Nota:Este fic participa del Reto "Pecados Capitales" del foro "221B Baker Street".

Disclaimer: Los personajes de Sherlock son propiedad de Sir Arthur Conan Doyle. Y la serie de la BBC pertenece a sus respectivos dueños. Solo la historia me pertenece y no gano absolutamente nada de ello, solo la satisfacción de imaginar a Sherlock y John juntos.

Advertencias:Ninguna creo…

NA:Este fic va dedicado a todos aquellos que se tomen el tiempo de leerlo y dejar un review. Muchas gracias a mi Beta Roberto (te quiero). Y sin más espero que sea de su agrado.

Soberbia

Mycroft había encontrado a su pez dorado. Y en ese preciso momento lo contemplaba con todo el amor que nunca creyó que sentiría por alguien. Se maravillaba de él, del color grisáceo de su corto cabello, del roce de sus pieles desnudas debajo de las sábanas; de los lunares y cicatrices que iba descubriendo en cada fragmento de piel que acariciaba y de los suaves ronquidos que rompían el silencio de la habitación. Todo de Lestrade deslumbraba a Mycroft.

Pero al mismo tiempo lo aterraba; se sentía vulnerable y frágil porque Lestrade había derribado todas las barreras existentes que Mycroft había construido para que la gente estúpida nunca se acercara a él, esas barreras donde Mycroft se sentía todo poderoso y seguro.

Una a una habían caído ante los encantos de Lestrade sin que él pudiera hacer nada. Su avaricia, su orgullo y egoísmo poco a poco se desvanecían en presencia de Lestrade. Pero, a pesar de todo sólo una había sobrevivido a la extinción de las demás y esa era la soberbia.

Mycroft deseaba el éxito, deseaba ser apreciado por todos los demás como siempre lo había sido y eso nunca lo podría cambiar. Aunque ahora sólo había una diferencia, él sólo deseaba la adoración, el aprecio y la admiración de una sola persona. De Gregory y deseaba ser único para él. Porque este sentimiento que lo embriagaba y lo consumía de forma abrumadora era correspondido de la misma manera y eso le provocaba una completa felicidad.

Unos fuertes brazos envolvieron el cuerpo de Mycroft posesivamente, mientras viajaba en sus pensamientos.

—Myc duerme un poco. Puedo escuchar el murmullo de tus pensamientos— dijo Lestrade somnoliento—. Descansa amor.

Mycroft recibió un pequeño beso en la frente y se dejó arrullar por la suave respiración de su único amor.