de pie pero Aioros ya estaba muy mal herido.

-Nnoo… no hay tiempo…- hablaba con dificultad- Vvve… a Ja…pón… Athe…na… está ahí. Sál…vala de…Ha…Hades.

-¿Qué?

-Ve… con ella… por… por favor… - Aioros sabía que eran sus últimas palabras y resultaba irónico que fuera a ella a quien le diría su última voluntad, pero confiaba en que se encargaría de que difundirla a todos los Santos- Yo… yo… les… encomiendo a… Athena.

Así, su vida se desvaneció.

Marín se quedó ahí y sin poder evitarlo derramó lágrimas; no lo odiaba y sabía que Aioria sufriría por la muerte de su hermano. Sin soltarlo, vio a unos metros tirada la daga del Patriarca cubierta de sangre. Se estiró un poco y concluyó que con ella le habían dado muerte. La sujetó en sus manos, preguntándose quién y por qué habían hecho tal cosa.

Ella había acudido al sentir un cosmos extraño, muy parecido al del difunto Santo de Géminis, pero eso era imposible, Saga había muerto años atrás, cuando ella apenas era una aprendiz que llegó al Santuario para infiltrarse y encontrar a su hermano.

-¡Hermano!... -gritó Aioria cuando llegó trastabillando. Miró que Marín sostenía el cuerpo cubierto de sangre de su inconsciente hermano y también llevaba una daga cubierta de sangre- Pero qué…

CONTINUARÁ…

CUANDO TERMINE ESTE FIC, NECESITARÉ TERAPIA… LARGAS HORAS DE TERAPIA… POR CIERTO, MUCHAS GRACIAS POR SEGUIR LEYENDO Y TENERLE PACIENCIA A ESTE FIC. LES PROMETO QUE EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO VERÁN EN ACCIÓN A NUESTRO QUERIDOS 5 BRONCEADOS…